La cruz en América (Arqueología Argentina)
Part 6
Sin duda que son de mucho valor representativo las inscripciones funerarias de una tela encontrada en Pachacámac[138], encuadrada por líneas simbólicas, de fecundación la guarda superior (Fig. 16). En medio de la tela aparece una figurilla humana, de cabeza casi triangular, que luce un penacho de cuatro plumas, dos para cada lado, y en medio de ellas un triangulillo con punto al centro. Sigue á la cabeza sin cuello, el cuerpo, que es un triángulo isóceles doble, del cual, en su parte inferior, salen sus piernas, y de su parte superior los brazos quebrados, figurados por largas líneas, que rematan en cruces, las que parecen indicar manos, provistas de un solo dedo; estas manos, á la vez, portan armas, macanas ó cetros; cerca de los pies de la singular figura antropomorfa, aparecen respectivamente dos círculos, cada uno con rayos arqueados; y á cada lado de la cabeza de la misma, dos figuraciones astrolátricas, en forma de X, cuyos anchos rayos córtanse en Cruz; debajo de estas, á cada lado, y cerca de los marcos del cuadrado, siguen en una misma línea tres pequeñas cruces, unas después de otras, decussatas las inferiores.
[Ilustración: Fig. 15. Hombrecillo del grupo de la procesión de Wiener.]
[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.]
El personaje figurado, por su penacho de plumas, su crestón fálico, la forma triangular de su cuerpo y las armas que porta, representa sin duda una mítica persona, femenina, por aparecer abierto el ángulo inferior del primer triángulo del cuerpo y por dominar en ella esta combinación geométrica. A todas luces es solar, por la figuración de astros. Las cruces serán entonces signos ó símbolos celestes, quizá astros, como pensaba M. Bollaert, para quien la Cruz es la _Chasca Cóyllur_, ó estrella matutina. Este caso comprobaría el carácter astrolátrico del símbolo, lo que, repetimos, no le quitaría su valor atmosférico, por la influencia decisiva que se atribuyó á los astros en los cambios meteorológicos.
[Ilustración: Fig. 17. Tela de Chancay.]
Toda orlada de cruces aparece la franja superior de una tela encontrada en Chancay, en la que pueden contarse hasta cuarenta (Fig. 17). Sus signos, en vez de un círculo ó punto centrales, llevan un cuadrado en el lugar de la intersección de los palos. La franja inferior está adornada por siete figuras como arabescos, que Wiener[139] cree que son signos fonéticos de una escritura desconocida, y que un examen detenido permite reconocer en ellas al pájaro, tan común en las telas, esta vez representado en dos sentidos. El pájaro es casi siempre símbolo de la Nube: las cruces complementarias serían entonces acuáticas.
[Ilustración: Fig. 18. Tela de Ancón.]
Finalmente, en una muy curiosa tela de Ancón[140], dentro de un cuadrado con marco de líneas quebradas que hacen triángulos equiláteros aparece una figura de doble cuerpo triangular (Fig. 18), con la cabeza adherida al vértice superior del triángulo primero, totalmente negro. De los ángulos inferiores de este triángulo, salen sus brazos: la mano derecha es portadora de un tridente, y de una Cruz, la izquierda. Esta figura puede ser una revelación, pues nos enseña al tridente, insignia mítica ó de autoridad, como aparece en las Láms. 7 y 8 del trabajo de Jiménez de la Espada, en una relación de equivalencia simbólica con la Cruz, la otra suprema insignia; y quién sabe si en el caso presente no es esta la _xayhua_, ó señal de alguna divinidad, ó del hijo del sol, á que aludía D. Pedro Arias Dávila, antes citado.
[Ilustración: Fig. 16. Inscripción funeraria de Pachacámac.]
La figurilla reproducida en la tela es á todas luces simbólica, y ella prueba que en el caso de la Fig. 16 las insignias cruciformes como brazos y manos, no son tales brazos y tales manos, sino cruces portadas. Y es de advertir que en las figuraciones idolátricas debe estudiarse cuidadosamente la mano, á veces de dos, tres y cuatro dedos, que indican cantidades sagradas, generalmente portadoras de las insignias que las caracterizan.
Por lo demás, la mítica figurilla de dobles triángulos que nos ocupa, es una representación femenina, por estas combinaciones geométricas; y seguramente que un pequeño triangulillo central dentro del triángulo inferior, no es otra cosa que un signo sexual,—la vulva de la mujer ó hembra, tal como indiscutiblemente aparece en uno de nuestros dobles ó andróginos de Tinogasta.
La Cruz en este caso será símbolo de fecundación.
En cuanto á la escritura simbólica peruana, hay que observar que es especialmente en las telas funerarias donde los indios pintaban su pensamiento: la historia del muerto, las hazañas por él realizadas y los dioses bajo cuyo amparo se colocaba al extinto, ó los votos de que eran objeto de parte de los sobrevivientes[141].
En Calchaquí el material sobre el cual se escribe ideológica ó simbólicamente el pensamiento, es la alfarería funeraria.
Pasemos ahora á dar noticia del valor simbólico que en el Congreso de Bruselas se dió á la Cruz del Perú.
Jiménez de la Espada, quien especialmente trató y debatió el asunto[142], muy escasas indagaciones arqueológicas nos ofrece en su trabajo, notable como obra de critica. Limítase este autor á considerar á la Cruz como signo distintivo de los padrones ó marcas (_xayhuas_) que señalaban la dilatación del imperio de Tahuantinsuyu. Cita al P. Molina[143], de quien toma el dato de que los caballeros en el Cápac Raymi ó fiesta de Noviembre, vestían la _huahuaclla_, de color negro y amarillo, y en medio una Cruz colorada; de lo que deduce el americanista que no hay más que indicios disconformes de la significación de las cruces simbólicas peruanas.
Considera enseguida á la Cruz como una combinación artística ó arquitectónica, de fácil explicación.
Basta, según él, un ligero examen de los sistemas de ornato más frecuentes entre los yuncas y pueblos vecinos del interior, cuya civilización precedió á la de los Incas, para convencerse de que el elemento predominante y fundamental de aquellos es el cuadrado, cuadra ó escaque, ya se origine del cruzamiento en ángulo recto de dos series de paralelas, ya del corte de un prisma de base cuadrada. Con él, no solamente componían las líneas y trazas generales del adorno de sus ropas, vasos y edificios, y los ingeniosos y peregrinos detalles de cenefas, orlas y frisos, si que también modificaron las elegantes curvas y rectas de otros ornatos al parecer exóticos, transformando las diagonales de cuadrados y rombos y los meandros en escalerillas, y las ondas y hélices, en enroscadas hojas de sierra, etc. Ahora bien, la agrupación de cinco cuadrados ó escaques, tres para cada palo (el central, común), produce una Cruz griega, y agregando otro á la parte inferior del palo vertical, de modo que este tenga cuatro, la latina. Este sistema de adorno se llamaba _collcampata_ por los quichuas. La Cruz maltesa, además de simbólica, puede ser también puramente decorativa y resultado del cruzamiento de dos diagonales, como en uno de los estucos del palacio de Chimu, que citamos anteriormente.
Ya dijimos que M. Bollaert veía en la Cruz un signo esencialmente astronómico: la estrella de la mañana, la _Chasca_.
Jiménez de la Espada[144] duda de tal representación, manifestando que no contaba con datos suficientes para decidirlo afirmativamente; y que antes los pocos y vagos que pudo adquirir ó vislumbrar acerca del simbolismo de las cruces peruanas le llevaban lejos de tal solución. «Si el signo, dice, de Chasca Cóyllur, del Crucero ó de cualquier otra de las constelaciones meridionales hubiera sido la tal cruz, es casi seguro que el indio collagua Pachacuti, lo hubiera diseñado así, aunque groseramente, en el dibujo á pluma de su _Relación_ que figura el testero del gran templo del Cuzco, donde estaban representados todos los astros y meteoros adorados por los súbditos de los Incas.»
Parece increíble tal afirmación de parte de Jiménez de la Espada, quien fué cabalmente el que dió á luz la _Relación_ del Yamqui Pachacuti; pues en el referido dibujo á pluma inserto, en la obra del collagua[145], la Cruz aparece _dos veces_, en la parte superior y central del dibujo, como ya lo hicimos notar en una breve monografía[146].
Reproduciremos la plancha ó lámina dibujada del Yanqui Pachacuti (Fig. 19); y en detalle, los dos signos cruciformes de la misma, á que acabamos de referirnos (Fig. 20).
En la lámina general destácanse estas dos cruces, figurando entre las representaciones diversas del espacio, como indicaciones ó símbolos astrolátricos.
En el detalle de la figura 20, que ofrecemos con distintivos alfabéticos, vénse dos cruces, C^{1} y C^{2}, correspondientes á dos constelaciones celestes, que podemos denominar de la Cruz, encima y debajo del Sol, S, y de la Luna, L; de la estrella de gran magnitud, E, y del lucero ó Chasca Cóyllur, Ch.
[Ilustración: Fig. 19. Plancha del Yamqui Pachacuti.]
Como aparece en la lámina, un grupo simétrico de cinco grandes estrellas,—cuatro á las extremidades de los palos y una en el punto de intersección,—forman la Cruz inmisa C^{1}, cuyo palo vertical, además de figurado por los tres astros, lo está por la línea que entre sí los une; mientras que solo cuatro estrellas de magnitud, unidas por líneas en sentido diagonal, constituyen la Cruz decussata C^{2}, que lleva estas leyendas: _zara-mama_ (madre del maíz) y _chacana en general_, quizá la denominación de la Cruz.
[Ilustración: Fig. 20. Detalles de la lámina solar del Yamqui Pachacuti.]
Este nombre de Zara-mama puede ser una revelación, pues diría que la tal cruz es protectora de las sementeras de _zara_ ó de los andenes con maíz.
En el culto litolátrico de Calchaquí, _Mama-Zara_ se llama hasta hoy á las piedras paradas protectoras, algunas con signos cruciformes, como el famoso menhir de Tafí, hoy caido, y antes de pie en medio de los andenes indígenas de la hacienda de la familia Frías, en Tucumán (Fig 21).
Observemos que la constelación de la Cruz, al extremo austral de la gran Vía-láctea, denominábase _Cata-Chillay_. _Cata_, según el Dr. V. F. López, equivale á «cosa sagrada», como que _cata_, según él, era el nombre que se daba á las flores en la fiesta solar de Raymi[147]; é _Illa-y_ de Chillay, ó _Ch-illa-y_, vale por «luz», y de allí el nombre del alma del Cosmos, _Illa_—Tecce, de Inti-_Illa_-pa, el rayo, y de nuestras _Illas_, amuletos ó fetiches de reproducción en forma de animales, fecundadores del ganado, engendrados por el rayo, la luz celeste ó Illapa.
[Ilustración: Fig. 21. Monolito de Tafí.]
Como una corroboración de lo que dejamos escrito, haremos una muy oportuna é interesante cita del P. Bernabé Cobo[148], quien, después de explayarse sobre el culto al Inti y Mama Quilla, sol y luna, y las estrellas, escribe: «_Adoraban_ también á otras _dos pequeñas_ (estrellas), _que tiene debajo á manera de_ T, decían ser los pies y la cabeza; y estas también hacían veneración á otra que anda cerca desta y la llaman _Catachillay_».
La cita de Cobo es una revelación; pero necesita ser explicada teniendo á la vista el precioso _Tau_ de Titicaca (Fig. 22), propiedad de Allchurch, y la anteriormente reproducida Plancha del Pachacuti.
[Ilustración: Fig. 22. Tau de plata encontrado en Titicaca.]
Corona al precioso objeto de plata del Titicaca el gran disco solar, el Sol incásico, con su cara humana y sus rayos[149], dibujado por el Pachacuti (Fig. 20, letra S). A la parte inferior del objeto vése el casco esférico de la Luna, también con su rostro alargado y de perfíl, dentro de aquél, de la misma manera como el Yamqui Pachacuti figura á su _Quilla_ (letra L). Estos dos grandes astros son el Sol y la Luna á que se refiere el P. Cobo. Debajo del Sol, y sujetándole cada cual con una mano, están dos figurillas humanas: las «dos pequeñas estrellas» del cronista, figuradas de una manera convencionalmente antropomorfa. Estas dos estrellas, «_tienen_, como dice Cobo, _á manera de_ T», el Tau que aparece como Símbolo en las divinidades atmosféricas ó astrolátricas[150]. Las dos figurillas humanas ó «pequeñas estrellas», están paradas á los extremos del crucero horizontal de aquella misteriosa letra.
Esas pequeñas estrellas, colocadas respectivamente bajo el Sol y la Luna, figuran en la lámina del Yamqui (letras Ch y E del detalle), y llevan en la Plancha original (Fig. 19) las leyendas respectivas de _chasca coyllur_ y _choqchinchay_.
La otra estrella de Cobo, «que anda cerca y la llaman _Catachillay_», aparece igualmente en la Plancha del Pachacuti, cerca de la Chasca Cóyllur, y debajo de ella, también con la leyenda _cata-chillay_, para que la cita del cronista salga corroborada aún en este último detalle.
He aquí, pues, como en la Fig. 22 que nos ocupa, tenemos al _Tau_, ó T sagrada, artísticamente combinada con las representaciones antropomorfas de los astros adorados del cielo peruano.
Concluiremos, entonces, llenando los vacíos del trabajo de Jiménez de la Espada al respecto, estableciendo que la ✚ y T peruanos son símbolos sagrados astrolátricos en la heliolatría incaica, ó sean: símbolos de la luz y del calor del cielo que animan las cosas de la tierra, y símbolos acuáticos á la vez, por la acción atribuida en las mitologías á los astros sobre los fenómenos meteorológicos.
Es por este último motivo que la Cruz figura alternando con peces y otras especies acuáticas; con signos de la escritura de las telas, que valen por fecundación producida por la lluvia ó «agua»; y es por ello también que el símbolo que estudiamos figura en la parte ventral de los huaqueros y yuros que contienen el líquido,—aquel símbolo portado por el Aticci Viracocha, que vimos figurar en la banda frontal del monolito de Collo-Collo y sobre la superficie de la Mama-zara de Tafí.
NOTAS:
[118] Sobre Tiahuanaco, véase Brasseur, pág. 223.
[119] Id., pág. 241, sobre Pacaritambo.
[120] _Atlas._
[121] _El hombre Blanco y la Cruz en el Perú_, Apénd.
[122] _Péron et Bolivie_, pág. 100.
[123] _Los Ojos de Imaymana y el Señor de la Ventana_, § V, páginas 14 y 15 (Bs. Aires, 1900).
[124] Círculos sencillos á con punto símbolos de Imaymana Viracocha, que valen por gérmenes vitales, que hacen nacer las cosas.
[125] Emblemas de Tocapo Viracocha, seguramente fálicos, ó de fecundación.
[126] E. G. Squier, _In the Land of the Incas_, cap. XI, pág. 88, (New York 1877) ofrécenos este curiosísimo figurón ofídico, volando por los aires.
[127] Op. cit., cap. XIV, pág. 243.
[128] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VIII, pág. 426.
[129] _El Hombre Blanco y la Cruz en el Perú, y Péron et Bolivie_, cits.
[130] Lámina de la pág. 84 de Wiener.
[131] Wiener, pág. 638.
[132] Wiener, pág. 620.
[133] Wiener, pág. 627.
[134] En el _Cuadro Histórico-Geroglífico de las Tribus Aztecas de Méjico_, explicado por D. José Fernández Ramírez, del Museo Nacional de Méjico, aparecen signos de la virgulilla saliendo del pico abierto de un pájaro. Las virgulillas quieren decir que el «pájaro canta.» Este pájaro agorero decidió la larga marcha de los aztecas.
[135] Wiener, pág. 676.
[136] Pág. 739.
[137] _El Culto de Tonapa_, § V. pág. 16.
[138] Wiener, pág. 17.
[139] Págs. 766 y 767.
[140] Wiener, pág. 773.
[141] Wiener, en su capítulo _Sur le Langage Ecrit_, ha ensayado traducir algunas curiosas telas (Págs. 759 y sigtes).
[142] _Actas_ cits., págs. 635 á 641.
[143] _Relaciones de las fábulas y ritos de los Incas_, etc. (Obra publicada por C. R. Markhan en inglés).
[144] Págs. 635 y 636.
[145] _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág. 257.
[146] Adán Quiroga, _El Simbolismo de la Cruz y el Falo en Calchaquí_, págs. 8 y 9 (Bs. Aires, 1899).
[147] _Revista de Buenos Aires, IX._
[148] _Historia del Nuevo Mundo_, lib. XIII, cap. VI, pág. 329.
[149] Exactamente igual á este disco, es el sol que corona al dios peruano reproducido por nuestro distinguido historiador Pelliza con motivo de la reciente y bien debatida cuestión de los _Emblemas Nacionales_, que provocó un bien apreciado folleto de nuestro publicista E. S. Zeballos.
[150] Wiener en la pág. 584 reproduce un objeto con T, que sale de una media luna.
En nuestra reciente expedición hemos dado con un grande y hermoso disco solar, rodeado de Huayrapucas (diosas del Aire), que llevan taus simbólicos.
CAPÍTULO IV
LA CRUZ EN LOS DIOSES DEL AIRE Y EN LOS MITOS ATMOSFÉRICOS
_Culto al Aire y á la Tormenta—El Dios Huracán—El Haida Wind Spirit—Tláloc, Quetzalcóatl, Itzamna, Gucumatz, Huizlopochtli, Chuchavira, Catequil, Pillán y Huayrapuca—Tláloc y su insignia cruciforme—Cruz en el escudo de Amimitl—Chalchihuitlicue y su cruz—Quetzalcóatl y su túnica con cruces—Nanihehecatl y la cruz de sus vientos—Wixepecocha y su cruz en el Cempoallepec—Huitzilipochtli y su blasón cruciforme—Cruces de Cozumel—«El Arbol de Nuestra Vida»—La diosa azteca de la Lluvia y su Cruz—Los cuatro Bacabs—Batchué y la Cruz del lago—El Tau del dios del Aire de Squier—La Huayrapuca calchaquí y el grupo atmosférico de Capayán—La Cruz ofídica—La Cruz y los fenómenos meteorológicos._
En el capítulo anterior hemos insinuado que la Cruz como símbolo está relacionada á los fenómenos atmosféricos y cambios meteorológicos que producen la lluvia.
La Cruz, en efecto, aparece portada por los dioses del Aire y los mitos de la Atmósfera, llevándola como cetro, como emblema, como insignia ó como adorno en sus manos, sobre su pecho ó en sus flotantes y sutiles vestiduras, con una repetición tan llamativa que el asunto es digno de ser tratado en capítulo especial.
El temor al rayo y al huracán ha hecho nacer vivos sentimientos religiosos en el espíritu de los pueblos americanos; como que los fenómenos meteorológicos desempeñan un gran papel en la historia primitiva de las religiones; y es natural la divinización por parte del salvage del espantable desencadenamiento de las fuerzas de la naturaleza, ante las cuales se presenta débil y desarmado. Este temor religioso concluyó por transformarse en veneración piadosa al viento y á la tormenta, siendo convertidos en fetiches el rayo y el huracán. Pero los fenómenos del huracán no fueron posteriormente adorados por sí mismos, por cuanto el rayo parecía la manifestación de un ser viviente, considerándosele como el hacha terrible y centellante de un genio encarnado en las nubes, las cuales, á su vez, se presentaban á la fantasía india como volátiles ó pájaros de alas inmensas, que sacudían en lo alto de los cielos; y de aquí las aves míticas, como el Piguerao de la leyenda preincaica, cuya voz es el estampido del trueno y cuyas alas nerviosamente batidas producen el viento del huracán. Estos pajarracos á la vez son ofídicos, y suelen tener cola y aún cuerpo de dragón y de víbora, como la «serpiente emplumada» ó el Quetzalcóatl mejicano, porque el relámpago ardiente se aparece á los ojos del hombre primitivo como un gran dragón de fuego, animado de vida, de rabia y de terrible poder.
El culto á la lluvia, que muchas veces se confunde con el del cielo mismo, es el culto al elemento agua, como el efecto fecundo de la acción combinada del viento y de la tormenta.
El viento, la tormenta y el rayo, se vuelven personajes míticos vivientes, á los que el politeismo concluye por dar formas antropomorfas; y de aquí los Dioses del Aire, de la Tormenta, del Rayo, objeto de culto universal en las agrupaciones americanas, convertidos aquellos en los genios fecundadores de la tierra por el fenómeno de la lluvia en nuestro continente de grandes estensiones sin agua, para el cual es este líquido la vida de la tierra, que hace nacer, crecer y fecundar á los hombres, á los animales y á las plantas. La serpiente-rayo, portada en sus manos por el Aticci Viracocha peruano y sirviendo de cetro ó de báculo á Tláloc, se vuelve el emblema de la humedad, del calor, de la fertilidad, de la primavera, de las estaciones, y figura en primera línea, por tanto, en las cosmogonías de todos los pueblos agricultores.
Pasemos ahora á consignar breves noticias del culto universal á los fenómenos atmosféricos, para que nos demos á la vez cuenta exacta del valor de la Cruz como símbolo meteorológico.
Desde las estremidades del Norte, ó desde la _Sillán Innua_, ó casa de los vientos de los esquimales, aquellos soplan sobre el mundo. En las razas septentrionales el culto al cielo no es menos grande que el culto á la tierra. Las divinidades del cielo son generalmente masculinas y epicenas ó andróginas, y obran sobre el universo por medio de los fenómenos meteorológicos.
En los Estados Unidos, bajo formas de monstruos ó de aves míticas, son adorados los dioses del Aire, bajo el nombre de «Espíritus del Viento».
[Ilustración: Fig. 23. Espíritu del viento. (Estados Unidos)]
[Ilustración: Fig. 24. Figura mítica de los Hayda.]
Las representaciones de estos seres míticos aparecen en un interesante trabajo inserto en el Rapport del Smithsonian Institution, del año 93, titulado _Myths and Mythic animals_[151]. Nosotros los reprodujimos en nuestro trabajo sobre la Huayrapuca calchaquí[152], valiendo la pena de hacerlo nuevamente en esta ocasión (Figuras. 23, 24 y 25).
Las tres figuras representan animales mitológicos. La más pequeña (Fig. 23),—escribimos á propósito de estos animales míticos,—se distingue de las otras dos en no tener garfios; y por la figurilla representando un ser humano, en posición horizontal, es, según los pieles rojas creyentes, el _Espíritu del Viento (Wind Spirit)_, un monstruo ó demonio llamado Skana, que quiere decir «genio del mal»[153]. Este demonio (tal cual sucede con la Huayrapuca calchaquí), según Judge Svan, ateniéndose á lo que le han contado, es susceptible de transformarse de todas maneras, y varias leyendas se les atribuyen. Las dos representaciones restantes (Figs. 24 y 25), son también monstruosas, genios del mal[154]. Estas dos figuras fueron conseguidas de algunos indios Haida que visitaron el puerto de Townsend (Washington) en el verano de 1884. La primera lleva el nombre de _Orca Haida_, y las otras dos, los de _Wasco and Mythic Raven Haida_, y quien escribe sobre tales figuras es Albert P. Niblac, que ha podido descifrarlas.
[Ilustración: Fig. 25. Ave mítica de los Hayda.]
No obstante las inmensas distancias que separan á los pueblos, es conveniente comparar estas representaciones míticas de Estados Unidos con el dios del Aire de Squier, que más adelante ofreceremos (Fig. 28), y todas estas figuras con las Huayrapucas de Calchaquí (Figs. 20 y 27), de rostros humanos con corona plutónica, cuerpo y cola ofídicos, la primera; de cabeza monstruosa con boca dentada, cuerpo y cola también ofídicos, las de la Fig. 27, del valor mítico de los _cóatl_ mejicanos[155].
[Ilustración: Fig. 26. Puco de Santa María 1/3 t. m. Colección Quiroga.]
[Ilustración: Fig. 27. Vasija Ambato y su desarrollo. Colección Quiroga.]
Así mismo, adoraban al viento ó á la tormenta los crecks, los dakotas y pieles rojas.
_Huracán_, el dios de las tempestades de las Antillas, es el «alma del cielo» para los quichés de Guatemala, el que desempeña un papel importante en su cosmogonía. _Avilix_ y _Hacavitz_ son el relámpago y el rayo.
En Nicaragua, para que lloviese, ofrecíanse grandes sacrificios al dios del huracán _Quiatéotl_[156].