Juan José: Drama en tres actos y en prosa

Part 4

Chapter 43,916 wordsPublic domain

¡Por tí!... (_Con sarcasmo._) ¡Es muy buena la _señá_ Isidra, muy buena!... _Miá_ si lo es, que sólo procura por tu _felicidá_, y viendo que no la has _encontráo_ conmigo, viene á proporcionártela con otro. ¡Con Paco!

ROSA.

No hables así.

JUAN JOSÉ.

(_Á Isidra._) ¿Imagina usté que ando ignorante de sus manejos? Pues estoy al cabo de la calle. Tan _enteráo_ vivo de lo que Paco trata con usté, como de lo que usté viene á hacer á mi casa.

ISIDRA.

Te equivocas; te juro que...

JUAN JOSÉ.

No jure usté en falso. Usté se ha _conchaváo_ con el otro _pa_ engañarme á mí, _pa_ convencer á ésta. Y la ocasión no es mala. ¡Saben _ustées_ que _estamos en las últimas_, que la desgracia nos tiene _apretáos_ por el cuello, y se piensan que ella cederá, que yo bajaré la cabeza, porque el hambre es mal consejero del querer, y la miseria mala compañera de la honra; se figuran _ustées_ eso, y él se _achanta_ y espera, mientras usté le ayuda y viene á robarnos lo único que nos ha _quedáo_, un poco de cariño!... Pues se equivoca él y se equivoca usté. No sé cuál es ó cuál será el _sentir_ de Rosa; el mío... Hay algo que me hará vender el hambre, la vergüenza.

ISIDRA.

(_Á Rosa._) ¿Ves que mal _pensáo_, hija?... (_Á Juan José._) ¿Me tienes por capaz de favorecer á ésta con mala intención?... (_Como indignada y sorprendida._) ¡Jesús, María y José!... No estás _en tus cabales_.

ROSA.

(_Á Juan José._) ¡Parece mentira que la insultes, cuando viene á darnos su miaja de pobreza!

JUAN JOSÉ.

No la defiendas. ¡Mira que me resisto á dudar de tí, y si la defiendes, voy á hacerlo! (_Con tono de amenaza. Á Isidra._) ¡Á usté!... Ya se lo he dicho; no quiero nada que de usté venga. Sólo un favor la pido; que salga de esta casa, y que no se le ocurra más poner los pies en ella.

ISIDRA.

¡Me echas de tu casa!

JUAN JOSÉ.

Sí, la echo á usté.

ROSA.

Pero...

JUAN JOSÉ.

¡No has oído que calles!... (_Á Isidra._) Nada quiero de usté, lo repito; ni el pan que me ofrece, y se me atravesaría en la garganta antes de tragarlo; ni esta lumbre maldita, (_Empuja con el pie el brasero que medio se vuelca, en forma que gran parte de la lumbre se desparrama por el suelo._) que me enciende la cara y me da más frío en el corazón, que la nieve de la calle en el cuerpo. (_Avanzando hacia Isidra._) ¡No quiero nada, nada más que no verla á usté; conque andando y de prisa, si no prefiere usté que la coja por el cogote y la eche yo mismo!...

ISIDRA.

(_Con temor._) ¡Basta, hombre, basta!... Ya me voy. (_Retrocediendo hacia la puerta; cuando llega á ella, se detiene, se encoge de hombros y le dice á Juan José._) ¡Tú te arrepentirás! (_Sale Isidra por el fondo._)

ESCENA VII

ROSA y JUAN JOSÉ

JUAN JOSÉ.

(_Con desprecio._) ¡Arrepentirme!...

ROSA.

(_Con enfado._) No te arrepentirás, no hay _cuidáo_. Sería la primera vez que te arrepintieses de tus prontos.

JUAN JOSÉ.

(_Sorprendido._) ¡Mis prontos!... ¿He hecho mal despidiéndola?

ROSA.

(_Con ironía._) ¡Quiá!... ¡Si lo has hecho perfectamente! ¿Á qué ha venido la señora Isidra? Á ofrecerme una cazuela de sopas, y á traerme un cogedor de cisco. ¡_Miá_ que ofrecernos eso á nosotros, que tenemos medio cordero en el fogón y un quintal de cok en la chimenea!... ¡Es mucho faltar!... ¡Bien prudente has _estáo_!... ¡Había _pa_ ahorcarla!...

JUAN JOSÉ.

¿Pero estás ciega, ó te burlas de mí? (_Con enojo._) ¿Aún no has entendido lo que huronea esa mujer? (_Con tono de recelo._) ¿Es que te has propuesto no entenderlo?...

ROSA.

Como nada malo me ha dicho, nada malo tengo que pensar de ella. (_Con displicencia._)

JUAN JOSÉ.

¿Conque no?... ¿Conque te encierras en negar sus propósitos?... ¿Conque no los conoces?...

ROSA.

No. Sólo sé que por causas de tus cavilaciones y de tus recelos, estamos como estamos.

JUAN JOSÉ.

(_Con enojo._) ¡Rosa!

ROSA.

(_Con sarcasmo._) No te incomodes... Ya te se ha satisfecho el gusto. ¿Qué más quieres si _te has salido con la tuya_? ¡Aunque yo reviente, no importa!

JUAN JOSÉ.

¿Pero cómo voy á portarme? ¿Iba yo á sufrir que Paco te cortejase y me ofendiese, por no perder el jornal que me daba? ¿Voy por una _cucharáa_ de sopas á conformarme con los trapicheos de la Isidra? ¿Voy á hacer eso?... ¿Te has creído que voy á hacer eso?... ¿Quieres que lo haga?... ¡Habla y acaba de una vez!

ROSA.

Yo me refiero á lo que sucede; á que tu genio nos lleva de mal en peor, y te pregunto hasta cuándo van á durar estas desdichas.

JUAN JOSÉ.

Tú...

ROSA.

Sin duda tendrás algún medio pa salir del atranco, cuando te atreves á resollar tan fuerte. Lo tienes, _¿verdá?_

JUAN JOSÉ.

No; no tengo ninguno, ¡ninguno!... (_Con desesperación._)

ROSA.

¿Qué aguardas entonces? ¿Que yo me consuma aquí dentro, como un candil falto de aceite?... Claro, como los hombres entráis y salís, nunca os falta un amigo que os convide á una cosa _ú_ á otra. Con eso se va uno defendiendo, y á la mujer, que la parta un rayo.

JUAN JOSÉ.

Pero, ¡qué hablas!... ¿No sabes que si alguien me diera un pedazo de pan, ese pedazo de pan llegaría á tus manos sin que yo lo tocase?... (_Con pasión._) ¿No comprendes lo que tú significas _pa_ mí? ¿Ignoras que desde el punto de conocerte, sólo en tí he _pensáo_, y de cuanto he tenido has dispuesto?... _Pa_ mí se acabó el mundo al mirarte. Amigos, diversiones, ¡hasta el vaso de vino que tomaba en la taberna al volver de la obra!... Á trabajar _pa_ ella, me dije, y con calor, con frío, cortándome el viento la carne ó abrasándome el sol la piel, cantaba yo encima del andamio, más contento que nunca, porque aquel frío, y aquel calor, y aquel dale que le das sin descanso, eran mi jornal, el cuarto donde habitas, tu comida diaria, tu paseo de los domingos, el vestido de percal _pa_ tu cuerpo, el mantón de lana _pa_ tus hombros, ¡tú entera que vivías por mí!... ¡Qué me importaban el cansancio, y la faena, y el peligro!... ¡Calcúlate lo que iba á importarme padecer de día, si me esperabas tú por la noche!... Ahí tienes lo que he hecho; lo que haría hoy mismo si pudiese; lo que deseo hacer... ¡Si hasta pediría _pa_ tí una limosna, _pa tí, pa_ mí no! ¡si no creyera que ibas á avergonzarte de que esta juventud y estos brazos sirvieran sólo _pa_ echarse _pa alante_ y pedir por Dios! ¡Y aún dices que no me interesas, que te abandono y te descuido!... ¡No lo digas, Rosa, no lo digas!... ¡Por tí lo intento yo todo, todo!... ¿Qué quieres que haga?...

ROSA.

Tú lo sabrás. ¿Qué voy yo á decirte?... ¿Qué sé yo?...

JUAN JOSÉ.

(_Con tristeza y asombro._) ¡Nada más que eso me contestas!...

ROSA.

¿Qué voy á contestarte? Como no te conteste que no he comido desde ayer y que esta noche nos helaremos juntos en aquel camastro.

JUAN JOSÉ.

¿Tú crees que yo puedo evitarlo?

ROSA.

¿Crees tú que se puede vivir de este modo?

JUAN JOSÉ.

¡Rosa!... (_Con desesperación._)

ROSA.

(_Con acritud._) No; así no se vive; así no se puede vivir.

JUAN JOSÉ.

¿Y cómo impedir lo que está ocurriendo? ¿No pido trabajo?... ¿No lo busco? ¿Tengo la culpa de no encontrarlo?

ROSA.

¿La tengo yo de que no lo encuentres?

JUAN JOSÉ.

(_Con asombro y pena._) ¿Qué te propones al contestarme _de_ esa forma? ¿No es bastante martirio el mío _pa_ que tú lo aumentes?... ¿Te has propuesto desesperarme?

ROSA.

No me he propuesto nada; te cuento lo que hay; te lo pongo delante de los ojos. ¡Tú eres el hombre y debes resolver, porque yo no resisto más!

JUAN JOSÉ.

(_Con enojo._) ¿No?...

ROSA.

(_Con firmeza._) No.

JUAN JOSÉ.

¿Te has _olvidáo_ de que la mujer tiene obligación de sufrir por el hombre que vive con ella?

ROSA.

¿Te has _olvidáo_ tú de que el hombre tiene obligación de que no se muera de hambre la mujer que vive con él?

JUAN JOSÉ.

(_Con enojo._) ¡Oh!... ¡Esto es _demasiáo_!...

ROSA.

(_Con sequedad._) _Demasiáo_, sí.

JUAN JOSÉ.

(_Luego de contemplar á Rosa un instante. Con tono desengañado y duro._) Rosa, ¡tú eres mala!

ROSA.

(_Con brusquedad._) ¡No sé lo que soy; pero carezco de todo, de lo más preciso, y no puedo pasar sin ello; porque sin nada, no se pasa! ¡Si tú no me lo das, tendré que buscarlo!

JUAN JOSÉ.

(_Con ira._) ¡Buscarlo!... ¿Has dicho, buscarlo?... (_Acercándose á Rosa y mirándola cara á cara. Con furor._) ¡Á ver, repite eso, repítelo!... ¡Vamos, que yo lo oiga!

ROSA.

¿_Pa_ qué he de repetirlo?...

JUAN JOSÉ.

¡No; si no tienes que repetirlo con la lengua, si lo repites con los ojos, si te sale por ellos la dañina intención! (_Cogiendo brutalmente á Rosa por el brazo._) ¡Eres una infame!... ¡Una infame!...

ROSA.

¡Suelta, que me haces daño!... (_Con dolor y rabia._)

JUAN JOSÉ.

(_Sin soltar el brazo de Rosa._) ¡Daño!... ¡Mayor me lo has hecho tú á mí, y más adentro!... (_Fuera de sí._) Eres una infame, te lo repito. ¡No; tú no mereces que se te trate como te he _tratáo_ yo!... Á tí, hay que tratarte de otro modo; ¡como lo que eres, como lo que eras cuando te conocí! ¡Como...! ¡Así! (_Levanta la mano y la deja caer sobre Rosa. Aparece en el fondo Toñuela. Rosa hace un esfuerzo y se desase de Juan José, retrocediendo hacia el fondo. Juan José avanza hasta ella y vuelve á levantar la mano. Toñuela se interpone y sujeta el brazo de Juan José._)

TOÑUELA.

¿Qué es esto, Juan José?...

ESCENA VIII

ROSA, TOÑUELA y JUAN JOSÉ; luego ANDRÉS

JUAN JOSÉ.

No me sujetes; ¡suelta!... (_Á Toñuela._)

TOÑUELA.

¿Te has vuelto loco?... ¿Vas á pegarle después de lo que la pobre está sufriendo? (_Con tono de reproche._)

ROSA.

(_Llorando._) Deja que me pegue. Se conoce que no le basta con medio matarme á privaciones y quiere rematarme á golpes. (_Al oir estas palabras, Juan José retrocede y depone su actitud de violencia._)

TOÑUELA.

(_Á Juan José._) ¡Vamos! (_Con tono contemporizador._) ¡_Cuidáo_, que sois brutos los hombres! La veis á una ahogándose de pena, y _entoavía_ apretáis la argolla...

JUAN JOSÉ.

¡No sabes cómo me ha _tratáo_!...

TOÑUELA.

¡Si creerás que cuando se tiene éste vacío, (_El estómago._) se está con humor de templar gaitas! (_Entra Andrés por el fondo._)

ROSA.

¡Pegarme á mí! ¡Á una mujer!... ¡Qué valentía!... (_Se deja caer llorando en una silla._)

ANDRÉS.

(_Á Rosa._) ¿Ha habido _solfa_? (_Á Juan José, como quien no da importancia al suceso._) Abajo ha _estáo_ Enrique.

JUAN JOSÉ.

¿Y qué dice?... ¿Hay trabajo? (_Con ansiedad._)

ANDRÉS.

Luego, cuando alarguen los días, que se paga lo mismo y se trabaja más.

JUAN JOSÉ.

Y hasta entonces, ¿qué va á ser de nosotros? (_Con espanto._)

ANDRÉS.

(_Con sarcasmo._) Lo que sea. ¿Qué les importamos á ellos nosotros?... ¿Que nos morimos de necesidad? Tal día hará un año.

JUAN JOSÉ.

¡Dios mío!... ¡Dios mío! (_Se deja caer con desaliento junto á la mesa._)

ANDRÉS.

¿Estás lista? (_Á Toñuela._)

TOÑUELA.

Sí.

ANDRÉS.

Pues vamos á casa de madre. Gracias á que vive cerquita, si no, íbamos á quedarnos _acarameláos_ en el camino. ¡Cae una _heláa_, superior!... De modo, que nos embaulamos la cena y á casa corriendo, á meterse en la cama, que es donde nos abrigamos en invierno los pobres. La suerte es muy sabia. ¿No nos da dinero _pa_ carbón? Pues nos da lo justo _pa_ comprarnos camas estrechas, muy estrechas, y váyase lo uno por lo otro.

ROSA.

(_Sollozando._) ¡No; no lo sufro!...

ANDRÉS.

(_Á Rosa._) ¡Bah, chica, nubes de verano!... Lo que habrá _pensáo_ Juan José: á falta de pan, buenas son tortas.

JUAN JOSÉ.

(_Aparte._) Rosa tiene razón; la tiene. Así no se puede seguir.

ANDRÉS.

(_Á Juan José._) Oye, tú: no sé lo que habrá puesto la vieja; pero de lo que haya, os traeremos un poco.

JUAN JOSÉ.

¡Gracias, Andrés!

ANDRÉS.

¡Gracias!... ¡Has _estáo_ bueno, hombre!

ROSA.

(_Bajo, á Toñuela._) No te vayas. Es una fiera. (_Por Juan José._)

TOÑUELA.

¡No ves que está llorando! Las fieras no lloran.

ANDRÉS.

(_Á Toñuela._) Anda, tú. (_Marcando con los dedos el movimiento de salida, y haciendo la pausa que el actor juzgue necesaria._)

TOÑUELA.

(_Á Rosa._) Hasta después. (_Á Juan José._) ¡_Cuidáo_ con volver á las _andáas_!... (_Salen por el fondo Andrés y Toñuela. Después de una ligera pausa, durante la cual Rosa permanece sentada dando la espalda á Juan José, y éste mirándola con expresión de angustia y amor, Juan José se dirige hacia Rosa, se detiene antes de llegar á ella y vacila algunos instantes como si no supiera de qué modo romper el silencio._)

ESCENA IX

ROSA y JUAN JOSÉ

JUAN JOSÉ.

(_Bajo._) ¡Rosa!... (_Viendo que ésta continúa con la cabeza oculta entre las manos sin contestarle._) ¡Rosa! (_En tono de súplica._) ¿No me contestas?... ¡Mírame!... ¿No quieres mirarme?...

ROSA.

(_Como si no oyera á Juan José._) ¡Verme como me veo por él y pegarme encima!... ¡Era lo único que faltaba, y ya llegó!...

JUAN JOSÉ.

(_Dando la vuelta por detrás de la silla y poniéndose delante de Rosa._) ¡Oye; por lo que más aprecies en el mundo, oye!... ¡Quítate las manos de la cara! (_Viendo que Rosa no lo hace, se las aparta él con las suyas cariñosamente._) ¡Así!... ¡que yo te vea! ¡Que pueda mirarte! (_Acercando su cara á la de Rosa._)

ROSA.

(_Echando el cuerpo hacia atrás y sin mirar á Juan José._) ¡Déjame!... ¿No dices que soy mala?... ¡De lo malo se huye! ¡Déjame!

JUAN JOSÉ.

(_Con pasión._) ¡Dejarte!... ¡Pues si todo lo que hago es por miedo á quedarme sin tí!... ¡Si te quiero más que á las niñas de mis ojos!... ¡Si al ponerte la mano encima he sentido el golpe aquí dentro!... (_El corazón._) ¡Si me ha dolido más que á tí!... ¿No comprendes que me ha dolido más que á tí?...

ROSA.

Comprende que me has _maltratáo_ sin motivo. ¿Qué te he hecho _pa_ que me maltrates? Cuando todo me falta, ¿á quién voy á volverme?...

JUAN JOSÉ.

¡Á mí, Rosa, á mí! Si te digo que tienes razón; que he _procedío_ malamente; que me perdones... Pero tú no sabes lo que es encelarse de una mujer que vale _pa_ uno lo que la Virgen del altar, y tener _incáa_ en el corazón esta espina. ¡Ojalá y no lo sepas nunca!... Es un dolor muy perro; y cuando á uno le viene la basca, no da cuenta de sí. ¡Se aturrulla la cabeza, se llenan los ojos de sangre, se levantan los puños sin querer, ocurre lo que ocurre sin que uno mismo pueda evitarlo, y se acabó!...

ROSA.

Y por que á tí te entren esas bascas y des en recelarte de mí y de cualquiera, ¿voy yo á sufrir tus prontos y á quedarme luego tranquila hasta que se te ocurra recelar otra vez?

JUAN JOSÉ.

No, Rosa, ¡te juro que no! ¡te lo juro!... Ya no dudo; te creo... ¡Díme lo que te dé la gana, y te creo! ¡Me hace tanta falta creer en tí!... (_Con tristeza y amor._)

ROSA.

Si te hace falta, ¿por qué te empeñas en lo contrario? ¿Por qué en vez de oirme la emprendes á trastazos conmigo?... ¡Buen modo tienes tú de arreglar las cosas y de consolar á una!...

JUAN JOSÉ.

¡Es que me has _tratáo_ de una forma, y me has dirigido unas expresiones tan duras!...

ROSA.

¿No eran verdad?... ¡Qué culpa me tengo de que la verdad no sea mejor!...

JUAN JOSÉ.

¡Verdad, sí, verdad! Todas tus palabras lo son. Verdad que yo me digo á cada momento, cuando entro aquí y te veo _desesperáa_, sola, mal viviendo de la compasión de los vecinos, ¡tú, porque yo he _soñáo_, lo que no había _soñáo_ nunca, lo que no me ha traído nunca con pena, ser rico, muy rico, como esos que pasean en coche! ¡Tú, por cuyo bienestar arrancaría piedras con los dientes!... ¡Tú, que sufres, que no puedes resistir más; porque no puedes, porque si esto sigue, si no traigo á casa lo preciso, tú tendrás que abandonarme, y harás bien, porque no has nacido _pa_ sufrir y _pa_ martirizarte!... Ahí tienes lo que yo imagino, lo que pienso, mientras el frío me hiela las lágrimas en los ojos... ¡Pero cuando tú me lo dices, entonces, creo que yo no soy nadie _pa_ tí, que estás deseando dejarme, que no me quieres, que quieres á otro, que ese otro va á robarme el cariño tuyo, y se secan mis lágrimas, y me vuelvo loco, y me dan ganas de matarte!... (_Con desesperación._)

ROSA.

¡Calla; no pongas ese gesto! ¡Me asustas! (_Con terror._)

JUAN JOSÉ.

¡No te asustes, no; nada cavilo contra tí, esto es hablar!... ¡Pero debemos hablar de otra cosa; de buscar un recurso que remedie nuestra desgracia!... ¡Necesito que no padezcas más, lo necesito!

ROSA.

¡Un medio!... ¿Cuál?

JUAN JOSÉ.

(_Con decisión._) ¡Uno; el que sea! (_Deteniéndose un momento como si meditara. Después de una pausa, con desaliento._) ¡No lo hallo! ¡no lo hallo!... ¡No tengo dónde hallarlo!... Hay pocas obras en tarea, las precisas, y sobra gente; las otras descansan, y si te acercas á los contratistas, á los dueños, te responden: «Más adelante, cuando entre el buen tiempo, cuando alarguen los días. Espera.» (_Con desesperación._) ¡Espera!... ¡Como si el estómago pudiese esperar! ¡Como si se le pudiese decir al hambre! «Aguarda, no nos muerdas hasta dentro de un par de meses;» y al frío: «No nos entumezcas las manos, no nos agarrotes el cuerpo, ten paciencia hasta que podamos comprar una manta.» ¡Espera! ¡Espera á que alarguen los días! ¡Espera!... ¡Espera!... (_Con desesperación._)

ROSA.

¿Á qué te acaloras?... ¿Qué consigues con acalorarte y con maldecir de la gente?

JUAN JOSÉ.

¿Qué consigo?... (_Con acento amenazador._) ¡Enterarme de que no es justo que un hombre trabajador se quede sin trabajo; enterarme de que no hacen bien los que me lo niegan; saber que cuando me quejo llevo razón! ¿Te parece poco?... ¡Pues ya es algo!...

ROSA.

¿Algo? (_Sin comprender._)

JUAN JOSÉ.

Más que algo, mucho.

ROSA.

No te entiendo.

JUAN JOSÉ.

¡Me entiendo yo! (_Con angustia._) ¿Conque todos son á acorralarle á uno?... (_Con energía desesperada._) ¡Pues el animal, cuando se mira _acorraláo_, muerde!... ¡Yo también morderé!... Si la bestia tiene ese derecho, mejor debe tenerlo el hombre, porque vale más.

ROSA.

(_Con temor._) ¿En qué piensas?... ¿Por qué arrugas el entrecejo? ¿Por qué te retuerces las manos?... ¿Qué te pasa?... ¿Qué quieres decir?

JUAN JOSÉ.

¡Que deben acabarse nuestras fatigas; que no quiero perderte y no te perderé! (_Con decisión._)

ROSA.

(_Con tono de duda._) ¿Acabarse nuestras fatigas?... ¿Cómo?

JUAN JOSÉ.

Aún no lo sé de cierto. Está aquí, aquí. (_Golpeándose la frente._) Lo veo como se ve al anochecer, muy _oscuro_. ¡Pero esta noche tendrás todo lo que necesitas, te aseguro que lo tendrás!

ROSA.

¿Vas á ver á alguien, á pedir?...

JUAN JOSÉ.

(_Con energía salvaje._) ¡Pedir!... ¡Que pidan los viejos, los inútiles, los que no se pueden valer! El que, como yo, tiene fuerza en los brazos, y no es perezoso en la faena, y sabe ganarlo, sólo debe pedir una cosa, trabajo. Si no lo encuentra, si no se lo dan... Entonces le queda un recurso; ¡uno!... No hay duda... ¡Ni sé cómo he _dudáo_ tanto tiempo! (_Con tono resuelto y sombrío._)

ROSA.

¿Qué te propones?

JUAN JOSÉ.

Que no pases hambre, y miseria, y frío; que no me abandones; que no necesites ir á buscarlo; porque tienes razón, cuando todo falta, hay que buscarlo; y antes que la mujer lo busque, lo busca el hombre. ¡Yo lo encontraré! (_Con dureza._)

ROSA.

¡Oye!...

JUAN JOSÉ.

Te digo que lo encontraré. (_Se dirige hacia el fondo. Antes de llegar al fondo vuelve hacia Rosa._) ¡Espérame; tardaré una hora, dos; quizás menos, pero traeré á mi casa lo que en ella no hay, lo que tú me pides; lo traeré!... Lo juro por lo más _sagráo_, por... Los que han tenido madre, juran por ella. ¡Yo lo juro por tí!... ¡Espérame; adiós! (_Sale Juan José por el fondo en actitud resuelta. Rosa se queda mirando hacia el fondo como sorprendida y sin acertar á darse cuenta de los propósitos de Juan José._)

FIN DEL ACTO SEGUNDO

ACTO TERCERO

El intermedio entre los dos cuadros será breve y corriendo el telón de boca.

CUADRO PRIMERO

Telón corto, representando un ángulo del patio de la Cárcel Modelo de Madrid, destinado á los presos de tránsito y á los sentenciados á cumplir condena en otros presidios.

Una rompiente á la derecha y otra á la izquierda. En primer término, á la derecha, un banco de madera.

ESCENA PRIMERA

EL CANO y UN PRESIDIARIO

PRESIDIARIO.

¿Conque al _escurecer liáis el petate_, y salís con la _condución_?

CANO.

¡Ya era tiempo! ¡Esta cárcel es _mu aburría_! ¡Sé está más agusto en los presidios; hay más _libertá_ y mejor gente!

PRESIDIARIO.

_¡Verdá!_ ¡Yo que estoy aquí de cabo, lo sé!

CANO.

Aquí todos son _prencipiantes_. ¡Un hato de _panolis_ que no sirven _pa na_! ¡Con decirte que, fuera parte de la tuya, no he _encontráo_ ninguna cara _conocía_!

PRESIDIARIO.

¡Y _miá_ que _pa_ no conocerlos tú! ¡No hay un _gachó_ que valga tanto así en los presidios, á quien no te sepas de memoria!

CANO.

¡Como que desde los veintidós años, descontando los que he _andáo huío_ por ahí, me los he _pasáo_ de inquilino perpetuo en _veró_! ¡Voy á cumplir cincuenta y seis! ¡Calcúlate si se me despintará nadie de _la cuerda_!

PRESIDIARIO.

¡Y lo que te respetan _tóos_!

CANO.

¡Faltaría!... (_Con arrogancia._) (_Con desprecio._) ¡El respeto de éstos no es _pa presumir_! ¡Ninguno de ellos _se las trae_, ni _tié guapeza_!... Digo ninguno, y miento. ¡Hay uno!...

PRESIDIARIO.

¿Juan José?

CANO.

¡El mismo! ¡Te lo _certifico_ yo, que lo entiendo!

PRESIDIARIO.

Conformes; pero como si no lo fuera, porque ni se pone á ello, ni _quié_ hacerse un sitio y _achicar_ á los otros.

CANO.

_Entoavía_ es temprano. Anda el pobre _mu entristecío_ con su desgracia, y se figura que, _achantándose_ y cumpliendo con _formaliá_, podrá salir antes y volver á ser hombre de bien. La de _tóos_, la primera vez que _nos echan mano_... Ya se le pasará. Sin embargo, en una ocasión ha _tenío_ que probarlo, y lo ha _probáo_ el mozo.

PRESIDIARIO.

¡Vaya!...

CANO.

Fué el día que lo bajaron del _chiquero_, después del juicio y de la sentencia, en que le salieron ocho años. ¿Te acuerdas tú?

PRESIDIARIO.

¡Sí me acuerdo!... ¡Vaya un _chavó_!... ¡Cómo _atizaba_!...

CANO.

Hizo bien. Estos sinvergüenzas, en cuanto se presumen que un perro no muerde, son _tóos_ á tirarle del rabo. Como le vieron tan _calláo_, y tan vergonzoso, y tan humilde, se dijeron: «¡Ha _llegáo_ la nuestra!» Á mí me dió lástima, é iba á salir por él. No hizo falta. El perro mordió.

PRESIDIARIO.

Y cogió carne.

CANO.

En cuanto el _Melláo_, ese _charrán_ que aún se cree que anda por las tabernas asustando á los tontos, la tomó con él, ya le viste. Al principio procuraba _zafarse_ de la _bronca_, pero al convencerse de que no tenía más remedio que pegar ó que le pegasen, se fué _pa_ el _Melláo_, alzó el puño y lo tiró _roando_ contra la tapia con la cara llena de sangre.

PRESIDIARIO.

¡Buen golpe fué! ¡Lo _espaletilló_!

CANO.

Y luego al otro, al _Churro_, que _se le venía_ dando voces y haciendo _esplantes_ y _ratimagos_ con la cuchara... De poco le sirvieron. Juan José le tendió _la zarpa_, le _trincó_, así, por la muñeca, y salieron por un _láo_ el _Churro_, y la cuchara por el otro... ¡Inútil le ha _dejáo pa_ unos días!... ¡_Na_, que es un bravo! ¡Desde entonces, _le miran con un lente_!

PRESIDIARIO.

Y desde entonces no ha vuelto á meterse con nadie. Sigue como cuando bajó: huraño, _calláo_ y sin que un alma le saque las palabras del cuerpo. Contigo es con el único con quien se franquea unas _miajas_.

CANO.

Porque es _agradecío_, y no olvida lo que yo quise hacer por él.

PRESIDIARIO.

¿Te ha _contáo_ los motivos de su desgracia? (_El Cano hace con la mano el movimiento de robar._) Un robo, corriente; pero antes del robo, ha de haber una historia _mu_ negra. Él está _mu preocupáo_. ¿Tú no sabes?...

CANO.

Aunque lo supiera, no te lo contaría. Que te lo cuente él si le da la gana. Lo que sí te digo, es que le aprecio; y he de hacer lo que _puéa_ por él. (_Como respondiendo á sus pensamientos._) Esta noche salimos juntos en la _condución_, y nos toca ir _apareáos_. ¡Como él quiera...!

PRESIDIARIO.

(_Con curiosidad._) ¿Qué?...

CANO.

(_Con mal gesto._) ¡Á tí qué te importa! ¡Déjame en paz!

PRESIDIARIO.

(_Con tono sumiso._) ¡Bueno, hombre! (_Mirando hacia la derecha._) _Miá_ por _aonde_ viene. Sin fijarse en _na_, con los ojos _claváos_ en las baldosas y los brazos _cruzáos_. Se encamina _pa_ aquí.

CANO.