Juicio razonado sobre los acontecimientos de Europa, situacion del Sumo Pontífice, y tambien sobre la ventajosa posicion en que se encuentra la España, respecto del resto de Europa

Part 2

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En presencia de esta gran conmocion del continente, de todas estas descomposiciones de los antiguos sistemas que formaban una sola pieza, y sobre los escombros de tronos derruidos sobre las escalinatas de tronos que se elevan, admira y seduce que todo ha cambiado al rededor nuestro; la España es sola la que no ha cambiado: su edificio social y político permanece en pié; se resintió parcial y localmente, es verdad; pero de una sensacion semejante á la que esperimenta el último eslabon de una cadena que se sacude al golpe de la electricidad; permanece firme, y aumentando su influencia, su esfera de radiacion, de asimilacion, é de atraccion sobre el continente, á semejanza de los árboles nudosos que estienden y profundizan sus raíces cuanto mas recios son los huracanes que los combaten. Nuestra nacion se revolucionaba cuando las demas permanecían quietas; ahora que aquellas se agitan, nosotros permanecemos tranquilos. Alguna razon hay para llamarnos la patria de los _viceversas_.

No ha mucho que por las escesivas innovaciones de nuestro siglo, y por las rencillas y turbaciones de los tiempos modernos, ofrecia España un cuadro bochornoso del que se aprovechaban gabinetes estraños, con mengua del decoro nacional, formando quiza planes y combinaciones que tendían á atacar nuestra independencia, situacion que devoraba, pero que no aceptaba; su antiguo rango hacia parte de su ser, y cuyo carácter político sobresale por su _espíritu de independencia_, anidado constantemente en sus corazones; mas España se va restaurando; recupera de dia en dia su nombre y su fuerza, y tiene medios y recursos para hacer respetar sus derechos y exigir se le dé en la Europa todo el verdadero valor que le cabe en la balanza. Con el movimiento de Europa ha vuelto á colocarse de hecho en la línea de nacion de _primer órden_, sin temer que _ninguna influencia estraña_ se atreva á querer pesar con especialidad en su política, que tiene ya accion colectiva; su dignidad se enaltece, con el horizonte mas vasto, con el aire mas libre que respira, y con la debida representacion que le espera en el porvenir de los pueblos civilizados, recobra su antigua influencia, y apreciando y utilizando todos los elementos que nos ofrece una época tan significativa para España, vemos labrarse los cimientos para que, y en este punto llegue, la época del emperador _Cárlos V_ (1º de España) en que nada se hacia en Europa sin intervencion de los españoles.

Por grandes vicisitudes antiguas y modernas ha atravesado esta nacion heroica, grandes y penosos sacrificios ha hecho por conservar su _independencia_ y _libertad_, vislumbrada á traves de escenas de horror y de sangre; vicisitudes y sacrificios que la han impedido estudiar su tradicion y sus destinos. Ha visto nacer y morir todas las instituciones con el transcurso de los tiempos; nacieron y pasaron las instituciones teocráticas de los godos: nacieron y pasaron las instituciones representativas y feudales; nacieron y pasaron las instituciones impuestas, á la nacion el año 12. Nació y pasó el _estatuto_, y volvió á nacer y volvió á pasar como una luz fosfórica la constitucion de Cádiz; solo la _monarquía_ ha sucedido á la accion de los tiempos, y de las revoluciones; pues olvidemos lo pasado, y unámonos en el altar de la patria para consolidar y perfeccionar lo existente. Tengamos presente que el _movimiento de 1808_ fué el último suspiro de las antiguas edades, desde cuya época se abrieron los anchos y fértiles raudales de la libertad constitucional; que _el convenio de Vergara_ lo formaron los _ecos_ de los dos partidos, á semejanza de dos rios que mezclan y confunden sus aguas para no separarse jamás, y como todo hecho grande emprendido y logrado, fué una _rica dote_ para el pais. El triunfo de las sociedades modernas sobre las antiguas, ó mejor diré su consecuencia; que todas las épocas han tenido y tienen su representacion, y asi como en el reinado de los reyes católicos, _Fernando é Isabel I_ acabó la civilizacion antigua, empezó otra nueva reuniendo los ánimos para constituir el Estado en tres elementos; _trono, pueblo, y gobierno_, asi tambien en el reinado de _Isabel II_ al amanecer los ansiados dias, en que la armonía habia de nacer del poder con la libertad, del interes material con el interes político hermanando la libertad con la monarquía, con la religion, de lo que depende la prosperidad y la gloria del pais, empezó la _España nueva_, la edad de oro, de paz de concordia, de reconciliacion y ventura el gran pedestal de felicidad para las generaciones futuras. Nuestras instituciones son ya bastante libres para que proclamemos el título de conservadores; y conservadores tambien de la dignidad, de la independencia, y de las influencias naturales del pais, pues la moderacion imprime un carácter augusto, asi á los gobiernos como á las naciones, y es siempre la compañera de la fuerza, y de la duracion de las instituciones sociales. El espíritu de conservacion no es sin embargo el de inamovilidad; seamos pues amigos del progreso natural y legítimo, pero consideremos que no le hay sino toma _el órden por base_.

Los grandes principios del derecho público que constituyen un pueblo libre han dejado de pertenecer al dominio de las teorías abstractas, llegando á ser entre nosotros hechos prácticos cotidianos; y si las demas naciones tenian su pensamiento político que realizar, su gran problema que resolver, y que se hallan realizando y resolviendo, nosotros lo habíamos ya realizado y resuelto después de treinta y ocho años de lucha, combatida nuestra patria por tan contrarios destinos.

Estamos en plena posesion de los dos principios que sirven de garantia á la paz y de seguridad á los grandes intereses de la nacion; _trono y constitucion, estas dos cúpulas del cuerpo social y político_ que en su alto punto de vista se reduce á que la corona es inviolable porque su inviolabilidad descansa sobre la responsabilidad de los consejeros responsables; que el rey no puede mandar nada sin sus ministros, hé aquí lo que constituye la independencia del ministerio. Los _ministros_ tienen que contar con las _córtes_, hé aquí lo que constituye la libertad del pais, y lo que asegura á la voluntad pública una preponderancia cierta en los negocios. Y el acuerdo del _rey_ el _ministerio_: y las _córtes_, forma lo que se llama _monarquía constitucional, y la Constitucion la garantía de lodos los derechos, y la prenda de todos los adelantos_. Tenemos la religion católica que profesamos mas completada que en la constitucion de 1812. La votacion de los impuestos, la eleccion de electores y elegibles aplicada muy universalmente, el derecho de peticion, la instruccion primaria asegurada para todos, las diputaciones provinciales, los ayuntamientos populares, que ejercen la magistratura doméstica de los pueblos, la igualdad ante la ley. Tenemos la libertad de imprenta, esa segunda libertad del género humano, esa formidable palanca que vió la luz en los brazos de Gutemberg; cuya arma defensiva se recibe de manos de la constitucion que debe esgrimirse con valor en contra de los escesos de la libertad salvaguardia y centinela avanzada del gobierno representativo, y tan necesaria para la organizacion y desarrollo moral de los pueblos, como para su organizacion política, que limitándose á combatir las ¡deas, y no los partidos, hablar de las cosas y no de las personas, á denunciar cualquier vicio de la administracion en donde se encuentre, que apoye los derechos que el hombre ha recibido de la naturaleza y que deben protegerlos gobiernos; á saber, seguridad de personas y propiedades, libertad de industria y de comercio compatibles con los intereses locales, libertad de opiniones y conciencias; y cuando digo conciencias, no se entienda cultos porque la religion católica ha sido desde Recaredo, la única religion de los españoles; que alimenta con el vasto saber de los que la dirigen, los sentimientos de _libertad_ y _tolerancia_ que son los verdaderos caracteres mas felices de nuestro siglo, el movimiento de fraternal amistad y olvido que constituye la esencia del gobierno representativo; que tenga siempre presente que por el carácter indeleble que imprime tiene mas fuerza que la palabra, y asi es que los grandes escritores componen una parte muy esencial de la gloria de los grandes reinados y, ojalá llegase el dia en que el único freno de la imprenta fuese un público ilustrado; felices tiempos esclamaba Tácito en que sea permitido pensar como se habla y hablar como se piensa. La corona posee el derecho de conceder ó negar su sancion á los proyectos de ley llamado _veto_, de separar y nombrar libremente sus ministros; y al egercer esta prerogativa resuelve una cuestion de hombres, como las córtes al apoyarlos ó no, una cuestion de principios.

Posee tambien la incontestable de disolver las córtes, pero el ejercicio de esta facultad supone un pensamiento y un móvil, pues fuera absurdo imaginar que sin causa y sin una mira de conveniencia pública recurra la corona á nuevas elecciones antes del tiempo señalado por la Constitucion, cuando la fuerza de los parlamentos, como de los gobiernos, estriba en su larga duracion. Los primeros años de un gabinete son los mejores, pues en ellos se aprovechan las circunstancias que lo han hecho necesario; su condicion esencial es marchar con las mayorías; los gobiernos sábios y fuertes las dirigen, los débiles las obedecen. Una disolucion nunca tiene otro objeto que el de uniformar la opinion de los cuerpos colegisladores y la del gobierno, cuya divergencia, siempre es funesta á la nacion. Cuando la corona escoge un ministerio fuera de la mayoría de las córtes, debe ser consecuencia inmediata que se consulte la voluntad del pais y se vea si este aprueba y ratifica los fundamentos que el monarca tuvo para entregar los negocios públicos á la direccion de personas que no piensan como la mayoría de los representantes de la nacion.

En España el Estado lo representan los tres poderes. El legislativo, ejecutivo y la corona; de suerte que el monarca no puede decir como Luis XIV: «_El estado soy yo_» ni tampoco como Napoleon, que, evocando el recuerdo de aquel rey decia á los legisladores: «_No os imagineis que sois vosotros los que representáis la grande nacion, es el ejército que me obedece, el senado que es enteramente mio, el consejo de estado precedido por mi: soy yo: yo solo soy la Francia._» Ni las _córtes_ tampoco pueden decir como las constituyentes ó convencionales de Francia: «_La nacion somos nosotros._»

Nuestra Constitucion concede grandes pre-rogativas á la corona para llevar adelante la grande idea dominadora en este siglo, cual es la de hermanar el órden con la libertad y conciliar la existencia de una _monarquía_ sin _despotismo_, una _aristocracia_ sin _vasallaje_, la _democracia_ sin _anarquía_, la _religion_ sin _intolerancia_, la _filosofía_, en fin, sin _su espíritu disolvente_. ¿Que podemos, pues, apetecer en la actualidad, sino el asegurar y desenvolver en sus legítimas consecuencias estas preciosas instituciones? Lo que hoy nos importa no es el conquistar la libertad, sino organizaría, dándole por base la unidad, la fuerza y la estabilidad perfecta del gobierno, el órden como la libertad, el respeto al poder, como todos los grados de la gerarquía, como el de las franquicias públicas, en cuanto puedan entenderse sin rebasar el límite sagrado que le ha puesto la ley, formando el _espíritu público_, que es la única garantía y mejor escudo de los ministros y de la perpetuidad de los gobiernos basta hermanar la idea del poder y del órden con la idea de la libertad y civilizacion.

Es necesaria la reconciliacion sincera de todas las opiniones, de todos los partidos del círculo legal, sin mas diferencia que las que den de sí las _doctrinas_, las que den de sí las _votaciones_; que se acaben para siempre las malas artes; procurar que el egoismo político no eslinga en los corazones el amor de la patria, porque las rivalidades del amor propio en almas elevadas no debe ser obstáculo á una alianza que reclamen los intereses del pais. Union hay en la muerte, ¿por qué no ha de haber en la vida? Adversarios en política: que cada uno defienda sus principios sobresaliendo su política; unidad en los grandes partidos; que estos elijan posiciones las mas dignas, celosos siempre de la dignidad y etiqueta que exige el debate, el homenaje que tributan los pueblos de _Oriente_ á lo que llamamos _luz de la razon_; _oposicion de principios; pues la oposicion es el eje del parlamento_; pero esta oposicion, aunque apasionada, debe ser razonada y parlamentaria; pues donde hay hombres, hay pasiones; donde hay diputados, hay principios, y donde hay principios, hay _trono, instituciones, nacion, porvenir, hay gloria, y la gloria política y literaria es la gloria de las glorias_; y no olvidemos que si la seguridad esterior de un Estado consiste en la fuerza de las armas, la interior en la fuerza de las leyes, y la observancia de estas no puede depender sino de las costumbres, y unas y otras de la educacion; de este modo acabaremos de formar el _órden social y político_, para que cualquiera que sea el partido que tenga en su mano el _governalle del Estado_ pueda dirigir mejor á la nacion en su estado normal; porque cuando los gobiernos se modifican y se suceden, segun lo demanden los intereses del pais materiales y morales, sin revoluciones, sin sacudimientos peligrosos, y solo por las vías legales y parlamentarias, entonces, y solo entonces, podremos decir que hemos llegado á poseer todas las ventajas del gobierno representativo; es el mejor temple de espada del afianzamiento y saneamiento de nuestras libertades, y entonces tendrá el poder una _base política estable, sólida_, de que carece, un pais falto todavía de _espíritu público_, de aficion á los intereses generales, colocado entre la fé que no tiene, y sometido á la accion disolvente del individuo; asi es que cambiado el poder del gobierno, se vá relajando hasta el punto de amenazar otra nueva crisis, y esto prueba que hay algo de vicioso en la constitucion de una sociedad que esperimenta conmociones casi periódicas: _este es el pensamiento político que debe realizar la España, la fusion de los partidos con independencia y libertad en sus opiniones, dentro del círculo legal, y estricta observancia de fos reglas y prácticas que establece el principio parlamentario_, indispensable para consolidar el órden y la libertad, para el engrandecimiento del pais, y hacer ver en el esterior que ha comprendido la posicion y lugar especial que este _cataclismo_ universal, en este gran _terremoto político_, le ha deparado la Providencia como destinada á conciliar la libertad con el dogma, la tradicion con lo futuro, á que nuestra monarquía constitucional sea _el modelo y sírva de núcleo y base á las monarquías constitucionales modernas_. Para esto tambien es necesario que las mayorías parlamentarias con la corona formen nuestro único criterio político, y por consecuencia que sustituyamos los medios de inteligencia á los de fuerza material, que es lo que distínguelos gobiernos representativos de las monarquías absolutas. Es necesario que los hombres públicos vivan de su reputacion en la esfera política, como privadamente viven los ciudadanos de su honor en el hogar doméstico; porque los partidos han menester moralidad y prestigio para mantenerse y aspirar al porvenir, tiznan su moralidad, pierden su prestigio, y abdican su influencia cuando no se cuidan de vindicar su conducta y acrisolar su fama; porque la reputacion de un partido que deposita su fé en sus principios, en sus hombres y en sus medios, no es una hacienda suya, sino un patrimonio de la nacion, y el porvenir tiene un derecho á que la verdad sea esclarecida, y que la justicia aparezca vencedora. Mientras los partidos son legítimos, nadie puede negarles su porvenir próximo ó remoto, ni menos desconocer que tienen una vida propia, hija de la ley, hija de las ideas, cuyo poder es ciertamente incalculable; pero cuando renuncien á su fé, cuando en su símbolo político admiten ideas ó hechos absurdos, mueren y perecen á sus mismas manos.

Es necesario separar la cuestion de empleos de la política para que los partidos pierdan el único gérmen que encarece sus discusiones y sus reyertas. Procurar que la injusticia no se erija en derecho; que los empleos públicos dejen de ser presa del nepotismo y corrupcion, y que no se haga de ellos una _moneda electoral_, sino que se den al mérito, á la capacidad, sin reparar en si los pretenden. Bien al bien y mal al mal, y la nacion se mostrará agradecida.

Los partidos en su generalidad no pueden tener otro interés que la posesion del poder, y una vez moralizada la lucha, el afan de conquistar el gobierno cesa de ser un mal, es al contrario un estímulo para los talentos superiores, un premio para los corazones patrióticos, y una ventaja inmensa para la sociedad; y he dicho un estímulo para los talentos superiores, porque solo á ellos pertenece el poder, y asi vemos que la historia por compromisos de conciencia, que son por desgracia harto frecuentes, perdona, algunas veces el mal, cuando se encubre de gloria, pero no perdona nunca las medianías que abrigan ambicion. La direccion de la sociedad pertenece, por mas que se diga, á los hombres, cuya _capacidad, moralidad é independencia_ sean probadas: el primer derecho de una gran nacion es el de ser gobernada de un modo digno de ella.

Es necesario que los partidos se formen esclusivamente de ideas y doctrinas, en donde se busque siempre lo mas conforme á la razon y el interés justo de la sociedad, dejando ancho campo donde los talentos superiores se disputen la prez y el triunfo que tanto halaga el amor propio literario, que es el primero de los amores propios, y hagan ver que todos los partidos son útiles y convenientes en los gobiernos representativos cuando sus discusiones se limitan á lides intelectuales, y solo de este modo encontrará la nacion buenos y fieles servidores; pues obrando siempre por profundas convicciones, acelerarán el descubrimiento de la verdad, para asegurar el triunfo pacífico de la razon. La Inglaterra, que se distingue por su orgullo nacional, lo debe sin duda á las pasiones que ha reprimido, á los enemigos que ha reconciliado y al carácter templado y amistoso que llevan siempre sus desinteresadas controversias.

Allí el vínculo del interés privado se estrecha con el de la sociedad por la misma organizacion de su gobierno, y asi el interés público es una pasion que domina todos los corazones y á cuya voz callan todas las afecciones y todas las miras que pudieran contrariarles de cualquier modo, y de este modo hacen ver que los partidos políticos existen sin daño de la sociedad.

Es necesario que la oposicion, fuera de ciertas cuestiones de interes material y general, sea sistemática, y que los hombres representen principios. La oposicion llamada de _conciencia_ es impotente, la conciencia puede fallar sobre un hecho _moral_, pero no juzga de un hecho _intelectual_; le es forzoso seguirla voz de un gefe que estime las buenas y deseche las malas leyes. El diputado que funda su voto siempre en la conciencia, y lo introduce en la urna, tiene por necesidad que andar vacilante entre los partidos, y se ve precisado á roer sin freno, á votar tambien según la ocasion en favor del ministerio, ó á hacerse el magnánimo con la rabia en el alma. Mientras la Inglaterra ha ido bien, nunca ha tenido mas que una oposicion sistemática deducida de los principios adoptados por profundas convicciones, cada cual entraba y salia con sus amigos, y al dejar el ministerio, se sentaba en el banco de los que atacaban, como que se retiraba por no haber querido adoptar un sistema que quedaba cerca de la corona y debía ser combatido necesariamente; y como los hombres solo representan allí principios, la oposicion sistemática solo quería triunfar de estos cuando daba el sallo á los hombres. ¿Y por qué no ha de suceder lo mismo en España que no cede á nadie en sensatez y generosidad? que no cede tampoco á ninguna potencia en hombres eminentes, en todas carreras, en todos partidos, talentos privilegiados, almas grandes que mantienen el equilibrio del mundo, que llevan en su seno la paz ó la guerra, el porvenir de la monarquía que les está Confiada. ¿No es ya tiempo que gocemos de los beneficios que proporciona la civilizacion, y bien entendida _libertad é independencia_, por la que tanta sangre se ha derramado en el espacio de treinta años? Hagamos alto, bastémonos á nosotros mismos, sepamos esperar, paciencia hasta para la gloria, dar tiempo al principio que trabaja para asimilar la mayor parte de Europa á nuestra semejanza, y consuélense todas las opiniones, que los partidos tienen sus épocas y es necesario respetarlas; lo contrario es el suicidio, porque una violencia produce otra mayor. Nosotros ya hemos vivido, procuremos una existencia feliz a los que nos sucedan, que tambien viviremos, sí, viviremos en los dulces recuerdos de nuestras generaciones futuras. Acordémonos que la historia pronunciará nuestra sentencia, y que la suya será la de los siglos; la verdad moral la verdad real: el producto total de una época entera.

El sentimiento de órden y de reposo que desea la España dá mucha consistencia al poder, y hasta en cierto modo suple el prestigio que tantas oscilaciones le han hecho perder.

Los adelantamientos de la industria y del comercio dan cada dia mas peso á las clases medias y hasta el instinto de la propia conservacion, y el anhelo de gozar cada uno sosegadamente del fruto de su trabajo apiñan á la nacion al derredor del trono como símbolo permanente de órden y seguridad.

Inauguremos pues la política de la paz, é inauguremos al mismo tiempo la política del trabajo agrícola é industrial, manufacturero y comercial. Entremos en una era esencialmente industrial y agrícola, que dirija toda la actividad del pais hácia las mejoras prácticas, ábranse caminos, pónganse en circulacion los grandes capitales, porque sin el valor del dinero no hay nada, mézclense en grandes empresas con que les brinda el pais como la mejor garantía de prosperidad. En tiempo de paz las fuerzas no disminuyen, son todas fecundas, porque son aplicadas á la conservacion y engrandecimiento de la pública felicidad. Con la paz se dá un alimento nuevo. La lucha no cesa, cambia solamente, combate la naturaleza en el mejoramiento agrícola é industrial, y la actividad de los pueblos rivales en las mejoras comerciales; lucha santa, guerra fecunda y civilizada porque tiene por objeto mejorar la condicion de todos y el cumplimiento de las leyes providenciales de reabilitacion que siguen á la naturaleza humana.

En tiempo de guerra no hay mas que soldados que luchan, en tiempos de paz todo se pone en movimiento, todo opera, _inteligencia, capitales, cabeza, brazos_, la gran mezcla del trabajo absorve todo lo que Dios pone en juego de fuerzas vivientes ó muertas en la creacion despues el génio del hombre de estado que comunica y realiza las reformas. Hé aquí el glorioso monumento de la paz, y hé aquí tambien el modo de que todos contribuyamos á que se cicatricen las llagas que ha dejado la revolucion, y á que esta nacion sea grande, poderosa, feliz y civilizada; esta nacion que eclipsó la gloria del gran coloso que tendía nada menos que á ceñirse la corona del mundo, que al ostentar su poder se vanagloriaba de tener sesenta millones de vasallos, un millon de soldados, cienmil caballos, número de fuerzas que jamas tuvieron los romanos, pues este héroe del siglo XVIII dice en su memorial de Santa Elena, lo que no dudo quedará grabado en el corazon de todo español: «_La guerra de España me privó de recursos, de mi influencia en Europa, y fué la causa de todas mis calamidades; esta es la España._»

FIN.