La biblioteca de las maravillas

Chapter 2

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se convertían en ovejas o en jabalíes sin orejas.

O pasaban como hojas o cual abejas muy rojas.

Casi nadie adivinaba si un hada oculta ahí estaba.

Y eran búhos o eran jarras o forrajes o chicharras.

Un día que nadie evita, perdió una su jugadita.

Disfrazada pajarito se confundió con humito.

Dijo: -Siento que me entumo. y me vuelvo color humo.

El hada más juguetona se quedó así sin corona.

Por andar volando en fuego se quemó en su propio juego.

-No me puedo más cambiar; todo por tanto jugar.

La historia aquí no termina. ¿Qué más pasó? Imagina.

El hada con buen humor, es decir, una humorada,

se quitó el color de humo al volver a ser humana

y al recobrar la humildad, humorista humanitaria,

sin más humíferos gestos tan solo dijo humectada:

-Pajaritos a volar; aquí el cuento va a acabar

y en bien de la humanidad no me vuelvo más a ahumar. Magia gitana

Una gitana gemela gime al dolerle una muela;

su hermana gira una gema y le dice que no tema.

-Con esta joya rayada vas a quedar aliviada.

Payaso yodo de mayo, ayúdala sin desmayo.

Y un enjoyado ayudante que aparece en ese instante.

-Magia gentil de gitana, quiero mirarte la mano.

Lo que necesitas ya, girando aparecerá.

Jugando al yoyo has de ver que el dolor has de perder.

Cual mágica ave que vuela, adiós al dolor de muela. El guerrero guitarrero

Sigue, amiguito, este cuento que consigue estar contento.

Era un guerrero aguerrido y como águila temido.

Ganaba todas las guerras y arrebataba las tierras.

Una noche una cigarra le regaló una guitarra.

Entonces él entendió lo importante que ganó.

Y aunque sin fama o dinero fue un guerrero guitarrero.

Cantando al arte y la paz ya no quiso lo demás. Un cuento chino

De China ha llegado un chino montando un gordo cochino.

Viene junto con su china que jinetea una gallina.

Qué chinitos tan chistosos sus ocho hijitos llorosos.

Quieren que en la luna llena monten la chata ballena.

Los chicos llevan chalecos, pero les quedan muy chuecos.

Sentados en sus sillitas, más parecen cebollitas.

La china les hace arrullos como si fueran capullos.

El chino piensa en hechizos que los convierta en sumisos.

-¡Lámpara maravillosa, ilumíname la choza!

¡Que mis chinitos chillones monten ponis de a montones!

y no pidan golosinas que se vuelven medicinas!

Y en menos que nace un pollo, aquí se acaba este rollo.

Coplas bestiales

Vistiéndose de azules, doña Gata levanta su bellísima alpargata

y bailando ballet sin más vergüenza, no existe una diva que la venza.

Mas la crítica bestial la ve enojona. ¡Ay, qué ojos que le lanza la ratona!

-Mas que gata, parece guajolota, y de bella, es más bella una bellota.

Don Gallo, desde su alto gallinero, la acompaña cantando con esmero:

-Sigue tú, bailarina, con tu danza; qué importa lo que diga doña Gansa.

Y don Burro, que vuela para sabio, boquiabierto se le cae su labio:

-Yo opino que no vale ni un pepino quien nada hace y critica a su vecino. Don Burro no es tan burro

Yo muy bien discurro que no soy tan burro;

tengo buena suerte y el lomo muy fuerte.

Soy noble, obediente y voy tras la gente.

No existe una bestia con tanta modestia.

Cuando cargo bultos, no oigo los insultos,

y aquél que se atreva: ¡A ver! ¡Que me mueva! Aventuras de don Berrendo Toro

Don Berrendo Toro torea con decoro

y al pobre torero le quitó el sombrero.

Con besos y besos, la vaca hace quesos.

Los bíceps enseña el toro a su dueña.

Ya la bella vaca la boca le ataca.

Un becerro grita: ¡Qué mamá bonita!

Don Berrendo Toro presume cual loro

en esta aventura de gran caradura.

Y la animalada aplaude animada

porque a los toreros los dejó ya en cueros.

Ya la bella vaca la boca le ataca.

Un becerro grita: ¡Qué mamá bonita!

El avaro don Borrego

Abrigado don Borrego, no parece estar tan ciego.

Vestido siempre de blanco su lana es su propio banco.

Para exigirles el pago por habitar en su lago,

llega a cobrarle a don Chango que está bailándose un tango.

Sentada en su alta roca apláudele doña Foca

y moviendo sus muñecas se le enrojecen la pecas.

¡Ah, que don Chango tan loco! De serio tiene muy poco.

Don Borrego lo cree un vago. No sabe que es un gran mago. Llegó el mes de mayo

Relincha contento el caballo porque llegó el mes de mayo.

También se alegra la vaca; va a dejar de estar tan flaca.

Siempre en el lodo el muy terco; por algo le dicen puerco.

Con tanta lana, al borrego le encanta ser andariego.

Siempre en el agua los patos... no necesitan zapatos.

Se saborea el guajolote cuando piensa en un elote.

Como que danzo y me canso, así camina ese ganso.

Con su barbita, ese chivo, se siente el muy muy creativo.

¡Ah, qué cuervo!

El cuervo, todo vestido de negro traje y corbata, echaba la gran bravata por su elegancia engreído:

-Yo soy quien canta mejor.- A un colibrí aleteador le presumía el muy bravero, y, admirado, un carpintero le contestó al charlatín:

-No cantas como un clarín, y como calandria, menos. Los cenzontles, sí son buenos así que, don presumido, por eso has perdido quesos. Tienes muy pequeños sesos y un corazón malquerido.

El cóndor es majestuoso y no se cree el muy grandioso: cada quien tiene su qué y cada cual su porqué.

Así que calla hablador: Nunca serás gran cantor. La araña Penélope

Doña Araña tejelona prepara su comilona.

Se la pasa hora tras hora sonriendo en su tejedora;

sólo aquél que la conozca sabe bien que alguna mosca

revoloteando curiosa por metiche y por latosa

caída en la telaraña será manjar de la araña.

Mientras tanto ella prosigue; teje, desteje y resigue

sin causarnos más molestias que quitarnos esas bestias.

Penélope de los rincones no tiene preocupaciones.

Sólo espera que su Ulises le traiga algunas lombrices. Doña Ra se burla de Don Ga

Nadaba en el agua un pa cuando lo miró don Ga

-Anda, no tengas mie y nunca digas no pue -

le dijo desde aquel la mientras temblaba el muy va

Escuchólo doña Ra y saliendo de una la

lanzó una gran carcaja y se metió al agua hela

Burlándose doña Ra se lucía cual una pa.

El gato pelaba el o y de furia estaba ro

Perdiéndose un gran boca horror le da estar moja

Levanta entonces su na y su gran cola de lom

se va a un lugar asolea y allí queda acurruca Y unas últimas bestialidades más

Dos borregos blanquitos, en su prado vigilaban cada uno por su lado; ya saben que vistiéndose de oveja el vil lobo los sueña en su bandeja.

Dos borricas boniticas, ¡Ay qué bellas estas chicas! Ya no quieren más burreros: ahora buscan caballeros.

El pato dice a su pata que en el lodo no se bata y doña Pata, bañada le grazna, tú ¡calla! y nada

Tres polluelos comelones, pronto se verán pollones; cuando se vuelvan gallitos, se sabrá por sus cantitos

Huelga en la cocina

Las tazas y cacerolas Deciden holgazanear: -Huelga, huelga en la cocina; Hoy no se va a cocinar.

¡Carambas y carambolas La fiesta va a comenzar! Apaguen las fumarolas. No hagan caso a la cecina. Y vámonos a bailar.

Las cazuelas y tazones Danzan su danza sin par. Cada quien en sus rincones Va entonando sus canciones Para la sartén alzar.

Baila el macetón sus azucenas. Guiñan las cerezas sus ojazos. Se alborotan los aceites De los cazos Y la loca coladera rockea ya.

-¡Silencio!- dice una moza que encendida de ira va. - Aquí soy la cocinera y todos a cocinar.

Vuelva a su lugar la loza. Hágase en la hornaza el pan. El comedor desespera por de sus guisos gozar.

Si él ha puesto la comida, todos a colaborar, pues no es justo que un disgusto de un golpazo a la amistad y formemos todos juntos el triunfo de la unidad.

Así que colaboremos y buenos guisos tendremos.

Ensalada de prodigios

Pulgarcita Roja y Caperucita Blanca se encontraron en el bosque de los arbustos lluviosos y se pusieron a platicar sobre el pez dorado. Así estaban cuando apareció el gato sin botas y les dijo que ya era noche y debían protegerse de la abuela feroz. Ellas se volvieron pajarillos y volaron luminosas a una rama de un árbol seco para dormir muy despiertas. Entonces el gato se puso las botas y dio un salto a la luna donde se convirtió en el conejo que desde allá escucha la armonía del universo.

La luna de la laguna y las tunas

A la luna le encantaba ir a las comilonas. Era tan comelona que por eso a veces se ponía tan redonda. Comía de todo. Un día la laguna hizo una fiesta para todas las estrellas que se reflejaban en sus aguas y les hizo un guisado de tunas dietéticas. La luna comió como nunca y sin embargo no engordó más; desde entonces adelgaza a su gusto. Por eso a veces se ve delgadita.

El oso miedoso Por la noche en el bosque hay ruidos extraños. Por eso un oso miedoso se encerraba en su casa, es decir, en su cueva, y no se asomaba para nada. Se acomodaba en su silla y desde su rústica mesa esperaba a que amaneciera. Una noche se puso a temblar porque escuchó un ronco ruido que le pareció de un monstruo y cerró los ojos. Cuando los abrió vio que en la mesa un sapo lo miraba admirado. Este le dijo: -¿Qué te pasa amigo oso? Soy sólo un sapo de ronca voz. Al oso se le quitó el miedo al saber que tenía alguien que lo acompañaba ya con tan tremendo croa croa.

Los portentos de la maga.

Hace miles de años hubo un reino de la magia donde las damas que lo habitaban eran dueñas de todos los misterios del mundo. La maga mayor tenía la varita de las maravillas y con ella había hecho el Arco Iris. Desde entonces se les quitó el miedo a todos los niños que les asustaban las tormentas. Sabían que después verían el arco maravilloso de los colores.

El oso perdido

La osa de los ocho ositos estaba desesperada, pues uno de ellos se había perdido. Por más que había buscado en el bosque no lo encontraba. Le había preguntado a la Bella Durmiente del Bosque, a Ricitos de Oro, a Caperucita Roja, a Blanca Nieves, a Cenicienta, al Gato con Botas, a Pulgarcito y hasta al Lobo Feroz, que ya se había vuelto bueno, pero todos ignoraban su paradero. Ni el conejo blanco de Alicia le daba noticia. Sus siete hermanitos lo extrañaban, aunque ahora comían más, pues se distribuían la ración del perdido. Fue entonces cuando Doña Osa se encomendó a las reina de las Magas y ella con su varita maravillosa le dijo que por obra y magia de un deseo humano, su hijito ahora era un juguete que alegraba los días de una buena niña que no tenía hermanos y por eso hoy estaba con ella para acompañarla día y noche. Le dijo que no se preocupara, pues en cuanto la niña se hiciera adolescente, el osito regresaría a su origen y todos serían más felices por el bienestar que su hijo había dado a los humanos. Cuando Susana despertó, vio que su oso de seda la acompañaba.

Las últimas noticias del oso aparecido

Después de decenas y docenas de días el Bosque de las Hadas Adivinas fue informado de la aparición del osito perdido en un jardín de la ciudad. Lo encontró una niña convertido en un osito de seda. Ella lo levantó contenta y se los mostró a todos sus amigos, quienes dichosos le pusieron por nombre Dedos por los dedotes que luce en sus manitas. Sin embargo la niña dijo que se llamaría mejor Dido y Dido es el nombre que ahora tiene Dodi, el hijo menor de Doña Osa. Las Hadas Adivinas dijeron que en algunos años regresaría a su domicilio original. No había de qué preocuparse. Todo será felicidad.

La abeja aburrida renuncia

La reina de las abejas no trabaja nunca, y es que como es reina, sus súbditos no se lo permiten. Hay que cuidarla para que tenga muchos hijitos y no se pierda la colmena Recostada siempre en su almohada de miel está tan aburrida que sólo se complace en ver sus anillos preciosos y cambiarlos a cada rato. Es tan rica. Sin embargo, a ella le gustaría ser obrera, aunque no tuviera riquezas, pues así podría salir de su palacio y recorrer el reino de las flores. Por eso, la noticia de hoy es sensacional: la Reina de las Abejas decidió donar el reino a las obreras que son las que en realidad lo sostienen. Los únicos que se encuentran preocupados, son los zánganos que ahora en la nueva sociedad democrática tendrán que trabajar y no ser simples mantenidos de la ilustre abeja.

Un unicornio en la urbe.

Llegado de los bosques de Marte, con sus enormes alas azules, aterrizó en el centro de nuestra ciudad el unicornio que se le perdió a un marciano descuidado. ¡Miren que perder al único unicornio azul! ¡Qué ocurrencia! El asombro que despertó entre el público de nuestra urbe fue escandaloso. Todos querían un autógrafo de este animal cornudo. Su firma se estampó en toda clase de ropa. Sus fanáticos hicieron enormes filas para conseguir tal garabato y los comerciantes hicieron el gran negocio con las copias.

Aventuras al atardecer.

Nadie lo sospechaba pero en aquel día tan soleado y caluroso de pronto todo se puso nublado. En medio del paisaje montañoso destacaba el enorme volcán y su cráter que despedía humo. Todos los niños y niñas de mi escuela habíamos ido al bosque tan arbolado que en medio de nuestra diversión no nos dimos cuenta del cambio de clima. El otoño deshojaba los árboles y una alfombra de hojas se extendía a nuestros pies. De pronto comenzó a temblar. Nuestros maestros nos reunieron de inmediato y nos dijeron que no nos asustáramos. Cuando pasó el temblor, subimos al camión y regresamos a la escuela, donde nuestros padres nos esperaban ya. Nada pasó de más, pero fue una increíble aventura en el atardecer.

La risa perdida de Rosa, la rosa.

De manera general las rosas dan alegría. Sobre todo las rojas y las amarillas. Las rosas blancas dan paz y amistad. Por eso es que en el jardín causó sorpresa que la sonriente Rosa, la rosa rosa, se sintiera triste, pues no era ni roja ni blanca ni amarilla. Su color era tímido como su risa, que no era risa, sino tímida sonrisa. El hada Libélula, el hada del jardín, se acercó a ella y le dijo que volviera a reír, pues el color rosa quiere decir la ternura del cariño que es lo más inocente del amor. Así, Rosa, la rosa rosa recuperó la risa, mejor dicho la sonrisa y se sintió feliz.

Armónicos disparates

Había una vez una laguna mágica en medio de un bosque de árboles azules. Sus aguas eran de un fino color rosado y allí se veían felices nadar a las gallinas verdes, nacidas de los huevos del pájaro de oro. Los patos rebuznaban todo el día en su corral y presumían de poder hacerlo todo: volar, correr, saltar; sólo les preocupaba que habían perdido su capacidad de nado. Los gatos ladraban muy ufanos por la noche y los cerdos maullaban muy contentos cuando había lluvia. El cisne presumía su pelaje de pura sangre y le daba mucha risa cuando el viento lo acariciaba, pues, decía, le hacía sentir cosquillas. Un día, se comenzó a escuchar una extraña música que el perro guitarrista había aprendido de los humanos que vivían en la lejana realidad. Eso bastó para que aquel encantador lugar se convirtiera en el común paisaje al que los terrestres se hallaban acostumbrados. Y todo se transformó en la misma aburrida imagen de los rutinarios de la tierra.

Los quesos conquistadores.

Cuentan que cuando los quesos conquistadores llegaron a nuestra tierra, descubrieron con disgusto la noticia de que no conocíamos el pan y por tanto, ellos no podían comer su pan con queso. Dicen que algunos enfurecidos por ello, cometieron actos espantosos antes de morir de hambre, pues no les hacían caso a las bellas tortillas de maíz. Pero la necesidad triunfó y un día los quesos conquistadores decidieron casarse con las tortillas para asegurar un sabroso mestizaje e inventaron máquinas para producirlas. Así nació nuestra nacionalidad quesadillera. Tortilla con queso dio por resultado una quesadilla. Con el tiempo surgieron nuevos cruces. Se mezclaron con los pequeños hongos, con el querido cuitlacoche, con las flores de las calabazas y las quesadillas se volvieron nuestro orgullo querendón. También nació el requesón y hubo quesadillas de requesón. Quien prueba una quesadilla se vuelve un nacionalista pues en ella se dan las dos ramas de nuestros orígenes. De cariño hoy les dicen quecas. Después llegaron los taquitos.

La máscara

Una vez, harta de estar colgada en las paredes de aquella vieja casona, decidió la máscara hacerse un cuerpo que se acomodara a sus facciones. Ella siempre había soñado tener el talle de una princesa y para eso dibujó en la pared con hermosos colores y con materiales indelebles, un bello traje que la vestiría y podría dejar de ser una simple cara, para convertirse en una linda doncella. Presta tomó las tijeras y cortó una tela de la cortina de a lado y siguiendo un instructivo de un libro del estante vecino se hizo un bello modelo. Cuando lo terminó se escapó de la pared y salió a la calle. Fue entonces cuando descubrió que en el mundo todos eran máscaras vestidas a la moda.

Rebelión en el bosque

Un día escaseó el agua en el bosque y todos querían beber del único manantial que quedaba. El borlote que se armó quedó calmado cuando todos decidieron hacer un reglamento para el uso y reparto del agua. Gracias al reglamento volvió la concordia al bosque. Cuando llegaron las lluvias, todos reconocieron la importancia de seguir las reglas beneficiosas, mas les hicieron algunos ajustes. Para la siguiente temporada de sequía y de lluvia, ya estaba listo el nuevo regulador de la distribución acuífera, con lo cual, la comunidad zoo botánica vivió en armonía. Un día llegaron unos depredadores terribles a desecarlo todo y a levantar avenidas y puentes en medio de edificios presuntuosos. No les importó para nada el ecosistema. Entonces los agredidos comenzaron a planificar una próxima y decisiva rebelión.

Las tres muñecas encantadas

Apenas las dos hermanitas se habían quedado dormidas, después de haberle rezado a su santo ángel de la guarda, su madre las contempló con la mirada de ternura que se acostumbra en estas escenas maternales. Apagó la luz y salió cerrando silenciosa la puerta de la recámara de sus hijas. La tenue luz de los faroles de la calle penetraba iluminando la oscurecida estancia y un anuncio de foquitos multicolores invadía con sus movimientos aquel recinto. Se encendían y se apagaban con la monótona frecuencia de su programación. En una de esas ocasiones iluminaban las caras de las muñecas de las chiquillas que se encontraban acomodadas cuidadosamente en una silla mecedora que de quieta se miraba taciturna. Entonces se vio que las dos muñecas parpadeaban como si despertaran de un sueño y movían sus ojos con presura. Se incorporaron y se miraron una a la otra. Sonrieron y bajaron de la mecedora mientras su cuerpo iba creciendo hasta adquirir la altura de una impresionante súpermujer electrónica. Una de ellas dijo: -Una noche más para sentirnos humanas y enfrentar a los genios nocturnos que quieren raptar a los niños para llevárselos como esclavos al reino del mal. Pero nosotras estamos aquí, como todas las muñecas, para defenderlos y evitar tal fechoría.

¡HASTA LUEGO BIBLIOTECA DE LAS MARAVILLAS!

El tiempo transcurrió tan rápido que cuando me di cuenta ya había anochecido. Puse el libro de Doña Brujilda en la mesa de donde lo había tomado y de pronto escuché que gritaban entre los laberintos de libreros. -¡Niño! ¿Dónde te metiste? Ya vamos a cerrar. Si no apareces, te vas a quedar encerrado aquí toda la noche. -¡Aquí estoy!- Grité algo sorprendido, pues nunca pensé que fueran a fascinarme tanto las lecturas que había disfrutado. ¡Cómo me habían hecho reír con sus expresiones que parecían trabalenguas y que hablaban de cosas tan sorprendentes como la gruesa suegra del ogro, los amores platónicos o de la derrota de don Blasfe. También me dio mucha risa el eleglante inglés, el trompeado don Trompo, doña Glicerina, doña Blanca Blusa, don Escritorio Escrutinio o el inflado globo. Muy gracioso me pareció el cuento de Doña Rana y sus amigos; sobre todo la foca equivocada o la vaca pesista. También me impresionaron los cuentos de magia y de miedo. Por fortuna siempre en ellos vencen lo buenos. Mañana regresaré a buscar otro libro que espero sea así de divertido. Ojalá que encuentre libros donde se narren muchas aventuras increíbles. Por lo pronto, estoy muy contento porque ya descubrí la Biblioteca de las Maravillas y siempre me estará esperando para recorrerla y gozar por todos sus rincones con lecturas fabulosas. EPÍLOGO

Esto es literatura

Letras y letras y letras, Iconos de fantasía, Todas se vuelven poemas Entre la magia y la vida. Relatos y maravillas: Ahí se miran Quijotes; También buenos Periquillos; Un desfile de escritores Rodeados de grandes libros A los que venera el orbe.

Categoría:Obras de Antonio Domínguez Hidalgo Categoría:Cuentos