La cruz en América (Arqueología Argentina)

Part 10

Chapter 103,952 wordsPublic domain

Estas cántaras, cuando se encuentran llenas de chicha, de maíz y de algarroba, y á veces conteniendo carbón, que debe representar al fuego sagrado del hogar, que el indio no dejaría apagarse,—no son, pues, propiamente hablando, urnas cinerarias, sinó vasos votivos ó vasos ceremoniales, mediante los cuales se conjuraría la seca ó se propiciaría á los dioses benéficos de Calchaquí, para que hicieran llover sobre la tierra sedienta; de modo que la _allpatauca_[229], con sus formas como mamas, sería una especie de _apacheta_ propiciatoria de tierra, dentro de la cual los vasos se guardarían para continuar implorando por medio de ellos en estos nativos altares.

Cántaras vacías, como dijimos, demandando ser llenadas de agua, levántanse encima de las cabezas por las personas que celebran la fiesta del Chiqui, la divinidad adversa y funesta que acarrea la seca con todo su cortejo de calamidades. Mientras estas cántaras son alzadas en alto, entónanse los cantos báquicos y propiciatorios, dándose vueltas en torno del árbol sagrado. Parte de la concurrencia, que no tiene tinajas, alza hacia arriba, bajándolas y subiéndolas, como si saltasen, las cabezas de los animales sacrificados, que generalmente son _talcas_ ó _huillas_, huanacos ó llamas, porque á la divinidad funesta, que concluye con las especies de la tierra, es necesario anticiparle sacrificios sangrientos para que se aplaque, y permita á las divinidades del aire, del rayo, del trueno y de la tormenta que satisfagan, por el fenómeno meteorológico de la lluvia, los anhelos de las tribus, que sufren de sed cuando el sol está quemando.

Estas fiestas se han celebrado hasta hace poco en Machigasta, Pituil y Aminga (Rioja).

Ofrecemos á continuación cuatro de estas urnas funerarias, cántaras ceremoniales ó votivas (Figuras. 31 á 34).

[Ilustración: Fig. 31. De San José Col. Max. Schmidt.]

[Ilustración: Fig. 32. (Quilmes)]

Estas urnas están totalmente llenas de pinturas simbólicas, tanto en la parte reproducida de frente como en la posterior. Como salta á primera vista, la representación dominante en los ejemplares es una gran cara pintada al cuello de la urna, de fisonomía al parecer humana, lo que es corroborado por los brazos arqueados que figuran en la parte ventral, en las extremidades superiores de cuyos brazos aparecen manos de cuatro dedos, como se vé en las figuras 32 y 33. Estas manos suelen ser portadoras, en la generalidad de los casos, de un _Vaso_, como en la figura 31; no apareciendo en otras ocasiones ni brazos ni manos pintados, como en la 34, profusamente adornada de líneas simbólicas.

[Ilustración: Fig. 33. Quilmes—Museo Nacional.]

[Ilustration: Fig. 34. San José—Col. Max. Schmidt.]

Las figuras 35 y 36 son _pucos_, ó tapas de las urnas, el primero figurado de pie y de lado, siendo el segundo una reproducción diagramática del interior de otro del mismo género, con sus curiosas pinturas simbólicas.

[Ilustración: Fig 35. Puco de Pucarilla—Oeste de Molinos.]

[Ilustración: Fig. 36. Interior de un puco Cafayate—Salta.]

Volviendo á la figura antropomorfa de estas cuatro urnas funerarias, diremos que el cuello de cada una ha sido aprovechado para reproducir la cara, con sus extraños rasgos fisonómicos que le dan un aspecto típico, como de halcón ó de lechuza. Las cejas son grandes arcos de círculo, que se unen á uno de sus estremos para formar la nariz, generalmente desmesurada, como se vé en las Figs. 32 y 33, y á manera de largo pico de ave, como en la Fig. 34. Debajo de la nariz está la boca dentada (Figs. 31, 32 y 34), de grandes proporciones, formada por una figura rectangular ó una gruesa línea horizontal; á veces la boca queda suprimida, como en la Fig. 33. Estas caras siempre carecen de orejas. Los ojos, generalmente al sesgo, debajo de los arcos de las cejas, se presentan muy curiosos, y no suelen ser otra cosa que cabezas de serpientes (Fig. 31), cabezas de _suri_ ó avestruz, con Imaymanas dobles (Fig. 34), ó Imaymanas estrellados (Figs. 32 y 33), notándose siempre la intención del artista en tal sentido, tanto que, á veces, como lo veremos en figuras posteriores, suris y serpientes enroscadas están pintados en el rostro, con sus cabezas respectivas correspondiendo á los ojos en la cara que nos ocupa. Las mejillas de esta cara, como en los cuatro casos propuestos, están cubiertas de símbolos ó de figuras simbólicas.

[Ilustración: Fig. 37. Urna de Fuerte Quemado (Colección Quiroga).]

[Ilustración: Fig. 38. Dibujo central anterior de una urna de Sta. María.—Museo Nacional.]

La parte ventral de las tinajas ha sido aprovechada para dar á la vez formas al vientre de la extraña figura de las mismas; y es en esta sección en la que aparecen los arcos de los brazos con las manos abiertas, levantadas hacia arriba, las que suelen portar un vaso, ó en su lugar un par de cabezas triangulares de serpientes, con sus ojos respectivos, como se verá en representaciones posteriores, hecho éste digno de llamar la atención. En los campos que dejan ambos brazos arqueados es muy común ver reproducido un _Suri_ en cada uno de ellos, con las alas abiertas y desplegadas, las canillas quebradas y dobladas, en actitud de correr, y con la cabeza, con su pico abierto, en dirección á las manos levantadas, como puede verse en las Figs. 31, 32 y 33. Excepcionalmente, como en la Fig. 34, suelen aparecer _suris_ en las mejillas de la cara de la figura antropomorfa. En la Fig. 37 presentase otro caso, viéndose en su parte ventral, de la propia manera que en el fragmento de urna de la Fig. 38, las dos cabezas triangulares con ojos, de los que salen espirales rectas, en el lugar en que las manos, esta vez no pintadas, suelen portar el vaso, reproducido en la Fig. 31. Como este vaso portado es tan interesante, conviene ofrecer tres láminas (Figs. 39, 40 y 41), en las que se distingue perfectamente, correspondiendo la última á una teja encontrada en Amaycha, interesante por verse la vasija de regulares proporciones, perfectamente destacada en relieve.

[Ilustración: Fig. 39. Urna tipo Tolombón. Salta. Col. Inst. Geog. Arg.]

[Ilustración: Fig. 40, 1/5 tam. nat. Colomé (Molinos). Col. Instituto Geog. Argentino.]

[Ilustración: Fig. 41. (Colec. Quiroga).]

[Ilustración: Fig. 42. Urna de Amaicha. Col. Quiroga. Dibujos rojos y negros.]

[Ilustración: Fig. 43. Urna funeraria de Fuerte Quemado (Col. Quiroga).]

Anteriormente dijimos que los ojos del rostro del cuello de la cántara eran cabezas de suris y de serpientes: las Figs. 42 y 43 demuestran claramente la verdad de tal afirmación. En la Fig. 42, el rostro está encuadrado por una gruesa serpiente llena de pequeños puntos ó gotas de agua, la que, á la mitad de su cuerpo y en su parte inferior, dá lugar á la formación de tres lados del rectángulo de la boca de dicho rostro; dentro de esta serpiente vése otra, cuyas extremidades terminan en cabezas dobles triangulares: estas cabezas dobles corresponden á los ojos del rostro. En la Fig. 43 el ejemplo es aún más patente: unos suris, cuyas cabezas, cuellos y patas se distinguen perfectamente, combínanse con serpientes enroscadas, formando _dobles_,—prueba evidente de esa facilidad con que el suri se transforma en otro animal: las cabezas de estos suris-serpientes son los ojos del rostro, siempre formado por las cejas arqueadas. Estos detalles deben tenerse bien presentes.

[Ilustración: Fig. 44.]

Respecto á estos suris-serpientes, en el puco de las Huayrapucas de Santa María, que reprodujimos en una monografía sobre la Diosa del Aire, tuvimos ocasión de dar con el primer ejemplar en cada una de esas figuras triformes, de cuerpo de _suri_ y cola puntuada de serpiente. En un detalle de grabado en una urna (Fig. 44), se vé á la serpiente-rayo zig-zag de cabezas triangulares dobles, de cuyo cuerpo sale el cuello y la cabeza de suri, como un curiosísimo apéndice simbólico.

[Ilustración: Fig. 45. Urna de Tafí. Colección Quiroga.]

Los suris de la sección ventral de las tinajas suelen á veces ser dobles; es decir: de dobles cabezas, como en la urna de la Fig. 45 y en el caso del ave bicéfala de la Fig. 46, detalle de las pinturas de un puco de Pucará (Molinos).

[Ilustración: Fig. 46. Detalle del interior de un puco.]

[Ilustración: Fig. 47. Urna de Santa María Col. Museo Nacional.]

En la parte ventral del nuevo tipo de urna de la Fig. 47, vése un suri muy particular, cuyo cuerpo está formado por cuatro círculos concéntricos, curiosísima manera, sin duda, de representar ese ojo Imaymana del que reiteradamente nos hemos ocupado, y el que parece indicar que el suri que lo porta lleva en su seno todos los gérmenes de la vida. Tan curioso como el anterior, es el suri de cuerpo triangular de la Fig. 48, pintado de rojo, sobre fondo bayo.

[Ilustración: Fig. 48. Detalle de una urna de Amaicha. Col. Zavaleta.]

Ahora bien: ¿esta figura general, al parecer de rostro humano, de vientre abultado, de largos brazos, y cuyas manos portan el vaso, es en realidad una figura ó representación antropomorfa?

Contestaremos negativamente.

La figura ó representación en cuestión tiene á la vez caracteres humanos y animales.

Si bien su cara ó rostro es más humano que animal, y sus brazos y manos lo son igualmente, estudiadas sus facciones en detalle, resulta que se trata de un ser monstruoso deforme, humano y animal á la vez, lo que prueba que la figura en cuestión pertenece á la época de transición del fetiquismo al politeismo ó antropomorfismo, no habiendo llegado á alcanzar la primitiva figura animal todo su desarrollo humano, como sucede también con el dios del Aire de Squier de la Fig. 28, cuyo cuerpo aparece humano, pero cuya cara es excepcionalmente animal, arrastrando larga cola de serpiente. Tan extraña representación, nos hace sospechar que puede ser la misma reproducida en nuestras urnas.

Que las facciones del rostro de la figura de las urnas son humanas y animales, pruébanlo los ejemplares antes reproducidos. Humanos son el corte de la cara, los arcos de sus cejas, su boca dentada, aunque de forma rectangular; animales, sus ojos, cabezas de suris ó de serpientes; la nariz es la facción más curiosa, muy corta unas veces, y desmesuradamente alargada, otras; esta nariz, con las cejas arqueadas que convergen á formarla, dan al rostro un aspecto de ave, de lechuza, de halcón ó de loro, correspondiendo entonces á la nariz un pico de ave. Nosotros, adviértase, poseemos un ídolo muy interesante de Tinogasta, el que es un cuerpo humano, pero con cabeza redonda de loro, con cejas arqueadas en relieve, las que forman perfectamente el pico del ave, y con ojos grandes, vivos y salientes, exagerados con el relieve; y el hecho de carecer de boca, es una prueba más de que lo que se ha querido reproducir es un pájaro simplemente provisto de pico.

La cuestión que nos hemos planteado, no obstante estos datos, sería de dudosa solución, si no nos la diese la misma figura de las largas cejas, grabada en el barro del interesantísimo vaso que reprodujimos en el Cap. IV, Figs. 30 y 30 _bis_.

Como se vé en esta última lámina del desarrollo del vaso, la figura de las largas cejas, indicadas por serpientes, ocupa, en medio del grupo atmosférico, la cara anterior del vaso; su cuerpo está formado por un losange, y sus pies, sin dedos, ambos en sentido inverso, parecen ser animales. Este ser de rostro humano, sin embargo, es á la vez un animal; y demuéstralo elocuentemente la larga cola de dragón, que sale de su cuerpo, y que en la parte posterior del vaso aparece en relieve (Fig. 30), sirviendo de manija al mismo.

[Ilustración: Fig. 49. Fragmento de cuello de una urna funeraria.]

Si á este ejemplar se hiciese alguna objeción y no se le considerase como una prueba definitiva, presentaríamos á los ojos de quien lo dudara el fragmento de cuello de una urna funeraria de Tafí (Fig. 49), ejemplar mediante el cual la cuestión quedaría cerrada en sentido afirmativo[230].

En este fragmento de urna aparece el ser de las largas cejas, con sus facciones prominentes y en relieve; sus cejas al juntarse forman su nariz, realmente humana; pero del lugar correspondiente á la boca, sale su grande y largo hocico como de jabalí, provisto de sus formidables colmillos, hocico que está indicando que al artista no ocurrió en momento alguno figurar una boca humana.

Con estos elementos de prueba, tan decisivos á la investigación arqueológica, dejaremos sentado que la figura de las largas cejas arqueadas en la alfarería funeraria, es la representación de un ser viviente humano y animal á la vez, ó de un ser antropo-zoomorfo en la nomenclatura científica, como los que, por ejemplo, reprodujimos en las Figs. 26 y 29.

Esto sentado:—¿qué representa en la escritura simbólica de Calchaquí la figura antropo-zoomorfa?

Indiscutiblemente la gran divinidad atmosférica de la TORMENTA, la diosa de la Tempestad con todos sus atributos meteorológicos; esa _Sumac Ñusta_ de Garcilaso, portadora de la cántara.

Ello salta al primer golpe de vista, cuando miramos á la figura antropo-zoomorfa, á esa Huayrapuca mítica, en medio del grupo animado de la tormenta, que nos ofrece el vaso de la Fig. 30 _bis_; grupo viviente, de grandes nubes, con rayos salidos de su seno, en el que se vé que todo es movimiento y acción combinados.

En primer lugar, no debemos olvidar por un momento que la figura antropo-zoomorfa de que tratamos está reproducida en las urnas funerarias y cántaras ceremoniales para demandar la _lluvia_ del cielo, propiciando á las supremas divinidades de la atmósfera, por lo cual estas cántaras se levantan vacías y en alto por las tribus sedientas.

En segundo lugar, todos los símbolos reproducidos en las urnas, tanto en su cuello como en su sección ventral, son _acuáticos_ ó atmosféricos, figurando en primera línea las zig-zag de los relámpagos y los rayos-serpientes, ó _Inti-Illapas_, los que encuadran el rostro de la figura que nos ocupa ó aparecen reproducidos en sus mejillas, como en las Figs. 42 y 43 y en la siguiente (Fig. 50), en la que se vé una curiosa serpiente-rayo de dobles cabezas enroscada en la mejilla derecha de la figura. Esta serpiente está reproducida nuevamente en el campo ventral opuesto. Y es de notar que en tal urna vemos otra vez á las manos portando dobles cabezas de serpiente, con sus guardas espirales rectas, en lugar del vaso.

[Ilustración: Fig. 50. Urna funeraria. Tafí. (Museo Nacional).]

[Ilustración: Fig. 51. Teja de barro pintada.]

Las artísticas pinturas de líneas quebradas en la parte ventral de las citadas Figs. 42 y 43, no son sinó representaciones simbólicas más sencillas y simplificadas del relámpago y del rayo de la Tormenta, las que aparecen perfectamente figuradas en un interesantísimo grupo ofídico, en la sección ventral de un fragmento de urna (Fig. 51) perteneciente á la colección del Instituto Geográfico Argentino, como si fuesen los intestinos de la figura antropo-zoomorfa. En este curioso grupo son muy interesantes los TAU _ofídicos_ que se desprenden de la línea horizontal del cuerpo de la serpiente-rayo.

_Inti-Illapa_ para el calchaquí se vuelve un ser animado, lleno de acción y de vida; y es por ello que cobra muy curiosas formas zoomorfas, como aparece en el ejemplar único de la Fig. 52, ó en la urna ofídica de San José, que tomamos del original en nuestra expedición arqueológica de 1898.

[Ilustración: Fig. 52. Urna funeraria de San José. (Colec. Quiroga).]

Como puede verse en la lámina, cuatro grandes figuras ofídicas se reproducen en el centro de la urna, en cada una de las cuales se ha pintado su cara de dobles triángulos, con su nariz blanca, boca negra y su par de ojos Imaymanas de pupila circular; debajo de la cabeza viene el cuello, del que luego se desprende el cuerpo, aprovechando la zig-zag del rayo, cuyos pies son otra vez dos cabezas triangulares más pequeñas; un par de estas figuras está provista de brazos con manos de cuatro dedos, lo mismo que la que sigue más abajo, también con brazos, pero con pequeñas cabezas triangulares por manos. En esta urna se repite el número 4 de una manera llamativa.

[Ilustración: Fig. 53.]

Representación antropomorfa de la serpiente-rayo, es sin duda la figurilla humana 53, de rostro monstruoso, cubriendo su cabeza con un curioso tocado de dobles picos, los que no son sino las dobles cabezas triangulares de la serpiente. De la línea horizontal de sus hombros caen sus brazos, cuyas manos tienen tres y cuatro dedos; su traje está adornado por cuatro ojos Imaymanas, los mismos de las serpientes, y en su pecho, como figuras totémicas, luce dos aves-_suris_ pintadas, con sus cuerpos también de triángulos dobles las cabezas de las serpientes,—dato éste precioso, que desde ya establece la íntima relación entre el _suri_ y la serpiente, toda vez que aquel es la causa y ésta el efecto, como luego lo veremos.

Finalmente, los demás adornos de las urnas,—las guardas griegas, los meandros de fecundación ó la cópula, las espirales, que al parecer representan la detonación ó el eco del trueno[231], los puntos repetidos en las cejas de la figura de las urnas y sus guardas, que no son otra cosa que gotas de lluvia; estos adornos, decimos, son simples atributos figurados de los ofidios de la atmósfera, ó sean símbolos meteorológicos complementarios: de todo lo que resulta que el simbolismo de las urnas funerarias escrito sobre el rostro y cuerpo de la figura antropo-zoomorfa de las mismas, es una repetida alusión á la lluvia. Tal verdad quedará doblemente confirmada, cuando en seguida establezcamos el significado de ese vaso que porta en sus manos, y el valor simbólico de esa AVE-SURI, tantas veces repetida en las mejillas de la figura y en las secciones ventrales de la misma.

Por lo demás, muy llamativas son las orlas acuáticas onduladas de la urna de la Fig. 40.

[Ilustración: Fig. 54. Urna funeraria de Santa María. (Colección Quiroga)]

[Ilustración: Fig. 55. Museo Nacional.]

De este cúmulo de datos y consideraciones resulta, entonces, clara y definitivamente establecido, y es la primera vez que esto se afirma,—que la figura antropo-zoomorfa de las urnas funerarias es la representación simbólica de la Tormenta ó la Tempestad, con todos sus atributos; esa divinidad que llora agua por sus ojos, como el Aticci de Wiener, lágrimas que aparecen en esa figuración de líneas que caen de los mismos, como se vé en las Figs. 37, 40 y 49.

Después de la serpiente, es el Avestruz ó Ave-_Suri_ la representación simbólica más repetida en las urnas funerarias, apareciendo también en los pucos. Son ejemplos: las Figs. 31 á 39, 43, 45, 47, 50 y 51, á las que agregaremos seis reproducciones más (Figs. 54 á 59).

[Ilustración: Fig. 56. Col. Quiroga.]

[Ilustración: Fig. 57. Detalle de una urna. (Colec. Quiroga).]

Como se vé en varias de las láminas citadas, los suris suelen ocupar los dos campos ventrales que dejan los brazos de la figura antropo-zoomorfa, y se hallan reproducidos junto al curioso vaso que portan sus manos. Sin embargo, en algunas ocasiones, como en las Figs. 34, 37, 43 y detalle 57, suris aparecen pintados en una ó en ambas mejillas de la representación de la Tormenta. En las Figs. 58 y 59 el cuerpo de los suris está formado por meandros ó guardas simbólicas, cuyo valor conocemos de antemano, detalle significativo este último que demuestra de una manera concluyente que el suri es también un símbolo.

Ahora bien: ¿qué valor simbólico tiene el AVE-SURI en la escritura sagrada de la alfarería funeraria de Calchaquí?

[Ilustración: Fig. 58. San José. Col. Max. Schmidt.]

[Ilustración: Fig. 59. Loma Rica. Catamarca.]

Ante todo, establezcamos que la mayor parte de los pueblos americanos han adorado á las aves ó á los volátiles, como seres que viven en el aire, en la atmósfera, y que cruzan el espacio, por lo que han formado algunos pájaros en la categoría de dioses atmosféricos. El ave, que tiene el poder de cortar los vientos y de ascender de un vuelo á las más altas cumbres, inaccesibles al hombre; que se desliza suavemente por las alturas, yendo vertiginosamente de un punto al otro; que cuando recoge sus alas se lanza como un rayo á la tierra,—natural es que fuese tomada por un mensagero del mundo de arriba, y perfectamente explicable que en el Perú una junta de augures ó aureolos indagase los misteriosos secretos de que los volátiles eran poseedores, y que quisieran iniciarse en el lenguaje de su canto.

Las analogías observadas entre el ave y la nube han sido para el indio hechos reales, y no simples semejanzas ó coincidencias. La nube toma muchas veces las formas de un pájaro gigantesco, de cuyo pico parece como que sale el rayo; los colores del iris suelen corresponder á los de las plumas del pájaro; la nube, como éste, vuela en el espacio y proyecta sombra sobre la tierra; la una truena y el otro canta y grazna; el rayo que cae se parece al vuelo rápido del pájaro que se clava al suelo para asir su presa; el viento que corre se supone alado, y de aquí las expresiones figuradas: «las alas del viento», «las nubes que vuelan», que para el indio son hechos reales, al decir de Brinton[232].

El pájaro es, entonces, un símbolo significativo de importancia, y nada más apropiado que un volátil para representar la nube, como el _quetzal_ de los mejicanos, que se presenta como el señor de la atmósfera.

Entre los pieles rojas un pájaro gigante desempeña el papel más importante de su cosmogonía. Los dakotas aseguran que en el oeste viven «los voladores», y creen que el trueno es el ruido del pájaro, agitando las alas; el relámpago, el fuego que resulta en su camino, como el que produce el bisonte corriendo por praderas pedregosas. Cosas semejantes refieren los algonquines, para los cuales el viento sale del pico de las aves y las nubes se forman por el movimiento de sus alas. Los tupis é iroqueses creen en el pájaro tormenta, cuyos ojos centelleantes producen los relámpagos. Entre los Lení-lenapes, los cris, los mandans, los moenitarres, los assiniboines, el pájaro Manitu reside en lo más alto de los cielos, y el trueno ruge cuando él baja las alas, saliendo el rayo de sus ojos y la lluvia de su pico. Para los dakotas, antes citados, el trueno es un gran pájaro que posee una numerosa prole; es él el que produce el eco, cuya larga repercusión es el grito de sus pequeñuelos. Los natches y los arkansas adoran al águila, como al ave sagrada. La nube del trueno es un pájaro para los caribes. Los zuñis, indios de los Pueblos de Nuevo Méjico, con cuatro plumas de aves, que simbolizan los cuatro vientos, invocan á la lluvia. La lechuza es el viento de uno de los cuatro cuarteles, para los chipeways. Los navajos creen que un cisne está parado en cada uno de los puntos cardinales, espíritus de las corrientes que soplan. En la América Central, el pájaro Voc es el mensagero de Hurakán, el dios de la tempestad. En el Perú, Piguerao, el hermano de Catequil, el dios de la tormenta y del trueno, nace de un huevo. Cuntur, el ave venerada, lleva en la sílaba _Cun_ la idea de lluvia, de la divinidad _Con_ ó _Cun_[233].

En nuestro Calchaquí, sin duda alguna, el _Suri_ es el Pájaro de la Tormenta, ó la _Nube_, que lleva el agua en su seno, y cuyo pico lanza el rayo. Posiblemente también lo es el Cóndor, que en algunas ocasiones ocupa en la alfarería el lugar del avestruz, y que á veces se le reproduce semejante á éste.

En el mito preincáico de Catequil, Atachuchu crea á un ser humano, el hijo del cielo, personificación del cielo mismo, que se une á una divinidad de las nubes negras de la tempestad, la hija de los Guachemines. Este hijo del cielo, que baja á la tierra, es _Guaman-suri_ ó _Guaman-Suri_, el ave doble, ó sea el _Halcón_ y el _Suri_, hecho éste sobre el que ningún americanista ha fijado la atención, y en el que el _Suri_ integra la personalidad mítica de una divinidad atmosférica, de este gran volátil biforme de la cosmogonía peruana, que pone dos _huevos_, correspondientes respectivamente, sin duda, al halcón y al suri, y de los cuales huevos salen Catequil y Piguerao, el rayo y el trueno.