# Filosofía Fundamental, Tomo I

## Part 22

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(XXII.) Por un pasaje de Descartes de la cuarta parte de su _Discurso sobre el Método_, citado en la nota (XIX), se echa de ver que á mas del principio, yo pienso luego soy, admitia el de la legitimidad de la evidencia; pues al buscar lo que se necesita para que una proposicion sea verdadera y cierta, dice que habiendo notado que si estaba seguro de la verdad de esta proposicion, yo pienso luego soy, era tan solo porque lo veia claramente así, creyó que podia tomar por _regla general_, que _las cosas conocidas con claridad y distincion son todas verdaderas_. Por donde se echa de ver que en el sistema de Descartes entran dos principios ligados entre sí, pero muy diferentes: 1.º el hecho de conciencia del pensamiento; 2.º La regla general de la legitimidad del criterio de la evidencia.

Es de notar tambien que hay aquí cierta confusion de ideas que he señalado ya en otra parte. No es exacto que el principio yo pienso luego soy, sea evidente: la evidencia se refiere á la _consecuencia_, pero en cuanto al acto de pensar, no hay evidencia propiamente dicha, sino conciencia. La evidencia es un criterio, mas nó el único.

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(SOBRE EL CAPÍTULO XXIII.)

(XXIII.) Lo dicho en la proposicion segunda de este capítulo (236), es independiente de las disputas sobre el modo con que el alma y el cuerpo ejercen su influencia recíproca, cuestiones que no son de este lugar. Sea cual fuere el sistema que se adopte, la influencia es un hecho que la experiencia nos atestigua; lo que me basta para lo que me propongo establecer allí.

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(SOBRE EL CAPÍTULO XXIV.)

(XXIV.) Para entender mejor lo que se dice en este capítulo sobre la evidencia, será útil enterarse bien de las doctrinas expuestas mas abajo desde el XXVI, hasta el XXXI inclusive.

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(SOBRE EL CAPÍTULO XXV.)

(XXV.) Por lo dicho en este capítulo se manifiesta la verdad de lo que digo en el XXIV, sobre el enlace de los diferentes criterios y la necesidad de no atenerse á una filosofía exclusiva. El sentido íntimo, ó la conciencia, sirve de base á los demás, como un hecho indispensable; pero él mismo se destruye, si se niegan los otros.

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(SOBRE LOS CAPÍTULOS XXVI, XXVII Y XXVIII.)

(XXVI.) Dugald-Steward (P. 2. Cap. 2. Seccion 3. §. 2.) cita un pasaje de una disertacion publicada en Berlin en 1764, que no parece tan poco razonable como pretende el autor de la _Filosofía del espíritu humano_. Lo pongo á continuacion, porque la opinion del filósofo aleman me parece ser la misma que he sostenido en el texto.

«Omnes mathematicorum propositiones sunt identicæ et representantur hac formula, A = A. Sunt veritates identicæ sub varia forma expressæ, imo ipsum quod dicitur contradictionis principium vario modo enuntiatum et involutum; si quidem omnes hujus generis propositiones revera in eo continentur. Secundum nostram autem intelligendi facultatem ea est propositionum differentia, quod quædam longa ratiociniorum serie, alia autem breviore via, ad primum omnium principium reducantur, et in illud resolvantur. Sic v.g. propositio 2 + 2 = 4 statim huc cedit: 1 + 1 + 1 + 1 = 1 + 1 + 1 + 1; id est, idem est idem; et, proprie loquendo, hac modo enunciari debet:--si contingat adesse vel existere quatuor entia, tum existunt quatuor entia; nam de existentia non agunt geometræ, sed ea hypothetice tantum subintelligitur. Inde summa oritur certitudo ratiocinia perspicienti; observat nempe idearum identitatem; et hæc est evidentia assensum immediate cogens, quam mathematicam aut geometricam vocamus. Mathesi tamen sua natura priva non est et propria; oritur etenim ex identitatis perceptione, quæ locum habere potest, etiamsi ideæ non repræsentent extensum.»

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(SOBRE LOS CAPÍTULOS XXX Y XXXI.)

(XXVII.) He indicado que quizás Dugald-Steward se habia aprovechado de las doctrinas de Vico; sin que por esto quiera hacerle el cargo que se dirigió contra su maestro Reid, de quien se dijo que resucitaba las doctrinas del P. Buffier jesuita. No obstante, para que el lector pueda juzgar con pleno conocimiento de causa, pongo á continuacion un notable pasaje del filósofo escocés, por el cual se verá la coincidencia de algunas de sus observaciones con las del filósofo napolitano. Me inclino á creer que si Dugald-Steward hubiese leido á Vico, no se quejaria de la _confusion_ con que explicaron esta doctrina varios autores antiguos y modernos.

«El carácter particular de esta especie de evidencia llamada demostrativa, y que tan marcadamente distingue las conclusiones matemáticas de las de otras ciencias, es un hecho que debe haber llamado la atencion de cualquiera que conozca los elementos de la geometría; y sin embargo yo dudo que su causa haya sido señalada de una manera satisfactoria.» Locke nos dice: «lo que constituye la demostracion es la evidencia intuitiva de cada paso del raciocinio;» convengo en que si esta evidencia faltase en un solo punto, toda la demostracion se arruinaria; mas no creo que la evidencia demostrativa de la conclusion dependa de esta circunstancia, aun cuando añadiésemos esta otra condicion sobre la cual Reid insiste mucho: «que para la evidencia demostrativa es necesario que los primeros principios sean intuitivamente ciertos.» Al tratar de los axiomas, hice notar la inexactitud de esta observacion, manifestando además que en las matemáticas, los primeros principios de nuestros raciocinios no son los axiomas sino las definiciones. Sobre esta última circunstancia, es decir, sobre esta condicion de discurrir partiendo de definiciones, se debe fundar la verdadera teoría de la demostracion matemática. Voy á desenvolver aquí extensamente esta doctrina, indicando al mismo tiempo algunas de las consecuencias mas importantes que de ella dimanan.

»Como no quiero reclamar injustamente los honores de la invencion, debo comenzar por declarar que la idea matriz de esta doctrina ha sido manifestada y aun desenvuelta con extension por diversos autores tanto antiguos como modernos; pero en todos ellos se la encuentra de tal modo confundida con otras consideraciones del todo extrañas al punto de la discusion, que la atencion del autor y del lector se distrae del único principio del cual depende la solucion del problema....... ................................................................

»Hemos visto ya en el primer capítulo de esta parte que mientras en las demás ciencias las proposiciones que se han de establecer expresan siempre hechos reales ó supuestos, las demostradas en las matemáticas enuncian simplemente una conexion entre ciertas suposiciones y ciertas consecuencias. Así en las matemáticas nuestros raciocinios tienen un objeto muy diferente del que nos sirve en los otros usos de las facultades intelectuales; pues que se proponen, nó consignar verdades relativas á existencias reales, sino determinar la filiacion lógica de las consecuencias que dimanan de una hipótesis dada. Si partiendo de esta hipótesis raciocinamos con exactitud, es claro que nada puede faltar á la evidencia del resultado, pues que este se limita á afirmar un enlace necesario entre la suposicion y la conclusion; en las otras ciencias, aun suponiendo evitada la ambigüedad del lenguaje, y rigurosamente exactos todos los pasos de la deduccion, nuestras conclusiones serian siempre mas ó menos inciertas, pues que en definitiva estriban sobre principios que pueden corresponder ó no corresponder con los hechos» (P. 2. Cap. 2. Secc. 3.). Esta es exactamente la doctrina de Vico sobre la causa de la diferencia en los grados de evidencia y certeza; bien que este filósofo eleva á un sistema general, para explicar el problema de la inteligencia, lo que el escocés solo consigna como un hecho para señalar la razon de la evidencia matemática. El P. Buffier (Trat. de las primeras verdades, P. 1. Cap. 11.) explica lo mismo con mucha claridad.

He dicho tambien que atendida la infatigable laboriosidad que distingue á los alemanes, no fuera extraño que hubiesen leido á los escolásticos: esto se confirma, si se advierte que Leibnitz recomienda mucho esta lectura; y no es regular que se hayan olvidado del consejo de un autor tan competente, los alemanes mas modernos.

Entre los varios pasajes de Leibnitz sobre los escolásticos, prefiero aducir el siguiente que me parece sumamente curioso. «La verdad está mas difundida de lo que se cree; pero con harta frecuencia se la halla envuelta, debilitada, mutilada, corrompida con adiciones que la echan á perder, ó la hacen menos útil. Notando esas huellas de verdad en los antiguos, ó para hablar mas generalmente, en los _anteriores_, se sacaria oro del fango, el diamante de su mina, luz de las tinieblas; y esto seria en realidad _perennis quædam philosophia_. Hasta se puede decir que se notaria algun progreso en los conocimientos. Los orientales tienen ideas grandes y hermosas sobre la divinidad; los griegos añadieron el raciocinio y una forma científica; los Padres de la Iglesia desecharon lo que habia de malo en la filosofía de los griegos; pero los escolásticos trataron de emplear útilmente para el cristianismo lo que habia de aceptable en la filosofía de los paganos. Repetidas veces he dicho: _aurum latere in stercore illo scolastico barbarico_; y desearia que se pudiese encontrar algun hombre hábil, versado en esta filosofía irlandesa y española, que tuviese inclinacion y capacidad para sacar lo que en ella hay de bueno. _Estoy seguro que su trabajo seria recompensado con muchas verdades bellas é importantes_. En otro tiempo hubo en Suiza un escritor que _matematizó_ en la escolástica; sus obras son poco conocidas; pero lo que de ellas he visto me ha parecido profundo y digno de consideracion» (Carta 3. á M. Remond de Montmort).

Así habla Leibnitz, uno de los hombres mas eminentes de los tiempos modernos, y de quien Fontenelle ha dicho con razon, que «conducia de frente todas las ciencias.» Véase pues si anduve descaminado al recomendar al estudio de aquellos autores, á quien desee adquirir en filosofía conocimientos profundos. Aun prescindiendo de la utilidad intrínseca, seria conveniente dicho estudio para poder juzgar con conocimiento de causa, unas escuelas que, valgan lo que valieren, ocupan una página en la historia del espíritu humano.

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(SOBRE EL CAPÍTULO XXXII.)

(XXVIII.) El autor á quien aludo (317) es Fenelon, quien bajo el nombre de sentido comun, comprende tambien el criterio de la evidencia, como se echa de ver en el siguiente pasaje: «¿Qué es el sentido comun? ¿no consiste en las primeras nociones que todos los hombres tienen de las mismas cosas? Este sentido comun que siempre y en todas partes es el mismo, que previene todo exámen y hasta le tiene por ridículo en ciertas cuestiones, en las cuales se rie en vez de examinar; que reduce al hombre á no poder dudar por mas que en ello se esfuerce; este sentido que pertenece á todos los hombres, que solo espera ser consultado para mostrarse y descubrirnos desde luego la evidencia ó lo absurdo de la cuestion, ¿_no es esto lo que yo llamo mis ideas_? Hélas aquí, pues, estas ideas ó nociones generales, que yo no puedo contradecir ni examinar, segun las cuales por el contrario, lo examino y lo juzgo todo, de manera que en vez de contestar me rio, cuando se me propone algo claramente opuesto á lo que me representan estas _ideas inmutables_» (Existencia de Dios, p. 2, n. 33).

Es indudable que en este pasaje habla Fenelon de la evidencia, pues que á mas de que emplea este mismo nombre, se refiere á las ideas inmutables; por sentido comun entiende las mismas ideas generales por las cuales juzgamos de todo, ó en otros términos, las ideas de donde nace la evidencia.

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FIN DE LAS NOTAS.

ÍNDICE DE LAS MATERIAS DEL TOMO PRIMERO.

LIBRO PRIMERO.

DE LA CERTEZA.

CAPÍTULO PRIMERO. _Importancia y utilidad de las cuestiones sobre la certeza_.

Cimiento de la filosofía. Universalidad y constancia de las disputas sobre la certeza. Significado. Amplitud de la cuestion. Utilidad. Su influencia sobre el espíritu.

CAPÍTULO II. _Verdadero estado de la cuestion_.

Tres cuestiones. Ejemplo. Objeto y deberes de la filosofía en este punto. No comienza por un exámen. Fichte. Pirron. Necesidad de la certeza. Su existencia y su naturaleza. Berkeley. Confesion de Hume. Un prurito pueril. Sobriedad necesaria al espíritu. La certeza anterior á todo exámen no es ciega. El dogmatismo y el escepticismo. Se rectifica un dicho de Pascal.

CAPÍTULO III. _Dos certezas_.

La del género humano y la filosófica. La certeza y la reflexion. El desarrollo de las facultades humanas no es reflexivo. Experimentos. Esterilidad de la filosofía con respecto á la certeza. Sus peligros. Su objeto mas razonable. Contradiccion de los filósofos. Resultado.

CAPÍTULO IV. _Si existe la ciencia trascendental en el órden intelectual absoluto_.

Primer principio. Observacion preliminar. Verdad primera. Diferentes aspectos de la cuestion. Santo Tomás. Malebranche. Conjetura sobre la ciencia trascendental, uno de los caractéres distintivos de la inteligencia. La inteligencia y la unidad. Ejemplos de las artes y de las ciencias. Medida de la elevacion de las inteligencias. Carácter del genio.

CAPÍTULO V. _No existe la ciencia trascendental en el órden intelectual humano; no puede dimanar de los sentidos_.

Objeto de la sensacion. No hay una, orígen de la certeza de las demás. Operacion de las cataratas. Dificultad de explicar el desarrollo de los sentidos, y la relacion de las sensaciones. Inutilidad de esta explicacion para la ciencia trascendental. La estatua de Condillac. Observaciones. Resultado.

CAPÍTULO VI. _Continúa la discusion sobre la ciencia trascendental_.

Insuficiencia de las verdades reales. Descrédito del sensualismo. Verdades reales y verdades ideales. Insuficiencia de la verdad real finita. Dos conocimientos de la verdad primera. Necesidad de fecundar las verdades reales con verdades ideales. La unidad de Descartes es triple. La ley única del universo. Sus reaciones con la ciencia trascendental.

CAPÍTULO VII. _Esterilidad de la filosofía del_ yo _para producir la ciencia trascendental_.

Conciencia y evidencia. Una de las causas de la oscuridad y esterilidad de la filosofía alemana desde Fichte. Una ventaja de Kant. Esterilidad del _yo_ como elemento científico. Lo subjetivo y lo objetivo. Acto directo y acto reflejo. Esterilidad de su combinacion si les faltan las verdades necesarias. Lo que sabemos del _yo_. La conciencia universal. El panteismo espiritualista. Dualidad de relacion en todo acto de inteligencia. Dilema contra la filosofía del _yo_. Reflexion fundamental del sistema de Fichte. Su método erróneo. Aserciones gratuitas. Acto primitivo. Reflexiones. Acto indeterminado. Esterilidad de la doctrina de Fichte para encontrar el primer principio. A qué se reduce el aparato de su análisis. Fichte y Descartes. Ventaja del filósofo francés. Panteismo del sistema de Fichte.

CAPÍTULO VIII. _La identidad universal_.

Lo infundado de este error. Un dilema. Contradiccion de ciertos filósofos. Su sistema. Schelling. Una causa de este error. Dificultades del problema del conocimiento. Argumento de los sostenedores de la identidad. Inutilidad de esta doctrina para explicar el conocimiento. Dualidad envuelta en el acto de conocer. Desarrollo de esta observacion. Su mayor fuerza contra la filosofía del _yo_. El misterio de la Trinidad. Platon. Intuicion del _yo_. Principio de ser y de conocer.

CAPÍTULO IX. _Continúa el exámen del sistema de la identidad universal_.

Instinto intelectual en busca de la unidad. Qué es esta unidad. La unidad en la filosofía. La filosofía y la religion. Dos problemas capitales sobre la representacion intelectual. Descartes. Vindicacion de Malebranche.

CAPÍTULO X. _El problema de la representacion_.

Mónadas de Leibnitz. Peligros de la exageracion en la unidad científica. Hecho único. Sus inconvenientes. Un efugio. Mónadas de Leibnitz. Lo infundado de estas hipótesis. Tampoco funda la ciencia trascendental. Diferencias entre este sistema y el de los panteistas modernos.

CAPÍTULO XI. _Exámen del problema de la representacion_.

Tres fuentes de representacion. Relacion de lo representante con lo representado. Consecuencia en favor de la existencia de Dios, sacada de las relaciones de los seres intelectuales y del universo corpóreo. Dos relaciones inmediata y mediata. Objetividad de toda idea. Union de lo inteligente con lo entendido. La identidad fuente de representacion. Cuándo y de qué manera.

CAPÍTULO XII. _Inteligibilidad inmediata_.

Representacion activa y pasiva. Doctrina de Santo Tomás y del cardenal Cayetano. Reflexiones. Un hecho en su apoyo. Dos condiciones de la inteligibilidad inmediata. Consecuencias ideológicas. Resúmen de la doctrina sobre la inteligibilidad.

CAPÍTULO XIII. _Representacion de causalidad y de idealidad_.

La causalidad orígen de representacion. Profundidad de Santo Tomás como filósofo. Idealidad. Dos proposiciones capitales. Condiciones para que la causalidad sea suficiente orígen de representacion. Una observacion sobre las ciencias naturales. Nueva refutacion de la ciencia trascendental. Lo absoluto. Reflexiones sobre esta doctrina. La representacion ideal se refunde en la causal. Vico. Dos consecuencias importantes. Una observacion sobre las ideas-retratos. Indicacion de varias cuestiones sobre las ideas.

CAPÍTULO XIV. _Imposibilidad de hallar el primer principio en el órden ideal_.

Esterilidad de las verdades ideales con respecto al mundo real. Aplicaciones. Necesidad de la union de las verdades reales con las ideales. Esterilidad del órden no geométrico para el geométrico y vice-versa.

CAPÍTULO XV. _La condicion indispensable de todo conocimiento humano_.

Medios de percepcion de la verdad. Estado de la cuestion. Distincion. Conciencia. Evidencia. Instinto intelectual ó sentido comun. Tres órdenes de verdades. Carácter y diferencias de los medios de percepcion y sus objetos. Una observacion sobre el desarrollo de las facultades del hombre.

CAPÍTULO XVI. _Confusion de ideas en las disputas sobre el principio fundamental_.

Anomalías. Sus causas. Estado de la cuestion.

CAPÍTULO XVII. _La existencia del pensamiento_.

Principio de Descartes. Indemostrabilidad de la existencia. No todo se puede demostrar. Aplicaciones. Punto de partida de nuestros conocimientos. Dos sentidos del principio de Descartes. Se explica la mente del filósofo.

CAPÍTULO XVIII. _Mas sobre el principio de Descartes_.

Su método. Ambigüedad del lenguaje de Descartes. Su idea capital. Su duda metódica. En qué sentido es posible. Aplicaciones. Observacion sobre los extravíos de los reformadores. Acuerdo de Descartes con todas las escuelas. Locke. Condillac.

CAPÍTULO XIX. _Lo que vale el principio, yo pienso_.

Su análisis. Significado de la proposicion, yo pienso. Cómo se distingue de la proposicion misma. Exámen de ella bajo el aspecto lógico. Condiciones de su posibilidad. Formacion de la idea del _yo_. Relaciones de la existencia con el pensamiento. Resolucion de tres cuestiones.

CAPÍTULO XX. _Verdadero sentido del principio de contradiccion_.

Opinion de Kant. Fórmula del principio. Opinion del filósofo aleman. Juicios analíticos y sintéticos. Antigüedad de esta distincion. Enmienda de Kant en la fórmula del principio. No tiene fundamento. Equivocacion en la fórmula de Kant. Aplicaciones. Rectificaciones.

CAPÍTULO XXI. _Si el principio de contradiccion merece el título de fundamental, y en qué sentido._

Seis proposiciones sobre esta materia.

CAPÍTULO XXII. _El principio de la evidencia_.

Fórmula llamada de los cartesianos. Su transformacion. Su cotejo con la de Kant. El principio de la evidencia no es evidente. Anomalía. Su explicacion.

CAPÍTULO XXIII. _Criterio de la conciencia_.

Objeto de este criterio. Conciencia directa y conciencia refleja. Sus caractéres y diferencias. Observaciones sobre la fuerza intelectual en estos dos sentidos. Relacion de la conciencia con los demás criterios. Cinco proposiciones que resúmen la doctrina sobre el criterio de la conciencia.

CAPÍTULO XXIV. _Criterio de la evidencia_.

Sus caractéres. Evidencia inmediata. La evidencia es una especie de cuenta y razon. De dónde dimana su necesidad y universalidad. Valor subjetivo de la evidencia. Valor objetivo. Cuestion importante.

CAPÍTULO XXV. _Valor objetivo de las ideas_.

Estado de la cuestion. Doctrina de Descartes. Si se puede probar la veracidad de la evidencia. Un argumento en pro fundado en la necesidad. Fichte. Si se niega la objetividad de las ideas se arruina la unidad de conciencia. Consecuencias absurdas.

CAPÍTULO XXVI. _Si todos los conocimientos se reducen á la percepcion de la identidad_.

Observaciones preliminares. Qué se afirma ó se niega en todo juicio. Qué significa la igualdad en los juicios matemáticos.

CAPÍTULO XXVII. _Continuacion_.

La fórmula A es A. Cómo se aplica á las matemáticas. Ejemplo en las transformaciones de una ecuacion. Reflexiones. Caractéres de nuestra inteligencia. Una necesidad, y una facultad. Dugald-Steward. Se contesta á una dificultad de este autor.

CAPÍTULO XXVIII. _Continuacion_.

Aplicacion de la doctrina de la identidad á los silogismos. Una observacion sobre el entimema. Objeto y utilidad de los medios dialécticos. Ampliacion de la doctrina con ejemplos geométricos y algebráicos.

CAPÍTULO XXIX. _Si hay verdaderos juicios sintéticos á priori, en el sentido de Kant_.

Doctrina del filósofo aleman. Exageracion de sus pretensiones. Su equivocacion sobre los juicios matemáticos. Combinacion del análisis de los conceptos con su comparacion. Qué se necesita para la síntesis segun Kant. En qué consiste la x que él busca. Resúmen de la doctrina sobre los juicios analíticos y sintéticos.

CAPÍTULO XXX. _Criterio de Vico_.

Su sistema. Su aplicacion teológica. Exámen. Objeciones, bajo el aspecto filosófico y el teológico. Doctrina de Santo Tomás. El criterio de Vico y el escepticismo.

CAPÍTULO XXXI. _Continuacion_.

El criterio de Vico en el órden de las verdades ideales. Argumentos en su favor. Impugnacion. Juicio del sistema de Vico. Hasta qué punto es aceptable. Su mérito. Sus inconvenientes Dugald-Steward, de acuerdo con Vico. Los escolásticos.

CAPÍTULO XXXII. _Criterio del sentido comun_.

Significado de estas palabras. Aplicaciones. En qué consiste. Reseña con respecto á los demás criterios. Si es criterio infalible. Cuatro caractéres de su infalibilidad. Ejemplo.

CAPÍTULO XXXIII. _Error de La-Mennais sobre el consentimiento comun_.

Su sistema. Confusion de las dos palabras _sensus_ y _consensus_. Su criterio no puede ser el único. Demostracion. Reseña. Orígen del error de La-Mennais. Se deshace una dificultad. Sus paradojas sobre las matemáticas. Una observacion.

CAPÍTULO XXXIV. _Resúmen y conclusion_.

Rápida exposicion de las doctrinas contenidas en este tomo. Enlace de las mismas. Alianza de los criterios. Una ley de nuestro espíritu. Inconvenientes de una filosofía exclusiva. La filosofía es posible sin escepticismo y sin extravagancias. Un método filosófico puesto en forma de alegoría.

--Notas.

FIN.

