La cruz en América (Arqueología Argentina)

Part 12

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[231] Rialle (_Myth. Comparée_, cap. VI, pág. 98), escribiendo sobre el fetiquismo en la naturaleza animada, manifiesta que «los Shawnis decían que el _roulement_ del rayo no es otra cosa que _le sifflement_ de la gran serpiente», por lo cual hay lugar á creer, según él, que el sol era representado bajo la forma de una serpiente enroscada sobre sí misma.

[232] _Myths of the New World_, cap. IV, pág. 125.

[233] Véanse sobre estos temas á Brinton cit., cap. IV, págs. 120 y sigtes, y á Rialle, _Mith. Comp_. que le sigue, cap. VI, págs. 75 y sigtes.

[234] Los interesantísimos datos de _Folk-lore_ que el Señor Daniel Granada consigna sobre el Avestruz en el Río de la Plata, y especialmente sobre el _Avestruz de fuego_, confirman doblemente nuestras creencias al respecto (_Reseña Histórico Descriptiva de Antiguas_ y _Modernas Supersticiones del Río de le Plata_, págs. 122, 167 y 133-1896).

[235] _Juríes_, quiere decir _xuríes_ ó _suris_, avestruces. Fernández de Oviedo y Valdés dá esta interpretación (_Historia de Indias_, lib. XLVII, cap. III), cuando escribe: «Son tan ligeros, que los indios comarcanos los llaman por propio nombre _juríes_, que quiere decir avestruces.»—Véase Lafone Quevedo, _Tesoro de Catamarqueñismos_, verb. _Juríes_.

[236] _Londres y Catamarca_, cap. XXIX, pág. 257.

[237] _Londres y Catamarca_, cap. XXVIII, págs. 249 á 251.

[238] _Memorias_, cap. XIV (Ed. Madrid, 1882),—_Chi_, es «cosa parada»; _qui_, partícula que significa ambigüedad; luego _chiqui_, dice: cosa _doble_, llena de _falsía_ (Véase Adán Quiroga, _Folk-lore Calchaquí_, Bolet. del Inst. Geográf. Argentino, tom. XVIII. págs. 5 á 12).

[239] Fragmento del canto al Chiqui, tal como hoy se repite, mezcla de castellano y quichua.

[240] Cábenos la satisfacción de manifestar que, consultada á Lafone Quevedo esta interpretación nuestra, después que fijamos el valor simbólico del Ave-Suri, este distinguido americanista adhiere á ella.

[241] Briton, op. cit., cap. V, pág. 152.

[242] _Hist. de los Jesuitas del Paraguay_, etc.

[243] _Hist. del Tuc._ etc., pág. 33.

[244] _Hist. de la Prov. del Paraguay_, tom. II, cap. XXIII, pág. 397.

[245] En numerosos petroglyfos aparecen grabadas patas de suri, cuya significación hasta hoy no se ha explicado (Véase cap. VIII).

Después de lo escrito, es claro que las rocas que tales grabados contienen, son dedicadas al culto á la Lluvia, invocándose á las Nubes de la Tormenta.

[246] Un ejemplo interesantísimo es el de los 4 Bacabs, antes citados, 4 dioses mayores, representados por los 4 Canobos, ó _vasijas de arriba_, llamadas columnas del Cielo (Brasseur de Bourbourg, cit. por Lafone Quevedo en su _Culto de Tonapa_, XVII, pág. 56).

[247] Op. cit., cap. V, pág. 152.

[248] _Comentarios Reales_, lib. II, cap. XXVIII.

[249] Según Lucien Biart (_Les Aztéques_, pág. 70) «Tláloc creó muchos pequeños ministros, encargados de ejecutar sus órdenes. Munidos de un ánfora y armados de un bastón, estos pigmeos portaban el agua donde el dios lo mandaba, y la derramaban en lluvia. El trueno se hacía oir cuando uno de ellos quebraba el ánfora, y el rayo que hería á los hombres no era sinó un fragmento del vaso roto.» La leyenda azteca concuerda en parte con la peruana.

[250] Brinton, cap. V, págs. 186 y 187 y Rialle, cap. VI, pág. 259. He aquí las respectivas traducciones:

DE BRINTON DE RIALLE

Beauteous princess, Belle princesse, Lo, thy brother Ton frére Breaks thy vessel Brise ton urne Now in fragments. En morceaux. From the blow come De ce coup Thunder, lightning, Provient le tonnerre Strokes of lightning. Et les éclairs; And thou, princess, Et toi, princesse, Tak’st the water, Versant tes eaux, With it rainest, Tu fais pleuvoir. And the hail, or Tu fais tomber Snow dispensest, La gréle et la neige. Viracocha, Le créateur du monde World constructor, Le vivificateur du monde, World enliv’ner, Viracocha, To this office T’a donné la vie. Thee appointed, Thee created.

[251] Compárense estas cruces con las peruanas de la Fig. 9, cap. III.

[252] _Pata_, andén agrícola (Véase la lámina del Yamqui Pachacuti).

[253] Otro ejemplar precioso con cruces, que sintetizan en estos emblemas los demás símbolos de la alfarería funeraria, es la urna de San Fernando (Belén), que encontramos en nuestra reciente expedición arqueológica, y que ofrecemos.

[Ilustración: Urna de San Fernando (Catamarca).]

Tan bella como típica alfarería, de 0.34 m. de alto, lleva dos artísticas cruces en su sección ventral, semejantes á la del huaquero cruciforme de Jiménez de la Espada, ofrecido en el cap. III.

Estas cruces, de color encarnado sobre fondo rojo oscuro, no están grabadas ni pintadas en la urna, sinó que se destacan en relieve, lo que contribuye á hacer más artístico el conjunto cruciforme. Las dos bellas cruces, cada una con su Toco al centro, están ligadas por un detalle lateral común, y miden 0.12 m. de alto.

CAPÍTULO VII

LA CRUZ EN LOS ÍDOLOS

EN LOS FETICHES Y AMULETOS

_El símbolo cruciforme en los Ídolos—No lo llevan los Fetiches—Tampoco los Cacllas, Guauques, Pururaucas y demás dioses personales—La Cruz en las figuraciones acuáticas—Idolo-tinaja de Amaycha—Vaso antropomorfo del Trueno—Por qué sus cruces son griegas—Vasija antropomorfa de Ambato—Disco de Lafone Quevedo—Mamazara monolítica de Tafí—Cruces cristianas protectoras—Pirhuas de Colpes con Cruz—Huacanquis con Cruz—Signos totémicos—Figuraciones antropo-atmosféricas—Una cita de Schoolcraft: la Cruz de Wingemund—Símbolos totémicos atmosféricos—El tótem de la Cruz sobre los escudos calchaquíes—Cruces y emblemas cruciformes en los Caylles—Caylla Huiracocha—Amuletos con Cruz._

Después de haber presentado en el capítulo anterior numerosos ejemplares de urnas y vasos votivos con el símbolo cruciforme, el lector, recorriendo las páginas del presente, notará el contraste producido por la escasez relativa del material iconográfico al tratarse de los ídolos con cruces. La falta de láminas de fetiches é imágenes antropomorfas con el símbolo que estudiamos, no es una omisión nuestra, sino del artista calchaquí, el que, con manifiesta intención, ha eliminado la Cruz en todas las figuraciones é imágenes que no tengan por objeto el culto del agua ó de alguno de los fenómenos atmosféricos; prueba negativa, trascendental por cierto, del valor mitológico de la Cruz como símbolo acuático.

Hemos recorrido minuciosamente el rico material de las colecciones particulares y de nuestros Museos, en busca de figuras con el símbolo, y hemos llegado á la conclusión de que éste no aparece grabado ó pintado en los fetiches, tan abundantes en Calchaquí, que su era fetiquista ha dejado con ellos recuerdos imperecederos. Este hecho nos demuestra que el signo que nos ocupa no parece sinó una concepción sugerida en pleno dominio del politeismo, cuando se impuso la heliolatría sobre el culto de las cosas inanimadas, y cuando los grandes y variados fenómenos de la atmósfera fueron dotados de espíritu y de voluntad supremos, después que los hombres de esa segunda generación en el progreso de la civilización humana, de que habla Lubbock[254], alzaran las manos al cielo é invocaran y clamaran al Sol[255].

No podemos decir otro tanto de la era en que ya hizo su aparición el antropomorfismo, manifestación politeista de las razas; porque si bien es verdad que tampoco los dioses antropomorfos generalmente ostentan la insignia de la Cruz, ella parece, sin embargo, como una combinación emblemática en las figuraciones humanas de las divinidades acuáticas ó atmosféricas, con una repetición demasiado insinuante para atraer sobre las mismas la investigación arqueológica.

Dado el papel que los dioses lares y penates nativos desempeñaban en el culto de los hogares calchaquíes, natural parece que no se presentaran adornados con la insignia cruciforme, toda vez que ellos se limitaban á ser guardianes de cada individualidad, amparándoles contra cualquier daño que pudiera sobrevenirle, por lo que cada cual labraba á su modo la imagen de su dios, atribuyéndole á su antojo determinada virtud. En vano, entonces, han de buscarse cruces en los rostros del _Caclla_ ó «dios-mejilla»[256]; ni en la cara ó pechos del _Guasimáyoc_ ó «dueño de casa»[257]; del _Guauque_ ó «ídolo de cada persona, que le representa»[258]; del _Pururauca_ ó «dios de todo género y especie»[259]; ó, finalmente, del _Canopa_ ó «dios del individuo»[260]; pues propiamente hablando, todos estos ídolos personales, de cualquier clase que fuesen, no simbolizaban una súplica, sinó que constituían un amuleto.

Otra cosa sucede cuando tales representaciones, figuraciones ó ídolos aparecen perfectamente vinculados con el culto al agua, ó, dejando de figurar como guardianes de la persona, son objeto de una súplica, ó sirven de intermediarios de una demanda de lluvia, como sucede, por ejemplo, con los _Caylles_, ó dioses imágenes de las siembras, y, con mayor razón con las vasijas ó vasos antropomorfos, ídolos ú objetos sagrados de formas apropiadas para contener y guardar el líquido que aplaca la sed de la familia y de la tribu. En tales casos, cruces adornarán á estas imágenes ó cosas del culto; y nada de extraordinario habría en su empleo por parte del artista, iniciado, como se presentaría á nuestros ojos, en el secreto de la simbología, la que, ahorrándole tiempo, daríale ocasión de ofrecer con toda su intención el objeto sagrado, de tales ó cuales virtudes, á la adoración del creyente; porque seguramente un símbolo herirá más su imaginación y despertará mayormente su atención que su figuración aparente y real, por las confusiones que puede traer, ó por las interpretaciones dudosas á que puede prestarse.

Pero antes de pasar adelante,—y en este punto tiene forzosamente que ser deficiente el capítulo,—conviene observar que nuestras afirmaciones respecto á la ausencia de la Cruz en los fetiches é ídolos personales, no pueden tener el carácter de absolutas; porque si bien es verdad que hasta hoy no se han encontrado figuraciones idolátricas de tales especies con los signos cruciformes, pueden muy bien aparecer mañana; pero en tal caso nos permitiríamos recomendar que se aplicasen las facultades de observación arqueológica al objeto hallado con su símbolo, á fin de establecer qué relaciones directas ó indirectas puede tener la cosa figurada con el agua ó con el fenómeno de la lluvia. En este sentido, no nos extrañaría, por ejemplo, que se nos presentaran representaciones animales de patos ó de nutrias (que poseemos en nuestra colección) con el símbolo de la Cruz, por la razón sencilla de que aquellos viven en los ríos y en las lagunas, y éstas tienen sus habitaciones en los esteros ó terrenos húmedos de las vertientes, ó contiguas al agua. El caso excepcional del surifetiche es una prueba de ello; lo mismo que el del sapofetiche, del que nos ocuparemos en el capítulo subsiguiente, por los motivos dados respecto al primero, y por ser el agua el medio en que vive el batracio, lo que se advierte desde el primer momento, sin necesidad de hacer ningún esfuerzo de imaginación[261].

[Ilustración: Fig. 68. Idolo-tinaja (Col. Quiroga).]

Los ejemplares de figuraciones antropomorfas que aparecen llevando la Cruz, son indiscutiblemente acuáticos; es decir: que ellos son objeto de un voto para que llueva; y, más propiamente que ídolos, deben denominarse vasijas votivas antropomorfas, toda vez que al labrarles, el indio se propuso, más que nada, ofrecernos un vaso ó una urna para contener agua, sobre los cuales, es verdad, las figuraciones idolátricas constituyen sus distintivos salientes.

La Fig. 68, ó el Idolo-Tinaja de Amaycha, es el más notable de los ejemplares que puede citarse; y, aunque un rostro humano con sus facciones se destaca á la izquierda, saliendo de un cuerpo provisto de brazos en relieve, el objeto, considerado en conjunto, no es propiamente un ídolo, sino una urna sagrada antropomorfa, del mismo estilo de las tinajas funerarias reproducidas en el capítulo anterior, y cuyo empleo en el culto acuático de Calchaquí nos es perfectamente conocido.

La interesantísima figura idolátrica de la izquierda, de rostro pintado con cuadros rojos alternados, en cuyas orejas aparecen figurados artísticos moños hechos con las trenzas anudadas del cabello (el moño esterior roto), lleva, en los lugares correspondientes á sus mamas, dos cruces perfectas sobre campos artísticos amarillos. Sus manos portan una flauta, con agujerillos para producir el sonido, por lo cual la figura nos hace recordar la Doncella de la Flauta (_Flute maiden_) de Estados Unidos. Las pinturas de rojo obscuro sobre el fondo amarillo de la urna, son muy interesantes. Las del cuello del vaso consisten en líneas quebradas paralelas: estas líneas quebradas, llenas de puntos, son figuraciones simbólicas del rayo-serpiente, correspondiendo á gotas de agua los puntos que las adornan. En los campos ventrales de la urna aparece el adorno saliente de la guarda en espiral, arbolada á ambos costados laterales. Esta espiral, como ya lo hemos dicho, es para nosotros la figuración simbólica del trueno que ruge.

Claramente podemos, entonces, difinir las relaciones íntimas de la figura antropomorfa con el fenómeno de la lluvia, á la cual llamaría aquella tocando su flauta, produciéndose el trueno, figurado en las espirales, por la simpatía con el sonido del instrumento musical[262].

[Ilustración: Fig. 69. Idolo de Santa María. 1/2 tamaño natural. (Colección Quiroga).]

Es de advertir, para corroborar este último aserto, que poseemos en nuestra colección un interesante ídolo de barro antropo-zoomorfo, últimamente adquirido en Tinogasta, el que en aquel lugar es tenido por «Dios de la Lluvia», el mismo que lleva abierto un agujerillo al centro de su región craneal, soplando el cual (el ídolo es hueco) se producen notas graves y agudas, con las que se llama al Trueno, fenómeno meteorológico que, según el P. Techo[263], era, con el relámpago, adorado por los calchaquíes como «divinidad menor.»

Más directamente relacionado con este orden de ideas está el ídolo de la Fig. 69, con anchas cruces negras al fondo de sus artísticos campos, en los lugares correspondientes á las mamas.

La fisonomía de este ídolo es funeraria. De sus ojos redondos y salientes caen tres gruesas líneas negras,—sus lágrimas,—las que, por otro fenómeno de simpatía, tenían por objeto, sin duda, hacer llorar á las nubes, á las cuales se presentaría la figura lacrimosa, haciéndoles _muna-muna_, para emplear una gráfica expresión nativa, como si se les dijera:—«mirad como ésta siempre llora, y vosotras no podéis llorar como ella.»

El objeto es todo hueco, y de la parte ventral del mismo sale el cuello del vaso, cuyos bordes son asidos por las manos en relieve de la figura. No se trata nuevamente de un ídolo, propiamente hablando, sinó de un vaso votivo acuático, de formas antropomorfas. Tanto la gargantilla de su cuello, como la orla que contornea sus brazos en la parte inferior, aparecen llenas de puntos, ó gotas de agua.

Fijando bien la atención sobre esta vasija antropomorfa, veremos que ella no es otra cosa que una nueva y curiosa reproducción de ese vaso que sugetan las manos de la figura antropo-zoomorfa de las urnas funerarias, tanto por sus formas, por salir de la parte ventral del objeto, como por ser portado en las mismas condiciones. Se trata, entonces, de una figuración antropomorfa del Trueno, ó más bien dicho: de una reproducción antropomorfa del _Vaso del Trueno_.

Las cruces, en el presente, pintadas sobre las mamas del vaso votivo, no pueden causarnos extrañeza alguna: al contrario, ellas expresan gráficamente la intención del artista: de referir el vaso al culto de la Lluvia.

Otro ejemplar interesante es el del pequeño vaso de Ambato, de barro negro, perfectamente cocido, que dá formas á una singular figurilla humana, cuyos miembros principales aparecen en relieve, y de cuya nariz repártese simétricamente el cuerpo de una serpiente grabada que se desarrolla en las mejillas del ídolo (Fig. 70). El ofidio en su rostro, está indicando á las claras que se trata de una figuración de carácter atmosférico, quizá la misma de la alfarería funeraria, mucho más cuando ella hace de la vasija un vaso antropomorfo para contener líquidos. Un detalle interesante es el de las manos abiertas, que parece llevar á la boca, desmesuradamente abierta, indicando que la figura humana sufre de sed, demandando agua al cielo, lo que se vé más claramente en dos ejemplares de urnas de nuestra colección, en las cuales sus manijas son un par de figurillas humanas, que se destacan en relieve, las que, mirando al cielo, llevan las manos al labio inferior, abriendo las bocas sedientas.

[Ilustración: Fig. 70. Vaso antropomorfo de Ambato (Catamarca). (Col. Quiroga).]

[Ilustración: Fig. 70 _bis_. Grabado en la parte posterior del vaso.]

A la parte posterior del vaso aparece grabado un curioso figurón triforme y zoomorfo, constituido por un grupo único de dos Huayrapucas de dobles cabezas y un sapo central bicéfalo. Las Huayrapucas son figuraciones alusivas á la tormenta, y el sapo simboliza agua fecundadora, por los ojos Imaymanas dobles de sus cabezas cuadrangulares (Fig. 70 _bis_).

Pues bien: una Cruz artística aparece distintamente grabada sobre el dorso del batracio, cruz que nos hace recordar á la bellísima maltesa[264] peruana, reproducida por Jiménez de la Espada, y de la que dimos noticia en el capítulo III.

En el presente, se ofrece un caso de símbolo cruciforme manifiestamente intencionado, si se tiene en consideración cuanto hemos dejado apuntado.

[Ilustración: Fig. 30 _bis_.]

La Cruz, al centro del figurón triforme, sobre la superficie de un vaso votivo acuático, es la gráfica expresión de que _lluvia_ se demanda, ó de que el fenómeno atmosférico se ha producido ó está para producirse.

No hay,—para citar un último ejemplar de vaso ó tinaja con el signo cruciforme, para qué insistir sobre la trascendental importancia del símbolo formado por cuatro cabezas de serpientes, en el caso de la ya citada Lam. 30 _bis_, ó sea dentro del cuerpo cuadrangular de la figura antropo-zoomorfa del grupo atmosférico de Capayán, Cruz ofídica que reproducimos en detalle (Fig. 71 A.)

[Ilustración: Fig. 71 A. Cruz simbólica de las serpientes (Capayán).]

En ningún ejemplar como en este del grupo, el signo cruciforme puede tener un valor más visiblemente típico de lluvia, si se considera el dato notable de que cuatro serpientes dan lugar á la formación del mismo; y sabido es que la idea de agua es inseparable de la figuración ofídica, cualquiera que sea su forma, y cualquiera que sea la ocasión en que tal figuración aparezca en la cerámica[265].

[Ilustración: Fig. 71 B. Disco de cobre de Lafone Quevedo (Catamarca).]

La aparición de dobles cruces maltesas en las cabezas de los monstruos dragones del famoso disco de Lafone Quevedo, que reproducimos en la Fig. 71 B, se querrá tal vez citar como una escepción culminante á la regla de la carencia del símbolo en los dioses personales; pero no es así, porque el disco no puede clasificarse entre los lares y penates. El grupo trinitario figurado con tanto arte en el mismo, no es otra cosa que un nuevo é interesantísimo ejemplar antropo-zoomorfo atmosférico constituido por la figura humana central, con su sol en la cabeza, el copón ó vaso del trueno en su pecho, y por los dos monstruos dragones ofídicos, de patas estrelladas, con los círculos fecundantes sobre sus cuerpos, ó sean dos Huayrapucas ó figuraciones zoomorfas del viento que trae la tormenta. Esta trinidad calchaquí es, pues, nada más que la representación acuática por excelencia de ese Aticci Viracocha del bajo relieve de Pashash y del dintel de la puerta monolítica de Tiahuanaco[266]. Nada más lógico, entonces, que las dobles cruces en las cabezas de las Huayrapucas, que traen las nubes y producen el fenómeno de las lluvias tormentosas ó de la tempestad; y son, cabalmente, los símbolos los que concluyen por caracterizar de una manera gráfica el valor mítico de la simbólica figuración atmosférica que nos ocupa.

Antes de pasar adelante, conviene resolver la cuestión de por qué los ídolos llevan figuradas las cruces en sus pechos ó mamas, y por qué tales cruces son griegas, ó de brazos de iguales dimensiones; pues debemos recordar, á propósito de estos problemas arqueológicos, que los suris con cruces en las urnas funerarias y las cruces en los ídolos antes reproducidos, aparecen respectivamente en los lugares correspondientes á las mamas de las figuras antropozoomorfas y demás representaciones humanas; lo mismo que debemos dejar sentada la antes insinuada observación de que los palos de las cruces son invariablemente del mismo largo en tales figuraciones, es decir: que los signos son griegos, y no latinos como el de nuestra Cruz cristiana.

Las imágenes idolátricas, generalmente del género epiceno (_cay huarmi cachun, cay cari cachun_), llevan la Cruz en los lugares correspondientes á las mamas, en el sentido figurado de que ellas derraman el agua ó el líquido vital que alimenta todas las cosas, pues las mamas contienen la leche que nutre en la especie de los mamíferos á las creaturas recién nacidas, humanas ó animales. La Cruz sobre las mamas, expresa claramente la idea de que ellas son el continente del elemento fecundante por excelencia. La diosa atmosférica de California lleva el agua en sus pechos fecundos. Lo propio acontece con nuestras divinidades de la tormenta, portando el símbolo acuático en los lugares correspondientes á ambos pechos, sin necesidad de figurarlos, como en algunos ejemplares de _zemes_ calchaquíes, que hemos atribuido, sin afirmarlo definitivamente, á representaciones de _hapi-nuños_ (_hapiy-nuños_), «fantasmas ó duendes que solían aparecer con _dos tetas largas_, que podían asir de ellas», al decir de Fernández y Holguín[267].

Que los cuatro palos de la Cruz sean de iguales dimensiones, ya se les considere alusiones á los cuatro rumbos ó á los cuatro vientos, también es perfectamente explicable, porque no hay rumbos ó vientos mayores ó menores, cortos ó largos, toda vez que el indio, en donde quiera que estuviese ubicado, creería encontrarse en el punto céntrico ó de origen de un horizonte circular que limitaba la tierra, correspondiendo á los cuatro vientos ó los cuatro rumbos los cuatro radios de ese círculo, ó líneas de iguales dimensiones, que se cortaban perpendicularmente entre sí, formando el signo de la Cruz, cuya intersección representa exactamente al citado punto de ubicación ú origen. Un ejemplo notable nos ofrece el nombre de la capital del imperio incaico, ó del _Cuzco_, que significa _ombligo_; es decir: parte céntrica del cuerpo terrestre ó punto de origen de los cuatro _suyos_[268].

El gran monolito esculpido de Tafí, que reprodujimos en el capítulo III, habrá observado el lector que presenta cuatro interesantes grabados cruciformes, con un círculo sencillo ó puntuado al centro de cada uno de ellos, alternando con otros como _spectacles_, ó Imaymanas unidos entre sí por una línea. Estas esculturas cruciformes sobre el fálico menhir,—resto grandioso que prueba la obstinación fetiquista de estas razas por un viejo culto litolátrico,—tienen la más sencilla explicación.

El monolito ó menhir esculpido en cuestión, es un gran fetiche, _huaca_ ó _villca_, protector de los andenes ó pequeñas extensiones labrados, cuya tierra está sostenida por alineamientos de pequeñas piedras paradas, menhir que se levanta en medio de tales andenes. Este monolito, como cualquier otro de su género, llámase _Mama-Zara_, _Maíz-madre_ ó _Madre del Maíz_, nombres con los que es conocido hasta hoy en Cafayate y otros pueblos de los valles.