Filosofía Fundamental, Tomo II
Part 4
[48.] Probado ya que el testimonio de los sentidos es suficiente para asegurarnos de la existencia de los cuerpos, veamos hasta qué punto son exactas las ideas que de los mismos nos hace formar. No basta saber que podemos estar seguros de la existencia de la extension, es preciso investigar si ella es en realidad tal cual nos la presentan los sentidos; y lo que digo de la extension puede aplicarse á las demás propiedades de los cuerpos.
En mi concepto, la única sensacion que nosotros trasladamos al exterior, y que no podemos menos de trasladar, es la de extension; todas las otras se refieren á los objetos, solo como efectos á causas, nó como copias á originales. El olor, el sabor, el sonido, no nos representan nada que sea parecido á los objetos que los causan; pero la extension sí: la extension la atribuimos á los objetos, y no podemos concebirlos sin ella. El sonido fuera de mí, no es sonido; no es mas que una simple vibracion del aire, producida por la vibracion de un cuerpo; el sabor fuera de mí, no es sabor; no es mas que un cuerpo aplicado á un órgano, y que le causa una modificacion, mecánica ó química; y lo propio se verifica con el olor. Aun en la luz y los colores, fuera de mí, no hay mas que un flúido que cae sobre una superficie, y que directa ó reflexamente, llega ó puede llegar á los ojos; pero la extension fuera de mí, independientemente de toda relacion con los sentidos, es verdadera extension, es algo cuya existencia y naturaleza no necesitan de mis sentidos. Cuando yo la siento, ó cuando me la imagino, hay entre mis impresiones y ella, algo mas que la relacion de un efecto á una causa: hay la representacion, la imágen interior, de lo que existe en lo exterior.
[49.] Para que se comprenda perfectamente y se sienta con viveza la verdad de lo que acabo de asentar, voy á ofrecer al lector un cuadro del cual se vayan eliminando sucesivamente determinadas sensaciones, haciéndole notar el grado de eliminacion á que se puede llegar y del cual no se pasa.
Supongamos que todos los animales pierden de una vez el sentido del paladar, ó que todos los cuerpos de la naturaleza son destituidos de la propiedad de causar por su contacto con un órgano, la sensacion que llamamos sabor. A pesar de esto el mundo externo existe como antes. Los mismos cuerpos que nos causaban las sensaciones ahora perdidas, continuarán existiendo y podrán ser aplicados al mismo órgano que antes afectaban, causando en aquella parte las sensaciones del tacto, como de blando ó duro, frio ó caliente, ú otras semejantes. O los cuerpos sabrosos ó los órganos animales habrán sufrido alguna mudanza, con la que se ha cortado la relacion que antes tenian: se nota que una causa que antes producia un efecto, es ahora impotente para producirle. Esto puede haber acontecido por una modificacion de los cuerpos, que en nada altera su naturaleza, en cuanto nosotros la concebimos; y tambien es posible que sin haberse mudado ellos, haya sobrevenido esta diferencia con sola la alteracion de los órganos. Pero en todo caso, la desaparicion de la sensacion, no ha hecho desaparecer del universo nada semejante á ella; si la alteracion se ha verificado solo en los órganos, los cuerpos exteriores quedan intactos: y si ha tenido lugar en los cuerpos, esta alteracion les ha hecho perder una propiedad _causante_ de la sensacion, mas nó una propiedad _representada_ por la sensacion.
Ya hemos privado á los alimentos de todos sus sabores: el universo existe como antes: privémosle de sus olores, alterando los cuerpos odoríferos, ó el órgano del olfato. ¿Qué resultará? lo mismo que hemos notado con respecto al sabor. Los cuerpos odoríferos continuarán existiendo, y hasta enviando á nuestro órgano los efluvios que antes producian la sensacion del olor; no habrá mas novedad que la no existencia de esta sensacion: faltará en nuestros órganos la disposicion para recibir la impresion necesaria, ó habrá desaparecido del universo una causalidad: mas nó una cosa representada por la sensacion. Los jardines no serán despojados de su belleza simétrica, los prados de su lozanía y verdor: el árbol ostentará su frondosa copa, y el hermoso fruto continuará pendiente de las ramas mecidas por el viento.
Prosigamos en nuestra tarea destructora, ensordeciendo de repente á todos los animales. Los músicos de los conciertos se convertirán en actores de una silenciosa pantomima; el campanero tirando de la cuerda, hará dar vueltas al metal mudo; las conversaciones se reducirán á gestos orales; los gritos de los brutos, no serán mas que abrir y cerrar bocas; pero el aire vibrará como antes; sus colunas vendrán á herir el tímpano como antes; todo existirá como antes: nada faltará en el universo sino una sensacion. El rayo brillará en los aires, los rios proseguirán en su magestuosa carrera, los torrentes se precipitarán con la misma rapidez, la soberbia cascada saltará del altísimo risco, desplegando sus variados lienzos, y sus espumantes oleadas.
Vamos por fin á cometer la mayor de las crueldades: ceguemos en un momento á todos los vivientes que hay sobre la tierra, y aun á todos los que pueda haber en los astros. El sol continúa esparciendo sus inmensas madejas; ese flúido que llamamos luz, refleja en las superficies, se refringe segun los cuerpos que atraviesa, y llega á las retinas de los ojos antes videntes, ahora convertidas en insensibles membranas, colocadas tras un cristal; pero todo eso que se llama color y sensacion de luz, todo ha desaparecido. Sin embargo el universo existe todavía: y los cuerpos celestes prosiguen recorriendo como antes sus órbitas inmensas.
Como la sensacion de la luz y de los colores, nos es mas difícil abstraerla de los objetos; ó en otros términos, como tenemos cierta propension á imaginar que efectivamente existen fuera de nosotros las impresiones que no están mas que en nosotros, considerando la sensacion como una representacion de lo exterior, es algo mas costoso el concebir que cegados todos los vivientes, no queda nada de lo que nos representan estas sensaciones, y sí únicamente un flúido que refleja en ciertas superficies, ó que atraviesa por los demás cuerpos, ni mas ni menos que otro flúido invisible. Por lo cual, en obsequio de los que tengan dificultad en dejar de realizar en lo exterior lo que solo existe en su interior, haré la suposicion de otra manera; pues que esto me bastará para demostrar, como se puede eliminar de los objetos todo lo relativo á las varias sensaciones, excepto lo tocante á la extension.
Así, no cegaremos á los animales; no tendremos la crueldad de Ulises en la caverna de Polifemo; pero desahogaremos el instinto destructor trastornando el mundo. Poco nos importa que los hombres y los animales no se queden ciegos, si logramos que no vean.
Dejaremos pues intactos los órganos, pero en cambio despojaremos al universo de su luz. Apagaremos como febles antorchas el sol, las estrellas, los astros todos; extinguiremos los mas leves destellos que brillen sobre la tierra: las bujías que alumbran la mansion del hombre, los fuegos que resplandecen junto á la cabaña del pastor, las pálidas llamas que revolotean en la broza del cementerio, hasta las chispas que arroja el pedernal. Todo quedará en la oscuridad mas profunda; imaginaremos reproducidas aquellas tinieblas que yacian sobre la faz del abismo antes que la palabra criadora dijese: «hágase la luz.»
Pero conviene advertir que al dejar el mundo en tan horrible oscuridad, no hemos alterado ninguna de sus otras leyes; existen como antes, las gigantescas moles recorriendo con asombrosa rapidez y admirable precision sus órbitas inmensas. De donde se infiere que haciendo abstraccion del olor, del sabor, del sonido, de los colores, de la luz, el mundo existe todavía, sin que nos cueste ningun trabajo concebirle de esta manera. Aun mas, hasta de la sensacion del tacto podemos prescindir, pues será fácil suponer que no percibimos ninguna impresion por este sentido; las de color ó frio, blandura ó dureza, cuyas causas quedarian en los cuerpos, podemos sustituirlas unas con otras y aun hacerlas desaparecer, sin que por eso creyésemos que el universo dejaba de existir.
[50.] Despues de hechas todas estas abstracciones, ensayemos otra, y veamos lo que sucede. Hagamos desaparecer la extension. A esta prueba el universo no resiste: las moles de los astros desaparecen; la tierra se anonada bajo nuestras plantas; las distancias dejan de existir; el movimiento es un absurdo; nuestro propio cuerpo se desvanece; el universo entero se hunde en la nada, ó si continúa siendo algo, es cosa del todo diferente de lo que ahora nos figuramos.
Es indudable: si prescindimos de la extension, si esta sensacion, ó idea, ó sea lo que fuere, que sobre ella tenemos, no la realizamos en lo exterior, si no la consideramos como una representacion de lo que existe fuera de nosotros, todo se trastorna; no sabemos qué pensar ni de nuestras sensaciones, ni de sus relaciones con los objetos que las causan: todo da vueltas en derredor, nos falta una de las bases de nuestros conocimientos, tendemos en vano los brazos para asirnos de algun punto fijo, y preguntamos con desconsuelo, si todo lo que sentimos no es mas que una pura ilusion, si serán una verdad las extravagancias de Berkeley.
[51.] Aun con respecto á la extension es digno de observarse, que si bien la objetivamos trasladándola á lo exterior, no es de todo punto exacto que esté representada por la sensacion. Mejor se diria que es un receptáculo de ciertas sensaciones, que no un objeto de ellas; una condicion necesaria para las funciones de algunos sentidos, que no una cosa sentida. La extension abstraida de las sensaciones de la vista y del tacto, se reduce á lo que hemos dicho mas arriba, la multiplicidad y la continuidad; el conocimiento de esto, nos viene de los sentidos, pero es diferente de lo que nos representan los sentidos. Cuando á las impresiones que he recibido de la vista les quito el color y la luz me queda ciertamente la idea de una cosa extensa, mas nó de una cosa visible, ni de un objeto representado por la sensacion. De la propia suerte si despojo las impresiones que me han venido por el tacto, de las calidades que afectan este sentido, no se aniquila el objeto que las causaba, pero no está representado por las impresiones que él me transmite.
[52.] Estas observaciones manifiestan que no trasladamos á lo exterior nuestras sensaciones, que estas son un medio por el cual se informa, nuestra alma, mas nó imágenes en que ella contemple los objetos. Todas ellas le indican una causa exterior; pero algunas, como las de la vista y del tacto, le manifiestan de un modo particular la multiplicidad y la continuidad, ó sea la extension.
De esto se infiere tambien, que el mundo exterior no es una pura ilusion, que existe en realidad con sus moles inmensas, sus variados movimientos, su geometría infinita; pero que gran parte de su belleza y encantos se hallan mas bien en nosotros que en él. La mano todopoderosa é infinitamente sabia que le ha criado, ha ostentado su sabiduría y su poder de una manera particular en los seres sensibles, y sobre todo en los inteligentes. ¿Qué seria el universo si no hubiera quien sintiese y entendiese? En esa íntima relacion, en la incesante comunicacion de los objetos con los seres sensibles, están la hermosura, la armonía, los arcanos de la naturaleza. El mas precioso cuadro, si no hubiese quien le mirara y percibiese su belleza, seria un conjunto de lineamentos, un geroglífico de caractéres indescifrados: pero desde el momento que está á la vista de un ser que siente y conoce, el cuadro se anima, es lo que debe ser; y en esta misteriosa comunicacion, el objeto gana en bellezas todo lo que comunica de hechizo.
Suponed que un conjunto de instrumentos dispuestos con el conveniente mecanismo ejecutan con admirable precision las mejores concepciones de Bellini ó de Mozart; ¿á qué se reduce todo falta un ser sensible? á vibraciones del aire combinadas con cierta ley; á puros movimientos de un flúido sometidos á una precision geométrica. Introducid á un hombre: entonces la geometría se convierte en armonía celestial, entonces hay música, hay encantos.
La simetría de las tablas de un jardin, la lozanía de sus arbustos, el color y esmalte de sus flores, la fragancia de sus aromas, ¿qué son sin un ser sensible? figuras geométricas, superficies dispuestas con arreglo á ciertas leyes, volúmenes de tal ó cual clase, columnas de flúidos que salen de ellos, y se desparraman por el espacio; pero introducid al hombre, entonces las figuras geométricas se revisten de mil gracias, las flores se cubren de galanos colores, las columnas de flúido se convierten en exquisitos aromas.
CAPÍTULO X.
VALOR DEL TACTO PARA OBJETIVAR LAS SENSACIONES.
[53]. Se ha dicho que el tacto es el testigo mas seguro y quizás el único, de la existencia de los cuerpos; pues sin él todas las sensaciones no pasarian de simples modificaciones de nuestro ser, y no podríamos atribuirles ningun objeto exterior. Yo no creo que esto sea verdad. Por el tacto recibimos una impresion lo mismo que por los demás sentidos; en todos los casos esta impresion es una afeccion de nuestro ser, y nó una cosa externa; y cuando por la continuacion de estas impresiones, por su órden y por su independencia de nuestra voluntad, juzgamos que proceden de objetos que están fuera de nosotros, este juicio se verifica no solo con respecto á las impresiones del tacto, sino tambien de los demás sentidos.
[54.] Una de las razones en que se ha pretendido fundar la superioridad del tacto para atestiguar la existencia de los cuerpos, es que él nos da la idea ó la sensacion de la extension; porque si suponemos que un hombre está privado de todos los sentidos excepto el tacto, y recorre con su mano la superficie de su cuerpo, experimenta la continuidad de la sensacion, en la cual va envuelta la de extension. Esta observacion de los partidarios de la supremacía del tacto, no convence de lo que se proponen. Porque al recorrer con la vista varios objetos, ó las diferentes partes de uno mismo, experimentamos la sensacion de continuidad tan claramente como con el tacto. No se puede concebir por qué la sensacion de la extension ha de ser mas clara cuando se pasa la mano á lo largo de una barandilla, que cuando se la mira con los ojos.
[55.] Los sostenedores de dicha opinion alegan que por el tacto de nuestro cuerpo adquirimos una sensacion doble, lo que no se verifica con los demás sentidos: pasando la mano por la frente, sentimos con la frente y con la mano; verificándose una continuidad de sensaciones, que todas tienen su orígen y término en nosotros mismos. Así tenemos la conciencia de que nos pertenecen tanto la sensacion de la mano como la de la frente.
Pero esta razon que algunos han creido concluyente, es sin embargo sumamente fútil: adolece del sofisma que los dialécticos llaman _peticion de principio_, pues supone lo mismo que se trata de probar. En efecto: el hombre destituido de todos los sentidos excepto el del tacto, experimentará las dos sensaciones y su continuidad; pero ¿de esto qué podrá inferir? ¿Sabe por ventura que tenga mano ni frente? suponemos que nó; la dificultad está pues en explicar cómo adquiere dicho conocimiento. Ambas sensaciones le pertenecen, de esto tiene una conciencia íntima, pero ignora de dónde dimanan. La coincidencia de las dos sensaciones ¿le prueba por ventura algo en favor de la existencia de la frente y de la mano, objetos de que suponemos que no tiene ninguna idea?
Si esta coincidencia probase lo que se quiere, con mas razon probaria que la combinacion de unos sentidos con otros, nos lleva al conocimiento de la existencia de los cuerpos, y por consiguiente que dicho conocimiento no se engendra exclusivamente por el tacto. Yo experimento que siempre que tengo la sensacion de un movimiento que es ponerme la mano delante de los ojos, pierdo la vista de los objetos, y se me presenta otro que es siempre el mismo: la mano; si de esta coincidencia infiero la existencia de los objetos externos, queda destruida la supremacía del tacto, pues que para la formacion de semejante juicio influye la vista. Observo tambien que al tener la sensacion que resulta de dar una mano con otra, experimento la sensacion de oir el ruido de la palmada: luego si la coincidencia vale, influirá el oido como el tacto. Lo que digo de la palmada, puede aplicarse á lo que experimento recorriendo con la mano una parte del cuerpo, por ejemplo toda la longitud del brazo, de suerte que el roce produzca ruido. En este caso, hay las dos sensaciones, coincidentes y continuas.
Se replicará tal vez que estos ejemplos se refieren á diferentes sentidos, y que producen sensaciones de diversa especie: pero esto no altera nada: porque, si el ser que siente infiere la existencia de los objetos de la coincidencia de las varias sensaciones, queda destruida la supremacía del tacto que es lo que nos proponíamos demostrar.
[56.] La sensacion de la mano no es la misma que la de la frente, porque aquella estará mas ó menos fria, mas ó menos caliente, mas ó menos fina, mas ó menos blanda, y así no será la misma sensacion la causada en la mano por la frente, que la producida en la frente por la mano. Siendo de notar que cuanto menor supongamos la diferencia entre las dos sensaciones, menos viva será la percepcion de su dualidad, y por tanto menos notable la coincidencia en que se funda el juicio. Por manera que bien analizada la materia venimos á parar á que para formar juicio de la existencia de los objetos contribuye especialmente la diversidad de las sensaciones; y por tanto será mas conducente á este fin, la combinacion de dos sentidos que las dos sensaciones de uno solo. Así, lejos de que el tacto haya de considerarse como único ni superior en este punto, solo ha de ser tenido como auxiliar de los otros.
[57.] Y en realidad, apenas cabe duda en que el tacto necesita tambien del auxilio de los demás sentidos, y que los juicios que del mismo resultan se parecen á los que dimanan de estos. Es probable que solo despues de repetidos experimentos referimos la sensacion del tacto al objeto que la causa, y aun á la parte afectada. El hombre á quien se ha amputado la mano, experimenta el dolor como si la conservase; y esto ¿por qué? porque con la repeticion de actos ha formado el hábito de referir la impresion cerebral al punto donde terminan los nervios que se la transmiten. Luego no hay una relacion necesaria entre el tacto y el objeto: y este sentido puede sufrir ilusiones como los demás. Luego no es exacto lo que se ha dicho de que la idea del cuerpo nace debajo de nuestra mano, si esto se entiende como privativo del tacto; pues lo mismo se verifica de los demás sentidos y particularmente de la vista.
CAPÍTULO XI.
INFERIORIDAD DEL TACTO COMPARADO CON OTROS SENTIDOS.
[58.] Esta superioridad, ó mejor, este privilegio exclusivo que Condillac y otros filósofos han concedido al tacto, á mas de no tener ningun fundamento como acabamos de ver, parece estar en contradiccion con la misma naturaleza de este sentido. Cabalmente se da la supremacía al mas material, por decirlo así, al mas rudo de todos ellos.
Nadie puede saber las ideas que de las cosas se formaria un hombre reducido á solo el tacto: pero me parece que lejos de ponerse en comunicacion clara y viva con el mundo exterior, y de que tuviese la suficiente basa para fundar sus conocimientos, debiera vegetar en la mas profunda ignorancia, y sufrir las equivocaciones mas trascendentales.
[59.] Al comparar el tacto con la vista, y aun con el oido y el olfato, desde luego se ofrece una diferencia importantísima, en favor de estos y contra aquel. El tacto no nos transmite la impresion sino de los objetos que están inmediatos á nuestro cuerpo; cuando los otros tres, y especialmente la vista, nos ponen en comunicacion con objetos muy distantes. Las estrellas fijas están separadas de nosotros por una distancia tal que apenas cabe en nuestra imaginacion, y sin embargo las vemos; no llegan á tanto ciertamente ni el olfato ni el oido; pero el primero no deja de advertirnos de la existencia de un jardin que está á muchos pasos de nosotros; y el segundo nos da noticia de una batalla que se ha trabado á muchas leguas de nuestra vivienda, de la chispa eléctrica que ha rasgado la nube en el confin del horizonte, ó de la tempestad que brama en la inmensidad de los mares.
[60.] Esa limitacion del tacto á lo que está en sus inmediaciones, traeria consigo la estrechez de las ideas que se originarian de él solo, y lo constituyen por necesidad en un grado muy inferior al de los otros tres, y en particular de la vista. Para formarnos ideas claras en este punto, comparemos el alcance de la vista y del tacto con respecto á un objeto: un edificio. Por medio de la vista tomamos en pocos instantes idea de la fachada, y de sus demás partes exteriores: y en breve tiempo nos enteramos de su disposicion interior, y hasta de sus muebles y adornos. ¿Cómo se puede lograr esto por el tacto? Es imposible. Aun suponiéndole muy delicado, y muy tenaz memoria de las impresiones que anduviese comunicando, se necesitarian larga horas para recorrer con la mano el frontispicio, y formarnos de él alguna idea. ¿Qué no seria con respecto á todo lo exterior del edificio? ¿qué si hablamos de lo interior? Salta á los ojos que seria menester renunciar á semejante tarea, y que tal preciosa labor de una cornisa, de un pedestal, de un peristilo; tal magnificencia de una torre, de una cúpula; tal osadía de un arco, de una bóveda, de una flecha, que el ojo aprecia en un instante, le costarian al pobre que solo poseyese el tacto, andar mucho á gatas y encaramarse por peligrosos andamios, y exponerse á resbalar por horrendos precipicios, y todavia sin poder lograr ni la millonésima parte de lo que con tanta facilidad y rapidez consiguieron los ojos.
Extiéndanse estas consideraciones á una ciudad, á vastos países, al universo, y véase qué superioridad tan inmensa tiene la vista sobre el tacto.
[61.] Esta superioridad no se presenta tan de bulto cuando se compara el tacto con otros sentidos; sin embargo no deja tambien de existir, y en un grado muy alto.
Desde luego ocurre una diferencia, cual es la de las distancias. Es cierto que mediando estas, tambien el tacto puede sentir en algun modo: como por ejemplo la presencia ó la ausencia del sol por medio del calor y del frio; y de la misma manera la presencia ó la ausencia, y la mayor ó menor cercanía de algunos cuerpos; pero estas impresiones, á mas de que están muy lejos de tener la misma variedad y rapidez de las del oido, tampoco nos darian idea de distancia, si no tuviéramos mas sentido que el tacto.
Calor y frio, sequedad y humedad, á esto se reducen las impresiones que algunos cuerpos distantes pueden ejercer sobre el tacto; y claro es que las impresiones son de tal naturaleza que podrian dar lugar á numerosas y graves equivocaciones.
[62.] Si suponemos que un hombre que solo posea el tacto, haya llegado á conocer la presencia y la ausencia del sol sobre el horizonte, siendo su única norma la temperatura del ambiente, y dependiendo esta de mil causas que nada tienen que ver con el astro del dia, sucederá con mucha frecuencia que el cambio natural ó artificial de ella deberá inducirte á error. La humedad que experimentará á las inmediaciones de un lago donde le llevan á bañarse, hará que con ella conozca la inmediacion del agua; ¿pero no sentirá mil veces una impresion de humedad por causas que obrarán sobre la atmósfera, del todo independientes de las aguas de un lago?