Guerra de razas (Negros contra Blancos en Cuba)

Part 3

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Son muy numerosos los ejemplos que pueden citarse; pero quiero--al menos por el momento--concretarme al caso de Estenoz. Este sujeto, hombre de escasa mentalidad y que ni siquiera gozaba de prestigio entre los de su clase, ha conseguido llegar hasta donde ha llegado merced á los miramientos y consideraciones que con él se tuvieron y á la importancia que se le dió á raíz de haber iniciado su propaganda racista. Fracasado en aquella ocasión, el gobierno pudo haberse servido de él para hacer un saludable escarmiento, que por lo menos hubiera alejado durante algún tiempo el conflicto en que hoy nos vemos envueltos. En lugar de proceder en la forma indicada, Estenoz, que no era después de todo más que un pobre diablo, se encontró convertido de la noche á la mañana, y sin que él mismo, tal vez, pudiera explicarse la metamorfosis, en todo un personaje ilustre, al que se rendía la innoble pleitesía del miedo, y el resultado fué que él y los suyos, al darse cuenta de que se les temía, cobrasen nuevos bríos y se mostraran cada vez más audaces y decididos, hasta el extremo de no ocultarse ya para conspirar contra los blancos, es decir, contra la inmensa mayoría de los habitantes de la isla.

En Oriente, sobre todo, los trabajos de Lacoste, Estenoz, Ivonet y otros apóstoles del racismo, se realizaban á pleno sol, en la plaza pública, en medio de la calle: todo el mundo estaba perfectamente enterado de lo que ocurría, y es de suponerse que el gobierno central y las autoridades locales también lo sabían.

Esto no obstante, nada, absolutamente nada se hizo para impedir el golpe; los cuarenta millones de cuerpos de policía (todos inútiles y ridículos) que padecemos, aprovecharon la ocasión para dar una nueva prueba de su incompetencia, y los hombres encargados de velar por el sosiego público no se creyeron obligados á mover un solo soldado del campamento de Columbia, hasta que los perturbadores de la paz habían encontrado seguro albergue en las abruptas serranías orientales.

Eso sí; tan pronto como quedó comprobado que se habían presentado partidas de negros armados en diversos lugares de la República, empezaron á rodar cañones y á desfilar regimientos; medida tardía y no siempre eficaz, cuando se trata de países sólo independientes y soberanos á medias, cuyos tutores no suelen proceder con esos miramientos que en la práctica del derecho internacional sólo se guardan entre sí los estados que mutuamente se temen y respetan.

Yo no dudo (¡líbreme Dios de ello!) que nuestro ejército, tan bello, tan brillante y tan sabiamente adiestrado, sea capaz de aplastar en plazo más ó menos largo, la criminal revolución que hoy nos aflige; pero estoy firmemente convencido de que más eficaz que los combates heróicos y las victorias gloriosas hubiera sido un golpe policiaco, dado algunos días antes del levantamiento.

Bien es verdad que aun en el supuesto de que Estenoz y los suyos hubieran caído en poder de las autoridades, es más que probable que nada desagradable les habría ocurrido, sino todo lo contrario. Hay, por lo menos, motivos para pensar así, teniendo en cuenta los hechos pasados.

IX

EL IMPERIO DE LA CONVULSION

San Luis, Junio 1.º

Después de haber hecho largos recorridos por esta comarca, que se encuentra completamente infestada de alzados, y de haber tenido oportunidad de hablar con varios de ellos acogidos á la legalidad, he podido formar un juicio aproximado de la verdadera situación de esta rica zona, que tan desolada se encuentra, con motivo de los actuales acontecimientos.

Al principio, nadie le concedió por aquí gran importancia al alzamiento; pero apenas comenzaron á llegar noticias alarmantes, los que viven á distancia de las poblaciones se pasaban el día en éstas, ávidos de saber las últimas noticias del movimiento y llenos de una gran incertidumbre, pues luchaban entre la idea de abandonar sus bohíos, con sus animales y sus siembras, ó aguardar en el campo la terminación de este movimiento. Pero como las noticias eran cada vez más alarmantes, esto produjo en todos los _montunos_ el efecto más desastroso, y comenzaron á llegar á las poblaciones carretas cargadas de muebles, gallinas y frutos, y á los destacamentos de la Guardia Rural venían los hombres con sus caballos á ofrecerlos al Gobierno, antes que las hordas de alzados se apoderasen de ellos. Y daba pena ver como aquellos hombres elogiaban sus respectivas cabalgaduras, para que les fuese abonado mejor precio, haciendo cada uno la historia de su jamelgo, y recordando los trabajos y penalidades que tuvo que pasar para adquirirlo. De las bodegas situadas en los lugares lejanos de los pueblos también llegaban las carretas cargadas de mercancías, para depositarlas en lugares seguros donde no alcanzaran los vales del llamado "Ejército Reivindicador". Los viajantes de casas comerciales venían á exigir el saldo de sus cuentas á los establecimientos, y la desconfianza se entronizó en todas partes.

He departido con varios alzados, de los que se han presentado á las autoridades, los que me han referido la vida, no muy tranquila, que se hace en sus campamentos. Por la mañana muy temprano se toca diana y se procede á repartir las guardias de avanzadas y centinelas, lo que es motivo para que se originen serios disgustos, pues como es muy extraño encontrar entre éllos un soldado, ya que casi todos tienen elevada jerarquía militar, no se conforma un comandante con hacer centinela ó estar tres horas sobre un árbol en las avanzadas vigilando al enemigo.

Por otra parte, es tal el desarrollo del instinto de conservación entre los revoltosos, que sus avanzadas las ponen á cuatro leguas de sus campamentos, con el fin de que, caso de ser atacados, tener tiempo suficiente para ponerse á prudencial distancia de las fuerzas del ejército.

Terminada esta operación, que por lo regular siempre finaliza con escenas violentas, se dedican á "forragear", lo que significa procurarse cada cual sus alimentos para el día, en cuya labor no reparan en medios, pues lo mismo saquean una bodega, que le roban á un campesino todas sus aves de corral. Así transcurren las horas hasta la caída de la tarde, en que se entregan al baile africano conocido por el "maní", y entregados á esa salvaje expansión, llena de movimientos lúbricos, están hasta muy entrada la noche.

Duermen casi todos en el suelo, cubiertos con un par de yaguas, y las mujeres van á los bohíos cercanos al campamento con sus chiquillos. Muchas de ellas llevan al cinto enormes machetes "paraguayos", y su aspecto resulta entre cómico y repulsivo.

El predominio sobre una de estas mujeres ha costado en distintas ocasiones derramar mucha sangre, pues los Jefes que no tienen "costilla", quieren á toda costa conseguir una "mitad", aunque ésta sea ajena.

Los espías están en todas partes. No es extraño, cuando un grupo de oficiales del ejército se encuentra hablando sobre estos sucesos, ver á un negro que disimuladamente escucha, ni observar que en los alrededores del Cuartel de la Rural se encuentran tipos sospechosos que se fijan en todo y todo lo escudriñan. Frente al mismo cuartel hay un caserón que durante el día está repleto de hombres negros y por la noche sólo se ven en él mujeres. Raro es el día en que no se hagan varias detenciones de estos confidentes, á muchos de los cuales se les han encontrado documentos comprometedores. Todos los detenidos son enviados á Santiago de Cuba á disposición del Juez Especial, que instruye esa causa. Cuando las tropas salen á operaciones, no es raro ver en muchas casas á las mujeres que allí hay--pues los hombres no abundan--lanzar miradas impregnadas de odio, y hasta se da el caso frecuente de que al pasar las tropas cierran las puertas en señal de desprecio.

Es algo que ha prendido demasiado en el corazón de los ignorantes esta cuestión de alzamientos, para desgracia de Cuba, y no es muy difícil, como ha quedado demostrado con este levantamiento, el reunir varios centenares de desdichados que se lancen á locas aventuras, aunque éstas sean tan peligrosas para la patria como la actual.

Por donde quiera que pasan Estenoz é Ivonet, siembran la alarma entre los negros que encuentran pues les dicen que el ejército viene siguiéndoles y mata á todos los negros que halla en su camino. Esta falsa alarma les dió excelentes resultados en un principio, puesto que la mayor parte de los negros campesinos, á los cuales importa muy poco lo de la "Ley Morúa", se apresuraron á engrosar las filas rebeldes. Otros, estos están en gran mayoría, fueron con el santo propósito de apropiarse de lo ajeno ó de vengarse de sus enemigos, lo que podían lograr con absoluta impunidad para sus criminales fechorías.

Aunque parezca una paradoja, también hay blancos "Independientes de Color". Estos resultan aun más criminales que los negros, puesto que su intervención en este asunto es puramente viciosa, aunque hay muchos casos en que el principal móvil del alzamiento es el caballo, pues antes de consentir que les quiten sus rocinantes, acompañan á los alzados, exponiéndose á las consecuencias.

No pasa un día sin que alguna persona se acerque al general Mendieta y le haga saber que partidas de miles de hombres alzados se encuentran rodeando su finca y que han amenazado quemarla; otros que han visto 500 hombres armados hasta los dientes, que se encontraban esperando el paso de un tren, y cuando se ordena la salida de un escuadrón para el lugar en que se ha dicho que estaba la tal partida, resulta que no se ha visto á nadie y que todo se encuentra en absoluta tranquilidad. Hace dos noches, el dueño del ingenio "Hatillo", decía por teléfono al general Mendieta que más de mil hombres rodeaban su finca, y al llamar el general al capitán jefe del destacamento de ese ingenio y preguntarle lo que hubiera de cierto en lo dicho por el propietario de la finca, aquel militar respondió que era inexacto, toda vez que solo había tenido unos cuantos tiros con una pequeña partida que merodeaba por aquellos lugares.

Así se hinchan todas las cosas por aquí.

Por las lomas que rodean los pueblos de Songo y La Maya, hay una clase de negros que solo pueden compararse con los que hacen la vida primitiva en medio de las espesuras de las selvas africanas. Van enredados en unos rosarios, cuyas cuentas son de múltiples colores, y se pasan la vida consultando si las balas del ejército les harán daño, para lo cual suspenden en el aire una punta del rosario, y si el viento empuja éste á la derecha, las balas los respetarán; mas si es al contrario, castigan sus cuerpos para ganar indulgencia, pues los proyectiles pueden alcanzarles.

Debe ser curioso ver á un regimiento de esos fanáticos, entregados á consultar sobre el destino de sus vidas.

Cuando estábamos al pie de la loma de "La Gloria", y antes de haberse recibido el telegrama del general Monteagudo, el general Mendieta me confesó que aquella posición estaba ocupada por más de 2.000 hombres armados, sin contar los desarmados, que sumaban un crecido número. Más tarde, cuando el combate en la finca "Mayala", á dos leguas del ingenio "Hatillo", me dijo que allí habían unos 1.000 hombres al mando de los cabecillas Zapata y Parada, y el grupo de _Tito_ Fernández, al cual, si bien no me han dicho oficialmente nada, calcúlansele unos 800 hombres. Esto sin contar gran número de partiditas de doscientos, cien y cincuenta hombres, que merodean por diversos lugares de esta región. Hablando con el Jefe de Estado Mayor, teniente coronel Varona, me ha dicho que esos grupos no tienen ninguna importancia, desde el punto de vista militar, toda vez que una columna de 100 hombres, entre caballería é infantería, puede batirse con una de esas partidas, por numerosa que sea.

En el combate librado en la mañana del día 30 del pasado, pude observar el excelente ánimo de los soldados ante el enemigo. Cada vez que una granada explotaba sobre un grupo de alzados, producía un entusiasmo extraordinario, no sólo entre los soldados que servían las piezas, sino entre los de infantería y caballería, todos los cuales daban saltos y lanzaban interjecciones saludando el desastroso efecto que la metralla producía en las filas rebeldes.

También participaban de esas explosiones espontáneas de entusiasmo los oficiales, muchos de los cuales pedían permiso al general Mendieta para desalojar con la caballería á sus órdenes el campamento enemigo.

El triunfo hacía que por un momento se identificasen desde el general Mendieta, que sereno y reflexivo, daba órdenes, hasta el último soldado que hacía funcionar una ametralladora y se animaba cuando veía que á sus disparos, caían muertos ó heridos los enemigos de la paz.

Llegó la hora del reconocimiento, y todos querían ir; pero el general Mendieta, que no se deja impresionar, no consintió en ello, autorizando á su ayudante el teniente Carrerá y al teniente veterinario Federico Cagigal, para que acompañasen á las fuerzas del capitán Castillo en el reconocimiento.

Un detalle que no se me pudo escapar, fué que los soldados que con más ahinco trabajaban y más esfuerzos hacían, eran los pertenecientes á la raza de color. Y es que ellos no se consideran más que servidores de la patria, teniendo verdadero amor por el ejército y dentro de éste por su compañía ó escuadrón. Así se explica que en lo más reñido del combate se les oyera gritar: ¡Arriba el Escuadrón M! ¡Viva la Tercera Batería!

Muchos oficiales se me han acercado para pedirme que recuerde por estas líneas á las Cámaras que el Ejército de Cuba es el único en el mundo que no tiene Montepío, y que cuando un oficial muere, deja en la miseria á su esposa é hijos.

La edición extraordinaria de la _Gaceta Oficial_, que inserta la Alocución del señor Presidente, es repartida profusamente y circula mucho entre todos los elementos.

X

EL COMBATE DE YARAYABO[*]

_San Luis, Oriente, mayo 30, á las 2 y 10 tarde._

En este momento regreso del ingenio "Hatillo", en las inmediaciones del cual se ha librado en las primeras horas de la mañana de hoy un sangriento combate. La columna del general Mendieta ha obtenido un triunfo completo, y los alzados, batidos en toda la línea, y destrozados por la metralla y el shrapnell, se han desbandado en distintas direcciones, después de alfombrar de cadáveres el campo.

[*] El combate de Yarayabo, primero de importancia que se libró en la contienda racista, ha sido objeto de los más vivos y encontrados comentarios. Nosotros, testigos presenciales de tan brillante acción, lo reproducimos en la misma forma en que apareció publicado en _La Prensa_, de la Habana; y al hacerlo reiteramos nuestra felicitación más calurosa y sincera al bravo general Mendieta y á los brillantes oficiales y abnegados soldados que combatieron á sus órdenes aquel día.

He tenido el privilegio de asistir á tan glorioso hecho de armas, y no obstante la intensa emoción que sentía (no hay que olvidar que se trataba de mi bautismo de fuego) momentos hubo en que participé del ardor y el entusiasmo que dominaba á nuestros sufridos y valientes soldados, que firmes y serenos bajo las balas, atacaban con heroísmo al enemigo, á los gritos de ¡Viva el Ejército!, ¡Viva la Paz,! ¡Viva la República!

El general Mendieta se ha revelado á mis ojos como un militar de relevantes dotes, y al mismo tiempo como un valeroso capitán, acostumbrado á mirar con desprecio la muerte; los oficiales á sus órdenes han estado admirables, y de los soldados todo cuanto yo pudiera decir resultaría pálido. Todos, sin una sola excepción, se han conducido con heroismo, y especialmente los pertenecientes á la raza de color. A estos había que refrenarlos, pues arrastrados por su ardor, querían á cada instante lanzarse á la bayoneta sobre las posiciones enemigas, para castigar con sus propias manos á los malos cubanos que han levantado la maldita bandera del racismo.

A la una de la madrugada salió sigilosamente de San Luis la columna Mendieta, compuesta de ciento ochenta hombres de caballería y el escuadrón del capitán Castillo, desmontado, siendo esto necesario por no disponerse de infantería, por estar casi todas las fuerzas de esta arma, prestando servicios de guarnición en las fincas pertenecientes á ciudadanos extranjeros. Llevábamos además dos ametralladoras, al mando del capitán Fernández, y dos piezas de artillería de montaña, á cargo del capitán Chomat, y los tenientes Pereda y Acosta.

La marcha fué penosísima, pues los caminos, reblandecidos por la incesante lluvia, estaban intransitables, y en muchos parajes las mulas de la artillería se hundían en el fango hasta las barrigueras.

Poco antes de las cinco, y sin experimentar el menor tropiezo, llegó nuestra descubierta á terrenos de la finca Yarayabo, á unos dos kilómetros del ingenio "Hatillo", y en ese momento se sintieron los primeros disparos hechos por los exploradores de la columna, al tropezar con una de las avanzadas rebeldes, que fué pronto rechazada sobre el núcleo principal del enemigo, que se hallaba situado, ocupando fuertes posiciones, en la finca La Majagua.

Después de las primeras escaramuzas de vanguardia, el general Mendieta efectuó un minucioso reconocimiento de las líneas contrarias, en el cual le acompañé, y me manifestó que las partidas que teníamos enfrente sumaban, en conjunto, unos mil y pico de hombres.

Este cálculo del jefe de las tropas ha sido posteriormente corroborado, y ahora, en posesión de datos fidedignos, puedo asegurar que los alzados, cuya fuerza ascendía al número expresado, estaban mandados por los titulados generales Zapata y Pitillí.

El general Mendieta ordenó inmediatamente que entrase en juego la artillería; se dieron las órdenes oportunas, y con rapidez y precisión maravillosas las dos ametralladoras y los dos cañones de montaña fueron puestos en batería, y á las cinco en punto de la mañana rompieron simultáneamente el fuego, mientras que los soldados avanzaban en orden de batalla, atronando el espacio con sus gritos de ¡Viva la República!

El espectáculo era imponente, y capaz de conmover al hombre menos sensible.

Después de los primeros disparos, y tan pronto como los artilleros afinaron la puntería y fijaron matemáticamente las distancias, empezó á notarse que la metralla producía sus efectos; los núcleos rebeldes desaparecían como bloques de hielo derretidos por el sol, y cada vez que las piezas de montaña hacían caer en sus filas una granada de shrapnell, que estallaba con terrible estrépito, veíamos rodar por tierra jinetes y caballos en confusión espantosa.

Los alzados, que no esperaban sin duda el aguacero de proyectiles explosivos que caía sobre ellos, trataron de correrse á otra posición situada algo á retaguardia de la que en un principio ocupaban; pero allí también les alcanzaron el shrapnell y la metralla; y yo, que no perdí el menor detalle de la acción, puedo afirmar que la artillería cubana es irresistible, que la fijeza de sus disparos es asombrosa, y que los oficiales americanos que sirvieron de instructores á nuestros artilleros pueden sentirse orgullosos de sus discípulos.

Indudablemente que los cabecillas rebeldes se dieron cuenta de que permaneciendo en el sitio en que habían colocado sus líneas de fuego, serían aniquilados, por lo cual, y haciendo un esfuerzo desesperado, decidieron arrostrarlo todo y cambiar su frente de batalla, para venir á situarse sobre el flanco derecho de la columna.

Para ejecutar esta maniobra, los principales grupos rebeldes tuvieron que desfilar precisamente por delante de las cuatro piezas que vomitaban sobre ellos torrentes de metralla, y las bajas que sufrieron entonces fueron enormes.

De repente, y como para cerrar con broche de oro la jornada, el general Mendieta ordenó que las fuerzas del capitán Castillo, dando un rodeo, fueran á ocupar una posición situada á nuestra derecha, es decir, á la izquierda de los rebeldes, y precisamente hacia el sitio que estos intentaban ocupar. Las tropas de Castillo, llenas de arrojo y entusiasmo, ejecutaron brillantemente el movimiento, y apareciendo de improviso sobre unas lomas, acribillaron el campamento de los alzados con un nutrido fuego de fusilería.

En ese momento la corneta de la Guardia Rural tocó ¡A degüello! y el sargento Larrea, con guardias á sus órdenes, se lanzó á la carga, apoyado por el capitán Castillo y los tenientes Cajigas y Carrerá.

No aguardaron los rebeldes este ataque, y aunque algunos grupos trataron de hacerse fuertes en un guayabal colindante, pronto fueron desalojados de allí, después de un vivísimo tiroteo.

Yo, para no perder ningún pormenor de esta última etapa del combate, puse mi caballo al galope y corrí con los rurales, que al grito de ¡Al machete! barrían á los últimos alzados.

Los núcleos principales, al tratar de retirarse con dirección al ingenio "Hatillo" fueron atacados fieramente por una compañía de infantería, destacada allí para defender dicha finca, y viéndose acosados por todas partes tuvieron que huir en todas direcciones, refugiándose en los espesos montes, donde fueron perseguidos durante algún tiempo.

Supongo que el enemigo ha sufrido enormes bajas.

El campo está sembrado de cadáveres mutilados por las granadas de la artillería.

Tan pronto como cesó el fuego, avanzó la columna hasta el batey del ingenio "Hatillo", donde el general Mendieta ordenó hacer alto para tomar el desayuno, que buena falta nos hacía. Apenas habíamos probado algunos bocados, cuando dos ó tres partidas aparecieron á distancia y trataron de hostilizar nuestro campamento, pero las dos piezas de montaña les lanzaron veinte granadas y las ametralladoras, que fueron situadas en lo alto del trasbordador de caña, completaron con sus certeros disparos la dispersión de esos grupos que á juicio de todos habían regresado al lugar de la acción con el propósito de llevarse sus muertos y heridos, que habían dejado abandonados.

La artillería, en conjunto, disparó setenta granadas y cuatrocientos tiros de metralla.

El general Mendieta sale esta noche para Santiago de Cuba, á donde ha sido llamado por el general Monteagudo, para celebrar una conferencia y acordar el nuevo plan de campaña.

El general ha sido muy felicitado por su espléndido triunfo.

XI

A TRAVES DE LA ZONA INFESTADA

Cualquier pasajero que emprenda viaje á Guantánamo, por los preparativos y despedidas que se le hacen, parece que va á un país de donde solo por pura casualidad se regresa. Tales son las muestras de tristeza de los que le acompañan al tren, y los lastimeros "ayes" y "adioses" que se le dirigen.

El motivo no es otro que los peligros que hay en esa línea, pues los trenes que por ella circulan ya han sido tiroteados varias veces por los feroces alzados y algunas de sus estaciones quemadas por los mismos pues se trata precisamente de la zona en que más abundan las partidas levantadas en armas.

Con gran retraso salimos de San Luis, á causa de que la comunicación telegráfica de la Empresa del ferrocarril se encontraba interrumpida hasta Alto Cedro, ignorándose si la vía estaba expedita. A las cuatro y treinta y cinco minutos el tren se puso en marcha, deteniéndose en todas las estaciones sin que nada anormal ocurriera. Al llegar á Bayate nos enteramos de que los alzados habían quemado la estación y el caserío de Carreta Larga.

El pequeño poblado de Bayate se encontraba custodiado por unos cincuenta hombres pertenecientes al ejército americano los cuales estaban acampados en la caseta de una báscula de caña en donde tenían extendidos sus catres de campaña con sus mosquiteros correspondientes.

EN CARRERA LARGA

Mucho antes de llegar á lo que fué Carrera Larga ya se divisaba un vivo resplandor que á medida que el convoy se iba aproximando, se convertía en enorme llamarada. Se detuvo el tren y desde el vagón en que viajaba se percibía fuerte calor producido por el incendio de la estación que aun se encontraba ardiendo.