Hacia una Moral sin Dogmas: Lecciones sobre Emerson y el Eticismo

Part 12

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Cerremos este paréntesis de historia de la filosofía contemporánea, cuya importancia apreciarán mejor los que la estudien dentro de un siglo. Por el momento hay un hecho que es, para todos, la evidencia misma: las clases conservadoras han fortalecido a las iglesias dogmáticas, confiando a los teólogos la lucha contra las clases progresistas que surgían de las universidades. Imputando a éstas el materialismo de marras y sugiriendo que no hay moral posible fuera de la religión, se intentó rehabilitar el dogmatismo en nombre de la moral. Conocéis la doctrina difundida por los teólogos contemporáneos: "es indispensable renunciar a las verdades adquiridas por las ciencias si ellas comprometen el espiritualismo tradicional en que se funda nuestra moral religiosa". Son palabras del ilustre cardenal Newmann. Conocéis también el _Syllabus_, monumento único en la historia del dogmatismo.

La fundación de las sociedades éticas en Inglaterra señala una interesante actitud de doble protesta: contra el pretendido "materialismo" y contra este nuevo "espiritualismo" que en nombre del pasado pretende interceptar la libre investigación de la verdad.

Los eticistas ingleses, como los americanos, afirmaron que el libre examen y el sentimiento natural son los únicos árbitros en materia religiosa; insistieron en que la moralidad no es dogmática, sino el producto espontáneo y perfectible de la experiencia moral; proclamaron, en fin, que ninguna verdad adquirida por los hombres podría amenguar sus ideales morales. Y en vez de renegar de las verdades nuevas que no se ajustaban a los catecismos viejos, trataron de poner la experiencia moral en consonancia con la verdad, "a fin de que ningún hombre se viera obligado a cometer la suprema indignidad de tener que creer en el absurdo para salvar su moralidad".

Así se explica que aparezcan ciertas influencias filosóficas, no extrañas al eticismo norteamericano, pero más acentuadas en el inglés. "Las doctrinas que han tenido una influencia más evidente sobre él--dice Juan Wagner, un discípulo de Coit,--y sin las cuales habría revestido una forma diferente, son las teorías evolucionistas de Darwin y de Spencer, y los ensayos de moral darwinista y científica, particularmente la ética de Leslie Stephen, que fué durante mucho tiempo presidente de una Sociedad de Cultura Moral. Es el método evolucionista que se quiere aplicar al estudio de los hechos religiosos y morales; no se conocen ya ideas absolutas e inmutables; la moralidad, particularmente, evoluciona sin cesar. Por otra parte, bajo la influencia de Stephen y de Spencer, los eticistas no conciben ya la ética como un conjunto de reglas abstractas para la conducta del individuo; insisten sobre la influencia de la sociedad, los orígenes sociales de la moralidad, el carácter social de la naturaleza humana; el altruismo nos es tan innato y es tan natural como el egoísmo; todas las relaciones de la vida en sociedad deben estar sometidas al imperio de la moralidad. Se separan, pues, de la ética teológica y dogmática que sólo ve en la humanidad una asociación accidental y no se ocupa sino de la salvación individual, aunque, para colmo, la relega a un mundo hipotético y extrahumano. Como la mayor parte de los moralistas posteriores a Darwin, los éticos consideran la moral como una ciencia positiva y no mezclan en ella las tradicionales preocupaciones teológicas". Aunque las ideas de los eticistas sobre una religión humana y natural, y sobre la divinidad del hombre, recuerdan a veces las de Comte y de Feuerbach, no es posible encontrar rastros de una influencia segura. Fácil es, en cambio, hallarlos de los poetas y escritores ingleses del siglo, que siempre mantuvieron encendido el sentimiento del deber y el culto de la justicia: Shelley, Wordsworth, Browning, Tennyson, Matthew Arnold, Coleridge, Swimburne, George Elliot; digno es de notarse que por la misma época del movimiento eticista floreció la _Sociedad Fabiana_, de acentuado carácter social, cuando el pueblo inglés escuchaba como nuevos apóstoles a los Watts, los Ruskin y los Morris.

Esos y otros esfuerzos convergían a capacitar al hombre para vivir en un plano superior de moralidad, harmonizable con el conocimiento de todas las verdades, propicio a la comprensión de todas las bellezas. ¿Porqué una nueva moral no sería compatible con Darwin y Ruskin, con Spencer y Morris? ¿Porqué el hombre renunciaría en este mundo a la verdad y a la belleza, persiguiendo el cielo en otro mundo? ¿Cómo sería posible que la divinidad todopoderosa y clemente, pusiera la mentira y la fealdad como precio de su recompensa futura?

En 1886 un grupo de intelectuales, profesores universitarios y hombres afectos a estudiar los problemas sociales, fundaron la _London Ethical Society_, proponiéndose "cooperar al estudio y exposición de los verdaderos principios de la moralidad social". No tenía carácter alguno religioso y afirmaba más bien su propósito de despertar en la juventud el sentimiento de las responsabilidades cívicas y sociales. Con espíritu análogo se fundaron sociedades semejantes en Cambridge, Oxford, Edimburgo, etc.

5.--LAS IGLESIAS ÉTICAS

Félix Adler tuvo entre sus amigos y discípulos a un emersoniano inglés, doctor en filosofía, Stanton Coit, que le indujo a fundar en Londres una rama de la sociedad ética americana; ella fué el punto de partida de las cincuenta que existían en 1914, en vísperas de iniciarse la guerra actual.

Coit, en 1888, siendo conferencista en la "Sociedad Religiosa Libre" de South Place, hizo venir a Londres al profesor Adler, que en América le había asociado al movimiento eticista. La actividad de Coit, como organizador y propagandista, fué grandísima, tanto para hacer como para hablar y escribir. Con el objeto de disminuir las resistencias que el ambiente tradicionalista había opuesto hasta entonces a las sociedades de libres creyentes, imprimió a las nuevas un carácter marcadamente religioso, no vacilando al fin en llamarlas "_Ethical Church_". En 1896 se inició la formación de una Unión de las Sociedades de Cultura Moral, cuyos principios, renovados y perfeccionados sin cesar, abarcan: la independencia de la moralidad, su supremacía, los móviles de la conducta moral, la confianza en sí mismo y la cooperación social, la evolución de las morales, el método científico aplicado al estudio de la experiencia moral, la necesidad de las reformas económicas y sociales, de la autoridad en moral, de la libertad en la Unión eticista y del poder de la comunidad moral.

Esos _principios_ merecen leerse:

a).--En todas las relaciones de la vida, personales, sociales, políticas, el factor moral debería ser el objeto de nuestra preocupación suprema.

b).--El amor del bien y el amor de nuestros semejantes son los móviles primarios de la conducta moral; las verdaderas fuentes de ayuda son la confianza en sí mismo y la cooperación.

c).--El conocimiento del bien ha evolucionado a lo largo de las experiencias hechas por la humanidad, y nosotros, que abogamos por un ideal progresivo de justicia personal y social, debemos tomar como punto de partida las obligaciones morales generalmente aceptadas por las comunidades civilizadas.

d).--La autoridad suprema, en cuanto a la moralidad de una opinión o de una acción, es para cada individuo su propio juicio, concienzudo y razonado, después que él habrá tomado en consideración las convicciones de los demás.

e).--En vista del bienestar de la sociedad, es necesario establecer las condiciones, económicas y de toda índole, que favorecerán mejor el desarrollo integral de cada individuo.

f).--Conviene aplicar el método de las ciencias positivas al estudio de la experiencia moral.

g).--La vida moral no implica la adopción o el rechazo de la creencia en ninguna divinidad personal o impersonal, ni en una vida después de la muerte.

h).--No debe hacerse depender el ingreso a una sociedad eticista de la adopción de tal o cual criterio último del bien.

i).--Las sociedades de cultura moral son el más poderoso medio de alentar el conocimiento y el amor de los principios que rigen la conducta moral, y de crear en sus miembros la fuerza de carácter necesaria para convertirlos en acción.

Consecuente con el principio que pone en la sociedad humana las fuentes de la moralidad, dedica preferente atención a las cuestiones sociales, no descuidando fenómeno alguno que pueda constituir un tema de estudio o que pueda servir para el desenvolvimiento de una actividad moralizadora. En 1910 la Unión publicó una interesante _Declaración sobre las cuestiones sociales_, cuyas bases pueden sintetizarse como sigue. El progreso moral de la raza--dice--está estrechamente vinculado a su bienestar material; necesitamos, pues, una legislación eficiente para asegurar a todos un trabajo dignamente remunerado, asegurando el bienestar de los que se encuentren invalidados para el mismo, dando a todos un hogar confortable, proporcionando descanso y recreo a cuantos los necesiten. Se reputa indispensable la reforma completa del régimen escolar inglés, haciéndolo laico y gratuito, educando ante todo el carácter, organizando sistemáticamente una instrucción cívica y moral. Auspiciar la igualdad civil y política de los dos sexos, una moral sexual equivalente para el hombre y la mujer, medidas legislativas para impedir los matrimonios eugénicamente peligrosos; lucha contra el alcoholismo y el juego; saneamiento de la prensa y de los partidos políticos; esfuerzos para ajustar las relaciones internacionales a una más alta moralidad que hasta el presente.

Casi no hay movimiento internacional de progreso y de libertad al que esta Unión no se haya asociado, con una amplitud de miras realmente loable; un día promueve meetings feministas, otro protesta contra la ejecución de Ferrer, lucha hoy contra la trata de blancas, mañana celebra funerales a Tolstoy, hasta organizar dos _Congresos Internacionales de Educación Moral_ (Londres y La Haya), el primer _Congreso Universal de las razas_ (Londres, 1911) y la _Liga Inglesa para la Enseñanza de la Moral_, que ya tiene entre sus adherentes a muchos miembros del parlamento inglés.

En la bibliografía, ya vasta, llama la atención un carácter general: la falta de esos adornos literarios que suelen suplir al pensamiento claro o que se emplean para encubrirlo. Paul Desjardins ha dicho que algunos discursos de los eticistas evocan por su elevación y su eficacia a los estoicos antiguos, y ha creído poder compararlos a las páginas del _Manual_ de Epicteto.

Cada sociedad o iglesia es libre de formular sus principios como lo estime conveniente, dentro de las líneas generales señaladas. Como tipo de una de ellas, leamos los "principios" y "fines" enunciados en la Constitución de la _Ethical Church_, en que se ha transformado la _West London Ethical Society_.

a).--_principios._

1.--La vida moral tiene sobre nosotros derechos supremos, que no reposan sobre una autoridad exterior, ni sobre un sistema de recompensas y castigos sobrenaturales, pero que se originan en la naturaleza del hombre, en cuanto es un ser inteligente y social.

2.--En la práctica, la vida moral debe ser realizada por el cumplimiento de los deberes generalmente reconocidos como moralmente aceptables y, además, por el cumplimiento de obligaciones que todavía no han penetrado en la conciencia social.

3.--Considerando la supremacía para el hombre de esos derechos de la vida moral, el ideal ético debe ser considerado como el objeto de nuestra devoción religiosa, consistiendo la religión en la obediencia y la lealtad a cualquier objeto que se considera digno de la suprema devoción.

b).--_fines._

1.--Concurrir a desarrollar la ciencia de la ética.

2.--Aún dejando a los miembros absolutamente libres de creer o no creer en la existencia de una vida ulterior y en una realidad que excede de nuestra experiencia, enseñarles a independizar de ellas sus ideas y sus prácticas morales.

3.--Insistir sobre la importancia del factor moral en todas las relaciones de la vida, personales, sociales, políticas, nacionales e internacionales.

4.--Ayudar a los hombres a conocer, amar y practicar el bien, por medios puramente humanos y naturales.

5.--Infundir a los miembros la fuerza y la inspiración que emanan de la actividad en común y de la confraternidad moral.

En síntesis, la Sociedad se propone intensificar la moralidad sobre una base no dogmática y naturalista.

Justo es señalar, ya, la segunda forma de adaptación al medio, sufrida en Inglaterra por las sociedades de cultura moral. Las reuniones van tomando el aspecto de ceremonias _religiosas_; aunque no hay liturgia fija, el procedimiento se acerca mucho al de las actuales iglesias unitarias de Estados Unidos. Para comprender mejor el espíritu de las reuniones creo útil traducir la descripción de la Iglesia, hecha por un miembro de la misma. "La antigua capilla metodista que es ahora la _Ethical Church_, se compone de una sala en hemiciclo, rodeada por dos galerías sobrepuestas. Así todo converge hacia la cátedra, o mejor dicho, a la tribuna, adosada a la pared del fondo: un fresco de vivos colores la adorna, representando hombres que se pasan antorchas de mano en mano. En lo alto, sobre el fresco, un busto de Pallas Athenea preside a todos los oficios del culto. Dos bajorrelieves de Della Robbia, con niños músicos y cantores, están encastrados en la pared, a uno y otro lado de la tribuna. Delante de ésta, sobre dos columnitas, estatuas de Jesús y de Buda, y en toda la sala bustos de Marco Aurelio, Lincoln, Sócrates, Josefina Butler, etc." Estos detalles decorativos dicen más que un programa.

No hay _servicio religioso_ sin conferencia o sermón. Es curioso leer algunos títulos de la serie correspondiente a un trimestre de 1912:

"El Dios de Bernard Shaw",

"Dios: el Bien actuando en el mundo",

"Cómo Dios necesita de nosotros",

"La irreligión del Porvenir ",

"La idea que la civilización es una enfermedad",

"Los castillos de naipes de los utopistas",

"La Gran Ilusión de Norman Angell",

"La alquimia del pensamiento",

"Donatello, Miguel Angel, los Della Robbia, Rodin y Meunier",

"La religión de Riquet en la biblioteca de su maestro Bergeret",

"La señora Sidney Webb y las otras mujeres",

"Debemos cumplir nuestras promesas",

"La política por sobre los partidos",

"El poder que salva a los hombres",

"Pericles y el Partenón",

"La construcción de San Pedro en Roma",

"La historia del Divorcio",

"El temor de la responsabilidad",

"Los siete sacramentos de la Iglesia romana",

"La moralidad del Rito",

"En qué Jesucristo sobrepasa a los demás hombres",

"Doce conferencias sobre los Salmos", etc.

Puede inferirse de esos temas que la Iglesia pretende ser, al mismo tiempo, una verdadera Universidad popular, con sus correspondientes proyecciones luminosas y cintas cinematográficas.

En la imposibilidad de hacer una reseña analítica de las ideas contenidas en la vasta bibliografía, digamos solamente que la Iglesia encargó, en 1913, a Stanton Coit, la redacción de un _Social Worship_, o Manual del Culto Societario, cuyos dos volúmenes acentúan todavía más el carácter _religioso_ de las sociedades éticas inglesas. Y para que esa evolución de la forma no induzca a creer que las ideas han cambiado, mencionaremos este pasaje de un sermón sobre la lealtad intelectual: "Si un hombre posee una creencia, pero ahoga las dudas que surgen en su espíritu respecto de ella, y evita los hombres y las lecturas que de ella tratan y podrían ilustrarlo, y tiene además por impíos los pensamientos que podrían perturbarla,--la vida de ese hombre no es más que un largo pecado hacia la humanidad".

6.--EL CULTO RELIGIOSO DE LA MORALIDAD

Acostumbrados a concebir la independencia moral como un apartamiento de la religiosidad, y no dentro de ella,--como efecto de la religión dogmática en que hemos sido educados--nos causa cierta impresión de extrañeza la conservación de la exterioridad ceremonial, y aun del nombre de iglesias, en sociedades cuya concepción naturalista de la divinidad no conseguimos distinguir del ateísmo.

Acaso una comparación con algo que conocemos definidamente, nos permita entender mejor el sentido global del eticismo inglés. Poniendo en el hombre la divinidad, y mirando su perfeccionamiento moral como el advenimiento de la divinidad misma en cada hombre, el eticismo se presentaría como una doctrina del superhombre moral, predestinado a surgir del hombre religioso contemporáneo, y satisfaciendo las tendencias místicas del temperamento individual.

Recordad que William James, después de estudiar las _Fases del sentimiento religioso_, llega a la conclusión de que en la hipótesis de la divinidad los hombres han sintetizado su sentimiento de admiración por lo que creen primordial, unánime y verdadero en sí mismo. La religiosidad sólo puede definirla como "la reacción total frente a la vida"; de allí su pregunta: ¿por qué, entonces, no decir que cualquier reacción total frente a la vida es una religión? Dejo a vosotros la respuesta, muy cómoda para los ateos que no quieren pasar por tales; yo os confieso que la pregunta de James me parece muy hábil, pero sospecho que es peligroso seguir embrollando a la humanidad con sabias hipocresías. Si la religiosidad es un sentimiento individual, las religiones sólo comienzan a existir cuando los individuos se organizan para cultivar o difundir creencias comunes, uniformando su conducta para ciertas prácticas. Al decir, pues, que el eticismo puede asumir un aspecto religioso, nos referimos, sin ambigüedad, a la organización en verdaderas comunidades regidas por prácticas rituales, y no a las simples reacciones de los individuos frente a la vida.

En algunas de las Iglesias Éticas se ha producido, con el tiempo, un fervor místico que parece contrastar con el espíritu antidogmático y de libre crítica que figura en sus programas. Ahondando el examen, sin embargo, se percibe que la aparente contradicción sólo es un resultado de nuestros hábitos mentales, que nos impiden separar dos cosas que acostumbramos ver unidas; el sentimiento místico y las creencias dogmáticas. Los eticistas no sólo respetan el primero al repudiar las segundas, sino que tratan de utilizar en beneficio de la moralidad el misticismo que actualmente está desviado por dogmas contrarios a su espontánea expansión: ofrece un campo de experiencia más vasto a una inclinación natural de la personalidad humana.

Por otra parte, atendiendo solamente a su eficacia sobre cada uno de sus creyentes, es indudable que las iglesias de todos los tiempos, además de satisfacer los sentimientos místicos, han satisfecho muchos sentimientos estéticos. Que el objeto del culto sea un Dios sobrenatural o la Moralidad humana, debe reconocerse que el ceremonial de una iglesia es un elemento efectivo de exaltación del culto mismo. Los jesuítas, profundos psicólogos, han comprendido siempre que la riqueza ornamental de sus iglesias es el mejor imán para atraer a las masas místicas; el número de creyentes que puede mirar esa _mise en scène_ como una falta de respeto a la Divinidad, es muy pequeño. Por esa misma razón comprendemos que, en cierta medida, los eticistas hánse visto en la necesidad de no extremar su primitivo deseo de formas sencillas y severas; actualmente dan la impresión de iglesias cristianas, donde se ha convertido a Dios en la Moral y se ha reemplazado el paraíso por la naturaleza, sin que todo esto disminuya la exterioridad del culto.

"_Nosotros tenemos un Dios; nosotros tenemos altares._ Nuestro Dios: el _Ideal Moral_, la potencia del bien en la humanidad, o, mejor, todas las fuerzas del bien actuantes en el mundo. Nuestro Dios está diseminado en toda la humanidad.

"En todas partes, donde un ser trata de hacer el bien y se esfuerza por perfeccionarse moralmente, allí está Dios, allí Dios deviene. El no vive sino en nosotros y por nosotros, y todos nosotros somos divinos en alguna medida.

"Nuestro Dios _no es todopoderoso_, no es sobrenatural, no es _exterior a la humanidad_.

"No es la fuerza de un Dios lo que lo hace divino a nuestros ojos; un Dios todopoderoso nos horroriza. Nunca adoraremos la fuerza; sólo adoraremos y sólo queremos servir la justicia y la bondad, aunque ellas fueran tan débiles como un niño en su cuna. Pero nuestra religión no excluye la contemplación conmovida de las fuerzas del universo, la admiración de la regularidad de las leyes naturales. Por otra parte, nuestra moralidad no es una mezquina preocupación personal. Aspiramos a poner cada vez más, la fuerza al servicio del derecho. Nuestra misión es traer el triunfo de la inteligencia sobre el instinto, de la moralidad responsable sobre la fuerza irresponsable. Así la moralidad deja de ser un asunto privado y deviene cósmica. Ella podrá ser, acaso, algún día, el instrumento mediante el cual nuestro amor desinteresado guiará al universo".

Convengamos, francamente, en que no se puede pedir un lenguaje más impregnado de misticismo, de religiosidad. El sentimiento de lo divino, la emoción de lo trascendental emana de páginas escritas para sugerir que la perfección moral no requiere la cooperación de entidades sobrenaturales ni de principios anteriores a la experiencia humana. Para los que no tenemos un temperamento místico, siempre resultará un poco desconcertante este misticismo naturalista.

"Se cree muy frecuentemente que los dioses son, necesariamente y por definición, espíritus sobrenaturales. Las más fuertes razones morales y de sentido común nos impiden creer en un Dios sobrenatural; tal clase de divinidad nos repugnaría. Si, a pesar de eso, somos felices de tener en nuestra comunidad a cristianos siempre que nos ayuden y nos amen, es porque entendemos que ellos no hacen sino interpretar mal una realidad que nosotros adoramos como ellos. Rechazando, no la existencia--pues esa cuestión no nos concierne,--sino la pretendida potencia redentora de seres sobrenaturales, renunciamos a la posibilidad de ser asistidos por ninguna divinidad sobrenatural, o por ningún ser humano después de su muerte, y particularmente por Jesús de Nazareth, reconociendo sin embargo la asistencia que ha podido prestarnos antes de su muerte y el valor imperecedero de sus consejos y de su conducta, que siguen asistiendo a la humanidad con el valor del ejemplo. Para un eticista que comienza por afirmar la autonomía de la moralidad y pone en segundo término todo lo demás, todo lo que disminuye la responsabilidad humana es condenable. Desde el momento en que imploráis el auxilio de un Creador personal, os sustraéis a vuestra responsabilidad propia y renegáis la fuente inmanente de redención. Aun si existe un Creador, no debemos humillar nuestra humanidad ni vivir postrados ante él. La moralidad que no es puramente humana, deja de ser moralidad".