Historia de un amor turbio

Chapter 6

Chapter 61,051 wordsPublic domain (Wikisource)

—Supimos no sé por quién, que su papá había muerto…

—Sí, señora; hace ya casi cinco años.

—¿Y usted vive allá? Eso sabíamos.

Y agregó con sencilla curiosidad:

—¿Quedaron ustedes en buena posición?

—Sí, soy hijo único… ¿No tendría el gusto de ver a Eglé?

—¡Oh, no faltaba más, Rohán! ¡Mercedes! Anda a ver qué hace tu hermana. —Y volviendo la cabeza a medias a Rohán, añadió:

—Dile que está bien como está… ¡Que no se arregle tanto!

Rohán sonrió también al recuerdo, y un momento después entraba Eglé. Contra lo que esperaba, sólo sintió al mirarla gran curiosidad. Había gastado toda la emoción que pudiera haber sentido, reviviéndola una hora antes. Eglé lo saludó con perfecta naturalidad. Dijéronse: —¿Cómo le va?— a un tiempo, y se sentaron, mirándose con franca sonrisa.

—Está igual —rompió Eglé después de un instante de curiosa atención—. No ha cambiado nada.

Eglé tampoco había cambiado; pero sus cinco años más se conocían claro en la acentuación de los rasgos, y sobre todo en su tranquilo dominio para mirar.

—¿Hacía mucho que no lo veías? —se volvió la madre a Eglé.

—Sí, mucho. —Volvieron a mirarse sonriendo—. Rohán continuó:

—No sabía que vivieran en San Fernando…

—Sí, hace ocho meses… Poco después de morir papá.

Durante media hora la conversación prosiguió muy cordial.

—¡Mercedes!… ¿Una taza de café, Rohán? —recordó la madre—. ¿Y su estómago? —se rió.

—Bien, no siento nada ya… Sí, café.

Mercedes tornó a salir y al rato la madre se levantó.

—¿Me permite, Rohán? Desconfío mucho de la habilidad de mi hija…

Rohán y Eglé quedaron solos. Rohán rompió, muy cordial:

—¿Quién nos hubiera dicho, verdad? Volver a vernos a los cinco años…

Eglé se sonrió.

—¡Cierto!… Yo creía que nunca más nos veríamos…

Pero es peligroso jugar con los pretéritos.

Yo creía. Eso era antes, cuando iba a Lomas… Otra vez se hallaba ante ella, su Eglé… El posesivo le evocó de nuevo la tarde final en que salió desesperado de la quinta, amargándose la boca con ese mismo su Eglé, que ya nunca más podía decir. Recordó tan vivamente su dolor de entonces, que la tranquilidad actual le echó del pecho en un suspiro de desahogo afectuoso:

—¡Cuánto la he querido!

Eglé lo miró de costado, devolviéndole su sonrisa.

—¡No fue usted solo, me parece!

Apartó la vista y Rohán la observó rápida y atentamente. Era ella, sin duda; la misma boca, el mismo firme seno, las mismas cejas que se levantaban de cariñosa extrañeza. Pero la mirada… La mirada era otra; no cambiada en esencia, pero sí revelando claramente en su aplomo que los cinco años de experiencia no habían pasado impunemente.

Sabe muchas más cosas que antes… —pensó Rohán—. Pero ella:

—¿Usted se fue en seguida al campo, no?

—Sí. Poco después, cuando salí del Ministerio… —Y un súbito recuerdo le hizo exclamar jovialmente:

—¿Se acuerda de los pozos artesianos?

Eglé se rió.

—Me acuerdo. Esta mañana, por casualidad, me acordé también de una cosa.

—¿Qué?

—Cuando yo era chica, lo que usted me dijo en la calle una vez.

—Sí, ya habíamos empezado… —murmuró él—. Hace trece años…

Pero el café llegaba, y poco después Rohán quedaba solo con la madre.

—¿Cómo la halla a Eglé?

—Igual… No ha cambiado nada.

La señora parecía ahora abismada.

—Usted no se figura cuánto lo ha querido Eglé —agregó triste y gravemente.

—Lo mismo le dije a su hija cuando le parecí demasiado difícil —pensó Rohán. Pero la señora insistía:

—Creo que nunca más volverá Eglé a querer a nadie como lo quiso a usted…

—¡No fui yo quien rompió, sin embargo! —exclamó Rohán. La madre sacudió la cabeza con cariñosa lástima.

—¡Hablar así a su edad, Rohán!… ¡Eran cosas de Eglé! ¿Qué juicio quiere usted que tenga una chica a los diecisiete años?

Esperó respuesta, en vano.

—Dígame, Rohán… Si en vez de pasar eso antes, hubiera pasado ahora, ¡serían ustedes muy felices, se lo aseguro!

—Lo creo —sonrió Rohán con amargura—. Pero han pasado cinco años.

Por tercera vez la madre alzó a él sus ojos de compasiva y protectora experiencia.

—¡Qué muchachos!…

—¿Estas iniciales? —preguntó Rohán, que acababa de notar cuatro letras: A. M. y E. E. grabadas en un caracol de montaña con el que jugaba distraído.

—Son de Eglé, de Córdoba —repuso la madre con negligente sonrisa—. Es un recuerdo… No sé cómo está aquí… Tuvo amores con él; pero estoy segura de que nunca lo quiso…

Lo que la madre no recordaba en su insinuante filosofía, había costado a Rohán muchas alucinaciones de jardines y bancos para olvidarse de que no era él ese primer amor.

Las dos hermanas salían ya, y Rohán se despidió.

—Lo que es esta vez —le dijo la madre con solemne cariño, tomándole las dos manos—, ¡júreme venir a vernos a menudo! Usted no sabe cuántas veces nos hemos acordado de usted! ¿Lo promete?… ¿Conoce bien el camino? ¡Eglé! Acompáñalo hasta la esquina…

Rohán prometió volver. Pero estaba seguro de lo contrario. Llegó a tiempo a la estación y subió en el tren, con mortal frío en el alma. No cabía duda; su fortuna atraía ahora inmensamente a la madre, y Eglé tenía ya veintidós años y no quería quedar soltera… Recordó a su Eglé de antes, tan joven, y su sinceridad esencial sacudida por el amor, que hubiera hecho de ella una admirable mujer. Ahora era tarde. Por su parte él tenía treinta y tres años, y se hallaba completamente tranquilo de espíritu, trabajando en paz.

Destemplado por el atardecer hundióse en su rincón, y evocó las dos horas pasadas, página final de una historia cuya amargura no quería por nada volver a vivir. Mientras miraba por la ventanilla, en el crepúsculo frío, las flores heladas de cardo que se desmenuzaban volando al paso del tren, recordó la vieja balada:

“Cuando la tierra se enfermó, el cielo se puso gris y los bosques se pudrieron por la lluvia, el hombre muerto volvió, una tarde de otoño, a ver de nuevo lo que había amado”.

No, no… Había comprado muy cara su felicidad actual para desear perderla.

Arrellanóse bien en el asiento y suspiró de satisfacción, pensando que dos días después estaría tranquilo en la estancia.

Categoría: ES-C Categoría: Novelas de Horacio Quiroga Categoría: Novelas Categoría: Literatura uruguaya (Títulos)