Juan José: Drama en tres actos y en prosa
Part 5
Pues _alivia_, que necesito hablar con él y quiero estar solo. (_Con imperio. Entra Juan José por la derecha en actitud reconcentrada y triste, y se dirige hacia donde está el Cano sin reparar en él. El Presidiario sale por la rompiente de la izquierda._)
ESCENA II
JUAN JOSÉ y EL CANO
CANO.
(_Deteniendo á Juan José por el brazo, cuando éste llega al lado suyo._) ¿Qué hay, Juan José?
JUAN JOSÉ.
¡Qué quieres que haya! ¡Penas; lo de siempre: lo que tengo desde el día en que la miseria y el cariño de una mujer me volvieron loco!
CANO.
¡Bah, chico; lo que no _tié_ remedio, no lo _tié_, y _sansacabó_!... Pecho al agua, que el mundo es ancho, y en el presidio hay muchas puertas.
JUAN JOSÉ.
¡No es el presidio lo que me trae así! ¡Ocho años son muy largos y tienen muchos días, muchos, y muy tristes; sin más consuelo que el que recibe uno de afuera; parece que no van á acabarse nunca... y se acaban! Entre tantas horas de sufrimiento, hay una en que te gritan: «¡Ya eres libre; ya pagaste el daño; anda, sal, vuelve con los tuyos, con los que han sufrido por tí, mientras sufrías tú por ellos; vuelve donde te esperan, contando minuto á minuto los que faltan _pa_ que llegues tú!» ¡Aguardando á que suene esa hora, puede uno padecerlo todo; porque esa hora, con ser una sola, paga las demás, con ser las demás tantas y tan crueles! ¡Pero cuando con el presidio acaba una pena y empieza otra; cuando sabes que nadie vendrá á verte á la reja, que nadie te esperará tampoco al salir, entonces la misma _libertá_ mete miedo, y por mucho corazón que tengan los hombres, no pueden hacer más que desgarrárselo con las uñas, y llorar _pa_ dentro y maldecir, apretando los dientes! ¡Eso es lo que me pasa á mí!
CANO.
¿Y á quién no le ha _pasáo_ algo _parecío_? ¿Te piensas que el mundo es una viña? Pues al que no lo ahorcan por la cabeza, lo ahorcan por los pies. _Custión_ de postura. ¿Y no sabes tú lo que hay que hacer? Lo que yo. Tener cachaza y mala idea, y esperar; el que sabe esperar, tarde ó temprano, se sale con la suya.
JUAN JOSÉ.
¡Esperar!... (_Con desaliento._) Esperar, ¿á qué?...
CANO.
¿Á qué? Á cobrarte; á desquitarte de la _charraná_ que te ha _jugáo_, la que te ha _metío_ á ladrón y ya no se acuerda de tí.
JUAN JOSÉ.
¡Que no se acuerda!... (_Con ansiedad._) ¿Estás seguro?
CANO.
¡Es lo más probable! ¡No te hagas ilusiones!
JUAN JOSÉ.
¡Cómo no he de hacérmelas, si mi vida está en esa mujer!...
CANO.
(_Con desprecio._) ¡Bah!...
JUAN JOSÉ.
El día de la audiencia, al entrar en la sala donde iba á jugarse mi suerte, no tenía más que una idea, esta: Ella vendrá aquí, á declarar con los testigos; ¡voy á verla, á oirla, á tenerla un momento cerca de mí!... Lo demás no me importaba nada; ¡y lo demás era mi castigo, mi honra, mi sentencia!... ¡Ya ves!... Cuando supe que no venía por impedírselo una _enfermedá_, _justificáa_ por un _certificáo_ de los médicos, pensé que acababa de sucederme todo lo malo que me podía suceder en aquella casa, y escuché la sentencia encogiéndome de hombros; y volví á la cárcel preguntándome, lo que me pregunto á todas horas: ¿Qué será de ella? ¿Por qué no viene á verme? ¿Qué debo creer?...
CANO.
Cree lo peor, y estarás cerca de no engañarte.
JUAN JOSÉ.
¡Y luego Andrés, mi amigo, sin contestar á la primera carta que le hice escribir, sin contestar tampoco á la que tú le pusiste hace cuatro días! ¿Por qué no me contesta?
CANO.
Porque no habrá _podío_, ó porque no le habrá _dáo_ la gana. Vete á averiguar. Lo seguro es que te encuentras solo y que debes pensar en algo.
JUAN JOSÉ.
¿En qué?... ¿En mi desgracia?... ¿En el presidio que me espera?...
CANO.
El presidio no es tan malo como _paéce_, así, visto de golpe; la primera vez que se entra en él. El que _tié_ valor, y puños, y no es tonto, _pué_ hacerse el amo, y el amo está bien en cualquiera parte; en la cárcel, como en su casa; en su casa, como en un monte, y en un monte, como en un trono. La cuestión es mandar. El demonio vive en los infiernos y es rey... Tú también _puées_ vivir á gusto en presidio, y buscártelas cuando salgas de él.
JUAN JOSÉ.
(_Con asombro._) ¡Yo!... ¡Buscármelas yo, como tú te las buscas!... ¡Como se las buscan los otros!...
CANO.
¡Á ver!...
JUAN JOSÉ.
¡No; yo no haré eso! (_Con energía._) ¡Perdona, Cano; pero la vida vuestra no es _pa_ mí! ¡Me da _repunancia_! ¡Yo sólo apetezco rematar mi condena, y saber de Rosa, y volver á ser lo que he sido antes!
CANO.
(_Con ironía._) ¡Lo que ha _sío_ antes!
JUAN JOSÉ.
Lo que fuí siempre, siempre; hasta después de hacer lo que hice. Un hombre _honráo_.
CANO.
¡_Pa tí_, que podrás serlo! No sueñes, muchacho.
JUAN JOSÉ.
(_Sorprendido._) ¡Soñar!...
CANO.
Tú ya no _puées_ ser más que una cosa: ¡_licenciáo_ de presidio!
JUAN JOSÉ.
(_Con angustia._) ¡Qué!...
CANO.
Sal de aquí; vete á _peir_ trabajo; acércate á la gente _honráa_, y verás lo _güeno_.
JUAN JOSÉ.
¿Qué es lo que voy á ver?... (_Con espanto._)
CANO.
Que nadie le da trabajo á un _sentenciáo por robo_; que nadie abre las puertas de su casa á un ladrón.
JUAN JOSÉ.
(_Con angustia y como aterrado por las palabras que acaba de decir el Cano._) ¡Oh!...
CANO.
La noche que robaste á un hombre, tomaste en tu mundo, en el mundo de las personas _honrás_, billete _pa_ otro mundo distinto: el nuestro. En estos viajes no hay billete de vuelta.
JUAN JOSÉ.
¡No; no digas eso; porque me da horror escucharte!... ¡Yo!...
CANO.
¡_Tóo_ es hasta que uno se acostumbra! ¡Luego se hace á ello el _garlochí_, y en paz!
JUAN JOSÉ.
¿Pero tú hablas de veras? ¿Crees lo que piensas? ¿Estás seguro de que todo ha _acabáo pa_ mí?
CANO.
¡No; _sacabó_ aquello y empieza esto!
JUAN JOSÉ.
(_Con energía._) ¡No!... ¡No!... ¡Yo no entro en esa vida!... (_Con desesperación._) ¡Una vida de crímenes, de remordimientos, sin más esperanza que el presidio!... ¡No!... ¡Te repito que no!...
CANO.
¡Los crímenes!... ¡los remordimientos!... ¡Ptchs!... ¡Por lo que hace al presidio, ya te lo dije antes: del presidio se sale!
JUAN JOSÉ.
Cuando se cumple.
CANO.
Ó sin cumplir, si sabe uno arreglárselas.
JUAN JOSÉ.
Eso lo dices...
CANO.
¡Y lo pruebo!
JUAN JOSÉ.
¡Probarlo! ¿Cómo?
CANO.
Como se prueban estas cosas; haciéndolas. Como tengo confianza en tí, no te oculto los planes míos; al contrario, estoy pronto á darte parte en ellos. Si _quiés_ escaparte esta noche conmigo, no _tiés_ más que abrir la boca.
JUAN JOSÉ.
¡Esta noche!
CANO.
Al salir de la cárcel; en el camino de la estación. Vamos _apareáos_. Es coser y cantar.
JUAN JOSÉ.
¡Escaparnos!... ¿Te has vuelto loco? ¿Y los grillos? ¿Y la _caena_?
CANO.
(_Con desprecio._) ¿Eso? Se lima.
JUAN JOSÉ.
¡Que se lima!... ¿Cuándo? ¿Con qué?
CANO.
¿Cuándo?... En el tiempo que estamos _atáos_ en el patio. ¿Con qué? Con esto. (_Saca del bolsillo una moneda de veinte reales._)
JUAN JOSÉ.
¿Dinero?
CANO.
¡No seas _gilí_!... _Pa_ los vigilantes, esto es una _monea_; _pa_ mí, es una caja. Mírala bien. (_Hace como quien desenrosca la moneda, y la deja dividida en dos partes; la de la parte de abajo tiene un hueco libre._) La _monea_ está hueca y se abre así, desenroscándola.
JUAN JOSÉ.
(_Con asombro._) ¡Es verdad!
CANO.
También se trabaja _pa_ uno en presidio. ¿Ves? (_Sacando del fondo de la caja una laminilla de acero._) ¿Qué te _paéce_ á tí esto?
JUAN JOSÉ.
Una hojilla de acero.
CANO.
¡Y qué pequeña! No _paéce na_; pues es la _libertá_, porque es una lima.
JUAN JOSÉ.
¿Esto? (_Con sorpresa._)
CANO.
¡Esto! Sabiéndola manejar, corta más que las grandes. Con esto se lima la _caena_... ya te diré cómo. Nadie lo nota; ni los que remachan el anillo; sales andando; buscas una ocasión, das un golpe en los hierros, salta la _caena_, y aprietas á correr. Llevas la contra de que un guardia te meta una bala en el cuerpo, y te tumbe patas arriba; pero de alguna muerte se _tié_ que morir. Si no te matan, estás libre. ¿Quieres?
JUAN JOSÉ.
No es la muerte lo que me asusta...
CANO.
En tal caso...
JUAN JOSÉ.
¿Y si lo cogen á uno vivo? Recargo de pena, más años de martirio, de encierro... No; yo no hago eso, Cano; callaré, pero no te sigo. Aún confío; aún creo que cuando salga de presidio podré volver á ser _honráo_; aún espero encontrar á Rosa, convencerme de que no es culpable, trabajar _pa_ ella... ¡Qué sé yo!... ¿Son delirios? Bueno; déjame con los delirios míos, y escapa.
CANO.
¡Tú sí que eres loco _rematáo_! (_Entra el Presidiario por la derecha y se dirige á Juan José._)
ESCENA III
JUAN JOSÉ, EL CANO y UN PRESIDIARIO
PRESIDIARIO.
¿Juan José?...
CANO.
(_Con dureza._) ¿Á qué nos vienes á estorbar?
PRESIDIARIO.
Es que el vigilante me ha _mandáo_ con un _recáo pa_ éste.
JUAN JOSÉ.
¿_Pa_ mí?
PRESIDIARIO.
Me ha dicho: busca á Juan José, y dale esta carta.
JUAN JOSÉ.
¡Una carta!... ¿Dónde la tienes? (_Con impaciencia._)
PRESIDIARIO.
Aquí está. (_Enseñando una carta á Juan José._)
JUAN JOSÉ.
(_Arrebatándole la carta._) ¡Dámela!... Tráela pronto. (_El Presidiario se dirige á la izquierda, por donde sale. Juan José saca la carta del sobre, que vendrá abierto, con precipitación; la abre y se queda con ella entre las manos dándole vueltas y mirándola._)
CANO.
Vamos, ¿á qué esperas?
JUAN JOSÉ.
(_Con tristeza._) ¿No sabes que no sé leer? Léemela tú. (_El Cano coge la carta que Juan José le entrega._)
ESCENA IV
JUAN JOSÉ y EL CANO; al final, EL PRESIDIARIO
CANO.
(_Leyendo._) «Madrid, quince...»
JUAN JOSÉ.
No; eso no; á la firma... ¡Lo primero, la firma! (_Con impaciencia. Con tono de esperanza._) ¡Si fuese de ella!... ¡Anda pronto, lee la firma! (_Con impaciencia y anhelo._)
CANO.
¿La firma? (_Volviendo una cara de la carta._) La firma dice Andrés.
JUAN JOSÉ.
(_Con desaliento._) ¡Andrés!... (_Con tristeza profunda._) ¡No es de ella!...
CANO.
(_Leyendo._) «Querido Juan José: Me alegraré que al recibo de esta...»
JUAN JOSÉ.
(_Interrumpiéndole._) Salta; salta; un poco más abajo; donde acaba el saludo.
CANO.
Allá voy... (_Como si recorriese los renglones._) «La mía... á Dios gracias...» Aquí. «Sabrás de cómo no te he escrito antes, porque he _estáo_ afuera trabajando; luego no te quería contestar, porque como lo que tú me pedías eran noticias de la Rosa... y...» (_Deteniéndose._)
JUAN JOSÉ.
(_Con gran impaciencia._) ¿Á qué te detienes? No te detengas. Sigue.
CANO.
«Y no eran buenas, pues por eso no te escribí.»
JUAN JOSÉ.
(_Con angustia._) ¡Adelante!...
CANO.
(_Leyendo._) «Pues sabrás de cómo no te puse dos letras, por eso; porque te quería evitar un disgusto, que bastante tienes con estar en presidio por ella; así hubieran _degolláo_ á la primera que nació.» (_Deja de leer._) Este _gachó_ es un _vivo_.
JUAN JOSÉ.
No te pares; ¿no ves que me estoy muriendo de ganas de saberlo todo?
CANO.
(_Volviendo á la lectura._) «En fin, como alguna vez han de contártelo y me lo pides con tantas fatigas, allá va: La Rosa está buena; lo de la enfermedad fué una farsa. No fué al juicio porque no quiso verte; y como ahora tiene _enflujo_ y dinero, pues lo arregló.»
JUAN JOSÉ.
¡No quiso verme!... ¡Á mí! (_Con desesperación. Reponiéndose. Al Cano._) ¿Qué más?...
CANO.
(_Leyendo._) «Ahora está en grande; no se ha _mudáo_ de casa; pero vive en el principal, y vive con Paco...»
JUAN JOSÉ.
(_Con espanto, odio y dolor._) ¡Con Paco!... ¿Eso es cierto?... ¿Has leído bien?... (_Con desesperación._) ¿Dónde dice eso?... ¡Á ver! ¡enséñamelo! ¡que yo lo vea!... ¿Dónde lo dice?... ¿Dónde, Cano, dónde?...
CANO.
(_Señalándole con el dedo un párrafo de la carta._) En este renglón. Míralo...
JUAN JOSÉ.
(_Se abalanza á mirar la carta y el sitio de ella donde señala el Cano._) ¡Mirarlo!... (_Con angustia._) ¡Cómo lo voy á mirar, si no entiendo esas rayas!... (_Al Cano._) ¿Pero se ha ido con él?... ¿Lo dice ahí?... ¡Sí, lo dice! ¡_Pa_ qué ibas á engañarme tú! ¡Está con él!... ¡Con él!... (_Reponiéndose; con calma siniestra._) Sigue, Cano, sigue; léelo todo. Después de lo que me has leído, ¿qué cosa mala ha de venir?... Lee desde donde pone «vive con Paco.»
CANO.
(_Leyendo._) «Vive con Paco, y vive, como te decía antes, en nuestra casa, en el principal; hecha una princesa. Por supuesto, que ni la Toñuela ni yo la saludamos. Aquí la tienes con su maestro de obras, mientras tú te pudres en presidio. Ya lo sabes todo.»
JUAN JOSÉ.
¡Todo, sí; todo!... ¡Qué más necesito saber! (_Se deja caer sobre el poyo con abatimiento profundo._)
CANO.
(_Leyendo sin que Juan José le oiga._) «Consérvate bueno, y con expresiones de la Toñuela, manda en lo que se ofrezca á tu amigo que lo es: Andrés Pérez.»
JUAN JOSÉ.
(_Levantándose._) Trae esa carta; tráela, que yo la toque. ¡_Paéce_ mentira que un cacho de papel haga tanto daño!... (_Entra el Presidiario por la derecha._)
PRESIDIARIO.
¡Cano!
CANO.
¿Qué?
PRESIDIARIO.
Te llaman en la Dirección.
CANO.
Voy á escape. (_Á Juan José._) No te olvides de lo que hemos _habláo_. (_Sale el Cano por la derecha._)
ESCENA V
JUAN JOSÉ, solo.
JUAN JOSÉ.
(_Con desesperación._) ¡Con Paco!... ¡Y no hay duda!... No la puede haber. Tengo la prueba; ¡y está escrita!... La tengo aquí, ¡aquí!... (_Mirando la carta que conserva en la mano. Desdobla la carta._) ¡Aquí es donde pone: Rosa vive con Paco!... (_Recorre la carta con los ojos._) Lo pone, sí; pero, ¿dónde lo pone?... ¿En qué cara?... ¿En qué sitio? (_Revolviendo la carta en todos sentidos._) ¿Será en este?... ¿Será más arriba?... (_Con amargura desesperada._) ¡No sé! (_Con sarcasmo doloroso._) Parece que estos garrapatos malditos juegan al esconder con mi pesadumbre, y me dicen: Aquí está eso de que Paco vive con Rosa; pero, ¿á que no sabes en dónde está?... ¿Á que no lo encuentras?... (_Con angustia y cólera._) ¡Y no lo encuentro! (_Con profunda amargura._) ¡Dios mío, qué desgracia tan grande la de los que nacen como yo!... ¡Ni á leer aprenden! No les enseñan; y cuando llega un instante así, en que con cuatro rayas de tinta le tiran á uno el mundo sobre la cabeza, se ve uno _priváo_ hasta del último consuelo, del único que le queda ya: ¡Buscar esos renglones y tragárselos con los ojos, y apretujarlos con los _déos_, y atravesarlos con los dientes!... ¡Con qué placer retorcería yo, y mordería yo esas cuatro palabras: «Rosa vive con Paco»! ¡nada más que esas! ¡Esas solas!... ¡Y no puedo!... ¡No puedo! ¡No puedo más que estrujar la carta al tun tun, como si todo fuera igual, el cariño de Andrés y la infamia de Rosa; la firma del amigo y la traición de la mujer!... ¡No es eso; no es eso lo que deseo yo!... ¡Es un renglón solo el que necesito, el que quiero estrujar y morder, y romper en tantos pedazos como pedazos me ha hecho el alma!... ¡Y no sé cuál es; no lo sé; no sé dónde está!... (_Después una pausa._) ¡Ella con Paco!... ¡Rosa, _mi_ Rosa de otro! ¡del hombre á quien aborrezco más en el mundo!... (_Con profunda pena, y rompiendo en sollozos. Con ira._) ¡Y lloro!... Los hombres no lloran; se desquitan. (_Con energía rencorosa. Con sarcasmo._) Ellos dirán: «Tiene _pa_ mucho tiempo; _pa_ ocho años; después veremos. ¡Á gozar, mientras él padece!» ¡Cómo se reirán de mí!... (_Con expresión de odio y acento de venganza._) ¡No se reirán mucho; lo juro por todo el odio que les tengo!... El Cano me ha dicho que esta noche podemos escaparnos... ¡Conformes! Esta noche, ó caeré muerto en la carretera de un tiro, ó estaré libre; y si estoy libre, reimos todos... (_Con acento sombrío._) ¡Todos!... ¡Ellos, y yo!... (_Entra el Cano por la derecha._)
ESCENA VI
JUAN JOSÉ y EL CANO
CANO.
Ya estoy aquí de vuelta.
JUAN JOSÉ.
Me alegro, porque me corría prisa hablarte. ¿Estás seguro de que nos podemos escapar esta noche?
CANO.
Te respondo con mi cabeza.
JUAN JOSÉ.
Y después de escaparnos, ¿podremos entrar en Madrid sin que nos vea nadie?
CANO.
Si quieres, también. Tengo _aonde_ ir y _aonde_ nos proporcionen ropa _pa_ disfrazarnos, y _herramientas pa_ defendernos. Dinero llevo yo.
JUAN JOSÉ.
Cuenta conmigo; huiremos juntos.
CANO.
(_Con alegría._) ¿Por fin te decides?
JUAN JOSÉ.
(_Con tono sombrío y resuelto._) ¡Sí! ¡Me decido!
CANO.
Pues hasta luego, y _sonsi_. (_Tendiéndole la mano._)
JUAN JOSÉ.
(_Estrechando la mano del Cano con fuerza._) ¡Hasta luego!
FIN DEL CUADRO PRIMERO
CUADRO SEGUNDO
El teatro representa una habitación de la casa donde residen Rosa y Paco. Al fondo, una puerta grande de dos hojas, que estará abierta de par en par, permitiendo ver un pasillo largo que hace recodo y supone dar salida á la calle. Este pasillo estará alumbrado. Una puerta á la derecha; otra á la izquierda; á la izquierda, un balcón cerrado.
En primer término, á la derecha, y en posición conveniente para que se refleje en ella la puerta del fondo, un armario de luna. Á la izquierda, entre la puerta y el balcón, un tocador de madera chapeada, con tabla de mármol, espejo y servicio completo; de uno de los lados del espejo, arranca un brazo de hierro sosteniendo una lámpara de pared, que estará encendida.
En el fondo, á la derecha, una cómoda, encima de la cual habrá una lámpara apagada y varias baratijas de mal gusto; á la izquierda, un armario de dos puertas, practicable y lleno de vestidos y ropas de mujer. Colgadas de la pared, tres ó cuatro oleografías con marcos dorados. Sillería fina de Vitoria.
En primer término, á la izquierda, una _marquesita_.
Al comenzar la escena, aparecen en ella: Isidra arrellenada en la _marquesita_, y Rosa delante del tocador en chambra, con las mangas de ésta levantadas y los brazos desnudos; llevará una falda obscura por vestido. Rosa tendrá en las manos una toalla.
ESCENA PRIMERA
ROSA é ISIDRA
ROSA.
(_Como si acabara de secarse las manos y colgando la toalla en un travesaño que tendrá el tocador. Á Isidra._) No traiga usté más este jabón. Me pone muy ásperas las manos.
ISIDRA.
Pues, hija, á mí por bueno me lo dieron. Ya ves, dos pesetas.
ROSA.
Es _rematáo_. Tráigame usté mañana una caja del otro; aquel blanco que huele tan bien. ¿Y mis sortijas?... ¡Aquí están! (_Sacando tres ó cuatro sortijas de un joyero que habrá encima del velador._) Voy á decirle á Paco que me compre un ajustador, porque ésta me viene ancha. (_Una de las sortijas, las cuales se habrá ido poniendo mientras habla._)
ISIDRA.
(_Cogiendo la mano de Rosa que se habrá acercado á ella para enseñarle las sortijas._) ¡Y qué hermosa es!... No se cansa una de mirarla. ¡Vaya unas luces!
ROSA.
Cien duros costó.
ISIDRA.
Cuéntamelo á mí que fuí á comprártela con Paco. _Miá_ que está _enamoráo_. No hay gasto que le _paezca_ grande siendo _pa_ tu persona.
ROSA.
Paco es un Dios _pa_ mí. Me basta decirle, esto me apetece, _pa_ que lo traiga; y en tocante á cariño, usté lo está viendo; cada día me quiere más.
ISIDRA.
Y tú á él.
ROSA.
Sí, señora; y él se lo merece; le quiero, es el único hombre á quien he querido de _verdá_.
ISIDRA.
Ahora comprenderás que llevaba yo mucha razón al decirte que dejases á Juan José.
ROSA.
(_Con remordimiento._) ¡También me quería ese!
ISIDRA.
Sí; pero el cariño á palo seco, tiene mal pasar. (_Como tratando de quitar importancia al recuerdo de Juan José._) Eso es una historia _acabáa_; no hay _pa_ qué mentarlo.
ROSA.
_¡Verdá!_ (_Después de una pausa, cogiendo un peine del tocador y dirigiéndose al armario de luna, cuyas velas enciende._) Voy á arreglarme un poco el pelo. (_Empezando á soltarse el pelo._) Paco me ha dicho que saldremos juntos esta noche. (_Peinándose._)
ISIDRA.
¿Y la _criáa_ nueva?
ROSA.
Mañana vendrá. Falta me hace, porque llevo unos días... Si no fuese por usté que me ayuda...
ISIDRA.
¡No he de ayudarte, hija; si gracias á tí y á tu Paco estoy en la gloria!... ¡Eso es portarse! (_Sale Paco por la puerta de la izquierda, donde se detiene, contemplando á Rosa con cariño._)
ESCENA II
ROSA, ISIDRA y PACO
PACO.
(_Desde la puerta de la izquierda. Á Rosa, en tono de broma y con cariño._) No hay como tener buena mata de pelo _pa_ presumir.
ROSA.
(_Con coquetería._) ¡Pues hijo, todo es mío!
PACO.
(_Con gachonería y cogiendo el pelo de Rosa entre sus manos._) ¡Y mío!...
ROSA.
(_Con cariño._) De eso no hay que hablar... (_Rechazando á Paco._) ¡Quita, que no puedo peinarme!... (_Mirando á Paco y acercándose á él con el peine metido en el pelo._) Ya podías arreglarte ese lazo, el de la corbata. Lo llevas, con una punta mirando _pa_ las nubes, y la otra _pa_ las alcantarillas. ¡Trae que te lo arregle yo, _desastráo_!... (_Arreglando la corbata á Paco._) Así.
PACO.
(_Mirando á Rosa con pasión. Á Isidra._) ¿La ve usté _señá_ Isidra? ¡Hay que comérsela!... (_Á Rosa._) ¿Tardarás mucho en aviarte?
ROSA.
No.
PACO.
Pues, en tanto acabas, voy á la taberna á ajustar cuentas con los capataces. Mañana es sábado y hay que pagar á la gente.
ROSA.
¡No tardes!
PACO.
¡Calcula!... En cuanto que termine, subo, y nos vamos á dar una vuelta por la verbena en coche. Julián y Faustino me han dicho que irán también con _la_ Indalecia y con _la_ Antonia. Allí nos reuniremos con ellos, y luego nos marchamos juntos á tomar un _bocáo_... (_Á Isidra._) Venga usté con nosotros.
ISIDRA.
No, hijo; yo no estoy _pa_ verbenas: _pa_ lo que estoy, es _pa_ meterme en la cama; lo que haré dentro de un poquillo.
PACO.
Pues hasta mañana, y que usté descanse. (_Paco coge un sombrero ancho, claro, que habrá encima de la mesa, y sale por el fondo._)
ESCENA III
ROSA é ISIDRA
ROSA.
(_Volviéndose hacia Isidra._) Ya me peiné.
ISIDRA.
¡Vaya si estás guapa!... Vales... así como el doble que hace ocho meses.
ROSA.
Es que el trabajo y las necesidades matan mucho... ¡si aún no sé cómo yo...!
ISIDRA.
¡Locuras que hacemos las mujeres!... Gracias á que abriste á tiempo los ojos.
ROSA.
(_Que mientras habla, ha estado en el tocador, pasándose una borla de polvos por la cara._) ¡Ya!... ¡ya! (_Contemplándose en el espejo del tocador._)
ISIDRA.
¿Qué vestido vas á ponerte?
ROSA.
Esta misma falda y la blusa _encarnáa_. Allí la tengo, en aquel cuarto. (_El de la derecha._) Voy á buscarla. (_Entra en el cuarto de la derecha._) En seguida vuelvo. (_Entra en la habitación de la derecha._)
ISIDRA.
¿Quieres que te ayude?
ROSA.
(_Dentro._) No hace falta. Sáqueme usté de ese armario el mantón.
ISIDRA.
¿Cuál de ellos?
ROSA.
(_Dentro._) El negro de Manila _bordáo_.
ISIDRA.
(_Abre el armario de la izquierda del fondo._) ¡Tienes aquí una tienda! (_Registrando entre la ropa._) ¿Dónde está el mantón?
ROSA.
(_Dentro._) Á la derecha; junto al vestido azul.
ISIDRA.
Ya dí con él. ¡_Cuidáo_ si es rico!... (_Mirando el mantón._) Aquí te lo dejo; en esta silla. (_Deja el mantón sobre una silla. Sale Rosa de la habitación de la derecha, abrochándose la blusa._)
ROSA.
¡Malditas mangas!... Cuesta un año metérselas.
ISIDRA.
¿Quieres algo más?
ROSA.
Nada; hasta mañana. Deje usté _entornáa_ la puerta de la calle _pa_ cuando suba Paco. (_Sale Isidra por el segundo fondo, y deja entornada la puerta._)
ESCENA IV
ROSA; al final JUAN JOSÉ
ROSA.
(_Acabando de abrocharse la blusa delante del espejo._) Ya está. Ahora, un pañuelillo de seda al cuello. (_Se dirige al tocador, abre un cajón y hace como que busca en él; luego, saca un pañuelo._) Éste. (_Doblando el pañuelo y anudándoselo á la garganta._) ¿Con qué lo sujeto?... Con el alfiler de oro. (_Coge un alfiler de oro del joyero y se dirige al armario de luna, donde acaba de arreglarse el pañuelo._) Con esto, sobra _pa_ que rabien de envidia _la_ Indalecia y _la_ Antonia... ¡La _verdá_ es, que no hay dos como Paco! (_Con alegría._) ¡Esto es vivir á gusto!... (_Entra por la puerta del fondo Juan José._)
JUAN JOSÉ.
(_Desde el fondo._) ¡Por fin!...
ROSA.
¡Entran!... (_Sin volver la cabeza._) ¿Eres tú?
JUAN JOSÉ.
(_Avanzando con calma siniestra._) ¡Sí, yo! No el que tú esperabas; pero soy yo. (_Rosa levanta los ojos y ve reflejarse en la luna del espejo la figura de Juan José._)
ROSA.