La madre naturaleza (2ª parte de Los pazos de Ulloa)

Part 23

Chapter 23626 wordsPublic domain

--¿No quieres? Que no? ¿Qué te diré, qué te haré para convencerte y traerte á buenas? Terquita de mi alma... ¡pobrecita! respóndeme con la boca, dime... qué hago, cómo te conquisto? Pídeme tú algo... muy grande... muy atroz! Verás cómo soy mejor que tú, cómo te doy gusto... Te me has vuelto muy mala.

Los lánguidos ojos de la montañesa resplandecieron un instante, entre el oscuro cerco que los rodeaba; alzó un poco la cabeza; apretó la mano de su tío, y dejó salir con afán:

--¿De veras me hará lo que yo le pida?

--Oro molido que fuese, monina... Dí, dí.

--¿Me da palabra?

--De honor, de caballero, de todo lo que exijas. ¿Qué es ello? Salga.

--Que se vaya por Dios, que se vaya á Madrid corriendo... antes que aquel que está allí solito... y desesperado! se desespere de vez, y... y...--No pudo proseguir: las lágrimas, de pronto, le nublaron las pupilas y le trabaron la voz en la garganta.

Aquel que ve el interior de los corazones sabe que Gabriel Pardo recibió el golpe como honrado y valiente, presentando el pecho y con animoso espíritu. Allá en el fondo, muy en el fondo de su conciencia, se alzó una voz que gritaba:

--Cura de Ulloa, ni tú ni yo... tú un iluso y yo un necio. Quien nos vence á los dos, es... el rey... No, el tirano del mundo!

--Así se hará, hija mía--dijo en alta voz.--¿Quieres que me marche hoy mismo?

--Pudiendo ser... ¡Dios se lo pague! Atienda, escuche...--silabeó acercando tanto su boca al oído de Gabriel, que éste sentía en la mejilla un aliento enfermizo y volcánico.--Haga usted para que no se desconsuele mucho... y dígale que así que yo esté en el convento, él vuelve aquí, y mi padre queda satisfecho, y todos bien, todos bien.

--Adiós--respondió lacónicamente el artillero, que se levantó del suelo, se inclinó sobre la montañesa y le dió un besó á bulto, hacia la sien.

* * * * *

Quiso ir á pie hasta Cebre, y Juncal, por supuesto, se empeñó en acompañarle. En lo alto de la cuesta, donde se domina á vista de pájaro el valle de los Pazos, se volvió, y estuvo buen trecho con los brazos cruzados, la vista clavada en el tejado de la solariega huronera, en el estanque del huerto que destellaba fuego á los últimos rayos del sol, en los lejanos picos y azuladas crestas que servían de corona al valle. Estas contemplaciones paran, y debiera callarse por sabido, en un suspiro muy hondo. Pardo llenó este requisito, y acordándose de todo lo que había venido á buscar allí diez días antes, pensó, con humorística tristeza:

--Otro caballo muerto.

Aquella tarde, el gran ardor de la canícula daba señales de aplacarse ya, y eran preludio y esperanza de frescura y acaso de agua las nubes redondas y los finos _rabos de gallo_ que salpicaban caprichosamente el cielo. Una brisa fresca, vivaracha, que columpiaba partículas de humedad, hacía palpitar el follaje. A lo lejos chirriaban los carros cargados de mies, y las ranas y los grillos empezaban á elevar su sinfonía vespertina, saludando á la lluvia y al viento antes de que hiciesen su aparición triunfal y refrigerasen la tostada campiña. Todo era vida, vida indiferente, rítmica y serena.

Gabriel Pardo se volvió hacia los Pazos por última vez, y sepultó la mirada en el valle, con una extraña mezcla de atracción y rencor, mientras pensaba:

--Naturaleza, te llaman madre... Más bien deberían llamarte madrastra.

FIN DEL TOMO SEGUNDO Y ÚLTIMO

* * * * *

BIBLIOTECA DE NOVELISTAS ESPAÑOLES

TOMOS PUBLICADOS

Emilia Pardo Bazán: =Los Pazos de Ulloa= (Dos tomos.)

José Ortega Munilla: =Idilio lúgubre=.

Antonio de Trueba: =Leyendas genealógicas de España= (Dos tomos.)

Carlos Frontaura: =Miedo al hombre=.

Enrique Gaspar: =Castigo de Dios=.

Emilia Pardo Bazán: =La Madre Naturaleza= (Tomo I y II).