Filosofía Fundamental, Tomo II

Part 11

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«_Theophilo_. Yo opino de la misma manera: porque aunque no admita vacío, distingo la materia de la extension, y confieso que si hubiese vacío en una esfera, nó por esto se tocarian los polos opuestos. Pero yo creo que este caso no lo admite la perfeccion divina» (Ib. §. 21).

[59.] Me parece que Leibnitz comete en este pasaje una peticion de principio. Dice que en el caso supuesto las paredes no se tocarian, porque el espacio que hay entre ellas basta á impedirlo; pero esto es cabalmente lo que se ha de probar: la existencia real de este espacio. Esto es lo que niega Descartes.

[60.] Comparando las opiniones de Descartes y Leibnitz, se puede notar que ambos convienen en negar al espacio una realidad distinta de los cuerpos; pero fundando su dictámen en razones muy diferentes. Descartes pone la esencia del cuerpo en la extension; donde hay extension hay cuerpo: donde hay espacio hay extension: por consiguiente no hay ni puede haber vacío. Leibnitz no cree intrínsecamente absurda una capacidad vacía; y si no la admite, es porque, en su concepto, repugna á la perfeccion divina. Los dos ilustres filósofos llegaban á un mismo punto partiendo de principios muy diversos: Descartes estriba en razones metafísicas, fundadas en la esencia de las cosas; Leibnitz no se apoya en la esencia absoluta, sino en sus relaciones con la perfeccion divina. La capacidad vacía, no era contradictoria en sentir de Leibnitz, sino en cuanto se oponia al optimismo.

[61.] Como quiera, es bien notable que tres filósofos tan insignes como Aristóteles, Descartes y Leibnitz, hayan estado de acuerdo en negar la existencia de esa capacidad que se llama espacio, considerada como un ser distinto de los cuerpos, y con posibilidad de existir sin ellos. La diversidad de sus opiniones solo prueba que en el fondo de la cuestion hay una dificultad algo mas grave de lo que parecen creer algunos ideólogos, que con tanta facilidad explican la idea del espacio y su generacion, como si se tratase de cosas muy sencillas.

CAPÍTULO IX.

OPINION DE LOS QUE ATRIBUYEN AL ESPACIO UNA NATURALEZA DISTINTA DE LOS CUERPOS.

[62.] Por las consideraciones que preceden, parece poco menos que demostrada la contradiccion que encierra un espacio-nada. Si es una capacidad, con dimensiones que se pueden medir realmente, tiene verdaderas propiedades, y por tanto no es un puro nada. Nosotros tenemos idea del espacio; en ella se funda toda una ciencia tan cierta, tan evidente como la geometría; esta idea nos es necesaria tambien para concebir el movimiento. A esta idea no puede corresponder un mero nada.

¿El espacio será algo distinto de la extension misma de los cuerpos? A la opinion que esto sostiene suele objetársele que el espacio ha de ser ó cuerpo ó espíritu; que si no es cuerpo será espíritu, lo que es contradictorio: porque lo esencialmente compuesto de partes, como el espacio, no puede ser simple como el espíritu.

Razones fuertes militan contra la opinion que atribuye al espacio una naturaleza distinta de la del cuerpo, pero no creo que lo sea mucho la que acabo de proponer, pues en negando la disyuntiva, todo el argumento queda arruinado. ¿Cómo se prueba que no haya medio entre cuerpo y espíritu? De ninguna manera. Además, no conocemos la esencia del cuerpo, tampoco la del espíritu; ¿y nos arrogaremos el derecho de afirmar que no existe nada en el universo que no sea uno de estos extremos cuya naturaleza nos es desconocida?

[63.] Se replicará que no hay medio entre lo simple y compuesto, como no le hay entre el sí y el nó; y que por tanto, no hay medio entre el cuerpo que es compuesto, y el espíritu que es simple. Convengo en que no hay medio entre lo simple y lo compuesto; y que cuanto existe es uno ú otro; pero nó en que todo lo compuesto sea cuerpo, ni todo lo simple espíritu.

Esta proposicion: «Todo cuerpo es compuesto» no es idéntica á esta otra: «Todo compuesto es cuerpo.» Luego puede haber compuestos que no sean cuerpos. La composicion, el tener partes, es una propiedad del cuerpo; mas esto no constituye su esencia, ó al menos nosotros lo ignoramos. De lo contrario seria preciso abrazar la opinion de Descartes, de que la esencia del cuerpo la constituye la extension. ¿Qué sabemos sobre si puede haber cosas que tengan partes y no sean cuerpo?

[64.] Adviértase que el estado mismo de la cuestion nos hacia suponer el espacio como substancia, es decir subsistente por sí mismo, independientemente de la inherencia á otro ser: por lo mismo, habiendo soltado la dificultad en este supuesto, lo queda en el caso mas difícil, y por consiguiente en todos. Además, que suponiendo el espacio distinto del cuerpo, y sin embargo verdadera realidad, seria indispensable suponerle substancia, pues no estaria inherente á nada.

[65.] Para explicar lo que he dicho de que por ser una cosa simple no es necesario que sea espíritu, observaré que: «Todo espíritu es simple» no es lo mismo que «todo simple es espíritu.» La simplicidad es necesaria al espíritu, mas no constituye su esencia. La idea de simple, expresa la negacion de partes; y la esencia del espíritu no puede consistir en una negacion.

[66.] Contra la opinion que atribuye al espacio una naturaleza distinta del cuerpo, haciéndole una substancia extensa, tampoco parece valer el argumento de los que de ahí quisieran deducir su infinidad; porque aun en este supuesto, no hay ningun inconveniente en señalarle un límite. ¿Qué hay entonces mas allá? nada. Nosotros concebimos todavía una vaga extension, pero la imaginacion no es la realidad. Tambien imaginamos lo mismo refiriéndonos á una época que nos figuramos anterior á la creacion del mundo: si pues la imaginacion probase algo en favor de la infinidad del mundo, probaria tambien en favor de su eternidad.

Y aquí recordaré que los argumentos con que he combatido el espacio-nada, no estriban en lo que nosotros imaginamos; sino en que es imposible que la nada sea extension, ni tenga ninguna propiedad. Esta es la razon capital con que he impugnado á los que pretenden ser posible que se conciban y existan las propiedades que se atribuyen al espacio, y que sin embargo el espacio sea un puro nada.

CAPÍTULO X.

OPINION DE LOS QUE CREEN QUE EL ESPACIO ES LA INMENSIDAD DE DIOS.

[67.] Abrumados por tan graves dificultades algunos filósofos, no pudiendo conciliar con la nada esa realidad que se nos ofrece en el espacio, ni tampoco concebir en ninguna cosa criada, la inmovilidad, infinidad, y perpetuidad que en el espacio imaginamos; han dicho que el espacio era la misma inmensidad de Dios. Esto á primera vista parece una absurda extravagancia; pero si bien demostraremos luego la falsedad de esta opinion, es necesario hacer justicia no solo á la recta intencion de los que la han sostenido, y sanas explicaciones de que procuraban echar mano, sino tambien al motivo que los llevó á tal extremidad, que por cierto, aunque nada sólido, no es tampoco despreciable.

[68.] Hé aquí cómo se puede discurrir en pro de dicha opinion. El espacio es algo. Antes que Dios criase el mundo, el espacio existia. No es posible concebir que los cuerpos existan, sin espacio en que se extiendan. Antes de que existan, concebimos esa capacidad en que pueden colocarse: luego el espacio es eterno. No hay movimiento sin espacio; y en el primer instante de ser criados los cuerpos, se pudieron mover y se movieron. Aunque no supongamos mas que un solo cuerpo en el mundo, podria moverse, y este movimiento podria prolongarse hasta lo infinito. Luego el espacio es infinito. Si Dios anonadase todo el universo, menos un cuerpo solo, este cuerpo tambien se podria mover en todas direcciones, prolongadas hasta lo infinito. Si despues fuese reducido á la nada el cuerpo único, quedaria la extension en que se movia: en ella podrian crearse nuevos cuerpos, nuevos mundos. Luego el espacio es indestructible. Un ser eterno, infinito, indestructible, no puede ser criado; luego el espacio es increado. Luego es Dios mismo. Luego ha de ser Dios en cuanto nosotros lo concebimos con relacion á la extension: luego el espacio es la inmensidad de Dios. La inmensidad es aquel atributo por el cual Dios está en todas partes: este atributo es el que dice relacion á la CAPÍTULO. El espacio pues será la inmensidad de Dios. Adoptada esta teoría no hay inconveniente en hacer el espacio infinito, eterno, indestructible.

[69.] Esta opinion tiene en contra de sí, el que destruye la simplicidad de Dios. Sí el espacio es una propiedad de Dios, es Dios mismo; pues todo lo que hay en Dios, es Dios. Luego, siendo el espacio esencialmente extenso, Dios será extenso tambien.

Clarke vió la fuerza de este argumento, fuerza que además le hacian sentir los argumentos de su adversario Leibnitz; pero responde á él de una manera muy débil. Dice que el espacio tiene partes, mas nó separables. Luego, sean como fueren, las tiene. Es cierto que en la idea del espacio distinguimos las partes, sin separarlas; pero las concebimos realmente en él; y sin ellas no concebimos el espacio. En este supuesto, ¿á qué se reducirán las pruebas en favor de la inmaterialidad del alma? Si la sabiduría infinita pudiera ser extensa, ¿por qué no podria serlo con mucha mas razon el alma humana?

Empujado por su idea favorita, llegó Clarke á escribir lo que no era de esperar de un hombre como él. «En cuestiones de esta naturaleza, dice, cuando se habla de partes, se entienden _partes separables_, compuestas, y desunidas, tales como las de la materia, que por esta razon es siempre un compuesto, y nó una substancia simple. La materia no es una sola substancia, sino un compuesto de substancias. Por esto, _en mi concepto, la materia es incapaz de pensamiento_. Esta incapacidad no le viene de la extension, sino de que sus partes son substancias distintas, desunidas é independientes las unas de las otras» (Fragmento de una carta). Esta explicacion tiende á arruinar la simplicidad del ser pensante; pues que por simplicidad siempre se ha entendido la absoluta carencia de partes, nó de tal ó cual especie de partes. La inseparabilidad no destruye la existencia de las partes, solo afirma la fuerza de su cohesion.

[70.] Tambien seria de temer que esta doctrina abriese la puerta al panteismo. Al mismo Clarke se le objetó ya el que con ella se hacia á Dios alma del mundo; y aunque se defendió de este cargo, no obstante siempre queda en pié una dificultad que no se le propuso, y que sin embargo no deja de ser grave. Si no hay inconveniente en decir que Dios es el espacio, ó que el espacio es una propiedad de Dios, ¿qué se opone á que digamos que Dios es el mundo, ó que el mundo es una propiedad de Dios? Si el mundo es extenso, tambien lo es el espacio; si pues Dios y espacio no son cosas contradictorias en un mismo ser, ¿por qué lo serán Dios y el universo?

Dice Clarke que los cuerpos están compuestos de diferentes substancias; ¿pero se sabe de los cuerpos otra cosa sino que son extensos, y que nos producen ciertas impresiones? claro es que nó. Pues entonces, no repugnando á Dios la extension, y mucho menos la causalidad de las impresiones, no habria inconveniente en decir que lo que Clarke llama substancias distintas, no son mas que partes, ó si se quiere propiedades, de la substancia infinita. Newton llegó á decir que el espacio era el sensorio de Dios; y aunque Clarke sostiene contra Leibnitz que la expresion de Newton tenia un sentido muy racional, pues no era mas que una comparacion, no obstante el filósofo aleman insiste de tal suerte sobre este cargo que bien se deja conocer le habia hecho malísimo efecto una palabra semejante.

[71.] Todo lo que sea mezclar á Dios con la naturaleza, ó ponerle en comunicacion perenne con ella, excepto con actos purísimos de entendimiento y voluntad, nos lleva á una pendiente sumamente resbaladiza, en la cual es difícil no precipitarse hasta el fondo: y en ese fondo está el panteismo, que no es mas que una fase del ateismo (II).

CAPÍTULO XI.

OPINION DE FENELON.

[72.] La opinion de Clarke tiene mucha semejanza con la de Fenelon, quien en su _Tratado de la existencia y atributos de Dios_ explica el de la inmensidad, de una manera que á primera vista sorprende. Dice así: «Despues de haber considerado la eternidad y la inmutabilidad de Dios, que son una misma cosa, debo examinar su inmensidad. Siendo por sí mismo, es soberanamente; y siendo soberanamente, tiene todo ser en sí; teniendo todo ser en sí, tiene sin duda la extension; la extension es una manera de ser de que yo tengo idea. Ya he visto que mis ideas sobre las esencias de las cosas son grados reales del ser, que existen actualmente en Dios, y son posibles fuera de él, porque él mismo los puede producir; luego la extension existe en Dios, y él no puede producirla á fuera, sino porque la tiene encerrada en la plenitud de su ser.»

Hasta cierto punto las palabras de Fenelon pueden ser interpretadas con un sentido que no rechaza el comun de los teólogos. Distinguen estos dos clases de perfecciones: unas que no envuelven ninguna imperfeccion, como la sabiduría, la santidad, la justicia; otras que envuelven alguna imperfeccion, como por ejemplo, las que pertenecen á los cuerpos, la extension, la figura etc. Las primeras que tambien se llaman perfecciones _simpliciter_, se hallan en Dios _formaliter_, esto es, tales como ellas son; pues que su naturaleza propia no incluye imperfeccion de ninguna clase; y por consiguiente puestas en Dios, ni disminuyen ni afean su perfeccion infinita; las segundas, que tambien se llaman perfecciones _secundum quid_, están en Dios, nó _formaliter,_ porque la imperfeccion que envuelven repugna á la perfeccion infinita, sino _virtualiter eminenter_, esto es, que todo cuanto ellas encierran de perfeccion, de ser, se encuentra en Dios, perfeccion infinita, ser infinito; que por esta razon, Dios las puede producir en lo exterior, con su omnipotencia creadora; pero en cuanto preexisten en el ser infinito, están depuradas de toda limitacion, de toda imperfeccion, é identificadas con la esencia infinita, tienen un modo de ser, muy superior á lo que son en realidad: lo que se ha expresado con la palabra _eminenter_. Entre estas perfecciones _secundum quid_, se ha contado siempre la extension.

[73.] Si el ilustre arzobispo de Cambrai se ciñese á este sentido, nada tendríamos que observar con respecto á su doctrina; pero las palabras que siguen parecen indicar que se inclinaba á la opinion de los que afirman que el espacio es la misma inmensidad de Dios, «¿Por qué pues, continúa, no le llamo extenso y corpóreo? porque hay muchísima diferencia, como yo lo he notado, entre atribuir á Dios todo lo positivo de la extension, y atribuírsela con un límite ó una negacion: _quien pone la extension sin límites, cambia la extension en inmensidad_; quien pone la extension con un límite, hace la naturaleza corpórea. «Por estas palabras se podria creer que Fenelon no distingue dos modos de ser de la extension, como lo hacen los teólogos: y que atribuye á Dios todo lo positivo de la extension, solo que se la da sin límite. De esto parece resultar que Dios es propiamente extenso, bien que con extension infinita. Con todo el respeto que se merece la ilustre sombra de uno de los primeros ornamentos de la Iglesia Católica, de uno de los hombres mas grandes de los tiempos modernos, me atrevo á decir que semejante opinion no me parece sostenible. Un Dios propiamente extenso, aunque fuera con extension infinita, no es Dios; lo extenso es esencialmente compuesto; Dios es esencialmente simple: estas son cosas contradictorias.

[74.] Pero oigamos al ilustre Prelado que continúa exponiendo y defendiendo su opinion de la manera siguiente. «Desde que no poneis límite á la extension, le quitais la figura, la divisibilidad, el movimiento, la impenetrabilidad: la figura, porque esta no es mas que una manera de ser limitado por una superficie; la divisibilidad, porque lo que es infinito como hemos visto ya, no puede ser disminuido, y por consiguiente ni dividido, ni compuesto, ni divisible; el movimiento, porque si suponeis un todo que no tiene ni partes ni límites, no puede moverse de su lugar, pues que no puede haber un lugar fuera del verdadero infinito; tampoco puede cambiarse el arreglo en la situacion de _sus partes, pues que no siendo compuesto no las tiene_; la impenetrabilidad en fin, porque la impenetrabilidad es inconcebible si no se conciben dos cuerpos limitados, de los cuales el uno no es el otro, y no puede ocupar el mismo espacio que el otro. Estos dos cuerpos no existen en la CAPÍTULO infinita é indivisible; luego en ella no hay impenetrabilidad. Asentados estos principios, se sigue que todo lo positivo de la extension se halla en Dios, sin que sea ni figurado, ni capaz de movimiento, ni divisible, ni impenetrable, ni palpable, ni mensurable.»

Por este pasaje se ve con toda claridad que Fenelon estaba muy lejos de imaginar un Dios compuesto, un Dios con partes: repetidas veces, y en pocas líneas, lo niega terminantemente, como era de esperar de su alta penetracion, y pureza de doctrinas. Pero esto, que deja en salvo la rectitud de intencion, no satisface las condiciones de la exactitud filosófica. Por de pronto confieso ingenuamente, que si la extension se ha de tomar en el sentido propio, no concibo cómo el quitarle los límites le quita tambien las partes; por el contrario, me parece que una extension infinita tendrá partes infinitas. Si es infinita, no tendrá figura; porque en la idea de figura se encierra la de límite; pero si es extension verdadera, será como un fondo inmenso en que se podrán trazar todas las figuras imaginables. Ella en sí no tendrá ninguna figura propia; pero será el recipiente de todas las figuras; el piélago inagotable de donde todas surgirán. Lo que en ella se trace, estará en ella; los puntos con que las figuras se terminen, en ella estarán. ¿Quién no ve en esto, las partes, la composicion? La extension infinita será incapaz de figura, nó por su carencia de partes, nó por su simplicidad, sino por sus partes infinitas, por su composicion infinita.

Convengo en que una extension infinita no será divisible, si por dividir entendemos separar; porque en aquella inmensa plenitud todo estaria en su puesto con una fijeza infinita. Así nos imaginamos el espacio con sus partes inmóviles, lugar de todo movimiento: con sus partes inseparables, campo de todas las separaciones; pero no se trata de separacion sino de division; si hay extension verdadera, será divisible: concebimos el espacio con sus partes inseparables, pero divisibles; pues que las medimos, las contamos, y con respecto á ellas, nos formamos idea de la magnitud, distancia y movimiento de los cuerpos.

[75.] Estas reflexiones tan obvias y tan concluyentes, no podian ocultarse á la penetracion del ilustre filósofo, que parece preferir la inconsecuencia ó la oscuridad del lenguaje, á los fatales corolarios que emanan de su primera proposicion. Habia dicho sin rodeos ni restricciones, que todo lo positivo de la extension se hallaba en Dios, excepto el límite; habia afirmado que la extension con límite era corpórea, y que para convertir la extension en inmensidad, bastaba quitarle el límite; por consiguiente atribuia á Dios extension verdadera, bien que infinita; y luego, queriendo explicar y robustecer su doctrina, nos dice que esa extension no tiene partes. ¿Qué es una extension sin partes? ¿hay quien pueda concebirla? ¿la extension no envuelve por necesidad, un órden de cosas de las cuales las unas están fuera de las otras? Así se ha entendido siempre; hablar pues de una extension sin partes, es hablar de una extension impropiamente dicha; cuando se habla de semejante extension, no basta decir que no tiene límites, es necesario añadir que es de otra naturaleza; que la palabra extension, se toma en un sentido totalmente diverso. Así parece conocerlo, á pesar de la oscuridad de las anteriores palabras, cuando se levanta en alas de su religion y de su genio, y continúa: «Dios no está en ningun lugar, ni en ningun tiempo; porque su ser absoluto é infinito no tiene _ninguna relacion á los lugares y á los tiempos_, que no son mas que límites y restricciones del ser. Preguntar si está mas allá del universo, si excede de las extremidades de este en longitud, latitud y profundidad; es proponer una cuestion tan absurda como el preguntar, si era antes que el mundo fuese y si será cuando el mundo no sea. Así como en Dios no puede haber pasado ni futuro, no puede haber ni mas acá ni mas allá; la permanencia excluye toda medida de sucesion, la inmensidad excluye toda medida de extension; no ha sido, no será, es; no está aquí, no está allá, no está mas allá de ningun límite: es absolutamente, todas las expresiones que le refieren á algun término, que le fijan en algun lugar, son impropias é indecentes. ¿Dónde está pues? él es; y es de tal modo, que es preciso guardarse de preguntar dónde; lo que no es sino á medias, con límites, es de tal modo una cierta cosa, que no es sino esta misma cosa; pero Dios no es precisamente una cosa singular y restringida, es todo, es el ser, ó para decirlo mejor, diciéndolo mas sencillamente: _él es_; cuantas menos palabras se dicen de él, mas cosas se expresan: _es_; guardaos de añadir nada.»

[76.] En estas magníficas palabras, y otras que pueden leerse en el lugar citado, la elevacion y el grandor de ideas sobre Dios y su inmensidad, hacen olvidar las dificultades contra la primera proposicion, que si no es falsa, ó inexacta, no está expresada con toda la claridad deseable. Por esto, no me atrevo á sostener que su opinion coincida con la de Clarke; ya que en el elocuente escritor, el cristiano y el poeta parece que rectifican al filósofo.

CAPÍTULO XII.

SE EXPLICA EN QUÉ CONSISTE EL ESPACIO.

[77.] Ya hemos visto que no está fundada en razon la opinion de Descartes, que confunde enteramente el espacio con el cuerpo, haciendo consistir la esencia de este en la extension misma, y afirmando que donde quiera que concebimos espacio, allí hay cuerpo. Pero tal vez se acercaria mas á la verdad quien dijese, que en efecto el espacio no es mas que la extension misma de los cuerpos; prescindiendo de que constituya ó no la esencia de ellos, y negando además su infinidad.

[78.] Examinemos esta opinion. Analizando la generacion de la idea del espacio, se encuentra que no es mas que la idea de la extension en abstracto. Si tengo ante mis ojos una naranja, puedo llegar por medio de abstracciones á la idea de una extension pura, igual á la de la naranja. Para esto comenzaré por prescindir de su color, sabor, olor, blandura ó dureza, y de cuanto pueda afectar mis sentidos. Entonces no me queda mas que un ser extenso: el cual, si le despojo de la movilidad, se reduce á una porcion de espacio igual al volúmen de la naranja.

Claro es que estas abstracciones puedo hacerlas sobre el universo entero: lo que me dará la idea de todo el espacio en que está el universo.

[79.] Aquí voy á soltar una dificultad que se puede oponer á esta explicacion de la idea del espacio; y me aprovecharé de la oportunidad para aclarar algun tanto el orígen de la idea de un espacio infinito, ó sea el espacio imaginario.

La dificultad es la siguiente: formando la idea de un volúmen de espacio por la simple abstraccion de las calidades que acompañan á la extension, no se concibe mas espacio que un volúmen igual al del cuerpo sobre el cual se ha hecho la abstraccion. Luego la abstraccion hecha sobre una naranja no nos dará mas que un volúmen de espacio igual al de una naranja; así como la hecha sobre el universo, no nos dará mas que un volúmen de espacio igual al que concibamos en el universo. Pero de esto jamás resultará la idea de un espacio sin límites, cual se nos ofrece siempre que pensamos en el espacio considerado en sí mismo.