La biblioteca de las maravillas

Chapter 1

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ANTONIO DOMÍNGUEZ HIDALGO

LA BIBLIOTECA DE LAS MARAVILLAS

Cuentos de ficción lingüística para niñas y niños. (Y alguno que otro adulto)

Primera Edición 1993

En recuerdo de Edward Lear,

pionero del sin sentido…

LA BIBLIOTECA DE LAS MARAVILLAS

Hoy la descubrí a cinco calles de mi casa. Nunca había viajado tan lejos, pues mi madre siempre ha estado vigilando mis caminatas y nunca deja de acompañarme. Me dice que debo tener cuidado al atravesar las calles, pues hay algunos automovilistas y camioneros que se sienten dueños de ellas y suelen producir accidentes. A mi primo lo atropelló un taxista el otro día y le fracturó la pierna. El señor chofer dijo que mi pariente había cruzado con descuido la avenida. Por eso, para mí fue una sorpresa muy agradable descubrir esta biblioteca. Aquí no corro peligro. Es enorme. Parece un castillo de las películas de dragones. Cuando uno entra, es como un sonriente pulpo que nos ofrece cariñoso sus tentáculos para pasear por ellos. Al menos a mí, así me parecen sus laberintos de corredores repletos de estanterías abarrotadas de libros. Imagino que de pronto se abrirá una puerta secreta, disimulada entre ellos, y me invitará a penetrar por sus interiores asombrosos y fantásticos. Por eso me impresioné, cuando estaba imaginando esto, y vi que justamente una puerta librero se abría y salía una bella señorita que me pareció un hada madrina cargada de tres enormes volúmenes. –Hola- me dijo. -¿Buscas algún libro en especial?- Yo estaba tan emocionado por la puerta, que le pregunté si podía yo pasar por allí. Ella me dijo: -Adelante. - Entré y detrás de mí, vi cómo cerraba sonriente. Adentro había un mundo impresionante de libros y muchos pasillos. De pronto me sentí perdido en ellos y fui descubriendo muchas otras puertas disimuladas entre los estantes que conducían a diversos salones repletos de libros. Caminaba entre estos laberintos, explorándolos, cuando escuché una voz que me hacía: -Pst, pst...-y me decía:- Es por el corredor de la izquierda... -Voltee sorprendido y cuál no sería mi sorpresa cuando descubrí a Peter Pan que junto con Alicia me saludaban muy amables diciéndome: -Bienvenido a la biblioteca del País de las Maravillas. Yo no sabía qué decir en mi asombro y sólo le pregunté a Peter: -¿No que tú vivías en el País de Nunca Jamás? -Sí, claro que sí, pero con frecuencia viajo a este lugar del mundo para desaburrirme de tantas aventuras y travesuras y holguras y locuras. ¡Me harta que el capitán Garfio nunca pueda vencerme ni convencerme ni hacerme daño! Así que dejo a todos mis camaradas y vengo a este refugio donde encuentro mucha diversión abriendo libros y metiéndome en ellos para juguetear con todo el mundo que tienen: dinosaurios, dragones, merlines, princesas, momias, hombres lobos, vampiros, duendes, genios, aparecidos y desaparecidos, héroes atléticos, detectives y simpáticas brujas despistadas. -¡Ah!- quedé pasmado mientras Alicia me decía: -Sí, por aquí también anda que anda y anda el conejo relojero, la reina de las barajas, la tontuela de Blanca Nieves, la muy hipocritona de Cenicienta dándole vuelo a la hilacha en los bailes, como Rosita Alvírez de los corridos mexicanos o la dama de Sevilla que va a la Ermita de San Simón. También anda deshaciendo entuertos el valiente Don Quijote que junto con el Cid quieren vencer a los malvados reyes de la noche de Nueva York. Y Sherezada no se cansa de cuentearnos. -¿Todo eso hay en la Biblioteca de las Maravillas?- pregunté admirado- A la par, Alicia y Peter me respondieron: -¡Esto y mucho más!- -¡Claro que sí!- respondió un coro de fantásticas voces salidas de los libros. Luego se fueron presentando diciéndome gustosos: Yo soy Gilgamesh. Yo Rama. Yo me llamo Sansón. Él es Hércules. Aladino, soy. ¡Aquí está Simbad! ¡Y Alí Babá también! Hamlet para servirte. Me dicen Sigfrido. A mí Amadís. Yo soy Dafnis y ella es Cloe. Mírame, soy Julieta y me acompañan Ofelia y Desdémona. No me olviden: soy el Lazarillo de Tormes y mi primo el Periquillo Sarniento. De pronto, de otro librero brotaron voces, como en eco, diciendo: - ¡Ey! ¡Escucha! Nosotros somos los trabalingüísticos y dicen que divertimos mucho. ¡Léenos! No te arrepentirás. Ahí fue cuando todos los libros hablantines y muchos más, quedaron encerrados en su silencio, como esperando que los abriera. Entonces vi uno que se encontraba ubicado en un escritorio de color ocre y fascinado comencé a leer su título… Historias de la brujita Brujilda y los bravucones libreros

Eran crónicas de brujerías en broma, escritas en acertijos por una brujita escritora. En mi libreta escribí algunos que me parecieron muy chistosos: -Que la bronca cobra se vuelva una liebre súper libre. -Que esta cebra cobriza se haga microbio acróbata. -Que este cráneo hambriento abra sus ojos en cruz. El librito narraba muchos cuentos trabalingüísticos y en su introducción decía que como unos bravucones libreros no querían vender las increíbles obras de la brujita escritora y le cobraban comisiones muy caras para hacerlo, la brujilla un día puso crema de crisantemo en un broche para embrujarlos con un brebaje y los embruteció con sus fórmulas embrujadoras. Para eso, mientras movía una enorme brocha, dijo estos otros embrujos: Abracadabra la liebre, Abracadabra la cabra. Abracadabra el cabrito, Abracadabra la cobra.

Brote una bruma embrujada; libre su brisa insalubre; abra sus brazos de cobre que lean mis obras macabras.

Y cuenta también que la embrujadora sacó de un sombrero, un brillante y un colibrí de bronce, brincó sobre unas brasas y brusca se agitó como si le dieran calambres gritando bravo, bravo, soy más brava yo. Así terminó de fabricar sus brujerías para hacer de los bravucones libreros, sus abrumados lectores. Desde entonces todos los vendedores de libros tuvieron que leer los bromistas cuentos que ella escribía en clave trabalingüística. Yo quedé como hechizado por las cabriolas que daban las palabras ante mis ojos. Formaban relatos de aparente sin sentido, pero que al leerlos en voz alta, parecían sugerir curiosas y entretenidas significaciones. Entusiasmado continué su lectura...

El globo flacucho

Había una vez un globo muy, pero muy flaco; tan flaco que parecía una plumita blanca. Así que por su flacura deseaba inflarse para ser muy atlético y adorable. Él soñaba con ser un enorme atlante que se llamaría Atlas. Así que se infló y se infló tanto, tanto, que cuando se vio como un musculoso atleta, se sintió superior a cualquier globo flaco y presumía: -¡Ea, flacos! Doblen este cable de plomo. Y tú esquelética pluma, trata de desplomarme. ¡Nadie me puede aplacar pues soy brillante como de plata. Pero, oh, presunción, un día claro, de clima caluroso, mientras flotaba pleno de vanidad, se le atravesó un clavo y... ¡plas, tlas, flas, glas, clas, blas! Se desinfló para siempre. Conclusión: nunca seamos presumidos. ¡Nunca te infles como un globo flacucho! Siempre que triunfes, sé amable y amigable al doble. No como los oblicuos que por una oblea se doblan.

El dragón y Sidra

Por la barda de ladrillos mi perro Sidra ladró dramático al dragón Drogón, el malvado, cuando éste salió de su madriguera. Oculto como un ladrón estaba en el drenaje que drena el zoológico. Esto causaba adrenalina pura en mí, pero yo confié en mi ladrador amigo. Drogón había aterrado a un dromedario insaciable de beber que había madrugado para cargar el odre de su joroba. Hasta los cocodrilos se espantaron. Cuando vio la casa de ladrillo de mi padrino, quiso tirarla. Sidra, mi perrito ladrador, lo detuvo entonces con sus ladridos y a pedradas lo hicimos correr como en el hipódromo. Don Tigre engrasa su grúa

Cuantas lágrimas derramó Don Tigre de Bengala. Su grúa se había quedado sin grasa en medio de la pradera. ¡Qué desgracia tan negra! ¡Qué grandes gruñidos daba! El carácter se le agrió y se puso grave en alto grado. El pelo se le engrifó por la desgracia de no tener aquello que para él era casi sagrado. Imagínense, un tigre sin grúa a mitad de la llanura tan transitada. ¿Podría creerse? Hasta había ennegrecido por la preocupación. Casi parecía pantera. Un grillo, por supuesto, le dijo que buscara el grifo grasiento en alguna de las grutas de los ogros Malolientes donde lo hallaría. Don Tigre de Bengala agradeció y se puso nuevamente alegre. Cuando llegó al gruterío se enfrentó al grave problema de encontrar la gruta de su tesoro, pues eran tantas. ¿En cuál de ellas se ocultaría? Meditó un rato y agresivo escogió la más grande. Al poco rato regresó haciendo graciosas caravanas, mientras el ogro Huelerancio lo despedía contando como un avaro los dólares ganados por venderle el barrilillo. Así, Don Tigre de Bengala recuperó las rayas de su vestimenta y engrasando su dichosa grúa continuó su vagar por las selvas invadidas de tránsito que un día se llamaron vírgenes.

El ogro negro y su gruesa suegra

Si don Tigre de Bengala no se hubiera marchado tan pronto y su entusiasmo lo hubiera detenido un poco, hubiera visto como el ogro de mugre negro salía de una gruta gris. Pegaba muchos gritos como un tigre en gresca porque su gruesa y agresiva suegra desgraciadamente le venía arrojando vinagre por mugroso. -Límpiate la mugriza- le gritaba. ¡Qué grande desagrado para un ograzo. ¡Qué grotesco agravio! ¡Qué agrio logro! Ahora resulta que hay ogros más ogros que los peores ogros: las suegras ogresas. Y es que, como en las selvas ha triunfado la liberación de las ogras, los ogros han tenido que bajar su estatura.

Don Escritorio usa crema antes de escribir

Miren nada más, a pesar de tanta crema que se pone, qué mal escriba es Don Escritorio Croquis Cruentes y Cras. Sus crujidos cuando escribe, hacen cráteres en el papel micro. No puede escribir la palabra crisantemo. Cree que es algo crudo y cromado. Como no tiene cráneo, no da crédito a ninguna crónica. Es muy escrupuloso, pero no sabe escritura. ¡Y pensar que se ha creído escritor! Qué cruel creer que se escribe si no se pone fantasía a los escritos. Porque escribir de la realidad… mejor vivirla.

Doña Blusa tiembla cuando se mueve el cable

Temblorosa Doña Blusa se puso blanquísima de susto. Pensó que el cable desdoblado donde estaba colgada, era un sable del diablo. -¡Qué diabluras ni que nada!- le habló Pablo, el calcetín sublime en su doblez endeble. Él que estaba tan acostumbrado a doblarse como chupa dedo gordo de la nobleza.-Mientras más blando esté el cableado, más se va doblando, pero como está bien estirado, sólo retiembla. No hay doblete que pueda tirar nuestras blancuras. Así es que, restablézcase Doña Blusa Blanca, comiéndose un fusible y ya no tiemble por este cablecito. El hierro es mineral muy noble. Doña Primavera llega de prisa al prado

Como es tan preciosa, Doña Primavera presumía de sus caprichos de prosperidad y siempre se apresuraba imprudente a pregonar sus preciosuras de princesa. Por eso el presidente del tiempo la hizo presa de un profundo sueño. Cuando despertó, vio cómo el invierno apretaba sus fríos en mayo y sorprendida se levantó. Se había quedado dormida en sus proezas de presumida. Con prontitud corrigió su presunción y con presura se aproximó a la pradera apresada en el hielo. Así procedió a colmarla de verdes prados.

Doña Flor se peina con fleco para tocar la flauta

Cuando Doña Flor florece, flota un perfume florista, y saca su flauta inflamada de amor. Peinada de florones, hace una floritura de hermosas flexiones. Su música es como una flecha que fluye flamante desde su flautín. Sólo le flagela que no pueda tocar algo flamenco, porque la floresta no es flautista de Flandes ni de Hamelin. Si vieran como le aflige. Hasta su fleco se le afloja y flota como si dijera ¡Olé! ¡Olé!

Por esa pluma coquetona los platos se aplastan la nariz

¡Ah, qué pleito el de los platos por culpa de esa pluma plateada! En plena plazoleta, cual plebeyos plataneros, no escuchan las plumíferas plegarias y se dan de platazos entre chispas platinadas. Una plétora de platillos le rinde pleitesía a la plumilla que se hace la plenipotenciaria. Planamente despedazados por pleitistas, los platillos son barridos por una plebe de escobas que nada saben de amores platónicos.

Por culpa de un clavo Doña Bicicleta dice ¡ay! con su claxon

Doña Bicicleta iba a su clase de música. Llevaba un clarinete adornado con clavellinas; también un clavecín, un clavicordio y un clavicémbalo. Iba callado su claxon, pues no sabía en qué clave tocarlo, declaraba. De pronto un clavo clandestino se le clavó en su llanta delantera. El clamor que dio, se oyó muy claro, pero se desafinó tan sin clemencia, que nadie quiso aclamarla y tuvo que reciclarse en monociclo.

Doña Glicerina pasea con un globo vestida como en otros siglos

Doña Glicerina Glifo se gloria de ir glamurosa a la iglesia cargando un antiguo reglamento. Anda vestida a la inglesa en este siglo moderno. Lleva siempre un globo de glucosa que siempre se va comiendo, pues es muy glotona. Camina por la glorieta luciendo su traje de glisé en espera de algún gladiador que la acompañe a tomar el té y los dos hagan glu-glu-glú.

Un drama frenético

Bajo un alto cedro sentado en la piedra dibujo este cuadro pintando una hiedra.

Mi padre me ha dicho muy de madrugada: -Dáselo a tu madre envuelto en franela.

Frenético entonces me como unas fresas y enfrento muy franco un drama frontal:

—No seas tan dramático. Me dice mi madre. —No frunzas la frente. ¡Es lindo el cuadrito! ¡Te quedó muy bien!

Francisquito se cayó en el fregadero

Como el agua estaba muy fría, mi amigo Francisco se resfrió. ¡Qué frágil muchachito! Había hecho una fragata de cartón con franjas color azufre para jugar en el fregadero, pero se agachó tanto que no pudo frenar y se dio un fregadazo. Se fue de cabeza y se pegó en la frente. Menudo frentazo se dio. Ahora se da una friega de alcohol y se frota con la franela que burlona le dice un friolento fru-fru: -¿Ya viste lo que pasa por ser un descuidado sin freno?

El misterioso cofre francés

En el jardín de enfrente me encontré un cofre misterioso que viene de Francia. Qué frecuentes descuidos de algunos olvidadizos. Y luego dicen que por qué frunzo el seño y soy tan franco. Abro el cofre y descubro una fruta fría. ¡Qué fresca fresa del cofre! Se ve tan frágil, pero tan fragante. Me siento debajo de un fresno y ahora que no hace frío, me froto entusiasmado la frente para sentir la frescura de mi fructífero encuentro. Por hoy no frunzo el seño, pues esta frutilla tan refrescante, me ofrece su sabroso tesoro frutal.

El aprieto de mi primo

Hoy estoy preso de un aprieto: el aprieto de mi primo. Mi primo de primero no ha pasado una prueba y como yo lo aprecio y me precio de ser prudente, quisiera que aprobara su próximo examen. Es una empresa apremiante y con prisa prometí ayudarlo. Pronto lo comprobará. Seguro que lo promueven a segundo de primaria. Será un gran premio para mí porque así yo también progreso. Si he regañado a mi primo es para su provecho. Aunque me digan protestón, quiero que mi primo sea premiado con buenas calificaciones.

Flaco y flojo

Tengo un amigo que se llena de aflicción por estar flaco. Yo quiero influir en él para que se flete a hacer gimnasia. Le digo que no sea flojo, que haga florecer sus músculos. -Con puros flanes te aflojas y luego te afliges de tu flaqueza. Sé flexible y sal a flote. No te desinfles a la primera flexión. Inflámate de energía y vas a ver que fluido entrenarás. Con tanta flojera seguirás tan flaquísimo como un flautín. Con flamantes alimentos y fluctuantes ejercicios, no te flagelarán las enfermedades ni estarás tan flácido.

Trino el atrapado

Trino estaba triste y para distraerse atrapó una trucha. No hizo caso al letrero de ¡NO! Lo vio una patrulla y le tronó la metralla. Cuando llegó la tropa, él fue el atrapado. —Manos atrás- ¡Y al trasto su linda treta! Le salió caro su tramposo atrevimiento. Tremendo susto se llevó por hacer trampa y tuvo que pagar triple multa por su intento de trinquete. Pensó que triunfaba, mas tronó en su triquiñuela.

Al club en triciclo

Mi amiga Clotilde tiene un triciclo. Cuando hace buen clima, clama por llevarlo al club. Lo adorna con claveles de claros colores y toca un clarín como si fuera aclamada. Esponjada como clueca parece un ciclón. Cuando llega, le pone un ancla muy pesada para que nadie pueda moverlo y un candado con una clave secreta que impide abrirlo. ¡Ay que Cloti tan desconfiada!

La publicidad del noble Blas

Hoy hablo en defensa de mi amigo Blas para evitar habladurías. Me molesta que hablen de alguien que es tan afable. Él puso una tablita de roble como emblema de su pueblo al público. Así hizo una noble publicidad a su establo. En bloque afamó al poblado y a su blanco ganado. No fue un mentiroso hablador, sino un amable cooperador. Los pobladores debían cuidar sus lenguas terribles y agradecerle a Blas su elogiable conducta, pues benefició a todas las lecherías de la población.

La gloria de un inglés

Un inglés iba hacia Inglaterra, pero el globo donde volaba con un ramo de gladiolas para su novia inglesa cayó en un glaciar. El clima era glacial y tuvo que pasar casi un siglo en un iglú. Siguiendo las reglas de los ingleses fue rescatado gloriosamente. Vestidos como de etiqueta, los elegantes pingüinos fueron los únicos en despedirse del orgulloso anglo. ¡Ah que los ingleses tan “eleglantes”! Ni en los cuentos de piratas pierden su compostura.

Don Trompo en un trono luce sus trapos

Entre tanto, en otra trampa, Don Trompo fue muy trampeado. Cuatro trajes de trapo atrasado estrenó con su trono intrincado. Se mandó hacer un retrato dándose un trato triunfal. Mas después de su atrevido teatro, que aparece el dueño destronado y tras de trece trompadas, lo dieron por estrellado. Por traidor le pusieron el potro y tronaron sus atrocidades. Así trotan lo bailado sobre inocentes trigales quienes usurpan la trama con ambiciones triviales.

La playa del plomero

Juanito, el plomero, aplica mucho plomo en su placa. Usa el soplete en la plaza donde el plano dice que le sople completo. Y colocando el niple, canta una copla como si descansara en la playa.

Coplero que soy coplero: escuchen todos mi copla; de oficio soy un plomero, pero de alma cancionero y la música me sopla sus aplausos emoción.

Donde Juanito, el plomero, se planta, las inundaciones pluviales no se presentan, pues siempre planifica bien sus planteos. ¡Qué plena voluntad para el trabajo!

El atleta corre de Tlalpan a Tenochtitlan

En un gimnasio de Atlixco ejercitan los atletas. ¡Qué cuerpos tan atléticos! Así de forzudo sería Atlas, el griego que cargaba el mundo a sus espaldas. Estos atletas son verdaderamente atlantes. Van a competir por el trofeo Atlántico. Quieren ganar también el maratón de Tlalpan a Cuauhtitlan que atraviesa por Tenochtitlan. Para eso practican el atletismo. Un día yo seré un atleta que corra desde Tlalpan a Tenochtitlan y con el premio que gane abriré una tlapalería que se llame La Moderna Atlacomulco.

La lengua de México-Tenochtitlan La lengua náhuatl se hablaba en Tenochtitlan, nombre antiguo de la ciudad de México, donde Tezcatlipoca era el símbolo de la conciencia, Quetzalcóatl representaba la inteligencia creadora y Huitzilopochtli simbolizaba la voluntad. Saber náhuatl te llevaría a entender lo que quiere decir Cuauhtitlan, Coatlicue, Tochtli, Meztli, Tlaloc, Teotl Ipalnemohuani, Cuauhtlatoatzin. Ser nahuatlaco es amar el pasado grandioso de México para revivirlo, mejorándolo. Canción mexicana

Yo he nacido en un país de muchas X. Se pasea en Xochimilco entre xilófonos. Come guisos con chilito de Xalapa y en Oaxaca renació su patrio honor.

Yo he nacido en un país llamado México. Mexicano exitoso eso lo soy. Es el centro de su X nuestro ombligo que hace exacto al México de hoy.

Mexicano, mexiquense o como quieran, todos somos la mexicanidad. Remolino de X nuestra tierra: Xochipilli extendiendo la hermandad.

Yo he nacido en un país de muchas X.

Examina si no: Taxqueña, Tlaxcala, Xalostoc, Texcoco, Necaxa, Uxmal, Taxco, Tuxtla, Tuxpan, Atlixco, Acoxpan y muchas “max...”

¡Qué excelente excursión por México!

El triunfo de la sonrisa

Capítulo I Blanca Estrella y Dulce Trino eran dos buenas princesas que poblaban hace tiempo el reino de las Tristezas.

Y es que el cruel de Don Blasfemo con sus intrigas terribles había dicho que ser triste es mejor que estar risibles.

Y su Tratado de Llanto era lectura obligada. El pueblo siempre temblando hablaba en ley aceptada.

Don Blasfemo tenía el trono protegido a sable y cable y era intrépida tragedia la sonrisa inalcanzable. Capítulo II Clarín Clarinete y Flaquín Flequín eran dos donceles del reino Risín.

Clareando mañanas flotaba el reír y había en las ventanas de risas fluir.

Su clave eran flores y flamas de sol. Tecleaban al flujo del clima arrebol.

Risas clorofílicas en clases flamantes anclaban tranquilas aflicciones de antes.

Un día salió a flote el triste clamor: -¡Qué acabe el azote de Blasfe, el Terror! Capítulo III Clarinete y Flaquincillo subieron a un globo un día en búsqueda de la gloria, gladiadores de alegría.

Flaquincillo se hizo atlético y Clarinete un atlante y el reglamento Blasfemo de glacial se puso amante.

-Par de plebeyos glotones.- Don Blasfe dijo pleitista. Platoneadas las princesas, el amor las salva en risas.

Y derramando glucosa entre plegarias de llanto la plebe lo ató en la plaza y luego lo envió al Atlántico.

Clarinete y Flaquincillo casaron con las princesas: Dulce Trino y Clarinete; Flaquincillo y Blanca Estrella.

Así acabaron sonrientes en este cuento de risa y todos sus blancos dientes lucieron en gran sonrisa. El grillito encantado

-Y prometo dar las gracias- dijo el grillo Primitivo y en aquella primavera la princesa Gran Rocío apresurando las gradas de su grandioso castillo, bajó gritando hasta el prado al ver que el príncipe Greco era el grillito encantado.

-Gracias a ti, mi preciosa, porque has comprado el elíxir que pronto hará el agraciado momento de ser felices.

Entonces el ogro negro gruñó su desgracia agriada cuando el grillo Primitivo a príncipe regresaba. Doña Rana y sus amigos

Doña Rana estaba en su casita tomando su sopa de arañita.

Un oso soso la pisó. ¡Qué maloso paso dio!

Al mono le dio tristeza: -Toma ranita esta fresa.

El burro un bote destapa y saca riendo una papa.

Un topo sale a la luna: -Come ranita esta tuna.

Limones da la paloma cortados en esa loma.

El pato con todo y pata le da de piña una lata

Una lima le da el toro y una pera le da el loro.

Del bosque sale un buen puma y a sus amigos se suma.

Corre que corre un coyote y le da un pequeño elote.

El lobo malo ya es bueno y le canta muy ameno:

-Amigos como la rana, amigos por miles gana.

La vaca pesista

Una vaca con kimono: ¡Ay que vaca de buen tono!

Sudó y se quitó un buen kilo para no perder estilo.

La vaca levanta pesas y sube kioscos y mesas.

La vaquita corre y corre para que más kilos borre.

Se toma un vaso de avena a la mitad de su pena.

La vaca ama a su vaquero y por eso tanto esmero.

La vaca se siente niña a la mitad de la viña.

Quiere estar en la kermés y por eso así la ves.

Vestida de color verde va volando y se nos pierde.

Ilusionada de amores le lleva un ramo de flores.

Doña Foca enamorada.

Coquetona Doña Foca no le importa estar tan loca.

Con su bigote de risa lava y lava una camisa.

Se enamoró de una foto donde va Don Gato en moto

y como salió tan guapo, le gana en fama a Don Sapo.

La foca con cafetera se va por una escalera.

Don Gato agarra su vaso. La foca le sale al paso.

Pensaba que era un foquito y le resultó un gatito.

El hada color de humo

Hubo un tiempo en que las hadas aún no estaban fatigadas.

Se escondían en las higueras para limpiar sus ojeras

y con heladas harinas, jóvenes eran sus ruinas.

En hamacas de hule y heno jugaban con el sereno.

Las hadas avejentadas se miraban renovadas.

Así cambiaban su cara hasta en la forma más rara: