Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)
Part 12
De Correos y Postas tenia gran servicio el Inca en todo su Reino: llamábanles Chasquís, que eran los que llevaban sus mandatos á los Gobernadores, y traían avisos de ellos á la Corte. Estaban puestos estos Chasquís en cada topo, que es legua y media, en dos casillas, donde estaban cuatro Indios. Estos se proveían y mudaban por meses de cada comarca, y corrían con el recado que se les daba, á toda furia, hasta darlo al otro Chasquí, que siempre estaban apercibidos y en vela los que habian de correr. Corrian entre dia y noche á cincuenta leguas, con ser tierra la mas de ella asperísima. Servian tambien de traer cosas que el Inca queria con gran brevedad, y así tenia en el Cuzco pescado fresco de la mar (con ser cien leguas) en dos dias ó poco mas. Despues de entrados los Españoles, se han usado estos Chasquís en tiempos de alteraciones, y con gran necesidad. El Virey D. Martin los puso ordinarios á cuatro leguas, para llevar y traer despachos, que es cosa de grandísima importancia en aquel Reino, aunque no corren con la velocidad que los antiguos, ni son tantos, y son bien pagados; y sirven como los ordinarios de España, dando los pliegos que llevan á cada cuatro ó cinco leguas.
CAPÍTULO XVIII
_De las leyes, justicia y castigo que los Incas pusieron, y de sus matrimonios._
Como á los que servian bien en guerras ó otros ministerios se les daban preeminencias y ventajas, como tierras propias, insignias, casamientos con mugeres del linage del Inca, así á los desobedientes y culpados se les daban tambien severos castigos: los homicidios y hurtos castigaban con muerte; y los adulterios é incestos con ascendientes y descendientes en recta linea tambien eran castigados con muerte del delincuente; pero es bien saber, que no tenian por adulterio tener muchas mugeres ó mancebas, ni ellas tenian pena de muerte si las hallaban con otros, sino solamente la que era verdadera muger, con quien contraían propiamente matrimonio, porque ésta no era mas de una, y recibíase con especial solemnidad y ceremonia, que era ir el desposado á su casa, ó llevarla consigo, y ponerle él una otoja en el pie. Otoja llaman el calzado que allá usan, que es como alpargate, ó zapato de Frailes Franciscos abierto. Si era la novia doncella, la otoja era de lana; si no lo era, era de esparto. A ésta servian y reconocian todas las otras; y ésta traía luto de negro un año por el marido difunto, y no se casaba dentro de un año: comunmente era de menos edad que el marido. Esta daba el Inca de su mano á sus Gobernadores ó Capitanes; y los Gobernadores y Caciques en sus pueblos juntaban los mozos y mozas en una plaza, y daban á cada uno su muger; y con la ceremonia dicha de calzarle la otoja, se contraía el matrimonio. Esta tenia pena de muerte si la hallaban con otro, y el delincuente lo mismo; y aunque el marido perdonase, no dejaban de darles castigo, pero no de muerte. La misma pena tenia incesto con madre, ó abuela, ó hija, ó nieta: con otras parientas no era prohibido el casarse ó amancebarse, solo el primer grado lo era. Hermano con hermana tampoco se consentia tener acceso, ni habia casamiento, en lo cual están muchos engañados en el Perú, creyendo que los Incas y Señores se casaban legítimamente con sus hermanas, aunque fuesen de padre y madre; pero la verdad es, que siempre se tuvo esto por ilícito y prohibido contraer en primer grado; y esto duró hasta el tiempo de Topa Inca Yupángui, padre de Guaynacápa, y abuelo de Atahualpa, en cuyo tiempo entraron los Españoles en el Perú; porque el dicho Topa Inca Yupángui fue el primero que quebrantó esta costumbre, y se casó con Mamaocllo, su hermana de parte de padre; y éste mandó, que solos los Señores Incas se pudiesen casar con hermana de padre, y no otros ningunos. Así lo hízo él, y tuvo por hijo á Guaynácava, y una hija llamada Coya Cusilímay; y al tiempo de su muerte mandó, que estos hijos suyos, hermanos de padre y madre, se casasen, y que la demas gente principal pudiesen tomar por mugeres sus hermanas de padre. Y como aquel matrimonio fue ilícito, y contra ley natural, así ordenó Dios, que en el fruto que de él procedió, que fue Guascar Inca, y Atahualpa Inca, se acabase el Reino de los Incas. Quien quisiere mas de raíz entender el uso de los matrimonios entre los Indios del Perú, lea el tratado que á instancia de Don Gerónimo de Loaysa, Arzobispo de los Reyes, escribió Polo, el cual hizo diligente averiguacion de esto, como de otras muchas cosas de los Indios; y es importante esto, para evitar el error de muchos, que no sabiendo cual sea entre los Indios mujer legítima, y cual manceba, hacen casar al Indio bautizado con la manceba, dejando la verdadera muger; y tambien se ve el poco fundamento que han tenido algunos, que han pretendido decir, que bautizándose marido y muger, aunque fuesen hermanos, se habia de ratificar su matrimonio. Lo contrario está determinado por el Sínodo Provincial de Lima[45]; y con mucha razon, pues aun entre los mismos Indios no era legítimo aquel matrimonio.
CAPÍTULO XIX
_Del origen de los Incas, Señores del Perú, y de sus conquistas y victorias._
Por mandado de la Magestad Católica del Rey Don Felipe, nuestro Señor, se hizo averiguacion, con la diligencia que fue posible, del origen, ritos y fueros de los Incas, y por no tener aquellos Indios escrituras, no se pudo apurar tanto como se deseaba; mas por sus quipos y registros que, como está dicho, les sirven de libros, se averiguó lo que aqui diré. Primeramente, en el tiempo antiguo en el Perú no habia Reino, ni Señor á quien todos obedeciesen; mas eran behetrias y comunidades, como lo es hoy dia el Reino de Chile, y ha sido cuasi todo lo que han conquistado los Españoles en aquellas Indias Occidentales, excepto el Reino de Méjico; para lo cual es de saber, que se han hallado tres géneros de gobierno y vida en los Indios. El primero y principal y mejor, ha sido de Reino ó Monarquía, como fue el de los Incas y el de Motezuma, aunque éstos eran en mucha parte tiránicos. El segundo es de behetrias ó comunidades, donde se gobiernan por consejo de muchos, y son como concejos. Estos en tiempo de guerra eligen un Capitan, á quien toda una nacion ó Provincia obedece. En tiempo de paz cada pueblo ó congregacion se rige por sí, y tiene algunos principalejos, á quien respeta el vulgo; y cuando mucho, júntanse algunos de éstos en negocios que les parecen de importancia, á ver lo que les conviene. El tercer género de gobierno es totalmente bárbaro, y son Indios sin ley, ni Rey, ni asiento, sino que andan á manadas como fieras y salvages. Cuanto yo he podido comprehender, los primeros moradores de estas Indias fueron de este género, como lo son hoy dia gran parte de los Brasiles y los Chiriguánas, Chunchos, Iscaycingas y Pilcozones, y la mayor parte de los Floridos, y en la Nueva-España todos los Chichimecos. De este género, por industria y saber de algunos principales de ellos, se hizo el otro gobierno de comunidades y behetrias, donde hay alguna mas órden y asiento, como son hoy dia los de Aráuco y Tucapél en Chile, y lo eran en el nuevo Reino de Granada los Moscas, y en la Nueva-España algunos Otomítes; y en todos los tales se halla menos fiereza, y mas razon. De este género, por la valentía y saber de algunos excelentes hombres, resultó el otro gobierno mas poderoso y próvido de Reino y Monarquía, que hallamos en Méjico y en el Perú, porque los Incas sujetaron toda aquella tierra, y pusieron sus leyes y gobierno. El tiempo que se halla por sus memorias haber gobernado, no llega á cuatrocientos años, y pasa de trescientos; aunque su Señorío por gran tiempo no se extendió mas de cinco ó seis leguas al derredor del Cuzco. Su principio y origen fue del valle del Cuzco, y poco á poco fueron conquistando la tierra que llamamos del Perú, pasando Quito hasta el rio de Pasto hácia el norte, y llegaron á Chile hácia el sur, que serán cuasi mil leguas en largo; por lo ancho hasta la mar del sur al poniente, y hasta los grandes campos de la otra parte de la cordillera de los Andes, donde se ve hoy día, y se nombra el Pucará del Inca, que es una fuerza que edificó para defensa hácia el oriente. No pasaron de allí los Incas por la inmensidad de aguas, de pantanos, lagunas y rios que de allí corren: lo ancho de su Reino no llegará á cien leguas. Hicieron estos Incas ventaja á todas las otras naciones de la América en policía y gobierno, y mucho mas en armas y valentía, aunque los Cañarís, que fueron sus mortales enemigos, y favorecieron á los Españoles, jamás quisieron conocerles ventaja; y hoy dia, moviéndose esta plática, si les soplan un poco, se matarán millares sobre quien es mas valiente, como ha acaecido en el Cuzco. El título con que conquistaron, y se hicieron señores de toda aquella tierra, fué fingir, que despues del diluvio universal, de que todos estos Indios tenian noticia, en estos Incas se habia recuperado el mundo, saliendo siete de ellos de la cueva de Pacaritambo; y que por eso les debian tributo y vasallage todos los demas hombres, como á sus progenitores. Demas de esto decian y afirmaban, que ellos solos tenian la verdadera Religion, y sabian como habia de ser Dios servido y honrado; y así habian de enseñar á todos los demas: en esto es cosa infinita el fundamento que hacian de sus ritos y ceremonias. Habia en el Cuzco mas de cuatrocientos adoratorios, como tierra santa, y todos los lugares estaban llenos de misterios; y como iban conquistando, así iban introduciendo sus mismas Guácas y ritos en todo aquel Reino. El principal á quien adoraban, era el Viracócha Pachayachachíc, que es el Criador del mundo, y despues de él al Sol; y así el Sol, como todas las demás Guacas decian, que recibian virtud y ser del Criador, y que eran intercesores con él.
CAPÍTULO XX
_Del primer Inca y de sus sucesores._
El primer hombre que nombraron los Indios, por principio de los Incas, fue Mangocápa; y de éste fingen, que despues del diluvio salió de la cueva ó ventana de Tambo, que dista del Cuzco cinco ó seis leguas. Este dicen, que dió principio á dos linages principales de Incas: unos se llamaron Hanancuzco, y otros Urincuzco, y del primer linage vinieron los Señores que conquistaron y gobernaron la tierra. El primero que hace cabeza de linage de estos Señores que digo, se llamó Incaróca, el cual fundó una familia ó ayllo, que ellos llaman por nombre Vizaquiráo. Este, aunque no era gran Señor, todavia se servia con vajilla de oro y plata; y ordenó, que todo su tesoro se dedicase para el culto de su cuerpo, y sustento de su familia; y así el sucesor hizo otro tanto, y fué general costumbre, como está dicho, que ningun Inca heredase la hacienda y casa del predecesor, si no que él fundase casa de nuevo: en tiempo de este Incaróca usaron Idolos de oro. A Incaróca sucedió Yaguarguaque, ya viejo: dicen haberse llamado por este nombre, que quiere decir lloro de sangre, porque habiendo una vez sido vencido, y preso por sus enemigos, de puro dolor lloró sangre: éste se enterró en un pueblo llamado Paulo, que está en el camino de Omasuyo: éste fundó la familia llamada Aocaillipanaca. A éste sucedió un hijo suyo, Viracócha Inca: éste fue muy rico, é hizo grandes vajillas de oro y plata, y fundó el linage ó familia Coccopanáca. El cuerpo de éste, por la fama del gran tesoro que estaba enterrado con él, buscó Gonzalo Pizarro; y despues de crueles tormentos que dió á muchos Indios, le halló en Xaquijaguana, donde él fue despues vencido y preso, y ajusticiado por el Presidente Gasca: mandó quemar el dicho Gonzalo Pizarro el cuerpo del dicho Viracócha Inca, y los Indios tomaron despues sus cenizas, y puestas en una tinajuela, le conservaron, haciendo grandísimos sacrificios, hasta que Polo lo remedió con los demas cuerpos de Incas, que con admirable diligencia y maña sacó de poder de los Indios, hallándolos muy embalsamados y enteros, con que quitó gran suma de idolatrías que les hacian. A este Inca le tuvieron á mal, que se intitulase Viracócha, que es el nombre de Dios; y para excusarse dijo, que el mismo Viracócha en sueños le habia aparecido, y mandado que tomase su nombre. A éste sucedió Pachacúti Inca Yupángui, que fue muy valeroso conquistador, y gran republicano, é inventor de la mayor parte de los ritos y supersticiones de su idolatría, como luego diré.
CAPÍTULO XXI
_De Pachacúti Inca Yupángui, y lo que sucedió hasta Guaynacápa._
Pachacúti Inca Yupángui reinó sesenta años, y conquistó mucho. El principio de sus victorias fue, que un hermano mayor suyo, que tenia el Señorío en vida de su padre, y con su voluntad administraba la guerra, fue desbaratado en una batalla que tuvo con los Chángas, que es la nacion que poseia el valle de Andaguaylas, que está obra treinta ó cuarenta leguas del Cuzco, camino de Lima; y así desbaratado, se retiró con poca gente. Visto esto el hermano menor Inca Yupángui, para hacerse Señor, inventó, y dijo, que estando él solo, y muy congojado, le habia hablado el Viracócha, Criador, y quejándosele, que siendo él Señor universal, y Criador de todo, y habiendo él hecho el Cielo, el Sol, el mundo y los hombres, y estando todo debajo de su poder, no le daban la obediencia debida, antes hacian veneracion igual al Sol, al trueno y á la tierra, y á otras cosas, no teniendo ellas ninguna virtud mas de la que les daba; y que le hacía saber, que en el Cielo donde estaba, le llamaban Viracócha Pachayachachíc, que significa Criador universal; y que para que creyesen que esto era verdad, que aunque estaba solo, no dudase de hacer gente con este título, que aunque los Chángas eran tantos, y estaban victoriosos, que él le daría victoria contra ellos, y le haría Señor, porque le enviaría gente, que sin que fuese vista, le ayudase; y fue así, que con este apellido comenzó á hacer gente, y juntó mucha cuantidad, y alcanzó la victoria, y se hizo Señor, y quitó á su padre y á su hermano el Señorio, venciéndolos en guerra: despues conquistó los Chángas; y desde aquella victoria instituyó, que el Viracócha fuese tenido por Señor universal, y que las estatuas del Sol y del trueno le hiciesen reverencia y acatamiento, y desde aquel tiempo se puso la estatua del Viracócha mas alta que la del Sol y del trueno y de las demás Guácas; y aunque este Inca Yupángui señaló chácras, tierras y ganados al Sol y al trueno y á otras Guácas, no señaló cosa ninguna al Viracócha, dando por razon, que siendo Señor universal y Criador, no lo habia menester. Habida, pues, la victoria de los Chángas, declaró á sus soldados, que no habian sido ellos los que habian vencido, sino ciertos hombres barbudos que el Viracócha le habia enviado, y que nadie pudo verlos sino él, y que éstos se habian despues convertido en piedras, y convenia buscarlos, que él los conocería; y así juntó de los montes gran suma de piedras, que él escogió, y las puso por Guácas, y las adoraban, y hacian sacrificios, y éstas llamaban los Pururáucas, las cuales llevaban á la guerra con grande devocion, teniendo por cierta la victoria con su ayuda; y pudo esta imaginacion y ficcion de aquel Inca tanto, que con ella alcanzó victorias muy notables. Este fundó la familia llamada Inacapánaca, é hizo una estatua de oro grande, que llamó Indiillápa, y púsola en unas andas todas de oro de gran valor, del cual oro llevaron mucho á Caxamalca, para la libertad de Atahualpa, cuando le tuvo preso el Marqués Francisco Pizarro. La casa de éste, criados y Mamacónas que servian su memoria, halló el Licenciado Polo en el Cuzco, y el cuerpo halló trasladado de Patallacta á Totocache, donde se fundó la Parroquia de San Blas. Estaba el cuerpo tan entero, y tan bien aderezado con cierto betun, que parecia vivo. Los ojos tenia hechos de una telilla de oro tan bien puestos, que no le hacian falta los naturales, y tenia en la cabeza una pedrada, que le dieron en cierta guerra. Estaba cano, y no le faltaba cabello, como si muriera aquel mismo dia, habiendo mas de sesenta ó ochenta años que habia muerto. Este cuerpo, con otros de Incas, envió el dicho Polo á la ciudad de Lima por mandado del Virey Marqués de Cañete, que para desarraigar la idolatria del Cuzco fue muy necesario; y en el Hospital de San Andrés, que fundó el dicho Marqués, han visto muchos Españoles este cuerpo con los demás, aunque ya están maltratados y gastados. Don Felipe Caritópa, que fue bisnieto ó rebisnieto de este Inca, afirmó, que la hacienda que éste dejó á su familia era inmensa, y que habia de estar en poder de los Yanáconas Amáro y Tito y otros. A éste sucedió Topa Inca Yupángui, y á éste otro hijo suyo llamado del mismo nombre, que fundó la familia que se llamó Capac Ayllo.
CAPÍTULO XXII
_Del principal Inca llamado Guaynacápa._
Al dicho señor sucedió Guaynacápa, que quiere decir mancebo rico ó valeroso, y fue lo uno y lo otro mas que ninguno de sus antepasados ni sucesores. Fué muy prudente, y puso gran órden en la tierra en todas partes: fue determinado y valiente, y muy dichoso en la guerra, y alcanzó grandes victorias. Este extendió su Reino mucho mas que todos sus antepasados juntos. Tomóle la muerte en el Reino de Quito, que habia ganado, que dista de su Corte cuatrocientas leguas: abriéronle, y las tripas y el corazon quedaron en Quito, por haberlo él así mandado, y su cuerpo se trajo al Cuzco, y se puso en el famoso templo del Sol. Hoy dia se muestran muchos edificios, calzadas, fuertes y obras notables de este Rey: fundó la familia de Temebamba. Este Guaynacápa fue adorado de los suyos por Dios en vida, cosa que afirman los viejos, que con ninguno de sus antecesores se hizo. Cuando murió, mataron mil personas de su casa, que le fuesen á servir en la otra vida, y ellos morian con gran voluntad por ir á servirle, tanto, que muchos, fuera de los señalados, se ofrecian á la muerte para el mismo efecto. La riqueza y tesoro de éste fue cosa no vista; y como poco despues de su muerte entraron los Españoles, tuvieron gran cuidado los Indios de desaparecerlo todo, aunque mucha parte se llevó á Caxamalca para el rescate de Atahualpa su hijo. Afirman hombres dignos de crédito, que entre hijos y nietos tenia en el Cuzco mas de trescientos. La Madre de éste fué de gran estima: llamóse Mamaoclo. Los cuerpos de ésta y del Guaynacápa, muy embalsamados y curados, envió á Lima Polo, y quitó infinidad de idolatrías que con ellos se hacian. A Guaynacápa sucedió en el Cuzco un hijo suyo, que se llamó Tito Cusi Gualpa, y despues se llamó Guascar Inca, y su cuerpo fue quemado por los Capitanes de Atahualpa, que tambien fue hijo de Guaynacápa, y se alzó contra su hermano en Quito, y vino contra él con poderoso ejército. Entonces sucedió, que los Capitanes de Atahualpa, Quizquiz y Chilicuchima prendieron á Guascar Inca en la ciudad del Cuzco, despues de admitido por Señor y Rey, porque en efecto era legítimo sucesor. Fue grande el sentimiento que por ello se hizo en todo su Reino, especialmente en su Corte; y como siempre en sus necesidades ocurrian á sacrificios, no hallándose poderosos para poner en libertad á su Señor, así por estar muy apoderados de él los Capitanes que le prendieron, como por el grueso ejército con que Atahualpa venia, acordaron, y aun dicen que por órden suya, hacer un gran sacrificio al Viracócha Pachayachachic, que es el Criador universal, pidiéndole, que pues no podian librar á su Señor, él enviase del Cielo gente que le sacase de prision. Estando en gran confianza de éste su sacrificio, vino nueva, como cierta gente que vino por la mar, habia desembarcado y preso á Atahualpa. Y así, por ser tan poca la gente Española que prendió á Atahualpa en Caxamalca, como por haber esto sucedido luego que los Indios habian hecho el sacrificio referido al Viracócha, los llamaron Viracóchas, creyendo que era gente enviada de Dios; y así se introdujo este nombre hasta el dia de hoy, que llaman á los Españoles Viracóchas. Y cierto, si hubiéramos dado el ejemplo que era razon, aquellos Indios habian acertado en decir, que era gente enviada de Dios. Y es mucho de considerar la alteza de la providencia Divina, cómo dispuso la entrada de los nuestros en el Perú, la cual fuera imposible, á no haber la division de los dos hermanos y sus gentes, y la estima tan grande que tuvieron de los Cristianos, como de gente del Cielo, obliga cierto, á que ganándose la tierra de los Indios, se ganaran mucho mas sus almas para el Cielo.
CAPÍTULO XXIII
_De los últimos sucesores de los Incas._
Lo demás que á lo dicho se sigue, está largamente tratado en las Historias de las Indias por Españoles; y por ser ageno del presente intento, solo diré la sucesion que hubo de los Incas. Muerto Atahuálpa en Caxamalca, y Guascar en el Cuzco, habiéndose apoderado del Reino Francisco Pizarro y los suyos, Mangocapa, hijo de Guaynacápa, les cercó en el Cuzco, y les tuvo muy apretados, y al fin desamparando del todo la tierra, se retiró á Vilcabamba, allá en las montañas, que por la aspereza de las sierras pudo sustentarse allí, donde estuvieron los sucesores Incas hasta Amáro, á quien prendieron y dieron la muerte en la plaza del Cuzco, con increíble dolor de los Indios, viendo hacer públicamente justicia del que tenian por su Señor. Tras esto sucedieron las prisiones de otros de aquel linage de los Incas. Conocí yo á Don Carlos, nieto del Guaynacápa, hijo de Paulo, que se bautizó, y favoreció siempre la parte de los Españoles contra Mangocapa su hermano. En tiempo del Marqués de Cañete salió de Vilcabamba Sayritopa Inca, y vino á la ciudad de los Reyes de paz, y diósele el valle de Yucay, con otras cosas en que sucedió una hija suya. Esta es la sucesion que se conoce hoy dia de aquella tan copiosa y riquísima familia de los Incas, cuyo mando duró trescientos y tantos años, contándose once sucesores en aquel Reino, hasta que del todo cesó. En la otra parcialidad de Urincuzco, que como arriba se dijo, se derivó tambien del primer Mangocapa, se cuentan ocho sucesores en esta forma: A Mangocapa sucedió Chinchiroca, á este Capác Yupángui, á éste Lluqui Yupángui, á éste Maytacápa, á éste Tarco Guaman, á éste un hijo suyo, no le nombran, y á éste Don Juan Tambo Maytapanáca. Y esto baste para la materia del origen y sucesion de los Incas, que señorearon la tierra del Perú, con lo demás que se ha dicho de sus leyes, gobierno y modo de proceder.
CAPÍTULO XXIV
_Del modo de República que tuvieron los Mejicanos._