Part 11
Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban á él: tornó á solicitar con personas ciertas los príncipes de Berbería, segun parecia por las respuestas que fueron tomadas: envió dineros, ropa, cautivos; acercóse á nuestros presidios, especialmente á Orgiba, donde entendió que faltaba vitualla. Aunque D. Juan de Mendoza mantenia la gente disciplinada, ocupada en fortificar el lugar segun la flaqueza de él, mandó D. Juan que fuese del Padul proveido, y llevase la escolta á su cargo Juan de Chaves de Orellana, uno de los capitanes que trujeron la gente de Trujillo. Mas él por estar enfermo envió su alférez llamado Moriz con la compañía; hidalgo, pero poco proveido y muy libre: caminó con doscientos y cincuenta soldados; hombres, si tuvieran cabeza. Entendieron los moros la salida de la escolta por sus atalayas; juntáronse trescientos arcabuceros y ballesteros mandados por el Macox, hombre diestro y plático de la tierra; á quien despues prendió D. Fernando de Mendoza, cabeza de las cuadrillas, y mandó justiciar el duque de Arcos en Granada. Emboscó parte en la cuesta de Talera y un arroyo que la divide del lugar, parte en las mismas casas; y dejándolos pasar la primera emboscada, acometió á un tiempo á los que iban en la rezaga y los delanteros. Peleóse en una y otra parte, pero fueron rotos los nuestros, y murieron todos; con ellos el alférez por no reconocer; y aun dicen que borracho, mas de confianza que de vino: perdiéronse bagajes, bagajeros, y la vitualla, sin escapar mas de dos personas: hoy se ven blanquear los huesos, no lejos del camino. Túvose de este caso tanto secreto, que primero se supo de los enemigos. Mas porque muchos moriscos de paz, especialmente de las Albuñuelas, se hallaron con el Macox, y porque los vecinos de aquel lugar acogian y daban vitualla á los moros, y con ellos tenian continua plática; pareció que debian ser castigados y el lugar destruido, así por ejemplo de otros, como por entretener con algun cebo justificado, la gente que estaba ociosa y descontenta. Es las Albuñuelas lugar asentado en la falda de la montaña á la entrada de Val de Lecrin, depósito de todos los frutos y riquezas del mismo valle, cinco leguas de Granada, en tres barrios, uno apartado de otro, la gente mas pulida y ciudadana que los otros de la sierra, tenidos los hombres por valientes y que pudieron resistir las armas del Rey Católico D. Fernando hasta concertarse con ventaja. Mandóse á D. Antonio de Luna, capitan de la Vega, que con cinco banderas de infantería y doscientos caballos amaneciese sobre el lugar, degollase los hombres, hiciese cautiva toda manera de persona, robase, quemase, asolase las casas. Mas D. Antonio, hombre cuidadoso y diligente, ó que no midiese el tiempo, ó que la gente caminase con pereza, llegó cuando los vecinos parte eran huidos á la montaña, parte estaban prevenidos en defensa de las calles y casas; con un moro por capitan, llamado Lope. Anduvo la ejecucion tan espaciosa, la gente tan tibia, que de los enemigos murieron pocos, y de esos los mas viejos, perezosos y enfermos; y de los nuestros algunos: cautiváronse niños y mujeres, los que no pudieron escapar á lo alto; fue saqueado el uno de los tres barrios, y el escarmiento de los enemigos tan liviano, que saliendo por una parte nuestra gente, entraba la suya por otra: habitaron las casas, segaron sus panes aquel año, y sembraron sin estorbo para el siguiente.
Estaban las cosas calladas y suspensas sin el continuo desasosiego que daban los moros en la ciudad: gobernábalos en la parte que cae el valle y la Vega un capitan llamado Nacoz (que en su lengua quiere decir campana), mostrándose á todas horas y en todos lugares. Ya se habian encontrado él y D. Antonio de Luna con número cuasi igual de gente de á pie, aunque con ventaja D. Antonio por la caballería que llevaba: se partieron con igualdad, cuasi sin poner manos á las armas; poniéndose el Nacoz en salvo; el barranco en medio de su gente y nuestra caballería. Dicen que de allí atravesó la sierra de la Almijara, y por Almuñecar con su hacienda y familia pasó á Berbería.
Visto por D. Juan que los enemigos crecian en número y experiencia; que eran avisados por los moriscos de Granada, ayudados con vitualla, reforzados con parte de la gente moza de la ciudad y la Vega; que no cesaban las pláticas y tratados; el concierto de poner en ejecucion el primero aun estaba en pie; que tenian señado el dia y hora cierta para acometer la ciudad; número de gente determinado; capitanes nombrados Giron, Nacoz, uno de los Partales, Farax, Chacon, Rendati, moriscos; Caracax y Hhosceni, turcos, y Dali, capitan general de todos, venido por mandado del rey de Argel; dió aviso de todo encareciendo el peligro por parte de los enemigos, si se juntaban con los de Granada y la Vega, y de los nuestros por la flaqueza que sentian en la gente comun, por la corrupcion de costumbres y órden de guerra.
Mandó el rey que todos los moriscos habitantes en Granada saliesen á vivir repartidos por lugares de Castilla y el Andalucía; porque morando en la ciudad no podian dejar de mantenerse vivas las pláticas y esperanzas, dentro y fuera. Habia entre los nuestros sospechas, desasosiego, poca seguridad: parecia á los que no tenian experiencia de mantener pueblos oprimiendo ó engañando á los enemigos de dentro y resistiendo á los de fuera, estar en manifiesto peligro. Con tal resolucion ordenó D. Juan á los veinte y tres de junio, que encerrasen todos los moriscos en las iglesias de sus parroquias: ya era llegada gente de las ciudades á sueldo del rey, y se estaba con mas seguridad. Puso la ciudad en arma; la caballería y la infantería repartida por sus cuarteles: ordenó al marqués de Mondejar que subiendo al Albaicin se mostrase á los moriscos, y con su autoridad los persuadiese á encerrarse llanamente. Recogidos que fueron de esta manera, mandáronlos ir al hospital real fuera Granada un tiro de arcabuz: anduvo D. Juan por las calles con guardas de á caballo y guion; viólos recoger inciertos de lo que habia de ser de ellos; mostraban una manera de obediencia forzada, los rostros en el suelo con mayor tristeza que arrepentimiento; ni de esto dejaron de dar alguna señal; que uno de ellos hirió al que halló cerca de sí: dícese que con acometimiento contra D. Juan, pero lo cierto no se pudo averiguar porque fue luego hecho pedazos: yo que me hallé presente diria, que fue movimiento de ira contra el soldado, y no resolucion pensada. Quedaron las mujeres en sus casas algun dia, para vender la ropa y buscar dineros con que seguir y mantener sus maridos. Salieron atadas las manos, puestos en la cuerda, con guarda de infantería y caballería por una y otra parte, encomendados á personas que tuviesen cargo de irlos dejando en lugares ciertos de Andalucía, y guardallos; tanto porque no huyesen, como porque no recibiesen injuria. Quedaron pocos mercaderes y oficiales, para el servicio y trato de la ciudad: algunos á contemplacion y por intereses de amigos. Muchos de los mancebos que adivinaron la mala ventura huyeron á la sierra, donde la hallaban mayor; los que salieron por todos tres mil y quinientos; el número de mujeres mucho mayor. Fue salida de harta compasion para quien los vió acomodados y regalados en sus casas: muchos murieron por los caminos de trabajo, de cansancio, de pesar, de hambre, á hierro, por mano de los mismos que los habian de guardar, robados, vendidos por cautivos.
Ya el rey habia enviado personas que tuviesen cuenta con su hacienda, porque antes no las habia, como en negocio de que presto se vernia al fin; contador, pagador, veedor general y particulares; dentro en consejo al licenciado Muñatones que habia servido de alcalde de corte al emperador en sus jornadas y de su consejo: hombre hidalgo y limpio, y en diversos tiempos de próspera y contraria fortuna. Como los moriscos salieron de Granada, perdióse la comodidad de los soldados; cesaron los alojamientos, camas, fuego, vasos: cosas que se dan en hospedaje, sin que la gente no puede vivir ni cómoda ni suficientemente. Aun para la ciudad y soldados no estaba hecha provision de vitualla, pero entraron á mantener la gente con socorros, mudando término y propósito. Fue mayor el aprovechamiento de los capitanes y oficiales de guerra con los socorros y raciones, cuanto mas á menudo se tomaban las nuestras: entraban á ellas en lugar de soldados vecinos del pueblo; sucedieron á cumplir la hacienda del rey, en lugar de los moriscos los bagajeros y vivanderos rescatados: por todo se robaba á amigos, como á enemigos; á cristianos, como á moros; padecian los soldados, adolecian, íbanse, crecieron las desórdenes y compasiones por la Vega. Nació una opinion entre los ministros, la cual como provechosa donde el pueblo es enemigo y la gente poca; así errada, donde no hay pueblo contrario, y fue que no se debian tomar muestras, porque los enemigos no entendiesen cuan pocos eran los soldados, y que se debia permitir la licencia y excesos, porque no se amotinasen ni huyesen. La gente de la ciudad era mucha, buena, y armada; los moriscos fuera, los soldados no tan pocos, que no fuesen superiores (juntos con el pueblo) á los enemigos; guarda de á pie y de á caballo en la Vega; armado en Orgiba D. Juan de Mendoza: ¿qué temor ó recatamiento podia estorbar el remedio de inconvenientes, que eran causa de poner en peligro la empresa, y de que los moros de la Vega no pudiendo sufrir tanto maltratamiento, yéndose á la sierra acrecentasen el número de los enemigos? Duró tantos meses esta manera de gobierno, que dió causa á intenciones libres y sospechosas de pensar, que no faltaban personas á quien contentase, que creciendo los inconvenientes, fuese mayor la necesidad.
Declaró el rey, como estaba acordado, que el marqués de Velez tuviese cargo de los partidos de Almería, Guadix, Baza, rio de Almanzora, sierra de Filabres; y queriendo salir contra los enemigos, parecióle asegurar el puerto que dicen de la Ravaha, paso de la Alpujarra para tierra de Guadix y Granada: mandó que con cuatrocientos hombres enviados de Guadix, Gonzalo Fernandez, capitan viejo, plático en las escaramuzas de Oran, tomase lo alto del puerto, y se hiciese fuerte hasta tener órden suya. Comenzó á subir la montaña sin reconocer; mas los moros que estaban cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino, dejando subir parte de la gente, echaron cuarenta arcabuceros que acometiesen la frente, y por el costado dieron cien hombres, hasta ponellos en desórden; y cargándolos en rota, murió la mayor parte huyendo: perdiéronse las armas, municion y vitualla que llevaban; poca gente tornó á Guadix con el capitan. D. Juan, temeroso que los enemigos cargasen á la parte de Guadix, proveyó para guardia de ella á Francisco de Molina, que sirvió de capitan al emperador en las guerras de Alemania.
Con el suceso de la Ravaha se levantó la sierra de Bentomiz, y tierra de Velez Málaga: no hicieron los excesos que en el Alpujarra, antes contentándose con recoger la ropa á lugares fuertes sin hacer daños, echaron bando que ninguno matase ó cautivase cristianos, quemase iglesia, tomase bienes de cristianos ó de moros que no se quisiesen recoger con ellos: fortificaron para refugio y seguridad de sus personas un monte llamado Frejiliana la vieja, á diferencia de la nueva cerca de él, deshabitado de muchos tiempos: los antiguos españoles y romanos le llamaron Saxifirmum. Estuvieron de esta manera tanto mas sospechosos á Velez, cuanto procedian mas justificadamente, sin comunicacion ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo de Suazo, corregidor de Málaga y Velez, avisado primero por cartas de D. Juan como los moriscos de aquella sierra estaban para levantarse y ocupar á Velez, movido por la razon de que se podia continuar aquel levantamiento por la hoya y jarquia de Málaga, hasta tierra de Ronda, si con tiempo no se atajase, y con alguna esperanza de pacificar los moros por via de concierto; partió de Málaga con cuatrocientos infantes y cincuenta caballos, llegó á Velez y hizo salir del fuerte la gente del pueblo que habia desamparado lo llano: puso el lugar en defensa: socorrió el castillo de Caniles, lugar del marqués de Comares, que estaba en aprieto, echando los moros de la tierra, los cuales y los de Sedella se fueron á juntar con los de toda la sierra, y á un tiempo descubrieron el levantamiento que tengo dicho. Volvió á Velez Suazo juntando mil y quinientos infantes con la caballería que se hallaba, y entendiendo que se recogian y fortificaban en la sierra, quiso ir á reconocellos y en ocasion combatillos. Hallólos en Frejiliana la vieja fortificados: el general de ellos era Gomel, y tenia consigo otros capitanes; todos se mandaban por la autoridad de Benaguazil. Pero en la subida de la montaña creyendo que bastaria mostralles las armas, trabó la gente desmandada una escaramuza, y siguiéronla dos banderas de infantería sin órden, y sin podellos Arévalo de Suazo retirar; harto ocupado en estorbar que el resto no saliese tras ellos. Mas los moros, que habian hecho rostro á la escaramuza, viendo la gente que cargaba de nuevo y conociendo la desórden, comenzáronse á retirar hasta sus reparos; y saltando fuera golpe de arcabuceros y ballesteros, apretaron nuestra gente cuasi puesta en rota ejecutándola hasta lo llano. Arévalo de Suazo, parte acometiendo, parte retirando y amparando la gente, volvió con ella (algunos muertos y pocos heridos) á Velez, donde estuvo á la guarda del lugar y la tierra; y los moros volvieron á continuar su fuerte. D. Juan visto el caso, y pareciéndole dar dueño á la empresa que la hiciese á menos costa y con mas autoridad, aunque en Arévalo de Suazo no hubiese como no hubo falta, ofreció aquella jornada por mandado del rey á D. Diego de Córdoba marqués de Comares, gran señor en el Andalucía, y fuera de ella de mayores esperanzas, que tenia parte de su estado en aquella montaña pacífico y guardado; pero fue la oferta de manera, que justificadamente pudo excusarse.
En este tiempo se declararon los preparamientos del rey de Argel ser contra el de Túnez Mulei Hamida; y el rey de Fez se quietó. Partió el de Argel con siete mil infantes turcos y andaluces y doce mil caballos, parte de su sueldo y parte alárabes que labraban la tierra: juntáronse á una legua de Beja, ciudad grande, y veinte de Túnez; mas el rey de Túnez fue roto, y salvóse con doscientos caballos hácia la tierra que dicen de los dátiles. Perdió á Beja y Túnez que ahora está en poder de turcos, y á Biserta que comenzaron á fortificar, lugar de comarca provechoso para quien lo ocupare y pudiere mantener; Hippon Diarritos le llamaron los griegos, á diferencia de Bona: púsole el nombre Agatócles, tirano de Sicilia en la gran empresa que tuvo contra los cartagineses. Mas por quitar duda y oscuridad, diré lo que entiendo de estos reinos. El de Fez fue reino de Siphax, que tuvo guerra contra los romanos, de quien tanta memoria hacen sus historias. Despues de varias mudanzas, edificó la ciudad Idriz, del linaje de Alí, que conquistó á Berbería y en memoria tienen su alfanje colgado en el templo principal con gran veneracion. Dióle el nombre del rio que pasa por medio, llamado entonces Fez. Juntó los edificios Juseph Miramarazohir Aben Jacob, del linaje de los de Benimerin, que fue vencido del rey D. Alonso en la batalla de Tarifa; y por la comodidad de guerrear contra el rey de Tremecen la hizo de nuevo cabeza del reino poseido al presente por los hijos de Jarife; hombre que de predicador y tenido por santo y del linaje de Mahoma, vino, juntando las armas con la religion, al señorío de Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos de su secta en África, comenzando de Mahoma hasta los almoravides, los almohades, los beni-merines, los beni-oaticis, y jarifes que hoy son; todos religiosos y armados, y que por este medio vinieron á la alteza del reino. El de Túnez tuvo mayor antigüedad por fundarse en las sobras de la gran Cartago destruida por Scipion Africano, y vuelta á restaurar primero por los cónsules romanos y por Tiberio Graco, despues mudado el sitio á lo llano por César Augusto, y habitada de romanos, poseida de los emperadores, ganada por los vándalos, y recuperada por Belisario, capitan del emperador Justiniano; siempre tenida por la tercia parte del imperio griego hasta el tiempo de los alárabes; que fue por Occuba Ben-Nafic, capitan de Mauhía, sojuzgada, venciendo y matando al conde Gregorio, lugarteniente del emperador Constantino, hijo de Constante, con setenta mil caballeros cristianos en la gran batalla junto á África, que los moros llaman Mehedia (del nombre de un su príncipe dicho Moahedin), y los romanos Adrumentum, ahora lugar destruido por el ejército del emperador D. Cárlos. Las armas con que se halló el conde Gregorio, á quien los alárabes llaman Groguir, dicen que fueron muchas mujeres en torno bien aderezadas y hermosas; él en una litera de hombros con piedras preciosas cubierta de paño de oro, y dos mancebos que con mosqueadores de plumas de pavo le quitaban el polvo. Mauhía ocupó á Cartago por entrega de María, hija del conde Gregorio, con pacto que casase con ella, mas descontento del casamiento la dejó: deshabitó á Cartago; pasó la poblacion donde ahora es Túnez, que entonces era pequeño lugar y siempre del mismo nombre. Quedaron repartidos los romanos en doce aldeas, que hoy son de labradores moros en el cabo que llaman de Cartago, donde fue la ciudad competidora de Roma; el nombre de ella dura en un pequeño pueblo, y ese sin gente: tantas mudanzas hace el mundo, y tan poca seguridad hay en los estados. Gobernóse Túnez en forma de república hasta los tiempos de Miramamolin Juseph, que envió á Abdeluahhed su capitan, natural de Sevilla, que los gobernó y sujetó con ocasion de defendellos contra los alárabes; cuyo hijo quedó por señor y fue el primero rey de Túnez hasta Muztancoz que ennobleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy reina sin perderse la sucesion, segun la verdad de sus historias, cegando ó matando los padres á los hijos, ó los hijos á los padres, como hizo Hamida que cegó á Mulei Hacen su padre, y le quitó el reino, en que el emperador D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, le habia restituido, echando á Barbarroja tirano de él, puesto por mano del gran señor de los turcos.
Menores fueron los principios del señorío de Argel, que hoy está en mayor grandeza: al lugar llaman los moros Algezair por una isla que tenia delante; nosotros le llamamos Argel; antiguamente se pobló de los moradores de Cesarea, que ahora se llama Sarjel. Estuvo siempre en el señorío de los reyes godos de España hasta que vinieron los moros, y en tiempo de ellos fue lugar de poco momento regido por jeques. Mas despues el rey D. Fernando el Católico hizo tributario al señor, y edificó el Peñon. Muerto el rey, el cardenal Fr. Francisco Jimenez, Gobernador de España en los principios del reinado del emperador D. Cárlos, tomó á Bugía (casa real del rey Bocho de Mauritania, dicha por esto de su nombre, segun los alárabes), y quiso crecer el tributo moviendo nuevo concierto con el jeque; ofendidos los moros, reprendido y arrepentido el señor, se retiró. El cardenal, hombre de su condicion armígero, y aun desasosegado, armó contra él haciendo capitanes á Diego de Vera y Juan del Rio: juntóse esta armada á manera de arrendamiento; que todos los que tenian oficios menores, si los querian pasar en sus hijos por una vida, fuesen á servir, ó llevasen ó diesen en su lugar tantos hombres, segun la importancia del oficio. Perdióse la armada por mal tiempo, confusion y poca plática de los que gobernaban, y esta fue la primera pérdida que se hizo sobre Argel. Mas el jeque, temiendo que con mayores fuerzas se renovaria la guerra, trajo por huésped y soldado á Barbarroja, hermano del que fue tirano de Túnez, que entonces era su lugarteniente y secretario; venidos á la grandeza que tuvieron, de capitanes de un bergantin. Habia tentado Barbarroja Horux (que así se llamaba el mayor) la empresa de Bugía; perdido el tiempo, la gente, un brazo, y el armada; recogídose con cuarenta turcos á un pequeño castillo, de donde el jeque otra vez le trajo al sueldo; mas él, juntándose con los principales, mató al jeque llamado Selin Etenri estando comiendo en un baño: hízose señor y llamóse rey. Dende á poco salió para la empresa de Tremecen, y ocupado aquel reino quedó por señor; y su hermano Harradin por gobernador en Argel; mas echado despues de Tremecen por los capitanes del alcaide de los donceles, abuelo de este marqués de Comares, que era entonces general de Oran; y muerto huyendo, quedó el reino de Argel en poder del hermano. Habia D. Hugo de Moncada hecho tributarios los gelves despues de algunos años de la pérdida del conde Pedro Navarro, y muerte de D. García de Toledo, hijo del duque de Alba D. Fadrique, padre del duque D. Fernando que hoy gobierna los estados de Flandes: y tornando con el armada por mandado del emperador sobre Argel, con intento de destruilla y asegurar la marina de España, tentó desdichadamente la venganza de Diego de Vera y Juan del Rio; porque con tormenta perdió mucha parte de la armada, y echando gente en tierra para defender los que se iban á ella con miedo de la mar, perdió tambien lo uno y lo otro. Crecieron las fuerzas de Barbarroja; extendióse por la tierra adentro su poder; deshizo el Peñon que era isla; continuóla con la tierra firme; ocupó los lugares de la mar Sarjel, Guijan, Brica, y el reino de Túnez aunque pequeño. Vino á noticia del señor de los turcos, que pretendia por seguridad y paz de sus hijos ocupar á África y poner en Túnez á Bayaceto que se mató á sí mismo: adelantó á Barbarroja en fuerzas y autoridad por conseguir este fin y poner al emperador en estrecho y necesidad. Dióle mayor armada con que ocupase y afirmase el reino de Túnez, de donde echado por el emperador pasó á Constantinopla: quedó general de la armada del turco, y despues favorecido y honrado hasta que murió; tenido en mas por haberle vencido el emperador; porque los vencedores honrados honran á los vencidos. Quedó el reino de Argel en poder de gobernadores enviados por el turco; mas el emperador, temiendo la poca seguridad que tenia en sus estados con la grandeza de los turcos en Argel, y hallándose en Alemania al tiempo que el gran turco venia sobre ella, mal proveido de dineros para resistille, no quiso obligarse á la empresa. Quedar sin salir á ella en Alemania, era poca reputacion; tomó por expediente la de Argel, donde fue roto de la tormenta: retiróse por tierra á Bugía, perdiendo mucha parte de la armada, pero salvó el ejército y la reputacion, con gloria de sufrido, de diestro y valeroso capitan. De allí crecieron sin resistencia las fuerzas de los señores de Argel; tomaron á Tremecen, á Bugía; y por su órden los cosarios á Jayona, de los moros; á Tripol, de la órden de San Juan: rompieron diversas armadas de galeras sin otra adversidad mas que la pérdida que hicieron de su armada en la batalla que D. Bernardino de Mendoza ganó á Alí Hamete y Cara Mami, sus capitanes, sobre la isla de Arbolan. Por este camino vino el reino de Argel á la grandeza que ahora tiene.
LIBRO III.