Fábulas

Part 3

Chapter 33,462 wordsPublic domain

Sin duda alguna que se hubiera ahogado Un Lobo con un hueso atragantado, Si á la sazón no pasa una Cigüeña. El paciente la ve, hácela seña[102]; Llega, y ejecutiva Con su pico, jeringa primitiva, Cual diestro cirujano, Hizo la operación, y quedó sano. Su salario pedía, Pero el ingrato lobo respondía[103]: --¿Tu salario? ¿pues qué más recompensa Que el no haberte causado leve ofensa, Y dejarte vivir para que cuentes Que pusiste tu vida entre mis dientes? Marchó, por evitar una desdicha, Sin decir tus ni mus[104] la susodicha. _Haz bien_, dice el proverbio castellano, _Y no sepas á quién_; pero es muy llano Que no tiene razón ni por asomo: Es menester saber á quién y cómo. El ejemplo siguiente Nos hará esta verdad más evidente.

FÁBULA VII

El Hombre y la Culebra.

Á una Culebra, que de frío yerta[105] En el suelo yacía medio muerta, Un Labrador cogió; mas fué tan bueno, Que incautamente la abrigó en su seno. Apenas revivió, cuando la ingrata Á su gran bienhechor traidora mata.

FÁBULA VIII

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El Pájaro herido de una flecha.

Un Pájaro inocente Herido de una flecha, Guarnecida de acero Y de plumas ligeras, Decía en su lenguaje Con amargas querellas «¡Oh crueles humanos, Más crueles que fieras Con nuestras propias alas, Que la naturaleza Nos dió, sin otras armas Para propia defensa, Forjáis el instrumento De la desdicha nuestra, Haciendo que inocentes Prestemos la materia. Pero no, no es extraño Que así bárbaros sean Aquellos que, en su ruina, Trabajan, y no cesan. Los unos y otros fraguan[106] Armas para la guerra; Y es dar contra sus vidas Plumas para las flechas.»

FÁBULA IX

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El Pescador[107] y el Pez.

Recoge un Pescador su red tendida, Y saca un pececillo.--Por tu vida, Exclamó el inocente prisionero, Dame la libertad: sólo la quiero, Mira que no te engaño, Porque ahora soy ruin[108]; dentro de un año Sin duda lograrás el gran consuelo De pescarme más grande que mi abuelo. ¡Qué! ¿te burlas? ¿te ríes de mi llanto? Sólo por otro tanto Á un hermanito mío Un señor Pescador lo tiró al río.-- ¡Por otro tanto al río? ¡qué manía! Replicó el Pescador; ¿pues no sabía Que el refrán castellano Dice: _Más vale pájaro en la mano..._[109]? Á sartén te condeno, que mi panza No se llena jamás con la esperanza.

FÁBULA X

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El Gorrión y la Liebre.

Un maldito[110] Gorrión así decía Á una Liebre, que un Águila oprimía: --¿No eres tú tan ligera, Que si el perro te sigue en la carrera, Le acarician y alaban como al cabo Acerque sus narices á tu rabo? Pues empieza á correr ¿qué te detiene?-- De este modo la insulta, cuando viene El diestro Gavilán y le arrebata. El preso chilla, el prendedor le mata; Y la Liebre exclamó: Bien merecido: ¿Quién te mandó insultar al afligido? ¿Y á más, á más meterte á consejero[111], No sabiendo mirar por ti primero?

FÁBULA XI

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Júpiter y la Tortuga.

Á las bodas de Júpiter estaban Todos los animales convidados: Unos y otros llegaban Á la fiesta nupcial apresurados[112]. No faltaba á tan grande concurrencia Ni aun la reptil y más lejana oruga, Cuando llega muy tarde y con paciencia[113] Á paso perezoso la Tortuga. Su tardanza reprende el dios airado; Y ella le respondió sencillamente: --Si es mi casita mi retiro amado, ¿Cómo podré dejarla prontamente? Por tal disculpa Júpiter Tonante, Olvidando el indulto de las fiestas, La ley del caracol le echó al instante, Que es andar con la casa siempre á cuestas. _Gentes machuchas hay que hacen alarde_[114] _De que aman su retiro con exceso;_ _Pero á su obligación acuden tarde:_ _Viven como el ratón dentro del queso._

FÁBULA XII

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El Charlatán.

«Si cualquiera de ustedes Se da por las paredes, Ó arroja de un tejado, Y queda á buen librar descostillado, Yo me reiré muy bien: importa un pito[115], Como tenga mi bálsamo exquisito». Con esta relación un chacharero[116] Gana mucha opinión y más dinero; Pues el vulgo, pendiente de sus labios, Más quiere á un charlatán que á veinte sabios. Por esta conveniencia Los hay el día de hoy en toda ciencia, Que ocupan igualmente acreditados Cátedras, academias y tablados. Prueba de esta verdad será un famoso Doctor en elocuencia, tan copioso En charlatanería, Que ofreció enseñaría Á hablar discreto, con fecundo pico, En diez años de término á un borrico. Sábelo el rey, le llama, y al momento Le manda dé lecciones á un jumento; Pero bien entendido. Que sería, cumpliendo lo ofrecido, Ricamente premiado; Mas cuando no, que moriría ahorcado. El doctor asegura nuevamente Sacar un orador asno elocuente. Dícele callandito[117] un cortesano: --Escuche, buen hermano, Su frescura me espanta: Á cáñamo me huele su garganta. --No temáis, señor mío, Respondió el Charlatán, pues yo me río. ¿En diez años de plazo que tenemos, El rey, el asno ó yo no moriremos? _Nadie encuentra embarazo En dar un largo plazo Á importantes negocios; mas no advierte Que ajusta mal su cuenta sin la muerte._

FÁBULA XIII

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El Milano y las Palomas.

Á las tristes Palomas un Milano, Sin poderlas pillar, seguía en vano; Mas él á todas horas Servía de lacayo á estas señoras. Un día, en fin, hambriento é ingenioso, Así las dice:--¿Amáis vuestro reposo, Vuestra seguridad y conveniencia? Pues creedme en mi conciencia: En lugar de ser yo vuestro enemigo, Desde ahora me obligo, Si la banda por rey me aclama luego, A tenerla en sosiego, Sin que de garra ó pico tema agravio; Pues tocante á la paz seré un Octavio[118].-- Las sencillas Palomas consintieron: Aclámanlo por rey: ¡_Viva_, dijeron, _Nuestro rey el Milano_! Sin esperar á más, este tirano[119] Sobre un vasallo mísero se planta: Déjale con el _viva_[120] en la garganta; Y continuando así sus tiranías, Acabó con el reino en cuatro días. _Quien al poder se acoja de un malvado, Será, en vez de feliz, un desdichado._

FÁBULA XIV

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Las dos Ranas.

Tenían dos Ranas Sus pastos[121] vecinos; Una en un estanque, Otra en un camino. Cierto día á ésta Aquélla le dijo: --¿Es creíble, amiga, De tu mucho juicio, Que vivas contenta Entre los peligros, Donde te amenazan, Al paso preciso, Los pies y las ruedas, Riesgos infinitos? Deja tal vivienda[122], Muda de destino: Sigue mi dictamen, Y vente conmigo.-- En tono de mofa, Haciendo mil mimos[123], Respondió á su amiga: --¡Excelente aviso! ¡Á mí novedades! ¡Vaya, qué delirio! Eso si que fuera Darme el diablo ruido. ¡Yo dejar la casa, Que fué domicilio De padres, abuelos Y todos los míos, Sin que haya memoria De haber sucedido La menor desgracia Desde luengos[124] siglos! --Allá te compongas: Mas ten entendido, Que tal vez suceda Lo que no se ha visto.-- Llegó una carreta Á este tiempo mismo, Y á la triste Rana Tortilla la hizo. _Por hombres de seso Muchos hay tenidos, Que á nuevas razones Cierran los oídos. Recibir consejos Es un desvarío: La rancia costumbre Suele ser su libro._

FÁBULA XV

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El parto de los Montes.

Con varios ademanes[125] horrorosos Los Montes de parir dieron señales: Consintieron los hombres temerosos Ver nacer los abortos más fatales. Después que con bramidos espantosos Infundieron pavor á los mortales, Estos Montes, que al mundo estremecieron, Un ratoncillo fué lo que parieron. _Hay autores que, en voces misteriosas, Estilo fanfarrón[126] y campanudo, Nos anuncian ideas portentosas; Pero suele á menudo Ser el gran parto de su pensamiento, Después de tanto ruido, sólo viento._

FÁBULA XVI

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Las Ranas pidiendo rey.

Sin rey vivía libre, independiente, El pueblo de las Ranas felizmente. La amable libertad sólo reinaba En la inmensa laguna que habitaba. Mas las Ranas al fin un rey quisieron: Á Júpiter excelso lo pidieron. Conoce el Dios la súplica importuna, Y arroja un rey de palo á la laguna: Debió de ser sin duda buen pedazo, Pues dió su Majestad tan gran porrazo Que el ruido atemoriza al reino todo: Cada cual se zambulle en agua ó lodo[127]; Y quedan en silencio tan profundo, Cual si no hubiese Ranas en el mundo. Una de ellas asoma la cabeza, Y viendo á la real pieza, Publica que el monarca es un zoquete. Congrégase la turba y, por juguete, Lo desprecian, lo ensucian con el cieno[128], Y piden otro rey, que aquel no es bueno. El padre de los dioses irritado, Envía á un culebrón, que á diente airado Muerde, traga, castiga, Y á la mísera grey al punto obliga Á recurrir al dios humildemente. Padeced, les responde, eternamente: Que así castigo á aquel que no examina Si su solicitud será su ruina.

FÁBULA XVII

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El Asno y el Caballo.

--¡Ah! ¡quien fuese Caballo! Un Asno melancólico decía: «Entonces sí que nadie me vería Flaco, triste y fatal[129] como me hallo. Tal vez un caballero Me mantendría ocioso y bien comido; Dándose su merced por muy servido Con corvetas y saltos de carnero. Trátanme ahora como vil y bajo, De risa sirve mi contraria suerte: Quien me apalea más, más se divierte, Y menos como, cuando más trabajo. No es posible encontrar sobre la tierra Infeliz como yo.» Tal se juzgaba, Cuando al Caballo ve como pasaba Con su jinete y armas á la guerra. Entonces conoció su desatino; Rióse de corvetas y regalos, Y dijo: Que trabaje y lluevan palos; No me saquen los dioses de Pollino.

FÁBULA XVIII

El Cordero y el Lobo.

Uno de los Corderos mamantones[130], Que para los glotones[131] Se crían sin salir jamás al prado, Estando en la cabaña muy cerrado, Vió por una rendija de la puerta Que el caballero Lobo estaba alerta, En silencio esperando astutamente Una calva ocasión[132] de echarle el diente. Mas él, que bien seguro se miraba, Así le provocaba: --Sepa usted, seor[133] Lobo, que estoy preso, Porque sabe el pastor que soy travieso; Mas si él no fuese bobo, No habría ya en el mundo ningún Lobo; Pues yo corriendo libre por los cerros[134], Sin pastores ni perros, Con sola mi pujanza y valentía Contigo y con tu raza acabaría. --¡Á Dios, exclamó el Lobo, mi esperanza De regalar á mi vacía panza! Cuando este miserable me provoca, Es señal de que se halla de mi boca Tan libre como el cielo de ladrones. _Así son los cobardes fanfarrones[135], Que se hacen en los puestos ventajosos Más valentones, cuanto más medrosos._

FÁBULA XIX

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Las Cabras y los Chivos.

Desde antaño en el mundo Reina el vano deseo De parecer iguales Á los grandes señores los plebeyos. Las Cabras alcanzaron Que Júpiter excelso Les diese barba[136] larga Para su autoridad y su respeto. Indignados los Chivos[137] De que su privilegio Se extendiese á las Cabras, Lampiñas con razón en aquel tiempo; Sucedió[138] la discordia Y los amargos celos Á la paz octaviana[139], Con que fué gobernado el barbón pueblo. Júpiter dijo entonces, Acudiendo al remedio: --¿Qué importa que las Cabras Disfruten un adorno propio vuestro, Si es mayor ignominia De su vano deseo, Siempre que no igualaren En fuerzas y valor á vuestro cuerpo? _El mérito aparente_ _Es digno de desprecio;_ _La virtud solamente_ _Es del hombre el ornato verdadero._

FÁBULA XX

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El Caballo y el Ciervo.

Perseguía un Caballo vengativo Á un Ciervo que le hizo leve ofensa: Mas hallaba segura la defensa En su veloz carrera el fugitivo. El vengador, perdida la esperanza De alcanzarle y lograr así su intento, Al hombre le pidió su valimiento Para tomar del ofensor venganza. Consiente el hombre; y el Caballo airado Sale con su jinete[140] á la campaña, Corre con dirección, sigue con maña[141], Y queda al fin del ofensor vengado. Muéstrase al bienhechor agradecido, Quiere marcharse libre de su peso; Mas desde entonces mismo quedó preso Y eternamente al hombre sometido. El Caballo, que suelto y rozagante, En el frondoso bosque y prado ameno Su libertad gozaba tan de lleno, Padece sujeción desde ese instante. Oprimido del yugo ara la tierra; Pasa tal vez la vida más amarga; Sufre la silla, freno, espuela, carga, Y aguanta los horrores de la guerra. En fin, _perdió la libertad amable Por vengar una ofensa solamente. Tales los frutos son que ciertamente[142] Produce la venganza detestable._

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LIBRO TERCERO

FÁBULA PRIMERA

El Águila y el Cuervo.

Á DON TOMÁS DE IRIARTE

En mis versos, Iriarte, Ya no quiero más arte, Que poner á los tuyos por modelo. Á competir anhelo Con tu numen, que el sabio mundo admira, Si me prestas tu lira, Aquella en que tocaron dulcemente _Música_[143] y _poesía juntamente_. Esto no puede ser: ordena Apolo Que digno solo tú[144], la pulses solo. ¿Y por qué solo tú? ¿Pues cuando menos No he de hacer versos fáciles, amenos, Sin ambicioso ornato? ¿Gastas otro poético aparato? Si tú sobre el Parnaso[145] te empinases, Y desde allí cantases: _Risco tramonto de época altanera_, Góngora[146] que te siga, te dijera; Pero si vas marchando por el llano, Cantándonos en verso castellano Cosas claras, sencillas, naturales, Y todas ellas tales, Que aun aquel que no entiende poesía Dice: _Eso yo también me lo diría_[147]; ¿Por qué no he de imitarte, y aun acaso Antes que tú trepar por el Parnaso? No imploras las Sirenas, ni las Musas Ni de númenes usas, Ni aun siquiera confías en Apolo. Á la naturaleza imploras sólo: Y ella sabia te dicta sus verdades. Yo te imito: no invoco á las deidades; Y por mejor consejo, Sea mi sacro numen cierto viejo; Esopo digo. Díctame, machucho[148], Una de tus patrañas, que te escucho. Una Águila rapante, Con vista perspicaz, rápido vuelo, Descendiendo veloz de junto al cielo, Arrebató un Cordero en un instante. Quiere un Cuervo imitarla: de un Carnero En el vellón sus uñas hacen presa: Queda enredado entre la lana espesa, Como pájaro en liga prisionero. Hacen de él los pastores vil juguete[149], Para castigo de su intento necio. Bien merece la burla y el desprecio El Cuervo que á ser Águila se mete. El Viejo me ha dictado esta patraña, Y astutamente así me desengaña. Esa facilidad, esa destreza Con que arrebató el Águila su pieza, Fué la que engañó al Cuervo, pues creía Que otro tanto, á lo menos, él haría. Mas ¿qué logró? servirle[150] de escarmiento. _Ojalá que sirviese á más de ciento Poetas de mal gusto inficionados_: Y _dijesen_, _cual yo desengañados, El Águila eres tú, divino IRIARTE; Yo no pretendo más sino admirarte: Sea tuyo el laurel, tuya la gloria, Y no sea yo el Cuervo de la historia_.

FÁBULA II

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Los Animales con peste.

En los montes, los valles y collados[151] De animales poblados, Se introdujo la peste[152] de tal modo, Que en un momento lo inficiona todo. Allí donde su corte el León tenía, Mirando cada día Las cacerías, luchas y carreras De mansos brutos y de bestias fieras, Se veían los campos ya cubiertos De enfermos miserables y de muertos. --Mis amados hermanos, Exclamó el triste rey, mis cortesanos, Ya véis que el justo cielo nos obliga Á implorar su piedad, pues nos castiga Con tan horrenda plaga: Tal vez se aplacará con que se le haga Sacrificio de aquel más delincuente, Y muera el pecador, no el inocente. Confiese todo el mundo su pecado: Yo cruel, sanguinario, he devorado Inocentes corderos[153]; Ya vacas, ya terneros; Y he sido á fuerza de delito tanto[154] De la selva terror, del bosque espanto. --Señor, dijo la Zorra, en todo eso No se halla más exceso Que el de vuestra bondad, pues que se digna De teñir en la sangre ruin, indigna De los viles cornudos animales, Los sacros dientes, y las uñas reales.-- Trató la corte al rey de escrupuloso: Allí del Tigre, de la Onza y Oso Se oyeron confesiones De robos y de muerte á millones; Mas entre la grandeza, sin lisonja, Pasaron por escrúpulos de monja[155]. El Asno, sin embargo, muy confuso Prorrumpió:--Yo me acuso Que al pasar por un trigo este verano, Yo hambriento y él lozano, Sin guarda, ni testigo, Caí en la tentación, comí del trigo. --¡Del trigo! y ¡un Jumento! Gritó la Zorra, ¡horrible atrevimiento! Los cortesanos claman:--Éste, éste Irrita al cielo, que nos da la peste. Pronuncia el rey de muerte la sentencia, Y ejecutóla el Lobo á su presencia. _Te juzgarán virtuoso, Si eres, aunque perverso, poderoso;_ _Y aunque bueno, por malo detestable_ _Cuando te miran pobre y miserable._[156] _Esto hallará en la corte[157], quien la vea;_ _Y aun el mundo todo ¡Pobre Astrea!_

FÁBULA III

El Milano enfermo.

Un Milano, después de haber vivido Con la conciencia peor que un forajido, Enfermó gravemente. Supuesto que[158] el paciente Ni á Galeno ni á Hipócrates leía, Á bulto conoció que se moría. Á los dioses desea ver[159] propicios, Y ofrecerles entonces sacrificios Por medio de su madre, que afligida Rogaría sin duda por su vida. Mas ésta le responde:--Desdichado, ¿Cómo podré alcanzar para un malvado De los dioses clemencia, Si, en vez de darles culto y reverencia, Ni aun perdonaste á víctima sagrada En las aras divinas inmolada? _Así queremos, irritando al cielo, Que en la tribulación nos dé consuelo._

FÁBULA IV

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El León envejecido.

Al miserable estado De una cercana muerte reducido, Estaba ya postrado Un viejo León del tiempo consumido: Tanto más infeliz y lastimoso, Cuanto había vivido más dichoso[160]. Los que cuando valiente, Humildes le rendían vasallaje, Al verlo decadente, Acuden á tratarle con ultraje; Que, como la experiencia nos enseña, Del árbol caído todos hacen leña. Cebados á porfía, Le sitiaban sangrientos y feroces. El Lobo le mordía; Tirábale el Caballo fuertes coces; Luego le daba el Toro una cornada[161]; Después el Jabalí su dentellada. Sufrió constantemente Estos insultos; pero reparando Que hasta el Asno insolente Iba á ultrajarle, falleció clamando: --Esto es doble morir: no hay sufrimiento, Porque muero injuriado de un Jumento[162]. _Si en su mudable vida_ _Al hombre la Fortuna ha derribado_ _Con misera caída_ _Desde donde lo había ella encumbrado;_[163] _¿Qué ventura en el mundo se promete,_ _Si aun de los viles llega á ser juguete?_

FÁBULA V

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La Zorra y la Gallina.

Una Zorra cazando, De corral en corral iba saltando Á favor de la noche en una aldea. Oye al Gallo cantar: «¡maldito sea!» Agachada, y sin ruido, Á merced del olfato y del oído, Marcha, llega, y oliendo á un agujero[164], «Éste es», dice; y se cuela al gallinero[165]. Las aves se alborotan, menos una, Que estaba en cesta como niño en cuna, Enferma gravemente. Mirándola la Zorra astutamente, La pregunta:--¿Qué es eso, pobrecita? ¿Cuál es tu enfermedad? ¿tienes pepita[166]? Habla: ¿cómo lo pasas, desdichada? La enferma le responde apresurada: --Muy mal me va, señora, en este instante; Muy bien, si usted se quita de delante. _¡Cuántas veces se vende un enemigo,_ _Como gato por liebre,_[167] _por amigo!_ _Al oír su fingido cumplimiento,_ _Respondiérale yo para escarmiento:_ _Muy mal me va, señor, en este instante;_ _Muy bien, si usted se quita de delante._

FÁBULA VI

La Cierva y el León.

Más ligera que el viento[168] Precipitada huía Una inocente Cierva De un cazador seguida. En una obscura gruta, Entre espesas encinas, Atropelladamente Entró la fugitiva. Mas ¡ay! que un León sañudo, Que allí mismo tenía Su albergue, y era susto[169] De la selva vecina, Cogiendo entre sus garras Á la res fugitiva, Dió con cruel fiereza Fin sangriento á su vida. _Si al evitar los riesgos La razón no nos guía, Por huir de un tropiezo Damos mortal caída._

FÁBULA VII

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El León enamorado.

Amaba un León á una Zagala hermosa: Pidióla por esposa Á su padre pastor urbanamente. El hombre temeroso, mas prudente, Le respondió:--Señor, en mi conciencia[170], Que la muchacha logra conveniencia; Pero la pobrecita[171], acostumbrada Á no salir del prado y la majada, Entre la mansa oveja y el cordero, Recelará tal vez, que seas fiero. No obstante, bien podremos, si consientes, Cortar tus uñas, y limar tus dientes; Y así verá que tiene tu grandeza Cosas de majestad, no de fiereza. Consiente el manso León enamorado, Y el buen hombre le deja desarmado. Da luego su silbido: Llegan el _Matalobos_ y _Atrevido_, Perros de su cabaña; de esta suerte Al indefenso León dieron la muerte. _Un cuarto[172] apostaré á que en este instante_ _Dice, hablando del León, algún amante,_ _Que de la misma muerte haría gala,_ _Con tal que se la diese la zagala._ _Deja, Fabio, el amor, déjalo luego;_ _Mas hablo en vano, porque siempre ciego,_ _No ves el desengaño,_ _Y así te entregas á tu propio daño._

FÁBULA VIII

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Congreso de los Ratones[173].

Desde el gran _Zapirón, el blanco y rubio, Que, después de las aguas del diluvio, Fué padre universal de todo gato_, Ha sido _Miauragato_[174] Quien más sangrientamente Persiguió á la infeliz ratona gente[175]. Lo cierto es, que obligada De su persecución la desdichada, En _Ratópolis_[176] tuvo su congreso. Propuso el elocuente _Roequeso_[177] Echarle un cascabel, y de esa suerte Al ruido escaparían de la muerte. El proyecto aprobaron uno á uno. ¿Quién lo ha de ejecutar? eso ninguno. --Yo soy corto de vista, yo muy viejo, Yo gotoso, decían. El consejo Se acabó como muchos en el mundo. _Proponen un proyecto sin segundo:_ _Lo aprueban. Hacen otro: ¡qué portento!_ _¿Pero la ejecución? ahí está el cuento._

FÁBULA IX

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El Lobo y la Oveja.