La nao Santa María: memória de la Comisión arqueológica ejecutiva, 1892
Part 3
19. Eran las áncoras ó anclas muy largas de caña, los brazos delgados, las uñas triangulares, cepo muy grande, de madera con los cantos ochavados, zunchos de hierro, ó trincas de cabo. El argáneo circular, muy grande, forrado con meollar ó tejido de piola para que no se rozara el cable. Escalante consigna por regla que la nao de 100 toneladas llevaba anclas de 10 quintales y cables de otros 10. También está escrito que llevaban las naos dos ó cuatro anclas ordinarias, según su porte; otra mayor llamada _fornaresa_ y adelante _esperanza_ y un anclote de _atoar_ ó de espía. Para el batel y chalupa rezones. La fornaresa debía de tener 16 á 18 quintales de peso, el rezón del batel 6 arrobas y 4 el de la chalupa. Las dos anclas ordinarias iban en la proa; la fornaresa dentro, en la escotilla, contra el pie de carnero, á punto de utilizarla en caso de necesidad.
20. No tenían serviolas, pescantes, gatillas, ni nada equivalente para servicio de las anclas.
21. Las echaban arriba con el penol de la verga de trinquete y las aseguraban en la regala.
22. Usaban dos clases de lastre; el uno constante y fijo de gruesa piedra amalgamada con mortero ó argamasa, el otro variable para sustituir á la carga, que consistía en arena, canto rodado ó grava según se ofrecía á la mano. También se empleaban lingotes de hierro como lastre fijo, pero no era tan común como la piedra.
23 y 24. Véase el estudio especial titulado _Armamento de las carabelas de Colón_, inserto en esta memoria.
25. Véase igualmente el estudio _Instrumentos de que se sirvió Col en sus viajes_.
26. El timón era recto, de pala ancha que se estrechaba hacia la parte superior con dos escalones. El grueso era el mismo del codaste en la parte interior en que iban los machos y ensanchaba en la parte exterior, teniendo la sección horizontal forma de cuña. Véase la relación de dimensiones. Se manejaba por medio de caña que encajaba en la cabeza. Ordinariamente no eran necesarios guardines pero poníanse en caso de mar gruesa ó vientos recios. Á veces con un sencillo mecanismo se gobernaba desde la tolda. Véanse los detalles de los planos.
27. Llevaban beques en la proa que consistían en una labia agujereada. Véase el estudio _La vida en las carabelas_.
28. Tenían bombas de madera. Véase el mismo estudio.
29. No se cuidaban tanto de la comodidad como para tener escalas al exterior del buque; como era baja la borda se satisfacían con poner los tojinos necesarios en el costado.
30. Llevaban batel y chalupa. El primero tenía de eslora la medida desde la fuga de la tolda hasta la afrizada del castillo: la capacidad se calculaba de modo que en 50 barcadas pudiera cargar la nao; es decir que á la nave arqueaba 200 toneladas, el batel debía soportar 4. Tenía la proa llena y fuerte y la proa estrecha. Según esta regla, el batel de _La Santa María_ debe tener 30 pies de eslora; 9 de manga: 1-1/2 de puntal; 7 bancos de remos pareles. La chalupa era un tercio menor, la proa fina; la popa ancha y llana á fin de tender ó levar con ella las anclas en caso necesario.
31. Las naos del porte de _La Santa María_ sólo llevaban mesas de guarnición en el palo mayor, apoyándolas sobre las bulárcamas. El tajamar no tenía brazales ni curvas-bandas ni pescantes de amuras. En las esculturas de la iglesia de San Nicolás de Burgos están perfectamente acusados estos detalles.
32. Véase el estudio especial de _La vida en las carabelas_.
33. Véase el estudio sobre _Armamento_.
34. No hay seguridad acerca del número de los tripulantes por discrepancia de los escritores de la época. Parece lo más admisible que llevaron un total de 120 las tres carabelas, de ellos 90 hombres de mar. En _La Santa María_ irían 60 en todos; 10 empleados y 50 tripulantes. Se ha escrito que llevaban víveres para un año y parece mucho. Colón únicamente escribió en el Diario que salía de Palos _muy bastecido de mantenimientos_, comprobándolo el hecho de haber alcanzado el bizcocho, con otros artículos, para los viajes de ida y vuelta. Puede conjeturarse que embarcaron víveres para seis meses y agua cuanta cabía en los toneles y pipas. Véase el estudio especial de la tripulación.
APAREJO
1. Demostrado está por diferentes documentos, incluso el Diario del Almirante, que las naves de la expedición tenían tres palos principales. El mayor, en candela ó ligerísimamente inclinado hacia popa, tenía de altura la longitud de la quilla más el lanzamiento de proa, cuando menos. Era enterizo, muy grueso y estaba reforzado con reatas de codo en codo. Á veces era el galope ó mastelerillo de otra pieza empalmado por el calces con zunchos de hierro ó trincas de cabo. Como único palo de desempeño y marcha (los otros servían principalmente al gobierno) se aseguraba y reforzaba con cuidado. El de _La Santa María_ tendría 2 á 2-1/2 pies de diámetro en la fogonadura y 1 á 1-1/2 en la cabeza, por debajo de la encapilladura.
El trinquete, ligeramente inclinado hacia proa medía próximamente la mitad de la longitud total del mayor y un tercio menos grueso, no llevando galope á veces no bajaba hasta la quilla, teniendo la carlinga en la cubierta principal.
El mesana, algo caído hacia atrás era poco menos que el trinquete, con galope y su carlinga estaba en la tolda.
Á más de estos tres palos verticales llevaba la nao bauprés, un quinto menor que el mesana en longitud; muy engallado y agudo en la extremidad.
2. Llevaban capas de lona en las fogonaduras para impedir el paso del agua al interior del buque.
3. Dicho queda que el mastelero formaba cuerpo con el palo ordinariamente y que por ello debe más bien llamarse galope.
4. Eran las encapilladuras de lo más sencillo y tesábanse los obenques con bigotes y acolladores. El modelo del Museo naval y las esculturas de la iglesia de Burgos ofrecen enseñanza de estos particulares así como de todos los de arboladura, aparejo y maniobra de modo que no es necesario discurrirlos.
5. Las tablas de jarcia del palo mayor tenían flechastes; en las de trinquete y mesana no los había porque la sujeción de los palos consistía en aparejos de estrellera.
6. No tenían cacholas los palos; bastábales un resalte en que se apoyaban las encapilladuras. En el mayor había gata ó cofa circular en forma de taza, sostenida en doble cruceta ó sea cuatro baos ó canecillos con los extremos cruzados y apoyados en el resalte de la cabeza del palo, pasando por encima la encapilladura, que quedaba cubierta por la gata. Ésta se formaba con armazón de madera forrada de cuero y pintada; la circunferencia debía ser igual á la boca de la nao, y desde ella se arrojaban en combate dardos, venablos y piedra. En ella se recogía la vela de gavia.
7. Por innecesarios no se usaban obenquillos, ni por tanto arraigadas.
8. Se aseguraba el palo mayor con 6 á 8 obenques gruesos; dos coronas con aparejos, dos burdas para el galope y dos estáys.
9. En el palo mayor se largaba una vela cuadra nombrada treo y también papahigo cuya superficie se aumentaba á voluntad cosiendo por la relinga inferior una ó dos bonetas. Encima de esta vela iba la gavia, de forma trapezoidal con caída central igual á la anchura de su gratil, que era la de la manga del barco y pujamen algo menor que el gratil de la mayor.
En el trinquete iba una vela cuadra equivalente en superficie á la cuarta parte de la mayor con bonetas; la verga medía 1-1/2 veces la manga.
La mesana era latina con superficie equivalente á la mitad de la mayor.
En el bauprés se largaba la cebadera, vela cuadra de superficie equivalente á la mitad del trinquete.
En resumen, se calcula para _La Santa María_, según los adjuntos planos:
Superficie de la mayor con bonetas 2.496 pies cuadrados. ---- del trinquete 1.225 ---- de la mesana 945 ---- de la gavia 735 --------- TOTAL 5.401
Durante los siglos XV y XVI era frecuente pintar en las velas figuras de adorno prefiriendo las de los santos patronos de España y de los navegantes, ó las armas y blasones, pero la cruz era lo más común, y se manifiesta en el grabado de las carabelas de Colón que se hizo en Roma el año 1493.
10. No tenían las vergas cajeras en los penoles; los escotines de gavia pasaban por la de un cuadernal de dos ojos, sirviendo la otra para los amantillos.
11. Estas vergas, entonces nombradas entenas, solían ser de dos perchas empalmadas por la cruz. La mayor se suspendía con dos drizas de doble aparejo y se sujetaban al palo con raca de vertellos; ayudaban á suspenderla dobles amantillos en los tercios. La de trinquete tenía también dos drizas y una la gavia y la mesana.
12. Como queda expresado, la mayor llevaba doblas amantillos, en el penol y en el tercio.
13. Tenía la mesana una sola osta de corona y borriquetes en el car.
14. Llevaba sólo cebadera en el bauprés con arritranco que le permitía correr hacia fuera y hacia dentro según convenía.
15. No llevaba foques, velas adoptadas en época posterior.
16. Eran las velas rectangulares y trapezoidales, salvo el alunamiento, y se orientaban por medio de amuras, escotas y bolinas.
17. En el gratil de la mayor había una vaina de dos dedos por cada lado y en las caídas y gratil, de cinco dedos; en ellas se abrían ollaos á distancia de medio pie unos de otros; pasábase por la vaina un meollar y después se guarnecía por el gratil un cabo de 12 hilos con empalomaduras á cinco dedos unas de otras. En las caídas y pujamen se guarnecía con empalomaduras un cabo de 45 hilos con descuello en los puños. Las bonetas tenían relinga de 3 hilos y se hacían á la medida de los ollaos del papahigo unas bazadas dobles, poniendo una más larga de 10 en 10 y una letra para encontrar la correspondencia.
Las otras velas se guarnecían de manera semejante.
18 y 19. Eran los envergues de culebra; no tenían fajas de rizos las velas.
20. La misma relinga del gratil, prolongada, servía de empuñidura, afirmándola en el resalte del penol.
21. Está contestada en la 17.
22. Usábanse palanquines y chafaldetes, que entonces se llamaban aferravelas y cargaderas.
23. También se usaban briolines de pie de gallo.
24. Era muy alunada la relinga y no habiendo rozamiento en la gavia con la cofa, no había menester de batideros.
25. Es difícil determinar este detalle: al parecer se llevaban las banderas é insignias envergadas en mástiles que se izaban en los topes.
26. Era toda la motonería muy distinta de la que ahora se emplea: los motones tenían forma de almendra y carecían de gaza. En la parte aguda de la caja, en la misma dirección del eje de la roldana se abría un barreno y por él pasaba un estrobo con cazonete. Los cuadernales no tenían las roldanas paralelas, sino una sobre otra.
27. Es de suponer que los adelantos alcanzados en la fábrica de jarcias no las diferencian mucho de las antiguas y que las firmes en las naos se entrañaban y aforraban, aunque toscamente. Puede, sí, afirmarse que en general era en los tiempos de Colón la jarcia de más mena que ahora.
28. Las velas no se aferraban por alto; arriábase siempre la verga, mas de todos modos tenían que apoyarse los marineros en un marchapié, imprescindible en la cebadera.
29. Tenía brazalotes y brazas dobles la verga mayor, en las otras vergas eran las brazas sencillas.
30. Sería prolijo detallar el laboreo de los cabos de maniobras que, lo mismo el de las brazas, respondía á las necesidades subsistentes. En el modelo del Museo naval, antes mencionado, pueden apreciarse las variaciones introducidas para alcanzar facilidad y rapidez mayor en las faenas con empleo de menos brazos que en el siglo XV.
31. No llevaba el bauprés más que un barbiquejo y las trincas al tajamar[16].
[Nota 16: No se inserta el pliego de dimensiones por no tener interés para la mayoría de los lectores. Queda archivado en el arsenal de la Carraca.]
Con todos estos datos se formaron los planos generales de la nao, pero luego hubo necesidad de reformarlos ligeramente, en algunas partes, al proceder á su construcción, resultando algunas diferencias tan leves que no merecen anotarse. Véanse aquí ahora los planos y cálculos formados por el ingeniero ya citado Sr. Puente, aprobados por la Comisión ejecutiva, por los que se han construído exactamente la nueva _Santa María_.
Terminada felizmente la nao, arbolada, aparejada y astillada, hiciéronse en el dique las pruebas de estabilidad que dieron excelente resultado como se ve en los datos adjuntos, resultando más cerca del exceso que de la falta de equilibrio sobre las ondas. Igualmente se verificaron en el mismo arsenal las de resistencia de lombardas y falconetes, que resultaron completamente satisfactorias.
CUADRO DE LAS DIMENSIONES PRINCIPALES DE LA NAO «SANTA MARÍA»
DE SU BATEL Y SU CHALUPA
=Nao.= Metros. Toneladas.
Longitud de la quilla 18,50 » Eslora en la flotación 21,76 » Idem entre perpendiculares 22,60 » Idem máxima 39,10 » Manga fuera de miembros 7,84 » Puntal desde c. b. q. á la linea recta del bao maestro en la cubierta principal 3,80 » Idem, id. al bao de la toldilla 8,00 » Idem, id. al del Castillo 6,00 » Idem, id. al coronamiento de la regala en el Castillo 8,74 » Idem, id., id. en la toldilla 10,30 » Altura del centro de carena desde el c. b. q. 1,47 » Idem del metacentro id., id. 2,84 » Valor de p--a (Par de estabilidad transversal) 1,37 » Calado en proa 2,18 » Idem en popa 3,02 » Diferencia de calados 0,837 » Calado medio 2,60 » Desplazamiento con estos calados » 233 Peso del casco » 90,500 Longitud y peso del palo mayor 27,25 3,092 Idem, id. trinquete 18,69 1,289 Idem, id. mesana 13,73 0,517 Idem, id. bauprés 14,02 0,679 Idem, id. verga mayor 18,20 0,615 Idem, id. trinquete 9,42 0,140 Idem, id., id., gavia 7,00 0,058 Idem, id., id., cebadera 6,25 0,036
=Batel.=
Eslora entre perpendiculares 8,30 » Manga 2,52 » Puntal á popa 1,26 » Idem á proa 1,58 » Idem con la maestra 1,07 » Peso del casco » 1,480
=Chalupa.=
Eslora entre perpendiculares 5,58 » Manga 1,94 » Puntal á popa 0,78 » Idem á proa 0,96 » Idem á la maestra 0,56 » Peso del casco » 0,590
=Superficie y peso de las velas.=
Mayor 231,94-2 0,200 Trinquete 94,66-2 0,085 Mesana 78,20-2 0,079 Gavia 39,84-2 0,043 Cebadera 21,66-2 0,031
NOMBRE GENÉRICO DE LA EMBARCACIÓN
La comisión llama siempre Nao á _La Santa María_, fundada en varias razones de las que apuntamos alguna como justificación de ello; véanse aquí:
Escribió el almirante Colón en una de sus memorias: «vine á la villa de Palos, que es puerto de mar, adonde armé yo tres _navíos_ muy aptos para semejante fecho...» En el Diario extractado por el P. Las Casas distinguió entre estos navíos dos especies, como indican los siguientes párrafos:
«Domingo 14 de Octubre: En amaneciendo mandé aderezar el batel de la «nao» y las barcas de las carabelas y fuí al luengo de la isla...»
Lunes 15 de Octubre: «Y porque el viento cargaba á travesía de Sueste, no me quise detener y partí para la nao, y una almadía grande estaba á bordo de la carabela _Niña_...» «y la almadía que habían dejado la llevamos á bordo de la carabela _Niña_... y traía un cestillo á su guisa en que tenía un ramalejo de cuentecillas de vidrio y dos blancas, por las cuales conocía que venía de la isla de San Salvador y había pasado á aquella de Santa María y se pasaba á la Fernandina, el cual se llegó á la «nao»; y le hice entrar, que así lo demandaba él, y le hice poner su almadía en la nao...»
16 de Octubre...» y también los mandaba dar para que comiesen cuando venían á la «nao» miel y azúcar...»
17 de Octubre «...y Martín Alonso, capitán de la carabela _Pinta_»...
Viernes 19 de Octubre: «En amaneciendo levanté las anclas y envié la carabela _Pinta_ al Leste y Sueste y la carabela _Niña_ al Sursueste y yo con la «nao», fuí al Sueste...»
He aquí cómo refiere la pérdida de _La Santa María_ ocurrida en la noche del 25 de Diciembre:
«Quiso nuestro Señor que á las doce horas de la noche, como habían visto acostar y reposar el Almirante y vian que era calma muerta, y la mar como en una escudilla, que todos se acostaron á dormir, y quedó el gobernalle en la mano de aquel muchacho, y las aguas que corrían llevaron la «nao» sobre uno de aquellos bancos. Los cuales, puesto que fuese de noche, sonaban que de una grande legua se oyeran y vieran, y fué sobre él tan mansamente que casi no se sentía. El mozo que sintió el gobernalle y oyó el sonido de la mar, dió voces, á las cuales salió el Almirante, y fué tan presto que aun ninguno había sentido que estuviesen encallados. Luego el maestre de la nao, cuya era la guardia, salió; y díjoles el Almirante á él y á los otros que halasen el batel que traían por popa, y tomasen un ancla y la echasen por popa, y él con otros muchos saltaron en el batel, y pensaba el Almirante que hacían lo que les había mandado; ellos no curaron sino de huir á la carabela que estaba á barlovento media legua. La carabela no los quiso rescebir haciéndolo virtuosamente, y por esto volvieron á la nao, pero primero fué á ella la barca de la carabela. Cuando el Almirante vido que se huían y que era su gente, y las aguas menguaban y estaba ya la «nao» la mar de través, no viendo otro remedio, mandó cortar el mastel y alijar de la «nao» todo cuanto pudieron para ver si podían sacarla, y como todavía las aguas menguasen no se pudo remediar, y tomó lado hacia la mar traviesa, puesto que la mar era poco ó nada, y entonces se abrieron los conventos[17] y no la «nao». El Almirante fué á la carabela para poner en cobro la gente de la nao en la carabela, y como ventase ya ventecillo de la tierra, y también aun quedaba mucho de la noche, ni supiesen cuanto duraban los bancos, temporejó á la corda hasta que fué de día, y luego fué á la nao por de dentro de la restringa del banco.»
[Nota 17: Herrera en la Dec. 1.ª, lib. I, cap. XVIII, refiere puntualmente este suceso, y dice que _conventos_ llamaban á los vacíos que hay entre costillas y costillas de una nave.--Navarrete.]
PRIMERA NAVEGACIÓN DE LA NAO «SANTA MARÍA»
Completamente terminada, lista, aparejada y dispuesta á dar la vela estaba la nueva _Santa María_ el 28 de Julio de 1892 á los 95 días de haberse puesto su quilla, cuando fué visitada, en el mismo arsenal de la Carraca, por el Excmo. Sr. Vicealmirante Ministro de Marina D. José M. de Beránger acompañado del Capitán general del Departamento, contraalmirante D. Eduardo Butler; del Director del personal del Ministerio, contraalmirante D. Manuel Delgado y Parejo y del Estado Mayor, mostrándose altamente satisfecho así de la construcción, del aparejo, mueblaje y adorno como de la rapidez con que en tan brevísimo plazo se habían realizado las obras felicitando por todo sinceramente al Sr. Ingeniero encargado de ellas y á la Comisión ejecutiva que tan eficazmente le había ayudado y hecho entrega de la nave por la citada Comisión, como _completamente terminada_, el Sr. Ministro confirió su mando al Capitán de fragata D. Víctor Concas y como segundo Comandante nombró al Sr. Gutiérrez Sobral.
El día 30, arbolada la insignia en el vapor _Legazpi_, quiso el referido Sr. Ministro que diera remolque á la nao y bajó á la bahía de Cádiz, saludando á su paso los buques de guerra españoles y extranjeros que estaban fondeados.
El 31 se trasladó al puerto de Huelva siguiendo las aguas del _Legazpi La Santa María_ remolcada por el vapor de la Compañía transatlántica _Piélago_, y en formación de dos líneas, los cruceros nacionales y extranjeros cuyo calado permitían franquear la barra.
El 2 de Agosto dió la vela la nao para el puerto de Palos. Era el viento flojo y recibiéndolo por la cuadra con la mayor, el trinquete y la gavia, alcanzó marcha de cuatro y media á cinco millas por hora, gobernando bien, con tendencia á orzar.
Llegado el aniversario centésimo cuarto del comienzo de la magna empresa de Colón, se arbolaron en la altura del Convento de la Rábida las banderas de todas las naciones americanas, saludándolas las lombardas de _La Santa María_ y una batería de campaña en la misma altura dispuesta. Estaba proyectado que á esta señal levara el ancla la nave que remeda á la capitana de D. Cristóbal, saliendo á la mar alta por el mismo rumbo que marcó el Almirante de las Indias, mas en este 3 de Agosto no sopló el suave terral como en el del año 1492 conmemorado. Densos nubarrones cubrían el cielo: el horizonte fosco velaba los arreboles de la aurora y el viento contrario traía hacia la costa una neblina fría, envolvente en las escuadras surtas afuera. Fué preciso remolcar al simbólico bajel, si bien pasada la barra pudo orientar por un momento las velas, en que está pintado el signo de la redención, y llegar con ellas largas, aunque siempre á remolque, á la cabeza de las líneas de acorazados, saludándolos con las lombardas y falconetes.
Al hacerlo todos ellos al antiguo estandarte de Castilla con la artillería, las músicas y las voces de la gente en las vergas, ofrecía la rada un espectáculo grandioso. El contraste de un ejemplar del arte naval del siglo XV al lado de los más hermosos tipos producidos en el final del XIX; aquella navecilla endeble comparada con los colosos que hoy flotan y se mueven á voluntad con marcha pasmosa, traía á la mente, de golpe, todo lo que en la distancia de ambas fechas ha hecho cambiar el discurso del hombre influído no poco por el descubrimiento á que la navecilla contribuyó.