Part 5
Y dormirán á poco; entónces, en la sombra, sueños de oro, en alegre tropel que el alma asombra, que nacen con los ruidos del dia al espirar, de léjos atraidos por sus labios de grana, cual vuelan las abejas sobre la flor lozana, de su lecho en los pliegues se vendrán á posar.
¡Oh sueño de la cuna! ¡Plegaria de la infancia! ¡Voz que siempre acaricia del mal en la ignorancia, religion que se esparce y sonrie al surgir, preludio del concierto que en la noche se exhala!... Como el pájaro esconde su pico bajo el ala, en la oracion el niño mece su alma al dormir.
II.
¡Vé á rezar, hija mia! Primero por aquella que meció tantas veces tu cuna blanca y bella, por la que, tú en el cielo, fué á buscarte hasta él; y te puso en el mundo, y madre cariñosa, por tí haciendo dos partes de la vida azarosa, tomó siempre el acíbar y te dejó la miel.
Ruega por mí en seguida. A mí me hace más falta. Ella, como tú, áun lleva la frente pura y alta, tiene el alma serena y el corazon sin hiel; piadosa para todos, ignora qué es la envidia y sufre resignada el mal y la perfidia sin pensar en quien lo hace y sin quejarse de él.
Cogiendo sólo flores, nunca su mano hermosa ha tocado del vicio la copa contagiosa, ningun lazo la arranca al amor y al hogar; en su clemencia olvida pasados extravíos... ignora qué son esos pensamientos impíos que pasan por el alma cual sombras por el mar.
Ella ignora--que siempre lo ignores, hija mia,-- las miserias del mundo con que el alma se enfria: placeres, vanidades, vergonzoso dolor, pasiones, locos sueños de mentida ventura, recuerdos misteriosos de tédio y de amargura que hacen subir al rostro la llama del rubor.
Yo sé más de la vida, y yo podré decirte, cuando crezcas, y tenga, por tu mal, que instruirte, que perseguir el arte, la gloria y el poder son locura y mentira; que al tocar la victoria se encuentra la vergüenza en lugar de la gloria, y que el hombre en la lucha suele el alma perder.
Viviendo, el alma duda, y aunque en todo se siente el fin supremo claro, visible y trasparente, se envejece del vicio en negra esclavitud; el hombre olvida el gérmen de su orígen divino, que á todos roban algo las zarzas del camino, su vellon á la oveja y al hombre su virtud.
Vé, pues, y por mí reza; y reza solamente diciendo á Dios: «¡Tú eres nuestro Padre clemente! ¡Piedad! ¡Tú eres el bueno! ¡Tú eres el inmortal!» Deja ir la palabra donde el alma la envía. No te inquietes por ella, todo sigue su vía; no pienses el camino que ella puede tomar.
Todo tiene aquí bajo marcado el derrotero: el rio, hasta el mar hondo sigue el curso ligero, la abeja laboriosa va de la flor en pos; que tiene su destino todo vuelo que zumba: el águila á los cielos, el vampiro á la tumba, la golondrina al nido y la oracion á Dios.
Cuando por mí hasta el cielo su voz vuela ligera, soy como el pobre esclavo sentado en la ladera, que al borde del camino deja el fardo cruel. Me siento descansado, que la carga espantosa de penas y de errores que agobia mi alma ansiosa, tu rezo bendecido hace volar con él.
Vé á rogar por tu padre. Pide á Dios me conceda sueño tranquilo y dulce con que reposar pueda, que la fé torne viva mi espíritu á inflamar. Borra todas mis culpas con tu aliento inocente, y que á su beso quede mi corazon doliente puro como la piedra del ara del altar.
AL INSIGNE AUNQUE POCO CONOCIDO POETA
DON JOSÉ ANTONIO PAZ.
ÚLTIMO ASILO.
Dime, negra tristeza, ¿no me quieres dejar? ¡Qué desvarío! ¿Cómo apartarte intento del pensamiento mio, si contigo nació mi pensamiento? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Oh! ¡Qué amarga es la vida! ¡Luchar! Siempre luchar, y nunca llega el dia embriagador de la victoria. Lucha desconocida, lucha de muerte, desigual y ciega en que el pobre habitante de este suelo, héroe predestinado á la derrota, cuando su fuerza en el combate agota, pide favor al cielo contra el cielo. ¡Vida! ¡Horrible quimera! ¡Placer! ¿Dónde encontrarle, si en medio del placer no se le espera? El descanso es ansiado tan sólo cuando el cuerpo está cansado; agua ansía el sediento; tener hambre es forzoso, para que sea ansiado el alimento; sentirse débil para ansiar la ayuda; ciego para anhelar el sol hermoso... y para tener fé, sentir la duda. ¡Placer!... Mentido ensueño, rayo que presta luz sólo un instante y deja en pos de sí terrible huella; que con tenaz empeño, sigue al amor el pesaroso hastío, la sórdida avaricia á la riqueza, á la amistad el desengaño frio, la ambicion al poder, y la tristeza á la expansiva risa del contento. Mas nó; mi pensamiento juzga por el presente y se deja llevar de la amargura... Recordaré el pasado, que en mi mente dejó tántos recuerdos de ventura.
* * * * *
Niñez, amor, ensueños encantados, que murieron cual flores con el dia, vanos fantasmas de placer mentido, dejando sus recuerdos amargados por el dolor de haberlos ya perdido. Y la razon, en tanto, aprisionada, luchando con la fiebre abrasadora de la ardiente ilusion, pugnaba en vano por disipar la nube embriagadora, cuya letal atmósfera aspiraba mi pulmon impaciente, y en él toda mi sangre envenenaba adormeciendo al corazon valiente... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿Dónde hallar la verdad?... Tal vez oculta la tiene el porvenir... ¿Y qué me ofrece? ¡Confusa mezcla de placer y espanto, que al sondear el alma se estremece! Promesa y amenaza, placer que oculta el llanto, duda cruel, que el alma despedaza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Sentir el frágil cuerpo deshacerse al peso de la edad agobiadora, y caminar con paso vacilante, mústios los ojos y el cabello cano; y, buscando un apoyo, á cada instante ¡triste tender la temblorosa mano! Y cuando destruido y fatigoso el cuerpo vuelva hácia la madre tierra, ávido de reposo, ¿qué quedará de mí? ¿Tras de la tumba, no habrá ya nada más? ¡Oh! sí: tras ella está la eternidad, dulce consuelo, que al grito del dolor mis labios sella. ¡Oh muerte! ¡Cuánto tardas! Yo te anhelo, y te espero temblando de alegría. No más dolor, más quejas ni más duelo. ¿Quién como yo? ¡La eternidad es mia!
Á MI QUERIDÍSIMO AMIGO
EL FÁCIL É INGENIOSO AUTOR CÓMICO
DON MIGUEL RAMOS CARRION.
OTOÑO.
Horas de duda, aborrecidas horas, apartaos de mí, que ya no os temo sino en recuerdo, como á mal pasado. Fiebres abrasadoras que tántas, tántas veces me han postrado, en vano el eco mi memoria hiere, del angustioso grito que hacíais resonar dentro del pecho despedazando el corazon marchito.
«Ha muerto tu poder, pobre demente; »ya no podrás crear; tu alma gastada »sólo el instinto ó la avaricia siente: »no te conmueve nada; »ni la sonrisa de la vírgen bella, »ni del amor la asoladora llama, »ni el mar, ni el cielo, ni la fé, ni el mundo, »nada deja en tí huella, »y duermes con el sueño más profundo.»
Así hacías llegar hasta mi oido la voz del desaliento envenenado, eco perpétuo en la conciencia mia; y yo triste, temblando, dolorido, escuchaba ese grito desgarrado, que el alma en mil pedazos me partia. Yo recordaba el tiempo venturoso en que todo en mi sér hallaba un eco, que avaro el corazon guardaba ansioso. Y al mirarlo ya léjos, engañado, la vida de mi mente desechaba, y recostando la arrugada frente en mi mano convulsa, que abrasaba, maldecia el presente y, cobarde, lloraba...
¡Como si el árbol que de hermosas flores la Primavera plácida engalana, las conservára en el ardiente Estío! El sol marchita y borra sus colores dando al tiempo tributo, y tras la flor galana hincha su piel el sazonado fruto.
Pasó la juventud, y, al tiempo que ella, sus puras emociones, flores que ya perdieron su perfume; santas é inexplicables emociones que, como la tristeza que mi vida consume, ni explicar puede el labio su grandeza, ni comprender su encanto el pensamiento.
Pasó la juventud; llegó el momento en que el suspiro ardiente del jóven entusiasta, eterna aspiracion á un imposible, se trueque en viril canto en que lo hermoso de la forma sea, no la belleza plástica insensible: cuerpo que encierre el alma de una idea!
Y es porque cada edad tiene marcada una mision distinta y la huye en vano: el jóven sueña, el hombre fuerte piensa, y recuerda el anciano. Verdad que en la mitad de nuestra vida la ilusion vagarosa ya se aleja entre las sombras del ayer perdida; verdad que ya mi mente no refleja la plácida frescura de los años felices; mas ¿acaso, al ocultarse el astro luminoso de mi pasada juventud cercana en el sombrío ocaso donde áun despide claridad liviana, murió el fuego sagrado, la actividad eterna y sobrehumana que Dios me dió al nacer? ¿No hay en la tierra nada capaz de enaltecer mi canto?
La patria amada, la nefanda guerra, la dulce libertad, la ciencia ignota, de Dios el pensamiento sacrosanto, del despotismo inícuo la derrota, la virtud, el valor, la santa idea de ley y de justicia, el arte, hijo de Dios, ¿son ménos grandes que los sueños que el jóven acaricia?
Horas de duda, aborrecidas horas, apartaos de mí, que ya no os temo sino en recuerdo, como á mal pasado. Ya sé que el árbol que de hermosas flores la Primavera plácida engalana, no las conserva en el ardiente Estío; que el sol marchita y borra sus colores, dando al tiempo tributo, y, tras la flor lozana, germina y crece el sazonado fruto.
¡MÁS!
Señor, yo que de bienes en la cuna pude largos tesoros merecerte, tal vez para que así fuera más fuerte el golpe de perder tanta fortuna; no te pido, con súplica importuna, ni paz del alma, ni tranquila muerte, ni que el rigor endulces de mi suerte, ni de este pobre mundo dicha alguna. Sólo te pido, ahogando mis lamentos, por la misma crueldad con que condenas un débil sér á bárbaros tormentos, que en mí arrojes dolor á manos llenas, porque nunca me falten pensamientos para cantar tus obras y mis penas.
EN EL ABANICO
DE
MI HIJA MARÍA.
Hija, ¿qué te diria que fuera de mi amor vivo traslado?... Dos palabras no más; oye: ¡hija mía! --¿Es poco?... Al escribirlas he llorado.
Á MI MADRE.
¡Madre! ¡Cuán dulce entre mis labios suenas, oh nombre idolatrado! ¡Cuántos recuerdos en mi mente agitas! Torcedor y consuelo de mis penas, de santa idolatría enajenado, he querido mil veces escribirte, y mil veces las letras he borrado. Porque es tal el respeto y el cariño, la adoracion inmensa que en mí siento, que, aunque el cielo me dió el dolor por vida y sé lo que es sufrir desde muy niño, volveria contento á empezar esta lucha maldecida, si, al ligarme á la tierra nuevos lazos, me arrullara tu acento al dormirme tranquilo entre tus brazos.
* * * * *
Todos aman la gloria; unos por necio orgullo, otros soñando, en la mujer que adoran con locura; yo nó: si la victoria llego á alcanzar un dia de ventura, por tí será, que para tí la quiero. ¿Quién como tú podria merecerla? ¿Acaso no he bebido en tu seno purísimo la esencia de fé, de amor, de bien y sentimiento que nutre mi existencia y eleva con su savia el pensamiento? ¿Acaso no me han dado dolor bastante que mi canto inspire, tus lágrimas benditas? --¡Cuántas por culpa mia has derramado!... ¡Ah! Dios las tendrá escritas...
* * * * *
¡Madre! ¡Quiero estampar aquí tu nombre, una, y otra, y cien veces, madre mia! Cuando niño, encantada en tu cariño, tú me enseñaste á pronunciarle; hoy, hombre, el hombre adora lo que hablaba el niño. El hombre graba en su angustiada mente con santos signos la mejor palabra, y canta en tus recuerdos inspirado, volviendo tristemente sobre el tiempo dichoso y ya pasado, en que tu amor tan sólo, su amor era; amor dulce, sereno, inmaculado como el rayo del sol en primavera. Y canta y llora; sí, madre querida, lloro entregado á sin igual tristeza, que el cuerpo y el espíritu, abatidos, no pueden desechar; que con la vida no ha de acabar aunque con ella empieza; pues una voz callada y misteriosa resuena en mis oidos, y me dice que el alma no reposa. ¡Lloro, insensato, y creo que este llanto terrible y encendido, mísero y solo bien que ya poseo, puede pagar el que por mí has vertido! Así piensa el avaro poder pagar con un puñado de oro la dicha de este mundo: avaro soy y el llanto es mi tesoro. En él mi dicha fundo, que cuando con el alma acongojada, pobre, impotente, sin amor ni gloria, busco ansioso la nada, para ahogar mi memoria, que altivos sueños del ayer me acuerda y el terrible presente me recuerda, nada puede calmar esta agonía como el amargo llanto donde encuentra mi sér vida y encanto.
* * * * *
Madre, sobre mi edad pasará el tiempo, vendrán en pos un dia y otro dia, y á calmar mi dolor vendrá la muerte; y, acaso, madre mia, cuando pesada y fria caiga la tierra sobre el cuerpo inerte, ni un sér querido por mi vida llore, ni una oracion por mí, perdon implore. Acaso ¡ay Dios! profanen mi memoria al ver que no les dejo por herencia más que mis sueños de mentida gloria y el terrible luchar de la existencia... ¡Oh! tú que crees y que en Dios confias, tú que sabes rezar, madre adorada, dime, por Dios, una oracion; aprenda yo de tus labios, como en otros dias, una plegaria que la fé apagada haga en mí renacer... Pero es en vano. Ya torna al pecho la perdida calma. ¡Tambien yo sé rezar... ¿Sabes qué rezo? ¡Tu nombre nada más, madre del alma!
AL DISTINGUIDO CRÍTICO
MI MUY QUERIDO AMIGO
DON EDUARDO DE CORTÁZAR.
MÚSICA CELESTIAL.
Me han contado de un hombre que vivía contento únicamente cuando oía, ya fuese á una voz sola, ó más, ó un coro, ó instrumento sonoro, cualquiera melodía; daba por una nota el mundo entero... Y perdió la aficion desde aquel dia en que oyó á una mujer decir: «Te quiero».
AL EXCMO. SEÑOR
DON FRANCISCO BARCA.
¿ES VERDAD?
Yo sé, sólo de oidas, que hay un monton de libros y de escuelas, cuanto más semejantes más reñidas, en que hombres que respeta todo el mundo, de claras luces y saber profundo, uno en forma, otro en sér, otro en esencia, todos de Dios discuten la existencia. No me lo sé explicar, aunque lo creo. ¡Que de Dios pueda un hombre haber dudado! Yo, si me siento triste ó angustiado, corro al balcon en alas del deseo, miro al cielo estrellado... y, no sé cómo es, pero le veo.
AL ILUSTRE AUTOR
DE LAS
DOLORAS Y LOS PEQUEÑOS POEMAS
AL EMINENTE POETA
DON RAMÓN DE CAMPOAMOR.
¡COSSÍ FAN TUTTI!
Él era un infeliz. Aun conservaba todos los sueños de la edad primera... hasta fé en el amor; y así, la amaba como un demente: con el alma entera. Ella, docta en las luchas de la vida --cosas que sólo una mujer entiende cuando del vicio á los horrores llega,-- sabía que halla paga más subida una prudente infamia que se vende, que una loca inocencia que se entrega. Pero él,--que no creyó ni por asomo que, oculto bajo un rostro de ángel puro, hubiera un sér de cieno,-- cuando en su amor vivia más seguro, la halló con no sé quién, yo no sé cómo, y haciendo no sé qué, que no era bueno. Y cuentan,--yo no sé si será cierto,-- que, herido por el duro desengaño, le vieron discurrir hosco y huraño buscando siempre el sitio más desierto, y siempre solo, un año y otro año; y hasta dicen que ha muerto.
* * * * *
Me es infiel la memoria y no puedo decir precisamente quién me contó la historia. Sólo recuerdo--y con dolor lo digo pues sé que era un amigo,-- que el que la referia, --que puedo asegurar era hombre honrado, ó al ménos todo el mundo lo decia,-- comentando el dolor del engañado, me lo mostró en la calle, y se reia.
AYER, HOY Y MAÑANA.
A MI ESPOSA.
Ayer, con amor creciente, amor que sólo se siente de la vida en los albores, se unió con lazo de flores tu alma pura á mi alma ardiente.
* * * * *
Hoy, con más tranquilo amor, dando treguas al dolor, unidos en tu regazo, nuestros hijos son el lazo que al cariño dá vigor...
* * * * *
Que mañana, yo lo anhelo, busquen tambien de esta guerra juntos reposo y consuelo nuestros cuerpos en la tierra, nuestras almas en el cielo.
FIN.
End of Project Gutenberg's Impresiones, Poesías, by Jose Campo-Arana