Part 1
Notas del Transcriptor
Se han respetado la grafía y la acentuación del original, así como las inconsistencias en éstas.
Se han corregido los errores obvios de imprenta.
Las notas a pie de página se han renumerado y situado al final del párrafo correspondiente mientras que la notas al margen se han situado al principio de éste.
El texto en versalita se ha sustituido por mayúsculas mientras que el texto en cursiva se indica entre _guiones bajos_.
Las páginas en blanco presentes en el original se han eliminado en la versión electrónica.
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[Ilustración: D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.]
GUERRA
DE GRANADA
HECHA POR EL REY D. FELIPE II
CONTRA LOS MORISCOS DE AQUEL REINO, SUS REBELDES.
HISTORIA ESCRITA POR
D. Diego Hurtado de Mendoza.
SEGUIDA DE
LA VIDA DEL LAZARILLO DE TORMES,
SUS FORTUNAS Y ADVERSIDADES.
por el mismo autor.
[Ilustración]
Barcelona.
IMPRENTA DE JUAN OLIVERES, EDITOR,
CALLE DE ESCUDELLERS, N. 53.
1842.
El Editor.
BASTARIA citar la advertencia que precede á la última edicion de esta obra hecha en Valencia, para acreditar que nos sirve de texto en la reimpresion de esta historia un ejemplar de los mas cuidadosamente impresos; pero no lo creemos necesario, cuando se deja entender facilmente que para hacer ventajosa nuestra edicion debíamos valernos de la mejor conocida. Son sin embargo demasiado buenas para omitidas las líneas siguientes.
«Preferí por lo mismo la última edicion de 1776 como el texto mas seguro y completo, si bien noté que no se habia guardado la exactitud debida al copiar los pasajes publicados por Iriarte; pues he tenido que verificar diez correcciones, algunas harto importantes, para restituirlos á su verdadera y genuina lectura. Tambien he observado en ella _modernizadas_ algunas voces de la edicion primitiva, la cual ha llegado á mis manos, cuando esta andaba ya muy adelantada y no podia dejar de seguirse el plan adoptado desde el principio. Aprovecho esta ocasion para manifestar francamente, que en un texto de nuestra lengua, tan respetable por su antigüedad como por su diccion castiza, me sonarian mejor _agora_, _antigo_, _auctoridad_, _baptizado_, _captivar_, _captivo_, _delictos_, _dubdoso_, _ducientos_, _escriptores_, _Filipe_, _fructo_, _impeto_, _mesmo_, _perjudicial_, _proprio_, _succeso_, _tiniendo_ y _via_, porque de este modo los pronunciaban Mendoza y muchos de sus contemporáneos. Con todo no ha sido inútil aquella adquisicion para rectificar algunos lugares de los dos libros últimos.»
«He colocado al fin los párrafos del conde de Portalegre con que se completaba en las cuatro primeras ediciones el libro III, á fin de que ni este trozo, que ahora ya no es necesario, se eche de menos en la presente. He resucitado además el prólogo de Luis Tribaldos, suprimido en la última, tanto por no privarle de la gloria de ser el primero que publicó la _Historia de la guerra de Granada_, como por explicarse allí los motivos de la tardanza en darla á luz y la escrupulosidad con que se siguió un manuscrito digno de toda fe. De los sumarios marginales, que no son parto de D. Diego de Mendoza ni aun de Tribaldos, solo he dejado, como notas al pie de las respectivas páginas, los pocos que sirven realmente para aclarar ó ilustrar la historia.»
«Hubiera sido de desear que el primer editor y los que le siguieron hubiesen tenido el cuidado de despejar algo, por medio de una buena puntuacion, la oscuridad á que da márgen frecuentemente el estilo cortado y conciso de nuestro historiador. «Ningun escritor» (observa con razon Capmany en el tomo III del _Teatro histórico-crítico de la elocuencia española_) «necesitaba de mayor exactitud en la puntuacion ortográfica, y cabalmente ninguno la ha merecido mas desatinada y monstruosa de sus editores, acabando por la impresion de Valencia de 1776, á pesar del esmero que allí se promete y no se cumple. Admira como se han hallado lectores que se confiesen enamorados de las ideas y estilo de este historiador; siendo imposible que leyendo las cláusulas desatadas ó confundidas por la perversa ortografía, comprendan claramente el sentido del escrito ni la mente del escritor.» Puedo decir con ingenuidad que he aspirado á reparar este daño; mas lejos de lisonjearme de haberlo conseguido cual quisiera, creo imposible lograrlo en muchos pasajes, á no alterar el texto. No debe olvidarse que la primera edicion se hizo á vista de una copia, y no del original, y que ó bien la muerte subrecogió á Hurtado de Mendoza cuando acaba de formar el bosquejo de su historia; ó pensando dejarla inédita, quedó sin aquella última mano, reservada á la lectura de las primeras y segundas pruebas de la impresion, y aun falta de la lima que suele dar el autor á sus escritos despues de concluidos. Como quiera, no nos es permitido tocar ahora en lo mas mínimo la produccion, ó el borrador, ó sean los primeros apuntes de aquel grande hombre. Descúbrense en ellos, á pesar de ciertos lunares, todas las dotes de un historiador sesudo é imparcial, el puro y enérgico lenguaje de nuestros mayores, y los golpes maestros que en tres ó cuatro palabras describen un hecho importante, ó caracterizan con igual precision los personajes de su historia. Al artista que contempla con asombro las formas, el sobresalto y el expresivo dolor de las varias figuras que componen el admirable grupo del Laocoonte, jamás le ocurre pararse en la cortedad de la pierna de uno de los muchachos; imperfeccion que siendo debida á falta del mármol, en nada rebaja el mérito del escultor griego. Así los que leen con ojos inteligentes esta historia, hallan sobradas bellezas que les arrebaten el ánimo, para hacer alto en lijeros descuidos, que solo procuran abultar los que nunca serán capaces de escribir el trozo mas débil de tan sublime modelo.»
Publicamos á continuacion de la _Guerra de Granada_ la _Vida del Lazarillo de Tormes_ que es sin disputa trabajo de nuestro autor, pues por tal le reconocen y han reconocido todos los literatos, si se exceptúa á Fr. José de Sigüenza, que como verá quien la vida de Mendoza leyere, lo atribuyó á un religioso gerónimo. Pero es de advertir que los frailes hacian como algunos maniáticos anticuarios, que para honrar el país en donde están ó en que nacieron se remontan á los siglos fabulosos, y á trueque de dar mayor antigüedad á una ciudad ó suponerla tal ó tal otro fundador, desmienten, niegan, critican y zahieren á diestro y á siniestro para ganar una honrilla ilusoria. Fraile ha habido que para dar prez á su órden habria hecho cristiano á Virgilio, y puéstole un sayal por añadidura para hacer la Eneida obra de un fraile. Dejemos pues aparte el voto de Sigüenza y no le quitemos á Mendoza el honor de haber dado á luz el _Lazarillo_. Obra amena y de agradable entretenimiento pertenece á otro género muy diferente y á otro estilo que la _Guerra de Granada_, y esta seria ya una razon para que la diésemos en el _Tesoro_, cuando no fuese la produccion segunda del autor en mérito y valor literario.
LUIS TRIBALDOS DE TOLEDO
AL LECTOR.
SIENDO don Diego de Mendoza de los sugetos de España mas conocidos en toda Europa, fuera cosa superflua ponerme á describirle; principalmente habiéndolo hecho en pocos pero elegantes renglones el señor don Baltasar de Zuñiga. Tampoco me detendré en alabar esta historia, ni en probar que es absolutamente la mejor que se escribió en nuestra lengua; porque ningun docto lo niega, y pudieráseme preguntar lo que Archidamo, lacedemonio, á quien le leia un elogio de Hércules: _¿Et quis vituperat?_ Solamente diré, qué causas hubo para no publicarse antes; las que me movieron á hacerlo agora; qué ejemplar seguí en esta edicion, y qué márgenes.
Cuanto á lo primero, es muy sabido y muy antiguo en el mundo el odio á la verdad, y muy ordinario padecer trabajos y contradiciones los que la dicen, y aun mas los que la escriben. Del conocimiento de este principio nace, que todos los historiadores cuerdos y prudentes emprenden lo sucedido antes de sus tiempos, ó guardan la publicacion de los hechos presentes para siglo en que ya no vivan los de quien ha de tratar su narracion. Por esto nuestro don Diego determinó no publicar en su vida esta historia, y solo quiso, con la libertad que no solo en él, mas en toda aquella ilustrísima casa de Mondejar es natural dejar á los venideros entera noticia de lo que realmente se obró en la guerra de Granada; y pudo bien alcanzarla, por su agudeza y buen juicio; por tio del general que la comenzó, adonde todo venia á parar; por hallarse en el mismo reino, y aun presente á mucho de lo que escribe: afectó la verdad, y consiguióla, como conocerá facilmente quien cotejare este libro con cuantos en la materia han salido. Porque en ninguno leemos nuestras culpas ó yerros tan sin rebozo; la virtud, ó razon tan bien pintada; los sucesos todos tan verisímiles: marcas por las cuales se gobiernan los lectores en el crédito de lo que no vieron. La determinacion de don Diego me prueban unas gravísimas palabras, escritas de su letra, al principio de un traslado de esta historia que presentó á un amigo suyo, en que juntamente pronostica lo que hoy vemos. «Veniet, qui conditam, et sæculi sui malignitate compressam veritatem, dies publicet. Paucis natus est, qui populum ætatis suæ cogitat. Multa annorum millia, multa populorum supervenient: ad illa respice. Etiamsi omnibus tecum viventibus silentium livor indixerit, venient, qui sine offensa, qui sine gratia judicent.» Senec. Epistol. 79. Dije que no quiso sacarla: añado, que ni pudo, porque no la dejó acabada, y le falta aun la última mano; lo que luego se echa de ver en repetir cosas, que bastaban una vez dichas: como la significacion de atajar y atajadores, los daños de la milicia concejil, y otras de este jaez; y aun mas de algunas notables omisiones que hacen bulto, y muestran falta, cual la de la toma de Galera, y muerte de Luis Quijada, advertida y elegantemente suplida por el gran conde de Portalegre; y otra no menor, cuando siendo encomendado lo de la sierra de Ronda á los dos duques de Medina Sidonia y de Arcos, cuenta muy extensamente el progreso de este; pero en el otro hace tan alto silencio, que ni aun nos declara las causas de no venir á la empresa; siendo así que para ello debió un tan gran señor tenerlas, y aun muchas, y muy justificadas. Otras faltas apuntara, mas basten estas dos para ejemplo. Muerto don Diego, viviendo aun personas que él nombraba, duraba el impedimento, que en vida: demás de que los eruditos, á quien semejantes cuidados tocan, quieren mas ganar fama con escritos propios, que aprovechar á la república con dar á luz los ajenos.
Cuanto á lo segundo, hoy que son ya pasados cerca de sesenta años, y no hay vivo ninguno de los que aquí se nombran, cesa ya el peligro de la escritura, no doliendo á nadie verse allí mas ó menos lucido; y aunque hay de ellos ilustrísimos descendientes, ó parientes, por haber militado en esta guerra una muy gran parte de la nobleza de España, seria demasiado melindre, y aun desconfianza, celar alguna faltilla del difunto, que les toca, cuando ninguna de las que se notan es mortal, ni de las que disminuyen la honra ó la fama; porque estas no las hubo, ni se cometieron, ni don Diego, siendo quien era, se habia de olvidar tanto de sus obligaciones, que las perpetuase, aun cuando se hubieran cometido. Porque la historia escríbese para provecho y utilidad de los venideros, enseñándolos, y honrándolos, no corriéndolos, ó afrentándolos, aun cuando para escarmiento quiera tal vez ensangrentarse la pluma. Tampoco me acordaba el quedar imperfecta; pues si este Júpiter olímpico, estando sentado, toca con la cabeza el techo del templo, ¿adónde llegara con ella, si se le levantara en pie? ¿adónde, si le colocaran y subieran en una basis?
En esta edicion lo que principalmente procuré, fue puntualidad, sin dar lugar á ninguna conjetura, ni enmendar alguno por juicio propio: cotejé varios manuscritos, hallándolos entre sí muy diferentes, hasta que me abracé con el último, y sin duda alguna el mas original, que es uno del duque de Aveiro, en forma de cuarto, trasladado de mano del comendador Juan Bautista Labaña, y corregido de la del conde de Portalegre, con el cual conocí cuan en balde habia cansádome con otros. Este texto es el que sigo, sin alterarle en nada, y es el genuino, y propio, de quien en su introduccion habla aquel gran conde. Deseaba yo ornar las márgenes con lugares de autores clásicos, bien imitados por el nuestro, y no me fuera muy difícil juntarlos, mas guardándolo para la postre, me sobrevino esta enfermedad tan larga y pesada que me imposibilitó: y porque se me da mucha priesa, los guardo para segunda edicion, si acaso hubiere, que espero serán muy gratos á los doctos. Dábame pesadumbre que fuese esta gran obra tan desnuda, que ni unos sumarios llevase, hasta que se me acordó de los que leí en un manuscrito de esta historia, que ha tres años me prestó aquí un caballero, que agora está en Lisboa; adonde al amigo que atiende á la edicion, encargué buscarlos, y ponerlos; y segun veo en los veinte pliegos que ya están impresos, cuando esto escribo, podrán servir en el interin; y esto es cuanto se me ofrece decir al lector.
NOTICIAS
DE LA VIDA
DE D. DIEGO HURTADO DE MENDOZA.
SIENDO las vidas de los varones ilustres eficacísimos ejemplares, que persuaden prácticamente á la imitacion de sus acciones, determiné escribir la de D. Diego Hurtado de Mendoza, excelente escritor y discretísimo político; para que al mismo tiempo que de su historia de Granada, se tenga noticia de sus estudios, aplicacion y manejo en los negocios públicos, que fueron los que le proporcionaron para escribir con tanto acierto.
Nació en la ciudad de Granada á fines del año 1503, ó principios del siguiente: su padre, uno de los mas célebres generales que sirvieron á los Reyes Católicos en la conquista de aquel reino, fue D. Iñigo Lopez de Mendoza, segundo conde de Tendilla, y primer marqués de Mondejar, hijo del conde de Tendilla, que fue hermano entero del duque del Infantado, D. Diego Hurtado de Mendoza, y ambos hijos del célebre D. Iñigo de Mendoza primer marqués de Santillana; su madre D.ª Francisca Pacheco segunda mujer del marqués, é hija de D. Juan Pacheco marqués de Villena, y primer duque de Escalona[1]. Fue el quinto entre sus hermanos, que todos han merecido loable recomendacion en nuestra historia: D. Luis el primogénito, capitan general del reino de Granada, y despues presidente del Consejo: D. Antonio virey en ambas Américas: D. Francisco obispo de Jaen; y D. Bernardino de Mendoza, general de las galeras de España: consta tambien que tuvo dos hermanas, Doña Isabel, que casó con D. Juan Padilla, y Doña Maria, mujer de D. Antonio Hurtado, conde de Monteagudo[2].
[1] _D. Luis de Salazar y Castro_, Hist. gener. de la Casa de Lara.
[2] _Nicol. Ant._ Bibl. Hisp. _verb._ Didac. Hurtado de Mendoza.
No hay pruebas para persuadir naciese en Toledo, como quiso D. Tomás Tamayo de Vargas, y consta que sus padres permanecieron en Granada todos aquellos años, por ser necesaria su presencia en ciudad recien conquistada, inquieta y sospechosa, y que con motivo del excesivo celo del cardenal Jimenez por la conversion de los mahometanos, se levantó al fin en el mes de diciembre de 1499, y duraron los movimientos de aquel reino casi dos años[3].
[3] _Marmol_, Hist. de la Rebelion, _lib._ I, _cap._ XVI.
No es creible que por huir de aquel peligro, se retirase á Toledo la marquesa, heroina de ánimo tan varonil, que en la fuerza del alboroto del Albaicin, luego que el marqués llegó á sosegar los sediciosos, se quedó con sus hijos pequeños, en una casa junto á la mezquita mayor, á manera de rehenes[4].
[4] _Marmol_, ibid.
Logró D. Diego particular instruccion en su niñez, y verosimilmente la mayor parte de ella de Pedro Mártir de Angleria; pues habiendo este instruido á todos los magnates de aquel tiempo, viviendo en Granada, y estando tan obligado á los Mendozas, que el primer conde de Tendilla le trajo á España, y mantuvo estrecha comunicacion con el padre de D. Diego[5], franquearia á este la instruccion que con menor obligacion habia comunicado á los demás. Aprendió allí gramática, y algunas nociones de la lengua arábiga, que cultivó toda su vida. Pasó despues á Salamanca, donde estudió las lenguas latina y griega, filosofía y derecho civil y canónico. En aquel tiempo fue cuando parece escribió por entretenimiento, y como descanso de mas graves estudios, _La vida del Lazarillo de Tormes_, obra ingeniosa, de buen lenguaje, y singular invencion: Fr. Josef de Sigüenza afirma que el autor del _Lazarillo_ fue Fr. Juan de Ortega, religioso gerónimo, pero generalmente se cree que fue D. Diego de Mendoza.
[5] _Petr. Mart. Angler._ Ep. 521 _et_ 630.
Inclinado por su genio á engolfarse en acciones de mayor estrépito y renombre, pasó á Italia, y militó muchos años. No constan en particular las guerras, ni batallas en que se halló, pero hablando él mismo del mal aparejo y desórdenes que veía en la guerra de Granada, los compara con los _numerosos ejércitos en que yo me hallé_, dice, _guiados por el emperador D. Cárlos, y otros por el rey Francisco de Francia_; de donde se puede conjeturar se halló en el ejército que sitió á Marsella en 1524, y en la batalla de Pavía, en que afirma Sandoval se distinguió la compañía de D. Diego de Mendoza, que es favorable conjetura para creer fuese nuestro autor; si bien eran algunos los que en aquel tiempo se conocian con el mismo nombre y apellido, que no se puede afirmar por cosa cierta.
Igualmente es verosímil que concurrió á la guerra que se hizo contra Lautrec sobre el ducado de Milan, y á la batalla de la Bicoca en 1522, así como á la entrada de Cárlos V en Francia el año 1536. Lo cierto es, que aun siguiendo la inquietud y estruendo de las armas, manifestaba su ardiente inclinacion á la literatura, y en el tiempo del invierno en que aquellas regularmente permitian mas descanso y ociosidad, dejaba los cuarteles y pasaba á las mas célebres universidades, como Bolonia, Padua, Roma y otras, para aprender de los maestros de mayor mérito, matemáticas, filosofía y otras ciencias[6]. Oyó entre otros á Agustin Nifo y á Juan Montesdoca, famoso filósofo sevillano, muy aplaudido y premiado en las universidades de Italia, y que murió en 1532[7].
[6] _Morales_, _en la_ Dedicat. de las Antigüedades.
[7] _Nicol. Ant._, Bibliot.
Sus talentos, aplicacion y distinguida estirpe le hicieron tan recomendable á Cárlos V, que formando concepto muy sublime de las prendas de D. Diego, le apreció mucho en tiempo de su imperio, y le confió los negocios y embajadas mas críticas de su reinado. En 1538 se hallaba ya de embajador en Venecia. El año antes habia hecho la liga santa contra el turco, el papa, el emperador, y los venecianos; y no correspondiendo las ventajas á los deseos de la señoría, desconfiaba ya, y temia mayores pérdidas: y como las instrucciones del embajador tenian por objeto mantenerla firme contra el turco, y que no se aliase con la Francia; luego que advirtió D. Diego las zozobras de los senadores, y que habian destinado á Constantinopla á Lorenzo Gritti para tratar de paces, hizo presente en una audiencia secreta con elocuente vehemencia, aunque con igual modestia, sabia que la república intentaba ajustar paces sin incluir á su soberano, que estaba dispuesto á continuar la guerra, y aun asistir en la armada[8]. Pintó la incierta fe de los bárbaros diferentes en costumbres, religion, en leyes, y enemiguísimos de los cristianos, el sincero objeto de los aliados, por defender la iglesia, y oprimir á sus enemigos; que si en la pasada campaña no se habian logrado las esperanzas que esperaron se podian resarcir los daños en la primera ocasion, humillar al enemigo comun, y recobrar muchas de sus conquistas. Que si hacian las paces, y el emperador quedase en guerra, no disminuirian gastos, pues debian mantenerse armados, y perdian la esperanza de la mejora que podian tener, perseverando en la alianza. Concluyó que confiaba en la prudencia del senado, no querria buscar pretexto para abandonar la liga, ni preferir á esta las paces siempre peligrosas con el turco. Fue la respuesta, que habiendo sido infructuosa la liga años anteriores, y habiendo propuesto el rey de Francia una tregua general á todos los príncipes cristianos en Constantinopla, seria muy útil su aceptacion, para que el César se dispusiese á las expediciones que meditaba en Levante. Alcanzó en efecto Gritti con gran trabajo treguas por tres meses, sin quedar esperanza de la tregua universal, cuyo nombre aborrecian los turcos por el odio que tenian á Cárlos V. Ajustaron paces despues, y para ellas influyó mucho Francisco I, rey de Francia, que por contrarestar á Cárlos V estaba coligado con el turco, y entre otros le envió dos embajadores, César Fragoso, genovés, y Antonio Rincon, español, que muertos en el Pó por soldados españoles, y registrados, les encontraron las instrucciones, y entre ellas muchas concernientes á Venecia, y contrarias á sus intereses[9]. Dirigiólas el marqués del Basto á D. Diego, y este las hizo presentes al senado, para que comprendiese las potencias en que debia fiarse, y cuan gran yerro habia cometido en abandonar la liga del emperador, procurando mantener y afianzar la amistad del rey de Francia, que como constaba en aquellas instrucciones, no cuidaba de los intereses de la república.
[8] _Diedo_, Storia di Venecia, _tom._ II, _lib._ II.
[9] _Ulloa_, Vita di Carlo V, _lib._ III.
Además de desempeñar la embajada con esplendor, perseveró con teson en el estudio, y sobre todo puso particular esmero en juntar manuscritos griegos, en hacerlos copiar á gran costa, buscarlos y traerlos de los mas remotos senos de la Grecia; de suerte que envió hasta la Tesalia y monte Athos á Nicolás Sofiano, natural de Corcira, á investigar y copiar cuanto hallase recomendable de la erudicion griega. Valióse tambien de Arnoldo Ardenio, doctísimo griego, para que le trasladase con extraordinarios gastos muchos códices manuscritos de varias bibliotecas, y particularmente de la que fue del cardenal Besarion.