Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente

Part 7

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El emperador Andronico temiendo que Roger descubiertamente no tomase las armas contra él, y siguiese la voluntad de los Catalanes, ofendidos del engaño que hubo en las monedad de sus pagas, quiso que el Príncipe Maruli general de los Romeos que militaban con Roger en el Oriente, fuese de su parte á traerle á Constantinopla, y le asegurase de su voluntad, que siempre habia sido de hacerle merced, y engrandecerle, y juntamente le ordenó que dijese á su hermana Irene que se viniese con él, por parecerle que tendría autoridad con el hierno para persuadirle lo que importase. Llegó con esta embajada Maruli á Galípoli, y Roger claramente le respondió que no pensaba salir de Galípoli sin hacerse más sospechoso á los suyos con asistir en Constantinopla. Irene tambien se escusó por la falte de salud, que no le daba lugar de ponerse en camino. Con esto Maruli volvió á Constantinopla, y desengañó al emperador, que si no pagaba el ejército por entero no habia de tratar de conciertos. Con todo este desengaño porfió segunda vez por medio de su hermana, á persuadirle que pasase al Oriente con algun socorro que le enviaria, porque Philadelphia estaba en mayor aprieto que el año antes, y que la necesidad que padecían no perdonaba aún á los muertos. Bien quisiera Roger obedecer al Emperador, pero los soldados estaban más irritados que nunca, y si Roger entónces mostrára gusto de dársele al Emperador peligrára su autoridad y vida.

En este tiempo Berenguer de Entenza, viendo que todo estaba lleno de sospechas y miedos, y que los Griegos le miraban como Catalan, y los Catalanes entraban en desconfianza de su fé, porque estaba cabe el Emperador en lugar tan supremo, y que aquello no podia ser sino estando de su parte, aprobando lo mal que el Emperador lo hacia con ellos; finalmente estando ya las cosas de los Catalanes, y Andronico, en términos que no se podia estar neutral, ni ser medianero entre estas diferencia sin gran riesgo de perderlos á todos, Berenguer se resolvió de acudir á su primera obligacion, y preferir á su particular acrecentamiento el público honor y estimacion de la nacion, que estaba cerca de perderse. Pidió licencia á Andronico para volverse á Galípoli, y aunque el Emperador con ruegos y dádivas le procuró detener, no dejó de embarcarse en dos galeras que tenia al puerto de Blanquernas por la puerta del Emperador, y dice Pachimerio, que se embarcó con el semblante triste, y que mostraba el combate de pensamientos que llevaba. De la galera volvió á enviar al Emperador treinta vasos de oro y plata que le habia dado, y añade el mismo autor, que las insignias de la dignidad de Megaduque las arrojó en el mar, mostrando que desde entonces renunciaba la amistad del Imperio. Esta accion que en los Griegos se condena por muy infame y vil, fué la más digna de alabanza que este gran caballero hizo en el Oriente, porque ni las honras ni los cargos no le pudieron apartar de lo justo; ejemplo grande para los que quieren introducirse con daño del bien público, y reputacion de la patria, como á muchos acontece, que olvidados de lo que deben á su sangre y á su naturaleza, la dejan maltratar por pequeños intereses, que las más veces de las veces de ellos no les queda sino solo la infamia por premio de su ruindad.

Estando ya para partirse Berenguer, el Emperador le envió á llamar muchas veces, sin que pudiese creer que Berenguer le dejaria. Ofreciéronle al Emperador ciertos hombres de Malvasia de acometer las dos galeras de Berenguer, y vengar la poca estimacion que hacia de su amistad, y juntamente cobrar ellos una galera, que tenian á partido en servicio de Berenguer, pero el Emperador no permitió que se ejecutase, porque pensó reducirle. Aquella noche Berenguer se hizo á la vela, y se vino á Galípoli, donde halló todas las cosas llenas de mil sospechas y recelos.

CAPITULO XXIII.

Da el Emperador Andronico en feudo á los Capitanes Catalanes y Aragoneses las Provincias del Asia.

El Emperador deseaba dividir los Catalanes entre sí, para después poderles castigar más á su salvo. Volvió á persuadir á Roger lo que antes por medio de Canavurio familiar ministro de Irene su suegra, el cual después de ir y venir muchas veces de Constantinopla á Galípoli, concertó el mayor negocio para los Catalanes, que se pudo desear para su grandeza y aumento, si como se les ofreció se les cumpliera; pero la insolencia de los soldados, la envidia de los Griegos, la instancia del hijo trocó el amor y aficion que Andronico tenía á nuestras cosas en mortal aborrecimiento; y así se determinó entre el Emperador y su hijo dar aparente y honrosa satisfacion á los Catalanes, y ocultamente trazar su perdicion y ruina; aunque esto no lo dicen los Historiadores, dejase fácilmente entender por lo que después se hizo. Andronico por medio de este Canavurio, forzado del temor de las armas de los Catalanes, y del socorro que la fama habia publicado que venia de Sicilia, y que con tan largas pagas estaba el fisco y cámara imperial destruida, y que las rentas del Imperio no eran suficientes para los gastos ordinarios y forzosos, y que como á Príncipe le tocaba prevenir el remedio, y ellos como Capitanes obligados y amigos debian ayudarle á poner en ejecucion lo que á todos les importaba igualmente. Al fin se concertó entre el Emperador y Roger, después de largas y pesadas consultas, lo siguiente. Que desde luego diese Andronico las Provincias de la Asia en feudo á los Ricos hombres, y caballeros Catalanes y Aragoneses, con obligacion que siempre que fuesen llamados y requeridos por él, ó por sus sucesores, acudiesen á servirle á su costa, y que el Emperador no estuviese obligado á dar después de la conclusion de este trato sueldo á la gente de guerra, solo les habia de socorrer cada un año con treinta mil escudos, y con ciento veinte mil modios de trigo, dándoles el dinero de las pagas corridas hasta el dia de este concierto. Con este trato quedaron nuestras cosas, al parecer, en suma grandeza; porque los Catalanes se vieron señores de todas las Provincias de Asia, así por dárselas el Emperador en paga de sus servicios, como porque las ganaron con las armas, y libraron de la servidumbre de los Turcos: títulos que cualquiera de ellos era bastante á darles el derecho de señorío de todas ellas. Esta fué una de las cosas más señaladas de esta expedicion, y que más puede ilustrar la nacion Catalana y Aragonesa; pues cuando los Romanos, vencido Mithridates, ganaron el Asia, alcanzaron una de sus mayores glorias, y lo que el valor de tantos famosos Capitanes y ejércitos conquistó en muchos años, lo adquirieron los nuestros en menos de dos, y si con engaños y traiciones no les atajaran su fortuna, quedaron absolutos señores y Príncipes de la Asia, y quizá si se conserváran, detuvieran los Turcos en sus principios, y no les dieran lugar á dilatar ni engrandecer los límites inmensos del Imperio que hoy poseen.

Estos conciertos se juraron delante de la imagen de la Virgen, costumbre antigua de aquel Imperio. En esta donacion concuerdan Pachimerio y Montaner, solo el Griego difiere en una circunstancia, porque dice, que Andronico exceptuó algunas ciudades, que no quiso que se incluyesen en la donacion.

CAPITULO XXIV.

La gente de guerra con mayor furia que antes se alborota, porque tiene alguna desconfianza de Roger.

El Emperador Andronico para cumplimiento del juramento hecho, envió á Teodoro Chuno que llevase á Roger los conciertos firmados y sellados con sellos de oro, y treinta mil escudos, y las insignias de César, y que el trigo estaba ya recogido para entregarle á quien Roger ordenase. Caminaba la vuelta de Ripi Teodoro, y como cuerdo y practico junto á Ripi se detuvo, porque supo que las cosas de Galípoli, y de los catalanes se iban empeorando. Resolvió de no pasar adelante hasta saber de cierto el estado de las cosas, á más de que temia á Roger por estar ofendido de un hermano suyo que estaba en Cancilio, de donde muchas veces habia salido con gente armada en su daño. Así parece que por cierta providencia envió á Canavurio que fuese antes á la hermana del Emperador, para que primero á ella le diese aviso de lo que pasaba, y juntamente volviese á sagnificarle la disposicion y estado del nuevo motin, porque su persona y el dinero no lo queria aventurar sin más seguridad de la que tenía. Pasó adelante, caminando siempre muy despacio, para dar tiempo á Canavurio que se pudiese informar, y volverle á encontrar antes del peligro. Junto á Brachialio tuvo nuevas llenas de sospechas, porque tuvo aviso que Roger no recibiera las insignias de César por no hacerse más sospechoso á los suyos, de quien ya comenzaban á tener alguna desconfianza, por verle rico y honrado, y ellos defraudado de su sueldo. Temió Teodoro, y resolvió de asegurarse, retirándose al fuerte de Ripi donde estuvo algunos dias. Como vió que no se sosegaba la gente, temió que si los Catalanes entendieran que él estaba en Ripi con treinta mil escudos, no le acometiesen para quitarle el dinero; y así una noche con gran secreto con todos los recaudos que traía se fué á Constantinopla, y dió razon al Emperador de lo que le habia detenido, y forzado á volver atrás sin ejecutar su órden. Roger juzgó que convenia para su reputacion, y seguridad satisfacer al ejército de las sospechas viles de su fé, y así ordenó á las principales cabezas del ejército que se viniesen á Galípoli, dejando aseguradas las plazas que tenian á su cargo, Juntos todos les dijo, que los trabajos y peligros que habian padecido por el aumentó y bien de la nacion Catalana y Aragonesa, no merecían tan mala correspondencia como tener duda de su fidelidad: que él habia probado su intencion en la guerra de Sicilia, sirvieron al Rey, y gobernando siempre gente Catalana, y con ser aquellos tiempos tan sospechosos, nadie se atrevió á ofenderle: que en las guerras del Asia habia acudido á la obligacion que fué llamado, y que el Emperador aunque le habia hecho muchas honras, no las tenía él por iguales á sus servicios, y cuando lo fueran, que él no era hombre que por correponder á ellas olvidaría las obligaciones que tenía en primer lugar: que el Emperador le queria hacer César, y que él no queria más recibir honras sin que á ellos se les diese entera satisfacion, y que por solo venirles á socorrer y animar habia salido de Constantinopla, y dejado al Emperador que le queria detener y acrecentar; que él estaba resuelto de correr la fortuna que ellos, y que si el Emperador con su ejército les acometiere, procuraría por el juramento hecho ceder si pudiese á su rigor, pero que cuando conviniese, forzosamente habian de venir á las armas, y las suyas siempre se habian de emplear en la defensa comun contra los Griegos. Con esta plática Roger aseguró su crédito, y los Catalanes satisfechos de sus sospechas, y así con el reconocimiento que siempre, le dieron disculpa de los recelos mal fundados de algunos.

En este mismo tiempo sucedió para mayor descrédito de nuestras armas, que los Turcos acometieron la Isla del Jio, que estaba á cargo de Roger y los suyos, y casi toda ella la tomaron, sino fueron algunos que se pudieron retirar á la fortaleza en cuarenta barcos que pudieron juntar, y estos tambien se perdieron lastimosamente rotos y deshechos de una furiosa tormenta junto á la Isla de Sciro. Con esta pérdida los ánimos de los unos y de los otros se fueron irritando. Los Griegos porque les pareció que los Catalanes, ya que les molestaban tanto con las ordinarias contribuciones, no fuesen bastantes para defenderles del rigor y sujecion de los infieles; los Catalanes tambien atribuyeron esta perdida á la dilacion de Andronico, en no cumplirles lo que tantas veces se les habia ofrecido, y que si se les pagara con tiempo, pudieran ellos acudir á su obligacion, y defender lo que estaba á su cargo; la falta de dinero les obligó á que con mayor desorden le fuesen á buscar por todos los lugares de Thracia.

CAPITULO XXV.

Concluyese el trato de pasar al Oriente, y Roger recibe las insignias de César, y dinero.

A los oidos de los Emperadores Andronico y Miguel llegó lo que Roger públicamente dijo; y ofendidos gravemente, quisieron con el ejército que tenian junto en Andrinopoli acometer el de los Catalanes, pero Andronico á persuasion de Azan cuñado de Roger; á quien poco antes habia dado la dignidad de Panipersebastor, mandó á su hijo que no lo ejecutase, esperando siempre por medio de su sobrino reducir á Roger, á quien Azan escribió la justa indignacion del Emperador, y que la mayor disculpa que podria dar seria pasar el ejército en Asia, y comenzar la guerra. Respondió Roger á su cuñado, y al Emperador en la misma conformidad y escribió: que la necesidad le habia obligado á dar de palabra satisfacion á todo el ejército, porque si no lo hiciera, se acabáran de confirmar en sus sospechas, y que sin duda le matáran: que él siempre seria fiel y reconocido á las muchas honras y mercedes que de su mano habia recibido, y que si de lengua le habia ofendido fué, porque los Catalanes no le ofendieran con efecto, tomando por cabeza otro Capitan que libremente les dejara ejecutar su ímpetu; que se sirviese de socorrerles con algo, porque de otra manera no se atrevia á reducirlos, porque él apenas tenía mil hombres que le obedeciesen. Con esta carta el Emperador volvió á mandar á su hijo que no les ofendiese, pero que impidiese sus correrias.

Azan que deseaba conservar á su cuñado Roger, persuadió al Emperador que le volviese á enviarlo que Teodoro Chuno poco antes le llevaba, y que con esto pasaria á la Asia, y así el Emperador le envió las insignias de César, y el dia de la resurrecion de Lázaro, fué vestido y aclamado por César, y se le dieron treinta y tres mil escudos, y cien mil modios de trigo, pero resueltamente le mandó el Emperador que despidiese toda la gente, solo se quedase con mil hombres. Roger mostró con aparente demostraciones que obedecia, pero con secreto disponia sus consejos para cualquier acontecimiento. Envió á Berenguer de Entenza parte de su gente que ya estaba declarado por rebelde y enemigo del Imperio; la otra envió á Cizico Metellin donde ya habia guarnicion de Catalanes. Recogió, á más del trigo que el Emperador le daba, otra mayor cantidad de la que los Catalanes recogieron de las contribuciones.

CAPITULO XXVI.

Partese Roger á verse con Miguel Paleólogo, contradicelo María su mujer, y los demás Capitanes.

En este tiempo que los Catalanes andaban llenos de tantos temores y esperanzas, ya Andronico y Miguel trazaban de que manera podian hacer un castigo señalado en ellos, y castigar con sumo rigor su atrevimiento; que aunque esto claramente no lo dicen los Historiadores Griegos, el efecto lo publicó, y descubrió su alevosia. La desdichada suerte de Roger abrió el camino para que esto se ejecutase, con gran seguridad de los Griegos, y notable pérdida nuestra. Llegóse el tiempo de la partida de Grecia para proseguir la guerra, y Roger determinó de ir á verse con Miguel Paleólogo para darle razon de lo que se habia tratado con su padre en materia de la guerra, y pedirle dinero, como Nicephoro dice. Pero María mujer de Roger, y su madre y hermanos, que como ladrones de casa conocían bien la condicion de los suyos, sentian muy mal de esta ida, y María, como á quien más le importaba, advirtió á su marido en secreto que no se fuese, ni se pusiese voluntariamente en las manos de Miguel, y que no ofreciese la ocasion á quien con tanto cuidado la buscaba; que advirtiese cuán huérfana quedaba ella, cuán desamparados los suyos si faltase su gobierno; que no fiase tanto de su ánimo; que no diese crédito á sus palabras, nacidas no solo de su cuidado pero de ciertas y seguras señales que tenia de que Miguel Paleólogo procuraba su ruina. Todas estas razones acompañadas con lágrimas y ruegos dijo María á su marido Reger, porque como Griega, y persona tan íntima de la casa del Príncipe, aunque se recelaba de ella porque no descubriese sus trazas, como todo este recto llegaban á su noticia muchas, que como mujer cuerda y cuidadosa de la vida del marido pudo advertir, y descubrir algo de lo que se maquinaba contra él. Hizo poco caso Roger de sus consejos, y ella cuanto menos recelo descubria en el marido, tanto más crecia su cuidado, y procuraba intentar algunos medios para persuadirle; y el que debiera ser más eficaz, fué llamar á los capitanes más principales del ejército, y descubrióles sus justas sospechas, para que pidiesen á Roger que suspendiese su ida de Andrinopoli para visitar á Miguel Paleólogo. Al fin todos los Capitanes juntos á instancia de María, cuyas sospechas no les parecian vanas, fueron á Roger, y le pidieron que dejase, ó si quiera, difiriese la jornada hasta estar más asegurado y satisfecho del animo de Miguel. Respondióles resueltamente que por ningun temor que le pusiesen delante dejaria de hacer su viage, y cumplir con obligacion tan forzosa como visitar á Miguel, y quien debia el mismo respecto que al Emperador su padre; que si antes de partir de Grecia para la jornada de Asia no se le daba razon de todos sus consejos y determinaciones, era darle ocasion desavenirse con ellos, cosa de grande incoveniente para la conservacion de todos ellos, que los recelos de María su mujer nacian del amor y temor de perderle, y que pues eran sin otro fundamento no era justo que le detuviese.

Llamado Roger de su fatal destino, ni advirtió su peligro, ni advertido lo temió. Muchas veces por mas avisos que un hombre tenga no puede escapar de la muerte y fines desastrados; aunque Dios nos advierte con señales manifiestos y claros, puede tener una loca confianza que nos quita el discurso para que no veamos los peligros donde está determinado nuestro fin y castigo. En este caso de Roger, ni su buen discurso, ni el conocimiento grande de la naturaleza de los Griegos, ni los avisos de su mujer, ni los ruegos de los suyos, pudieron detenerle para que voluntariamente no se entregáse á la muerte. Resuelto ya de partirse, María su mujer con todos los de su casa no quiso quedarse en Galípoli, porque como tenía por cierta nuestra perdicion, no le pareció aventurarse, pues la obligacion de asistir en Gailipoli faltaba con ausentarse su marido. Mandó Roger que Fernando Aones con cuatro galeras la llevase á Constantinopla, y él con trescientos caballos, y mil infantes, dejando en su lugar á Berenguer de Entenza. Caminó la vuelta de Andrinopoli; dicha por otro nombre Orestiade, Ciudad principal de Thracia, y Corte de muchos Emperadores y Reyes, y que entónces lo era de Miguel, Zurita quiera que Andrinopoli y Orestiade sean lugares diversos, porque no llegó á su noticia que esta Ciudad tenia entrambos nombres, Nicephoro la llamó Orestiade con el nombre mas antiguo, y Montaner Andrinopoli, que fué el mas moderno; y el que entónces le daban los Griegos, y el que hoy conserva con poca diferencia.

Supo el Emperador Miguel á 22, de Abril como el César Roger venia, porque Azan su cuñado se lo hizo saber. Alteróse extrañamente Miguel de esta venida, y con un caballero de su casa le envió á preguntar, una jornada antes que llegase, si el Emperador su padre se lo habia mandado ó el movido de su sola voluntad. Respndió el César con palabras llenas de humildad que solo iba para darle obediencia, y mostrar la servitud que le debia, y juntamente para conferir con él el viaje que habia de hacer al Oriente. Con esta respuesta se sosegó Miguel, y mostró que gustaba de su venida. Envió luegó á recibirle con la benignidad y cortesía que convenia. Era Miércoles de la segunda semana de la Pascua que llaman de Santo Thomás. Vióse aquella misma noche con el Emperador, de quien fué recibido y acariciado con grandes demostraciones de amor.

CAPITULO XXVII.

Matan á Roger con gran crueldad los Alanos, estando comiendo con los Emperadores Miguel y María, y á todos los que fueron en su compañía.

Con el buen acogimiento que Miguel hizo á Roger y á los suyos, creyeron que las sopechas de María fueron sin fundamento, y vivían tan sin cuidado ni recelo del daño que tan vecino tenian, que divivididos y sin armas discurrian por la Ciudad como entre amigos y confederados. Estaban dentro de ella los Alanos con George su General, cuyo hijo mataron en Asia los Catalanes. Estaban tambien los turcoples, parte debajo del gobierno del búlgaro Basila, la otra obedecia á Meleco. Los Romeos estaban debajo del gran Primicerio Casiano, y del Duque y gran Príncipe de Compañías llamado Etriarca. Todos estos tuvieron por sospechosa la venida de Roger, y que solo venia á reconocer las fuerzas de Miguel, con pretesto de darle la obediencia, y según ellas disponer sus consejos. El que mas alteraba y movia los ánimos contra Roger y los Catalanes, era George cabeza de los Alanos; que con deseo de tomar satisfaccion intentaba todos los medios que podia; finalmente, ó fuese por solo su motivo, ó con permision y órden del Emperador Miguel; el dia antes de partida de Roger, estando comiendo con el Emperador Miguel y la Emperatriz María, gozando de la honra que sus Príncipes le hacian, entraron en la pieza donde se comia George Alano, Meleco Turcople con muchos de los suyos Gregorio; el primero cerró con Roger, y después de muchas heridas con ayuda de los suyos le cortó la cabeza, y quedó el cuerpo despedazado entre las viandas y mesa del Príncipe, que se presumia habia de ser prenda segurísima de amistad, y no lugar donde se quitase la vida á un Capitan amigo, y de tantos y tan señalados servicios, huésped suyo, pariente suyo y como tal, honrado en su casa, en su mesa y en presencia de su mujer y suya. No se pudieron juntar, á mi parecer, mayores circunstancias para acrecentar la infamia de este caso, hecho por cierto indigno de lo que tiene nombre y obligaciones de Príncipe, que las mas principales son las que mas se apartan de parecer ingrato y cruel, aunque es verdad que los Príncipes raras veces se reconocen por obligados, y cuando se tienen por tales, aborrecen la persona de quien les tiene obligados, pero esto no llega á tanto que perdiendo de todo punto el miedo á la fama, descubiertamente le acaben y destruyan. Lo cierto es que comúnmente puede mas en un Príncipe un pequeño disgusto para castigar, que grandes y señalados servicios para perdonar, ó disimular algunas ofensas de poca, ó ninguna consideracion. ¿Pero qué maldad hay que no acometa un Príncipe injusto si se le antoja que importa para su conservacion? Porque el juicio y castigo de Dios á quien solo se sujetan y temen, le miran tan de lejos, que apenas le descubren no acordándose por cuan flacos medios vienen á ser castigados, pues la mano de un hombre resuelto suele quietar Reynos y vidas.