La cruz en América (Arqueología Argentina)

Part 13

Chapter 133,628 wordsPublic domain

Una _Mamazara_, levantándose en medio de los andenes ó de las labranzas (lo mismo que una _Huaza_ á la puerta ó bastidor del rastrajo sembrado), protege á la sementera de maíz, la que prospera bajo su patrocinio, evitando el gusano en la raíz, y preservándola de los hielos, de la piedra, de los vientos ardorosos, de la langosta y de otras plagas. Pero el fetiche de piedra, obrando por la acción propia ó combinada con la del cielo, tiene la virtud especial de hacer llover oportunamente sobre la siembra, atrayendo á las nubes; pues «entre los calchaquíes, como escribe el presbítero Toscano (quien desempeñó durante muchos años el curato de Cafayate y pueblos contiguos), se llamaban _Mamasaras_ á unas piedras labradas y perfectamente pulimentadas, que se colocaban en medio de las sementeras para que tuvieran _agua_ oportuna y abundante, atribuyéndoles virtud especial para producir _la lluvia_»[269].

En el fragmento de la lámina del Yamqui Pachacuti que ofrecimos en el capítulo III (Fig. 21 bis), vemos simbólicamente representada en el grupo astrolátrico C^2 á esta Mamazara, grupo que en el original (Fig. 21) lleva esta leyenda: «_Zaramama-chacana_ en general». Pues bien: esta _Zaramama_ está figurada por cuatro grandes estrellas unidas entre sí por dos líneas que se cortan formando _una Cruz_, como si la Cruz misma fuera el emblema ó símbolo de tal «Madre del Maíz», y quién sabe si la palabra _chacana_[270] de la leyenda no sea el nombre con que los quichuas conocían al símbolo, al que en ciertas condiciones vimos que llamaban _xaygua_.

Estos breves y muy interesantes antecedentes, sirven para explicar con cuánta razón el indio de Tafí esculpió cuatro artísticos signos cruciformes en la Mamazara monolítica, protectora de las siembras, sobre las cuales hace caer _lluvias_ oportunas, la misma que tiene su representación simbólica en la carta sagrada de la heliolatría quichua, por la acción del sol y de los astros sobre los elementos, cuando el culto al astro del día se sobrepuso al del viejo Aticci Viracocha del panteón de Tiahuanaco.

Fijemos, finalmente, la atención en lo interesante de los signos cruciformes de la Mamazara de Tafí, con su círculo simple ó con punto respectivo en el lugar correspondiente á la intersección de los brazos, círculo que vale por «germen vital, _yema_ ó _brote_», y que expresa de una manera acabada y concluyente la idea de una lluvia oportuna haciendo brotar, crecer y fructificar la mies preciada del indio.

Otro dato interesantísimo de _Folk-lore_ conviene apuntar con este motivo.

Nos referimos al hecho de colocarse por los naturales piedras paradas protectoras, que llaman á la lluvia, en cualquiera eminencia, en toda la extensión del valle de Santa María ó de Yocavil. Hoy, en vez de piedras, se colocan de pie cruces cristianas sobre las colinas y los morros de los cerros, cruces protectoras que pueden contarse por centenares. Ahora, preguntamos: ¿la sustitución cristiana de las cruces á los menhires nativos, no es obra de una de esas raras coincidencias ó puntos de contacto de creencia y creencia, mediante los cuales el símbolo cristiano de la Cruz hace las veces del símbolo pagano, adquiriendo en tal caso una doble virtud protectora, como conjuro de la piedra y del granizo, y como un singular amuleto propiciatorio de las lluvias?—Nosotros, no nos limitamos á sospecharlo, sinó que casi nos atrevemos á establecerlo en sentido afirmativo. Si así fuere, esta prueba del valor de la Cruz como símbolo acuático calchaquí, no solo no admitiría réplica, sinó que sería decisiva y trascendental[271].

En nuestra reciente expedición á los valles de Londres, hemos podido observar en el pueblo de Colpes (Pomán) trojes ó pirhuas con cruces. Las pirhuas de formas fálicas, levantadas sobre un bastidor de cuatro horcones, que guardan la preciada algarroba, remataban en un penacho de _aibe_ ó pasto de campo; y de en medio de este penacho salía una Cruz de madera. Esta Cruz, según pudimos informarnos, á la vez que guardián del producto de los tacuiles, propiciaba para el año venidero una abundante cosecha de algarroba. Para que tal cosecha fuera abundante, es claro que habría necesidad de que lloviese. La Cruz de las pirhuas, en buenos términos, equivalía á un amuleto de las lluvias, confundiéndose en el espíritu del indio actual el valor cristiano con el valor nativo del símbolo.

Sobre la despensa de un grupo de ranchos de Bisbis, camino de Hualfín á Andalgalá, otra Cruz de madera habíase colocado. Los indios de la casa negáronse por completo á explicarnos que significaba aquella Cruz sobre el rancho en el cual se depositaban los granos, la algarroba y el charqui. Esto mismo hízonos comprender que se trataba de una superstición nativa; y que la Cruz en el caso actual desempeñaría el mismo papel que la de la pirhua de Colpes.

[Ilustración: Fig. 72 Molinos (Salta). Tam. nat.]

En dos ejemplares de figuras dobles, andróginos, ó con representaciones masculinas y femeninas (_cay huarmi cachun, cay cari cachun_), ó si se quiere _huacanquis_ ó _Cayam-Carumi_, huacas de los amores, que por el hechizo del _Tincuc_ forzaban el libre albedrío[272], aparecen hermosas cruces griegas, en una forma y colocación llamativas.

El Huacanqui de la Fig. 72, de la colección Zavaleta, es uno de los ejemplares interesantes.

Sobre una lámina de hueso (el material suele ser piedra blanca ó negra), y dentro de dos secciones rectangulares iguales, aparecen dos figurillas humanas, de esas que, al decir de Montesinos[273], «hacen apariencia de dos personas que se abrazan». La de la izquierda está muy borrada, á causa del desgaste natural del material óseo, pues posiblemente el amuleto era objeto de contínuos frotamientos; en cambio, la de la derecha aparece perfectamente con todos sus detalles: esta figurilla es femenina por el triangulillo correspondiente á su vulva, como en el caso de la inferior de un amuleto de Tinogasta[274].

La figurilla anterior que nos ocupa, de brazos y piernas doblados, unos y otros miembros con tres dedos, presenta un cuerpo geométrico cuadrangular, como en el caso de la representación de la Fig. 30 _bis_; al centro de este cuadrado, y en la parte correspondiente á la mitad del pecho, cuatro triangulillos, ó cuatro emblemas fálicos femeninos, simétricamente distribuidos, forman una interesante Cruz simbólica.

En el andrógino de piedra negra, reproducido en la nota, y á su parte posterior, en el punto mismo en que las figurillas humanas (varón y mujer) juntan sus pies, aparece esculpida, como se vé en el detalle de la derecha, una artística Cruz, á los estremos de cuyos palos superior é inferior se han calado dos morterillos de boca perfectamente circular: en estos morterillos, y sobre esta Cruz, ofreceríanse, sin duda, las ofrendas propiciatorias, siendo el mortero con su mano otro objeto fálico emblemático, que vimos aparecer en el _Huampar_ incaico.[275].

Ahora bien: ¿qué motivos pueden haber decidido al artista indio á grabar cruces en estos huacanquis ó amuletos «para rendir por el amor el libre albedrío»?

Dos, sin duda: el primero, que el amuleto se consagra al acto carnal de la fecundación y de la reproducción de la especie; el segundo, que estos amuletos, por lo mismo que se refieren á la procreación, tienen un origen atmosférico, como la lluvia fecundante y reproductora, pues de la propia manera que los meteoritos son lanzados sobre la tierra por los dioses de la tormenta, estos amuletos son arrojados por el rayo que cae, desprendido con estruendo de las nubes, de modo que también son _illas_, ó preciados talismanes de _Illapa_; pues, al decir de Montesinos, á estos preciados amuletos de maleficio amatorio, ídolos ó huacas de los amores, «fingen los hechiceros que los hallan cuando _el relámpago se despide de la nube con gran trueno, y cae el rayo_, y donde cae los encuentran ...»[276]. El hecho mismo de guardarse al idolillo en una cesta llena de _plumas de colores_ (dato que también consigna Montesinos, como se lee en la nota), prueba su origen atmosférico, pues las plumas recuerdan al pájaro de la tormenta, y sus colores los del iris ó _chuychu_ formado en las nubes.

Sobre los escudos calchaquíes con que se cubren figuras humanas labradas en cobre, pintadas en las tinajas, en las rocas, ó grabadas en los petroglyfos, suelen aparecer signos y figuras simbólicas, animales y geométricas muy curiosos, que aún no han sido estudiados, siendo notables en tal sentido los escudos que portan los reales personajes de la Gruta de Carahuasi (Salta)[277]. Nosotros atribuimos á representaciones _totémicas_ tales figuraciones, siendo ellas, sin duda, emblemas ó insignias de los personajes que portan los escudos, ó de sus familias, de sus tribus y de sus pueblos. Es de advertir que cuando los personajes no llevan escudos, suelen tener pintados sobre su pecho los referidos tótem[278]. Que familias de indios tucumanos han adoptado su distintivo entre los de su raza, convirtiéndolo en apellido común, tomado de nombres de héroes, de animales ó de cosas animadas ó inanimadas,—resulta indiscutible cuando se recorren los padrones que los españoles levantaran en el período de la colonia, censando á la población nativa[279]; y así, indios hay que llevan los siguientes apellidos: Atagualpa (Yumansuma, 1699), Inca (Chicligasta, 1721), Inga (Colalao, 1699), Colla (San Miguel, 1771), Illapa (Chuchagasta, 1699), Vilca (Tolombón, 1699), Pisco (Colalao, 1699), Surita (Marapa, 1721), Chilca (Choromoros, 1771), Patay (Tafí, 1699), Chuncha, Chicha, Choclo, Sapaca, Guasca, Coca (Colalao, 1699), etc., etc.

[Ilustración: Fig. 53.]

[Ilustración: Fig. 56. Col. Quiroga.]

Sobre los escudos de Carahuasi pueden verse reproducidos espirales, meandros, animales y otras figuras simbólicas, una de ellas cruciforme.

[Ilustración: Fig. 58 San José. Col. Max. Schmidt.]

[Ilustración: Fig. 59 Loma Rica. Catamarca.]

En el capítulo anterior hemos tenido ocasión de reproducir, para no abundar en ejemplos, figurillas humanas sobre cuyos pechos se ven pintados símbolos diversos: dos suris, de cuerpo de dobles triángulos en la Fig. 53; un suri y una serpiente, respectivamente, en las figurillas del cuerpo de la urna 56; un suri y meandros de la fecundación ó de la cópula sobre el escudo superior de la derecha en la urna 58; dobles serpientes rayos, formados por quebradas paralelas llenas de puntos, sobre los escudos de las figurillas de la urna 59; dos suris sobre el escudo de la representación de la urna 63, etc. Estas figurillas humanas, reproducidas en el lugar correspondiente al rostro de la imagen antropo-zoomorfa de las urnas, son seguramente representaciones _antropo-atmosféricas_, que llevan como distintivo totémico símbolos que representan á las nubes, al rayo y á la lluvia fecundadora; más bien dicho: son habitantes del pueblo de las nubes, tales como aparecen hombres y mujeres en la lámina de los Sias (Cap. V).

[Ilustración: Fig. 63 Urna de Santa María vista de lado.]

Bien, pues: la Cruz suele también, en casos escepcionales, figurar como insignia sagrada ó tótem en tales representaciones.

La Cruz, no sólo aparece como símbolo del culto, según escribe Schoolcraft[280], sinó que suele ser venerada y tenida como signo distintivo, quizá religioso, en los sepulcros y amuletos, ó como emblema ó _tótem_ de las tribus y familias, apareciendo en este último carácter en la biografía de Wingemund, jefe de los Delawares, cuya artística Cruz totémica reproduce el autor.

Posiblemente igual cosa sucedía en Calchaquí, pues que la Cruz aparece sobre el escudo ó pecho de las figuraciones á que antes nos hemos referido, lo que indudablemente determina el carácter atmosférico ó acuático de las mismas.

La figurilla á la izquierda del cuello de la urna 58, por ejemplo, lleva en sus vestidos distintivamente pintada la Cruz, de negro sobre fondo amarillo.

En la Fig. 73 reproducimos un interesante detalle de un complicado petroglyfo de Andaguala, que tomamos en nuestra penúltima expedición á los valles calchaquíes. La escritura total y profusa de la roca es ideográfica, viéndose esculpidos canales y fuentes de agua, de modo que indiscutiblemente se trata de una piedra sagrada votiva para propiciar á la lluvia, que en los áridos y secos valles alimenta estanques y canales. La Cruz sobre el escudo, en el detalle reproducido del petroglyfo, es el complemento simbólico de la escritura sagrada, expresando claramente un anhelo de lluvia.

[Ilustración: Fig. 73. Escudo con Cruz en un petroglyfo de Andaguala.]

[Ilustración: Fig. 74 1/5 Tamaño natural Cachi.—Colección Zavaleta.]

Ahora reproduzcamos las figuras humanas gemelas con dobles signos cruciformes, que sobre la superficie de un gran disco de cobre de Cachi (Salta), aparecen sobresalir de relieve (Fig. 74). Este disco ha sido descrito por el americanista Ambrosetti, en un trabajo suyo de alguna importancia, titulado «Placas pectorales y Discos de Bronce»[281]. «De los discos de bronce, escribe, es el mejor que conozco: tiene unos 26 centímetros de diámetro. Su interior está ocupado por dos figuras humanas con largos trages que presentan la forma de escudos (lo que luego sostiene), recortados á cada lado en su parte media, y con las aspas superiores muy largas ... Sobre estos escudos (como los de Carahuasi) vemos siempre dibujos que bien pudieron ó ser _totems_ de tribus ó distintivos personales de cada jefe. En el disco que nos ocupa, las cruces parecidas á las maltesas son casi exclusivas en los escudos; en uno de ellos hay dos dispuestas en sentido vertical, y en el otro las mismas dos, diagonalmente, de izquierda á derecha, hallándose interceptadas por un doble zig-zag combinado, que baja en la diagonal contraria. De los personajes que llevan los escudos, no aparece más que parte de las piernas con indicación de los pies, marchando ambos hacia la derecha. Sus caras están trazadas sencillamente. La cabeza adornada con una diadema (como me parece haberlo demostrado en el cap. XIV, figuras 96 y 97) y debajo de estas, dos triangulillos indicarían grandes aros.»

Ambrosetti no aserto á clasificar esta y demás imágenes humanas idolátricas labradas, sobre láminas, discos y planchas de cobre y bronce.

Estos dioses-imagen se dominaban _Caylles_, y eran protectores de las sementeras, como las varitas emplumadas de que hemos tratado en otra ocasión.

Lafone Quevedo, por su parte, insinuó esta clasificación[282].

Fúndase ella en la siguiente, interesante noticia de Lozano[283]: «A otros ídolos que llamaban _Caylle_ (veneraban los Calchaquíes), _cuyas imágenes labradas en láminas de cobre_ traían consigo, y eran las joyas de su mayor aprecio; y así dichas láminas, _como las varitas emplumadas_, las ponían con grandes supersticiones en sus casas, en sus _sementeras_, y sus Pueblos, creyendo firmemente que con estos instrumentos vinculaban á aquellos sitios la felicidad, sobre que decían notables desvaríos, y que era imposible se acercase por allí la piedra, la langosta, la epidemia ni otra alguna cosa que les pudiese dañar.»

Estos _Caylles_ vemos, por la cita de Lozano, que son protectores de las sementeras, pareciendo, en términos generales, poseer las misma virtudes que las Mamazaras y Huazas, de que antes nos ocupamos. Son, por tanto, las láminas, discos y planchas que los contienen labrados, amuletos propiciatorios de la _lluvia_; y de la oración del Padre Molina[284] resulta que _Caylle_, varón ó hembra, es un nombre ó atributo del Viracocha _acuático_, sinónimo de Imaymana, ese gran «hacedero de todas las cosas.» La oración de Molina, dice:

Aticci Viracochan, CAYLLA _Viracochan_[285] tocapu acnupu Viracochan, camac Churac cari cachuy uarmicachun nispa llutac, etc.

Este Caylla Viracochan aparece comprobado en el disco de Lafone Quevedo (Fig. 71 B), cuya figura central es un _Huiracocha_ y un _Caylla_, puesto que es una imagen labrada en una lámina de cobre.

El _Caylle_ ó _Caylla_ es, pues, un dios de la lluvia, protector de las cosechas; y para que no abriguemos duda alguna al respecto, reproduzcamos la placa con Caille de la Figura 75.

[Ilustración: Fig. 75. Cachi (Salta) 1/2 tam. nat.]

En esta interesante lámina vemos al dios-imagen, cuya cabeza sobresale de la placa, con su cuello largo, luciendo un collar de tres vueltas; de sus hombros á la cintura, el cuerpo aparece cortado por dos líneas en forma de X, ó cruz decussata; en el vientre abultado, dos líneas transversales forman distintamente _una Cruz_, con ojos Imaymanas en triángulo entre sus brazos; en el espacio inferior, un arco de óvalo, dividido por una línea, indica el órgano genital femenino del ídolo. Lo más curioso son sus largos brazos doblados, en actitud de adoración, desprendidos de sus hombros, terminados aquellos en manos que portan, cada una, _gajos de árbol_ al parecer, cuyas ramas concluyen en circulillos, que deben ser _frutas_. Se trata quizá de plantas de maíz ó _Zara_, lo que es indiferente á nuestro propósito, pues lo único que nos interesa es dejar establecido que ha querido reproducirse un _vegetal_, para demostrar acabadamente que el dios-imagen es protector de la agricultura, al mismo que se invoca en el acto propiciatorio á la Madre Tierra para que llueva, para que lo sembrado fructifique, para que no caiga piedra, ni sobrevengan heladas; ó como dice el calchaquí:

Amata inapa Suceda angacho: Adyita pococho, Amataj casacho: Kusiya ¡Kusiya!

[Ilustración: Fig. 76. 1/5 tam. nat. Col. Zavaleta.]

Nada más natural, entonces, que estos Caylles, ó dioses propiciatorios de las buenas cosechas, lleven labradas en sus cuerpos las insignias cruciformes atmosféricas, quedando así establecido una vez más que la _Cruz_ es símbolo de _lluvia_.

Observemos, finalmente, que cuando los rostros ó representaciones de Caylles son sencillos y varios, aparecen distribuidos _en Cruz_ sobre el disco, como en el caso de la Fig. 76; lo mismo en el de la Fig. 77, en la que se ven las dos de las caras laterales sustituidas por dos serpientes-rayos. Esto demuestra nuevamente su equivalencia atmosférica; las caras superior é inferior van adornadas con esas espirales del trueno ó del ruido que produce, lo que también es revelador[286].

[Ilustración: Fig. 77. 1/3 tamaño natural Col. Museo Nacional.]

[Ilustración: Fig. 78. Amuleto de las Cruces (Col. Zavaleta).]

Cerremos este capítulo manifestando que en nuestra colección poseemos dos pequeños y curiosos amuletos de piedra, muy semejantes el uno al otro, por lo que solo reproducimos el de la Fig. 78, ambos con la insignia cruciforme doble al centro del talismán.

Estos amuletos, con sus agujerillos respectivos para ser colgados al cuello, tendrían, sin duda alguna, la virtud de hacer llover.

NOTAS:

[254] John Lubbock, _Orígenes de la Civilización_, pág. 178.

[255] G. de Mortillet (_Le Signe de la Croix_, cap. III, pág. 96), tratando del cementerio de Villanova hacía notar que la Cruz, tan abundante en los cilindros de dos cabezas, parece disminuir con la aparición de representaciones de objetos orgánicos (Véanse sus Figs. 44 á 47).

[256] Adán Quiroga, _Cacllas_ y _Caylles_ (1899)—J. Toscano, _La Región Calchaquina_, pág. 74.

[257] Toscano, cit., pág. 73.

[258] Bernabé Cobo, _Historia del Nuevo Mundo_, tom. III, págs. 336 y 339; _Relación_ del Yamqui Pachacuti, págs 155 y 156.

[259] Cobo cit., págs. 334, 335 y 346, tom. III.

[260] Adán Quiroga, _Canopas_ (1899)—Toscano cit., pág. 73.

[261] En el Viejo Continente la Cruz es más frecuente en la época de bronce, disminuyendo en cuanto comienzan á aparecer las figuraciones orgánicas. Hablando Mortillet del cementerio de Villanova, escribe: «Hecho curioso á constatar: la Cruz parece disminuir con la aparición de representaciones de objetos orgánicos. En Villanova, donde se vé ya serpientes, gansos y pequeños _bonshommes_, ella parece menos frecuente que en la época de bronce, en la que no existe la menor representación orgánica, aún vegetal. En la necrópolis de Marzabotto los dibujos etruscos y los ídolos la han reemplazado casi completamente» (_Le Signe de la Croix_, cap. II, págs. 96 y 97).

[262] Es curioso que los marineros ingleses acostumbran llamar el viento, silvando, cuando reina la calma en el mar.

[263] _Hist. de la Provincia del Paraguay_, lib. III, cap. XXII, tom. II, pág. 398.

[264] Entre los indios moki la Cruz maltesa ✚ es el emblema de una virgen, y significa la virginidad (_Annual Report_, etc., 1888-89, _Picture writing of the American Indian_, y Garrick Mallery, The Cross, cap. XX, pág. 729).

[265] Véanse _El Símbolo de la Serpiente en la Alfarería funeraria_, de J. B. Ambrosetti, y _The Serpent Symbol in America_, de E. G. Squier, etc.

[266] Wiener, _Pérou et Bolivie_, págs. 702 y 703.

[Ilustración: Dios-Sol de Wiener]

En el Dios-Sol, llamado así por este autor, que reproducimos, vénse los monstruos dragones ó Huayrapucas del disco de Lafone Quevedo, rodeando la cara circular de Aticci. Estos monstruos son cuatro, y claro es que representan los cuatro vientos.

[267] Fernández y Holguín, _Dicc._, verb. _hapiyñuños_—Véanse Adán Quiroga, _Supay, Mikilo y los Hapiyñuños_ (Revista de Der. Hist. y Letras), tom. I, págs. 122 y sigtes., Buenos Aires, 1898; _Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas_, pág 232 y sigtes. (M. J. de la E., Madrid 1879).

[268] Entre los Dakotas la Cruz griega representa los cuatro vientos que provienen de las cuatro cavernas, en las que el alma de los hombres existía antes de su encarnación en el cuerpo humano (_Annual Report_, Op. cit., _The Cross_, pág. 724).

La Cruz _latina_, era y es usada por los mismos Dakotas en la pintura, y significa, tanto en pictografía como en la figuración de los signos del movimiento, el _mosquito-hawk_ (halcón de los mosquitos), llamado generalmente _dragon fly_ (alguacil)—Op. y lug. cit., pág. 725.

Estos alguaciles vimos figurados en la Plancha XXXV del capítulo V, nota; y efectivamente que una Cruz latina figura su largo cuerpo, del cual salen para arriba y para abajo sus aletas. No olvidemos la relación entre los alguaciles y el agua.

[269] _La Región Calchaquina_, cap. VII. pág. 73 (Buenos Aires, 1898).

[270] _Chacatasca_, crucificado. Esta palabra encierra una raíz _chaca_.

[271] Véase Adán Quiroga, _Mamazaras y Huazas_ (1900).

[272] Montesinos, _Memorias Antiguas Historiales del Perú_, pág. 211 (Publicadas por el Dr. V. F. López en la «Rev. de Buenos Aires», tom. XXII)—Véase nuestro artículo _El Tincunacu_ («La Provincia», Tucumán, Setiembre de 1898).

[273] Op. y lug. cits.

[274] El amuleto es el siguiente:

[Ilustration: Andrógino de Tinogasta.]

[275] Adán Quiroga, _El culto fetiquista de Mortero_ (1897)—Lafone Quevedo, _Culto de Tonapa_, pág. 15.

[276] Montesinos cit., quien agrega: «Nombran á estos ídolos _Huacanqui ó Cayam Carumi_; véndence en mucho precio, y el uso de ellos dura hasta hoy entre las mujeres; intrúyenlas el enemigo común en que ayunen las lunas nuevas, que se abstengan de conversación con varón por tres días y así serán amadas. Ponen al ídolo en una canastilla adornada de plumas de varios colores, y algunas yerbas olorosas, échanle harina de maíz que renueva todos los meses, y con la que quitan supersticiosamente se limpian el rostro haciendo varias ceremonias.»

Ambrosetti (_Notas de Arqueolog. Calchaquí_, IV, págs. 33 á 37), ha escrito párrafos interesantes sobre estos Huacanquis.

[277] Véase Ambrosetti, _Las grutas Pintadas y los Petroglyfos de la Provincia de Salta_ (Bolet. del Inst. Geográf. Arg.—Buenos Aires).

[278] Sobre clasificación de totemismo y fetichismo, véase el interesante capítulo de John Lubbock (_Orígenes de la Civilización_) pág. 178 (Madrid, 1888).

[279] _Empadronamientos_, Legajo 14 (Archivo de Tucumán).

[280] Schoolcraft, _Indian Tribes_, lib. II, cap. III, pág. 91.

[281] _Notas de Arqueología Calchaquí_, § VII, págs. 136 á 138.