La cruz en América (Arqueología Argentina)

Part 5

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De la famosa Cruz del Cuzco, que los españoles llevaron á la catedral, labrada «con mármol fino, de color blanco y encarnado de jaspe cristalino», ocupóse el Congreso de Americanistas de Luxemburgo, haciendo notar el marqués de Monclar[113] que la Cruz existió en el centro mismo del imperio de los Incas, y que era allí objeto de gran veneración. El marqués negaba que pudiera representar los cuatro puntos cardinales, como se sostenía á causa de habérsela encontrado colocada verticalmente, colgada de su agujero de suspensión.

Lozano[114] hace referencias á esta insignia «que tuvieron en veneración» los ingas, siguiendo á Garcilaso de la Vega[115]; siendo de advertir que éste duda de los motivos de «su veneración», pues asegura que era simplemente venerada y no «adorada»,—«lo cual escribe, debía ser _por su hermosa figura_, ó por algún otro respeto que no saben decir».

De este modo, la Cruz de mármol se convertía para Garcilaso en un fetiche _Canopa_.

Respecto á la observación del marqués de Monclar, que la Cruz no podía ser emblema de los cuatro puntos cardinales á causa de su colocación vertical, no la juzgamos argumento serio.

Los mapas murales, colgados verticalmente, figuran la planicie de la tierra y de los mares, no obstante. Si la Cruz representaba los puntos cardinales, y en tal concepto recibía veneración, no era preciso que estuviese horizontalmente colocada, por cuanto ella no representaría propiamente un signo geográfico, sinó que valdría como un emblema sagrado, alusivo á los cuatro vientos venidos de los cuatro rumbos; y, por otra parte, si en las ceremonias hacíase necesaria su disposición horizontal, así se efectuaría en cada caso ocurrente, colgándosela de nuevo.

Lo que nosotros dudamos es que se haya probado que esta Cruz peruana representaba los puntos cardinales, por más que así lo fuese en otros pueblos americanos.

En el imperio parece que los Incas mismos portaban la Cruz, pues, según Fernández, los candidatos al llauto vestían una camisa blanca «con cosa que se asemejaba á una cruz bordada en el pecho»[116].

En Chile, en donde el Apóstol sólo estuvo de paso al decir de los cronistas, se han encontrado interesantes objetos arqueológicos con cruces. En el capítulo sobre la Cruz en los Petroglyfos tendremos, por ejemplo, ocasión de hacer notar las interesantes cruces con que está ornada la pictografía de Tinguiririca, al lado de otros símbolos de indiscutible valor acuático ó atmosférico, lo que podría servir para determinar su valor figurativo en la región andina.

Nuestro Tucumán, no obstante el silencio de los cronistas, que no han parado su atención en las riquezas arqueológicas de la tierra, es, sin duda alguna, la nación americana más rica en figuraciones de cruces nativas, ya sea en sus petrografías ó pictografías, como en su espléndida cerámica, en sus ídolos, y hasta en sus diversos objetos artísticos de adorno ó de fantasía.

Da nuestra sola colección de objetos calchaquíes podríamos presentar un centenar en los cuales la Cruz, hermosamente trazada, aparece pintada, grabada ó esculpida, siempre con marcada insistencia, y con motivos determinados, obedeciendo á una tendencia simbólica uniforme, sin excepciones que hagan vacilar al espíritu arqueológico.

Es por estas circunstancias que la Cruz de Calchaquí será preferentemente estudiada en este libro; y á ello deberemos en gran parte poder arribar á conclusiones que á nuestro juicio no admiten réplicas, resolviendo definitivamente el ya secular problema.

Tal como hasta ahora aparece el signo, y por los datos someramente consignados, puede decirse con el marqués de Nadaillac que la Cruz americana era tenida «como el símbolo de la potencia creatriz y fertilizante de la naturaleza»[117].

NOTAS:

[94] _Actas del Congr. de Bruselas_, tomo I, pág. 505.

[95] Justo Lipsio, _De Cruce_, lib. I, cap. LVIII.

[96] Sobre este punto véanse Lipsio, cit.; P. Lafitau, _Mœurs des sauvages Americains, comparées aux mœurs des premiers temps_, tom. II (París, 1724); Mortillet, _Le Signe de la Croix avant le Christianisme_, caps. I á IV (París, C. Reinwald, 1866); M. Peterken y Luciem Adam, _Congr. de Bruselas_, págs. 513, 519 y sigtes, etc.

[97] Cap. XVII, pág. 287.

[98] La Cruz en estos pueblos, que la ofrendaban con codornices, incienso y agua lustral, servía también de ornamentación, y el Dr. Jones enseña conchas y objetos de cobre con cruces, procedentes de Tenesse. Es muy interesante el ornamento de cobre encontrado en un _Stone-Grave_ en Zalicoffer Hill, que el marqués de Nadaillac reproduce en su figura 85, lo mismo que el instrumento de silex en Cruz, de la figura 79 (_L’Amériqne Préhistorique_, págs. 176 y 171).

[99] Tom. I, pág. 437.

[100] _Hist. Ind. doccil_, cap. LIII.

[101] _De Antich._, ci. 3, cap. XXV.

[102] Sobre la Cruz en estas naciones, véanse Ixtlilxochitl, _Hist. des Chichiméques_, págs. 5 y sigtes.; Sahagún, _Hist. de la Nueva España_, lib. I, cap. II; Palacios, _Descrip. de Guatemala_, págs. 27 y sigtes.; Cogolludo, _Hist. de Yucatán_, lib. IV, cap. IX.

[103] Op. cit., cap. IV.

[104] D. Antonio de Solís (_Hist. de la Nueva España_, cap. XV, pág. 59) dá interesante noticia de este ídolo, de fisonomía espantable, como los dioses de la tormenta y del huracán. «A poco trecho de la costa, escribe, se hallaron en el templo aquel ídolo tan venerado, fábrica de piedra cuadrada, y de no despreciable arquitectura. Era el ídolo de figura humana, pero de horrible aspecto, en que se dejaba conocer la semejanza de su original. Observose esta misma circunstancia en todos los ídolos que adoraba aquella gentilidad, diferentes en la hechura y en la significación, pero conformes en lo feo y abominable ... Dicen que se llamaba este ídolo Cozumel, y que dió á la isla el nombre que se conserva hoy en ella.»

[105] _Origen de los Indios_, lib. V, cap. V.

[106] _Découverte de la Croix de Palenque_ (1792).

[107] La tabla de la Cruz de Palenque, encontrada después que la sacó un fanático, en una selva contigua á las ruinas, se halla en el Museo de Washington, y de ella dá cuenta Ch. Rau (_The Palenque Tablet, Smith. Cont._, tom XXII).

El marqués de Nadaillac (cap. VII, pág. 325), reproduce el cuadro de la Cruz de Palenque, y también (pág. 326) un bajo relieve descubierto por M. Maler (en 1879, _Nature_, pág. 326), cerca de Palenque, muy semejante al anterior, con su Cruz y pájaro encima y dos indios ofrendando, el de la izquierda al parecer una cabeza de venado, llevando el de la derecha un adorno de círculo con Cruz, en su cintura. El indio de la izquierda vése claramente que ofrenda á la Cruz.

[108] En el Congreso de Bruselas, M. Peterken decía que era necesario tener el espíritu muy prevenido para ver en esta Cruz una reminiscencia evangélica; y que ni el pájaro, ni la Cruz misma, cuya rama vertical termina en un pagay, se prestaban á interpretación de tanta fantasía (_Actas_, págs. 545 y 522). Para el conde de Charencey, la Cruz de Palenque era un simple emblema astronómico (Id., pág. 654).

[109] Lib. VI, cap IV, págs. 23 y 24.

[110] Ruíz de Montoya, caps. XXIII y XXVI, págs. 99, 100, 110 á 112; Alonso Ramos, cap. IX, de quien el primero toma sus noticias, y Lozano, cap. XX, pág. 440.

El Yamqui Pachacuti (_Tres Relaciones_, pág. 238) asegura que el leño fué labrado en los Andes de Caravaya por Tunapa.

[111] Cap. XXVI, pág. 112.

[112] _Hist. Nat._ etc., lib. VII, cap. XXVII.

[113] Luxemburg., 4^{a}. ses.

[114] Cap. XX, pág. 437.

[115] Lib. II, cap. III.

[116] En la _Relación_ del pueblo de Paycabamba ó Leoquina del R. P. Arias Dávila (1582), aparece la Cruz incaica con el nombre de Xaygua (Sayhua), en la parte que el cronista refiere la lucha de Huayna Cápac con los Quillacincas en Gaytara, «donde dejó una señal á forma de mármol, tan grueso como cinco ó seis brazas, redonda y dentro de si _una cruz_ de plata ó semejanza á ella: su nombre de la cual se llama _Xaygua_, que quiere decir _nombre y señal del Inca_.»

[117] _L’Amérique Préhistorique_, cap. VII, pág. 327.

CAPÍTULO III

LA CRUZ SIMBÓLICA

EN LA ARQUEOLOGÍA PERUANA

_Influencia de la religión en el valor del símbolo—La Cruz entre los Aymarás y los Quichuas—Atlas de Rivero y Tschudi y reproducciones de Wiener—El palacio del Chimu—Aticci Viracocha y el ídolo de Collo-Collo—Monumentos sepulcrales con Cruz—Material iconográfico de Jiménez de la Espada—La Cruz en los huaqueros—Telas de la Horca, Paramonga, Pachacámac, Chancay y Ancón—Opiniones de Jiménez de la Espada y M. Bollaert—La lámina simbólica del Yamqui Pachacuti—La Zara-Mama y la Cruz—Una cita del P. Cobo—El Tau de Allchurch—La Cruz como símbolo astrolátrico y atmosférico._

Hemos dicho, y lo repetimos nuevamente, que el asunto de la Cruz en el Perú, arqueológicamente considerado, no ha sido motivo de estudios profundos y satisfactorios, como los que se han practicado sobre el símbolo en otros pueblos. Los breves trabajos que al respecto hemos leído, apenas si pasan de acumulaciones de datos, de ligeras noticias, ilustradas con algunas láminas, en las que tampoco se ha tenido el cuidado de elegir lo mejor.

Este asunto de la Cruz peruana se presenta complejo á causa de los cambios repentinos y trascendentales de religión y de política, intimamente ligadas entre sí. En la civilización aymarítica, surgida de los grandes lagos, es el Agua, el elemento líquido encarnado en el Huiracocha de Tiahuanaco, el fundamento y el objeto de la religión[118]. Pacaritambo, de donde nace la aurora, y Chingano, en donde la luz explende, son otros dos grandes focos de civilización[119]. El culto al Sol, á ese hacedor fecundo, impónese con los Incas; y cuando alguna vez desmaya, vuelve á surgir de nuevo con todo su brillo secular. Finalmente, por actos trascendentales de política, que afianzan la solidez del imperio del Cuzco, las dos grandes religiones rivales se refunden, complementándose la una á la otra, el día en que el dios Huiracocha es colocado con toda su magestad, y con atributos solares, en los _aris_ de la heliolatría. Entonces los dioses acuáticos y astrolátricos combinan su acción para obrar sobre la naturaleza y fecundarla, produciendo las lluvias, como que también el dios-sol llora agua y rocío, y haciendo nacer, crecer y fructificar todas las cosas.

El símbolo de la Cruz, que indiscutiblemente existió en todos los ciclos, tanto incásicos como preincásicos, sufrió la influencia de estos cambios de cultura y de religión. Símbolo acuático, cuando preponderó la religión aymarítica, se volvió símbolo astrolátrico cuando dominó la quichua; transformándose en símbolo atmosférico combinado, de doble valor acuático y luminoso, cuando las religiones se fundieron en una sola. En este último caso, la Cruz, hablando en términos arqueológicos, debe denominarse símbolo atmosférico, emblema de las nubes, de los vientos y de los fenómenos meteorológicos producidos por la acción del sol.

Nuestro material iconográfico lo demostrará por sí mismo. En el ídolo aymarítico de Collo-Collo, en los monumentos primitivos, en los _huaqueros_ ó vasos ceremoniales del culto al Agua, aparecerá la Cruz; de la propia manera que figurará en el arte quichua, en sus construcciones, en sus dioses, en su alfarería, en sus telas, y, finalmente, en las representaciones astrolátricas y en la famosa plancha celeste del Yamqui Pachacuti, como un emblema luminoso formado por astros del cielo.

Somos sin duda los primeros que hemos hecho estas afirmaciones respecto al valor simbólico de la Cruz en el Perú, afirmaciones que, por suerte, podremos comprobar en el desarrollo de este capítulo, en el que seguiremos á la Cruz en el orden en que la arqueología la ha tratado, sin preocuparnos de la cronología de sus alternativas simbólicas.

Comenzaron los señores Rivero y Tschudi[120] por ofrecernos figuraciones y representaciones cruciformes del mayor interés. Entre las clásicas cruces presentadas distínguense las de las ruinas del palacio del Chimu, de los pilares del templo de Coati y de una de las esculturas de Tiahuanaco.

M. de Bollaert publicó su interesantísimo _tupu_ de oro con cruces, que fué objeto de variados comentarios.

Wiener, en su obra «Perú y Bolivia», ofrécenos un material interesante, aunque disperso, de objetos incásicos y preincásicos con cruces.

En el Apéndice del trabajo de Jiménez de la Espada, presentado al Congreso de Bruselas[121], este distinguido americanista reproduce nuevos ejemplares.

Los grandes monumentos de Tiahuanaco pueden admirarse en la obra reciente de Max Uhle y Stubel.

Entre las grandes y antiquísimas construcciones que ostentan la insignia cruciforme, son dignas de especial mención los muros con bajorelieves del palacio norte en el gran Chimu, levantado sobre la primera de las tres grandes terrazas con ruinas por el brazo poderoso de los chimus, que desafiaban con sus trabajos ciclopeos á las fuerzas terraqueas que de tiempo en tiempo mueven el suelo que habitaron. Este gran muro está reproducido por Wiener[122]. Las figuraciones cruciformes que ostenta el mismo, talladas sobre la piedra, son numerosas; y, convenientemente distribuidas, adornan los frescos y bajorelieves, semejantes en su disposición artística á las más bellas pinturas de las telas peruanas, valiéndose de líneas escalonadas y rectas que trazan en el duro material figuras geométricas de admirable simetría. Estas cruces hacen recordar de otras semejantes, en bajorelieve, de monumentos mejicanos, viéndose con ello que en el Perú también la Cruz servía de ornamentación.

Cieza atribuye un alto origen á los monumentos megalíticos de Tiahuanaco, que para él,—y vale bien la pena de consignarlo,—representan á ese apostólico Aticci Viracocha, al cual,según su afirmación, «fuéronle en muchas partes hechos templos en los cuales pusieron _bultos de piedra_ á su semejanza, y delante dellos hazían sacrificios. Los bultos grandes, agrega, _questán en el pueblo de Tiauanaco_, se tiene que fué desde aquellos tiempos.»

Nuestro americanista Lafone Quevedo, sin conocer esta cita de Cieza, atribuyó muy acertadamente la cabeza del famoso ídolo de Collo-Collo y la imagen del Dios-Sol de Wiener á representaciones de este Aticci, el dios del Agua[123].

Refiriéndose al ídolo de Collo-Collo, que se encuentra entre Tiahuanaco y La Paz, y que mide 1.37 m. de alto (Fig. 4), escribe en el lugar citado: «Es una cabeza de pórfido con curiosos grabados; pero lo que importa son los ojos (grandes círculos), que no son más que dos _Imaymanas_[124], de que cuelgan unos tres _Tocos_[125], ventanas. Es curioso que tres son los _tocos_ que cita Pachacuti. El ídolo representará á _Aticci Viracocha_, con los atributos de sus dos hijos por ojos, etc. En la banda de la frente se distingue el mismo _pescado_ de que habla Wiener en su pág. 703.»

[Ilustración: Fig. 4. Idolo de Collo-Collo.]

Lo que á nuestro asunto interesa en este ídolo de Collo-Collo, ó figuración trina y una de Imaymana, Tocapo y Atticci, padre este último de los primeros, que representa al dios acuático por excelencia, son cabalmente esas esculturas zoomorfas de su banda frontal, con grabados cruciformes en sus cuerpos, tanto más cuanto que ellas han sido trabajadas sobre esos _pescados_ á que aluden Wiener y Lafone Quevedo. El pescado del dios,—no hay para qué apurar las deducciones,—es un atributo acuático del mismo, que expresa que impera sobre los mares y masas líquidas. Las dos cruces griegas sobre el primero de estos animales, á la izquierda, y las dos sobre el del medio, entre otras figuras emblemáticas, indican claramente que son símbolos acuáticos complementarios; y rara vez podrán encontrarse cruces dispuestas de tal manera, que expresen desde el primer momento su valor como caracteres ó signos míticos.

Igualmente el dios del Aire ó de la Atmósfera, que se reproducirá en el capítulo siguiente, y que aparece como un monstruo ofídico, si no es portador de cruces, lo es al menos de _Taus_, uno de los que luce en su mano, llevando fálico casco en su cabeza. El Tau aparece en muchas ocasiones sustituyendo á la Cruz, y viceversa[126].

En los grandes pueblos antiguos pueden observarse, como en Méjico, huacas en forma de Cruz. Un ejemplar de huaca de Pachacámac es muy curioso (Fig. 5).

Muy interesante entre esta clase de monumentos es la «Chulpa ó Torre Sepulcral», que nos ofrece Squier en su libro, ya citado, sobre la Tierra de los Incas[127], lámina que reproduce el marqués de Nadaillac[128].

Los estucos de la Chulpa, de blanco y rojo en cuadrados alternados, forman una Cruz perfecta sobre su superficie externa; siendo de advertir que cada uno de estos cuadrados está dividido por una diagonal, que deja dos triángulos, de tal manera que cuatro triángulos rojos y cuatro blancos hacen Cruz. Sobre la superficie total de la Chulpa destácase, además, pintada, una gran Cruz de San Andrés, adornados sus brazos con taus (cinco y seis respectivamente), y con un círculo en el punto de intersección de los palos del signo. La construcción es una mezcla de cal y arcilla.

[Ilustración: Fig. 5. Huaca de Pachacámac.]

Revisemos ahora el material iconográfico que nos ofrecen Jiménez de la Espada y Wiener, antes citados[129], fijando brevemente nuestra atención en la manera y forma como se presentan las cruces en los objetos y telas que estos americanistas reproducen.

[Ilustración: Fig. 6. Huaquero con adornos cruciformes.]

Jiménez de la Espada en las láminas de su trabajo (Figs. 11, 14, 15, 16 y 17 de su Apénd.) ofrécenos poco, aunque interesante material. Los símbolos de los objetos son cruces maltosas ó de San Juan, como las de su Fig. 16, y griegas, como las 11 y 14.

El autor, al reproducir sus objetos, limítase á enumerarlos; pero es fácil hacer algunas observaciones tendentes á insinuar las relaciones del símbolo de la Cruz con el Agua.

El que señala con el número 11, y que reproducimos en la Fig. 6, es un _huaquero_ antropomorfo de vientre abultado, con su cuello arqueado, rematando en la cabeza y espalda del mismo. Se trata de una vasija para contener _agua_. En la toca ó pañolón de la figura humana van pintadas con alguna simetría cruces griegas. Aunque adorno, debe desde ya notarse que las cruces van figuradas sobre un objeto destinado á depósito del líquido.

Igualmente es un huaquero casi circular el bellísimo objeto 17, que reproducimos en la Fig. 7, con una especie de pistón para llenarle de líquido. Al centro de la parte ventral del objeto, aparece una grande y artística Cruz griega, con un _toco_ doble (símbolo de fecundación) en el punto mismo de intersección de los palos del signo. La Cruz en este caso vése que ha sido el motivo de la obra; y aquella en medio del huaquero redondo, se parece á esos círculos con cruces, que tanto abundan en el Perú. El valor del símbolo, como emblema acuático, parece bien insinuado en el presente ejemplar.

Más llamativo aún es el objeto 16 (Fig. 8), pues encima de la franja inferior con tres maltesas pintadas vése una segunda franja con tres representaciones de peces, y una tercera de animales, que sin duda son anfibios. Es claro que en esto caso las cruces aparecen tener relaciones directas con el _agua_, elemento que sirve de medio de vida á las especies figuradas, trayéndonos á la memoria, los grabados en la banda frontal del ídolo de Collo-Collo.

[Ilustración: Fig. 7. Huaquero cruciforme.]

En el objeto 14 (Fig. 9) las cruces dobles alternan con _tocos_ dobles, apareciendo en cuatro campos cuadrados, dos arriba y dos abajo, un toco y una Cruz, y una Cruz y un toco, respectivamente. El toco, recordaremos, es el símbolo de Tocapo Viracocha, una de las tres personas del dios de las _aguas_.

Recorriendo la obra de Wiener, puede encontrarse en ella un material iconográfico numeroso é interesante.

Revisaremos los principales ejemplares en el orden en que aparecen reproducidos en el libro del autor de Perú y Bolivia.

En las esquinas de los rectángulos centrales de una tela del cerro de la Horca (Fig. 10), vénse cruces formadas por escaques, alternadas artísticamente. En medio de los rectángulos, reprodúcense ramas de vegetal. En los rectángulos laterales, aparecen unas figurillas humanas de rostro triangular, cuyos cuellos y brazos se cortan en Cruz, figurillas que en vez de pies llevan cabezas de aves,—pájaros simbólicos que sin duda son _suris_ ó avestruces, pero que en todo caso deben representar al ave de la tormenta,—por lo cual las figurillas, con sus ojos Imaymanas en la región ventral, serán representaciones atmosféricas. Las ramas de árbol darían idea de la lozanía de la vegetación. Las cruces contiguas valdrían por signos atmosféricos de lluvia[130].

En otra tela con figurillas semejantes[131], aparecen artísticos símbolos cruciformes sobre los cuerpos de las mismas y al lado de sus cabezas, con taus por adornos ó penachos (Fig. 11).

[Ilustración: Fig. 8. Figuración de cruces y peces.]

[Ilustración: Fig. 9. Cruces alternadas con tocos.]

[Ilustración: Fig. 10. Tela con pinturas simbólicas.]

[Ilustración: Fig. 11. Tela de Paramonga.]

Un hermoso huaquero antropomorfo encontrado en Trujillo[132], que representa una cara humana, luce en la frente una ancha _vincha_ llena de labores, y sobre ellas tres campos cuadranglares, con cruces griegas, blancas y dobles, al centro de los mismos (Fig. 12).

[Ilustración: Fig. 12. Huaquero de Trujillo]

Interesantísimo es el _yuro_ doble (Fig. 13), encontrado en el Cuzco[133], uno de los cuales, el de la izquierda, tiene pintadas tres bandas horizontales en la sección ventral. Sobre cada una de las dos bandas inferiores figuran cruces dobles, alternadas con dobles tocos, de punto al centro, que al instante hacen recordar el objeto 14 de Jiménez de la Espada, reproducido en nuestra Fig. 9. En la banda superior aparecen sólo cruces, contiguas al cuello del objeto. En otro ancho campo ventral del yuro, al rematar las bandas cruciformes, destácanse figurillas animales monstruosas, de larga y arqueada cola, seguramente divinidades del aire, viéndose debajo de ellas, como adorno, los signos simbólicos de la S volcada, que también tenemos por acuáticos, como representativos del ruido del trueno[134]. Las cruces de este yuro, destinado á guardar agua, son demasiado significativas, y más si se tiene en cuenta que se hallan al lado de símbolos acuáticos y de fecundación.

[Ilustración: Fig. 13. Yuro doble del Cuzco.]

[Ilustración: Fig. 14. Huaquero antropomorfo de Jauja.]

Ejemplar interesante es también un huaquero antropomorfo (Fig 14), encontrado en Jauja[135], en el cual aparecen con profusión cruces en la parte superior de la camiseta de la figura.

De lo más típico es la procesión de hombrecillos, pintada en un vaso, encontrado en el Cuzco, representando una fiesta bajo los soberanos autóctonos, según Wiener[136], y para nosotros una danza sagrada. Esta lámina ha sido reproducida por Lafone Quevedo[137].

Cada una de las reales figuras de la misma viste muy adornados trajes llenos de símbolos y lleva su respectivo casco de triángulo ó _Huampar Chucu_; cada una de ellas también porta con ambas manos un largo báculo, cuya cabeza superior termina en Cruz. Uno de estos personajes, el primero de la derecha (Fig. 15), tiene en una mano un Tau, y en la diestra un círculo, que muy bien podría ser ese espejo (también de la diestra) de Tezcatlipoca, lo que demostraría el origen solar de la figura; y si ello es así, y si solares son las demás de la serie, como parece, tendríamos una prueba del valor heliolátrico ó astrolátrico del símbolo, que á veces es una Cruz y á veces un tau de mando ó un cetro.