I. Origen de los indios de América. II. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú.
Part 19
Prescott, en su _Conquista del Perú_, hace notar, igualmente, ciertas analogías entre Chinos y Peruanos, afirmando: "Los Chinos se parecían á los Peruanos en su obediencia implícita á la autoridad, en su carácter suave aunque algo tanto terco, en la cuidadosa observancia de las formas, en su respeto á los usos antiguos, en su destreza en los pequeños trabajos, en su tendencia más bien á la imitación que á la invención, y en su invencible paciencia que suplia en ellos la falta de un espíritu más audaz para la ejecución de grandes empresas".
El conde Carli, en sus _Lettres Américaines_, señala, también, diferentes puntos de semejanza que existen entre los Chinos y los Peruanos, precisando, entre otros, que el Emperador de la China se llama hijo del Cielo ó del Sol, y que los Chinos señalaban, como los Peruanos, los solsticios y equinoxios para determinar los períodos de las festividades religiosas, agregando "que son muy curiosas esas coincidencias."
Además, positivo es, que en el territorio peruano han sido desenterrados, en estos últimos años, algunos objetos que evidentemente prueban que los Chinos habitaron la costa meridional de la América del Sud en una época remota, descollando, entre esos objetos, uno de un valor histórico inestimable, encontrado en una huaca de la costa del Norte: es un ídolo de plata maciza, de diezinueve centímetros de alto por trece de ancho, que representa una figura humana desnuda, sentada con las piernas cruzadas sobre un conjunto de culebras, y los brazos abiertos; sostiene, en cada mano, una placa paralelogramática, siendo ambas placas iguales en tamaño, teniendo trazados, en relieve, gruesos caracteres ó letras chinas, también iguales de ambas placas: sobre la parte posterior de la cabeza, lleva un sol en forma de diadema con siete rayos de luz, sostenidos, los dos últimos, sobre los homóplatos del ídolo. Este raro ídolo se ha hecho reconocer por persona ilustrada de la China, y, según su parecer, es una divinidad que pertenece á la antigua teogonía de las Indias, introducida en la China hace más de mil quinientos años.
Otro ídolo, en su conjunto algo semejante al anterior, se encontró, en 1885 en Trujillo, en un pozo, junto con otros objetos interesantes, ídolo que representa una figura humana con las piernas cruzadas, sentada sobre una tortuga enroscada con una culebra: lleva en la cabeza un sol también con siete rayos, y adornado el cuello con un collar del que penden tres dijes en forma de huevo: sostiene, en cada mano, una tabla con caracteres chinos, al parecer, pues son muy mal trazados, siendo ambas tablas de igual hechura, aunque la sostenida por la mano derecha es un poco menos alta que la sostenida por la mano izquierda: el conjunto de esta figura tiene una fisonomía que no se asemeja á los ídolos peruanos.
En la hacienda "Las Trancas", en el distrito de Nazca, (Ica) se ha encontrado un vaso de arcilla muy fina y de pulido esmalte, de 12 centímetros de alto por 14 de ancho; la cara exterior está dividida en tres fajas; en la superior, que es la más ancha, se halla una especie de figura polícroma, llevando en la entrepierna la letra china Tien; la segunda faja, que está separada de la superior por una línea ancha, presenta un cerro con escalas que tiene en su centro un paralelógramo; la tercera faja, es uniforme y lleva cerca de su borde superior una línea blanca.
En la misma región de Nazca se ha encontrado otra vasija en forma de taza, con el asiento redondeado, y cuya cara exterior está dividida en dos fajas: la primera figura, al parecer, una serie de especie de animales con rabo corto, entrelazados unos con otros; en la segunda, se vé una cara que tiene los ojos pretillados, oblícuos, parecidos á los peculiares de los Chinos.
Para apoyar aún más la opinión de que los Peruanos derivan de raza asiática, según se cree, reproduciremos los juicios que, al intento, emiten algunos escritores.
El conde Carli, en sus _Lettres Américaines_ ya citadas, tom. II, carta XIV, asevera que "los primeros habitantes del Perú habían venido del Asia por las grandes continuadas islas que hubo en el Mar Pacífico, las que después han desaparecido, muchas de ellas, por cataclismos provenientes de los volcanes, terremotos y otras causas"[113].
Bravo Sarabia, en sus _Antigüedades del Perú_, después de prolijas investigaciones sobre las tradicciones de los indígenas, asegura ser "cierto que los Peruanos eran ultramarinos, que vinieron á establecerse en las costas de la América Meridional."
Cieza de León, en su _Crónica del Perú_, cap. LII, también dice: "He oído referir á muchos indios la uniforme tradición de la navegación que sus antecesores habían efectuado, desembarcando cerca de Guayaquil."
El P. Acosta, en su _Historia natural general de las Indias_, lib. I, cap. XVI, fundándose igualmente en varias tradiciones de los indios de Pisco y de Arica, dice "que solían navegar á unas islas hacia el poniente, muy lejos y la navegación era en unos cueros de lobos marinos hinchados."
IV
Continúa la materia antecedente
Seguiremos expresando las opiniones de otros escritores, relativas á los habitantes de las primeras épocas postdiluvianas del Perú.
Algunos autores son de parecer que los Peruanos serían directamente originarios de la Mesopotamia y de Babilonia, por las analogías sorprendentes que existen entre las lenguas de algunas del Perú y las del Armeno-Caucaso Paropamiso.
El Dr. Schmidt de Gerelsberg, en una _Memoria_ que leyó en la sesión del Congreso Internacional de Orientalistas, habido en San Petersburgo, en 1876, dice que "estas analogías son demasiadamente íntimas, numerosas y características, para pretender explicarlas por la hipótesis de una similitud accidental."
El sabio Mr. Beaumont afirma, en el periódico de Londres _The Times_, que la costa occidental de la América del Sud fué habitada, en tiempos muy remotos, por una raza estrechamente emparentada con los primeros Babilonios, y que "los hombres hiperbóreos, moradores del Norte, al ser obligados, por el intenso frío, á emigrar hasta el Sud, en una época en que todavía era inhabitable el territorio actualmente ocupado por los Estados Unidos, al llegar á Centro y Sud América, encontraron que los Turanios del Perú habían pasado ya el cenit de su grandeza." Y prosigue Mr. Beaumont preguntando: "¿Cuántos milenarios han necesitado estos Turanios para perfeccionar la civilización cuyos restos se hallan todavía en el Perú? La gloriosa civilización--agrega--que fué la primera en desarrollarse sobre la faz de la Tierra, dejó sus huellas indelebles en el Perú."
El Dr. Hyde Clarke, considera "que las lenguas egipcia, china, tibetina, accadiana y peguana, son estrechamente ligadas á las de México y del Perú, teniendo todas estas lenguas un centro común en la Alta Asia, que es la cuna de la primitiva Humanidad. El idioma madre, del que derivan todas aquellas lenguas, se llama Súmero, y el pueblo que lo hablaba se denomina también Súmero (ó Accadio ó Babilonio)." El Dr. Hyde Clarke divide los Súmeros en dos grupos, y los supone emigrados á un centro común: el primer grupo comprende los Accadios, Monses, Cambogianos, Aymarás, Mayas (y Toltecos?); el segundo grupo se compone de los Georginos, Etruscos, Siameses, Quechuas y Aztecas.
Posteriormente, el Dr. Pablo Patrón (peruano) hizo también un prolijo estudio del origen del idioma Quechua, llegando á la deducción de haber descubierto la perfecta analogía que existe entre este idioma y el Súmero de los Caldeos, é infiriendo de esa misma analogía, que una parte de los primeros pobladores postdiluvianos del Perú fueron originarios de Mesopotamia de Babilonia. En apoyo de su aserto, expone que "los Quechas y Aymarás, pobladores principales del Tahuantinsuyo, vinieron en época remota de los reinos del Eufrates y del Tigris. Esta afirmación descansa en un hecho científico: los idiomas Quechua y Aymará provienen del Súmero y del Asirio. Patentizado el estrecho parentesco de ambos grupos lingüísticos, el asiático y el americano, un reguero de luz disipa las obscuras brumas del pasado."
No ponemos en duda la teoría sostenida por los etnógrafos citados, y talvez no sería aventurado el conjeturar que en tiempo de la célebre Semiramis, tuvieran lugar algunas inmigraciones al Perú provenientes de la Caldea, pues es un hecho histórico, que esta reina de Asiria extendió sus conquistas á la Arabia, al Egipto, á parte de la Etiopía y la Lidia, á la Mesopotamia, á la Babilonia y á casi toda la Asia hasta el Indo, siendo tanto más lógica esta suposición, si se tiene en cuenta que esta reina gobernó la Asiria y sus dependencias desde 1916 á 1874 años antes de la Era Cristiana; fechas que concuerdan, más ó menos, con la época en que, según Montesinos, tuvo lugar la primera invasión que asoló las costas del Perú.
Por consiguiente, admitiendo que una parte de las primeras inmigraciones al Perú hayan sido de Caldeos, como lo deducen el Dr. Hyde Clarke y el Dr. Pablo Patrón, (que no citan, con precisión, la fecha en que esa invasión pudo efectuarse), de suponer es, que esta inmigración se realizara en el siglo XIX antes de la Era Cristiana, ó sea, durante el reinado de la célebre Semiramis, cuando las guerras de la Asiria contra la Caldea y demás comarcas limítrofes obligaron á muchos habitantes de esas comarcas, á abandonar sus países natales, huyendo de la persecución de los vencedores. En tal hipótesis, los emigrantes de esa sección de la Asia Menor habrían llegado á América siete siglos antes que los Chinos y Tártaros, que, según Ranking y otros escritores, aportaron á las playas americanas en el siglo XII antes de la Era Vulgar.
Y quizá, también, esos mismos Caldeos fueron los que fundaron el antiquísimo Imperio de los Pirhuas, del que nos habla Montesinos, cuya dinastía, según él, duró cerca de dos mil años, desde el año 2145 antes de la Era Cristiana hasta el año 83 de la Era actual. Pero hay que tener en cuenta, que, por la cronología establecida por el mismo Montesinos, la fundación de ese Imperio dataría de tres siglos anteriores á la pretendida invasión de los Caldeos al Perú, lo que haría presumir que ese mismo Imperio habría sido fundado por habitantes originarios de América.
Si, por otra parte, se admite que los Caldeos fueron los primeros inmigrantes que pisaron las playas peruanas, sería, quizá, admisible también, que ellos hayan sido los hábiles artífices que construyeron algunos de los soberbios monumentos muy anteriores á la fundación del Imperio Incáico, ruinas que dan evidentemente una idea de la alta cultura de las razas anteriores á las de las conquistas de los Incas, y que aún permanecen mudas para la etnografía. Estas ruinas, que todavía perduran, causan la admiración de los arqueólogos que las visitan.
Condensando las opiniones de los autores citados en los párrafos anteriores, es un hecho positivo é incontestable, que, en vista de las antiguas ruinas que aún subsisten, diseminadas en el territorio, del Perú, han existido, en ese mismo territorio, razas que formaron brillantes centros de civilización, los mismos que, con el trascurso del tiempo, han ido desapareciendo totalmente.
V
Civilizaciones y Dinastías antiguas del Perú
Muchas son las opiniones emitidas sobre las invasiones al Perú por los pueblos de los antiguos Continentes, que lograron formar, en este territorio, en los tiempos preincáicos, no solamente centros de civilización, sino, algunos, grandes imperios.
Según una leyenda antiquísima, se refiere de un legendario Imperio llamado Inin, que limitaba al Sud con los ríos Beni y Parú, al Este con el río Cayari ó Madera, y al Oeste con el río Apú-Parú; Imperio del que no se sabe, con fijeza, el tiempo que subsistió, suponiéndose tan sólo que duró una larga serie de años.
Fray Buenaventura Salinas, en su _Memorial de las historias del Nuevo Mundo_, dice que "han habido en el Perú dinastías más antiguas que el Imperio Pirhua." A este respecto, refiere la tradición de cuatro épocas ó dinastías antiquísimas, en las que gobernaron insignes Caciques, y fueron:
_1^{a} Epoca_, que duró más de mil años, en la que gobernó la dinastía de Huari-Huiraccocha Runa.
_2^{a} Epoca_, que duró más de quinientos años, en la que gobernó la dinastía de Huari Runa.
_3^{a} Epoca_, que duró mil años, en la que gobernó la dinastía de Purum-Runa.
_4^{a} Epoca_, que duró mil y cien años, en la que gobernó la dinastía de Auka-Runa.
Como se vé, estas cuatro épocas forman, en conjunto, un largo período de más de tres mil seiscientos años. Si se ha de dar crédito á lo opinado á este respecto por Fray Buenaventura Salinas, estas dinastías habrían tenido su origen en el siglo XLI, ó más ó menos tres mil y tantos años antes de la Era Cristiana, que correspondería, aproximadamente, á la época en que, ateniéndonos á la _Sagrada Escritura_, vivían Cain y Abel, hijos de Adán y Eva, ó sea, según ese mismo texto bíblico, más de mil quinientos años anteriores al Diluvio; prolongándose esas mismas dinastías hasta el siglo XIX antes de la Era Vulgar.
El licenciado Fernando Montesinos, en su _Estudio general de las Colonias Españolas en Occidente_, dice que "el Perú fué poblado por Armenios seiscientos años después del Diluvio Universal, (fecha precisamente que corresponde al siglo XIX, antes de J. C., ó sea, después haber caducado la dinastía citada por Fray Buenaventura Salinas), cuando quizá esta nación fué avasallada por la Asiria." Esta fecha correspondería, á no dudarlo, al interregno de la dinastía citada anteriormente y la de Tiahuanaco. Tal vez, sea algo verosímil esta opinión de Montesinos, porque la Armenia[114], región asiática, es una de las naciones más antiguas del Mundo, y los Armenios creen ser descendientes de Haig, biznieto de Noé. Estos Armenios, según Montesinos, vinieron á las costas del Perú, unos por la vía de Chile, otros trasmontando los Andes, y otros por la vía de Tierra Firme y la Mar del Sud.
El mismo Montesinos, en sus _Memorias historiales y políticas del Perú_, cita también varias invasiones realizadas, algunas, siglos antes de la Era Cristiana: la primera, en el siglo XIX (que debe ser la de los Armenios); la segunda, en el XVI; la tercera, en el XII; la cuarta, en el II; la quinta, en el año 55 de la Era de Cristo; y la sexta, en el siglo VIII de la misma, que concluyó con el decadente Imperio Pirhua, anterior al de los Incas, pues Montesinos hace subir su origen cerca de dos mil años antes de Jesucristo.
Pero haciendo abstracción de tradiciones y leyendas, que pueden ser ciertas ó inciertas, veamos lo que algunos investigadores establecen tocante las civilizaciones proto y prehistórica del Perú.
Según las estudios practicados por esos investigadores, se infiere que, de las civilizaciones que florecían en el Perú durante la larga serie de centurias que forma las épocas proto y prehistórica, cinco fueron las principales: 1^{a} la de Nazca é Ica; 2^{a}, la del Imperio de Tiahuanaco; 3^{a}, la del Señorío de los Chimús; 4^{a}, la de los Emperadores Pirhuas; y 5^{a}, la del Imperio Incáico, cuya época final se considera ya como período histórico.
CIVILIZACIÓN PROTONAZCA
La civilización de Nazca, de la que también participó Ica, data de una época muy distante, y llegó á la costa del Perú, se cree, procedente de la América Central, donde se ha descubierto una civilización semejante á ésta, y cuyos emigrantes debieron venir por mar. Su dominio se extendió, por el Sud, desde Pisco hasta Acari, y por el Norte, hasta Supe, ocupando los valles de Chincha, Cañete, Lurín, Huática, Rimac y Chancay.
La civilización de los Nazquenses é Iqueños se caracteriza por diversos adelantos, principalmente, por su arte de cerámica y alfarería, muy acabada y notable por la finura y elegancia de sus dibujos y el pulido de sus pinturas, predominando en esos artefactos las figuras de animales vivíparos, anfibios, y otros marinos[115]; por el tejido de sus telas, que resaltan por sus brillantes é inalterables colores, y que destinaban para ponchos, fajas y otras prendas de vestir; por la agricultura, á la que se dedicaron en gran escala, cosechando los vejetales propios á su alimentación; por sus trabajos hidráulicos, consistentes en canales de riego, aprovechando las aguas de los ríos para la fertilización de las pampas de sus valles; por la construcción de sus edificios, teniendo algunos de ellos más de trescientos metros de largo, construídos con bolas de barro, adheridas unas á otras con cemento, pues desconocían el empleo de los ladrillos y adobes; y, por último, por su naciente arte de beneficiar el oro y el cobre, fabricando con el primero, diversos objetos, como diademas, brazaletes, anillos, vasos para el culto, artículos para su propio uso y adorno, y máscaras para las momias que enterraban envueltas en tejidos y ligadas con cordeles trenzados, imitando la figura humana. Con el cobre hacían herramientas para la agricultura y para la pesca (pues eran especialmente pescadores), cuchillos, agujas y otros menesteres de su uso.
La civilización protonazca no solamente se ciñó á la costa, sino que se extendió aún más al interior, hasta Huamachuco, Huátara y Chosica; también se encuentran vestigios de ella en la piedra del castillo de Chavín de Huantar, de la actual provincia de Huari, cuyo trabajo en relieve es característico de los artefactos que elaboraban los Nazquenses é Iqueños.[116]
CIVILIZACIÓN PREDECESORA DE LOS CHIMÚS
Por el relato de Cabello de Balboa, en su _Historia del Perú_, y por las excavaciones llevadas á cabo más tarde en la costa Norte del Perú, se ha podido indagar que, en la misma época en que florecía la civilización de Nazca, florecía también en el territorio que después fué conquistado por los Chimús, otra nación poderosa que, se supone, no solamente tuvo analogía con la adelantada civilización de Tiahuanaco, sino que fué predecesora de ésta. El jefe de esa nación, hábil y valiente, denominado Naymlap, arribó á las playas de Lambayeque en una numerosa flota de balsas, trayendo consigo una gran escolta, entre ella muchas concubinas; desembarcó en la desembocadura del río Taquislanga, y construyó en un lugar llamado Chof, un templo en el que depositó el ídolo Llampallac. Este jefe tuvo varios sucesores, cuya autoridad alcanzó á más de doscientos años, hasta que la nación cayó en tal estado de decadencia, que fué conquistada por los valerosos Chimús.
CIVILIZACIÓN DE TIAHUANACO[117]
Hay diversas tradiciones indígenas sobre el orígen de la civilización de Tiahuanaco.
Una basada en referencias mitológicas, supone que en remotísimos tiempos, apareció allí, una raza megalítica procedente de otras regiones y compuesta de Huiraccochos (caballeros blancos y con barba), cuyo jefe se llamaba Pacha-Manchachecc.
Otra tradición, se refiere á otras invasiones de pueblos de desconocida procedencia, que dominaron temporalmente en Tiahuanaco.
Una tercera tradición, recuerda que hubo allí dos creaciones sucesivas, representadas por un hombre de facultades extraordinarias llamado Kon-Tito-Huiraccocha.
Pero, se debe prescindir de tradiciones, que no siempre merecen tomarse en consideración.
Los historiadores antiguos del Perú tampoco traen noticias de la civilización de la altiplanicie del Titicaca, porque después del derrumbamiento de aquel Imperio, trascurrió un período larguísimo de tiempo, en que los indios perdieron todo recuerdo de la raza y constructores de Tiahuanaco; tan sucedió así, que al iniciarse la era del Imperio Incáico, los mismos indios del Cuzco "vivían--según dice el P. Cobo en su _Hístoria General de las Indias_--sin cabeza, ni orden, ni policía, derramados en pequeñas poblaciones y rancherías, con pocas más muestras de razón y entendimiento que los brutos."
Sin embargo, según indagaciones históricas hechas posteriormente, se cree que el hecho más verosímil es, que los fundadores de aquel Imperio fueron los Quechuas, que establecieron allí una monarquía teocrática: en tal concepto, Tiahuanaco habría sido la cuna protohistórica de esa raza, que deriva, se dice, de los Toltecas-Nahuatl, originarios de México. Mr. L. Angrand, sabio mexicanista francés, que ha hecho profundos estudios sobre esta materia, opina, en su _Lettre sur les antiquités de Tiahuanaco et l'origine présumable de la plus ancienne civilisation du Haut-Pérou_, que el "pueblo que levantó los monumentos de Tiahuanaco era una rama de la gran familia Tolteca Occidental, de origen Nahuatl," de cuya rama, dice, descienden los Quechuas.
Quizá no sea hiperbólica la opinión de Mr. L. Angrand, y en todo caso, débese confesar, que los fundadores del Imperio de Tiahuanaco fueron hombres extraordinarios, de una raza superior y civilización adelantada, que esparcieron su influencia y cultura no solamente en las orillas de los ríos tributarios del Amazonas y en parte del antiguo Perú, como en Mocha, Huaraz, Pachacamacc y Ancón, sinó también hasta el Ecuador, y al territorio de los Calchaquis de Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy, lugares donde se hallaron artefactos semejantes á los del altiplano del Titicaca.
Además, el origen Quechua de Tiahuanaco se manifiesta en el culto del dios Huiraccocha, cuya figura se halla grabada en la gran portada de Huaccapana, del santuario inconcluso y en ruinas, de esa misteriosa ciudad.
Desde su fundación y durante todo el período de su duración, el Imperio de Tiahuanaco estuvo gobernado por varias dinastías, que se sucedieron, las más veces, por causa de trastornos internos, en los que se empeñaron luchas encarnizadas para disputarse la preponderancia y predominio de unas sobre otras, luchas que naturalmente, debilitaron el poder á tal extremo, que al fin ocasionaron su caída.
Por eso, la monarquía teocrática de los Quechuas fué relativamente de corta duración, y su civilización no llegó á su término natural, quedando inconclusas las grandiosas obras que habían emprendido, entre ellas las del soberbio santuario ya enunciado.
¿Cómo se explica la caída de ese Imperio, que marca una etapa de floreciente cultura en los anales de la historia del antiguo Perú? Quizá esa caída se realizó á consecuencia, se presume, de los abusos del poder de las diversas dinastías que reinaron en aquel territorio, y cuyos abusos trajeron por corolario, el descontento de los pueblos y la consiguiente desmembración de éstos, dando ello lugar á que una irrupción de invasores bárbaros, los Aymarás ó Ccollas, cayera sobre la altiplanicie, causando la más espantosa de las convulsiones, y con ésta, el abandono que los Quechuas, hicieron de esa metrópoli, refugiéndose en las escabrosas soledades de la región del Urubamba.[118].
Se presume que los Aymarás ó Ccollas de Cari, procedieron del Este de Bolivia y del Norte de Chile. Algunos historiadores antiguos suponen que esos mismos Aymarás fueron los constructores de la misteriosa metrópoli de Tiahuanaco; otros historiadores fueron de parecer, que no se debe atribuirles tal preeminencia, porque está históricamente probado, en cuanto al antagonismo de los Aymarás con los Quechuas, que más bien aquellos, después que lograron vencer y expulsar á éstos del territorio de la altiplanicie andina, fueron los que destruyeron todas las obras hechas allí por los Quechuas, siendo esos mismos Aymarás, también los autores de la destrucción de la protocivilización de Tiahuanaco, cuyos monumentos quedaron inconclusos. Volveremos á dilucidar este punto más adelante.
CIVILIZACIÓN DE LOS CHIMÚS