La pata de la raposa (Novela)

Part 18

Chapter 18642 wordsPublic domain

--Marcharme mañana mismo en el vapor de las siete.

--¿Y sabes que tu marcha puede ser la muerte de papá... y la mía?

--La muerte, para tu padre, será una solución. ¿La tuya? ¿No me acabas de asegurar que te consideras fuerte y tranquila?

--Creo que te he escuchado y respondido con perfecta tranquilidad.

--Pues yo te digo que la vida es buena, siempre que sepamos nosotros conducirla bien. Y yo te digo, además, que debes ser feliz y que serás feliz.

--¡Feliz...! No sé cómo.

--Meg, niñita mía --la besó en la frente--; espera y confía.

--¿Qué vas á decir á papá?

--Nada. Marcharé sin que él lo sospeche.

--¿Quieres que baje á despedirte al jardín, mañana?

--Lo quisiera, pero creo que es mejor que no bajes. Adiós.

--¿No me das otro beso?

Alberto quiso besarla en la frente, pero Meg echó la cabeza hacia atrás y recibió el beso en la boca.

--Adiós, Alberto, y mira si soy fuerte que no lloro --pero cada palabra se desprendía de sus labios temblando como una lágrima.

VI

Aún hay sol en las bardas.

_Don Quijote._

He aquí la casa, y el sendero que desciende de la colina, y la pasadera de piedras sobre el arroyo, y los altos álamos emboscando la vivienda, y el portón de rojos barrotes, y el muro, bajo y viejo.

Alberto, en tres días de viaje había olvidado tres años de vida y soldado el instante presente con aquel otro de la despedida de la estación de Pilares, cuando su ideal era la casita modesta, entre el bosque y el mar. Camino de Villaclara se decía: aún hay sol en las bardas.

Apoyándose sobre la tapia y con el pulso agitado, tendió una ojeada sobre el jardín. El arroyo lo atravesaba, y siguiendo el compás danzarín del agua, margaritas y narcisos, rosas y claveles, corrían á lo largo de las márgenes. Allí estaban las colmenas de Fina, y yaciendo en lo verde una masa negra que se enderezó de pronto. Un rostro consumido, atormentado é iracundo, como el de una sibila decrépita, se encaró con Alberto, y unas manos, de dedos epilépticos y luengas uñas, comenzaron á conjurar maleficios sobre él. De la lóbrega y desdentada boca volaron roncas palabras.

--¡Que el mexo del sapo te emponzoñe la lengua; esa lengua de falsedad. Que las anxiguas fediondas te coman la cara; esa cara traidora en el afalagar. Que las llocas aviésporas te saquen los ojos; esos ojos de criminal. Que en el cucho de tu corazón maldito haga su nido el alacrán. Que en por los siglos de los siglos te queme el alma Satanás![3].

Era tita Anastasia. Alberto apenas tuvo fuerzas para interrogar:

--¿Fina?

--Pregúntaslo y tú la mataste. ¡Arreniego!

Florencia-Noviembre-1911.

ADVERTENCIA

Los antecedentes de algunos personajes de esta novela han sido narrados en dos novelas anteriores, _Tinieblas en las cumbres_ y _A. M. D. G._

_La Pata de la Raposa_ está estrechamente ligada, y de ellas recibirá luz en ciertos puntos oscuros, con otras dos novelas, _Las Mellizas_ y _Troteras y Danzaderas_, que aparecerán muy pronto.

ÍNDICE

Páginas.

PARTE PRIMERA.--La noche. 7

PARTE SEGUNDA. 201

PARTE TERCERA.--La tarde. 321

NOTAS

[1] ¿Qué es el hombre? ¿De dónde viene? ¿Adónde va?

[2] Lo que dicen las abejas.

Aquí es. Colina arriba, va el sendero que yo tomé. Aún está aquí el trozo derrumbado de la vieja tapia, y la pasadera de piedra en el agua.

He allí la casa, con el portón de barrotes rojos, y los altos álamos, y la caperuza parda del henil, y el establo. Y los blancos cuernos que balanceándose asoman por el muro.

He allí las colmenas, alineadas al sol. Y en las márgenes del arroyo, las flores humildes, pródigas de simiente, margaritas y narcisos, rosas y claveles.

[3] Mexo = orina. Anxiguas = viruelas. Fediondas = hediondas. Afalagar = halagar. Aviésporas = avispas. Cucho = estiércol.

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