La cruz en América (Arqueología Argentina)

Part 9

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Entre los araucanos hay veneración por los cuatro gigantes aereos ó los cuatro vientos. En la leyenda que anteriormente citamos del Viejo Latrapai, recién á la _cuarta_ vez de ser llamadas las hachas, éstas caen tronando al suelo, por lo cual Lenz[215], anotando este pasage, escribe: «El número sagrado de los araucanos como casi de todos los indios americanos es _cuatro_: todas las invocaciones se hacen _cuatro_ veces.»

En nuestro Calchaquí también el número predilecto es el cuatro, sin negar por ello la veneración por el tres, comunmente repetido, y correspondiente al culto del Agua.

En el _Folk-lore_ de esta nación hemos podido comprobar que el cuatro hasta hoy interviene en muchas de sus ceremonias, heredadas de la antigüedad. Cuatro suelen ser las invocaciones á la Pacha Mama, ó Tierra Madre. Cuatro golpes de pie se dan para sanar al animal «desortijado», y cuatro credos se rezan para curar un mal, lo mismo que son cuatro las palabras secretas y sagradas que se pronuncian. Cuatro son las grandes bacanales nativas conocidas: las del Arbol, del Chiqui, de la Chaya ó Pucllay y del Tincunacu, ó sean: las fiestas al algarrobo, propiciando las cosechas; las de conjuración al dios de la adversidad para que cese la seca; la de la alegría, en honor del Baco calchaquí en carnaval, y la de «los topamientos», celebrando el acto carnal del _Tincuc_, el amor y la generación. Más de un ejemplar de alfarerías figurando cuaternos puede presentarse. En las láminas mismas reproducidas en este trabajo pueden verse repeticiones del número cuatro: en la Fig. 21, cuatro son las esculturas cruciformes del menhir; en el Tangatanga vénse dobles pares laterales de caras humanas; en el disco de Lafone Quevedo, cuatro son las lágrimas circulares del ídolo, cuatro las cruces que coronan las cabezas de los dragones, etc.

[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.]

En nuestra colección calchaquí poseemos una espléndida alfarería negra, que es un _Yuro ó huaquero_, formado por cuatro grandes serpientes, con cuatro cabezas monstruosas, de circulares ojos Imaymanas dobles. Cuando no tres, son cuatro las líneas de las lágrimas de lluvia de los ídolos. Cuatro son también casi siempre los dedos de las manos de los mismos, procediendo así el artista indio con prescindencia de la naturaleza que las ha provisto de cinco, lo que demuestra que su preocupación constante por el número sagrado ha podido más que el ejemplo palpable de la naturaleza. Un cuadilátero rectangular suele ser la boca de las figuras antropomorfas de las urnas funerarias. Por un cuadrilátero aparece figurado el príapo de un andrógino de nuestra colección. Finalmente, hasta hoy las gentes del oeste de Catamarca cuando sacan sus cuentas, la operación se efectúa sumando cantidades parciales de cuatro en cuatro: si venden especies, por ejemplo, hacen tantos grupos de cuatro cuantos son necesarios para cubrir la cantidad vendida, los que juntan en un solo montón á medida que se va contando; así, si se trata de entregar una docena de cosas, se dice: cuatro, y otros cuatro, y otros cuatro, son doce.

Ahora bien: de este número cuatro sagrado es claro que originan los _cuatro palos_ de la Cruz.

Nada más á propósito que esta sencilla combinación geométrica, de dos líneas cortándose en ángulos rectos, para figurar gráficamente la idea de cuatro, los cuatro rumbos, los cuatro vientos. Colocado uno de los brazos de la cruz en dirección norte-sur, es claro que el otro, que le es perdendicular, marcará la este-oeste, ofreciendo este signo una exacta figuración de los cuatro puntos cardinales y de la rosa de los vientos que soplan de los mismos. Son estos cuatro vientos, venidos de las cuatro partes del globo, los que constituyen esos cuaternos míticos del Aire y de la Tormenta, que, como vimos en el capítulo anterior, tienen por emblema la Cruz.

Ninguno de los otros signos podría de una manera gráfica figurar de tótem en estos cuaternos. El círculo servirá para indicar la idea de redondez, como la del sol, la de la luna ó la de la tierra; pero nada más que esta idea; y es por ello que _Inti, Mama Quilla y Pachamama_ son representados por figuras circulares[216]. El triángulo expresará la idea de tres ó de cosas trinas, y por eso este número ó sus múltiplos se repiten en las figuraciones monolíticas de Tiahuanaco. En nuestra colección poseemos, por ejemplo, un pequeño vaso de piedra, de boca y asiento triangulares: este hecho indicaba que el artista quería referirse á alguna trinidad; y, efectivamente, en cada una de las aristas de la figura poligonal de tres caras, como lo dijimos, aparece en relieve uno de esos monstruos ó dragones de cabeza deforme y larga cola arqueada. Las diversas combinaciones de las grecas tampoco pueden expresar la idea de un cuaterno; y sí, por ejemplo, el movimiento ondulado del agua y del aire que se arremolinan, el rugido del trueno, que parece ser producido por algo que dá vuelta ó como que se retuerce sobre sí mismo; ó la idea del acto de la cópula, por el meandro, cuyas líneas entran y salen. El cuadrado es la única figura que puede significar cuatro cosas; pero tiene el inconveniente del paralelismo de sus líneas y de su propia forma geométrica para una deducción ideológica de cuatro rumbos que entre sí se cortan, como los meridianos y los paralelos terrestres. Es la Cruz la única combinación que, á la vez que la idea de cuatro, puede indicar las direcciones de Norte y Sur, Este y Oeste por sus palos, partiendo del punto de intersección de la figura.

Es de esta última manera cómo nos explicamos el por qué del sencillo cuaterno geométrico; de esta figura emblemática de los dioses del Aire, ó de los «señores de los cuatro vientos, que soplan de los cuatro puntos cardinales.» También dámonos cuenta del motivo por el cual figuren cruces en la lámina del Yamqui Pachacuti, como signos astronómicos con influencia sobre la atmósfera, toda vez que sus cuatro palos no son otra cosa que las líneas que unen á cuatro estrellas, respectivamente colocadas en Cruz.

Los brazos de la Cruz meteorológica apuntarán hacia los puntos cardinales, para indicar que de los cuatro ámbitos de la tierra vienen los elementos aereos que forman la tormenta. En el punto de intersección de estos palos el fenómeno de la lluvia se producirá. Y es por aquel motivo, sin duda, que la Cruz de Calchaquí, como casi todas las americanas, tiene sus palos del mismo largo, de modo que figura exactamente una roseta sencilla de vientos, lo que no pasaría con la Cruz latina.

Los brazos de la cruz, escribe Brinton[217], tenían por objeto apuntar hacia los puntos cardinales, para representar los cuatro vientos portadores de la lluvia. Para confirmar la explicación que aquí se dá, ocurramos á las ceremonias más sencillas de tribus menos civilizadas, para convencernos del significado que se advierte á través del símbolo, como ellos lo empleaban.

«Cuando el hacedor de la lluvia (_rain maker_) de los Lenni Lenape solía ejercer su poder, se retiraba á un lugar solitario y dibujaba en la tierra una figura de la cruz, con los brazos hacia los puntos cardinales, colocando sobre ella un poco de tabaco, mate, un pedazo de género colorado, y empezaba á llamar á gritos al espíritu de las lluvias. Los pieles negras tenían por costumbre ordenar cantos rodados de los veintisqueros en las praderas en forma de cruz, en honor, como decían, de Natose, el viejo que manda los vientos. Los creeks, en la fiesta del Busk, que se celebraba, como se ha visto, en honor de los cuatro vientos, y de acuerdo con las leyendas instituidas por estos mismos, empezábanla sacando fuego de nuevo. Esto lo hacían colocando cuatro rajas de leña en el centro del cuadro, con las puntas hacia dentro en forma de cruz, mientras que las de afuera se dirigían hacia los puntos cardinales: en el centro de la cruz sacaban el fuego nuevo. La cruz, precisamente de esta forma, según Las Casas[218] era objeto de culto en la América del Sud, cerca de Tumaná, cuando llegaron los cristianos, y por mucho tiempo anterior.»

Nosotros manifestamos nuestra plena conformidad á cuanto escribe Brinton explicando el por qué de los cuatro gráficos elementos de la Cruz, la razón del trazado de esta figura geométrica, cuyos cuatro palos constitutivos son, en efecto, correspondientes á las cuatro líneas que indican las direcciones de los cuatro puntos cardinales, de los cuatro vientos. Pero, ¿deberá decirse, en conclusión, que la Cruz sea precisamente el _símbolo_ de los cuatro puntos cardinales, de los cuatro vientos?

No, contestaremos, disentiendo de las afirmaciones de Brinton en tal sentido[219].

Los cuatro palos de la cruz, aparecen expresando efectivamente que cuatro cosas[220], como cuatro estrellas[221] en la lámina del Yamqui Pachacuti, ó que cuatro elementos de la naturaleza se combinan para formar la figura geométrica; pero de aquí no ha de deducirse forzosamente que el indio se propuso santificar ó magnificar estas cuatro estrellas ó cuatro elementos por la combinación de la Cruz.

Las cuatro líneas, ó si se quiere cuatro elementos que constituyen el signo, si lo referimos á los mitos de la tormenta, pueden igualmente representar al viento, á la nube, al trueno y al rayo; y no es difícil que así sea.

Puede así mismo la Cruz, como símbolo indiscutible de fecundación, ser también una alusión al acto de la cópula, en el cual el indio, sin duda, ha creido ver tomar parte á _cuatro_ cosas: al príapo, á los dos apéndices que de él penden y á la vulva ú órgano femenino; y no se olvide que en la lámina 8, reproducida atrás, la idea del número cuatro está implícitamente expresada en la figura priápica ó signo masculino del varón, representado por un cuadrilátero en el curioso andrógino.

Si el viento, si la nube, si el trueno, si la tormenta y si el rayo tienen representaciones simbólicas distintas y típicas en la escritura sagrada de los pueblos americanos; si en Calchaquí, por ejemplo, el viento es un monstruo-dragón, la nube el ave-_suri_, el trueno la espiral, la tormenta una mano abierta de dedos alargados, y el rayo una zig-zag de cabeza ofídica, no vemos con qué propósito el hijo de la tierra habría introducido la confusión en su escritura simbólica, con la adaptación de un nuevo signo del mismo valor de otro, al cual ya fijó su equivalencia de antemano.

El motivo de los cuatro palos de la Cruz, habrá sido sin duda la figuración de los cuatro vientos; pero la Cruz no es por ello el símbolo de esos cuatro vientos, porque estos por sí mismos poco llamarían la atención al espíritu del indio, con prescindencia del fenómeno que producen.

Esos cuatro vientos olvida Brinton que traen las nubes de las cuatro partes del horizonte[222], y que esas nubes concluyen por convertirse en cataratas del cielo, dando lugar al fenómeno anhelado por los pueblos sedientos, que demandábanlo de la atmósfera levantando en alto sus cántaras vacías; la producción de ese fenómeno vivificante era lo que se pedía á esos dioses del aire y de la tormenta; á esos cuatro genios que habitaban los cuatro rincones de la tierra; á esos Tlálocs del Norte, Sur, Este y Oeste, como reza del exordio de la invocación azteca, que tenían imperio sobre el tiempo, que alimentaban la tierra, que favorecían la caza y que se relacionaban con la vida humana, al decir de Sahagún[223]; la producción de este fenómeno era lo que se imploraba de un estremo al otro del continente á Haokah, á Ahulneb, á Tláloc, á Quetzalcóatl, á Mixcóatl, á Wixepecocha, á Batchué, á Tupá, á Catequil, á Contici, á Pillán, á Huayrapuca.

Ese fenómeno es la _Lluvia_, y la _Cruz_ su símbolo.

NOTAS:

[200] Jiménez de la Espada, _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág. 159.

[201] _Myths of the New World_, cap. III, pág. 83.

[202] Sobre los números cinco y siete, véase á Brinton cit., cap. VII, págs. 250 y 253. En la leyenda californense de _Mem Loimi_ uno de estos números, también sagrado, repítese de una manera llamativa.

[203] Op. cit., cap. III.

[204] Id. id., pág. 85.

[205] F. Max Müller, _Origen y desarrollo de la Religión_, lec. II, § V, pág. 99 y § VIII, pág. 117.

[206] Como sucede entre los mejicanos, los cuales decían _Mictlan_ á las regiones frías y de la tristeza, é igualmente _Mictlan_ al viento norte, por ejemplo.

[207] _Smithsonian_, tom. XI, pág. 337.

[208] Pág. 110 y sigtes.

[209] _Hist. de la Nueva España ó de la Conq. de México_, cap. XIII, págs. 301 y 302.

[210] Una Cruz latina con un círculo central es la manera de representar á Tenochtitlan en el Cuadro _Histórico-Geroglífico de los Aztecas_, que nos ofrece don José Fernández Ramírez, del Museo de Méjico.

[211] En la morada de Tlacaltécuchtli y su muger Chalchiutlicue, dueños del elemento líquido, se encontraban cuatro estanques llenos de aguas diversas (Lucien Biart, pág. 70).

Los tlascaltecas dividieron su reino en cuatro secciones, y eran mandados por cuatro jefes, que resolvían en común (Id., pág. 23).

En el siglo azteca, figurado por un círculo con un sol central, cuatro anillos de serpientes representaban los cuatro cardinales (pág. 37).

Según las pinturas ideográficas conservadas en Roma, y conocidas con el nombre de _Colección del Vaticano_, los aztecas creían que cuatro soles habían iluminado la tierra; Atonathiu ó _sol de agua_, que produjo el diluvio; Ehécatonathiu, que produjo viento tal, que nada resistió; Tlénonathiu, que destruyó la tierra por el fuego, y Tlatonathiu, que creó las cosas existentes.

[212] A. L. Gama, _Descrip. de las dos piedras_, etc., _de México_, sec. 26.—Brinton, cap. III, págs. 90 y sigtes.—Rialle, cap. XX, págs. 356 á 358.

[213] Brinton, _Myths of the New World_, cap. VII, pág. 242 (Myths of Creation).

[214] Debemos, no obstante, observar que Huiracocha se nos presenta también como un cuaterno: Aticci, Imaymana, Tocapo y Coniraya. El hijo malvado de Conticci, que hacia las cosas al revés de su padre, _Tahuapica vivococha_, tiene en su nombre la palabra _tawa_, cuatro (Véase Las Casas, _De las antiguas gentes del Perú_, cap. VII, pág. 55).

[215] _De la Literatura Araucana_, cit., pág. 17 (Chillan, 1897.)

[216] La _Pachamama_ de la plancha del Pachacuti es un círculo.

[217] Brinton, págs. 115 y 116.

[218] _Historia Apologética_ M. S., cap. 125.

[219] Como una prueba elocuente de que la Cruz significa en Estados Unidos, según Matilda Coxe Stevenson, _la lluvia de los cuatro puntos cardinales_, reproducimos á continuación el vaso ceremonial de los indios de Sia (pueblo cerca de la confluencia del río Salado con el río Semes, en Nuevo Méjico) para implorar _la lluvia_, y que aquel autor nos ofrece en la Plancha XXXV de su trabajo, junto con su desarrollo XXXV _bis_ (_Eleventh Annual Report of the Bureau of Ethnology_, J. W. Powell, 1889-90), que reproducimos en nota, porque lo conseguimos en el momento mismo de poner en prensa nuestra obra.

[Ilustración: Vaso ceremonial de los Sias para implorar la lluvia.]

[Ilustración: Desarrollo del vaso anterior.]

La gran Cruz griega aparece perfectamente pintada en la parte ventral del vaso, en medio de curiosísimas figuraciones atmosféricas y de vegetales nacidos por acción de la lluvia, que el autor del trabajo clasifica así:

_a_ Nubes con lluvia ó derramándola.

_b_ Hombres del pueblo de las Nubes.

_c_ Mujeres del pueblo de las Nubes.

(Estos personajes son invocados en las ceremonias para que rieguen, ó derramen agua desde las nubes á la tierra).

_d_ Vegetación.

_f_ Alguaciles (Insectos que simbolizan también la lluvia, como entre nosotros, cuya aparición nos hace decir que va á llover, dato interante del _folk-lore_ argentino común con el del americano del norte). El ciervo figurado indicará las especies animales que comen las hierbas. Esta lámina, con el signo cruciforme, es la más interesante de las que conocemos, y constituye toda una revelación. La Cruz, rodeada por los genios de las Nubes, en el arco de cuyas caras vénse gotas de agua, en medio de la vegetación producida, y contigua á alguaciales que revolotean, está expresando que es el símbolo _de la lluvia_. Sobre ello no pueden caber dos interpretaciones.

[220] Entre los Ojibwa del Norte de Minesota, la Cruz es un símbolo sagrado de la sociedad de la _Midé_ ó shamanes, y tiene referencias al cuarto grado (Annual Report of the Bureau of Ethnology, J. W. Powell 1888-89), _The Cross_ (cap. XX, pág. 726).

[221] Los grupos de pequeñas cruces que aparecen grabadas en taladros de marfil, en forma de arcos, y que se ven figuradas en petroglyfos de Oakley Springs, Arizona, representan estrellas, para G. K. Gilbert (_The Cross_ cit., pág. 727).

[222] [Ilustración: Piedra esculpida de Luracatao.]

Debemos á nuestro distinguido é investigador amigo Enrique Mariani, de Molinos (Salta), el dibujo que reproducimos, de una piedra esculpida encontrada por él en 1899, en una de las excavaciones que practicó en el lugar vecino de Luracatao, valle Calchaquí. Mariani considera á esta piedra, con sus esculturas, «una pieza astronómica.» Salvando los respetos que nos ofrece su opinión, á nuestro juicio esta piedra esculpida puede presentarse como un interesante ejemplar representando los cuatro vientos que traen la tormenta (las manos, que, como anteriormente dijimos, son para nosotros símbolos de la tempestad), vientos venidos de las cuatro extremidades cardinales, que convergen á la atmósfera (la figura ovalada central), soplando en ella. Un astro (el círculo) figura en medio del cielo, y muchos puntos le rodean: estos puntos, como en otros casos, deben figurar gotas de lluvia.

Las manos esculpidas, unas respecto de otras, aparecen distribuidas en Cruz. Si se las uniera por líneas, estas se cortarían formando una X (Cruz decussata).

[223] _Hist. de la Nueva España_, cit.

CAPÍTULO VI

EL SÍMBOLO CRUCIFORME

EN CALCHAQUÍ

LA CRUZ EN LA ALFARERÍA FUNERARIA

_El símbolo cruciforme en Calchaquí—La Cruz en las urnas funerarias—Urnas ó cántaras ceremoniales—La Tormenta y su representación antropo-zoomorfa—Lenguaje escrito simbólico-atmosférico—Líneas zig-zag, guardas griegas, meandros, espirales y puntos—Inti-Illapa y la Serpiente-rayo—Urna ofídica de San José—Taus ofídicos—La Nube y el Ave-Suri—La fiesta del Chiqui y la cabeza del Avestruz—Serpientes emplumadas—Las varas emplumadas y las plumas en el culto al Trueno y al Rayo—Figuración del Iris—El Vaso del Trueno—Himno «Sumac Ñusta»—Suris con cruces—La Cruz y los símbolos atmosféricos—Los Pucos y sus figuras simbólicas—Puco de Fuerte Quemado._

En ninguna de las naciones continentales vecinas, sin excluir al Perú, hállase con tanta profusión el símbolo de la Cruz como en los valles de Calchaquí, desde Rioja á Jujuy, en la región montañosa del noroeste de la República Argentina, y especialmente en el Yocavil catamarqueño.

Si bien en la escritura ideográfica y simbológica de las telas peruanas el signo cruciforme aparece con bastante repetición, con distintos motivos y bajo diversas formas, como lo vimos en el capítulo II, bastará recorrer el material iconográfico que en seguida ofreceremos, para convencernos desde el primer momento de que la Cruz, en su carácter de símbolo acuático, desempeña en Calchaquí un papel mucho más importante y trascendental que en el Perú, reproducida aquella profusamente en nuestra rica cerámica, especialmente sobre la superficie externa de la alfarería funeraria, de cuyo interesantísimo estudio fuimos iniciadores el año de 1896, sin atrevernos en ese entonces á efectuar otra cosa que una tentativa de interpretación de lo que aparecía pintado con una repetición llamativa[224], fijando la atención en los signos cruciformes, respecto á los cuales aventuramos posteriormente con éxito algunas ya meditadas opiniones[225]; y, sea dicho en verdad: quedó desde entonces iluminado el obscuro é intrincado, cuanto misterioso asunto.

El emblema de la Cruz encuéntrase especialmente figurado en los pechos ó mamas de las representaciones funerarias acuáticas, ó más bien dicho, de las cántaras ó vasos antropomorfos; pero raro será dar,—al menos nosotros no lo sabemos,—con figuraciones cruciformes en los fetiches. Es sobre el cuerpo de la figura mítica viviente de las urnas funerarias que la Cruz aparece reiteradamente repetida, sirviéndonos este solo hecho para llegar á establecer definitivamente su valor como emblema sagrado.

Las cántaras ó grandes vasos votivos de dos ó tres tipos diversos, generalmente de unos setenta centímetros de alto, son clasificados como funerarios, no precisamente porque sirvan de depósito invulnerable de restos humanos, sinó porque son enterrados rodeando al cadáver, en muchos casos, como objetos sagrados que rememoran un anhelo, una demanda, un acto propiciatorio.

Nosotros, que hemos practicado numerosas excavaciones en los valles de Calchaquí; que hemos removido el suelo del gran panteón de la Apacheta, á media jornada de Amaycha, y que hemos abierto á picadas los _allpataucas_ ó _mounds_ de Tafí,—contrariamente á lo que se ha escrito, podemos asegurar que con poca generalidad estas urnas, de estrecha boca circular y reducida capacidad, guardan restos de párvulos, sacrificados en la conjuración al Chiqui ó en la propiciación á los dioses atmosféricos, pues la práctica de tales sacrificios de que nos dá concluyentes noticias el P. Las Casas[226], y de la que quedan rastros visibles en Calchaquí, era excepcional, colgándose hoy mismo el árbol en sustitución de humanas víctimas, niños amasados con cuajada de leche, ó _huahuas_ de pan[227]. Dada la capacidad de las urnas, y examinados los restos humanos encontrados, vése que los sacrificados eran recién nacidos. En otras urnas descubrimos huesos de pequeños animales, sin duda de _cuyes_ («conejos de la tierra»), con los que se efectuaba tal sustitución de las humanas víctimas, lo mismo que de liebres, llamas, etc., cuyos despojos repartíanse en las urnas, que se desentierran tapadas con esos platos semiesféricos que se llaman _pucos_, los que también son colocados en el suelo, al lado de las grandes cántaras. El hecho de que estas cántaras en la generalidad de los casos nada guardan ó encierran, y de encontrarse en su fondo semillas de algarroba ó fragmentos de maíz, es prueba de que se les enterraba conteniendo aloja ó chicha, los licores sagrados del culto, empleados en todas las ceremonias, y que el calchaquí bebía sin medida en sus grandes bacanales. Cuando se las entierra sin cadáveres, como sucede frecuentemente en Tafí, este acto indica que ya sirvieron para el acto propiciatorio, y que fueron entregadas á la guarda de la Madre Tierra. Es con tales tinajas ó vasos ceremoniales para implorar lluvias, que se conjura á Chiqui, levantándolas vacías al cielo. En tal caso tienen el valor de esos vasos ceremoniales de los Sias, que reprodujimos.

Las urnas funerarias con sus respectivos pucos pónense paradas en número indeterminado, desde una hasta diez, en el interior de las _allpataucas_ de Tafí, sea que exista muerto ó no, y rodeándolo, si lo hay. Cuando son una sola ó dos, colócanse en su caso á la cabecera del sepulcro ó á ambos extremos del mismo, correspondientes á la cabeza y los pies, pues generalmente el cadáver está acostado, y excepcionalmente sentado, como en la huaca del Medanito, en Tinogasta, en la que dimos con varios cadáveres afirmados á las paredes laterales del sepulcro, rodeados de tinajas vacías[228].