Juan José: Drama en tres actos y en prosa

Part 1

Chapter 13,915 wordsPublic domain

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NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.

* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.

* Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la grafía de mayor frecuencia.

* Se han expandido los nombres de los personajes que aparecen en abreviatura.

* Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.

* Se han reparado los emparejamientos de los signos de admiración e interrogación.

* En el original impreso, las indicaciones o acotaciones escénicas se distinguen del texto principal por su menor tamaño. En esta transcripción se presentan en cursiva.

* Se ha añadido, al final del libro, un índice de actos, cuadros y escenas no presente en el original.

JUAN JOSÉ

JUAN JOSÉ

DRAMA EN TRES ACTOS Y EN PROSA

ORIGINAL DE JOAQUÍN DICENTA

Estrenado con extraordinario éxito en el TEATRO DE LA COMEDIA, la noche del 29 de Octubre de 1895.

TERCERA EDICIÓN

MADRID IMPRENTA DE JOSÉ RODRÍGUEZ ATOCHA, 100, PRINCIPAL — 1896

PERSONAJES ACTORES — —

ROSA SRTA. MARTÍNEZ. TOÑUELA » SUÁREZ. ISIDRA SRA. ÁLVAREZ. MUJER 1.ª » BERMEJO. ÍDEM 2.ª » PÉREZ. JUAN JOSÉ SR. THUILLIER. PACO » AMATO. ANDRÉS » BALAGUER. EL CANO » VALLÉS. IGNACIO » VALENTÍN. PERICO » VILANOVA. EL TABERNERO » MANSO. UN CABO DE PRESIDIO » URQUIJO. BEBEDOR 1.º » VÁZQUEZ. ÍDEM 2.º » RUIZ TATAY.

Un mozo de taberna.--Bebedores.

NOTA. Los Sres. _Amato y Manso_, al encargarse de papeles inferiores á su significación artística, me han hecho un favor señalado que me complazco en reconocer.

OTRA. Cuiden los actores que representen esta obra, de dar á los personajes su verdadero carácter; son obreros, no chulos, y por consiguiente su lenguaje no ha de tener entonación chulesca de ninguna clase.

* * * * *

Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en España y sus posesiones de Ultramar, ni en los países con los cuales se hayan celebrado ó se celebren en adelante tratados internacionales de propiedad literaria.

El autor se reserva el derecho de traducción.

Los comisionados representantes de la Galería Lírico-Dramática, titulada El Teatro, de DON FLORENCIO FISCOWICH, son los exclusivamente encargados de conceder ó negar el permiso de representación y del cobro de los derechos de propiedad.

Queda hecho el depósito que marca la ley.

Á mi madre.

_En todas mis penas te he encontrado junto á mí, con los brazos abiertos. Te pago con lo único que tengo. Con la mayor de mis alegrías._

Joaquín.

ACTO PRIMERO

El teatro representa el interior de una taberna de los barrios bajos. Al fondo una puerta de cristales, de dos hojas, con cortinillas en las vidrieras. Al lado derecho de la puerta del fondo, un escaparate con fondo y puertecillas de cristal. En segundo término, á la izquierda, un mostrador de madera, aforrado de zinc en su parte superior y en los bordes; sobre el mostrador, empotrada en él, una cubeta de zinc, de la que arranca una pequeña cañería de fuente, rematada por un tubo de goma. Encima del mostrador, vasos, copas, botellas, frascos llenos de vino y una jarra con tapadera de madera. Entre el mostrador y el escaparate, una trampa practicable que da acceso á la cueva del establecimiento. Á la izquierda del mostrador, entre éste y el escaparate, una puerta que comunica con la cocina.

En primer término, á la izquierda, un velador, en torno del cual, así como en el de tres ó cuatro veladores que ocuparán la escena convenientemente distribuídos, se colocarán taburetes de madera.

Á la derecha, una puerta de cristales con cortinillas encarnadas que da paso á una habitación reservada. Sobre la puerta de la derecha, un reloj de pared. Á lo largo de la pared de la derecha, una estantería de madera pintada, con botellas de varias clases llenas y vacías.

Cuídese mucho de todo lo referente al servicio del vino, enjuague de las copas y demás detalles que se irán marcando en el curso de la representación.

La escena, lo mismo que el escaparate y la habitación reservada, cuando de ella se haga uso, estarán alumbradas por mecheros de gas.

Al levantarse el telón, aparecen en escena cuatro bebedores jugando á las cartas en un velador de segundo término. En un taburete colocado al lado de los jugadores habrá una bandeja con varias copas de vino á medio apurar. El tabernero al lado de los jugadores, mirando el juego.

Ignacio y Perico sentados frente al velador de la izquierda. Encima de este velador habrá una botella y dos vasos. Perico tiene un periódico en la mano.

El mozo estará en pie detrás del mostrador.

ESCENA PRIMERA

IGNACIO, PERICO, EL TABERNERO, EL MOZO, BEBEDOR 1.º, BEBEDOR 2.º y DOS BEBEDORES; al final, ANDRÉS

BEBEDOR 1.º

Envido.

BEBEDOR 2.º

Diez más.

BEBEDOR 1.º

¡Órdago!

BEBEDOR 2.º

Quiero.

BEBEDOR 1.º

Perder. (_Enseñando las cartas._) Duples de reyes y caballos.

BEBEDOR 2.º

(_Tirando las cartas sobre la mesa con despecho._) ¡Qué suerte!... Hay que hablar con Dios _pa_ llevar eso.

BEBEDOR 1.º

(_Tirando una raya con yeso sobre la mesa._) Á dos juegos.

BEBEDOR 2.º

(_Al Mozo._) ¡Chico, media docena! (_El Mozo llena unas copas en el mostrador; las coloca en una bandeja y las lleva á donde están los Jugadores. Cada uno de éstos coge una copa. Cuando terminan de beber, el Mozo coloca la bandeja en el taburete y retira la que está sobre el mismo. Llega con ella al mostrador, vacía el sobrante de los vasos en la jarra y enjuaga las copas. Todas estas operaciones las hará mientras sigue el diálogo._)

BEBEDOR 1.º

(_Á otro de los Bebedores._) Tú das.

PERICO.

(_Leyendo en voz alta el periódico que tiene en la mano y deletreando al leer._) «No... es... posi... ble... sopor... tar... en... si... lencio... la... con... du... ta... de... un... go... bierno... que... así... vi... vio... viola... los... sa... cra... tí... si... mos... de... re... chos... del... ciu... da... dano... Hora... es... ya... de... que... el... noble... pue... blo... es... pañol... pro... tes... te... de... tan... iní... iní... iní... iní... cuos... a... ten... tados... y... salga... á... la... defen... sa... de... la... libertá... y... de... la... patria... escar... escarnecidas... por... los... se... se... secua... secuaces de la _reación_.» (_Deja el periódico y da un puñetazo sobre la mesa._) ¡Pero que ni más ni menos!... Este papel está muy bien. (_Á Ignacio._) ¡Hay que echarse á la calle y acabar con el hato de granujas que nos oprime!

IGNACIO.

(_Con desdén._) ¡Echarse á la calle!... No sería mala _primáa_.

PERICO.

(_Con tono de sorpresa._) _¡Primáa!_

IGNACIO.

Lo que oyes. Soy más viejo y sé más que tú de estas cosas.

PERICO.

¿Qué sabes tú?... Vamos á ver.

IGNACIO.

¿Qué sé?... También me he _echáo_ á la calle yo; y he _andáo_ á tiro limpio en las _barricás_ y hasta renqueo de un balazo que me atizaron en esta pierna... Pues oye, albañil era y albañil soy; diez reales ganaba y diez reales gano; los que me metieron en el ajo van en coche y yo á pié; ellos sacaron de las _barricás_ una excelencia y yo un mote. Á ellos les llaman el excelentísimo señor don Fulano de Tal, y á mí Ignacio el cojo... Ahí tienes lo que yo he _sacáo_ con echarme á la calle.

PERICO.

Pero lo que dice el papel... la libertá, los...

IGNACIO.

(_Con desdén._) Palabras, música... el tío del _higuí_. Esas revoluciones de quita á este _pa_ que suba yo, las aprovechan los políticos, los señorones de levita... ¿Son _pa_ ellos? Que las hagan ellos.

PERICO.

De modo, que tú...

IGNACIO.

¡Como no hallen otro!... Pon que te metes en una trifulca, y pon que ganas y suben los tuyos. Ya están arriba. ¿Y qué? ¿Echarás un kilo más de carne en el puchero al día siguiente?... No. Al día siguiente volverás á morirte de hambre, á trabajar como una bestia, y los que te dijeron: «Ayúdame,» te dirán: ¡Arrima el hombro y revienta, que _pa_ eso has nacido!

PERICO.

Es que... (_Entra Andrés por el fondo, desde donde avanza sin ser visto de Ignacio y Perico hasta una distancia suficiente para oir la conversación. El Tabernero se dirige al mostrador y permanece en él._)

IGNACIO.

No, Perico, no. _Pa_ luchar por nosotros, _pa_ vengarnos de los que nos explotan, _pa_ eso estoy pronto siempre y te diré, ¡sí! no una, cien veces que me lo preguntes. Por hacer una revolución así, nuestra, de nosotros, sí me echaría yo á la calle, y hasta perdería con gusto las dos piernas.

ANDRÉS.

(_Que ha llegado hasta ellos, dice apoyando la mano en el hombro de Ignacio._) Como no las pierdas hasta entonces, irás al cementerio andando.

IGNACIO.

¡Eres tú!... ¿Qué dices?

ANDRÉS.

Que me déis una copa, y os dejéis de revoluciones.

PERICO.

(_Llena un vaso y se lo ofrece á Andrés._) Bebe. (_Andrés apura el vaso. Los Jugadores se levantan y se dirigen al mostrador._)

BEBEDOR 1.º

(_Al Tabernero._) ¿Se debe algo?

TABERNERO.

Una buena _voluntá_.

BEBEDOR 2.º

Échenos usté otras _pa_ irnos. (_El Tabernero llena unas copas que beben los otros._)

PERICO.

(_Á Andrés._) ¿Quieres más?

ANDRÉS.

Venga. (_Apura la copa que le da Perico. Salen los Bebedores por el fondo._)

ESCENA II

ANDRÉS, IGNACIO, PERICO, EL TABERNERO y EL MOZO

IGNACIO.

(_Á Andrés._) Á tí, en diciendo que tienes vino, no te hace falta _náa_.

ANDRÉS.

Porque el vino es la sola cosa buena de este mundo. Si lo será, que con todo y con lo que echan los taberneros, aún se puede beber.

TABERNERO.

(_Acercándose á la mesa._) ¡Muchas gracias!

ANDRÉS.

No hay de qué darlas. (_Á Ignacio._) Lo que oyes, y lo que yo le decía la primera vez que tuve voto á un caballero que me lo compró en tres pesetas. Allá _ustées_; de pintor de puertas no he de pasar; conque vengan las tres pesetas y pague usté una copa, y de usté es mi voto y el de mi novia, si sirve, que quizás que sirva.

IGNACIO.

¿Y por qué partido votaste?

ANDRÉS.

¡Yo que sé!... Por el partido de las tres pesetas y una copa; maldito si me importaba aquello.

PERICO.

¿No?

ANDRÉS.

(_Haciendo ademán de morderse la uña del pulgar._) ¡Ni esto!... Yo tengo mi idea. La política, _pa_ los políticos; la mujer, á ratos, y el vino, á cualquier hora.

TABERNERO.

Conformes.

IGNACIO.

(_Al Tabernero._) Faltaría que tú no lo estuvieras.

ANDRÉS.

El vino es el cúralo todo. ¿Que estás _cansáo_ de trabajar? Bajas del andamio, te echas una _limpia_ entre pecho y espalda, y tan guapo. ¿Que tienes penas? ¿Á quién vas á ir con ellas? ¿Á una mujer? Una mujer te las aumenta. ¿Á un amigo? Un amigo las oye si no está de prisa y pára de contar. Al vino, hombre, al vino. Y mejor que al vino, al aguardiente.

PERICO.

Si quieres aguardiente, pídelo.

ANDRÉS.

Que lo traigan.

TABERNERO.

(_Al Mozo._) ¿Oyes, chico? (_El Mozo llena unas copas de aguardiente y las lleva á la mesa._)

ANDRÉS.

(_Cogiendo una copa._) ¡Vaya por el triple!... (_Á Ignacio._) ¿Tú no bebes?

IGNACIO.

Aguardiente, no. Me emborracha en seguida.

ANDRÉS.

¡Buen defecto que le pones!... ¿_Pa_ qué bebe uno?... _Pa_ emborracharse. Pues cuanto antes, mejor.

PERICO.

Verdad.

ANDRÉS.

_Pa_ mí, el aguardiente está de non. Porque con esto de la bebida, pasa como en la guerra; lo he visto muchas veces cuando era _soldáo_. Nos decían los jefes: «¡Á ver, muchachos, hay que tomar esa trinchera!...» Y echábamos por la cuesta arriba con la cabeza _gacha_ y el fusil _enristráo_, mientras los contrarios nos freían á tiros; y aquí caía uno y allí otro; y luego diez y después veinte, y ¡hala! adelante, siempre adelante; hasta que llegábamos; pero ¡cómo llegábamos!... Chorreando sangre y sudor, y dejando el camino lleno de hombres patas arriba. En cambio, les decían á los artilleros: «¡Abajo esa casa!» y ¡Bum! ¡bum! á los cuatro disparos, la casa hecha cisco. Pues con esto, (_Golpeando la mesa con el vaso._) sucede igual. Las botellas de vino, son la infantería; hay que tumbar muchas _pa_ coger la _mona_; las medias copas de aguardiente, son los artilleros; con pocas basta. Voy á dispararme el primer cañonazo. (_Apura la media copa._) ¡Esto es gloria, hombre!

IGNACIO.

¿Y Juan José?

ANDRÉS.

Esperándole estoy. Nos ha salido una _chapuza_, y vamos juntos á arreglarla.

PERICO.

¿Sigue con la Rosa?

ANDRÉS.

Y más _emperráo_ cada vez. Ahora somos vecinos; vivimos en el veintitrés, dos puertas más arriba de la taberna. Rosa trabaja con Toñuela. Aquí vendrán á buscarnos en cuanto salgan de la fábrica.

PERICO.

¿Conque Rosa...?

ANDRÉS.

Le tiene vuelto el juicio. Lo malo es que él lo ha _tomáo_ por donde quema, y ella...

IGNACIO.

Ella, ¿qué?

ANDRÉS.

Ella es como todas las mujeres, mala.

IGNACIO.

Como todas, no. Me parece á mí que Toñuela...

TABERNERO.

No tendrás queja, Andrés.

ANDRÉS.

Por la presente, no la tengo. Toñuela se sujeta á mí; si hay dos, con dos pasa; si no los hay, pone los pucheros á la funerala, y á esperar otro día; y si se me baja el aguardiente á los _déos_ y si se me suben los _déos_ á la cara de ella, se aguanta y como si tal cosa; pero ya verás cómo á lo mejor sale por _peteneras_.

PERICO.

¡Que tú digas eso!...

ANDRÉS.

No me cogería de susto. En fin, Toñuela es Toñuela, y Rosa...

IGNACIO.

¿Qué?

ANDRÉS.

Está echa á otra vida. Mucha _juerga_ y mucho vestido de raso y mucha bota de charol... Lo que tiene siempre una mujer cuando es guapa y tira la vergüenza á la calle. Así es que la viene muy pelo arriba agarrarse al trabajo. Y si le quisiera, menos mal.

PERICO.

¿No le quiere?

ANDRÉS.

De capricho no pasa. (_Á Ignacio._) Ya sabes cómo se conocieron.

PERICO.

¿Cómo?

ANDRÉS.

Rosa estaba de _juerga_ con unos señoritos en una taberna donde entró Juan José, que entonces bebía más que ahora. En cuanto vió aquella cara de cielo, y aquel cuerpo, y aquellos ojazos, y oyó cantar á Rosa con la voz de ángel que Dios la ha _dáo_, se quedó con tres cuartas de boca abierta. Siguió la broma, y no sé cómo fué, que se emborracharon los señoritos y quisieron pegar á la chica. Allí fué la gorda; Juan José, que ya estaba _prendáo_ de ella, se levantó y dijo: «Á ésta no hay quien la toque.» Total, que se movió el _broncazo_ padre; y como Juan José es de los que _empujan_, y cuando se _arranca_ se lleva por delante lo que le estorba, echó de la _tasca_ á los señoritos y se quedó solo.

PERICO.

¡Bien hecho!

ANDRÉS.

Á ella le gustó aquel desplante, y, lo que pensaría: «Tropecé con mi hombre.» Cerca de un año lo ha _estáo_ creyendo, y ya va _pa_ dos meses que quiere volar por su cuenta.

PERICO.

¿Tú, sabes...?

ANDRÉS.

Sé que no falta quién la ronde, y sé que á ella no la parece costal de paja, porque es joven y de posibles, y no le duele tirar cinco duros á tiempo.

IGNACIO.

¿Le conoces?

ANDRÉS.

Y tú, y éste. Es Paco.

IGNACIO.

¿El maestro de la obra donde trabaja Juan José?

ANDRÉS.

Y si te digo quién trastea á Rosa de parte suya, verás que el caso no es de los buenos _pa_ Juan José.

PERICO.

¿Pues quién?....

ANDRÉS.

Quién ha de ser; la infiernacasas de este barrio; La señá Isidra. (_Se abre la puerta del fondo y entra por ella Juan José._)

TABERNERO.

(_Á Andrés._) ¡Chist!... Juan José. (_Juan José se dirige hacia el sitio donde está Andrés; el Tabernero se va al mostrador._)

ESCENA III

JUAN JOSÉ, ANDRÉS, IGNACIO, PERICO, EL TABERNERO y EL MOZO

JUAN JOSÉ.

¡Buenas noches!

ANDRÉS.

¿Qué hay?

JUAN JOSÉ.

Lo que hay cuando se trabaja desde las siete de la mañana hasta _anochecío_: mucho cansancio y mucho sueño. (_Se deja caer en uno de los taburetes que hay junto al velador._)

PERICO.

(_Levantándose._) Y mucha hambre. Por mí lo digo, que ya me está haciendo cosquillas éste. (_El estómago._) (_Á Ignacio._) ¿Vienes, tú?

IGNACIO.

Sí; la vieja tendrá el pucherillo á la lumbre y no es cosa de dejar enfriar las patatas. ¡Valiente cena _pa_ el que llega á su casa _destrozáo_ de fatiga!

JUAN JOSÉ.

Menos mal que lo haya.

IGNACIO.

_Verdá_; porque hasta eso falta muchas veces. (_Á Juan José y Andrés._) ¿Os quedáis?

ANDRÉS.

Esperando que den las siete _pa_ ir en busca de Antonio y arreglar la _chapuza_.

IGNACIO.

Á más ver. (_Ignacio y Perico se dirigen hacia el fondo, por donde salen, no sin pagar antes al Tabernero._)

TABERNERO.

(_Al Mozo._) Súbete dos frascos de vino. (_El Mozo abre la trampa de la cueva y baja por ella con dos frascos vacíos. Á poco vuelve con ellos, los deja en el mostrador y entra en la cocina. El Tabernero se pone á leer un periódico._)

ESCENA IV

JUAN JOSÉ, ANDRÉS y EL TABERNERO

ANDRÉS.

(_Á Juan José._) Bebe. (_Alargándole una media copa._)

JUAN JOSÉ.

(_Rechazándola con la mano._) No tengo sed. (_Queda en silencio, con la cabeza apoyada en la mano._)

ANDRÉS.

¿Qué tienes entonces?

JUAN JOSÉ.

Ya lo he dicho antes. Estoy _cansáo_.

ANDRÉS.

No es eso.

JUAN JOSÉ.

Lo que te dé la gana. (_Con impaciencia y mirando al reloj de pared._) ¡Cuánto tardan!

ANDRÉS.

¡Qué han de tardar, si salen á las siete largas de la fábrica, y necesitan más de un cuarto de hora _pa_ llegar aquí!... Tus celos son los que tienen prisa, y te traen á mal _traer_. ¡Parece mentira que tú...!

JUAN JOSÉ.

Déjalo estar. No hablemos de ello.

ANDRÉS.

Es _pa_ empezar contigo á trastazos. Estaría bueno que un hombre se acongojase por una mujer. Todas juntas no valen una _perra_.

JUAN JOSÉ.

¡Qué sabes tú!

ANDRÉS.

Más que tú, que no sabes lo que te pescas porque estás _enceláo_.

JUAN JOSÉ.

Sí lo estoy, Andrés, y la sangre se me enciende en el cuerpo cuando imagino que Rosa puede dejarme de querer.

ANDRÉS.

¿Y quién te manda imaginarlo?

JUAN JOSÉ.

¡Qué se yo!... Es una idea que se me ha ido metiendo aquí dentro (_Señalando la frente._) poco á poco, pero con fuerza, igual que si me la hubiesen _claváo_ á martillazos; y no puedo deshacerme de ella, y me martiriza, y me azuza, y me tiene como sobre carbones _encendíos_.

ANDRÉS.

Eres un chico de la escuela.

JUAN JOSÉ.

No sé lo que soy; sólo sé lo que me sucede; sólo sé que Rosa no es la misma de antes _pa_ mí. (_Con tono sombrío._) Y luego, Paco, ese mozo que no ha tenido más que hacer en el mundo que heredar la parroquia y _los dineros_ de su padre, no la deja ni á sol ni á sombra. Él se figura que no me entero. ¡Sí me entero! (_Con acento amenazador._) ¡Que lleve _cuidáo_!

ANDRÉS.

Serán cavilaciones tuyas.

JUAN JOSÉ.

No lo son, Andrés no lo son. Hace tiempo que le vengo _oservando_. La otra mañana me fué Rosa á buscar á la obra, y Paco se puso delante de ella y empezó á soltarle requiebros y pasearle por los ojos sus _déos_ llenos de sortijas, y á decirle, mirando _pa_ mí y como en broma. «¡Qué suerte tienen algunos hombres y qué mal _ganáa_!...» Ella se reía de oirle, y yo... Yo seguía trabajando mientras bromeaba el señorito, y me fijaba en él, y á la vez que en él, en mi blusa _remendáa_ y en su ropa nueva, en el yeso que había en mis manos y en las sortijas que había en las suyas; y sentí... No sé lo que sentía entonces, pero apreté con rabia el mango del palustre y estuve á punto de meterle por el pecho adelante, aquella herramienta manchada con la cal que nosotros amasamos _pa_ que él se luzca...

ANDRÉS.

(_Con zumba._) Haberlo hecho, y después, ¡á presidio!... (_Con ironía triste._) Tienes una manera de arreglar las cosas, que da gozo.

JUAN JOSÉ.

(_Luego de pasarse la mano por la frente como si quisiera desechar un mal pensamiento._) Yo no soy malo, Andrés; no quiero serlo. Y ocasiones de serlo he tenido, muchas, que á quien lo dejan en la calle sin otro amparo que el de Dios, más cerca le ponen del presidio que de la iglesia. No, no quiero; no he querido ser mal hombre nunca; pero _en_ tocante á Rosa, ¡que no la toquen! ¡que no me la quiten, porque seré peor que malo!... (_Con desesperación._) ¡Si ella...!

ANDRÉS.

(_Interrumpiéndole._) Á eso voy. Si yo sospechase que me faltaba una mujer, ¿sabes tú lo que haría?

JUAN JOSÉ.

¿Qué?

ANDRÉS.

Lo primero, enterarme si era verdad, que á veces, se le meten á uno los infundios en la _sesera_ porque sí, y cree que un cañamón es una bola del puente de Segovia.

JUAN JOSÉ.

¿Y si era verdad?

ANDRÉS.

¡Si era verdad!...

JUAN JOSÉ.

¿Qué harías?

ANDRÉS.

Muy sencillo. Á él nada; porque bien _miráo_, nadie tiene la culpa de que sea mala la mujer que vive con uno. Á ella sí; á ella, cogerla por el moño y madurarla las costillas con un garrote, y abrirle la puerta y darle dos _patáas_ y _ponerla al fresco_ y quedarme tan fresco.

JUAN JOSÉ.

¡Yo, dejar á Rosa!...

ANDRÉS.

Si te engañaba, ¿por qué no? ¿Has _firmáo_ escritura _pa_ vivir con ella hasta que te entierren?

JUAN JOSÉ.

No hace falta. En las cosas del querer, se firma con éste; (_El corazón._) y cuando éste dice «quiero de veras,» _firmáo_ está _pa_ toda la vida.

ANDRÉS.

(_Con tono de broma._) ¡Pocas firmas así he puesto yo! Y luego á borrarlas. Ni señal queda. Antes se borra el querer que la tinta.

JUAN JOSÉ.

Será el tuyo, que el mío no. ¡Dejar yo á mi Rosa!... ¡Perderla! ¡Echarla de aquí!.. (_Golpeándose el pecho._) No podría; está muy _agarráa_ y... Yo me entiendo; no sé explicarlo, pero me entiendo... Vamos, que si yo dijese, se acabó Rosa; mi corazón, y mi alma, y todo yo, nos habíamos _acabáo_ con ella.

ANDRÉS.

¡Bah! ¡En seguida me destrozaba yo por ninguna!... Ponte en lo peor, en que la pena sea tan grande que no consigas descuajarla de un _tironazo_. ¡Á distraerse! ¡qué _contra_!... No se acabó el mundo por eso. Otros _quereres_ hay y á ellos se coge uno hasta que se le pase la basca.

JUAN JOSÉ.

Tú, sí, porque tienes padres, hermanos, familia que te consuele y te saque las malas ideas del cuerpo. Yo no tengo nada. ¿Padres?.... Dios los dé; no sé quiénes fueron los míos, sólo sé que me tiraron á la calle, _mismamente_ que se tira la basura al arroyo, _pa_ que la recoja el trapero. (_Con tristeza profunda._) ¡Debe ser tan bueno tener padres!... Lo veo por tí cuando vas á casa de los tuyos, y la pobre vieja de tu madre se alza de su silla y te mira que parece que se te va á comer con los ojos y te dice: «¡Á ser hombre de bien, Andrés!...» Tú te ríes, como si no te importase verla y oirla; pero en la cara se te conocen que no te _cojen_ el gozo en el cuerpo y la alegría en el corazón.

ANDRÉS.

(_Con ternura._) Porque ciego por ella; porque se trata de mi madre, y la madre es la sola mujer que no engaña.

JUAN JOSÉ.

Yo no he conocido á esa mujer. Sólo he conocido á la que me recogió junto á las piedras de una cantería _pa_ llevarme en brazos por las calles y compadecer á la gente llamándome hijo suyo. ¡_Pa_ eso me recogieron! Y luego, cuando fuí mayor y pude andar solo, _pa_ que pidiese limosna, con los pies descalzos, y la pidiera bien, y llevase mucha, que si llevaba poca, me ponían maduro á palos.

ANDRÉS.

¡Sí, es desgracia!... (_Con tristeza._)

JUAN JOSÉ.

No lo sabes, Andrés; hay que pasarlo. Pidiendo un pedazo de pan _pa_ que lo comieran otros, como ahora lo gano _pa_ que otros disfruten, he vivido yo mucho tiempo. Cariño ninguno. Malas razones y peores hechos. Golpes, no golpes buenos, de los que los padres dan á sus hijos _pa_ que se corrijan, sino golpes de los que da el arriero á su bestia cuando no puede con la carga. Á mí nunca me han dicho al pegarme: «¡Toma, pillastre, _pa_ que te enmiendes!» Á mí, me decían: «¡Toma, granuja, _pa_ que traigas más!» ¡Ya ves qué diferencia! El recuerdo de aquellos golpes, de los que dan los padres, debe saber á gloria; el de los que yo recibía me sabe amargo, y me trae á la boca mucho rencor y muchos odios.

ANDRÉS.