Impresiones, Poesías

Part 4

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¿Temes, acaso, que al sentir tu mano, tiemble asombrado el ánimo cobarde, y se estremezca el alma recelosa? Te engañas. ¡Temor vano! ¿Crees que te hablo en arrogante alarde, que la mente medrosa desmiente con terror? ¿Piensas acaso, que sabiendo que Dios únicamente puede cortar de la existencia el hilo, me rio de tu saña? ¿O que sintiendo robusto el cuerpo, el ánimo tranquilo, desprecio tu impotencia? ¿O que á grave dolencia rendido, busco en tí el alivio ansiado? Mas... ¡ah! Tal vez sospechas que abatido, sin fé, desesperado, sin calor en el alma, y ya deshechas mis ilusiones de ventura y gloria, busca en tí el alma herida que padece la sola realidad que el mundo ofrece. Te engañas: ni en mi pecho tiembla el miedo, ni confiado en Dios te reto osado; y si el cuerpo abatido, por males y dolores combatido, la dulce paz de tu retiro anhela, el alma nó, que con distinta suerte, busca el cuerpo reposo, el alma vida, y reposo no más hay en la muerte. La frïaldad con que el sepulcro hiela no puede codiciarla quien ansioso busca luz y calor, lucha y victoria. Si el corazon medroso teme hallar la verdad, porque al hallarla tal vez encuentre el mal, necio sería si en tí buscara alivios y consuelo, pues harto sé por desventura mia, que tú hieres la paz y la alegría y eres sorda á la voz del hondo duelo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . No: te busco y te temo. Te busco, como busca el peregrino un lecho hospitalario donde reposa un dia para seguir al otro su camino. Te busco, porque eres el «más allá» que loca el alma ansía cuando, al morir el dia, miro ocultarse el sol detrás del monte, ó cómo se confunden el mar y el cielo allá en el horizonte. Te temo porque ignoro lo que ocultas, mi mente no lo alcanza, y temo al encontrarme entre tus brazos, rotos por tí los mundanales lazos, perder en ellos mi última esperanza. Temo que con mi cuerpo dolorido muera tambien mi idea; temo que el alma sea un sér fingido, que sólo polvo, como el cuerpo, sea.

RECUERDOS.

Suelto el cabello en desatados rizos, que en caprichosas ondas sobre tu espalda mórbida se tienden, velando y no cubriendo sus hechizos; entornados los ojos, que se encienden absorbiendo el placer con sus miradas, tus hermosas mejillas sonrosadas por el calor intenso de la pasion ardiente; entreabierto el labio sonriente, y en lánguido abandono reclinada, altiva recordando con la mente inflamada, los pasados momentos de ventura, la idea de otros mil acariciando que guarda para tí lo venidero... ¡Qué hermosa estás así! ¡Qué feliz eres! ¡Cuántos tesoros guardas codiciosa! ¡Qué ignorados placeres promete tu mirada cariñosa! ¡Oh! pero... escucha y dí: ¿ya no te acuerdas de aquella niña hermosa é inocente, encanto de mi loca fantasía? ¿Acaso no recuerdas su tibia y pura frente?... Toca la tuya... ¿No es aquella?... ¿Abrasa, y no es ya trasparente como aquella?... Mas ¿qué importa si es bella? ¡Sigue escuchando, sigue!... ¿No recuerdas sus ojos apagados, grandes, suaves, serenos... --No me mires...--Los tuyos, entornados, de brillo y pasion llenos, son más hermosos... pero ya han perdido la tranquila mirada que lucia en la niña inocente que amé un dia. ¿Has dado ya al olvido aquellos labios rojos y brillantes, frescos y húmedos siempre, como la rosa que mojó el rocío?... ¿Por qué tocas los tuyos, amor mio? ¿Están secos? ¿Qué importa?... ¿Queman tánto?... No te aflijas por eso. Es el calor de la pasion ardiente, que les dá nuevo encanto... ¡Qué! ¿no recuerdas que me has dado un beso? Mas deja que te cuente cuánta locura me forjé de niño; deja que haga volver á mi memoria el delirio sin fin de aquel cariño. Deja que te retrate mis ensueños de gloria, deja que su recuerdo me arrebate. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mira: tanto llegué á quererla un dia, tan loco y ciego estaba, que donde quiera que su pié ponia, su dulce huella con afan besaba. Absorbía el aroma de su aliento; sueño constante de mis sueños era; su hermosa imágen en mi sér vivia, y al sentir su contacto, de temor y placer me estremecia. Y guardo en mi memoria mil cantares que yo la oía, ó que escuché con ella; recuerdo con anhelo los lugares donde la ví una vez; y hasta las flores que su mano cuidaba, me han dejado recuerdo de su aroma y sus colores. Todo me la recuerda: el mar, la tarde, la luna con su luz vaga y dudosa; la primavera tibia y perfumada; la brisa juguetona y misteriosa; la noche oscura, el abrasado estío; el murmullo fugaz de la enramada; hasta de Dios la idea poderosa, funde con ella el pensamiento mio. ¡Oh! ¿por qué ha de pasar así la vida? ¡Cuánto, amor mio, diera, porque aquel tiempo y mi niñez volviera! Yo imaginaba... ¡loco desvarío! que acaso un tiempo fuera tan dichoso que junto á mí la viera unida en santo lazo, y me forjaba verla en mi hogar, partiendo mi destino, que mi nombre sus labios bendecian, que «hija mia» mi madre la llamaba, y que «madre» mis hijos la decian... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿Lloras? Tu corazon he destrozado... --¡Si tú supieras lo que yo he llorado!...

¡YA NO!

Ya pasaron los dias, ya pasaron las horas de ventura en que al mirarme, amante sonreias con infantil ternura. Ya ha borrado la mano del olvido mi nombre de tu mente, ya no busca tu oido el tierno halago de mi voz ardiente. ¡Ya no piensas en mí! Ya cuando al cielo vuelves los claros ojos, pides calma á tu duelo, no paciencia á mi queja y mis enojos. Ya cuando pinta el éter la mañana con brillantes albores, no corres presurosa á la ventana, porque yo no la adorno con mis flores. Ya al esquivar el celo con presteza de importuno testigo, no vuelves la cabeza á ver si yo te sigo. De otros sitios respiras el ambiente que yo no he respirado... Ya no temes jamás entre la gente que pase yo á tu lado. Los goces que soñé en mis desvaríos puede decirme otro hombre que son suyos... ¡Tú tienes hijos ¡ay! y no son mios!... --¡Yo los tengo tambien, y no son tuyos!

¡IMPOSIBLE!

Niégame el sueño su apacible olvido, y el solo pensamiento de mi mente, el eco solo que mi oido siente, es de tu dulce nombre eco querido. Si al fin de la velada, ya rendido, busco el descanso, mi cerebro ardiente forja sueños de dicha sonriente, y siempre va tu nombre á ellos unido. Mas ¿cómo en él no pensaré despierto? ¿Cómo sin él soñar cuando dormito, ávido el pecho á la ilusion abierto? ¿Cómo no recordar su eco bendito, que hace santo mi loco desacierto, si aquí, en mi corazon, lo llevo escrito?

Á MI BUEN AMIGO

ANDRÉS RUIGOMEZ.

LA GUITARRA.

¡Cuánto sueño de gloria! ¡Cuánta esperanza despiertan en mi mente los acordes de la guitarra!

* * * * *

La luna se esparcia sobre la playa, el mar, dormido, con su blando arrullo la acariciaba, y léjos, de la brisa vagando en alas, se escuchaban los sones misteriosos _de la guitarra_.

* * * * *

Yo, trémulas las manos, trémula el alma, llevando entre mis brazos á la hermosa mujer amada, iba siguiendo el ritmo de alegre danza que modulaban las cadencias dulces _de la guitarra_.

* * * * *

Y tras de muchos años, muchos, de amarla, por la primera vez á sus oidos mi voz llegaba; mi voz, que, balbuciente y entrecortada, se confundia con las notas trémulas _de la guitarra_.

* * * * *

Y pasaron los años cual todo pasa, y aquel amor inmenso que escondido llevo en el alma, parece que despierta con nueva llama cuando escucho las vagas armonías _de la guitarra_.

* * * * *

Y la voz engañosa de aquella ingrata, y el murmullo del mar, que se dormia sobre la playa, y la emocion inmensa que me agitaba, todo me lo recuerdan los acordes _de la guitarra_.

* * * * *

¡Oh! Si acaso algun dia, ciego de rabia, hácia el crímen ó el mal, con torpe paso llevo mi planta, haz tú, Señor, que escuche para pararla uno de esos acordes misteriosos _de la guitarra_.

* * * * *

Y tú, mujer, que hoy ciega tu virtud manchas, tú, que fuiste adorada cual ninguna por pura y cándida, dime: ¿No te sonrojas, no sientes nada al escuchar las vagas armonías _de la guitarra_?

JUNTO Á LA CUNA.

_¡Cómo duerme! ¡Chist!... ¡Silencio! no se despierte mi niño._

* * * * *

¡Qué hermoso está! Se sonríe con un gesto tan tranquilo... Revueltos sobre la frente de su cabello los rizos, descubierta la garganta, cuyo cútis cristalino dibujan de azul las venas y hacen mover los latidos, su blanca manita oculta por el redondo carrillo... todo en él es inocencia, parece un ángel bendito. Ganas me dan de besarle... Si estuviera bien dormido... ¿Despertará?... Por un beso... ¡Qué placer! ¡Dulce amor mio! _¡Ay! ¡se mueve!... ¡Chist!... ¡Silencio! no se despierte mi niño._

* * * * *

Ya se sosegó, ya vuelve á sus labios bendecidos la sonrisa; ya respira como hace poco, tranquilo. ¡Ay! no respiraba así cuando estuvo tan malito. ¡Qué pálido estaba entónces! Flaco, los ojos hundidos, ¡y una mirada tan triste! Aun me dan escalofrios de pensar en aquel tiempo. ¡Oh! ¡Cuánto sufrí, Dios mio! Luégo, aquel llanto tan débil que parecia un gemido... Si volviera á estar así... Si se muriera... ¿Qué he dicho! ¡Hijo de mi corazon! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . No te enfades, hijo mio. Es claro, ¡le beso tanto! ¡Y él, que estaba tan tranquilo! _¡Ya reposa!... ¡Chist!... ¡Silencio! no se despierte mi niño._

* * * * *

¡Bah! voy á dejarle solo para que duerma... ¡Angel mio! ¿Se queja?... Sí... Nó; es que sueña. ¡Ay qué gesto tan bonito! Mas ¿qué es eso? ¿Se despierta? Nó; pero ¡qué es ese ruido? Agita sus labios rojos... ¿Será verdad lo que he oido?... Otra vez... ¡Ah! sí; mamá, mamá, no hay duda, eso ha dicho. ¡Me llama!... ¡Bendito seas! ¡Una y cien veces bendito! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mas ¡ay, Dios! va á despertarse... ¡Que he de hacer siempre lo mismo! _Vaya; no guardeis silencio: ya se ha despertado el niño._

EN EL ÁLBUM DE MERCEDES.

¿ESTAMOS CONFORMES?

Cuentan profundos doctores que hubo otros tiempos mejores --yo no sé cuándo sería-- en que el hombre en paz vivia sin penas y sin dolores.

Yo, Mercedes, imagino que esto es cuento y nada más, pues del mundo en el camino, de ese tiempo peregrino ninguna huella verás.

Mas, cuando me lo dijeron, pensando en los que vivieron aquella edad de ventura, exclamé con amargura: «¡Qué desventurados fueron!»

¿Te ries? La risa ten, hasta que oigas los informes que mis ideas te den; verás, si lo piensas bien, que al cabo estamos conformes.

* * * * *

Primavera es la ventura, triste invierno es el dolor sin brisas y sin ventura; pero en medio de ese horror, tiene tambien su hermosura.

Que si aquella tiene flores y calor, vida y amores y crepúsculos serenos de santo misterio llenos y aromas, luz y colores,

éste, con distinta suerte, tiene el hielo caprichoso, el silencio de lo inerte, el misterio del reposo, la majestad de la muerte.

Pero si el sol su semblante, rasgando la niebla oscura, muestra en el cenit radiante, su luz parece más pura, su calor más penetrante.

Así, cuando el alma ahogada, en sí misma retirada, gime, presa del dolor, la dicha ménos ansiada parece mucho mayor.

¡Dolor! Palma bendecida, del martirio prenda cierta, sola verdad conocida, sin tí el alma no despierta y es imposible la vida.

Sin tí no hay inspiracion, y agostado el corazon en nada descubre encanto; sin tí no existiera el llanto, bálsamo de la afliccion.

El placer de más valía, al llegar á poseerlo, cual humo se desharía: porque ¿qué valor tendria sin el temor de perderlo?

Sólo por mi desconsuelo vuelvo los ojos al cielo; sólo del dolor en pós, el alma eleva su vuelo hasta la idea de Dios.

El que le maldice, yerra; fuera insensato matarlo; en su desconsuelo encierra el mayor bien de la tierra, que es el poder consolarlo.

Y cuando acaba el amor y la mente envejecida pierde frescura y calor, ¿qué fin tendria la vida si no quedara el dolor?

* * * * *

Tú, Mercedes, que has sufrido y has llorado y has sentido, despues de oir mis informes, piensa en lo que me has oido y dime: ¿estamos conformes?

Á MI ANTIGUO AMIGO

ADOLFO MALATS.

LA CONCIENCIA.

PROBLEMA.

I.

Juana, pobre mujer envilecida, que arrastrando su espíritu en el cieno, pasó la triste vida vendiendo por amor letal veneno; cabeza hermosa, donde de seguro no brotó nunca pensamiento puro, y que ignorando el bien que poseia, vendia, por un poco de dinero, en público mercado, el placer más inmundo, si es vendido, el mayor y más dulce, si es ganado; próxima al duro instante de la triste agonía, á un padre confesor agonizante con anhelosa voz así decia: --«Padre: yo de mis culpas me arrepiento »y pido á Dios perdon de mi impureza; »miradme bien al rostro, que no miento.» Y levantando la cabeza en tanto, fijaba sobre el fraile macilento una mirada de ansiedad y espanto; y al ver que nada el fraile le decia, con ansiedad creciente proseguia: --«Él sabe bien, y me lo tendrá en cuenta, »que del vicio en la senda siempre impura, »áun cuando de placeres avarienta, »tan sólo me ha tocado la amargura. »¿Qué es el mayor tormento, comparado »al pesaroso hastío del pecado?» Y vertiendo de lágrimas un rio, seguia con acento sofocado: --«¡Ay! ¡He sufrido tánto, padre mio!» Alzándose convulsa, en vano abria sus ojos, ya sin brillo, y olvidándolo todo, descubria el pecho descarnado y amarillo que hinchaba el estertor de la agonía. --«Acaso Dios me señaló en la cuna» (siguió con voz oscura y misteriosa) «la senda de mi vida vergonzosa; »me negó la virtud y la fortuna, »y en cambio me hizo hermosa. »Tal vez de mi impureza el desvarío »habrá sido castigo de otros séres... »Más de una vez, detrás de su desvío, »noté... ¿podreis creerlo, padre mio? »¡Noté que me envidiaban las mujeres!... »Quizás mis muchos yerros han servido »á Dios, para mostrarles de otra suerte »lo espantoso del vicio en que he caido; »y mis faltas quizás ha permitido »para dar el ejemplo de mi muerte.» Y así diciendo, la infeliz gemia entre la duda y la esperanza ansiosa al ver que nada el fraile le decia; y en aquella mujer, un tiempo hermosa, con su horrible piedad, desvanecía de la muerte la calma silenciosa la horrible agitacion de la agonía.

II.

En tanto que así Juana se acababa, cerca de allí, sobre otro pobre lecho de aquel santo hospital, que cobijaba la pobreza y el mal bajo su techo, tambien un hombre viejo agonizaba, y en una cruz muy tosca, de madera, como si algun secreto le dijera, los turbios ojos con afan fijaba. Aquel santo varon, de alma tan pura como la blanca nieve de sus canas, que al cabo de una vida de amargura, consumida en virtudes sobrehumanas, iba á llevar de Dios á la presencia cual la de un niño pura su conciencia, piensa profundamente que es esa dicha demasiado grande para poder lograrla fácilmente; y aún cuando su alma cándida le abona, y aunque la llama de la fé le escuda, siente que la esperanza le abandona nublada por las sombras de la duda. Y por esa, fijando su mirada en aquella cruz tosca de madera enfrente de él en la pared colgada, mientras la muerte su semblante altera así piensa en su mente, casi helada: --«Yo no hice á nadie mal; nunca en mi vida »en mí venció al deber pasion alguna, »y al bien y á la virtud con ánsia ardiente »mis fuerzas consagré desde la cuna. »La oracion y el ayuno, rudamente »á la carne rebelde han amansado, »y ha sido de mi vida en el pasado »mi orgullo la humildad, mi lecho el suelo, »mi amor el bien y mi ambicion el cielo. »Mas por cuidar del alma, he descuidado »el cuerpo á mi custodia confiado, »y devuelvo á la tierra sus despojos, »por rudas penitencias macerado, »blandas las carnes y los nervios flojos. »Yo, del caudal de fuerzas en mí unidas »para crecer al riego del trabajo, »sin pensar que mi vida era cien vidas, »que nada creó Dios que inútil sea, »enamorado loco de una idea »he dejado los gérmenes secarse »sin cumplir su mision, comun á todo, »de crecer, dar el fruto, y trasformarse... »Justo será el castigo, aunque severo... »¡Tu mandato, Señor, olvidé impío! »¡En vano de mi afan el logro espero! »Culpable soy... ¡Perdon! ¡Perdon, Dios mio!» Y al elevar sus ojos á la altura, una lágrima, mundo de amargura, cae de sus ojos á sus labios yertos; suspira, un nombre y un adios murmura, y queda con los ojos entreabiertos.

III.

¡Qué cosa tan extraña es la conciencia! Juana, la mujer loca que, con dura y tenaz impenitencia, vivió de la impureza en los horrores, sus inmundos errores como descargo de su culpa invoca... ¡Y al mismo tiempo, el justo que consagró á su Dios el pensamiento, con alma temerosa y juicio adusto hace de la virtud remordimiento!

AMOR Y RESPETO.

Te ví niña: tus labios sonreian con infantil placer, tu blanca frente, inmaculada y pura, sonreia tambien; en tus ojos brillaba la inocencia santa de la niñez, y te seguí tenaz con la mirada, tu mirada busqué, porque el rostro de un ángel de los cielos en tí creia ver.

* * * * *

Te ví mujer: tus ojos entornados con dulce languidez, en su cristal ardiente, retrataban tus sueños de placer; cien ofrendas de amor los hombres todos postraban á tus piés, y te seguí tenaz con la mirada, tu mirada busqué, y largos dias en delirio ardiente tu imágen recordé.

* * * * *

Te ví madre: tus pálidas mejillas, sonrosadas ayer, en ignoradas horas de amargura marchitó el padecer; acaso sus colores te robaba quien te debia el sér, acaso el ciego amor te consumia que tú pusiste en él. Yo te amaba, y al verte, silencioso de nuevo te adoré, y, temiendo que el paso detuvieras... humilde me aparté.

A UN AMBICIOSO.

No te envidio el poder ni la grandeza, ni el nombre que á grabar vas en la historia, ni el ardiente placer de la victoria, ni el laurel con que ciñes tu cabeza; no te envidio el placer, ni la riqueza, ni las horas de triunfos y de gloria, que eternas deben ser en tu memoria si han de aliviar tus horas de tristeza. Ciega se ceba en mí la desventura, soy pobre, y sólo espero ya en la muerte, mas arrostro sereno la amargura; pues contra ella una cosa me hace fuerte que vale más que toda tu ventura: un alma resignada con su suerte.

AL PRÍNCIPE DE NUESTROS CRÍTICOS,

Á MI RESPETABLE AMIGO

EL SEÑOR DON MANUEL CAÑETE.

MEDITACION.

Hundo en el polvo la soberbia frente que, cual reto orgulloso, erguida un dia, levanté á la altura; pára asombrado el corazon valiente su latido anheloso, y la vista que ayer al sol miraba, hoy se clava en la tierra temerosa y sombría. ¿Y qué poder me aterra? ¿Qué causa hubo tan fuerte que ha vencido el salvaje valor del alma mia? Una idea no más; una palabra que el viento ha hecho llegar hasta mi oido ignorando el pesar que me produce. ¡Dios! ¡Idea infinita, imposible verdad, tonante dueño de cuanto en el vacío cruza, bulle y se agita arrastrado en contínuo movimiento! ¡Dios! ¡La fuerza que crea cuanto concibe el hondo pensamiento; la mano que aniquila indiferente para crear de nuevo... ¡Oscura idea!

* * * * *

Yo creia en un Dios cuando era niño; con santa uncion su nombre pronunciaba durmiéndome con él entre los labios; Él era quien me daba tranquilo sueño y plácidas visiones, Él tambien quien mis cortas soledades guardaba de terror y apariciones. Padre amante, curaba cuidadoso los males que en mi seno se escondian, y guardaba piadoso la vida de mis padres, que conmigo su nombre bendecian.

* * * * *

Despues, con mis ideas trasformado, tambien en él creí. Yo le veia entre las vagas nubes que colora el sol que presta su matiz dorado á la primer sonrisa de la aurora; la armonía solemne, grave, dulce y pausada, que encanta los sentidos en la tarde serena de luz, de aromas y de cantos llena, era su voz; el rayo su mirada; el ronco trueno, el ruido de su carro que cruzaba el Empíreo; su suspiro la brisa; su espejo el ancho mar; su manto el cielo, y el sol esplendoroso su sonrisa.

* * * * *

Y en una y otra edad le comprendia, sentia su presencia en el ambiente que el pecho respiraba... ¡Ah! tambien hoy le siente mi sér al agitarse entre la duda, pero en las sombras del temor se escuda y en vano busco su mirada ardiente; porque mi entendimiento limitado recorre con afan de una á otra idea el campo estrecho que le dió el destino, y nunca llega al límite anhelado sin caer en grosero desatino. ¡Vano afan! Pensamiento equivocado. ¿Cómo medir con la ligera copa que el labio apura en solo un movimiento la inmensidad del mar?... ¡Y solicito medir con el pigmeo pensamiento la idea sin igual del infinito!...

A MI HIJA MARÍA.

LA PLEGARIA POR TODOS.

(Traduccion de Víctor Hugo.)

FRAGMENTO.

_Ora pro nobis._

Vé á rezar, hija mia. Mira: la noche llega, un planeta dorado allá su luz desplega, la bruma de los valles se extiende por doquier; apenas por la sombra cruza algun peregrino, todo busca reposo; del árbol del camino el viento de la tarde hace el polvo caer.

El crepúsculo, abriendo la noche por Oriente, hace brillar los astros con claridad creciente, descolora el ocaso su franja de carmin; sobre el agua, el reflejo de los astros se mece, surcos, senderos, bosques, todo se desvanece, el pasajero inquieto duda por dónde ir.

El dia es para el dolo, el mal y la fatiga. Recemos. Vé la noche. ¡La noche, dulce amiga! De la torre en las grietas el viento gemidor, las aguas, los rebaños con su voz agitada, todo sufre y se queja; la natura cansada necesita reposo, rezo, silencio, amor.

Es la hora en que los niños hablan con otros séres, y mientras que corremos tras extraños placeres, ellos murmuran todos una plegaria igual; y con las manos juntas, de rodillas postrados, piden, hácia los cielos los brazos levantados, gracia para nosotros al Padre Universal.