Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)
Part 6
Habia otro género de sacrificio en diversas fiestas, al cual llamaban Racaxipe Valiztli, que quiere decir desollamiento de personas. Llamóse así, porque en ciertas fiestas tomaban un esclavo ó esclavos, segun el número que querian, y desollándoles el cuero, se lo vestía una persona diputada para esto: éste andaba por todas las casas y mercados de las ciudades cantando y bailando, y habíanle de ofrecer todos, y al que no le ofrecia, le daba con un canto del pellejo en el rostro, untándole con aquella sangre que tenia cuajada: duraba esta invencion hasta que el cuero se corrompía. En este tiempo juntaban estos que así andaban, mucha limosna, la cual se gastaba en cosas necesarias al culto de sus Dioses. En muchas de estas fiestas hacian un desafio entre el que habia de sacrificar y el sacrificado, en esta forma: Ataban al esclavo por un pie en una rueda grande de piedra, y dábanle unaespada y rodela en las manos para que se defendiese, y salia luego el que le habia de sacrificar, armado con otra espada y rodela; y si el que habia de ser sacrificado prevalecia contra el otro, quedaba libre del sacrificio, y con nombre de Capitan famoso; y como tal era despues tratado; pero si era vencido, allí en la misma piedra en que estaba atado le sacrificaban. Otro género de sacrificio era cuando dedicaban algun cautivo que representase al Idolo, cuya semejanza decian que era. Cada año daban un esclavo á los Sacerdotes para que nunca faltase la semejanza viva del Idolo, el cual luego que entraba en el oficio, despues de muy bien lavado, le vestian todas las ropas é insignias del Idolo, y poníanle su mismo nombre, y andaba todo el año tan honrado y reverenciado como el mismo Idolo: traía consigo siempre doce hombres de guerra porque no se huyese, y con esta guarda le dejaban andar libremente por donde quería; y si acaso se huía, el principal de la guardia entraba en su lugar para representar al Idolo, y despues ser sacrificado. Tenia aqueste Indio el mas honrado aposento del templo, donde comia y bebia, y adonde todos los principales le venian á servir y reverenciar, trayéndole de comer con el aparato y orden que á los Grandes; y cuando salia por la ciudad, iba muy acompañado de Señores y principales, y llevaba una flautilla en la mano, que de cuando en cuando tocaba, dando á entender que pasaba, y luego las mugeres salian con sus niños en los brazos, y se los ponian delante, saludándole como á Dios: lo mismo hacía la demás gente. De noche le metian en una jaula de recias vergetas porque no se fuese, hasta que llegando la fiesta le sacrificaban, como queda arriba referido. En las formas dichas, y en otras muchas traía el Demonio engañados y escarnecidos á los miserables; y era tanta la multitud de los que eran sacrificados con esta infernal crueldad, que parece cosa increible. Porque afirman, que habia vez que pasaban de cinco mil, y dia hubo que en diversas partes fueron así sacrificados mas de veinte mil. Para esta horrible matanza usaba el Diablo, por sus ministros, una donosa invencion, y era, que cuando les parecia, iban los Sacerdotes de Satanás á los Reyes, y manifestábanles como los Dioses se morian de hambre, que se acordasen de ellos. Luego los Reyes se apercibian, y avisaban unos á otros, como los Dioses pedian de comer, por tanto que apercibiesen su gente para un dia señalado, enviando sus mensageros á las provincias contrarias, para que se apercibiesen á venir á la guerra. Y así congregadas sus gentes, y ordenadas sus compañías y escuadrones, salian al campo situado, donde se juntaban los ejércitos; y toda su contienda y batalla era prenderse unos á otros para el efecto de sacrificar, procurando señalarse así una parte, como otra en traer mas cautivos para el sacrificio, de suerte, que en estas batallas mas pretendian prenderse, que matarse; porque todo su fin era traer hombres vivos para dar de comer á los Idolos: y éste era el modo con que traían las víctimas á sus Dioses. Y es de advertir, que ningun Rey era coronado, si no vencia primero alguna provincia, de suerte que trajese gran número de cautivos para sacrificios de sus Dioses. Y así, por todas vias era infinita cosa la sangre humana que se vertia en honra de Satanás.
CAPÍTULO XXII
_Como ya los mismos Indios estaban cansados, y no podian sufrir las crueldades de sus Dioses._
Esta tan excesiva crueldad en derramar tanta sangre de hombres, y el tributo tan pesado de haber de ganar siempre cautivos para el sustento de sus Dioses, tenia ya cansados á muchos de aquellos bárbaros, pareciéndoles cosa insufrible; y con todo eso, por el gran miedo que los ministros de los Idolos les ponian de su parte, y por los embustes con que traían engañado al pueblo, no dejaban de ejecutar sus rigurosas leyes; mas en lo interior deseaban verse libres de tan pesada carga. Y fué providencia del Señor, que en esta disposicion hallasen á esta gente los primeros que les dieron noticia de la ley de Cristo, porque sin duda ninguna les pareció buena ley y buen Dios, el que así se quería servir. A este propósito me contaba un Padre grave en la Nueva-España, que cuando fué á aquel Reino habia preguntado á un Indio viejo y principal, ¿cómo los Indios habian recibido tan presto la Ley de Jesu-Cristo, y dejado la suya, sin hacer mas prueba, ni averiguacion, ni disputa sobre ello? que parecía se habian mudado, sin moverse por razon bastante. Respondió el Indio: no creas, Padre, que tomamos la Ley de Cristo tan inconsideradamente como dices, porque te hago saber, que estábamos ya tan cansados y descontentos con las cosas que los Idolos nos mandaban, que habiamos tratado de dejarlos y tomar otra ley. Y como la que vosotros nos predicasteis, nos pareció que no tenia crueldades, y que era muy á nuestro propósito, y tan justa y buena, entendimos que era la verdadera ley, y asi la recibimos con gran voluntad. Lo que este Indio dijo, se confirma bien con lo que se lee en las primeras relaciones que Hernando Cortés envió al Emperador Carlos V, donde refiere, que despues de tener conquistada la ciudad de Méjico, estando en Cuyoacán, le vinieron Embajadores de la República y Provincia de Mechoacán, pidiéndole que les enviáse su ley, y quien se la declaráse, porque ellos pretendian dejar la suya, porque no les parecía bien; y así lo hizo Cortés, y hoy dia son de los mejores Indios y mas buenos Cristianos que hay en la Nueva-España. Los Españoles que vieron aquellos crueles sacrificios de hombres, quedaron con determinacion de hacer todo su poder para destruir tan maldita carnicería de hombres: y mas cuando vieron, que una tarde ante sus ojos sacrificaron sesenta ó setenta soldados Españoles, que habian prendido en una batalla que tuvieron durante la conquista de Méjico. Y otra vez hallaron en Tezcúco en un aposento, escrito de carbon: Aquí estuvo preso el desventurado de fulano con sus compañeros, que sacrificaron los de Tezcúco. Acaeció tambien un caso extraño, pero verdadero, pues lo refieren personas muy fidedignas, y fué, que estando mirando los Españoles un espectáculo de aquellos sacrificios, habiendo abierto y sacado el corazon á un mancebo muy bien dispuesto, y echándole rodando por la escalera abajo, como era su costumbre, cuando llegó abajo, dijo el mancebo á los Españoles en su lengua: Caballeros, muerto me han: lo cual causó grandísima lástima y horror á los nuestros. Y no es cosa increible, que aquél hablase, habiéndole arrancado el corazon, pues refiere Galeno[42] haber sucedido algunas veces en sacrificios de animales, despues de haberles sacado el corazon y echádole en el altar, respirar los tales animales, y aun bramar reciamente, y huir por un rato. Dejando por ahora la disputa de como se comparezca esto con la naturaleza, lo que hace al intento es ver, cuan insufrible servidumbre tenian aquellos bárbaros al homicida infernal, y cuan grande misericordia les ha hecho el Señor en comunicarles su ley mansa, justa y toda agradable.
CAPÍTULO XXIII
_Como el Demonio ha procurado remedar los Sacramentos de la santa Iglesia._
Lo que mas admira de la envidia y competencia de Satanás es, que no solo en idolatrías y sacrificios, sino tambien en cierto modo de ceremonias, haya remedado nuestros Sacramentos, que Jesucristo nuestro Señor instituyó, y usa su santa Iglesia: especialmente el Sacramento de Comunion, que es el mas alto y divino, pretendió en cierta forma imitar para gran engaño de los infieles; lo cual pasa de esta manera: En el mes primero, que en el Perú se llamaba Rayme, y responde á nuestro Diciembre, se hacía una solemnísima fiesta llamada Capacrayme, y en ella grandes sacrificios y ceremonias por muchos dias, en los cuales ningun forastero podia hallarse en la Corte, que era el Cuzco. Al cabo de estos dias se daba licencia para que entrasen todos los forasteros, y los hacian participantes de la fiesta y sacrificios, comulgándolos en esta forma: Las Mamaconas del Sol, que eran como monjas del Sol, hacian unos bollos pequeños de harina de maíz, teñida y amasada en sangre sacada de carneros blancos, los cuales aquel dia sacrificaban. Luego mandaban entrar los forasteros de todas las Provincias, y poníanse en órden, y los Sacerdotes, que eran de cierto linage descendientes de Lluquiyupangui, daban á cada uno un bocado de aquellos bollos, diciéndoles, que aquellos bocados les daban, para que estuviesen confederados y unidos con el Inca, y que les avisaban, que no dijesen, ni pensasen mal contra el Inca, sino que tuviesen siempre buena intencion con él, porque aquel bocado seria testigo de su intencion, y si no hiciesen lo que debian, los habia de descubrir y ser contra ellos. Estos bollos se sacaban en platos grandes de oro y de plata, que estaban diputados para esto, y todos recibian y comian los bocados, agradeciendo mucho al Sol tan grande merced, diciendo palabras, y haciendo ademanes de mucho contento y devocion. Y protestaban que en su vida no harian, ni pensarian cosa contra el Sol, ni contra el Inca, y que con aquella condicion recibian aquel manjar de el Sol, y que aquel manjar estaría en sus cuerpos para testimonio de la fidelidad que guardaban al Sol y al Inca su Rey. Esta manera de comunion diabólica se daba tambien en el décimo mes llamado Coyaraime, que era Septiembre, en la fiesta solemne que llaman Citua, haciendo la misma ceremonia; y demás de comulgar (si se sufre usar de este vocablo en cosa tan diabólica) á todos los que habian venido de fuera, enviaban tambien de los dichos bollos á todas las guacas ó santuarios, ó Idolos forasteros de todo el Reino, y estaban al mismo tiempo personas de todas partes para recibirlos; y les decian, que el Sol les enviaba aquello en señal que queria que todos lo venerasen y honrasen: y tambien se enviaba algo á los Caciques por favor. Alguno por ventura tendrá esto por fábula ó invencion, mas en efecto, es cosa muy cierta, que desde Inca, Yupangui, que fué el que mas leyes hizo de ritos y ceremonias, como otro Numa en Roma, duró esta manera de comunion hasta que el Evangelio de Nuestro Señor Jesu-Cristo echó todas estas supersticiones, dando el verdadero manjar de vida, y que confedera las almas, y las une con Dios. Y quien quisiere satisfacerse enteramente, lea la relacion que el Licenciado Polo escribió al Arzobispo de los Reyes D. Gerónimo de Loaysa, y hallará esto y otras muchas cosas, que con grande diligencia y certidumbre averiguó.
CAPÍTULO XXIV
_De la manera con que el Demonio procuró en Méjico remedar la fiesta de Corpus Cristi, y Comunion que usa la Santa Iglesia._
Mayor admiracion pondrá la fiesta y semejanza de comunion que el mismo Demonio, Príncipe de los hijos de soberbia ordenó en Méjico, la cual, aunque sea un poco larga, es bien referirla como está escrita por personas fidedignas. En el mes de Mayo hacian los Mejicanos su principal fiesta de su Dios Vitzilipúztli; y dos dias antes de la fiesta aquellas mozas, que dijimos arriba, que guardaban recogimiento en el mismo templo, y eran como monjas, molian cuantidad de semilla de bledos juntamente con maíz tostado, y despues de molido amasábanlo con miel, y hacian de aquella masa un Idolo tan grande como era el de madera: y ponianle por ojos unas cuentas verdes, ó azules, ó blancas, y por dientes unos granos de maíz, sentado con todo el aparato que arriba queda dicho. El cual, despues de perfeccionado, venian todos los Señores, y traian un vestido curioso y rico, conforme al trage del Idolo, con el cual le vestian: y despues de muy bien vestido y aderezado sentábanlo en un escaño azul en sus andas, para llevarle en hombros. Llegada la mañana de la fiesta, una hora antes de amanecer, salian todas estas doncellas vestidas de blanco con atavíos nuevos, y aquel dia las llamaban hermanas del Dios Vitzilipúztli. Venian coronadas con guirnaldas de maíz tostado y reventado, que parece azahar, y á los cuellos gruesos sartales de lo mismo, que les venian por debajo de el brazo izquierdo, puesta su color en los carrillos; y los brazos desde los codos hasta las muñecas emplumados con plumas coloradas de papagayos; y así aderezadas tomaban las andas del Idolo en los hombros, y sacábanlas al patio, donde estaban ya todos los mancebos vestidos con unos paños de red galanos, coronados de la misma manera que las mugeres. En saliendo las mozas con el Idolo, llegaban los mancebos con mucha reverencia, y tomaban las andas en los hombros, trayéndolas al pie de las gradas del templo, donde se humillaba todo el pueblo; y tomando tierra del suelo se la ponian en la cabeza, que era ceremonia ordinaria entre ellos en las principales fiestas de sus Dioses. Hecha esta ceremonia, salía todo el pueblo en procesion con toda la priesa posible, é iban á un cerro que está una legua de la ciudad de Méjico, llamado Chapultepéc, y allí hacian estacion y sacrificios. Luego partian con la misma priesa á un lugar cerca de alli, que se dice Atlacuyavaya, donde hacían la segunda estacion: y de allí iban á otro pueblo una legua adelante, que se dice Cuyoacán, de donde partían, volviéndose á la ciudad de Méjico sin hacer pausa. Hacíase este camino de mas de cuatro leguas en tres ó cuatro horas: llamaban á esta procesion Ipayna Vitzilipúztli, que quiere decir, el veloz y apresurado camino de Vitzilipúztli. Acabados de llegar al pie de las gradas, ponian allí las andas, y tomaban unas sogas gruesas, y atábanlas á los asideros de las andas, y con mucho tiento y reverencia unos tiraban de arriba, y otros ayudando de abajo, subian las andas con el Idolo á la cumbre del templo, con mucho ruido de flautas, y clamor de bocinas, caracoles y atambores. Subíanlo de esta manera, por ser las gradas del templo muy empinadas y angostas, y la escalera bien larga, y así no podian subir con las andas en los hombros. Y al tiempo que subian al Idolo, estaba todo el pueblo en el patio con mucha reverencia y temor. Acabado de subirle á lo alto, y metido en una casilla de rosas que le tenian hecha, venian luego los mancebos, y derramaban muchas flores de diversas colores, henchiendo todo el templo dentro y fuera, de ellas. Hecho esto, salian todas las doncellas con el aderezo referido, y sacaban de su recogimiento unos trozos de masa de maíz tostado y bledos, que era la misma de que el Idolo era hecho, hechos á manera de huesos grandes, y entregábanlos á los mancebos, y ellos subíanlos arriba, y poníanlos á los pies del Idolo por todo aquel lugar, hasta que no cabian mas. A estos trozos de masa llamaban los huesos y carne de Vitzilipúztli. Puestos allí los huesos, salian todos los ancianos, del templo, Sacerdotes y Levitas, y todos los demás Ministros, segun sus dignidades y antigüedades, porque las habia con mucho concierto y órden, con sus nombres y dictados: salian unos tras otros con sus velos de red de diferentes colores y labores, segun la dignidad y oficio de cada uno, con guirnaldas en las cabezas, y sartales de flores en los cuellos. Tras estos salian los dioses y diosas, que adoraban en diversas figuras, vestidos de la misma librea, y poniéndose en órden al derredor de aquellos trozos de masa, hacian cierta ceremonia de canto y baile sobre ellos, con lo cual quedaban benditos y consagrados por carne y huesos de aquel Idolo. Acabada la bendicion y ceremonia de aquellos trozos de masa, con que quedaban tenidos por huesos y carne del Idolo, de la misma manera los veneraban que á su Dios. Salian luego los Sacrificadores, y hacían el sacrificio de hombres en la forma que está referida arriba, y eran en este sacrificados mas número que en otro dia, por ser la fiesta tan principal. Acabados, pues, los sacrificios, salian luego todos los mancebos y mozas del templo, aderezados como está dicho: puestos en órden y en hileras, los unos en frente de los otros, bailaban y cantaban al son de un atambor que les tañian en loor de la solemnidad, y del Idolo que celebraban, á cuyo canto todos los Señores, y viejos, y gente principal respondian, bailando en el circuito de ellos, haciendo un hermoso corro como lo tienen de costumbre, estando siempre los mozos y las mozas enmedio, á cuyo espectáculo venía toda la ciudad. En este dia del Idolo Vitzilipúztli era precepto muy guardado en toda la tierra, que no se habia de comer otra comida, sino de aquella masa con miel, de que el Idolo era hecho; y este manjar se habia de comer luego en amaneciendo, y que no se habia de beber agua, ni otra cosa alguna sobre ello, hasta pasado medio dia, y lo contrario tenian por gran agüero y sacrilegio: pasadas las ceremonias podian comer otras cosas. En este ínterin escondian el agua, de los niños, y avisaban á todos los que tenian uso de razon, que no bebiesen agua, porque vendría la ira de Dios sobre ellos, y moririan: y guardaban esto con gran cuidado y rigor. Concluídas las ceremonias, bailes y sacrificios, íbanse á desnudar; y los Sacerdotes y dignidades del templo tomaban el Idolo de masa, y desnudábanle de aquellos aderezos que tenia, y así á él, como á los trozos que estaban consagrados, los hacian muchos pedazos; y comenzando desde los mayores, repartíanlos, y dábanlos á modo de comunion á todo el pueblo, chicos y grandes, hombres y mugeres; y recibianlo con tanta reverencia, temor y lágrimas, que ponía admiracion, diciendo, que comian la carne y huesos de Dios, teniéndose por indignos de ello: los que tenian enfermedades pedian para ellos, y llevábanselo con mucha reverencia y veneracion: todos los que comulgaban quedaban obligados á dar diezmo de aquella semilla de que se hacía el Idolo. Acabada la solemnidad de la comunion, se subía un viejo de mucha autoridad, y en voz alta predicaba su ley y ceremonias. ¿A quién no pondrá admiracion, que tuviese el Demonio tanto cuidado de hacerse adorar, y recibir, al modo que Jesu-Cristo, nuestro Dios, ordenó y enseñó, y como la santa Iglesia lo acostumbra? Verdaderamente se echa de ver bien lo que al principio se dijo, que, en cuanto puede, procura Satanás usurpar y hurtar para sí la honra y culto debido á Dios, aunque siempre mezcla sus crueldades y suciedades, porque es espíritu homicida é inmundo y padre de mentira.
CAPÍTULO XXV
_De la Confesión y Confesores que usaban los Indios._