I. Origen de los indios de América. II. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú.
Part 16
Además, en los mares y los ríos de América hay gran número de pescados de todas clases, como las especies de _Arenque_, _Atún_, _Anguilas_, _Anchovetas_, _Bacalao_, _Besugo_, _Bagre_, _Barbudo_, _Chuto_, _Corbina_, _Carpa_, _Lenguado_, _Pejerey_, _Salmonete_, _Trucha_, _Tui_, _Langosta_, _Camarón_, etc., y muchos _moluscos_ y _crustáceos_.
De los animales anélidos ó invertebrados, de América, se cuenta un gran número de ellos, principalmente innumerables serpientes que infunden espanto por su enorme grosor y la sutileza de su ponzoña; sólo citamos unos pocos:
_Acosto_, género de anélido afrodisiaco, propio de las Antillas.
_Boa constrictor_ ó _Aboma_, serpiente que es la de mayor tamaño que le conoce, y cuya longitud suele llegar hasta unos treinta y cinco á cuarenta pies, teniendo tal fuerza que sujeta hasta á los toros y tigres.
_Crótalo_, serpiente cascabel que habita los espesos bosques de América.
_Cucurucú_, culebra muy venenosa, de la América Meridional.
_Culebra Saetilla_, serpiente también venenosa, que de los altos de los árboles se arroja sobre los caminantes.
_Graja_, culebra cuyo veneno es activísimo.
_Jacumama_, gigantesca serpiente que, apesar de no ser venenosa, es temible por su prodigiosa fuerza.
_Machaqui_, culebra de 15 á 20 varas de largo, con dos cabezas.
_Serpiente Congo_, especie de cascabel cuya mordedura es mortal.
_Uritu_, culebra cuya cabeza se parece al pico de loro: es muy venenosa.
También hay en América muchas _Víboras_ y _Corales_ ponzoñosos, y tantas otras clases de anélidos, entre ellos la notable serpiente _Papagayo_, que es colosal y habita en los bosques del Ecuador y del Perú, y también _Culebrones_ inofensivos, que domesticados, hacen la policía de las casas, devorando los insectos.
Quédanos por registrar, dos producciones importantísimas, aunque no animales propiamente dichas, que provienen, una, de las aves marinas, y otra, de la concha madreperla; son:
1.^{o} _Huano_ ó _Guano_, sustancia considerada como producto animal, pues es el resultado de la acumulación del excremento que las aves marinas depositan en las islas desiertas cercanas á las costas del Perú, principalmente en las Islas de Chincha, cerca de Pisco, y en los islotes y costa de Ica, Ilo y Arica; es una sustancia sólida, pulverulenta, amarillo-oscuro, de olor amoniacal fuerte, que se halla en capas ó depósitos formados de dichos excrementos de diversos pájaros marinos, que son tan numerosos en aquellos parajes; depósitos que han alcanzado, en el término de muchos siglos, más de sesenta pies de espesor en la extensión de algunas leguas[94]. El _Huano_ es reconocido como el abono más precioso empleado en la agricultura para fertilizar las tierras pobres, por el amoniaco, fosfato y potasa que contiene. Desde 1836 el Huano llegó á ser una enorme riqueza para el Perú, pues que ha rendido al Gobierno de veinte á veinticinco millones de pesos anualmente. El producto del _Huano_ ha sido mal administrado de parte de las autoridades peruanas, pues se ha podido sacar mucho más provecho de ese precioso abono, que ha enriquecido á los consignatarios de Inglaterra, Norte América y otros países.
2.^{o} _Perla_, sustancia que también es considerada como producto animal, pues es una especie de concreción preciadísima que se forma en el interior de la concha denominada madreperla, por la extravasación de la sustancia conocida con el nombre de nácar. Se encuentra criaderos de perlas en varias islas de Colombia, y también en las costas de Cubagua y Cumaná, en el golfo de San Miguel, cerca del Istmo de Panamá, donde se pescó una perla del tamaño de un huevo grande de paloma, la que, apreciada en cien mil ducados, fué obsequiada al rey de España Don Felipe II. También hay criaderos de perlas en las costas de la Baja California y del Estado de Sonora, en México, que pueden compararse con los del Golfo de Ceylán y el Pérsico.
Hecha esta suscinta relación, repetimos lo que hemos dicho ya: ¿Será posible que el Hacedor Supremo haya concedido al Continente Americano tantas y tantas riquezas en los tres reinos de la Naturaleza, para que este mismo Continente haya permanecido inhabitado durante el largo tiempo trascurrido desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio Universal?
No, ello es materialmente imposible; y, por lo tanto, es innegable que los habitantes de la época antediluviana han sido autóctonos, contemporáneos de los corpulentos paquidermos de la Edad Cuaternaria, época de la que, á no dudarlo, arranca el origen del Hombre.
2.^{a}
La Historia y la Tradición no nos han legado dato alguno acerca de los primitivos habitantes del Hemisferio Americano; todo lo concerniente á este punto, yace oculto en el misterio más impenetrable, no siendo posible seguir con certidumbre la marcha del Género Humano en la infancia de las sociedades del Nuevo Mundo; lo poco que hasta hoy se ha podido saber, está diseminado, por decirlo así, en diferentes obras, Acosta, Avicena, López, Holtón, Kames, Romans, La Peyrère, Burnet, Humboldt, Bancroft, Brasseur de Bourbourg, Hervas, Zerda, Mosquera y otros, traen algo al respecto, pero ese algo es incompleto las más veces, y tan sólo problemático en algunos casos.
De estos autores, unos son del grupo de los _poliphyletes_ ó _poligenistas_, y otros del grupo de los _monophyletes_ ó _monogenistas_; conjeturando algunos, que el Hombre primitivo de América tuvo que ser algo superior á la bestia, pero algo inferior al salvaje de hoy, desde el punto de vista físico é intelectual, y tuvo que ser también más corpulento, más musculoso, y más ágil que el Hombre civilizado de nuestros días, pues que la fuerza bruta era su principal atributo: desnudo y estimulado por el hambre, cubría su desnudez con las plantas fibrosas y las pieles de los animales que lograba matar, alimentábase con los frutos de la Naturaleza y con la carne de esos mismos animales[95], y se albergaba en las cuevas naturales para ponerse al abrigo de la intemperie; para eso ponía en acción los recursos de que le permitía disponer su escasa actividad cerebral y la disposición mecánica de sus demás órganos. Después, su instinto se fué desarrollando paulatinamente hasta cobrar la suficiente inteligencia por el mismo desenvolvimiento gradual y la adaptación de sus órganos cerebrales, comprendiendo entónces, que estímulos superiores al de la conservación personal le dominaron, como fueron el amor que tenía á su compañera y las caricias que recibía de sus hijos: esa relación de familia fué estrechada y complementada con el paulatino perfeccionamiento del lenguaje. Luego, como es de suponer, elevando su espíritu á la contemplación de los fenómenos naturales que se ofrecían á su vista, como la influencia benéfica del sol; la caída del rayo de la nube tempestuosa, que le pareció una emanación del mismo astro; el calor de las lavas incandescentes, que los volcanes arrojan en su erupción destruyendo todo en su rápido curso; llegó á comprender que estos hechos eran, en sí mismo, el fuego, y tales fenómenos naturales le sugirieron la posesión del secreto de ese elemento, mediante la frotación de dos leños de dureza diferente, descubrimiento que le permitió realizar casos prácticos en su vida doméstica; pasando entonces el hogar á ser el verdadero centro de la familia. La organización de la familia tuvo lugar, según esto, en la _Época Primaria_, que prácticamente se denominó EDAD DE ORO.
Después de este período, que fué de larga duración, vino el de la vida de relaciones entre las diversas familias esparcidas en el Continente Americano, principiando así el verdadero estado social, que siguió á la simple asociación de familia. La infancia del estado social fué también de larga duración, y en el trascurso de él el conocimiento de los hombres, aparte del culto y servicio del fuego, se redujo á la fabricación de toscas vasijas de tierra cocida para sus usos domésticos, á los instrumentos de madera ó de piedra bruta necesarios á sus demás empleos, á la construcción de chozas ó cabañas para su albergue, y á la confección de armas para la caza de animales ó para la guerra, pues no tardó en suscitarse entre las diferentes familias, desacuerdos, disputas y aún riñas que prontamente degeneraron en desavenencias graves y hasta en lucha á muerte entre ellas. En un concepto poético, la _Época Segundaria_, se denominó EDAD DE PLATA.
A este último período siguió la época del perfeccionamiento de los instrumentos de tosca piedra ó silex, época que los antropologistas llaman EDAD DE PIEDRA, y que se subdivide en dos épocas diferentes: la _Época Terciaria_ ó _Paleolítica_, de instrumentos de piedra toscamente tallada, y la _Época Cuaternaria_ ó _Neolítica_, de instrumentos de piedra pulimentada.
Vino en seguida el período en que se perfeccionaron los instrumentos, reemplazando los de silex por los de cobre; se mejoró el arte de la alfarería y se principió la extracción y fundición de metales múltiples, tales como el oro, la plata, el cobre, el estaño y otros. Esta época fué llamada EDAD DE BRONCE Ó DE LOS METALES, porque el cobre que entra en esa liga, fué el metal más común que reemplazó á la madera y la piedra en la fabricación de instrumentos de guerra y agrícolas, reservando el oro y la plata para varias aplicaciones, ya industriales, ya artísticas. En esta misma Epoca, las tribus nómadas ó errantes, diseminadas, reuniéronse en cuerpos de pueblos ó naciones, formados por el paulatino dominio que adquirieron unas tribus sobre otras. Las asociaciones de las familias relacionadas entre sí por sus costumbres, sus creencias, sus lenguas y sus tradiciones, se constituyeron, así, en Estados civiles, políticos y religiosos, gobernados por jefes que mantuvieron su independencia y autonomía. Debido á esa asociación de familias y su constitución en Estados, fué que se inició un notable adelanto en los pueblos, pues desde entonces se principió á fabricar toscos tejidos, se adoptó la cremación de los cadáveres y se comenzó á tributar el culto religioso.
Cuanto á la EDAD DE FIERRO, sólo está marcada en los Continentes Antiguos, por la adquisición de este utilísimo metal, completamente desconocido su uso, se supone, en el Nuevo Mundo basta la conquista española, apesar de ser muy abundante el fierro en el Continente Americano.
Si se trata de resolver la cuestión de la condición intelectual en que se encontró la Humanidad primitiva, hay que recurrir al examen de los útiles y armas de que los hombres se sirvieron en aquellas épocas lejanísimas; elementos que dan la debida luz sobre esa civilización, pues su exámen enseña, que á las hachas y objetos de piedra, de hueso, de concha y de madera, para los usos domésticos, sucedieron los instrumentos de metal. "Esta historia del Hombre,--ha dicho Mr. Edward Burnet Taylor,--que nos revela el estudio de los instrumentos de que él ha hecho uso, es la historia de un progreso ascencional y sin duda inconstante é interrumpido en cada tribu ó en cada raza, pero un progreso general, en el que vemos que crece y se desarrolla la industria humana." Pero lo dicho por Mr. Burnet Taylor es tan sólo el medio de comprobar, en parte, el grado intelectual á que habían llegado las primitivas generaciones humanas, sin tener en cuenta otros medios importantísimos de llegar al conocimiento de la condición intelectual del Hombre en esas edades primitivas, medios que complementan el estudio etnológico de estas razas, y son: á más del movimiento de su progreso en las artes manuales, sus costumbres, sus ritos, creencias, y su sistema de gobierno.
Debe colegirse de lo dicho, que ha debido trascurrir muy larga serie de siglos antes que los primitivos pueblos de ese mismo Continente adquirieran cierto grado de adelanto; siendo un hecho indudable, que su iniciada civilización fué avanzando gradual y lentamente en el camino del progreso, hasta lograr formar pequeños núcleos y centros sociales.
3.^{a}
Aunque la historia de los primitivos habitantes de América está aún envuelta en un cáos que ha sido imposible aclarar hasta ahora, creemos que después del trascurso de varios siglos, el Hemisferio Americano fué también habitado por los Atlantes, los Antis, los Chinos y talvez los Egipcios, los Fenicios y los Hebreos, razas que forzosamente se mezclaron con esos primitivos habitantes autóctonos, asimilándose á ellos en el trascurso del tiempo. Fundamos esta conjetura en los hechos relatados por los antiguos historiadores, quienes refieren que la navegación en los Océanos Atlántico y Pacífico se remonta á una época anterior al Diluvio; lo cual probaría que los pueblos del Antiguo y del Nuevo Mundo se conocieron y tuvieron relaciones desde aquella misma época.
De suponer es, que en aquellos tiempos antiquísimos, la Atlántida (que creemos sólo ocupaba una parte de la extensión del Océano Atlántico) fuera una nación que alcanzó el mayor grado de apogeo, pues Platón recuerda tradiciones egipcias que se remontan á la invasión de los Atlantes á los Continentes del Antiguo Mundo, extendiéndose por toda la Europa, parte de la Africa y de la Asia Menor. Solón, que fué uno de los siete sabios de Grecia, supo también, por los Egipcios, todos los pormenores que se referían al poder marítimo de los Atlantes, cuya escuadra estaba compuesta de miles de navíos. Además, la Atlántida era célebre por su fértil y benigno clima, habitada por hombres indomables, robustos, audaces y de talla gigantesca[96]; gente fuerte é invasora que hacía repentinas irrupciones, cayendo, de improviso, para guerrear toscamente, hasta poner á sus enemigos en cuitas y peligros. Por lo demás, no hay memoria de la época en que aconteció el hundimiento de esta grande isla, ni tampoco hay recuerdo de la existencia de ella en la época postdiluviana.[97]
Los Antis, pueblo asiático, hicieron, se dice, una invasión á la América ecuatorial, antes del Diluvio, y se establecieron en la Cordillera de los Andes, en la región superior del Amazonas: de estos Antis se deriva, talvez, el nombre de la extensa cadena de montañas que atraviesa toda la América del Sud. Los pobladores de la Cordillera de los Andes ecuatoriales conservan todavía el nombre de Antis, que fueron los que, se supone, introdujeron en América el idioma Quechua, y usaban en lugar de escritura, los quipos ó cordoncillos con nudos, presumiéndose que ellos fueron los inventores de ese sistema, y que también lo habían propagado entre los Tibetanos y los Chinos hasta el tiempo del emperador Tohi (600 años antes del Diluvio). Algunos historiadores de la conquista pretenden que los descendientes de los Antis son los Campas ó Chunchos esparcidos en las selvas del Alto Ucayali y otras regiones del Perú.
Los Egipcios son señalados por algunos egiptólogos como unos de los primeros pobladores de la América, antes del Diluvio. Sabido es que Egipto fué la nación civilizada más antigua de la Tierra, pues se remonta á una época inmemorial en que todos los demás pueblos se hallaban aún sumidos en la más completa barbarie; por eso es considerada como la cuna de las artes y las ciencias del Género Humano: sus habitantes eran muy diestros en la navegación y hábiles en las guerras navales, de donde se conjetura que, desde épocas lejanísimas, sus naves surcaron el Océano Atlántico, abordando á las playas americanas. Y no solamente eran diestros en la náutica, sino también expertos en las armas, pues sus legiones establecieron colonias en Asia, poblando la China y el Japón.
Los Chinos, que componen el imperio más vasto del Mundo y cuyo país ha sido una de las primeras naciones en organizarse, pues que su gobierno y civilización arrancan de una época evidentemente muy remota (á más de 4000 años antes de la era cristiana), conservan tradición de haber enviado algunas inmigraciones de ellos al suelo de la América oriental y occidental antes del Diluvio, unas por la ruta del estrecho marítimo de Annián, y otras por la cadena de islas que en aquel tiempo existía en el mar Pacífico, pudiendo así aportar al territorio americano y poblar sucesivamente las comarcas de México, Panamá y el Perú.
Además de los pueblos citados, posible es que también recalaran á América algunos navegantes aventureros ó náufragos procedentes de la Fenicia y la Judea.
Es opinión generalmente sentada, que los hombres de aquellos tiempos que abordaron las playas del Nuevo Mundo, (sea accidentalmente ó de un modo deliberado, impulsados por los vientos y corrientes constantemente favorables que reinan tanto en el Atlántico como en el Pacífico hacia el Hemisferio austral), tuvieron que permanecer allí, sin poder volver á sus respectivos países, por los vientos y las corrientes contrarias, pues no poseían el manejo de las velas, ni el conocimiento de las estrellas, ni el curso de los astros, ni las luces de la astronomía, ni estaban, en fin, imbuidos de la ciencia náutica, condiciones tan precisas para hacer rumbos contrarios á la impulsión de los vientos.
Atajados por todos lados, para restituirse á los países de donde habían salido, determinaron establecerse en el Continente Americano, los unos habitando las partes montuosas de los bosques, en cuyos parages se volvieron rústicos y bárbaros, y los otros estableciéndose en los valles y en las costas, en cuyos lugares se conservaron más dóciles y sociables.
Por esta razón, la América permaneció ignorada durante tantos siglos; siendo preciso, al fin, que Cristóbal Colón, en cuyo tiempo se conocía ya el modo de tomar la altura de las estrellas y las reglas náuticas necesarias para encaminar las naves hacia donde habían partido, pudiera legar al Mundo el descubrimiento de un Nuevo Continente.
4.^{a}
Creemos también, ateniéndonos á la tradición hebráica, que los primitivos habitantes de la América perecieron en el cataclismo universal y que, después de tan fatal acontecimiento, fué este Continente repoblado por los descendientes de esos primitivos habitantes que, por voluntad del Criador, pudieron salvar de tal catástrofe[98]. Mucho tiempo después, otras razas de los Antiguos Continentes hicieron diversas y continuas invasiones al suelo americano; razas, sin duda, de hombres semi-civilizados, que aportaron al Nuevo Continente sus peculiares usos y costumbres.
Sabido es que el Asia ha sido la cuna de la Humanidad: por consiguiente, creemos que de allí salieron las primeras expediciones que repoblaron el Nuevo Continente. Estos inmigrantes tendrían que luchar contínuamente por la existencia, perdiendo al fin las primeras nociones de la civilización de sus respectivos países. Las causales que originaron este retroceso fueron: los usos nuevos apropiados al género de vida errante á que se vieron expuestos, inspiradas más por instinto que por inteligencia; el decaimiento de su propia lengua; el ser invariables á sus ojos los fenómenos de la Naturaleza, engendrando en ellos nuevas creencias; el aislamiento á que se hallaban reducidos, al extremo de sumirse, con el trascurso del tiempo, en un estado de completa ignorancia. Más tarde, cuando aportaron á las comarcas americanas inmigraciones más avanzadas en civilización, de hombres enérgicos y de mayores facultades intelectuales, fué cuando se establecieron al Norte, Centro y Sur de América, naciones relativamente florecientes.
5.^{a}
Las primeras inmigraciones venidas de Europa á América, en los primeros tiempos postdiluvianos, creemos que probablemente fueron de Griegos, Iberos y Romanos, y, mucho más tarde, de Islandeses, Noruegos y Dinamarqueses; las provenientes de Africa, consistieron en Egipcios y Cartagineses; las originarias de Asia, quizá se formaron de Fenicios, Carios[99], Troyanos, Hebreos, Chinos y Tártaros.
A nuestro humilde juicio, esas diversas inmigraciones fueron realizadas, unas por los caminos terrestres que en aquellos tiempos unían los Antiguos Continentes con el Nuevo; otras, posteriormente, verificaríanse de un modo casual, por tempestades que desviaran á los navegantes de su rumbo, arrojándolos á las playas americanas; y otras, en fin, de esa accidental manera, habrían sido efectuadas con deliberado intento, huyendo del flajelo de las contínuas guerras que, en esas épocas, devastaban y diezmaban las diferentes nacionalidades del Antiguo Mundo. De estas tan diversas inmigraciones proviene, sin duda, la diversidad de razas que vinieron aclimatándose en el suelo americano, cada una con sus peculiares usos, hábitos y costumbres, y aún con sus respectivas distintas lenguas.
Algunos autores opinan que el Nuevo Mundo principió á repoblarse, después del Diluvio, con la pareja ó parejas que en ese Continente salvaron de tal catástrofe; y otros pretenden que lo fué con los primeros inmigrantes que á ese Continente aportaron casual ó deliberadamente. Sea cual fuera la repoblación de América, es un hecho innegable que algunos indígenas conservan la tradición de que, efectivamente, sus antepasados vinieron de otros países y conservan aún los nombres verdaderos ó falsos de sus progenitores.
Además, según opinión de algunos etnógrafos, parece que la parte oriental del Continente Americano fué también repoblada por una raza autóctona, salida de las vertientes de los montes Allegany y de los Apalaches; raza que pasó la Florida y ocupó las Antillas, las riberas orientales de la región de México, la Tierra Firme, las Guayanas, y, por último, el Perú, hasta los confines australes de la América Meridional. A esta raza pertenecieron los numerosos indios denominados Pieles-Rojas, que ocupaban los territorios de Tennessee, las Carolinas, la Virginia, el Maryland, la Pensilvania, y una parte del Estado de Nueva York; como asímismo los indígenas del Canadá, los de Yucatán y de Honduras, y los Caribes y Galibís.
Cuanto á la variada raza indígena meridional, algunos antropologistas conjeturan que poblaron la hoya superior del Orinoco, la hoya del Amazonas, el Brasil, el Paraguay y la Araucanía, suponiéndose que estos últimos, por sus caracteres, hayan sido originarios de la raza China.
6.^{a}
Creemos, asímismo, que dos son las rutas principales que en las épocas antediluviana y postdiluviana, tomaron las primeras expediciones de los Antiguos Continentes, para arribar á las playas de América.
Probable es, que una de esas rutas fuera la pretendida desaparecida Isla Atlántida, que, se cree, extendíase desde las islas del mar Caribe (en las Antillas) hasta las islas Azores y Madera (en las cercanias de las costas de Portugal y de Africa, respectivamente), y casi unida quizá al Continente Europeo ó al Africano, cuya ruta habría sido, en aquellos tiempos lejanos, un puente de unión entre los Continentes Antiguos con el Nuevo, y por la cual ruta habrían venido las sucesivas expediciones europeas ó africanas á las costas septentrionales americanas.[100]
Es probable que la otra ruta fuera el Estrecho de Annian (hoy Behring)[101], ó las islas Aleutianas ó Aleutas[102], que, se puede decir, unían el Continente Asiático con el Americano, como suponen algunos geólogos, ó por la cadena de islas eslabonadas en medio del Océano Pacífico[103], que en estos últimos siglos existían aún, entre ambos Continentes, lo que denotaría, así mismo, que en tiempos remotos esa unión de los Continentes Asiático y Americano era también un hecho.
Por ambas rutas habrían podido venir á las costas meridionales de América sucesivas expediciones asiáticas.