Historia de la guerra del Peloponeso (2 de 2)
Part 29
LIBRO VI. -- I. Trátase de la isla de Sicilia y de los pueblos que la habitaban, y de cómo los atenienses enviaron a ella su armada para conquistarla. -- II. Hechos de guerra ocurridos durante aquel invierno en Grecia. La armada de los atenienses se apareja para el viaje a Sicilia. -- III. Discurso de Nicias ante el Senado y pueblo de Atenas para disuadirles de la empresa contra Sicilia. -- IV. Discurso de Alcibíades a los atenienses aconsejándoles la expedición a Sicilia. -- V. Discurso de Nicias a los atenienses que, de nuevo y por medios indirectos, procura impedir la empresa contra Sicilia. -- VI. Los atenienses, por consejo y persuasión de Alcibíades, determinan la expedición a Sicilia. Dispuesta la armada, sale del puerto del Pireo. -- VII. Diversas opiniones que había entre los siracusanos acerca de la armada de los atenienses. Discursos de Hermócrates y Atenágoras en el Senado de Siracusa, y determinación que fue tomada. -- VIII. Discurso de Atenágoras a los siracusanos. -- IX. Parte de Corcira la armada de los atenienses y es mal recibida así en Italia como en Sicilia. -- X. Llamado Alcibíades a Atenas para responder a la acusación contra él dirigida, huye al Peloponeso. Incidentalmente se trata de por qué fue muerto en Atenas Hiparco, hermano del tirano Hipias. -- XI. Después de la partida de Alcibíades, los dos jefes de la armada que quedaron ejecutan algunos hechos de guerra en Sicilia, sitiando Siracusa y derrotando a los siracusanos. -- XII. Arenga de Nicias a los atenienses para animarlos a la batalla. -- XIII. Los siracusanos, después de nombrar nuevos jefes y ordenar bien sus asuntos, hacen una salida contra los de Catana. Los atenienses no pueden tomar Mesena. -- XIV. Los atenienses por su parte y los siracusanos por la suya envían embajadores a los de Camarina para procurar su alianza. Respuesta de los camarineos. Aprestos belicosos que los atenienses contra los siracusanos en este invierno. -- XV. Discurso de Eufemo, embajador de los atenienses, a los camarineos. -- XVI. Los lacedemonios, por consejo y persuasión de los corintios y de Alcibíades, prestan socorro a los siracusanos contra los atenienses. -- XVII. Los atenienses, preparadas las cosas necesarias para la guerra, sitian Siracusa. Victorias que alcanzan contra los siracusanos en el ataque de esta ciudad. Llega a Sicilia el socorro de los lacedemonios. 85
LIBRO VII. -- I. Entra Gilipo en Siracusa con el socorro de las otras ciudades de Sicilia partidarias de los siracusanos. Pierde una batalla y gana otra contra los atenienses. Los siracusanos y los corintios envían una embajada a Lacedemonia pidiendo nuevo socorro y Nicias escribe a los atenienses demandándoles refuerzos. -- II. Lo que decía la carta de Nicias a los atenienses y lo que proveyeron estos en vista de ella. -- III. Los peloponesios entran en tierra de Atenas y cercan la villa de Decelia. Socorros que envían a Sicilia, así los atenienses, como los peloponesios. -- IV. Siracusanos y atenienses libran una batalla por mar en el puerto, y por tierra, pretendiendo ambos haber alcanzado la victoria. Encuentros que tuvieron después durante el sitio. -- V. Necesidades que sufría Atenas por la guerra. Algunos tracios que fueron a servir a los atenienses, y se volvieron por falta de paga, al regresar destruyen la ciudad de Micaleso, y después son casi todos dispersados. -- VI. Lo que hicieron los capitanes atenienses Demóstenes y Eurimedonte en el camino cuando iban en socorro de los sitiadores de Siracusa. Auxilio que reciben los sitiados. Batalla naval entre atenienses y peloponesios junto a Naupacto. -- VII. Mientras Demóstenes y Eurimedonte están en camino para reforzar a los atenienses que sitian Siracusa, los siracusanos libran una batalla naval contra los atenienses. -- VIII. Llegan Demóstenes y Eurimedonte al campamento de los atenienses. Atacan de noche los parapetos de los siracusanos junto a Epípolas y son rechazados con grandes pérdidas. -- IX. Después de celebrar muchos consejos, deciden los atenienses levantar el sitio de Siracusa, y al fin no lo hacen por una superstición. -- X. Logran los siracusanos nueva victoria naval contra los atenienses y procuran encerrarlos en el puerto donde estaban. -- XI. Ciudades y pueblos que intervienen en la guerra de Sicilia, así de una parte como de otra. -- XII. Los siracusanos y sus aliados vencen de nuevo en combate naval a los atenienses, de tal modo que no pueden estos salvarse por mar. -- XIII. Después de la derrota parten los atenienses de su campamento para ir por tierra a las villas y lugares de Sicilia que seguían su partido. -- XIV. Los siracusanos y sus aliados persiguen a los atenienses en su retirada y los vencen y derrotan completamente. 183
LIBRO VIII. -- I. Determinaciones de los atenienses, cuando supieron la derrota de los suyos en Sicilia, para continuar la guerra contra los peloponesios. La mayor parte de Grecia y el rey de Persia pactan confederación contra los atenienses. -- II. Los de Quíos, de Lesbos y del Helesponto piden a los lacedemonios que les envíen una armada para resistir a los atenienses, contra los cuales querían rebelarse. Orden que sobre esto fue dada. -- III. Algunos barcos de los peloponesios son lanzados del puerto del Pireo por los atenienses. Las ciudades de Quíos, Eritras, Mileto y otras muchas se rebelan contra los atenienses, pasándose a los peloponesios. Primera alianza entre el rey Darío y los lacedemonios. -- IV. Los de Quíos, después de rebelarse contra los atenienses, hacen rebelar a Mitilene y a toda la isla de Lesbos. Recóbranla los atenienses y también otras ciudades rebeladas. Vencen a los de Quíos en tres batallas, y roban y talan toda su tierra. -- V. Cercando los atenienses la ciudad de Mileto, libran batalla contra los peloponesios, en la cual cada contendiente alcanza en cierto modo la victoria. Sabiendo los atenienses que iba socorro a la ciudad, levantan el sitio y se retiran. Los lacedemonios toman Yaso. Dentro de ella estaba Amorges, que se había rebelado contra el rey Darío, y lo entregan al lugarteniente de este rey. -- VI. Cercada la ciudad de Quíos por los atenienses, Astíoco, general de la armada de los peloponesios, no quiere socorrerla. Segundo tratado de confederación y alianza con Tisafernes. -- VII. Victoria naval de los peloponesios contra los atenienses. Los caudillos de los peloponesios, después de discutir con Tisafernes algunas cláusulas de su alianza, van a Rodas y la hacen rebelar contra los atenienses. -- VIII. Siendo Alcibíades sospechoso a los lacedemonios, persuade a Tisafernes para que rompa la alianza con los peloponesios y la haga con los atenienses. Los atenienses envían embajadores a Tisafernes para ajustarla. -- IX. Derrotados los de Quíos en una salida que hicieron contra los sitiadores atenienses, son estrechamente cercados y puestos en grande aprieto. Las gestiones de Alcibíades para pactar alianza entre Tisafernes y los atenienses no dan resultado. Renuévase la alianza entre Tisafernes y los lacedemonios. -- X. Gran división entre los atenienses, lo mismo en Atenas que fuera de ella, y en la armada que estaba en Samos, por el cambio de gobierno de su república, que les causó gran daño y pérdida. -- XI. Sospechan de Tisafernes los peloponesios porque no les daba el socorro que les había prometido, y porque Alcibíades había sido llamado por los atenienses de la armada, ejerciendo la mayor autoridad entre ellos, que empleaba en bien y provecho de su patria -- XII. Divididos los atenienses por la mudanza en el gobierno popular de la república, procuran establecer algún acuerdo entre ellos. -- XIII. Victoria de los peloponesios contra los atenienses cerca de Eretria. El gobierno de los cuatrocientos queda suprimido y apaciguadas las discordias. -- XIV. Las armadas de los atenienses y peloponesios van al Helesponto y se preparan para combatir. -- XV. Victoria de los atenienses contra los peloponesios en el mar del Helesponto. 263
NOTAS.
[1] Décimo año de la guerra del Peloponeso. Tercero de la 89 olimpiada, 422 antes de la Era vulgar.
[2] Es decir, ver sus tierras estériles, sufrir los horrores del hambre y comprar los víveres muy caros.
[3] Ciento ochenta mil pesetas: a razón de noventa pesetas cada mina.
[4] Decimosexto año de la guerra del Peloponeso. Primero de la 91 olimpiada, 416 años antes de la Era vulgar. Después del 15 de octubre.
[5] Unos cuatro kilómetros.
[6] Hoy Mesina.
[7] Un millón ciento veinte mil pesetas.
[8] Abril o mayo.
[9] Ciento treinta y cinco mil pesetas.
[10] En mayo.
[11] Una legua próximamente.
[12] La Tirrenia era la Etruria, hoy Toscana. Llamábase pentacóntoro a un barco tripulado por cincuenta hombres.
[13] Decimonono año de la guerra del Peloponeso. Año tercero de la 91 olimpiada, 413 antes de la era vulgar. Después del 18 de marzo.
[14] Poco menos de cinco leguas.
[15] Los delfines eran mazas pesadas de hierro o de plomo que se ataban a las entenas del mástil, dejándolas caer sobre el barco que se quería destrozar.
[16] Diez millones ochocientas mil pesetas.
[17] Veintisiete días. La superstición consistía en multiplicar por tres el número nueve.
[18] El nombre de Alcibíades era lacedemonio, y así se llamó el padre de Endio. Uno de los abuelos del célebre Alcibíades lo adoptó por amistad con un lacedemonio que así se llamaba y que era huésped suyo. No están de acuerdo los sabios helenistas acerca del primer ateniense que tomó este nombre; creen unos que fue abuelo, y otros bisabuelo del célebre Alcibíades.
[19] Ciento treinta y cinco mil pesetas.
[20] El estatero griego pesaba cuatro dracmas, y equivalía a tres pesetas y sesenta céntimos de nuestra moneda; pero no se conoce bien el valor del estatero dárico.
[21] La dracma ática valía noventa céntimos de peseta.
[22] Cuarenta y cinco céntimos de pesetas.
[23] Fin de diciembre.
[24] Dos familias sacerdotales. Los Eumólpidas descendían del tracio Eumolpo, que fundó misterios y ritos, y los Cérices de Cérix, que se consideraba hijo de Mercurio.
[25] El Senado o Consejo de los quinientos, que se llamaba también el alto Senado, nombrábanle Senado del haba, porque los miembros de este Consejo eran elegidos con habas. Los nombres de los candidatos se depositaban en una urna, y las habas negras y blancas en otra. A medida que se sacaba un nombre se sacaba también una haba, y aquel cuyo nombre salía al mismo tiempo que una haba blanca era senador.
[26] Hacía noventa y ocho años de la expulsión de Hipias, el tercer año de la sesenta y siete olimpiada, quinientos diez años antes de la era vulgar.
[27] Los atenienses, muy adictos a la democracia, eran, sin embargo, perezosos para acudir a las asambleas. Por ello, aunque la república contaba más de veinte mil ciudadanos, dice Tucídides que jamás se habían reunido en número de cinco mil. Esta indolencia favorecía a los intrigantes, llamados demagogos, agitadores del pueblo.
[28] El decreto de ostracismo o de destierro no infamaba al desterrado. Dictábase para alejar del territorio de la república a los hombres que por la fama de sus virtudes o de su talento podían perjudicar a la igualdad democrática y ejercer sobre sus conciudadanos una superioridad peligrosa. Cuando el despreciable Hipérbolo fue condenado a ostracismo, el ostracismo se envileció y cayó en desuso.
[29] Pnix, sitio próximo a la ciudadela. Después de todas las reformas hechas para embellecer a Atenas, el Pnix conservó su antigua sencillez.
[30] Había mil nomotetas, elegidos por suerte entre los que desempeñaron antes cargo de juez. Aunque el nombre de nomoteta parece significar legislador, es preciso entenderlo en el sentido de examinador de las leyes, porque no se podían hacer leyes sino con la aprobación del Senado y la confirmación del pueblo. Los nomotetas examinaban las leyes antiguas, y si las encontraban inútiles o perjudiciales, procuraban hacerlas abrogar por medio de un plebiscito.
[31] Los atenienses tenían arqueros de Escitia, que sabían muy mal la lengua griega. Esta ignorancia era muy útil a los designios de Aristarco. Imposible le hubiera sido contar con tropas griegas que comprendiesen sus proyectos y supieran el estado de los asuntos públicos en Atenas.