La nao Santa María: memória de la Comisión arqueológica ejecutiva, 1892
Part 4
Poco menos de una hora la honraron los acorazados y cruceros escoltándola en formación de columnas hacia el Sur: el Sr. Ministro de Marina inició entonces el movimiento de contramarcha y al volver por el costado de cada uno, las voces, las músicas, los cañones, repitieron la salva por despedida, dando ya el sol con espléndida luz, brillo al engalanado de banderas; contento á los espectadores que habían salido del puerto en embarcaciones de vela y de vapor.
Tanto la formación de las dos columnas de acorazados y cruceros, como el paso de la nao con su escolta de buques de menor porte y la última evolución que todos hicieron acompañándola á su regreso, resultaron maniobras lucidísimas que acreditaron la pericia de Almirantes y Comandantes y sobre todo la del Vicealmirante Sr. Beránger, Ministro de Marina, bajo cuya dirección se verificaron aquéllas, y á cuyas acertadas disposiciones se debió que, á pesar del número y porte de los buques que en el festejo tomaron parte no ocurriesen ni las averías ni los abordajes que tan comunes son en esta clase de funciones marítimas, siendo quizás esta la primera en que no se han registrado.
Tomaron parte en las manifestaciones los buques siguientes:
BUQUES QUE CONCURRIERON Á LA FIESTA NAVAL DEL 3 DE AGOSTO DE 1892
DE LA REPÚBLICA |_Almirante Brown_, Almirante D. Daniel Solier. ARGENTINA |Comandante C. F. T. Domec García. |_Veinticinco de Mayo_, Comandante C. N.
AUSTRIA _Aurora_, Comandante C. F. M. Thewalt.
ESTADOS UNIDOS |_Newarck_, Almirante A. E. K. Benham. DE AMÉRICA |Comodoro C. S. Carey
|_Duguesclin_, Comandante C. N. Mr. Blanc. FRANCIA |_Hirondelle_, Comandante C. F. Mr. Bellue.
HOLANDA _Bonaire_, Comandante C. F. A. F. Krabbe.
|_Australia_, C. Swinton C. Holland. |_Amphion_, C. John R. E. Pattison. INGLATERRA |_Scout_, C. Walter S. Goodridge. |_Torpedero_, Liut Hugh le D. Stapleton. |_Torpedero_, Liut Allan T. Everett.
|_Lepanto_, Almirante C. A. De Liguori. |C. N. S. Grenet Francesco. ITALIA |_Bausan_, C. N. Cavaliere de Libero. |_Dogali_, C. F. Cav. Giorelo. |_Duilio_, C. F. Conde Candiani de Olivala.
MÉJICO _General Zaragoza_, Comandante Reginald Carey Brenton.
PORTUGAL _Vasco de Gama_, Comandante C. N.
|_Legazpi_, Ministro de Marina D. José M. de Beránger. |Comandante, T. N. I.º D. Adriano Sánchez Lobatón. |_Pelayo_, Contraalmirante D. Zoilo Sánchez Ocaña. |Comandante C. N. D. Luis Pastor. |_Reina Regente_, Comandante C. N. D. José Pilón. |_Victoria_, Comandante C. N. D. Manuel Dueñas. |_Alfonso XII_, Comandante C. N. D. José de Guzmán. ESPAÑA |_Isla de Cuba_, Comandante C. F. D. Salvador Rapallo. |_Isla de Luzón_, Comandante C. F. D. Ramón Valenti. |_Temerario_, Comandante T. N. I.ª D. Rafael Pascual de Bonanza. |_Cocodrilo_, Comandante T. N. I.ª D. Adolfo España. |_Nautilus_, Comandante C. F. D. Fernando Villamil. |_Arlanza_, Comandante T. N. D. Alberto Castaño. |_Cuervo_, Comandante T. N. D. Manuel Pasquin. |_Piélago_, Capitán D. N. Plá.
_Santa María_, Comandante C. F. D. Víctor Concas.
Agosto 1892.
LA COMISIÓN
ESTUDIOS AUXILIARES PARA RECONSTITUCION DE LA NAO SANTA MARÍA POR EL CAPITAN DE NAVIO RETIRADO D. CESAREO FERNÁNDEZ DURO DE LAS REALES ACADEMIAS DE LA HISTORIA Y DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO
ARMAMENTO DE LAS CARABELAS DE COLÓN
Las indicaciones del diario de navegación del Almirante de las Indias son tan someras, que no puede por ellas formarse juicio, ni aun aproximado, del número, calidad, forma y disposición de las piezas de artillería montadas en las carabelas.
No es dudoso, sin embargo, por esas mismas indicaciones, qué artillería llevaban. El 7 de Octubre de 1492 anotó Colón que «la carabela _Pinta tiró una lombarda_ por señal de tierra y levantó una bandera en el tope del mástil».
El 18 de Diciembre escribió que en conmemoración de la fiesta de la Virgen tiráronse _muchos tiros de lombarda_; puso las banderas y atavió la nao. Vino á bordo el cacique de Santo Domingo, y al despedirle hizo tirar _muchas lombardas_.
Queriendo luego que los indios tuvieran saludable temor á las armas de los españoles, después que se perdió la nao capitana, «mandó armar _una lombarda_ en tierra y tirar al costado de la dicha nao. Vido como lo pasó y fué muy lejos _la piedra_ por la mar». Era esto el 2 de Enero de 1493.
Á poco, acabada la fábrica del fuerte nombrado de Navidad, dice que dejó en él _mucha artillería_, pólvora, pertrechos y _un artillero_.
Esto es cuanto enseña el mencionado diario, según el extracto conservado por el P. Las Casas y dado á luz por D. Martín Fernández de Navarrete en la _Colección de viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles_.
Para suplir lo que calla, necesario es acudir á los primeros tratados militares del siglo XVI, por las noticias que recogieron de los anteriores. Las expediciones navales de D. Alfonso V de Aragón al reino de Nápoles, mediado el XV; la guerra de Granada emprendida por los Reyes de Castilla y Aragón, y en ella el sitio de Málaga, en que se emplearon fuerzas navales; la armada que fué á Italia con Gonzalo Fernández de Córdoba; la que se dispuso para el viaje de D. Fernando á Nápoles en 1506; por fin, las escuadras que acometieron á Berbería en 1505 y 1509, comprendieron á la época en que se realizó el descubrimiento de las islas oceánicas, y fijando límites entre los que no fueron notables los adelantos y variaciones de las armas; ofrecen alguna enseñanza.
Han estudiado modernamente el modo de ser de la milicia de mar y tierra al acabar la Edad Media, Capmany, Navarrete, el Conde de Clonard, Pérez de Castro, Salas, Barado y algunos más reuniendo cédulas, relaciones, inventarios y dibujos de gran utilidad, muy aumentados é ilustrados para el caso presente en la obra especial dada á la estampa por D. José Arantegui y Sanz con título de _Apuntes históricos de la Artillería española_ en los siglos XIV, XV y XVI. (Madrid, 1887-1891.) Poniendo á contribución los textos y algo más, inédito, que va apareciendo, se advierte:
Que las naos de la marina aragonesa á fines del siglo XIV y principios del XV, no llevaban más de una, dos, tres y hasta cuatro lombardas, según su porte.
Que el rey D. Alfonso V tenía el año 1418 en la galera real dos lombardas que tiraban 9 y 7 libras de pelota de piedra, y solo 10 proyectiles por pieza.
Que la otra galera real en que hizo D. Fernando el mismo viaje á Nápoles en 1506, llevaba una lombarda, dos cerbatanas y dos pasavolantes.
Que en las armadas de naos por el mismo tiempo aprestadas para Italia y Berbería, aunque no seguramente averiguado, iban cuando más, cuatro lombardas en cada una.
Parece deducirse de estas noticias que al emprender las carabelas de Palos su viaje, la artillería no era numerosa en los bajeles, y las confirma una cédula de los Reyes Católicos, del año 1505, mandando entregar 10 lombardas, las dos grandes y las ocho pequeñas para la carraca de Iñigo de Artieta, general de la Armada de Vizcaya que estuvo en Cádiz al emprender Colón la descubierta, por si necesario fuera protegerla. Las dos grandes _tiraban piedra de cada setenta libras_; las otras como _ribadoquines_.
En instrucciones que se dieron á D. Johan Manuel para fletar dos carracas de 2.000 botas cada una, se indicaba que montaban _cient lombardas de todos calibres_, seis de ellas de 25 á 30 libras, _tirando por puertas levadizas_[18]. Conforma en cierto modo con este dato los que ofrecen las relaciones de vistas celebradas en Saona por Luis XII de Francia con nuestro D. Fernando el año 1507. Un historiador del primero[19] refiere que el almirante Philippe de Ravestain lució en la ocasión una carraca nombrada _La Charente_, de las mejores que flotaban en la mar: llevaba á bordo 1.200 hombres de guerra sin los marineros y montaba 200 piezas de artillería, _de las cuales 14 tenían ruedas_ y tiraban piedras grandes.
[Nota 18: Arantegui, obra cit., t. II, pág. 316.]
[Nota 19: D'Anton, _Histoire de Louis XII_.]
No contradicen estas referencias á las anteriores: aun tratando de carracas que eran las naves de mayor porte y capacidad, y de una tan excepcional por la grandeza y objeto, como _La Charente_, se comprende que, separadas las 14 piezas encabalgadas, el mayor número componían las de horquilla y pinzote fijo en la borda, manejadas por un hombre, si comprendidas en la denominación genérica de piezas de artillería, distinguidas en particular con las de falconetes, versos y pasavolantes.
La frase _mucha artillería_ empleada por Cristóbal Colón al hablar de la que dejó en el fuerte de Navidad, sería relativa ó hiperbólica, como lo era al referirse á las salvas. Debe entenderse que en la fortaleza dejó toda la que montaba la nao perdida, ya que en las otras sólo de estorbo había de servirle. Habiendo encarecido en su narración la docilidad y natural pacífico de los indios, querría decir que la artillería era mucha, por estimarla más que suficiente para estorbarles el acceso.
El número efectivo en _La Santa María_ no excedería seguramente del que tenía la carraca capitana de Iñigo de Artieta, y suponiéndolo igual, esto es, de dos lombardas y seis falconetes, estaría bien armada, considerada la época y el porte. Apoya la hipótesis la certeza de ser la nave una de aquellas de Cantabria destinadas al comercio con los estados de Flandes, que conciliaban en lo posible los medios de seguridad con la mayor carga, y no es de presumir que los primeros se alteraran al emprender un viaje de exploración para el que lo importante era contar con vitualla y agua en la ida y la vuelta; vitualla calculada, según algunos marinos dijeron, para un año, si bien parece cifra en doble exagerada.
La fundición de artillería de bronce estaba en mantillas al empezar el reinado de doña Isabel; era de hierro forjado la que se empleaba para la defensa y ataque de las plazas, así como para el armamento de las naves, sobresaliendo en la fábrica los ferreros de Vizcaya, y un curioso documento del Archivo de Simancas[20] relativo á la comisión que se dió á Pedro Ruiz de Ibarra y á Juan Pérez de Tolosa, repostero de cámara de sus Altezas, ambos vascongados, para comprar en aquel país las piezas que hicieran falta al organizar la expedición de Mazalquivir en 1505 explica las dimensiones, calibre y costo de las que se destinaban á los buques.
[Nota 20: Publicado por Arantegui, obra citada, tomo II, pág. 312.]
Dice la primera partida de la cuenta: «Que se hicieron hacer (en Vizcaya) veynte e cuatro lombardas que tiran piedra de diez libras (15 cm) de nueve palmos en largo con cada tres servidores con sendas corueñas, que fué igualada cada pieza en veinte e un ducados».
Las otras partidas especifican las variaciones, salvo la longitud que era la misma en todas las piezas (el mismo longor de nueve palmos) como sigue:
24 lombardas que tiran 10 libras, á 25 ducados. 8 -- 7 -- á 14 -- 11 -- 6 -- á 12 -- 20 -- 5 -- á 10 -- 14 -- 4 -- á 8 -- 12 -- 3 -- á 6 -- 10 -- 2 -- á 4 -- 3 de diez palmos 27 -- á 30 --
Por la escala gradual de calibres es de juzgar que á las carabelas, como naves menores, se destinarían las lombardas que tiraban dos ó tres libras de pelota de piedra y que así las llevaron las de Colón. En el Museo de Artillería de Madrid se conserva un ejemplar de lombarda pequeña, de las de dos libras, cuyas dimensiones corresponden exactamente con las de la relación de Ruiz de Ibarra y Pérez de Tolosa y también con inventario del año 1500, copiado en Simancas por el brigadier de ingenieros Sr. Aparici. La ha discutido y dibujado á escala el comandante de artillería D. José Arantegui[21]: tiene los nueve palmos de longitud y diámetro que por la fórmula P==VxD, ó sea 920==4, 18V 3x2, 40, da para el de la pelota de piedra poco más de 9 cm.
[Nota 21: En la obra citada, tomo I, pág. 401 y lám. 9.]
Por el examen detenido se deduce el método racional de fabricación, formando primeramente el cilindro del ánima con barras ó duelas de hierro batido, de 6 cm. de grueso, sujetas con manguitos de 12 cm. también de grueso y de 55 á 65 de longitud, y cubiertas las uniones de uno y otro con zunchos de 5 cm. de grueso y 20 de anchura. El refuerzo de la boca se alargaba en la parte superior formando una arista paralela al eje y á la determinada por dos zunchos suplementarios en los tercios, con sendas argollas.
De estas piezas había _con servidor_ ó recámara postiza y también con culata cerrada, haciéndose en el último caso el tapón á sombrerete, soldando las duelas á martillo. La disposición del fogón era entonces próxima al plano de la culata, terminando arriba en una pequeña cazoleta de 18 mm. de amplitud. Cortado el sombrerete venía á tener esta pieza 1m,430 de longitud.
Se empleaban las piezas de servidor al aire libre porque teniendo dos y tres que se cargaban independientemente, era el tiro más rápido; las de culata cerrada se preferían en baterías bajo cubierta. Diego García del Palacio explicaba la causa en su _Instrucción náutica_, escribiendo:
«Todas las piezas abiertas que se sirven con cámaras han de estar sobre cubierta, porque si están debajo, el humo que queda dentro ocupa la vista á los que los sirven.
Por manera que éstas y los versos se han de poner sobre las toldas de popa y proa, y las cerradas, que son de culata, que echan el humo por la boca, abajo...»[22]
[Nota 22: Según noticia del capitán Sr. E. A. D'Alberti, del fondo del puerto de Génova se han extraído dos lombardas cerradas, que se cargaban por la boca, semejantes á las que aquí se describen: tiene la una 1m,11 de longitud y 0m,09 de diámetro en la boca: la otra 1m,12 y el mismo calibre.]
Lo dificultoso de todo punto es determinar la forma y construcción de los montajes, que según la cuenta extractada del año 1505 ya se llamaban por entonces _corueñas_. Es esta una de las investigaciones más obscuras entre las que atañen á la artillería antigua: nada hay averiguado históricamente hasta ahora, pues los dibujos que en las piezas de sitio y de campaña suplen en muchos casos la falta de descripciones, no dejan ver de qué modo se colocaban en el interior de la nao esas lombardas. El discurso tiene que guiarse por analogías con los montajes de plaza y por indicaciones vagas como lo es la de aquella carraca _La Charente_ en que había algunas piezas _con ruedas_.
El mencionado García de Palacio decía: «Terná la nao sus portañuelas dos palmos en cuadro con sus bisagrones para cerrallas y abrillas cuando convenga, y en los lados de cada una dos argollones de hierro fuerte, y cerca del muñón un gancho, y del á las argollas puestos sus aparejos para zallar las piezas, y de las argollas á la culata de cada una de sus retenidas tan largas cuanto es menester para recular la pieza, advirtiendo que la una sea mas corta que la otra, para que reculando la pieza y teniendo la boca dentro, por la retenida corta dé media vuelta y quede prolongada de popa á proa, para que el lombardero pueda tornalla á cargar, sin que por la portañuela le puedan hacer daño.»
Como la construcción es casi un siglo posterior al tiempo de las carabelas de Colón y trata ya de piezas con muñones y de portañuelas cuadradas, sirve solamente como dato del progreso que en ciertos detalles se había conseguido: mas á falta de otras, y cotejada con lo que se sabe de montaje de artillería de sitio y de campaña, ayuda á conjetura, siendo, sobre todo, de utilidad, para el conocimiento de los herrajes y guarnimientos de palanquines y del braguero con dos brazos, _corto y largo_.
Por presunción lógica tenía que estar la lombarda montada ó encabalgada sobre una pieza sólida de madera en la que, á media caña, se hubiera rebajado el lugar del asiento á tope de la culata. Sentaría sobre dos tablones adelante y atrás prolongados lo suficiente para dar, como base, mayor estabilidad al conjunto y á fin de que, no estando dicha base en contacto continuo con la cubierta de la nave, dejaran espacio é hicieran posible y fácil dar las fuertes trincas de cabo ó cuerda que hacían de la lombarda y su cureña un solo cuerpo, y tesarlas ó reforzarlas á medida que el ejercicio requiera mantener la sujeción.
Bien podía conseguirse teniendo la corueña un eje delantero con ruedas pequeñas enterizas; pero las ruedas representan otro adelanto que no es probable se hallara en práctica en las carabelas, toda vez que como novedad y cosa rara se señalaba años después.
Claro es que no podría con esta disposición variarse la puntería en altura, y que habían de ir los tiros rasando el agua, como dice el cronista portugués García de Resende; con todo, siendo como era corto el alcance y empleada por consiguiente la artillería sólo como preliminar del abordaje, cumpliría tal afuste con su objeto, sirviendo al disparo de la pelota de piedra, de cuyo efecto en los costados de madera habla Julio César Firrufino, y el mismo Colón dió idea en la ocasión citada precedentemente, contando cómo pasaba el proyectil la endeble obra muerta de su nao.
Justifica al mismo tiempo la inmovilidad de la lombarda en su montaje, porque no se abrían compuertas cuadradas en los costados. Una abertura circular de poco mayor diámetro que la boca de la pieza era suficiente para el disparo y protegía más á los sirvientes contra los tiros de armas portátiles.
El modo de cargar las piezas con pólvora á granel introducida con cuchara, se indica en la siguiente Cédula real, que recomienda la sustitución en las Indias de la artillería de hierro forjado por la de bronce[23].
[Nota 23: _Colecc. de docum. inéd. de Indias_, t. XXXI.]
«El Rey.--Comendador mayor, nuestro veedor general de la nuestra Artillería. Porque para la isla Española son menester algunas piezas de artillería, Yo vos mando que luego questa viéredes, fagais facer en esa cibdad de Málaga cinco sacabuches e un cañon pedrero que tenga _una linterna de oxa villa (?)_ engastada en el atacador, para le atacar, e ducientas e cincuenta piedras para él, e dos falconetes e ducientas piedras de plomo, e un molde de azofar para los falconetes, _e otra linterna_ como la del cañón, e sea todo de buen metal porque de yerro luego se dapna allá a cabsa de la humedad de la tierra, los quales ansí fechos con todos sus aparejos, los entregareís a nuestros oficiales de la Casa de la Contratación que residen en Sevilla, ó a quien su poder ovier. E mando a Juan de Soria, mi Contador de la artillería, que ansí se los faga luego entregar su carta de pago, o de quien su poder oviere, cuanto que sean rescebidos. Fecha en la villa de Medina del Campo a 30 de Setiembre de 1504 años.--Yo el Rey.--Por mandado del Rey, Gaspar de Gricio.»
Los falconetes ó versos fijos en la borda que equivalían á las piezas actuales de tiro rápido, eran de hierro batido, como las lombardas; se fabricaban de la misma manera, diferenciándose en el calibre menor; en que lanzaban proyectiles formados con dado de hierro revestido de plomo y en que no teniendo cureña, pues giraban verticalmente sobre muñones y horizontalmente sobre horquilla acabada en pinzote, tenían en la parte posterior un bastidor ó marco para afianzar con cuña el servidor, y una rabera con que lo manejaba el lombardero.
No es necesario reconstituir estas piezas discrecionalmente, pues existen en el Museo de Artillería de Madrid dos ejemplares auténticos extraídos del fondo del mar y por primera vez descritos en el _Museo Español de antigüedades_. Uno de ellos tiene 70 milímetros de calibre y 23 de espesor en el brocal: la bala de hierro emplomado pesaría 1.500 gramos. El otro tiene 45 milímetros de calibre y la pelota no debía pesar más de 360 gramos. En el último son las duelas de 5 milímetros, los manguitos de 17 y los zunchos de 40. La longitud de la caña es de 750 milímetros; la del marco, en dirección al eje, 250; la de la rabera 340, de modo que la longitud total alcanza á 1m,340[24]. Que las naos y carabelas grandes ó pequeñas llevaban artillería, acredita el _Memorial_ que Cristóbal Colón dirigió á los Reyes en 1498 enumerando las cosas que necesitaba, diciendo[25]:
«Es mas menester para los navyos que fueren, como para la gente que allá residiere ansy armas, lombardas para los navyos, e lanzas e espadas e puñales e ballestas e madexuelas para las ballestas, e almacén para las ballestas.»
[Nota 24: Se han extraído falconetes casi iguales del fondo de los puertos de Santander, Alicante y Barcelona, y según noticia del Capitán Sr. E. A. D'Albertis, otros tres ejemplares muy parecidos en todo se han encontrado en los puertos de Génova y de Rapallo; dos de ellos tienen 1m,33 de longitud y 0m,04 de diámetro; el otro sólo 1m de longitud.]
[Nota 25: Original en la Academia de la Historia, donación del General San Román.]
Relativamente al cuarto viaje del descubridor de las Indias hay constancia oficial en las cuentas de Rodrigo de Narváez conservadas en Simancas[26], importante al fundamento de lo que va expuesto, por esta partida:
«Data.--Por una cédula fecha en 20 de Marzo de 1502 años se libró en el dicho Rodrigo de Narváez mayordomo del Artillería de sus Altezas dos ribadoquines é 24 quintales de pólvora que lo dé a Xºval Colón, Almirante para el viaje que ha de facer, lo cual se le libró por una cédula del thesorero A.º de Morales fecha en Sevilla a 8 de Marzo de 1502.»
[Nota 26: Contadurías, 1.ª época, núm. 613. Copia del Sr. Aparici, 1847. Remesa 13, núm. 21.]
Con la experiencia de lo acontecido á la nao _Santa María_ quiso D. Cristóbal llevar bajeles de menor porte en este viaje que había de ser de exploración por las costa de Tierra-firme y, según refiere el P. Las Casas, compró cuatro navíos de gavia á propósito, el mayor de los cuales no pasaba de 70 toneles ni el menor de 50 bajaba. Los dos ribadoquines entregados por el mayordomo de la artillería de Málaga no serían únicas piezas con que se armaron las cuatro naves, pues en tal caso fuera excesiva la cantidad de 24 quintales de pólvora con que se las dotaba; es de concebir por ello que con esas dos piezas se aumentó y mejoró el armamento ordinario de artillería de hierro que las carabelas tendrían, á petición del Almirante.
Consignó el cura de los Palacios, cronista de los Reyes Católicos, al tratar de la guerra con Portugal y batalla de Toro[27], que el duque de Villahermosa, fué por entonces (1475) el primero que metió _ribadoquines_ en Castilla. Para el sitio de Ponferrada ya se fundieron en Zamora y Benavente, sabiéndose por las cuentas del tesorero Ruy López de Villalobos (1486) haberse encargado la fundición á los maestros Pedro y Juan, á condición de pagarles por cada uno que saliera limpio y bueno, sufriendo la prueba de dos tiros 1.000 maravedís, siendo de su cargo la leña, carbón, molde y demás cosas necesarias, _excepto el cobre y estaño_. Fundieron 17, y salieron tan buenos, que sobre el precio estipulado se les abonaron 1.500 maravedís[28].
[Nota 27: Cap. XVIII.]
[Nota 28: _Memorias históricas de la ciudad de Zamora_, tomo II, pág 105.]
Eran pues los ribadoquines piezas ligeras de bronce de reciente adopción, cuyas condiciones se descubren en las partidas de cuentas de gastos hechos para aquel sitio, á saber:
Bancos de ribadoquines pagados á los carpinteros.
Maderos de olmo labrados á hacha para los mismos.
Maromas.
Hoja de lata para medida de ribadoquines.
Dados de hierro para pelotas de ribadoquines.
Dos carros e dos pares de bueyes en que se llevaron seis ribadoquines.