Part 18
--Marcharme mañana mismo en el vapor de las siete.
--¿Y sabes que tu marcha puede ser la muerte de papá... y la mía?
--La muerte, para tu padre, será una solución. ¿La tuya? ¿No me acabas de asegurar que te consideras fuerte y tranquila?
--Creo que te he escuchado y respondido con perfecta tranquilidad.
--Pues yo te digo que la vida es buena, siempre que sepamos nosotros conducirla bien. Y yo te digo, además, que debes ser feliz y que serás feliz.
--¡Feliz...! No sé cómo.
--Meg, niñita mía --la besó en la frente--; espera y confía.
--¿Qué vas á decir á papá?
--Nada. Marcharé sin que él lo sospeche.
--¿Quieres que baje á despedirte al jardín, mañana?
--Lo quisiera, pero creo que es mejor que no bajes. Adiós.
--¿No me das otro beso?
Alberto quiso besarla en la frente, pero Meg echó la cabeza hacia atrás y recibió el beso en la boca.
--Adiós, Alberto, y mira si soy fuerte que no lloro --pero cada palabra se desprendía de sus labios temblando como una lágrima.
VI
Aún hay sol en las bardas.
_Don Quijote._
He aquí la casa, y el sendero que desciende de la colina, y la pasadera de piedras sobre el arroyo, y los altos álamos emboscando la vivienda, y el portón de rojos barrotes, y el muro, bajo y viejo.
Alberto, en tres días de viaje había olvidado tres años de vida y soldado el instante presente con aquel otro de la despedida de la estación de Pilares, cuando su ideal era la casita modesta, entre el bosque y el mar. Camino de Villaclara se decía: aún hay sol en las bardas.
Apoyándose sobre la tapia y con el pulso agitado, tendió una ojeada sobre el jardín. El arroyo lo atravesaba, y siguiendo el compás danzarín del agua, margaritas y narcisos, rosas y claveles, corrían á lo largo de las márgenes. Allí estaban las colmenas de Fina, y yaciendo en lo verde una masa negra que se enderezó de pronto. Un rostro consumido, atormentado é iracundo, como el de una sibila decrépita, se encaró con Alberto, y unas manos, de dedos epilépticos y luengas uñas, comenzaron á conjurar maleficios sobre él. De la lóbrega y desdentada boca volaron roncas palabras.
--¡Que el mexo del sapo te emponzoñe la lengua; esa lengua de falsedad. Que las anxiguas fediondas te coman la cara; esa cara traidora en el afalagar. Que las llocas aviésporas te saquen los ojos; esos ojos de criminal. Que en el cucho de tu corazón maldito haga su nido el alacrán. Que en por los siglos de los siglos te queme el alma Satanás![3].
Era tita Anastasia. Alberto apenas tuvo fuerzas para interrogar:
--¿Fina?
--Pregúntaslo y tú la mataste. ¡Arreniego!
Florencia-Noviembre-1911.
ADVERTENCIA
Los antecedentes de algunos personajes de esta novela han sido narrados en dos novelas anteriores, _Tinieblas en las cumbres_ y _A. M. D. G._
_La Pata de la Raposa_ está estrechamente ligada, y de ellas recibirá luz en ciertos puntos oscuros, con otras dos novelas, _Las Mellizas_ y _Troteras y Danzaderas_, que aparecerán muy pronto.
ÍNDICE
Páginas.
PARTE PRIMERA.--La noche. 7
PARTE SEGUNDA. 201
PARTE TERCERA.--La tarde. 321
NOTAS
[1] ¿Qué es el hombre? ¿De dónde viene? ¿Adónde va?
[2] Lo que dicen las abejas.
Aquí es. Colina arriba, va el sendero que yo tomé. Aún está aquí el trozo derrumbado de la vieja tapia, y la pasadera de piedra en el agua.
He allí la casa, con el portón de barrotes rojos, y los altos álamos, y la caperuza parda del henil, y el establo. Y los blancos cuernos que balanceándose asoman por el muro.
He allí las colmenas, alineadas al sol. Y en las márgenes del arroyo, las flores humildes, pródigas de simiente, margaritas y narcisos, rosas y claveles.
[3] Mexo = orina. Anxiguas = viruelas. Fediondas = hediondas. Afalagar = halagar. Aviésporas = avispas. Cucho = estiércol.
End of Project Gutenberg's La pata de la raposa, by Ramón Pérez de Ayala