La Navidad en las Montañas

Part 5

Chapter 5 3,819 words Public domain Markdown

Pablo no tardó más que algunas horas en el pueblo, cambió su traje militar por el del labrador montañés, compró algunas provisiones e instrumentos de labranza, y partió a su montaña sin ver a nadie, ni a Carmen, ni a mí. Retirado a aquel lugar, comenzó a llevar una vida de Róbinson[3]. Escogió la parte más agreste de las montañas; construyó una choza, desmotó el terreno, y haciendo algunas excursiones a las aldeas cercanas, se proporcionó semillas y cuanto se necesitaba para sus proyectos.

Sus viajes de soldado por el centro de la República le han sido muy útiles. Ha aprovechado algunas ideas sobre la agricultura y horticultura, y las ha puesto en práctica aquí con tal éxito, que da gusto ver su _roza_, como él la llama humildemente. No, no es una simple _roza_ aquélla, sino una hermosa plantación de mucho porvenir. Está muy naciente aún; pero ya promete bastante. Sus árboles frutales son exquisitos, su pequeña siembra de maíz, de trigo, de chícharo y de lenteja, le ha producido de luego a luego una cosecha regular. Merced a él, hemos podido gustar fresas, como las más sabrosas del centro, pues las cultiva en abundancia, y no parece extraño a la afición a las flores, pues él ha sembrado por todas partes violetas, como las de México[4] (y no inodoras como las de aquí), pervincas, mosquetas, malvarosas, además de todas las flores aromáticas y raras de nuestra sierra. Ha plantado un pequeño viñedo, y a él he encargado precisamente de cuidar mis moreras nacientes y que están colocadas en otro lugar más a propósito por su temperatura. En suma, es infatigable en sus tareas, parece poseído por una especie de fiebre de trabajo. Se diría que desea demostrar al pueblo que lo arrojó de su seno por su conducta, que no merecía aquella ignominia, y que en su mano estaba volver al buen camino, si la persona a quien había hecho tal promesa hubiera dado crédito a sus palabras.

Los pastores de los numerosos rebaños que pastan en estas cercanías, como he dicho a Vd., lo adoran, porque apenas se ha sentido la presencia de una fiera en tal o cual lugar, por los daños que hace, cuando Pablo se pone voluntariamente en su persecución y no descansa hasta no traerla muerta a la majada misma que sirve de centro al rebaño perjudicado. Y Pablo no acepta jamás la gratificación que es costumbre dar a los otros cazadores de fieras dañinas, sino que después de haber traído muertos al tigre, al lobo o al leopardo, o de haber avisado a los pastores en qué lugar queda tendido, se retira sin hablar más. Esta singularidad de carácter, junta a su rara generosidad y a su valor temerario, han acabado por granjearle el cariño de todo el mundo; sólo que nadie puede expresárselo como quisiera, porque Pablo huye de las gentes, pasa los días en una taciturnidad sombría; y a pesar de que padece mucho todavía a causa de sus heridas, a nadie acude para curarse limitándose a pedir a los labradores montañeses o a los aldeanos que pasan, algunas provisiones a cambio del producto de su plantación. Cerca de ésta tiene su pequeña cabaña, rodeada de rocas que él ha cubierto con musgo y flores: allí vive como un ermita o como un salvaje, trabajando durante el día, leyendo algunos libros en algunos ratos, de noche, y siempre combatido por una tristeza tenaz.

Conmovido yo por semejante situación, he ido a verlo algunas veces. Él me espera, me obsequia, me escucha, pero se resiste siempre a venir al pueblo. Un día, en que supe que estaba postrado y sufriendo a consecuencia de sus heridas y de la entrada del invierno, quise llevar conmigo a la señora madre de Carmen para que esto le sirviese de consuelo; pero él apenas nos divisó a lo lejos, huyó a lo más escabroso y escondido de la sierra, y no pudimos hacer otra cosa que dejarle algunas medicinas y provisiones, retirándonos llenos de sentimiento por no haberle visto.

--Pero ese muchacho,--interrumpí,--va a acabar por volverse loco, llevando semejante vida, parecida a la que hacía Amadís;[5] es preciso sacarlo de ella.

--Indudablemente,--contestó el cura,--eso mismo he pensado yo y he puesto los medios para que termine. Vd. habrá comprendido cuál debía ser el único eficaz, porque a mí no se me oculta que Pablo ha seguido amando a esta muchacha, con más fuerza cada día; sólo que, altivo por carácter, y resentido en lo profundo de su alma por lo que había pasado, no puede ya pensar en el objeto de su cariño sin que la sombra de sus recuerdos venga luego a renovar la herida y a engendrarle esa desesperación que se ha convertido en una peligrosa melancolía.

--Pero en fin ... esta niña ...--pregunté yo con una rudeza en que había mucho de curiosidad. Carmen no respondió; se cubría el rostro con las manos y sollozaba.

--¡Ah! entiendo, señor cura,--continué;--entiendo: y ya era tiempo, porque la suerte de ese infeliz amante me iba afligiendo de una manera...

--Como Vd. me concederá también,--repuso el cura,--yo no podía hacer otra cosa, aun conociendo la verdadera pena de Pablo, que aguardar a mi vez, porque por nada de este mundo hubiera querido hablar a Carmen de los sufrimientos del joven; temía ser la causa de que esta sensible y buena muchacha se resolviera a hacer un sacrificio _por compasión_ hacia Pablo, o bien que llegase a tenerle un poco de cariño originado por la misma _compasión_. Vd., capitán, en su calidad de hombre de mundo, estimará desde luego el valor que podría tener un _amor de compasión_. Nada hay mas frágil que esto, y nada que acarrée más desgracias a los corazones que aman.

Yo deseaba saber si Carmen había amado a Pablo antes, y a pesar de sus defectos, aunque lo hubiera ocultado aun a sí misma por recato y por respeto a la opinión de sus parientes. Si no hubiera sido así, yo deseaba al menos que hoy lo amara, convencida de sus virtudes y estimando en lo que vale su noble carácter un poco fiero, es verdad, pero digno y apasionado siempre.

Mientras yo no supiera esto, me parecía peligrosa toda gestión que hiciera para favorecer a mi protegido; y ni a éste dije jamás una sola palabra de ello, como él tampoco me dejó conocer nunca, ni en la menor expresión, el verdadero motivo de sus padecimientos y de su soledad.

Hice bien en esperar: el amor, el verdadero amor, el que por más obstáculos que encuentre llega por fin a estallar, vino pronto en mi auxilio.

Un día, hace apenas tres, el señor alcalde vino a verme a mi casa, me llamó aparte y me dijo:

--Hermano cura, necesitamos mi familia y yo de la bondad de Vd., porque tenemos un asunto grave, y en el que se juega tal vez la vida de una persona que queremos muchísimo.

--¿Pues qué hay, señor alcalde?--le pregunté asustado.

--Hay, hermano cura, que la pobre Carmen, mi sobrina, está enamorada, muy enamorada, y ya no puede disimularlo ni tener tranquilidad: está enferma, no tiene apetito, no duerme, no quiere ni hablar.

--¿Es posible?--pregunté yo alarmadísimo, porque temí una revelación enteramente contraria a mis esperanzas.--¿Y de quién está enamorada Carmen, puede decirse?

--Sí, señor, puede decirse, y a eso vengo precisamente. Ha de saber Vd., que cuando Pablo, ya sabe Vd., Pablo, el soldado, la pretendía hace algunos años, mi hermana y yo, que no queríamos al muchacho por desordenado y ocioso, procuramos sin embargo averiguar si ella le tenía algún cariño, y nos convencimos de que no le tenía ninguno, y de que le repugnaba lo mismo que a nosotros. Por eso yo me resolví a entregarlo a la tropa, pues de ese modo quitábamos del pueblo a un sujeto nocivo y libraba yo a mi sobrina de un impertinente. Pero Vd. se acordará de aquella misma Nochebuena en que, al hablar de Pablo en mi casa, cuando estábamos cenando, Carmen se echó a llorar. Pues bien: desde entonces su madre se puso a observarla día a día; y aunque de pronto no le siguió conociendo nada[6] extraordinario, después se persuadió de que su hija quería al mancebo. Y se persuadió, porque Carmen no quiso nunca oir hablar de casamiento, ni dió oídos a las propuestas que le hacían varios muchachos honrados y acomodados del pueblo. Cuando se hablaba de Pablo, Carmen se ponía descolorida, triste, y se retiraba a su cuarto; y en fin, no hablaba de él jamás, pero parece que no lo olvidó nunca.

Así ha pasado todo este tiempo; pero desde que volvió Pablo, mi sobrina ha perdido enteramente la tranquilidad: el día en que supo que estaba aquí, todos advertimos su turbación aunque no sabíamos bien si era la alegría, o el susto, o la sorpresa lo que la había puesto así. Después, cuando ha sabido la clase de vida que hace Pablo en la montaña, suspiraba, y a veces lloraba, hasta que por fin mi hermana se ha resuelto ahora a preguntarle con franqueza lo que tiene y si quiere a ese mancebo. Carmen le ha respondido que sí lo quiere; que lo ha querido siempre, y que por eso se halla triste; pero que cree que Pablo la ha de aborrecer ya, porque la ha de considerar como la causa de todos sus padecimientos, y eso lo indica el no querer venir al pueblo, ni verla para nada. Que ella desearía hablarle, sólo para pedirle perdón, si lo ha ofendido, y para quitarle del corazón esa espina, pues no estará contenta mientras él tenga rencor. Esto es lo que pasa, hermano; y ahora vengo a rogar a Vd. que vaya a ver a Pablo y lo obligue a venir, con el pretexto de la cena de pasado mañana, para que Carmen le hable, y se arregle alguna otra cosa, si es posible, y si el muchacho todavía la quiere; porque yo tengo miedo de que mi sobrina pierda la salud si no es así.

--Ya Vd. comprenderá, capitán, mi alegría: ni preparado por mí hubiera salido mejor esto. Aproveché una salida del pueblo para una confesión; corrí a la montaña; ví a Pablo; le insté por que viniera, y me lo ofreció ... extraño mucho que no haya cumplido.

Al decir esto el cura, un pastor atravesó el patio y vino a decir al cura y al alcalde que Pablo estaba descansando en la puerta del patio, porque habiendo estado muy enfermo y habiendo hecho el camino muy poco a poco, se había cansado mucho.

Un grito de alegría resonó por todas partes: el alcalde y el cura se levantaron para ir al encuentro del joven; la madre de Carmen se mostró muy inquieta, y ésta se puso a temblar, cubriéndose su rostro de una palidez mortal....

--Vamos, niña,--le dije,--tranquilícese Vd.; debe tener el corazón como una roca ese muchacho si no se muere de amor delante de Vd.

Carmen movió la cabeza con desconfianza, y en este instante el alcalde y el cura entraron trayendo del brazo--a un joven alto, moreno, de barba y cabellos negros que realzaba entonces una gran palidez, y en cuya mirada, llena de tristeza, podía adivinarse la firmeza de un carácter altivo.

Era Pablo.

Venía vestido como los montañeses, y se apoyaba en un bastón largo y nudoso.

--¡Viva Pablo!--gritaron los muchachos arrojando al aire sus sombreros; las mujeres lloraban, los hombres vinieron a saludarlo. El alcalde lo condujo a donde se hallaban su hermana y sobrina, diciéndole:

--Ven por acá, picaruelo, aquí te necesitan: si tienes buen corazón, nos has de perdonar a todos.

Pablo, al ver a Carmen, pareció vacilar de emoción, y se aumentó su palidez; pero reponiéndose, dijo todo turbado:

--¡Perdonar, señor! ¿y de qué he de perdonar? ¡Al contrario, yo soy quien tiene que pedir perdón de tanto como he ofendido al pueblo...!

Entonces se levantó Carmen, y trémula y sonrojada, se adelantó hacia el joven, e inclinando los ojos, le dijo:

--Sí, Pablo, te pedimos perdón; yo te pido perdón por lo de hace tres años ... yo soy la causa de tus padecimientos ... y por eso, bien sabe Dios lo que he llorado. Te ruego que no me guardes rencor.

La joven no pudo decir más, y tuvo que sentarse para ocultar su emoción y sus lágrimas.

Pablo se quedó atónito. Evidentemente en su alma pasaba algo extraordinario, porque se volvía de un lado y de otro para cerciorarse de que no estaba soñando. Pero un instante después, y oyendo que la madre de Carmen, con las manos juntas en actitud suplicante, decía:

--¡Pablo, perdónala!--dejó escapar de sus ojos dos gruesas lágrimas, e hizo un esfuerzo para hablar.

--Pero, señora,--respondió;--pero, Carmen; ¿quién ha dicho a Vds. que yo tenía rencor? ¿Y por qué había de tenerlo? Era yo vicioso, señor alcalde, y por eso me entregó Vd. a la tropa. Bien hecho: de esa manera me corregí y volví a ser hombre de bien. Era yo un ocioso y un perdido, Carmen: tu eres una niña virtuosa y buena, y por eso cuando te hablé de amor me dijiste que no me querías. Muy bien hecho; ¿y qué obligación tenías tú de quererme? Bastante hacías ya, con no avergonzarte de oir mis palabras. Yo soy quien te pido perdón, por haber sido atrevido contigo, y por haber estorbado quizás en aquel tiempo que tu quisieras al que te dictaba tu corazón. Cuando yo considero esto, me da mucha pena.

--¡Oh! no, eso no, Pablo,--se apresuró a replicar la joven;--eso no debe afligirte, porque yo no quería a nadie entonces... ni he querido después--añadió avergonzada;--y si no, pregúntalo en el pueblo... te lo juro, yo no he querido a nadie....

--Más que a Vd., amigo Pablo,--me atreví yo a decir con resolución, e impaciente por acercar de una vez aquellos dos corazones enamorados.--Vamos,--añadí,--aquí se necesita un poco del carácter militar para arreglar este asunto. Vd. que lo ha sido, ayúdeme por su lado. Lo sé todo; sé que Vd. adora a esta niña, y da Vd. en ello prueba de que vale mucho. Ella lo ama a Vd. también, y si no que lo digan esas lágrimas[7] que derrama, y esos padecimientos que ha tenido desde que Vd. se fué a servir a la Patria. Sean Vds. felices ¡qué diantre!--ya era tiempo, porque los dos se estaban muriendo por no querer confesarlo.--Acérquese Vd., Pablo, a su amada, y dígale que es Vd. el hombre más feliz de la tierra: aparte Vd. esas manos, hermosa Carmen, y deje a este muchacho que lea en esos lindos ojos todo el amor que Vd. le tiene; y que el juez y el señor cura se den prisa por concluir este asunto.

Los dos amantes se estrecharon la mano sonriendo de felicidad, y yo recibí una ovación por mi pequeña arenga, y por mi manera franca de arreglar matrimonios. Los pastores cantaron y tocaron alegrísimas sonatas en sus guitarras, zampoñas y panderos; los muchachos quemaron petardos, y los repiques a vuelo con que en ese día se anuncia el toque del alba, invitando a los fieles a orar en las primeras horas del gran día cristiano, vinieron a mezclarse oportunamente al bullicioso concierto.

Al escuchar entonces el grave tañido de la campana, que sonaba lento y acompasado, indicando la oración, todos los ruidos cesaron; todos aquellos corazones en que rebosaban la felicidad y la ternura se elevaron a Dios con un voto unánime de gratitud, por los beneficios que se había dignado otorgar a aquel pueblo tan inocente como humilde.

Todos oraban en silencio: el cura prefería esto por ser más conforme con el espíritu de sinceridad que debe caracterizar el verdadero culto, y dejaba que cada cual dirigiese al cielo la plegaria que su fe y sus sentimientos le dictasen....

Así pues, todos, ancianos, mancebos, niños y mujeres oraban con el mayor recogimiento. El cura parecía absorto, derramaba lágrimas, y en su semblante honrado y dulce había desaparecido toda sombra de melancolía, iluminándose con una dicha inefable. El maestro de escuela había ido a arrodillarse junto a su mujer e hijos, que lo abrazaban con enternecimiento, recordando su peligro de hacía tres años; el alcalde, como un patriarca bíblico, ponía las manos sobre la cabeza de sus hijos, agrupados en su derredor; el tío Francisco y la tía Juana también, en medio de sus hijos, murmuraban llorando su oración; Gertrudis abrazaba a su hermosa hija, quien inclinaba la frente como agobiada por la felicidad, y Pablo sollozaba, quizás por la primera vez, teniendo aún entre sus manos la blanca y delicada de su adorada Carmen, que acababa de abrir para él las puertas del paraíso. Yo mismo olvidaba todas mis penas y me sentía feliz, contemplando aquel cuadro de sencilla virtud y de verdadera y de modesta dicha, que en vano había buscado en medio de las ciudades opulentas y en una sociedad agitada por terribles pasiones.

Cuando concluyó la oración del alba, la reunión se disolvió, nos despedimos del digno alcalde y de los futuros esposos,[8] quienes se quedaron con él a concluir la velada, así como otros muchos vecinos; y nos fuimos a descansar, andando apresuradamente, porque a esa hora, como era regular en aquellas alturas, durante el invierno, la nieve comenzaba a caer con fuerza, y sus copos doblegaban ya las ramas de los árboles, cubrían los techos pajizos de las cabañas y alfombraban el suelo por todas partes.

Al día siguiente aun permanecí en el pueblo, que abandoné el 26, no sin estrechar contra mi corazón aquel virtuosísimo cura a quien la fortuna me había hecho encontrar, y cuya amistad fué para mí de gran valía desde entonces.

Nunca, y Vd. lo habrá conocido por mi narración, he podido olvidar "aquella hermosa _Navidad_, pasada en las montañas."

Todo esto me fué referido la noche de Navidad de 1871 por un personaje, hoy muy conocido en México, y que durante la guerra de Reforma sirvió en las filas liberales: yo no he hecho más que trasladar al papel sus palabras.

[Footnote 1: #Lope de Vega Carpio# (1562-1635), a celebrated Spanish poet and dramatist.]

[Footnote 2: #Cantar de los Cantares#, _Song of Solomon_, a book in the Old Testament.]

[Footnote 3: #Róbinson#, De Foe's _Robinson Crusoe_.]

[Footnote 4: #México#, i.e., the City of Mexico.]

[Footnote 5: #Amadís#, hero of _Amadís of Gaul_, a famous medieval romance of chivalry; he still remains the type of the constant lover.]

[Footnote 6: #no le siguió conociendo nada#, _she kept on not noticing anything_ (translate: _she still noticed nothing_).]

[Footnote 7: #si no que lo digan esas lágrimas#, _if you doubt it, let those tears tell you so_.]

[Footnote 8 :#esposos#; in the plural _esposos_ includes both genders. Cf. also _padres, hermanos, tíos_, etc.]

VOCABULARY

Many cognates are omitted. The student should bear in mind that the termination #-ción# = _-tion_, #-dad# = _-ty_, and #-mente# = _-ly_.

#A#

#a#, to (_before a personal acc. not to be translated_).

#abandonar#, to abandon.

#abatido, -a#, dejected, spiritless.

#abeja#, _f._ bee.

#abeto#, _m._ fir, hemlock.

#abismo#, _m._ abyss.

#abogar#, to plead for, advocate.

#abolir#, to abolish.

#abominar#, to hate, detest.

#aborrecer#, to hate, abhor.

#abrazar#, to embrace.

#abrazo#, _m._ embrace.

#abrigar#, to cherish, shelter, protect.

#abrigo#, _m._ shelter.

#abrir#, to open.

#absoluto, -a#, absolute.

#absorber#, to absorb.

#absorto, -a#, absorbed.

#acabar#, to finish, end; #-- de# + _inf._, just.

#acariciado, -a#, cherished.

#acarrear# (_fig._), to cause.

#acaso#, perhaps.

#acento#, _m._ accent.

#acentuado, -a#, defined; #enérgicamente --#, clear cut.

#aceptar#, to accept.

#acercar(se)#, to approach, bring together.

#acérquese#, _impv. of_ #acercarse#.

#acertar#, to happen.

#acólito#, _m._ acolyte.

#acomodado, -a#, well-to-do.

#acomodarse#, to make oneself comfortable.

#acompañar#, to accompany.

#acompasado, -a#, measured.

#aconsejar#, to advise.

#acordarse#, to remember.

#acostumbrar#, to accustom.

#acrisolado, -a#, refined, purified.

#actitud#, _f._ attitude.

#actual#, present.

#acuartelar#, to quarter troops.

#acudir#, to run to, come to.

#acuerdo#, _m._ agreement; #de --#, unanimously.

#adecuado, -a#, adequate.

#adelantar#, to advance.

#además#, moreover, besides.

#adherir#, to hold.

#adiós#, good-bye.

#adivinar#, to guess.

#admirar(se)#, to admire, be surprised.

#adonde#, where.

#adorar#, to adore.

#adornar#, to adorn.

#adorno#, _m_. decoration.

#adquirir#, to acquire.

#adulto#, _m_. adult.

#advertir#, to observe, give notice; #--se#, to show.

#advierto#, _pres. ind. of_ #advertir#.

#advirtiese#, _impf. subj. of_ #advertir#.

#afán#, _m_. eagerness, effort.

#afecto#, _m_. affection.

#afectuosamente#, affectionately.

#afectuosidad#, _f_. affection, kindly interest.

#afectuoso, -a,# affectionate.

#afición#, _f_. fondness, inclination.

#aflicción#, _f_. sadness.

#afligir#, to afflict, cause pain.

#afortunado, -a#, fortunate.

#agasajar#, to receive and treat kindly.

#agilidad#, _f_. agility.

#agitar(se)#, to agitate, flutter, shake up.

#aglomeración#, _f_. conglomeration.

#agobiar#, to bend; (_fig._) oppress.

#agraciado, -a#, graceful, pleasing.

#agradabilísimo, -a#, _abs. super. of_ #agradable#.

#agradable#, agreeable, pleasant.

#agradar#, to please.

#agradecimiento#, _m_. gratitude.

#agregarse#, to add.

#agreste#, wild.

#agrícola#, agricultural.

#agrupar#, to group.

#agua#, _f_. water.

#aguardar#, to wait (for).

#aguardiente#, _m_. brandy.

#agudo, -a#, acute, sharp, pointed.

#aguileño, -a# aquiline.

#ahí#, there, yonder.

#ahora#, now.

#aire#, _m_. air.

#ajusticiar#, to put to death.

#al#, _contraction of_ #a el#. _Before an inf. to be trans. with a time clause, or_ on + _a pres. part_.

#ala#, _f_. wing; #--s del corazón,# auricles of the heart.

#alargar#, to stretch out.

#alargue#, _pres. subj. of_ #alargar#.

#alarmar#, to alarm.

#alba#, _f_. dawn; white gown (_worn by priest_).

#albaricoquero#, _m_. apricot tree.

#álbum#, _m_. supplement (_of a newspaper_).

#alcalde#, _m_. mayor.

#alcanzar#, to reach, succeed.

#aldea#, _f_. village.

#aldeano#, _m_. villager.

#alegrar(se)#, to gladden; be pleased, make merry.

#alegre#, bright, happy.

#alegremente#, happily.

#alegría#, _f_. mirth, happiness.

#alegrísimo, -a#, _abs. super. of_ #alegre#.

#alejamiento#, _m_. distance.

#alejar#, to send away.

#alejarse#, to leave, go away.

#alfombra#, _f._ carpet.

#alfombrar#, to carpet.

#algo#, something; #-- mío#, something of mine.

#alguien#, somebody.

#alguno, -a#, some, any.

#aligerar#, to alleviate.

#alimentación#, _f._ nutrition.

#alimentar#, to feed.

#alimento#, _m._ food.

#aliviado, -a#, relieved, improved.

#alma#, _f._ soul.

#almendro#, _m._ almond tree.

#almud#, _m._ almud (_measure of grain and dry fruit_).

#alojamiento#, _m._ lodging.

#alternar#, to alternate.

#altisonante#, high-sounding.

#altivo, -a#, high, lofty, proud.

#alto, -a#, high, tall; _(noun) m._ halt, stop.

#altura#, _f._ height.

#alumbrar#, to illumine.

#alumno#, _m._ pupil.

#alusión#, _f._ allusion.

#alzar#, to raise.

#allá#, there.

#allí#, there.

#amanecer#, to dawn.

#amante#, _m._ lover.

#amar#, to love.

#amargo, -a#, bitter.

#amarrar#, to tie, fasten.

#ambulante#, wandering.

#amenazar#, to threaten.

#amigo#, _m._ friend.

#amistad#, _f._ friendship.

#amoldarse#, to mold.

#amor#, _m._ love, glow (_of a fire_); #-- propio#, self-respect, pride; #en buen --#, in harmony.

#amoroso, -a#, loving.

#amplio, -a#, ample, roomy.

#anciano, -a#, old person.

#andar#, to go.

#ángel#, _m._ angel.

#angelito#, _dim. of_ #ángel#.

#angustia#, _f._ anguish.

#animar#, to enliven.

#ánimo#, _m._ mind.

#ante#, before.

#antemano#, beforehand.

#antes#, before, years ago.

#antevíspera#, _f._ night before, eve.

#anticipar#, to mention beforehand.

#antigüedad#, _f._ antiquity.

#antiguo, -a#, ancient, old, former.

#anunciar#, to announce.

#añadir#, to add.

#año#, _m._ year.

#apacentar#, to graze, pasture.

#aparador#, _m._ show window.

#aparecer#, to appear.

#aparentar#, to pretend.

#apartar(se)#, to remove, withdraw.

#aparte (de)#, aside (from).

#apasionado, -a#, passionate.

#apearse#, to dismount.

#apenas#, hardly.

#apesadumbrarse#, to be discouraged.

#apetitoso, -a#, palatable.

#apiadarse#, to have pity on.

#aplaudir#, to applaud.

#aplauso#, _m._ applause.

#aplicar#, to apply.

#apoderarse#, to take possession of.

#apóstol,# _m._ apostle.

#apostólico, -a#, apostolic.

#apoyar#, to lean.

#apreciar#, to appreciate.

#aprehender#, to seize.

#aprender#, to learn.

#apresuradamente#, hastily.

#apresurarse#, to hasten, hurry.

#apretar#, to press; #-- la mano#, to shake hands.

#aprobar#, to approve.

#aprovechar#, to improve, make the most of.

#aquí#, here.