La perfecta casada

Part 3

Chapter 34,192 wordsPublic domain

Mas es de ver en qué consiste esta guarda. Consiste en dos cosas: en que no sea costosa, y en que sea hacendosa. Y digamos de cada una por sí. No ha de ser costosa ni gastadora la perfecta casada, porque no tiene para qué lo sea; porque todos los gastos que hacemos son para proveer ó á la necesidad ó al deleite; para remediar las faltas naturales con que nascemos de hambre ó desnudez, ó para bastecer á los particulares antojos y sabores que nosotros nos hacemos por nuestro vicio. Pues á las mujeres en lo uno la naturaleza les puso muy grande tasa, y en lo otro las obligó á que ellas mismas se la pusiesen. Que, si decimos verdad y miramos lo natural, las faltas y necesidades de las mujeres son mucho menores que las de los hombres; porque lo que toca al comer, es poco lo que les basta, por razón de tener menos calor natural. Y así es en ellas muy feo ser golosas ó comedoras. Y ni más ni menos, cuanto toca al vestir, la naturaleza las hizo por una parte ociosas, para que rompiesen poco, y por otra aseadas, para que lo poco les luciese mucho. Y las que piensan que á fuerza de posturas y vestidos han de hacerse hermosas, viven muy engañadas, porque la que lo es, revuelta lo es, y la que no, de ninguna manera lo es, ni lo parece, y cuando más se atavía es más fea. Mayormente que la buena casada, de quien vamos tratando, cualquiera que ella sea, fea ó hermosa, no ha de querer parecer otra de lo que es, como se dirá en su lugar. Así que, cuanto á lo necesario, la naturaleza libró de mucha costa á las mujeres, y cuanto al deleite y antojo, las ató con muy estrechas obligaciones para que no fuesen costosas. Y una dellas es el encogimiento y modestia y templanza que deben á su natural; que aunque el desorden y demasía, y el dar larga rienda al vano y no necesario deseo, es vituperable en todo linaje de gentes, en el de las mujeres, que nascieron para sujeción y humildad, es mucho más vicioso y vituperable. Y con ser esto así, no sé en qué manera acontece que cuanto son más obligadas á tener este freno, tanto, cuando le rompen, se desenfrenan más que los hombres y pasan la raya mucho más, y no tiene tasa ni fin su apetito. Y así, sea esta la segunda causa que las obliga á ser muy templadas en los gastos de sus antojos, porque si comienzan á destemplarse, se destemplan sin término, y son como un pozo sin suelo, que nada les basta, y como una carcoma, que de continuo roe, y como una llama encubierta, que se enciende sin sentir por la casa y por la hacienda, hasta que la consume. Porque no es gasto de un día el suyo, sino de cada día; ni costa que se hace una vez en la vida, sino que dura por toda ella; ni son, como suelen decir, muchos pocos, sino muchos y muchos. Porque, si dan en golosear, toda la vida es el almuerzo y la merienda y la huerta y la comadre y el día bueno; y si dan en galas, pasa el negocio de pasión, y llega á increíble desatino y locura; porque hoy un vestido y mañana otro, y cada fiesta con el suyo; y lo que hoy hacen, mañana lo deshacen, y cuanto ven, tanto se les antoja. Y aun pasa más adelante el furor, porque se hacen maestras é inventoras de nuevas invenciones y trajes, y hacen honra de sacar á luz lo que nunca fué visto. Y como todos los maestros gusten de tener discípulos que los imiten, ellas son tan perdidas, que en viendo en otras sus invenciones, las aborrecen, y estudian y se desvelan por hacer otras. Y cresce la frenesía más, y ya no les place tanto lo galano y hermoso como lo costoso y preciado, y ha de venir la tela de no sé dónde, y el brocado _de más altos_[27], y el ámbar, que bañe el guante y la _cuera_[28], y aun hasta el zapato, el cual ha de relucir en oro también, como el tocado, y el manteo ha de ser más bordado que la basquiña; y todo nuevo y todo reciente y todo hecho de ayer, para vestirlo hoy y arrojarlo mañana. Y como los caballos desbocados, cuando toman el freno, cuanto más corren, tanto van más desapoderados, y como la piedra que cae de lo alto, cuanto más desciende, tanto más se apresura; así la sed destas crece en ellas con el beber, y un gran desatino y exceso que hacen les es principio de otro mayor, y cuanto más gastan, tanto les aplace más el gastar.

Y aún hay en ello otro daño muy grande, que los hombres, si les acontece ser gastadores, las más veces lo son en cosas, aunque no necesarias, pero duraderas ó honrosas, ó que tienen alguna parte de utilidad y provecho, como los que edifican suntuosamente y los que mantienen grande familia, ó como los que gustan de tener muchos caballos; mas el gasto de las mujeres es todo en el aire; el gasto muy grande, y aquello en que se gasta, ni vale ni luce. En volantes y en guantes, y en _pebetes_[29] y _cazoletas_[30], y azabaches y vidrios y musarañas, y en otras cosillas de la tienda, que ni se pueden ver sin asco, ni menear sin hedor. Y muchas veces no gasta tanto un letrado en sus libros, como alguna dama en enrubiar los cabellos.

Dios nos libre de tan grande perdición; y no quiero ponerlo todo á su culpa, que no soy tan injusto; que grande parte de aquesto nasce de la mala paciencia de sus maridos. Y pasara yo agora la pluma á decir algo dellos, si no me detuviera la compasión que les he, porque si tienen culpa, pagan la pena della con las setenas. Pues no sea la perfecta casada costosa, ni ponga la honra en gastar más que su vecina, sino tenga su casa más bien abastada que ella y más reparada, y haga con su aliño y aseo que el vestido antiguo le esté como nuevo, y que con la limpieza, cualquiera cosa que se pusiere le parezca muy bien, y el traje usado y común cobre de su aseo della no usado ni común parecer. Porque el gastar en la mujer es contrario de su oficio, y demasiado para su necesidad, y para los antojos vicioso y muy torpe, y negocio infinito que asuela las casas y empobrece á los moradores, y los enlaza en mil trampas, y los abate y envilece por diferentes maneras; y á este mismo propósito es y pertenece lo que se sigue.

[Ilustración]

[Ilustración: Fases de la vida de la mujer

Primeras ilusiones]

[Ilustración]

IV

DE LA OBLIGACIÓN QUE TIENEN LOS CASADOS DE AMARSE Y DESCANSARSE EN LOS TRABAJOS MUTUAMENTE.

_Pagóle con bien, y no con mal,_ _todos los días de su vida._

PROVERBIOS

Que es decir que ha de estudiar la mujer, no en empeñar á su marido y meterle en enojos y cuidados, sino en librarle dellos y serle perpetua causa de alegría y descanso. Porque, ¿qué vida es la de aquel que ve consumir su patrimonio en los antojos de su mujer, y que sus trabajos todos se los lleva el río, ó por mejor decir, el albañar, y que tomando cada día nuevos censos, y cresciendo de continuo sus deudas, vive vil esclavo aherrojado del joyero y del mercader?

Dios, cuando quiso casar al hombre, dándole mujer, dijo: «Hagámosle un ayudador su semejante[31];» de donde se entiende que el oficio natural de la mujer y el fin para que Dios la crió, es para que sea ayudadora del marido, y no su calamidad y desventura; ayudadora, y no destruidora. Para que le alivie de los trabajos que trae consigo la vida casada, y no para que le añada nuevas cargas. Para repartir entre sí los cuidados, y tomar ella su parte, y no para dejarlos todos al miserable, mayores y más acrecentados. Y finalmente, no las crió Dios para que sean rocas donde quiebren los maridos y hagan naufragio las haciendas y vidas, sino para puertos deseados y seguros en que, viniendo á sus casas, reposen y se rehagan de las tormentas de negocios pesadísimos que corren fuera dellas.

Y así como sería cosa lastimera si aconteciese á un mercader que, después de haber padescido navegando grandes fortunas, y después de haber doblado muchas puntas, y vencido muchas corrientes, y navegado por muchos lugares no navegados y peligrosos, habiéndole Dios librado de todos, y viniendo ya con su nave entera y rica, y él gozoso y alegre para descansar en el puerto, quebrase en él y se anegase; así es lamentable miseria la de los hombres, que bracean y forcejan todos los días contra las corrientes de los trabajos y fortunas desta vida, y se vadean en ellas, y en el puerto de sus casas perecen; y les es la guarda destruición, y el alivio mayor cuidado, y el sosiego olas de tempestad, y el seguro y el abrigo, Scila y Caribdis, y peñasco áspero y duro. Por donde lo justo y lo natural es, que cada uno sea aquello mismo para que es; y que la guarda sea guarda, y el descanso paz, y el puerto seguridad, y la mujer dulce y perpetuo refrigerio y alegría de corazón, y como un halago blando que continuamente esté trayendo la mano, y enmolleciendo el pecho de su marido, y borrando los cuidados dél; y como dice Salomón: «Hale de pagar bien, y no mal, todos los días de su vida.» Y dice, no sin misterio, que le ha de pagar bien, para que se entienda que no es gracia y liberalidad este negocio, sino justicia y deuda que la mujer al marido debe, y que su naturaleza cargó sobre ella criándola para este oficio, que es agradar y servir, y alegrar y ayudar en los trabajos de la vida y en la conservación de la hacienda á aquel con quien se desposa; y que, como el hombre está obligado al trabajo del adquirir, así la mujer tiene obligación al conservar y guardar; y que aquesta guarda es como paga y salario que de derecho se debe á aquel servicio y sudor; y que, como él está obligado á llevar las pesadumbres de fuera, así ella le debe sufrir y solazar cuando viene á su casa, sin que ninguna excusa la desobligue.

Bien á propósito desto es el ejemplo que San Basilio trae, y lo que acerca dél dice[32]. «La víbora, dice, animal ferocísimo entre las sierpes, va diligente á casarse con la lamprea marina; llegada, silba, como dando señas de que está allí, para desta manera atraerla de la mar á que se abrace maridablemente con ella. Obedece la lamprea, y júntase con la ponzoñosa fiera sin miedo. ¿Qué digo en esto? ¿Qué? Que por más áspero y de más fieras condiciones que el marido sea, es necesario que la mujer le soporte, y que no consienta por ninguna ocasión que se divida la paz. ¡Oh que es un verdugo! Pero es tu marido. ¡Es un beodo![33] Pero el ñudo matrimonial le hizo contigo uno. ¡Un áspero, un desapacible! Pero miembro tuyo ya, y miembro el más principal. Y porque el marido oiga lo que le conviene también. La víbora entonces, teniendo respeto al ayuntamiento que hace, aparta de sí su ponzoña, ¿y tú no dejarás la crudeza inhumana de tu natural por honra del matrimonio?»

Esto es de Basilio. Y demás desto, decir Salomón que la buena casada paga bien, y no mal, á su marido, es avisarle á él que, pues ha de ser paga, lo merezca él primero, tratándola honrada y amorosamente; porque, aunque es verdad que la naturaleza y estado pone obligación en la casada, como decimos, de mirar por su casa y de alegrar y descuidar continuamente á su marido, de la cual ninguna mala condición dél la desobliga; pero no por eso han de pensar ellos que tienen licencia para serles leones y para hacerlas esclavas; antes, como en todo lo demás es la cabeza el hombre, así todo este trato amoroso y honroso ha de tener principio del marido; porque ha de entender que es compañera suya, ó por mejor decir, parte de su cuerpo, y parte flaca y tierna, y á quien por el mismo caso se debe particular cuidado y regalo. Y esto san Pablo, ó en san Pablo Jesucristo, lo manda así, y usa mandándolo de aquesta misma razón, diciendo: «Vosotros los maridos amad á vuestras mujeres[34], y como á vaso más flaco, poned más parte de vuestro cuidado en honrarlas y tratarlas bien.» Porque, así como á un vaso rico y bien labrado, si es de vidrio, le rodeamos de vasera[35], y como en el cuerpo vemos que á los miembros más tiernos y más ocasionados para recibir daño la naturaleza los dotó de mayores defensas, así en la casa á la mujer, como á parte más flaca, se le debe mejor tratamiento. Demás de que el hombre, que es la cordura y el valor, y el seso y el maestro, y todo el buen ejemplo de su casa y familia, ha de haberse con su mujer como quiere que ella se haya con él, y enseñarla con su ejemplo lo que quiere que ella haga con él mismo, haciendo que de su buena manera dél y de su amor aprenda ella á desvelarse en agradarle. Que si el que tiene más seso y corazón más esforzado, y sabe condescender en unas cosas y llevar con paciencia algunas otras, en todo, con razón y sin ella, quiere ser impaciente y furioso, ¿qué maravilla es que la flaqueza y el poco saber y el menudo ánimo de la mujer dé en ser desgraciado y penoso?

Y aun en esto hay otro mayor inconveniente, que como son pusilánimes las mujeres de su cosecha, y poco inclinadas á las cosas que son de valor, si no las alientan á ellas cuando son maltratadas y tenidas en poco de sus maridos, pierden el ánimo más y descáenseles las alas del corazón, y no pueden poner ni las manos ni el pensamiento en cosa que buena sea; de donde vienen á cobrar siniestros vilísimos.

Y de la manera que el agricultor sabio á las plantas que miran y se inclinan al suelo, y que si las dejasen se tenderían, rastrando por él, no las deja caer, sino con horquillas y estacas[36] que les arrima las endereza y levanta, para que crezcan al cielo, ni más ni menos el marido cuerdo no ha de oprimir ni envilecer con malas obras y palabras el corazón de la mujer, que es caedizo y apocado de suyo, sino al revés, con amor y con honra la ha de levantar y animar, para que siempre conciba pensamientos honrosos. Y pues la mujer, como arriba dijimos, se dió al hombre para alivio de sus trabajos y para reposo y dulzura y regalo, la misma razón y naturaleza pide que sea tratada dél dulce y regaladamente; porque ¿á dó se consiente que desprecie ninguno á su alivio, ni que enoje á su descanso, ni que traiga guerra perpetua y sangrienta con lo que tiene nombre y oficio de paz? Ó ¿en qué razón se permite que esté ella obligada á pagarle servicio y contento, y que él se desobligue de merecérselo? Pues adéudelo él y páguelo ella porque se lo debe, y aunque no lo deba lo pague; porque cuando él no lo supiere adeudar, lo que debe á Dios y á su oficio, pone sobre ella esta deuda de agradar siempre á su marido, guardando su persona y su casa, y no siéndole, como arriba está dicho, costosa y gastadora, que es la primera de las dos cosas en que, como dijimos, consiste esta guarda.

Y contentándonos con lo que della habemos escrito, vengamos ahora á la segunda, que es el ser hacendosa, á lo cual pertenesce lo que Salomón añade, diciendo:

[Ilustración: Fases de la vida de la mujer

Entrada en el mundo]

[Ilustración]

V

POR QUÉ SE VALE EL ESPÍRITU SANTO DE LA MUJER DE UN LABRADOR PARA DECHADO DE LAS PERFECTAS CASADAS; Y CÓMO TODAS ELLAS, POR MÁS RICAS Y NOBLES QUE SEAN, DEBEN TRABAJAR Y SER HACENDOSAS.

_Buscó lana y lino, y obró_ _con el saber de sus manos._

PROVERBIOS

No dice que el marido le compró lino para que ella labrase, sino que ella lo buscó. Para mostrar que la primera parte de ser hacendosa es que sea aprovechada, y que de los salvados de su casa y de las cosas que sobran y que parecen perdidas, y de aquello de que no hace cuenta el marido, haga precio ella, para proveerse de lino y de lana, y de las demás cosas que son como éstas, las cuales son como las armas y el campo adonde descubre su virtud la buena mujer. Porque ajuntando su artificio ella, y ayudándolo con la vela é industria suya y de sus criadas, sin hacer nueva costa y como sin sentir, cuando menos pensare, hallará su casa abastada y llena de riquezas.

Pero dirán por ventura las señoras delicadas de ahora que esta pintura es grosera, y que aquesta casada es mujer de algún labrador que hila y teje, y mujer de estado diferente del suyo, y que así no habla con ellas. Á lo cual respondemos que esta casada es el perfecto dechado de todas las casadas, y la medida con quien así las de mayores como las de menores estados se han de ajustar, cuanto á cada una le fuere posible; y es como el padrón desta virtud, al cual la que más se avecina es más perfecta. Y bastante prueba dello es, que el Espíritu Santo, que nos hizo y nos conosce, queriendo enseñar á la casada su estado, la pinta desta manera.

Mas porque quede más entendido, tomemos el agua de su principio y digamos así. Tres maneras de vidas son en las que se reparten y á las que se reducen todas las maneras de viviendas que hay entre los que viven casados; porque, ó labran la tierra, ó se mantienen de algún trato y oficio, ó arriendan sus haciendas á otros, y viven ociosos del fruto dellas. Y así, una manera de vida es la de los que labran, y llamémosla vida de labranza; y otra la de los que tratan, y llamémosla vida de contratación; y la tercera de los que comen de sus tierras, pero labradas con el sudor de los otros, y tenga por nombre vida descansada.

Á la vida de labranza pertenesce, no sólo el labrador que con un par de bueyes labra su pegujar[37], sino también los que con muchas juntas y con copiosa y gruesa familia rompen los campos y apacientan grandes ganados.

La otra vida, que dijimos de contratación, abraza al tratante pobre y al oficial mecánico, y al artífice y al soldado, y finalmente á cualquiera que vende ó su trabajo ó su arte ó su ingenio.

La tercera vida, ociosa, el uso la ha hecho propia ahora de los que se llaman nobles y caballeros y señores, los que tienen ó renteros ó vasallos de donde sacan sus rentas.

Y si alguno nos preguntare cuál destas tres vidas sea la más perfecta y mejor vida, decimos que la de la labranza es la primera y la verdadera; y que las demás dos, por la parte que se avecinan con ella y en cuanto le parecen son buenas, y según que della se desvían son peligrosas. Porque se ha de entender que en esta vida primera, que decimos de labranza, hay dos cosas, ganancia y ocupación; la ganancia es inocente y natural, como arriba dijimos, y sin agravio ó desgusto ajeno; la ocupación es loable, necesaria y maestra de toda virtud.

La segunda vida, de contratación, se comunica con ésta en lo segundo, porque es también vida ocupada como ella, y esto es lo bueno que tiene; pero diferénciase en lo primero, que es la ganancia, porque la recoge de las haciendas ajenas, y las más veces con desgusto de los dueños dellas, y pocas veces sin alguna mezcla de engaño. Y así, cuanto á esto, tiene algo de peligro y es menos bien reputada.

En la tercera y última vida, si miramos á la ganancia, cuasi es lo mismo que la primera, á lo menos nascen ambas á dos de una misma fuente, que es la labor de la tierra, dado que cuando llega á los de la vida que llamamos ociosa, por parte de los mineros por donde pasa, cobra algunas veces algún mal color del arrendamiento y del rentero, y de la desigualdad que en esto suele haber, pero al fin, por la mayor parte y cuasi siempre es ganancia y renta segura y honrada, y por esta parte aquesta tercera vida es buena vida; pero si atendemos á la ocupación, es del todo diferente de la primera, porque aquélla es muy ocupada, y ésta es muy ociosa, y por la misma causa muy ocasionada á daños y males gravísimos, de manera que lo perfecto y lo natural en esto de que vamos hablando es el trato de la labranza. Y pudiera yo aquí ahora extender la pluma alabándola, mas dejarélo por no olvidar mi propósito, y porque es negocio sentenciado ya por los sabios antiguos, y que ha pasado en cosa juzgada su sentencia, y también porque á los que sabemos que Dios puso al hombre en esta vida, y no en otra, cuando le crió, y antes que hubiese pecado, y cuando más le regalaba y quería, bástanos esto para saber que de todas las maneras de vivir sobredichas, es aquesta la más natural y la mejor. Pues dejado aquesto por cosa asentada, añadimos prosiguiendo adelante, que en todas las cosas que son de un mismo linaje y que comunican en una misma razón, si acontece que entre ellas haya grados de perfección diferentes, y que aquello mismo que todas tienen, esté en unas más entero y en otras menos, la razón pide que la más aventajada y perfecta sea como regla y dechado de las demás, que es decir que todas han de mirar á la más aventajada, y avecinarse más á ella cuanto les fuere posible, y que la que más se le allegare será de mejor suerte.

Claro ejemplo tenemos desto en las estrellas y en el sol, los cuales todos son cuerpos llenos de luz, y el sol tiene más que ninguno dellos y es el más lucido y resplandesciente, y así es el que tiene la presidencia en la luz, y á quien todas las cosas lucidas miran y siguen, y de quien cogen sus luces tanto más cada una cuanto se le acerca más. Pues digo ahora que, como entre todas las suertes de vivir de los hombres casados tenga el más alto y perfecto grado de seguridad y bien la labranza, y sea ella, como está concluído, la medida y la regla que han de seguir, y el dechado que han de imitar, y el blanco adonde han de mirar, y á quien se han de hacer vecinas las demás suertes cuanto pudieren, no convenía en ninguna manera que el Espíritu Santo, que pretende poner aquí una que sea como dechado de las casadas, pusiese ó una mercadera, mujer de los que viven de contratación, ó una señora regalada y casada con un ocioso caballero. Porque la una y la otra suerte son suertes imperfectas y menos buenas, y por la misma causa inútiles, para ser puestas por ejemplo general y por dechado. Si no escogió la mejor suerte, y hizo una pintura de perfecta mujer en ella, y púsola como delante de los ojos á todas las mujeres, así á las que tienen aquella condición de vida como á las de diferentes estados, para que fuese común á todas, á las del mismo estado, para que se ajustasen del todo con ellas, y á las de otra manera, para que se le acercasen y hiciesen semejantes cuanto les fuese posible. Porque, aunque no sea de todas el lino y la lana, y el huso y la tela, y el velar sobre sus criadas, y el repartirles las tareas y las raciones; pero en todas hay otras cosas que se parecen á éstas y que tienen parentesco con ellas, y en que han de velar y se han de remirar las buenas casadas con el mismo cuidado que aquí se dice. Y á todas, sin que haya en ello excepción, les está bien y les pertenesce, á cada una en su manera, el no ser perdidas y gastadoras, y el ser hacendosas y acrescentadoras de sus haciendas. Y si el regalo y mal uso de ahora ha persuadido que el descuido y el ocio es parte de nobleza y de grandeza, y si las que se llaman señoras hacen estado de no hacer nada y de descuidarse de todo, y si creen que la granjería y labranza es negocio vil y contrario de lo que es señorío, es bien que se desengañen con la verdad. Porque, si volvemos atrás los ojos, y si tendemos la vista por los tiempos pasados, hallaremos que siempre que reinó la virtud, la labranza y el reino anduvieron hermanados y juntos; y hallaremos que el vivir de la granjería de su hacienda era vida usada, y que les acarreaba reputación á los príncipes y grandes señores.