Fábulas

Part 8

Chapter 83,432 wordsPublic domain

Un inhábil y hambriento Zapatero En la corte por médico corría; Con un contraveneno que fingía, Ganó fama y dinero. Estaba el rey postrado en una cama De una grave dolencia: Para hacer experiencia Del talento del médico, le llama. El antídoto pide, y en un vaso Finge el rey que le mezcla con veneno; Se lo manda beber: el tal Galeno[401] Teme morir: confiesa todo el caso, Y dice que, sin ciencia, Logró hacerse doctor de grande precio Por la credulidad del vulgo necio. Convoca el rey al pueblo:--¡Qué demencia Es la vuestra, exclamó, que habéis fiado La salud francamente De un hombre á quien la gente Ni aun quería fiarle su calzado!-- _Esto para los crédulos se cuenta_ _En quienes tiene el charlatán su renta._[402]

FÁBULA VI

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El Murciélago y la Comadreja.

Cayó sin saber cómo Un Murciélago á tierra, Al instante le atrapa La lista Comadreja. Clamaba el desdichado Viendo su muerte cerca, Ella le dice:--Muere, Que por naturaleza Soy mortal enemiga De todo cuanto vuela.-- El avechucho[403] grita, Y mil veces protesta Que él es ratón, cual todos Los de su descendencia. Con esto (¡qué fortuna!) El preso se liberta. Pasado cierto tiempo, No sé de qué manera, Segunda vez le pilla: Él nuevamente ruega; Mas ella le responde Que Júpiter la ordena Tenga paz con las aves, Con los ratones guerra. --¿Soy yo ratón acaso? Yo creo que estás ciega. ¿Quieres ver cómo vuelo?-- En efecto, le deja, Y á merced de su ingenio, Libre el pájaro[404] vuela. _Aquí aprendió de Esopo. La gente marinera, Murciélagos que fingen Pasaporte y bandera. No importa que haya pocos Ingleses comadrejas: Tal vez puede de un riesgo Sacarnos una treta._

FÁBULA VII

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La Mariposa y el Caracol.

Aunque te haya elevado la fortuna Desde el polvo á los cuernos de luna, Si hablas, Fabio, al humilde con desprecio, Tanto como eres grande, serás necio, ¡Qué! ¿te irritas? ¿te ofende mi lenguaje? --No se habla de ese modo á un personaje. --Pues haz cuenta, señor, que no me oiste, Y escucha á un Caracol: vaya de chiste. En un bello jardín cierta mañana, Se puso muy ufana Sobre la blanca rosa Una recién nacida Mariposa. El sol resplandeciente Desde su claro oriente Los rayos esparcía: Ella á su luz las alas extendía, Sólo por que envidiasen sus colores Manchadas aves y pintadas flores[405]. Esta vana, preciada de belleza, Al volver la cabeza Vió muy cerca de sí sobre una rama Á un pardo Caracol. La bella dama Irritada exclamó:--¿Cómo, grosero, Á mi lado te acercas? Jardinero, ¿De qué sirve que tengas con cuidado El jardín cultivado, Y guarde tu desvelo La rica fruta del rigor del hielo, Y los tiernos botones de las plantas, Si ensucia y come todo cuanto plantas, Este vil Caracol de baja esfera? Ó mátale al instante, ó vaya fuera. --Quien ahora te oyese, Si no te conociese, Respondió el Caracol, en mi conciencia Que pudiera temblar en tu presencia. Mas díme, miserable criatura, Que acabas de salir de la basura, ¿Puedes negar que aun no hace cuatro días Que gustosa solías, Como humilde reptil andar conmigo, Y yo te hacía honor en ser tu amigo? ¿No es también evidente, Que eres por línea recta descendiente De las Orugas[406], pobres hilanderos[407], Que mirándose en cueros, De sus tripas hilaban y tejían Un fardo en que el invierno se metían, Como tú te has metido, Y aun no hace cuatro días que has salido. Pues si éste fué tu origen y tu casa, Por qué tu ventolera se propasa Á despreciar á un Caracol honrado?-- _¿El que tiene de vidrio su tejado[408] Esto logra de bueno Con tirar las pedradas al ajeno._

FÁBULA VIII

Los dos Titiriteros[409].

Todo el pueblo admirado Estaba en una plaza amontonado, Y en medio se empinaba un Titerero Enseñando una bolsa sin dinero; --Pase de mano en mano, les decía: Señores, no hay engaño, está vacía.-- Se la vuelven, la sopla, y al momento Derrama pesos duros, ¡qué portento! Levántase un murmullo de repente, Cuando ven por encima de la gente Otro Titiritero á competencia. Queda en expectación la concurrencia Con silencio profundo; Cesó el primero, y empezó el segundo. Presenta de licor unas botellas: Algunos se arrojaron hacia ellas, Y al punto las hallaron transformadas En sangrientas espadas. Muestra un par de bolsillos de doblones: Dos personas, sin duda dos ladrones, Les echaron la garra muy ufanos, Y se ven dos cordeles en sus manos. Á un relator cargado de procesos Una letra le enseña de mil pesos. Sople usted: sopla el hombre apresurado, Y le cierra los labios un candado. Á un abate[410] arrimado á su cortejo Le presenta un espejo, Y al mirar su retrato peregrino, Se vió con las orejas de pollino. Á un santero[411] le manda Que se acerque: le pilla la demanda[412], Y allá, con sus hechizos, La convirtió en merienda de chorizos. Á un joven desenvuelto y rozagante Le regala un diamante: Éste le dió á su dama, y en el punto Pálido se quedó como un difunto, Item más, sin narices y sin dientes; Allí fué la rechifla de las gentes, La burla y la chacota. El primer Titerero se alborota. Dice por el segundo con denuedo: --Ese hombre tiene un diablo en cada dedo, Pues no encierran virtud tan peregrina Los polvos de la madre Celestina[413]; Que declare su nombre.-- El concurso lo pide, y el buen hombre Entonces, más modesto que un novicio, Dijo: _No soy el diablo, sino el vicio_.

FÁBULA IX

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El Raposo y el Perro.

De un modo muy afable y amistoso, El Mastín de un pastor con un Raposo Se solía juntar algunos ratos, Como tal vez los perros y los gatos[414] Con amistad se tratan. Cierto día El Zorro á su compadre[415] le decía: Estoy muy irritado: Los hombres por el mundo han divulgado Que mi raza inocente (¡qué injusticia!) Les anda _circumcirca_[416] en la malicia. ¡Ah maldita canalla! Si yo pudiera...--En esto el Zorro calla, Y erizado se agacha.--Soy perdido, Dice, los cazadores he oído. ¿Qué me sucede?--Nada: No temas, le responde el camarada; Son las gentes[417] que pasan al mercado. Mira, mira, cuitado, Marchar haldas en cinta á mis vecinas Coronadas con cestas de gallinas. --No estoy, dijo el Raposo, para fiestas; Vete con tus gallinas y tus cestas, Y satiriza á otro. Porque sabes Que robaron anoche algunas aves, ¿He de ser yo el ladrón?--En mi conciencia Que hablé, dijo el Mastín, con inocencia. ¿Yo pensar que has robado el gallinero, Cuando siempre te vi como un cordero? --¡Cordero! exclama el Zorro; no hay aguante Que cordero me vuelva en el instante, Si he hurtado el que falta en tu majada. --Hola, concluye el Perro, camarada, El ladrón es Ud.[418] según se explica.-- El estuche[419] molar al punto aplica Al mísero Raposo, Para que así escarmiente el cosquilloso[420], Que de las fabulillas se resiente. «_Si no estás inocente, Dime, ¿por qué no bajas las orejas? Y si acaso lo estás, ¿de qué te quejas?_»

LIBRO NONO

FÁBULA PRIMERA

El Gato y las Aves.

Charlatanes se ven por todos lados En plazas y en estrados, Que ofrecen sus servicios (¡cosa rara!) Á todo el mundo por su linda cara[421]. Éste, químico y médico excelente, Cura á todo doliente, Pero _gratis_: no se hable de dinero. El otro petimetre[422] caballero Canta, toca, dibuja, borda, danza, Y ofrece la enseñanza _Gratis_ por afición á cierta gente. Veremos en la fábula siguiente Si puede haber en esto algún engaño: La prudente cautela no hace daño. Dejando los desvanes y rincones El señor _Mirrimiz_, Gato de maña, Se salió de la villa á la campaña. En paraje sombrío Á la orilla de un río De sauces coronado, En unas matas se quedó agachado. El Gatazo[423] callaba como un muerto Escuchando el concierto De dos mil avecillas, Que en las ramas cantaban maravillas. Pero callaba en vano, Mientras no se acercaban á su mano Los músicos volantes, pues quería _Mirrimiz_ arreglar la sinfonía. Cansado de esperar, prorrumpe al cabo, Sacando la cabeza: _¡Bravo, bravo!_ La turba calla: cada cual procura Alejarse ó meterse en la espesura; Mas él les[424] persuadió con buenos modos, Y al fin logró que le escuchasen todos. --No soy Gato montés ó campesino; Soy honrado vecino De la cercana villa; Fuí Gato de un maestro de capilla; La música aprendí y aun, si me empeño, Veréis como os la enseño; Pero _gratis_ y en menos de una hora. ¡Qué cosa tan sonora Será el oír un coro de cantores, Verbigracia, calandrias, ruiseñores! Con estas y otras cosas diferentes, Algunas de las aves inocentes Con manso vuelo á _Mirrimiz_ llegaron: Todos en torno de él se colocaron; Entonces con más gracia Y más diestro que el Músico de Tracia[425], Echando su compás hacia el más gordo, Consigue _gratis_ merendarse un tordo.

FÁBULA II

La Danza pastoril.

Á la sombra que ofrece Un gran peñón tajado, Por cuyo pie corría Un arroyuelo manso, Se formaba en estío Un delicioso prado. Los árboles silvestres Aquí y allí plantados, El suelo siempre verde De mil flores sembrado, Más agradable hacían El lugar solitario. Contento en él pasaba La siesta, recostado Debajo de una encina, Con el albogue, Bato[426]. Al son de sus tonadas Los pastores cercanos, Sin olvidar algunos La guarda del ganado, Descendían ligeros[427] Desde la sierra al llano. Las honestas zagalas, Según iban llegando, Bailaban lindamente, Asidas de las manos, En torno de la encina Donde tocaba Bato. De las espesas ramas Se veía colgando Una guirnalda bella De rosas y amaranto. La fiesta presidía Un mayoral anciano: Y ya que el regocijo Bastó para descanso, Antes que se volviesen Alegres al rebaño, El viejo presidente Con su corvo, cayado Alcanzó la guirnalda, Que pendía del árbol, Y coronó con ella Los cabellos dorados De la gentil zagala, Que con sencillo agrado Supo ganar á todas En modestia y recato. _Si la virtud premiaran Algunos cortesanos, Yo sé que no huiría Desde la corte al campo._

FÁBULA III

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Los dos Perros.

_Procure ser en todo lo posible El que ha de reprender irreprensible._ _Sultán_, perro goloso y atrevido, En su casa robó, por un descuido, Una pierna excelente de carnero. _Pinto_, gran tragador, su compañero, Le encuentra con la presa encarnizado, Ojo al través, colmillo acicalado, Fruncidas las narices y gruñendo. --¿Qué cosa estás naciendo, Desgraciado _Sultán_? _Pinto_ le dice. ¿No sabes, infelice[428], Que un perro infiel, ingrato, No merece ser perro, sino gato? ¡Al amo, que nos fía La custodia de casa noche y día, Nos halaga, nos cuida y alimenta, Le das tan buena cuenta[429], Que le robas goloso La pierna del carnero más jugoso! Como amigo te ruego No la maltrates más: déjala luego. --Hablas, dijo _Sultán_, perfectamente. Una duda me queda solamente Para seguir al punto tu consejo: Di, ¿te la comerás si yo la dejo?

FÁBULA IV

La Moda.

Después de haber corrido Cierto danzante Mono Por cantones y plazas De ciudad en ciudad el mundo todo, Logró (dice la historia, Aunque no cuenta el cómo) Volverse libremente Á los campos del África orgulloso. Los Monos al viajero Reciben con más gozo Que á Pedro, el czar, los rusos, Que los griegos á Ulises generoso. De leyes, de costumbres Ni él habló, ni algún otro[430] Le preguntó palabra; Pero de trajes y de modas todos. En cierta jerigonza, Con extranjero tono, Les hizo un _gran detalle_[431] De lo más _remarcable_[432] á los curiosos. «Empecemos, decían, Aunque sea por poco.» Hiciéronse zapatos Con cáscaras de nueces por lo pronto. Toda la raza mona Andaba con sus choclos[433], Y el no traerlos era Faltar á la decencia y al decoro. Un leopardo hambriento Trepa para los Monos; Ellos huir intentan Á salvarse en los árboles del soto[434]. Las chinelas[435] lo estorban, Y de muy fácil modo Aquí y allí mataba, Haciendo á su placer dos mil destrozos. En Tetuán desde entonces Manda el senado docto, Que cualquier uso ó moda De países cercanos ó remotos, Antes que llegue el caso De adoptarse en el propio, Haya de examinarse En junta de políticos á fondo. _Con tan justo decreto, Y el suceso horroroso ¿Dejaron tales modas? Primero dejarían de ser Monos._

FÁBULA V

El Lobo y el Mastín.

Trampas, redes y perros Los celosos pastores disponían En lo oculto del bosque y de los cerros, Porque matar querían Á un Lobo por el bárbaro delito De no dejar á vida ni un cabrito. Hallóse cara á cara Un Mastín con el Lobo de repente, Y cada cual se para, Tal como en Zama estaban frente á frente Antes de la batalla, muy serenos, Aníbal y Escipión, ni más ni menos. En esta suspensión treguas propone El Lobo á su enemigo. El Mastín no se opone, Antes le dice:--Amigo, Es cosa bien extraña por mi vida Meterse un señor Lobo á cabricida[436]. Ese cuerpo brioso Y de pujanza fuerte, Que mate al jabalí, que venza al oso. Mas ¿qué dirán al verte Que lo valiente y fiero Empleas en la sangre de un cordero? El Lobo le responde:--Camarada, Tienes mucha razón; en adelante Propongo no comer sino ensalada.-- Se despiden y toman el portante. Informados del hecho Los pastores se apuran y patean: Agarran al Mastín y le apalean. Digo que fué bien hecho; Pues, en vez de ensalada, en aquel año Se fué comiendo el Lobo su rebaño. _¿Con una reprensión, con un consejo Se pretende quitar un vicio añejo?_

FÁBULA VI

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La Hermosa y el Espejo.

Anarda la bella Tenía un amigo Con quien consultaba Todos sus caprichos: Colores de moda, Más ó menos vivos, Plumas, sombreretes[437], Lunares y rizos Jamás en su adorno Fueron admitidos, Si él no la[438] decía: «_Gracioso, bonito_». Cuando su hermosura Llena de atractivo, En sus verdes años Tenía más brillo, Traidoras la roban (Ni acierto á decirlo) Las negras viruelas Sus gracias y hechizos. Llegóse al espejo: Éste era su amigo, Y como se jacta De fiel y sencillo, Lisa y llanamente La verdad la dijo. Anarda furiosa, Casi sin sentido, Le vuelve la espalda Dando mil quejidos. Desde aquel instante Cuentan que no quiso Volver á consultas Con el señor mío[439]. _Escúchame Anarda_: «_Si buscas amigos Que te representen Tus gracias y hechizos, Mas que no te adviertan Defectos, y aun vicios De aquellos que nadie Conoce en sí mismo; Díme ¿de qué modo Podrás corregirlos?_»

FÁBULA VII

El Viejo y el Chalán.

_Fabio está, no lo niego, muy notado De una cierta pasión que le domina; ¿Mas qué importa, señor? si se examina Se verá que es un mozo muy honrado, Generoso, cortés, hábil, activo, Y que de todo entiende Cuanto pide el empleo que pretende. Y qué, ¿no se le dan?... ¿por qué motivo?... Trataba un Viejo de comprar un perro Para que le guardase los doblones. Le decía el Chalán estas razones: --Con un collar de hierro Que tenga el animal, échenle gente: Es hermoso, pujante,_ Leal, bravo, arrogante; Y aunque tiene la falta solamente De ser algo goloso... --¿Goloso? dice el Rico; no le quiero. --No es para marmitón[440], ni despensero, Continúa el Chalán muy presuroso, Sino para valiente centinela. --Menos, concluye el Viejo: Dejará que me quiten el pellejo Por lamer entre tanto la cazuela.

FÁBULA VIII

La Gata con Cascabeles.

Salió cierta mañana _Zapaquilda_ al tejado Con un collar de grana, De pelo y cascabeles adornado. Al ver tal maravilla, Del alto corredor y la guardilla[441] Van saltando los Gatos de uno en uno; Congrégase al instante Tal concurso gatuno[442] En torno de la dama rozagante, Que entre flexibles colas arboladas Apenas divisarla se podía. Ella con mil monadas El cascabel parlero sacudía; Pero cesando al fin el sonsonete, Dijo, que por juguete, Quitó el collar al perro su señora, Y se lo puso á ella. Cierto que _Zapaquilda_ estaba bella: Á todos enamora, Tanto que en la gatesca compañía, Cuál dice su atrevido pensamiento, Cuál se encrespa celoso; Riñen éste y aquél con ardimiento, Pues con ansia quería Cada Gato soltero ser su esposo. Entre los arañazos y maullidos Levántase _Garraf_, Gato prudente, Y á los enfurecidos Les grita:--Noble gente, ¡Gata con cascabeles por esposa! ¿Quién pretende tal cosa? ¿No veis que el cascabel la caza ahuyenta Y que la dama hambrienta Necesita sin duda que el marido, Ausente y aburrido, Busque la provisión en los desvanes, Mientras ella cercada de galanes, Porque el mundo la vea, De tejado en tejado se pasea?-- Marchóse _Zapaquilda_ convencida, Y lo mismo quedó la concurrencia. _¡Cuántos chascos se llevan en la vida Los que no miran más que la apariencia!_

FÁBULA IX

El Ruiseñor y el Mochuelo.

Una noche de mayo, Dentro de un bosque espeso, Donde según reinaba La triste obscuridad con el silencio, Parece que tenía Su habitación Morfeo; Cuando todo viviente Disfrutaba del dulce y blando sueño, Pendiente de una rama Un Ruiseñor parlero[443] Empezó con sus ayes Á publicar sus dolorosos celos. Después de mil querellas, Que llegaron al cielo, Á cantar empezaba La antigua historia del infiel Teseo, Cuando, sin saber como, Un cazador Mochuelo Al músico arrebata Entre las corvas uñas prisionero. Jamás Pan con la flauta Igualó sus gorjeos, Ni resonó tan grata La dulce lira del divino Orfeo. No obstante, cuando daba[444] Sus últimos lamentos, Los vecinos del bosque Aplaudían su muerte: yo lo creo. Si con sus serenatas El mismo _Farinelo_ Viniese á despertarme, Mientras que yo dormía[445] en blando lecho; En lugar de los _bravos_, Diría: Caballero, ¡Que no viniese ahora Para tal Ruiseñor algún Mochuelo! _Clori tiene mil gracias: Y ¿qué logra con eso? Hacerse fastidiosa Por no querer usarlas á su tiempo._

FÁBULA X

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El Amo y el Perro.

--Callen todos los perros de este mundo Donde está mi _Palomo_: Es fiel, decía el Amo, sin segundo Y me guarda la casa... pero ¿cómo? Con la despensa abierta Le dejé cierto día; En medio de la puerta De guardia se plantó con bizarría. Un formidable gato, En vez de perseguir á los ratones, Se venía guiado del olfato Á visitar chorizos y jamones. _Palomo_ le despide buenamente; El gatazo[446] se encrespa y acalora: Riñen sangrientamente, Y mi _Guardajamones_[447] le devora.-- Esto contaba el Amo á sus amigos, Y después á su casa se los lleva Á que fuesen testigos De tal fidelidad en otra prueba. Tenía al buen _Palomo_ prisionero Entre manidas pollas y perdices: Los sebosos riñones de un carnero Casi casi le untaban las narices. Dentro de este retiro á penitencia[448] El triste fué metido Después de algunos días de abstinencia. Al fin, ya su Señor compadecido Abre con sus amigos el encierro; Sale rabo entre piernas agachado: Al Amo se acercaba el pobre Perro, Lamiéndose el hocico ensangrentado. El Dueño se alborota y enfurece Con tan fatales nuevas. _Yo le preguntaría ¿Y qué merece Quien la virtud expone á tales pruebas?_

FÁBULA XI

Los dos Cazadores.

Que en una marcial función, Ó cuando el caso lo pida, Arriesgue un hombre su vida, Digo que es mucha razón. Pero el que por diversión Exponer su vida quiera Á juguete de una fiera, Ó peligros no menores, Sepa de dos Cazadores Una historia verdadera. Pedro Ponce, el valeroso, Y Juan Carranza, el prudente, Vieron venir frente á frente Al lobo más horroroso. El prudente, temeroso, Á una encina se abalanza, Y cual otro Sancho Panza, En las ramas se salvó. Pedro Ponce allí murió: _Imitemos á Carranza_.

FÁBULA XII

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El Gato y el Cazador.

Cierto Gato en poblado descontento, Por mejorar sin duda de destino (Qué no sería Gato de convento) Pasó de ciudadano á campesino. Metióse santamente Dentro de una covacha, mas no lejos De un gran soto poblado de conejos. Considere el lector piadosamente Si este noble ermitaño Probaría la hierba en todo el año. Lo mejor de la caza devoraba, Haciendo mil excesos; Mas al fin por el rastro que dejaba De plumas y de huesos, Un Cazador lo advierte: le persigue, Arma trampas y redes con tal maña, Que al instante consigue Atrapar la carnívora alimaña. Llégase el Cazador al prisionero, Quiere darle la muerte. El animal le dice:--Caballero, Duélase de la suerte De un triste pobrecito[449], Metido en la prisión y sin delito. --¿Sin delito, me dices, Cuando sé que tus uñas y tus dientes Devoran infinitos inocentes? --Señor, eran conejos y perdices; Y yo no hacía más, á fe de Gato, Que lo que ustedes hacen en el plato. --Ea, pícaro, muere, Que tu mala razón no satisface. _Con que sea[450] la cosa que se fuere, ¿La podrá usted hacer, si otro la hace?_

FÁBULA XIII

El Pastor.

Salicio[451] usaba tañer La zampoña todo el año, Y, por oírle, el rebaño Se olvidaba de pacer. Mejor sería romper La zampoña al tal Salicio; _Porque si causa perjuicio En lugar de utilidad, La mayor habilidad, En vez de virtud, es vicio._

FÁBULA XIV

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El Tordo Flautista.