Fausto: Primera parte

Part 9

Chapter 93,513 wordsPublic domain

Se me doblan las rodillas. ¡Otro hallazgo en mi armario! Una preciosa cajita de ébano, y dentro las más espléndidas joyas. ¡Un gran tesoro! No pueden comparárseles las otras.

MARTA

¡No lo digas a tu madre; no las lleve a la parroquia!

MARGARITA

¡Mirad, cómo resplandecen!

MARTA

Ven aquí; ¡mujer dichosa!

(_Le pone las joyas._)

MARGARITA

¡Qué lástima no lucirlas en la calle a cualquier hora, o en la iglesia!...

MARTA

Ven a verme, y ante el espejo, a tus solas, te engalanas y deleitas. Luego, ocasiones de sobra vendrán, en que poco a poco vayas sacándolas todas. Hoy la cadena; mañana los zarcillos... Si lo nota tu madre, nada más fácil que inventar cualquier historia.

MARGARITA

¿De qué mano estos presentes provendrán? ¡Es sospechosa!...

(_Llaman a la puerta._)

¡Cielos! ¡Si fuera mi madre!...

MARTA, _apartando la cortina y mirando_

Es un hidalgo: persona desconocida... ¡Adelante!

MEFISTÓFELES, _entrando_

Perdonad: sin ceremonia me presento. Mi propósito es hablar con la señora Marta Espadilla.

MARTA

¿En qué puedo serviros? Yo soy.

MEFISTÓFELES

La honra me basta, de conoceros. Volveré: tenéis ahora visita de alto copete. Vendré a la tarde.

MARTA

Te toma por una dama, ¡Dios santo! ¿Lo escuchaste?

MARGARITA

La lisonja agradezco. Soy doncella humilde y pobre. Estas joyas no son mías.

MEFISTÓFELES

¡Oh, no es eso! El ademán, la imperiosa mirada... Mucho me place el encuentro.

MARTA

¿Qué ocasiona vuestra visita?

MEFISTÓFELES

Quisiera nuevas más satisfactorias comunicaros, y os ruego que no estalle vuestra cólera sobre el portador. Ha muerto vuestro esposo, y por mi boca os saluda.

MARTA

¡Mi marido ha muerto! ¡Misericordia! ¡Pobre de mí!... Yo fallezco...

MARGARITA

No os entreguéis a esa loca desesperación...

MEFISTÓFELES

Oídme, si queréis saber la historia.

MARGARITA

Por estos trances, quisiera no amar nunca. ¿Quién soporta tal pérdida?

MEFISTÓFELES

Todo tiene compensación. Sin zozobras no hay placeres.

MARTA

Referidme, señor, sus últimas horas.

MEFISTÓFELES

En Padua, junto a la iglesia de San Antonio famosa, en terreno bendecido, el eterno sueño goza.

MARTA

¿Y os dio para mí?

MEFISTÓFELES

Un encargo importante: su memoria habéis de honrar, consagrándole trescientas misas. Mi bolsa, por lo demás, está huera.

MARTA

¿Qué decís? ¿Ni una bicoca por recuerdo? ¿Ni un humilde joyel, que para su esposa el ganapán más ingrato guarda en sus pobres alforjas, aunque haya de pasar hambre y haya de pedir limosna?

MEFISTÓFELES

Señora, lo siento mucho; mas debo decir, en honra del difunto, que el dinero no derrochó. Con devota contrición lloró sus culpas y su suerte poco próspera.

MARGARITA

¡Desdichado! Más de un _requiem_ le prometo.

MEFISTÓFELES

¡Encantadora muchacha! ¡Y esos abriles están ya pidiendo bodas!

MARGARITA

Es pronto.

MEFISTÓFELES

Si aún no marido, cortejo. ¡Qué mayor gloria que ser posesor y dueño de un tesoro de tal monta!

MARGARITA

Cortejos no se acostumbran en esta tierra.

MEFISTÓFELES

Y ¿qué importa? Nada más fácil...

MARTA

El hilo seguid de la infausta crónica.

MEFISTÓFELES

Vi expirar al triste enfermo. No era su cama mortuoria de estiércol; mas sí de paja podrida, sucia y hedionda. Pero ejemplar, cristianísimo, fue su tránsito. «¡Aún es floja la penitencia!, exclamaba. ¡Me abomino! ¡Me abochornan mis culpas! ¡Mujer, oficio dejar!... ¡Cuánto me trastorna esa idea!... ¡Si supiese que ella, al menos, me perdona!»

MARTA

¡Ya le perdoné!

MEFISTÓFELES

Y seguía: «Aun cuando culpa, y no poca, ella tuvo.»

MARTA

Mintió en eso. ¡A los bordes de la fosa tal calumnia!...

MEFISTÓFELES

El pobrecillo deliraba, pues: «¡Cuán pronta huyó la paz!, exclamaba: ¡qué vida!, ¡qué batahola! Darle cada año un infante; buscar, para tantas bocas, después el pan, el pan, digo, en su acepción llana y propia; y jamás comer tranquilo mi porción.»

MARTA

¿Y de su esposa olvidó así la ternura, la constancia, las congojas?...

MEFISTÓFELES

¡Oh, no! Guardaba en el fondo del alma vuestra memoria. «Cuando partí, me decía, de Malta, oración ansiosa recé por ella y mis hijos: la oyó Dios, y nuestra flota a una galera otomana dio caza al punto; apresola: tesoros para el Gran Turco llevaba. Diose a la tropa la recompensa debida, y mi parte no fue corta.»

MARTA

¿Dónde están esas riquezas? Quizá las guardó recónditas...

MEFISTÓFELES

¿Quién sabe, quién sabe adónde las llevaron a estas horas los cuatro vientos?... En Nápoles prendose de su persona una gentil damisela, y pruebas diole tan hondas de fino amor, que el pobrete hasta la muerte sintiolas.

MARTA

¡Ladrón de sus propios hijos! ¿No pudieron la deshonra ni la miseria apartarle de esa vida ignominiosa?

MEFISTÓFELES

Pero, al fin, murió. ¡Si fuera yo su viuda!... Negras tocas un año, y después en busca de otros goces y otras glorias.

MARTA

Otro como mi primero no hallaré. Cabeza loca, pero ¡un corazón!... Más falta no tenía, ni más sobras, que gustar sobradamente del vino, el juego y las mozas.

MEFISTÓFELES

Menos malo, si gozabais libertad para las tornas. A trocar estoy dispuesto, si ese trato os acomoda, nuestro anillo.

MARTA

El buen hidalgo es dado a chanzas y bromas.

MEFISTÓFELES (_aparte._)

¡Paso atrás! Al mismo diablo tal vez la palabra coja la viuda.

(_Dirigiéndose a_ MARGARITA.)

¿Qué tal se encuentra el corazoncito, hermosa?

MARGARITA

No os comprendo.

MEFISTÓFELES

(_Aparte._) ¡Qué inocencia! El cielo os guarde. (_Despidiéndose._)

MARGARITA

Él os oiga.

MARTA

Escuchad: ¿fuera posible lograr documento en forma, que acredite cuándo el pobre murió y en dónde reposa? Gústame tener en orden mis asuntos y mis cosas... Si publicase su muerte la _Gaceta_...

MEFISTÓFELES

Lo que otorgan y declaran dos testigos, verdad, que no admite contra, siempre ha sido. Un camarada va conmigo, que la historia conoce, y dará fe de ella. Lo traeré.

MARTA

Venga en buen hora.

MEFISTÓFELES

¿También estará la niña? Mozo es de rango y de nota; ha corrido mucho, y sabe tratar a las damas.

MARGARITA

Toda turbada estaré.

MEFISTÓFELES

¿Turbada? ¡Ni ante el mayor rey de Europa!

MARTA

A la tarde os aguardamos. Estaremos a la sombra del jardín, tras de la casa.

MEFISTÓFELES

Hasta la tarde, señora.

[Ilustración]

CALLE

FAUSTO, MEFISTÓFELES

FAUSTO

¿Cómo va? ¿Qué adelantamos?

MEFISTÓFELES

¡Te abrasa ya la impaciencia! Margarita será tuya pronto. Esta tarde has de verla en casa de una vecina, tal que mejor no se encuentra para el papel honrosísimo de buscona y de tercera.

FAUSTO

¡Muy bien! ¡Soberbio!

MEFISTÓFELES

Pero algo me piden en recompensa.

FAUSTO

Amor con amor se paga.

MEFISTÓFELES

Hay que dar en toda regla jurídico testimonio de que allá, en Padua la bella, al cuerpo de su marido echaron sagrada tierra.

FAUSTO

Bien: emprendamos el viaje.

MEFISTÓFELES

¡Oh _simplicitas_! ¿Quién piensa cosa tal? Sin más pesquisas, atestigua cuanto quieran.

FAUSTO

Si otro plan mejor no tienes, aquí dio fin nuestra empresa.

MEFISTÓFELES

¡Oh santo varón! ¡Oh insigne virtud! ¿Será la primera y última vez que atestigües en falso? Di: ¿no recuerdas cuando con labio imperioso, cuando con frente altanera, de Dios, del hombre y el mundo, del alma y la inteligencia, dabas, a diestro y siniestro, definiciones quiméricas? ¿Sabías tú más de aquello que de las horas postreras del buen señor de Espadilla, que _in sancta pace requiescat_?

FAUSTO

¡Siempre embustero y sofista!...

MEFISTÓFELES

Es que mi vista penetra más hondo, y sé que mañana irás, limpia la conciencia, a seducir a la pobre Margarita, y mil protestas le harás de amor, de amor puro...

FAUSTO

¡Con toda el alma!

MEFISTÓFELES

¿De veras? Luego, con el alma toda, le dirás que es tu primera pasión, y con toda el alma le prometerás perpetuas fidelidad y constancia...

FAUSTO

¡Y le diré lo que sienta! Cuando en mi ardiente deliquio, cuando en mi dicha suprema, para expresar mis afanes frases mis labios no encuentran, y cruzando el universo revolviendo cielo y tierra, de las palabras más nobles mi frenesí se apodera, y a la fiebre en que me abraso la llamo infinita, eterna, ¿es eso ilusión diabólica? ¿Es mentira y apariencia?

MEFISTÓFELES

Tengo, pues, razón.

FAUSTO

Escucha, y déjame en paz la lengua. A aquel que callar no quiere darle la razón es fuerza... Tu implacable taravilla me cansa, aturde y marea: ¡tienes razón! Sobre todo, porque he de hacer lo que quieras.

[Ilustración]

[Ilustración]

JARDÍN

MARGARITA _del brazo de_ FAUSTO. MARTA _con_ MEFISTÓFELES, _paseando arriba y abajo_

MARGARITA

Sois conmigo tan galán, que abochornada os escucho. Los que viajan y ven mucho, buscan, allá donde van, momentánea distracción; pues poco, de otra manera, interesaros pudiera mi pobre conversación.

FAUSTO

Un acento de tus labios, de tus ojos un destello, valen más que todo aquello que nos enseñan los sabios.

(_Le besa la mano._)

MARGARITA

¿Qué hacéis? ¿Os dignáis besar mano tan áspera y ruda? Preciso es que a todo acuda y trabaje sin cesar. Mi madre es tan hacendosa y exigente...

(_Pasan._)

MARTA

¿Y vais así, siempre en movimiento?

MEFISTÓFELES

Oh, sí: la necesidad acosa, urge el negocio; y a fe que es triste, siempre intranquilo, dejar más pronto el asilo que más grato al alma fue. Pero, el deber...

MARTA

Mientras dura la juventud divertida, no es malo pasar la vida yendo siempre a la ventura. Mas los años breves son, y al acercarse a la muerte insoportable es la suerte del infeliz solterón.

[Ilustración]

MEFISTÓFELES

Esa vejez, triste y fría, miro con horror también.

MARTA

Pues, señor, pensadlo bien, hoy que es tiempo todavía.

(_Pasan._)

MARGARITA

Quien marchó, pronto olvidó, y aunque en vos así no fuera, amigos tendréis doquiera que sepan más que sé yo.

FAUSTO

¿Qué es el saber? ¡Vanidad! ¿Por qué, mereciendo tanto, no aprecia su valor santo la inocente ingenuidad? La sencillez sin recelo que goza el grato reposo: este es el don más precioso que nos puede dar el cielo.

MARGARITA

Pues, si os lleva lejos Dios, pensad algún rato en mí: ¡yo tendré tantos aquí para acordarme de vos!...

FAUSTO

¿Tan sola estás?...

MARGARITA

¿Qué he de hacer? La labor nunca es escasa, pues, aunque es chica la casa, siempre hay algo a qué atender. No queremos admitir sirvienta, y hay que lavar y coser y cocinar, hay que entrar, hay que salir. Mi madre, ¡es tan pulcra en todo, tan exacta!... Y a fe mía, si otra fuera, no tendría que afanarse de ese modo. Muchos gastan, bien lo advierto, aunque a su estado no cuadre... Hacienda nos dejó el padre, nuestra casita y el huerto. Y ahora no me quejo, no; tengo un vivir sosegado: mi único hermano es soldado, y mi hermanita murió. ¡Mucho me hizo padecer! Pero de nuevo por ella pasara la angustia aquella: ¡tanto se hacía querer!

FAUSTO

Si era semejante a ti, ángel del cielo sería.

MARGARITA

Cura de ella yo tenía, y estaba loca por mí. Nació --¡desgraciada suerte!-- después de morir el padre, y estuvo entonces mi madre a las puertas de la muerte. Cuando, tras larga amargura, pudo, al fin, dejar el lecho, estaba exhausto su pecho para la infeliz criatura. Yo un día tras otro día, sin detenerme por nada, de agua y leche azucarada la alimentaba y nutría. Y de esa dulce manera, contemplándome y sonriendo, iba en mis brazos creciendo, cual si mi propia hija fuera.

FAUSTO

Y entonces, di, ¿no es verdad?, ¿gozaste el más puro bien?

MARGARITA

Sí; pero había también horas de amarga ansiedad. Como estaba colocada junto a mi cama su cuna, no pasaba noche alguna sin despertar azorada; pues, apenas se movía, para procurarle abrigo, acostábala conmigo, o en mis brazos la mecía. Ora le daba alimento; ora, con impulso blando, paseábala cantando por el oscuro aposento. Y había que madrugar a la mañana siguiente, ir al mercado, a la fuente, y afanarse sin cesar; y así, no siempre, señor, está el ánimo contento; mas, con tanto movimiento, se come y duerme mejor.

(_Pasan._)

MARTA

¡Pobres mujeres! Gastamos en balde nuestras razones; son para los solterones inútiles los reclamos.

MEFISTÓFELES

Solo una mujer cual vos catequizarme podría.

MARTA

¿Tenéis el alma aún vacía? Sed franco, aquí entre los dos.

MEFISTÓFELES

Dice un adagio profundo: «Buen hogar y esposa honrada, dicha es que no está pagada con todo el oro del mundo.»

MARTA

Digo si guardáis presente algún recuerdo...

MEFISTÓFELES

Hasta ahora en todas partes, señora, fui acogido cordialmente.

MARTA

¿Nunca sentisteis arder vuestro corazón herido?...

MEFISTÓFELES

Siempre mal me ha parecido el jugar con la mujer.

MARTA

Inútil será que os hable... No me explico.

MEFISTÓFELES

O no os entiendo; pero ya voy comprendiendo que sois muy buena y amable.

(_Pasan._)

FAUSTO

Apenas puse aquí el pie, ¿me reconociste, oh cielo?

MARGARITA

Los ojos, turbada, al suelo, ¿no visteis cómo bajé?

FAUSTO

Y dispensando osadías, que amor inspira y dirige, ¿perdonas lo que te dije cuando del templo salías?

MARGARITA

¡Corrida quedé y cortada! Nunca estuve en caso igual: de mí nadie piensa mal, ni he sido en lenguas llevada. ¿Qué, decía, habrá encontrado de provocador en mí, para acercárseme así, con tan libre desenfado? ¿Por quién me toma? ¿Qué piensa? Gritaba así mi despecho; pero algo había en mi pecho que hablaba en vuestra defensa; y entonces --sábelo Dios-- contra mí me revolvía, al ver que, como debía, no me indignaba con vos.

FAUSTO

¡Dulce amor!

MARGARITA

Voy a probar... Permitid... (_Coge una margarita._)

FAUSTO

¿Qué haces? ¿Un ramo?

MARGARITA

Es un juego.

FAUSTO

En él reclamo mi parte.

MARGARITA

Os vais a burlar.

(_Deshoja la flor pronunciando algunas palabras._)

Me quiere... (_A media voz._)

FAUSTO

Mi anhelo calma.

MARGARITA

No me quiere; sí, no, sí...

FAUSTO

¿Qué dices?...

MARGARITA

Sí, no... ¡Ay de mí! ¡Me quiere!

(_Arrancando la última hoja con sereno júbilo._)

FAUSTO

¡Con toda el alma! Deja a una inocente flor divino oráculo ser... ¡Te amo! ¿Sabes comprender de esa palabra el valor?

(_Asiendo sus dos manos._)

MARGARITA

Tiemblo...

FAUSTO

No tiembles, paloma, no temas: estas miradas, estas manos enlazadas, te explican lo que otro idioma no te pudiera explicar: entregarse sin recelo, y las delicias de un cielo interminable gozar. ¡Interminable!... El mayor suplicio su fin sería: no temas, no, vida mía; ¡eterno será este amor!

(MARGARITA _estrecha las manos de_ FAUSTO; _después se desprende de él y huye. Él queda un instante pensativo, y luego echa a correr tras de ella._)

MARTA

Anochece.

MEFISTÓFELES

Os dejo en paz.

MARTA

No os detengo, francamente, porque, ¡ay, amigo!, ¡la gente es aquí tan suspicaz! No tiene otra ocupación que ir atisbándolo todo, y obréis de este o de otro modo, hay chisme y murmuración.

MEFISTÓFELES

¿Y la pareja?

MARTA

Perdida entre los árboles.

MEFISTÓFELES

¡Bien! ¡Tierna es la dama!

MARTA

¡Y también el galán!

MEFISTÓFELES

¡Esa es la vida!

[Ilustración]

UN PABELLONCITO EN EL JARDÍN

MARGARITA _entra de un salto, se esconde detrás de la puerta y mira por la rendija, con un dedo en los labios_

MARGARITA

¡Ya viene!

FAUSTO, _llegando_

¿Piensas de mí burlarte? ¡Toma!

(_La besa._)

MARGARITA, _abrazándole y devolviéndole el beso_

¡El mejor de los hombres! Es mi amor tuyo todo...

(MEFISTÓFELES _llama a la puerta_.)

FAUSTO

¿Quién va ahí?

MEFISTÓFELES

Un amigo.

FAUSTO

¡Un animal!

MEFISTÓFELES

Vengo a llamaros: ya es hora.

FAUSTO, _a_ MARGARITA

¿Podré acompañarte ahora?...

MARGARITA

Mi madre... Parece mal. ¡Adiós, adiós!

FAUSTO

Si ha de ser, ¡adiós!

MARTA

¡Adiós, que ya es tarde!

MEFISTÓFELES

¡Guárdeos el cielo!

MARTA

¡Él os guarde!

MARGARITA, _a_ FAUSTO

Pronto nos hemos de ver.

(_Vanse_ FAUSTO _y_ MEFISTÓFELES.)

MARGARITA

¡Gran Dios! ¿Qué dirá de mí? En su presencia, turbada me encuentro, y avergonzada; y digo a todo que sí. En esta pobre mujer, sin talento y sin encanto, un hombre que vale tanto ¿qué mérito pudo ver?

[Ilustración]

[Ilustración]

BOSQUES Y CAVERNAS

FAUSTO, _solo_

Me has otorgado, Espíritu sublime, todo cuanto pedí. No en vano has vuelto a mí los ojos en tu ardiente llama. Tú, la Naturaleza, el mundo entero por imperio me das, y al alma mía vigor para admirarlo y comprenderlo. No en estéril asombro me extasío ante sus maravillas: como el pecho de un amigo, penetra mi pupila sus profundos arcanos y misterios. En prolongada tropa, ante mis ojos haces tú desfilar, allá a lo lejos, la viviente legión, y mis hermanos en el bosque y el aire y el mar veo. Y cuando airada la tormenta ruge, destrozando los pinos gigantescos, y la frondosa mole derrumbada retumbar hace los lejanos ecos, a la oculta caverna me conduces, donde, solo, a mí mismo me contemplo, y en mi propia conciencia miro absorto mayores maravillas y portentos. Brilla entonces purísima la luna, endulzándolo todo, y de los negros peñascos y del húmedo follaje las sombras surgen de pasados tiempos, templando el que fatídico me abruma de la contemplación goce siniestro. Mas nunca humana dicha fue completa: para gozar este placer supremo, que a los dioses me eleva y me aproxima, me das, Genio fatal, un compañero frío, impudente, que a mis propios ojos me humilla y me envilece, y con un gesto o una palabra tus celestes dones destruye y anonada. Él en mi pecho hizo brotar la hoguera abrasadora de esta pasión, y vacilante y ebrio voy del afán devorador al goce, y otra vez en el goce ansío el deseo.

MEFISTÓFELES, _saliendo_

¿Aún no te cansa esta vida? ¡Siempre igual! ¡Qué aburrimiento! No es malo probarlo todo; pero cambiando de objetos.

FAUSTO

¿No tienes otra faena que turbar mis gratos sueños?

MEFISTÓFELES

¿Quieres que te deje solo? ¡Bah! ¿Te creo o no te creo? No perdiera yo gran cosa: caprichoso, huraño, terco, harto de tal camarada quedara cualquiera presto, pues lo que quiere o no quiere nadie le saca del cuerpo.

FAUSTO

¡Está bien! ¡Tras aburrirme, aún tendré que agradecértelo!

MEFISTÓFELES

Y sin mí, pobre insensato, sin mí, ¿qué te hubieras hecho? Un nido de musarañas tenías en el cerebro; y si en tu auxilio no acudo y tus ímpetus contengo, lejos del globo terráqueo estuvieras hace tiempo. ¿Por qué en estos peñascales haciendo estás el mochuelo? ¿Por qué entre sucios guijarros, entre céspedes mugrientos, como los sapos, te arrastras, que se nutren de ese cieno? ¡La diversión es brillante! ¡Delicioso el pasatiempo! ¡Infelice Fausto! ¡Aún tienes, aún tienes al Doctor dentro!

FAUSTO

¡No sabes tú cómo el alma cobra espíritu y aliento en aquestas soledades! Si pudieras comprenderlo, eres demasiado diablo para que, henchido de celos, no me privaras al punto del deleite que aquí siento.

MEFISTÓFELES

¡Sobrenatural deleite! ¡Yacer en el dulce seno de la maternal Natura, tomando el aire y el fresco! ¡Tender ansioso los brazos a la tierra y a los cielos, y remontarnos ufanos, y dioses quizás creernos! ¡Profundizar todo abismo con vagos presentimientos, hasta que, al fin, a este mundo la médula le encontremos, y la obra de los seis días sintamos dentro del pecho!; un no sé qué misterioso gozar con altivo anhelo; derramar el alma extática sobre todo el universo, en nuestro ser sofocando el material elemento, y ponerles fin entonces a tan sublimados sueños de tal manera y tal modo...

(_Haciendo un gesto expresivo._)

¡que a decirlo no me atrevo!

FAUSTO

¡Calla!

MEFISTÓFELES

Callo, si te ofende; callo, y la moral respeto, ya que a los castos oídos es crimen decir aquello que los corazones castos están a gritos pidiendo. Pues que te place engañarte a ti propio, buen provecho: no he de quitarte ese gusto, que tampoco será eterno. Por de pronto, ya te miro aprisionado de nuevo, y en torno tuyo, delirios y terrores en acecho. ¡Y entre tanto, aquella niña suspirando está y gimiendo, con tu imagen venturosa clavada en su pensamiento, y tanto amor en el alma que ya no cabe allí dentro! Como las ondas copiosas de los derretidos hielos, inundó tu pasión loca e hizo desbordar su pecho; hoy el raudal --¡pobre amante!-- está agotado, está seco. En vez de reinar adusto en bosques, valles y cerros, ¿no fuera, señor, más propio de un cumplido caballero premiar de alguna manera tan apasionado afecto? ¡Cuán largo, a la triste niña, ha de antojársele el tiempo! De bruces a la ventana pasa las horas, y el vuelo sigue de las pardas nubes que cruzan el firmamento. «¡Si fuera avecilla!» canta, y esta canción repitiendo, pasa las noches a medias y los días por completo. Unas veces triste y grave, gozosa en otros momentos, ya prorrumpe en largos lloros, ya brilla el rostro sereno; pero siempre, alegre o triste, loca de amor la contemplo.

FAUSTO

¡Sierpe maldita!

MEFISTÓFELES, _aparte_

Sí, sierpe que ya se te enrosca al cuello.

FAUSTO

¡Calla, infame, y jamás nombres a ese ser tan puro y tierno; jamás su hechicera imagen, cuando miras que enloquezco, la presentes tentadora al furor de mi deseo!

MEFISTÓFELES

¿Y qué te importa? Entre tanto, la hermosa de nuestro cuento se imagina abandonada, y casi lo está, en efecto.

FAUSTO

No lo está; cerca estoy de ella; pero supón que esté lejos: no por eso la abandono, ni la olvido, ni la pierdo. ¡Si la amo con toda el alma! ¡Si envidio hasta el mismo cuerpo del Señor, cuando la hostia pasa entre sus labios trémulos!

MEFISTÓFELES

¡Y yo también muchas veces os envidio cuando os veo en vuestro nido de rosas, parejita de gemelos!

FAUSTO

¡Rufián! ¡Rufián!...

MEFISTÓFELES

Me calumnias, y la carcajada suelto. ¡Rufián!... El Dios que ha creado a doncellas y mancebos, consagró el ilustre oficio de darles, con mil rodeos, la circunstancia oportuna y la ocasión y el momento. ¡Ea! ¡En marcha! ¿Por qué tiemblas? Porque vas --¡destino adverso!-- a la cámara --¡oh desgracia!-- de tu amor --¡rayos y truenos!--

FAUSTO