Fábulas

Part 6

Chapter 63,630 wordsPublic domain

Dentro de un bosque obscuro y silencioso, Con un rugir continuo y espantoso, Que en medio de la noche resonaba, Una Leona á las fieras inquietaba. Dícela[304] un Oso:--Escúchame una cosa: ¿Qué tragedia horrorosa, Ó qué sangrienta guerra, Qué rayos, ó qué plagas á la tierra Anuncia tu clamor desesperado En el nombre de Júpiter airado? --¡Ah! mayor causa tienen mis rugidos. Yo, la más infeliz de los nacidos, ¿Cómo no moriré desesperada Si me han robado el hijo? ¡ay desdichada! --¡Hola! ¿conque eso es todo? Pues si se lamentasen de ese modo Las madres de los muchos que devoras, Buena música hubiera á todas horas. ¡Vaya! ¡vaya! consuélate como ellas, No nos quiten el sueño tus querellas. _Á desdichas y males_ _Vivimos condenados los mortales._ _Á cada cual no obstante le parece,_ _Que de esta ley una excepción merece._ _Así nos conformamos con la pena,_ _No cuando es propia, si cuando es ajena._[305]

FÁBULA XVIII

El Lobo y el Perro flaco.

Distante de la aldea Iba cazando un Perro Flaco, que parecía Un andante esqueleto. Cuando menos lo piensa, Un Lobo le hizo preso. Aquí de sus clamores, De sus llantos y ruegos. --Decidme, señor Lobo, ¿Qué queréis de mi cuerpo, Si no tiene otra cosa Que huesos y pellejo? Dentro de quince días Casa á su hija mi dueño Y ha de haber para todos Arroz y gallo muerto[306]. Dejadme[307] ahora libre, Que, pasado este tiempo, Podrás comerme á gusto, Lucio, gordo y relleno.-- Quedaron convenidos, Y apenas se cumplieron Los días señalados, El Lobo buscó al Perro. Estábase[308] en su casa Con otro compañero, Llamado Matalobos[309], Mastín de los más fieros: Salen á recibirle Al punto que le vieron; Matalobos bajaba Con corbatín de hierro. No era el Lobo persona De tantos cumplimientos, Y así por no gastarlos, Cedió de su derecho. Huía, y le llamaban; Mas él iba diciendo Con el rabo entre piernas: Pies, ¿para qué os quiero? _Hasta los niños saben_ _Que es de mayor aprecio_ _Un pájaro en la mano,_ _Que por el aire ciento._[310]

FÁBULA XIX

La Oveja y el Ciervo.

Un celemín[311] de trigo Pidió á la Oveja el Ciervo, y la decía: --Si es que usted de mi paga desconfía, Á presentar me obligo Un fiador desde luego, Que no dará lugar á tener queja. --¿Y quién es éste? preguntó la Oveja. --Es un lobo abonado, llano y lego. --¡Un lobo! ya; mas hallo un embarazo: Si no tenéis más fincas que él sus dientes, Y tú los pies para escapar valientes, ¿Á quién acudiré cumplido el plazo? _Si, quién es el que pide y sus fiadores,_ _Antes de dar prestado se examina,_ _Será menor, sin otra medicina,_ _La peste de los malos pagadores._

FÁBULA XX

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La Alforja.

En una Alforja al hombro Llevo los vicios; Los ajenos delante, Detrás los míos. Esto hacen todos; Así ven los ajenos, Mas no los propios.

FÁBULA XXI

El Asno infeliz.

Yo conocí un Jumento[312] Que murió muy contento, Por creer (y no iba fuera de camino) Que así cesaba su fatal destino. Pero la adversa suerte, Aun después de su muerte, Le persiguió: dispuso que al difunto Le arrancasen el cuero[313] luego al punto Para hacer tamboriles Y que en los regocijos pastoriles Bailasen las zagalas en el prado Al son de su pellejo vaqueteado. _Quien por su mala estrella es infelice,_ _Aun muerto lo será: FEDRO lo dice._

FÁBULA XXII

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El Jabalí y la Zorra.

Sus horribles colmillos aguzaba Un Jabalí en el tronco de una encina. La Zorra, que vecina Del animal cerdoso se miraba, Le dice:--Extraño el verte, Siendo tú en paz señor de la bellota, Cuando ningún contrario te alborota, Que tus armas afiles de esa suerte. La fiera le responde:--Tengo oído Que en la paz se prepara el buen guerrero, Así como en la calma el marinero, _Y que vale por dos el prevenido_[314].

FÁBULA XXIII

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El Perro y el Cocodrilo.

Bebiendo un Perro en el Nilo, Al mismo tiempo corría. --Bebe quieto, le decía Un taimado Cocodrilo. Díjole el Perro prudente: --Dañoso es beber y andar, Pero ¿es sano el aguardar Á que me claves el diente? _Oh ¡qué docto Perro viejo! Yo venero su sentir En esto de no seguir Del enemigo el consejo._

FÁBULA XXIV

La Comadreja y los Ratones.

Débil y flaca cierta Comadreja, No pudiendo ya más de puro[315] vieja, Ni cazaba, ni hacía provisiones De abundantes Ratones, Como en tiempos pasados, Que elegía los tiernos regalados Para cubrir su mesa. Sólo de tarde en tarde hacía presa En tal cual, que pasaba muy cercano, Gotoso, paralítico ó anciano. Obligada del hambre cierto día, Urdió el modo mejor con que saldría De aquella pobre situación hambrienta[316] Pues la necesidad todo lo inventa[317]. Esta vieja taimada Métese entre la harina amontonada. Alerta y con cautela, Cual suele en la garita el centinela, Espera ansiosa su feliz momento Para la ejecución del pensamiento. Llega el Ratón sin conocer su ruina, Y mete el hociquillo entre la harina. Entonces ella le echa de repente La garra al cuello y al hocico el diente. Con este nuevo ardid tan oportuno Se los iba embuchando de uno en uno; Y á merced de discurso tan extraño Logró sacar su tripa de mal año. _Es un feliz ingenio interesante: Él nos ayuda, si el poder nos deja; Y al ver lo que pasó á la Comadreja, ¿Quién no aguzará el suyo en adelante?_

FÁBULA XXV

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El Lobo y el Perro.

En busca de alimento Iba un Lobo muy flaco y muy hambriento. Encontró con un Perro tan relleno, Tan lucio, sano y bueno, Que le dijo:--Yo extraño Que estés de tan buen año, Como se deja ver por tu semblante; Cuando á mí, más pujante, Más osado y sagaz, mi triste suerte Me tiene hecho retrato de la muerte. El Perro respondió:--Sin duda alguna Lograrás, si tú quieres, mi fortuna. Deja el bosque y el prado, Retírate á poblado; Servirás de portero Á un rico caballero, Sin otro afán ni más ocupaciones Que defender la casa de ladrones. --Acepto desde luego tu partido Que para mucho más estoy curtido. Así me libraré de la fatiga, Á que el hambre me obliga, De andar por montes sendereando peñas, Trepando riscos y rompiendo breñas, Sufriendo de los tiempos los rigores, Lluvias, nieves, escarchas y calores.-- Á paso diligente Marchaban juntos amigablemente, Tratando varios puntos de confianza Pertenecientes á llenar la panza[318]. En esto el Lobo por algún recelo, Que comenzó á turbarle su consuelo, Mirando al Perro dijo:--He reparado[319] Que tienes el pescuezo algo pelado. Díme, ¿qué es eso?--Nada. --Dímelo por tu vida, camarada.-- No es más que la señal de la cadena; Pero no me da pena, Pues, aunque por inquieto, Á ella estoy sujeto, Me sueltan cuando comen mis señores. Recíbenme á sus pies de mil amores: Ya me tiran el pan, ya la tajada, Y todo aquello que les desagrada: Éste lo mal asado, Aquél un hueso poco descarnado; Y aun un glotón que todo se lo traga, A lo menos me halaga, Pasándome lo mano por el lomo; Yo meneo la cola, callo y como. --Todo eso es bueno, yo te lo confieso; Pero por fin y postre tú estás preso, Jamás sales de casa, No puedes ver lo que en el pueblo pasa. ¿Es así? pues, amigo, La amada libertad que yo consigo, No he de trocarla de manera alguna Por tu abundante y próspera fortuna. Marcha, marcha á vivir encarcelado; No serás envidiado De quien pasea el campo libremente, Aunque tú comas tan glotonamente, Pan, tajadas y huesos, porque al cabo _No hay bocado en sazón para un esclavo_[320].

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LIBRO SEXTO

PRÓLOGO

FÁBULA PRIMERA

El Pastor y el Filósofo.

De los confusos pueblos apartado, Un anciano Pastor vivió en su choza, En el feliz estado en que se goza, Existir ni envidioso, ni envidiado[321]. No turbó con cuidados la riqueza Á su tranquila vida[322]; Ni la extremada mísera pobreza Fué del dichoso anciano conocida. Empleado en su labor gustosamente Envejeció: sus canas, su experiencia Y su virtud le hicieron finalmente Respetable varón, hombre de ciencia. Voló su grande fama por el mundo, Y llevado de nueva tan extraña, Acercóse un Filósofo profundo Á la humilde cabaña, Y preguntó al Pastor:--Díme, ¿en qué escuela Te hiciste sabio? ¿Acaso te ocupaste Largas noches leyendo á la candela? ¿Á Grecia y Roma sabias observaste? ¿Sócrates refinó tu entendimiento? ¿La ciencia de Platón has tú medido[323]? ¿Ó pesaste de Tulio el gran talento? ¿Ó tal vez como Ulises has corrido Por ignorados pueblos y confusos, Observando costumbres, leyes y usos? --Ni las letras seguí, ni como Ulises (Humildemente respondió el anciano) Discurrí por incógnitos países. Sé que el género humano, En la escuela del mundo linsonjero, Se instruye en el[324] doblez y en la patraña; Con la ciencia que engaña ¿Quién podrá hacerse sabio verdadero? Lo poco que yo sé me lo ha enseñado Naturaleza en fáciles lecciones: Un odio firme al vicio me ha inspirado; Ejemplos de virtud da á mis acciones. Aprendí de la abeja lo industrioso, Y de la hormiga, que en guardar se afana, Á pensar en el día de mañana; Mi mastín, el hermoso, Y fiel sin semejante, De gratitud y lealtad constante Es el mejor modelo, Y, si acierto á copiarle, me consuelo. Si mi nupcial[325] amor lecciones toma, Las encuentra en la Cándida paloma. La gallina á sus pollos abrigando Con sus piadosas alas como madre, Y las sencillas aves aun volando, Me prestan reglas para ser buen padre. Sabia naturaleza, mi maestra, Lo malo y lo ridículo me muestra Para hacérmelo odioso. Jamás hablo á las gentes Con aire grave, tono jactancioso; Pues saben los prudentes Que, lejos de ser sabio, el que así hable Será un buho solemne, despreciable. Un hablar moderado, Un silencio oportuno En mis conversaciones he guardado: El hablador molesto é importuno Es digno de desprecio. Quien escuche á la Urraca, será un necio. Á los que usan la fuerza y el engaño Para el ajeno daño, Y usurpan á los otros su derecho, Los debe aborrecer un noble pecho. Únanse con los lobos en la caza, Con milanos y halcones, Con la maldita serpentina raza, Caterva de carnívoros ladrones. Mas ¿qué dije? Los hombres tan malvados Ni aun merecen tener estos aliados. No hay daño ni animal tan peligroso Como el usurpador y el envidioso. Por último en el libro interminable De la naturaleza yo medito: En todo lo creado es admirable: Del ente más sencillo y pequeñito Una contemplación profunda alcanza Los más preciosos frutos de enseñanza. --Tu virtud acredita, buen anciano, (El Filósofo exclama) Tu ciencia verdadera y justa fama. Vierte el género humano En sus libros y escuelas sus errores: En preceptos mejores Nos da naturaleza su doctrina. _Así quien sus verdades examina Con la meditación y la experiencia, Llegará á conocer virtud y ciencia._

FÁBULA II

El Hombre y la Fantasma.

Un Joven licencioso Se hallaba en un estado vergonzoso Con sus males secretos retirado: En soledad, doliente, exasperado, Cavila, llora, canta, jura, reza, Como quien ha perdido la cabeza. --¿Te falta la salud? Pues, caballero, De todo tu dinero, Nobleza, juventud y poderío Sábete[326] que me río: Trata de recobrarla, pues perdida, ¿De qué sirven los bienes de la vida?-- Todo esto una Fantasma[327] le previno, Y al instante se fué como se vino. El enfermo se cuida, se repone, Un nuevo plan de vida se propone. En efecto se casa; Cércanle los cuidados de la casa, Que se van aumentando de hora en hora. La mujer (Dios nos libre), gastadora, Aun mucho más que rica, Los hijos y las deudas multiplica; De modo que el marido, Más que nunca aburrido, Se puso sobre un pie de economía, Que, estrechándola más de día en día, Al fin se enriqueció con opulencia. La Fantasma le dice:--En mi conciencia Que te veo amarillo como el oro: Tienes tu corazón en el tesoro[328]; Miras sobre tu pecho acongojado El puñal del ladrón enarbolado[329]; Las noches pasas en mortal desvelo, Y ¿así, quieres vivir?... ¡qué desconsuelo!-- El hombre, como caso milagroso, Se transformó de avaro en ambicioso. Llegó dentro de poco á la privanza: ¡El señor don Dinero qué no alcanza[330]! La Fantasma le muestra claramente Un falso confidente, Cien traidores amigos, Que quieren ser autores y testigos De su pronta caída. Resuélvese á dejar aquella vida, Y ya desengañado, En los campos se mira retirado. Buscaba los placeres inocentes En las flores y frutas diferentes. ¿Quieren ustedes creer (esto me pasma) Que aun allí le persigue la Fantasma? --Los insectos, los hielos y los vientos, Todos los elementos Y las plagas de todas estaciones Han de ser en el campo tus ladrones. ¿Pues adónde irá el pobre caballero?... _Digo que es un solemne majadero Todo aquel que pretende Vivir en este mundo sin su duende._

FÁBULA III

El Jabalí y el Carnero.

De la rama de un árbol un Carnero Degollado pendía; En él á sangre fría Cortaba el remangado carnicero. El rebaño inocente, Que el trágico espectáculo miraba, De miedo ni pacía, ni balaba. Un Jabalí gritó:--Cobarde gente, Que miráis la carnívora matanza[331], ¿Cómo no os vengáis del enemigo? --Tendrá (dijo un Carnero) su castigo; Mas no de nuestra parte la venganza. La piel, que arranca con sus propias manos, Sirve para los pleitos y la guerra, Las dos mayores plagas de la tierra, Que afligen á los míseros humanos. Apenas nos desuellan, se destina Para hacer pergaminos[332] y tambores: _Mira cómo los hombres malhechores Labran en su maldad su propia ruina._

FÁBULA IV

El Raposo, la Mujer y el Gallo.

Con las orejas gachas Y la cola entre piernas, Se llevaba un Raposo Un Gallo de la aldea. Muchas gracias al alba, Que pudo ver la fiesta, Al salir de su casa, Juana la madruguera[333]. Como una loca grita: --Vecinos, que le lleva; Que es el mío, vecinos. Oye el Gallo las quejas, Y le dice al Raposo: --Díle que no nos mienta, Que soy tuyo y muy tuyo. Volviendo la cabeza Le responde el Raposo: --¿Oyes, gran embustera? No es tuyo, sino mío; Él mismo lo confiesa. Mientras esto decía, El Gallo libre vuela, Y en la copa de un árbol Canta que se las pela. El Raposo burlado Huyó ¡quién lo creyera! _Yo, pues, á más de cuatro Muy zorros en sus tretas, Por hablar á destiempo, Los ví perder la presa._

FÁBULA V

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El Filósofo y el Rústico.

La del alba sería La hora en que un Filósofo salía Á meditar al campo solitario, En lo hermoso y lo vario Que á la luz de la aurora nos enseña Naturaleza, entonces más risueña. Distraído, sin senda caminaba, Cuando llegó á un cortijo, donde estaba Con un martillo el Rústico en la mano, En la otra un milano, Y sobre una portátil escalera. --¿Qué haces de esa manera? El Filósofo dijo.

--Castigar á un ladrón de mi cortijo, Que en mi corral ha hecho más destrozos, Que todos los ladrones en Torozos. Le clavo en la pared... ya estoy contento... Sirve á toda tu raza de escarmiento. --El matador es digno de la muerte, El Sabio dijo: mas si de esa suerte El milano merece ser tratado, ¿De qué modo será bien castigado El hombre sanguinario, cuyos dientes Devoran á infinitos inocentes, Y cuenta como mísera su vida, Si no hace de cadáveres comida? Y aun tú, que así castigas los delitos, Cenarías anoche tus pollitos[334]. --Al mundo le encontramos de este modo, Dijo airado el patán[335]; y sobre todo, Si lo mismo son hombres que milanos, Guárdese no le pille entre mis manos. El Sabio se dejó de reflexiones. _Al tirano le ofenden las razones, Que demuestran su orgullo y tiranía: Mientras por su sentencia cada día Muere (viviendo él mismo impunemente) Por menores delitos otra gente._

FÁBULA VI

La Pava y la Hormiga.

Al salir con las yuntas Los criados de Pedro, El corral se dejaron De par en par abierto. Todos los pavipollos Con su madre se fueron, Aquí y allí picando Hasta el cercano otero[336]. Muy contenta la Pava Decía á sus polluelos[337]: --Mirad, hijos, el rastro De un copioso hormiguero. Ea, comed hormigas, Y no tengáis recelo, Que yo también las como: Es un sabroso cebo. Picad, queridos míos: ¡Oh qué días los nuestros, Si no hubiese en el mundo Malditos cocineros! Los hombres nos devoran, Y todos nuestros cuerpos Humean en las mesas De nobles y plebeyos. Á cualquier fiestecilla Ha de haber pavos muertos. ¡Qué pocas Navidades[338] Contaron mis abuelos! ¡Oh glotones humanos, Crueles carniceros!-- Mientras tanto una Hormiga Se puso en salvamento Sobre un árbol vecino, Y gritó con denuedo: --¡Hola! ¿con que los hombres Son crueles, perversos? Y ¿qué seréis los Pavos? ¡Ay de mí! ya lo veo: Á mis tristes parientes, ¿Qué digo? á todo el pueblo, Sólo por desayuno Os le vais engullendo.-- No respondió la Pava Por no saber un cuento, Que era entonces del caso Y ahora viene á pelo. Un gusano roía Un grano de centeno; Viéronle las Hormigas: ¡Qué gritos! ¡qué aspavientos! --Aquí fué Troya[339] (dicen): Muere, pícaro perro. Y ellas ¿qué hacían? Nada: Robar todo el granero. _Hombres, Pavos, Hormigas, Según estos ejemplos, Cada cual en su libro Esta moral tenemos. La falta leve en otro Es un pecado horrendo; Pero el delito propio No más que pasatiempo._

FÁBULA VII

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El Enfermo y la Vision

--«¡Con que de tus recetas exquisitas (Un enfermo exclamó) ninguna alcanza! El médico se fué sin esperanza, Contando por los dedos sus visitas.» Así desengañado, Y creciendo por horas su dolencia, De este modo examina su conciencia: --«En todos mis contratos he logrado (No lo niego) ganancia muy segura: Trabajé en calcular mis intereses. Aumenté mi caudal en pocos meses, Más por felicidad que por usura. Sin rencor ni malicia Hice que á mi deudor pusiesen preso: Murió pobre en la cárcel, lo confieso; Mas en fin es un hecho de justicia. Si por cierto instrumento[340] Reduje una familia muy honrada Á pobreza extremada, Algún día leerán mi testamento. Entonces, muerto yo, se hará patente En la tierra, lo mismo que en el cielo, Para alivio de pobres y consuelo, Mi caridad ardiente.» Una Visión se acerca, y dice:--Hermano, La esperanza condeno Del que aguarda á morir para ser bueno: Una acción de piedad está en tu mano. Tus prójimos, según sus oraciones, Están necesitados: Para ser remediados Han menester siquiera cien doblones[341]. --¡Cien doblones! ¡No es nada! Y si, porque Dios quiera, no me muero, Y después me hace falta ese dinero, ¿Sería caridad bien ordenada? --Avaro ¿te resistes? Pues al cabo Te anuncio que tu muerte está cercana. --¿Me muero?... Pues que esperen á mañana. La Visión se volvió sin un ochavo[342].

FÁBULA VIII

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El Camello y la Pulga.

Al que ostenta valimiento, Cuando su poder es tal Que ni influye en bien ni en mal, Le quiero contar un cuento. En una larga jornada Un Camello[343] muy cargado Exclamó, ya fatigado: «¡Oh qué carga tan pesada!» Doña Pulga, que montada Iba sobre él, al instante Se apea, y dice arrogante: --Del peso te libro yo. El Camello respondió: --Gracias, señor elefante.

FÁBULA IX

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El Cerdo, el Carnero y la Cabra.

Poco antes de morir, el corderillo Lame alegre la mano y el cuchillo Que han de ser de su muerte el instrumento, Y es feliz hasta el último momento. Así, cuando es el mal inevitable, Es quien menos prevé, más envidiable. Bien oportunamente mi memoria Me presenta al Lechón de cierta historia. Al mercado llevaba un Carretero Un Marrano, una Cabra y un Carnero. Con perdón[344], el Cochino Clamaba sin cesar en el camino: --¡Ésta sí que es miseria! Perdido soy, me llevan á la feria.-- Así gritaba, ¡mas con qué gruñidos! No dió en su esclavitud tales gemidos Hécuba la infelice. El Carretero al gruñidor le dice: --¿No miras al Carnero y á la Cabra, Que vienen sin hablar una palabra? --¡Ay, señor, le responde: ya lo veo! Son tontos y no piensan: yo preveo Nuestra muerte cercana. Á los dos, por la leche y por la lana, Quizá no matarán tan prontamente; Pero á mí, que soy bueno solamente Para pasto del hombre... no lo dudo, Mañana comerán de mi menudo[345]. Á Dios, pocilga, á Dios, gamella mía. Sutilmente su muerte preveía; ¿Mas, qué lograba el pensador Marrano? Nada, sino sentirla de antemano. _El dolor ni los ayes es seguro_ _Que no remediarán el mal futuro._

FÁBULA X

El León, el Tigre y el Caminante.

Entre sus fieras garras oprimía Un Tigre á un Caminante. Á los tristes quejidos al instante Un León acudió: con bizarría Lucha, vence á la fiera y lleva al hombre Á su regia caverna.--Toma aliento, (Le decía el León) nada te asombre, Soy tu libertador, estáme atento: ¿Habrá bestia sañuda y enemiga Que se atreva á mi fuerza incomparable? Tú puedes responder; ó que lo diga Esa pintada fiera[346] despreciable. Yo, yo solo, monarca poderoso, Domino en todo el bosque dilatado. ¡Cuántas veces la onza, y aun el oso Con su sangre el tributo me han pagado! Los despojos de pieles y cabezas, Los huesos que blanquean este piso, Dan el más claro aviso De mi valor sin par y mis proezas. --Es verdad, dijo el hombre, soy testigo; Los triunfos miro de tu fuerza airada, Contemplo á tu nación amedrentada. Al librarme venciste á mi enemigo. En todo esto, señor (con tu licencia), Sólo es digna del trono tu clemencia. Sé benéfico, amable, En lugar de despótico tirano; Porque, señor, es llano, Que el monarca será más venturoso Cuanto hiciere á su pueblo más dichoso. --Con razón has hablado; Y ya me causa pena El haber yo buscado Mi propia gloria en la desdicha ajena. En mis jóvenes años El orgullo produjo mil errores, Que me los ha encubierto con engaños Una corte servil de aduladores. _Ellos me aseguraban, de concierto, Que por el mundo todo No reinan los humanos de otro modo: Tú lo sabrás mejor, dime, ¿y es cierto?_

FÁBULA XI

La Muerte.