Fábulas

Part 4

Chapter 43,549 wordsPublic domain

Cruzando montes y trepando cerros, Aquí mato, allí robo, Andaba cierto Lobo, Hasta que dió en las manos de los perros. Mordido y arrastrado Fué de sus enemigos cruelmente: Quedó con vida milagrosamente, Mas inválido al fin y derrotado. Iba el tiempo curando su dolencia, El hambre al mismo paso le afligía; Pero, como cazar aun no podía, Con las hierbas hacía penitencia. Una Oveja pasaba, y él la[178] dice: --Amiga, ven acá: llega al momento: Enfermo estoy, y muero de sediento[179]: Socorre con el agua á este infelice[180]. --¿Agua quieres que yo vaya á llevarte? Le responde la Oveja recelosa; Díme pues una cosa: ¿Sin duda que será para enjuagarte, Limpiar bien el garguero, Abrir el apetito, Y tragarme después como á un pollito? ¡Anda, que te conozco, marrullero! Así dijo, y se fué; si no, la mata. _¡Cuánto importa saber con quien se trata!_

FÁBULA X

El Hombre y la Pulga.

--Oye, Júpiter sumo[181], mis querellas, Y haz, disparando rayos y centellas, Que muera este animal vil y tirano, Plaga fatal para el linaje humano; Y si vos no lo hacéis, Hércules sea Quien acabe con él y su ralea[182]. Éste es un Hombre que á los dioses clama, Porque una Pulga le picó en la cama, Y es justo, ya que el pobre se fatiga, Que de Júpiter y Hércules consiga, De éste, que viva despulgando sayos; De aquél, matando pulgas con sus rayos. _Tenemos en el cielo los mortales Recurso en las desdichas y los males; Mas se suele abusar frecuentemente, Por lograr un antojo impertinente._

FÁBULA XI

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El Cuervo y la Serpiente.

Pilló el Cuervo dormida á la Serpiente, Y al quererse cebar en ella hambriento, Le mordió venenosa. _Sepa el cuento Quien sigue á su apetito[183] incautamente._

FÁBULA XII

El Asno y las Ranas.

Muy cargado de leña un Burro viejo, Triste armazón de huesos y pellejo, Pensativo, según lo cabizbajo, Caminaba, llevando con trabajo Su débil fuerza la pesada carga. El paso tardo, la carrera larga, Todo al fin contra el mísero se empeña, El camino, los años y la leña. Entra en una laguna el desdichado, Queda profundamente empantanado[184]. Viéndose de aquel modo, Cubierto de agua y lodo, Trocando lo sufrido[185] en impaciente, Contra el destino dijo neciamente Expresiones ajenas de sus canas. Mas las vecinas Ranas, Al oír sus lamentos y quejidos[186], Las unas se tapaban los oídos, Las otras, que prudentes lo escuchaban, Reprendíanle así, y aconsejaban: «--Aprenda el mal Jumento Á tener sufrimiento, Que entre las que habitamos la laguna, Ha de encontrar lección muy oportuna. Por Júpiter estamos condenadas Á vivir sin remedio encenagadas En agua detenida[187], lodo espeso; Y á más de todo eso, Aquí perpetuamente nos encierra, Sin esperanza de correr la tierra, Cruzar el anchuroso mar profundo, Ni aun saber lo que pasa por el mundo. Mas llevamos á bien nuestro destino, Y así nos premia Júpiter divino, Repartiendo entre todas cada día La salud, el sustento y alegría.» _Es de suma importancia Tener en los trabajos tolerancia; Pues la impaciencia, en la contraria suerte, Es un mal más amargo que la muerte._

FÁBULA XIII

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El Asno y el Perro.

Un Perro y un Borrico caminaban Sirviendo á un mismo dueño. Rendido éste del sueño, Se tendió sobre[188] el prado que pasaban. El Borrico entre tanto aprovechado, Descansa y pace; mas el Perro hambriento, --Bájate, le decía, buen Jumento, Pillaré de la alforja algún bocado. El Asno se le aparta como en chanza: El Perro sigue al lado del Borrico, Levantando las manos y el hocico, Como perro de ciego cuando danza. --No seas bobo, el Asno le decía: Espera á que nuestro amo se despierte, Y será de esa suerte El hambre más, mejor la compañía. Desde el bosque entre tanto sale un lobo: Pide el Asno favor al compañero: En lugar de ladrar el marrullero, Con fisga respondió:--_No seas bobo_[189], _Espera á que nuestro amo se despierte_, Que pues me aconsejaste la paciencia, Yo la sabré tener en mi conciencia, Al ver al Lobo que te da la muerte. _El Pollino murió: no hay que dudarlo; Mas si resucitara, Corriendo el mundo á todos predicara: Prestad auxilio, si queréis hallarlo._

FÁBULA XIV

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El León y el Asno cazando.

Su Majestad leonesa, en compañía De un Borrico, se sale á montería[190]. En la parte al intento acomodada, Formando el mismo León una enramada, Mandó al Asno que en ella se ocultase, Y que de tiempo en tiempo rebuznase Como trompa de caza en el ojeo. Logró el rey su deseo; Pues apenas se vió bien apostado, Cuando al son del rebuzno destemplado, Que los montes y valles repetían, su selvoso albergue se volvían Precipitadamente Las fieras enemigas juntamente; Y en su cobarde huída En las garras del León pierden la vida. Cuando el Asno sé halló con los despojos De devoradas fieras á sus ojos, Dijo:--Pardiez[191], si llego más temprano, Á ningún muerto dejo hueso sano. Á tal fanfarronada Soltó el rey una grande carcajada: _Y es que jamás convino Hacer del andaluz[192] al vizcaíno_.

FÁBULA XV

El Charlatán y el Rústico.

--Lo que jamás se ha visto, ni se ha oído Verán ustedes: atención les pido. Así decía un Charlatán famoso, Cercado de un concurso numeroso. En efecto: quedando todo el mundo En silencio profundo, Remedó á un cochinillo de tal modo, Que el auditorio todo, Creyendo que le tiene y que le tapa, Atumultuado grita--_¡fuera capa!_ Descubrióse, y al ver que nada había, Con vítores le aclaman á porfía. --Pardiez, dijo un Patán, que yo prometo Para mañana, hablando con respeto, Hacer el puerco[193] más perfectamente; Si no, que me lo claven en la frente. Con risa prometió la concurrencia, Á burlarse del Payo, su asistencia. Llegó la hora, todos acudieron: No bien al Charlatán gruñir oyeron Gentes á su favor preocupadas, ¡Viva! dicen, al son de las palmadas. Sube después el Rústico al tablado Con un bulto en la capa, y embozado, Imita al Charlatán en la postura De fingir que un lechón tapar procura; Mas estaba la gracia en que era el bulto Un marranillo que tenía oculto. Tírale callandito de la oreja: Gruñendo en tiple, el animal se queja; Pero, al creer que es remedo el tal gruñido, Aquí se oía un _¡fuera!_ allí un silbido, Y todo el mundo queda En que es el otro quien mejor remeda. El Rústico descubre su marrano; Al público lo enseña, y dice ufano[194]: --¿Así juzgan ustedes? _¡Oh preocupación, y cuánto puedes[195]!_

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LIBRO CUARTO

FÁBULA PRIMERA.

La Mona corrida.

EL AUTOR Á SUS VERSOS.

Fieras, aves y peces Corren, vuelan y nadan, Porque Júpiter sumo[196] Á general congreso á todos llama. Con sus hijos se acercan, Y es que un premio señala Para aquel, cuya prole En hermosura lleve la ventaja. El alto regio trono La multitud cercaba, Cuando en la concurrencia Se sentía decir:--_La mona falta._ --Ya llega, dijo entonces Una habladora Urraca, Que como centinela, En la alta punta de un ciprés estaba. Entra rompiendo filas, Con su cachorro[197] ufana, Y ante el excelso trono El premio pide de hermosura tanta. El dios Júpiter quiso, Al ver tan fea traza, Disimular la risa, Pero se le soltó la carcajada. Armóse en el concurso Tal bulla y algazara, Que corrida la Mona Á Tetuán se volvió desengañada. _¿Es creíble, señores, Que yo mismo pensara En consagrar á Apolo Mis versos, como dignos de su gracia? Cuando por mi fortuna Me encontré esta mañana, Continuando mi obrilla, Este cuento moral, esta patraña, Yo dije á mi capote[198]: ¡Con qué chiste, qué gracia, Y qué vivos colores El jorobado Esopo me retrata! Mas ya mis producciones Miro con desconfianza, Porque aprendo en la Mona Cuánto el ciego amor propio nos engaña._

FÁBULA II

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El Asno y Júpiter.

«--No sé como hay jumento, Que teniendo un adarme[199] de talento, Quiera meterse á burro de hortelano. Llevo á la plaza desde muy temprano Cada día cien cargas de verdura: Vuelvo con otras tantas de basura; Y para minorar mi pesadumbre, Un criado me azota por costumbre. Mi vida es ésta: ¿qué será mi muerte, Como no mude Júpiter mi suerte?» Un Asno de este modo se quejaba. El dios, que sus lamentos escuchaba, Al dominio lo entrega de un tejero. --Esta vida, decía, no la quiero: Del peso de las tejas oprimido, Bien azotado, pero mal comido. Á Júpiter me voy con el empeño De lograr nuevo dueño. Envióle á un curtidor. Entonces dice: --Aun con este amo soy más infelice[200]: Cargado de pellejos de difunto, Me hace correr sin sosegar un punto, Para matarme sin llegar á viejo, Y curtir al instante mi pellejo. Júpiter, por no oir tan largas quejas, Se tapó lindamente las orejas, Y á nadie escucha desde el tal Pollino, Si le habla de mudanza de destino. _Sólo en verso se encuentran los dichosos, Que viven ni envidiados, ni envidiosos. La espada por feliz tiene al arado, Como el remo á la pluma y al cayado; Mas se tienen por míseros en suma Remo, espada, cayado, esteva y pluma[201]. ¿Pues á qué estado el hombre llama bueno? Al propio nunca, pero sí al ajeno[202]._

FÁBULA III

El Cazador y la Perdiz.

Una Perdiz, en celo reclamada, Vino á ser en la red aprisionada. Al Cazador la mísera decía: --Si me das libertad, en este día Te he de proporcionar un gran consuelo; Por ese campo extenderé mi vuelo: Juntaré á mis amigas en bandada, Que guiaré á tus redes engañada, Y tendrás, sin costarte dos ochavos[203], Doce perdices como doce pavos. --¡Engañar y vender á tus amigas! ¿Y así crees que me obligas? Respondió el Cazador; pues no, señora: Muere y paga la pena de traidora. _La perdiz fué bien muerta, no es dudable: La traición, aun soñada, es detestable._

FÁBULA IV

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El Viejo y la Muerte.

Entre montes por áspero camino, Tropezando con una y otra peña, Iba un Viejo cargado con su leña[204] Maldiciendo su mísero destino.

Al fin cayó, y viéndose de suerte Que apenas levantarse ya podía, Llamaba con colérica porfia Una, dos y tres veces á la muerte. Armada de guadaña en esqueleto, La Parca se le ofrece en aquel punto; Pero el Viejo, temiendo ser difunto, Lleno más de terror que de respeto, Trémulo la decía, y balbuciente: --Yo... señora... os llamé desesperado; Pero...--Acaba: ¿qué quieres desdichado? --Que me carguéis[205] la leña solamente. _Tenga paciencia quien se cree infelice,_ _Que aun en la situación más lamentable,_ _Es la vida del hombre siempre amable:_ _El Viejo de la leña nos lo dice._

FÁBULA V

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El Enfermo y el Médico.

Un miserable enfermo se moría, Y el Médico importuno le decía: --Usted se muere, yo se lo confieso, Pero por la alta ciencia que profeso, Conozco, y le aseguro firmemente, Que ya estuviera sano, Si se hubiese acudido más temprano Con el benigno clíster[206] detergente. El triste enfermo, que lo estaba oyendo, Volvió la espalda al Médico diciendo: --Señor Galeno[207], su consejo alabo: Al asno muerto la cebada al rabo[208]. _Todo varón prudente Aconseja en el tiempo conveniente; Que es hacer de la ciencia vano alarde, Dar el consejo cuando llega tarde._

FÁBULA VI

La Zorra y las Uvas.

Es voz común que á más del medio día En ayunas la Zorra iba cazando: Halla una parra, quédase mirando De la alta vid el fruto que pendía[209]. Causábale mil ansias y congojas No alcanzar á las uvas con la garra, Al mostrar á sus dientes la alta parra Negros racimos entre verdes hojas. Miró, saltó, y anduvo en probaduras; Pero vió el imposible ya de fijo. Entonces fué cuando la Zorra dijo: «No las quiero comer; no están maduras». _No por eso te muestres impaciente,_ _Si se te_[210] _frustra, Fabio, algún intento._ _Aplica bien el cuento,_ _Y dí, No están maduras, frescamente._[211]

FÁBULA VII

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La Cierva y la Viña.

Huyendo de enemigos cazadores Una Cierva ligera Siente, ya fatigada en la carrera, Más cercanos los perros y ojeadores. No viendo la infeliz algún seguro Y vecino paraje De gruta ó de ramaje, Crece su timidez, crece su apuro. Al fin, sacando fuerzas de flaqueza, Continúa la fuga presurosa: Halla al paso una Viña muy frondosa, Y en lo espeso se oculta con presteza. Cambia el susto y pesar en alegría, Viéndose á paz y salvo[212] en tan buen hora; Olvida el bien, y de su defensora Los frescos verdes pámpanos comía. Mas ¡ay! que de esta suerte, Quitando ella las hojas de delante, Abrió puerta á la flecha penetrante, Y el listo[213] cazador le dió la muerte. Castigó con la pena merecida El justo cielo á la Cierva ingrata. _Mas ¿qué puede esperar el que maltrata Al mismo que le está dando la vida?_

FÁBULA VIII

El Asno cargado de Reliquias[214].

De reliquias cargado Un Asno recibía adoraciones, Como si á él se hubiesen consagrado Reverencias, inciensos y oraciones. En lo vano, lo grave y lo severo Que se manifestaba, Hubo quien conoció que se engañaba, Y le dijo:--Yo infiero De vuestra vanidad vuestra locura. El reverente culto que procura[215] Tributar cada cual este momento[216], No es dirigido á vos, señor Jumento; Que sólo va en honor, aunque lo sientas, De la sagrada carga que sustentas. _Cuando un hombre sin mérito estuviere_ _En elevado empleo ó gran riqueza,_ _Y se ensoberbeciere_ _Porque todos le bajan la cabeza;_ _Para que su locura no prosiga,_ _Tema encontrar tal vez con quien le diga:_ _--Señor jumento, no se engría tanto,_ _Que si besan la peana, es por el santo._

FÁBULA IX

Los dos Machos[217].

Dos Machos caminaban: el primero, Cargado de dinero, Mostrando su penacho envanecido, Iba marchando erguido Al son de los redondos cascabeles. El segundo, desnudo de oropeles, Con un pobre aparejo solamente, Alargando el pescuezo eternamente, Seguía de reata su jornada Cargado de costales de cebada. Salen unos ladrones, y al instante Asieron de la rienda al arrogante: Él se defiende, ellos le maltratan; Y después que el dinero le arrebatan, Huyen, y dice entonces el segundo: --_Si á estos riesgos exponen en el mundo Las riquezas, no quiero, á fe de Macho, Dinero, cascabeles ni penacho._

FÁBULA X

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El Cazador y el Perro.

Mustafá (Perro viejo, Lebrel en montería[218] ejercitado, Y de antiguas heridas señalado Á colmillo y á cuerno su pellejo) Seguía á un Jabalí sin esperanza De poderle alcanzar; pero no obstante, Azuzándole su amo á cada instante, Á duras penas Mustafá le alcanza. El cerdoso valiente No escuchaba recados á la oreja; Y así su resistencia no le deja Cebar al Perro su cansado diente: Con airado colmillo le rechaza, Y bufando se marcha victorioso. El cazador furioso Reniega del Lebrel y de su raza. --Viejo estoy, le responde, ya lo veo; Mas dí, sin Mustafá ¿cuándo tuvieras Las pieles y cabezas de las fieras En tu casa de abrigo y de trofeo? Miras á lo que soy, no á lo que he sido. ¡Oh suerte desgraciada! Presente tienes mi vejez cansada, Y mis robustos años en olvido. Mas ¿para que me mato[219], Si no he de conseguir cosa ninguna? _Es ladrar á la luna El alegar servicios al ingrato._

FÁBULA XI

La Tortuga y el Águila.

Una Tortuga á una Águila rogaba La enseñase á volar; así la hablaba: --Con sólo que me des cuatro lecciones, Ligera volaré por las regiones: Ya remontado el vuelo, Por medio de los aires, hasta el cielo, Veré cercano al sol y las estrellas, Y otras cien cosas bellas: Ya rápida bajando, De ciudad en ciudad iré pasando; Y de este fácil delicioso modo Lograré en pocos días verlo todo. El Águila se rió del desatino: La[1] aconseja que siga su destino, Cazando torpemente con paciencia, Pues lo dispuso así la Providencia. Ella insiste en su antojo ciegamente: La reina de las aves prontamente La arrebata, la lleva por las nubes: --Mira, la[220] dice, mira cómo subes. Y al remontarla[221], dijo--¿Vas contenta? Se la deja caer, y se revienta. _Para que así escarmiente Quien desprecia el consejo del prudente._

FÁBULA XII

El León y el Ratón.

Estaba un Ratoncillo aprisionado En las garras de un León: el desdichado En la tal ratonera no fué preso Por ladrón de tocino ni de queso, Sino porque con otros molestaba Al León que en su retiro descansaba. Pide perdón llorando su insolencia; Al oír implorar la real clemencia, Responde el rey en majestuoso tono: (No dijera más Tito)--Te perdono. Poco después, cazando el León, tropieza En una red oculta en la maleza; Quiere salir, mas queda prisionero: Atronando la selva, ruge fiero. El libre Ratoncillo, que lo siente, Corriendo llega, roe[222] diligente Los nudos de la red, de tal manera, Que al fin rompió los grillos de la fiera. _Conviene al poderoso Para[223] los infelices ser piadoso: Tal vez se puede[224] ver necesitado Del auxilio de aquel más desdichado._

FÁBULA XIII

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Las Liebres y las Ranas.

Asustadas las Liebres de un estruendo, Echaron á correr todas diciendo: «Á quien la vida cuesta tanto susto, La muerte causará menos disgusto.» Llegan á una laguna de esta suerte Á dar en lo profundo con la muerte. Al ver á tanta Rana, que asustada Á las aguas se arroja á su llegada: «--¡Hola! dijo una Liebre[225] ¿con que hay otras Tan tímidas que aun tiemblan de nosotras? Pues suframos como ellas el destino»: Conocieron sin más su desatino. _Así la suerte adversa es tolerable, Comparada con otra miserable[226]._

FÁBULA XIV

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El Gallo y el Zorro.

Un Gallo muy maduro De edad provecta, duros espolones, Pacífico y seguro, Sobre un árbol oía las razones De un Zorro muy cortés y muy atento, Más elocuente cuanto más hambriento. --Hermano, le decía, Ya cesó entre nosotros una guerra, Que cruel repartía Sangre y plumas al viento y á la tierra: Baja, daré para perpetuo sello Mis amorosos brazos á tu cuello. --Amigo de mi alma, Responde el Gallo, ¡qué placer inmenso En deliciosa calma Deja esta vez mi espíritu suspenso! Allá bajo, allá voy tierno y ansioso Á gozar en tu seno mi reposo; Pero aguarda un instante Porque vienen ligeros como el viento[227], Y ya están adelante Dos correos que llegan al momento, De esta noticia portadores fieles, Y son, según la traza, dos lebreles. --Á Dios, á Dios, amigo, Dijo el Zorro, que estoy muy ocupado; Luego hablaré contigo Para finalizar este tratado. El Gallo se quedó lleno de gloria, Cantando en esta letra su victoria: _Siempre trabaja en su daño El astuto engañador: Á un engaño hay otro engaño, Á un pícaro otro mayor[228]._

FÁBULA XV

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El León y la Cabra.

Un señor León andaba como un perro Del valle al monte, de la selva al cerro, Á caza, sin hallar pelo ni lana[229], Perdiendo la paciencia y la mañana. Por un risco escarpado Ve trepar á una Cabra á lo encumbrado, De modo que parece que se empeña En hacer creer al León que se despeña. El pretender seguirla fuera en vano: El cazador entonces cortesano[230] La dice:--Baja, baja, mi querida, No busques precipicios á tu vida: En el valle frondoso Pacerás á mi lado con reposo. --¿Desde cuándo, señor, la real persona Cuida con tanto amor de la barbona[231]? Esos halagos tiernos No son por bien, apostaré los cuernos. Así le respondió la astuta Cabra; Y él se fué sin replicar palabra. _Lo paga la infeliz con el pellejo, Si toma sin examen el consejo._

FÁBULA XVI

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La Hacha y el Mango.

Un hombre, que en el bosque se miraba[232] Con una Hacha sin Mango, suplicaba Á los árboles diesen la madera[233] Que más sólida fuera, Para hacerle uno fuerte y muy durable. Al punto la arboleda[234] innumerable Le cedió el acebuche. Y él contento, Perfeccionando luego su instrumento, De rama en rama va cortando á gusto Del alto roble el brazo más robusto. Ya los árboles todos recorría, Y mientras los mejores elegía, Dijo la triste Encina al Fresno: «_Amigo, ¡Infeliz del que ayuda á su enemigo!_»

FÁBULA XVII

La Onza y los Pastores.

En una trampa una Onza inadvertida Dió mísera caída. Al verla sin defensa, Corrieron á la ofensa Los vecinos Pastores, No valerosos, pero sí traidores. Cada cual por su lado La maltrataba airado, Hasta dejar sus fuerzas desmayadas, Unos á palos, otros á pedradas: Al fin la abandonaron por perdida. Pero viéndola dar muestras de vida, Cierto Pastor, dolido de su suerte, Por evitar su muerte, Le arrojó la mitad de su alimento, Con que pudiese recobrar aliento. Llega la noche, témplase la saña, Marchan á descansar á la cabaña, Todos con esperanza muy fundada De hallarla muerta por la madrugada[235]. Mas la fiera entre tanto, Volviendo poco á poco del quebranto, Toma nuevo valor y fuerza nueva; Salta, deja la trampa, va á su cueva, Y al sentirse del todo reforzada, Sale ligera, pero más airada. Ya destruye ganados, Ya deja á los Pastores destrozados; Nada aplaca su cólera violenta, Todo lo tala, en todo se ensangrienta; El buen Pastor, por quien tal vez vivía, Lleno de horror, la vida le pedía. --No serás maltratado, Dijo la Onza, vive descuidado; Que yo sólo persigo á los traidores Que me ofendieron, no á mis bienhechores. _Quien hace agravios, tema la venganza: Quien hace bien, al fin el premio alcanza._

FÁBULA XVIII

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El Grajo vano[236].

Con las plumas de un Pavo Un Grajo se vistió: pomposo y bravo[237] En medio de los pavos se pasea. La manada lo advierte, lo rodea, Todos le pican, burlan y lo envían, ¿Dónde, si ni los grajos lo querían? _¿Cuánto ha que repetimos este cuento, Sin que haya en los plagiarios escarmiento[238]?_

FÁBULA XIX

El Hombre y la Comadreja.