Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente

Part 3

Chapter 3 3,824 words Public domain Markdown

Con la larga constumbre de ir divagando, nunca edificaron casas, ni fundaron posesiones en la campaña, y en las fronteras de enemigos tenian su habitacion y el sustento de sus personas y familias: despojos de Sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, sin otra arte ni oficio mas que servir pagados en la guerra, y cuando faltaban las que sus Reyes hacian, con cabezas y caudillos particulares corrian las fronteras, de donde vinieron á llamar los antiguos el ir á las correrias, ir en almugaveria. Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria, ó afrenta, y como los Alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de pieles de fieras, abarcas, y antiparas de lo mismo. Las armas una red de hierro en la cabeza á modo de casco, una espada, y un chuzo algo menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros, pero la mayor parte llevaban tres ó cuatro dardos arrojadizos. Era tanta la presteza y violencia con que los despedian de sus manos, que atravesaban hombres y caballos armados, cosa al parecer dudosa si Desclot y Montaner no lo refirieran, autores graves de nuestras historias, adonde largamente se trata de sus hechos, que pueden igualar con los muy celebrados de Romanos y Griegos.

Cárlos Rey de Nápoles, puesto ante su presencia algunos prisioneros Almugavares, admirando de la vileza del traje, y de las armas, al parecer inútiles contra los cuerpos de hombres y caballos armados, dijo con algun desprecio, que si eran aquellos los soldados con que el Rey de Aragon piensa hacer la guerra. Replicóle uno de ellos, libre siempre el ánimo para la defensa de su reputacion; Señor, sin tan viles te parecemos, y estimas en tan poco nuestro poder, escoje un caballero de los mas señalados de tu ejército, con las armas ofensivas y defensivas que quisiere, que yo te ofrezco con sola mi espada y dardo de pelear en campo con él. Cárlos con deseo de castigar la insolencia del Almugavar, aplazó el desafío, y quiso asistir y ver la batalla. Salió un Francés con su caballo armado de todas piezas, lanza, espada, y dardo. Apenas entraron en la estacada cuando le mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz del Rey le detuvo, y le dió por vencedor y por libre.

Otro Almugavar en esta misma guerra, á la lengua del agua, acometido de veinte hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia, el tratar de otra largamente. La duda que se ofrece solo es del nombre, si fué de nacion, ó de milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nacion, y para asegurarme mas en esta opinion, tengo á George Pachimerio autor Griego, cuyos fragmentos dan mucha luz á toda esta historia, que llama á los Almugavares descendientes de los Avares, compañeros de los Hunos, y Godos, y aunque no se hallará autor que opuestamente lo contradiga, por muchas leyes de las partidas se colige claramente, que el nombre de Almugavar era nombre de milicia, y el ser esto verdad no contradice lo primero, porque entre ambas cosas puede haber sido.

En su principio, como Pachimerio dice, fué de nacion, pero después como no ejercitaban los Almugavares otra arte ni oficio, vinieron ellos á dar nombre á todos los que servian en aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se agregase á los Almugavares, milicia de tanta fatiga y peligro, sin ser de su nacion, porque la inclinacion natural les hacia seguir la profesion de los padres; ni hay hombre que pudiendo escoger siguiese milicia, que desde la primera edad se ocupase con tanto riesgo de la vida, descomodidad, y continuo trabajo. Nicephoro Gregoras dice, que Almugavar es nombre que dan á toda su infantería los Latinos; así llaman los Griegos á todas las naciones que tienen á su Poniente, pero no hay para que contradecir con razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco advertido en nuestras cosas como Nicephoro.

Salió la armada de Mecina, y con próspera navegacion llegó á Malvacia puerto de la Morea, donde fueron bien recibidos y ayudados con algun refresco por órden del Emperador. Antes de salir llegaron cartas suyas en que mandaba á Roger que apresurase la navegacion. Partió alegre la gente con el refresco, y en pocos dias la armada arribó á Constantinopla, por el mes de Enero indicion segunda, segun Pachimerio, con universal regocijo de la ciudad viendo las armas que les habian de amparar, y defender. Andronico, y Miguel Emperadores, y toda la nobleza Griega, con mucho amor y muestras de sumo agradecimiento les recibieron, y honraron. Mandó luego Andronico desembarcar toda la gente, y que alojase dentro de la Ciudad en el barrio que llamaban de Blanquernas, y el siguiente dia se repartieron cuatro pagas como estaba concertado.

CAPITULO VIII.

Roger Se casa. Pelean Catalanes y Genoveses dentro de Constantinopla.

Parecióle al Emperador Andronico que convenia á su seguridad y crédito, dar á entender que los ofrecimientos hechos á los nuestros se habian de cumplir con mucha puntualidad, y para que esto se mostrase luego con las obras, dió principio por lo que parecia mas difícil, que fué el casamiento de Roger con su sobrina María, con que todos quedaron satisfechos, juzgando por ciertas las demás mercedes como inferiores y más fáciles de cumplir. Hiciéronse las bodas con la solemnidad de personas Reales; porque el valor de Roger pudo igualar la nobleza de la mujer. Era María hija de Azan Príncipe de los Búlgaros, y de Trene hermana de Andronico, de quince años de edad, hermosa y por extremo entendida. Entre el mayor placer y gusto por la boda, sucedió un alboroto y pendencia entre Catalanes y Genoveses, que casi fué batalla muy sangrienta, nacida como muchas veces acontece de pequeña causa, y aunque Pachimerio dice, que fué sobre la cobranza de los veinte mil ducados que prestaron á Roger en Sicilia, y que por sosegarlos ofreció el Emperador de pagarlos, pero la más cierta ocasion de la pendencia fué, que un Almugavar discurriendo por la ciudad dió ocasion á dos Genoveses, viéndole solo, que se burlasen con mucha risa de su traje, y figura; pero el ánimo militar del Almugavar mal sufrido en los donaires y motes cortesanos, mas osado de manos que de lengua, les acometió con la espada, y travó la pendencia. Acudieron de una y otra parte valedores y amigos, estando ya los ánimos prevenidos y alterados como sospechosos, y con esto las fuerzas de entre ambas naciones se encontraron para su total ruina y perdicion. Los Genoveses sacaron su bandera ó guion, y acometieron los cuarteles de los Almugavares repartidos en el barrio de Blanquernas. Nuestra caballería reconociendo el peligro de sus Almugavares, dividida en tropas, cerró con la gente Genovesa mal ordenada. Con esto se dió lugar á que los Almugavares saliesen de sus alojamientos, y se juntasen para tomar satisfacion de quien tan injustamente los maltrataba. Peleose de una y otra parte con obstinacion, hasta que los Genoveses, muerto su Capitan Roseo del Final, se fueron retirando con notable pérdida y daño.

Andronico de las ventanas de su Palacio atento y con gusto miraba la pendencia cuando los Genoveses levemente fueron mal tratados, y algunos muertos, y con palabras mostró su ánimo mal afecto contra ellos; pero cuando vió que los Almugavares con su acostumbrado rigor iban degollando cuanto se les ponia delante, temió que todos los Genoveses de Constantinopla no muriesen aquel dia; cosa peligrosa para su conservacion, porque dependia de ellos la paz de su Imperio. Tiénese por cierto que Andronico quisiera sacudirse el yugo de Genoveses si pudiera con seguridad, pero era difícil por tener ellos el poder dividido para que se pudiera oprimir á un tiempo, y si consintiera que los de Constantinopla perecieran, fuera irritar las otras fuerzas que quedaban enteras; y así con ruegos y promesas pidió á los Capitanes que recogiesen y retirasen los suyos, y George Pachimerio refiere, que mandó Andronico á Estéban Marzala gran Drungario y Almirante, que fuese á quietar el tumulto, y apaciguar las partes, y que fúe muerto y despedazado. Finalmente la presencia y autoridad de Roger, y de los otros Capitanes pudo tanto, que obedecieron todos, y con mucho peligro les retiraron, porque habian sacado sus banderas con ánimo de acometer á Pera, y saquearla, juntando á su venganza su codicia.

Era esta poblacion de Genoveses, dividida por un estrecho cerco del mar de la Ciudad de Constantinopla, llamado de los antiguos Cuerno de Bisancio, y hoy de los Turcos y Griegos Galata. Retirados y sosegados los nuestros, les mandó el Emperador en agradecimiento de su puntual obediencia librar una paga. Quedaron muertos de los Genoveses en la Ciudad cerca de tres mil, y aunque lo peor llevaron ellos entónces, fué causa de mayores daños en lo venidero para los nuestros, porque con esto quedó irritada una nacion émula y poderosa, que importaba su amistad para conservar nuestras armas en aquel Imperio; porque en estos tiempos era grande y temido su poder en todo el Oriente, arbitros de la paz y la guerra. Tenian ilustres Colonias y Presidios en Grecia, en Ponto, en Palestina, armadas poderosas, poseian muchas riquezas adquiridas con su industria y valor, y absolutamente eran dueños del trato universal de Europa, con que mantenian fuerzas iguales á las de los mayores Reyes, y Repúblicas. Con esto llegaron á ser casi dueños del Imperio Griego. En este tiempo cuando los Catalanes llegaron á Constantinopla, y reconociendo las fuerzas que traian, les pareció á los Genoveses peligrosa la vecindad de sus armas; y así siempre se mantuvo entre estas dos naciones aborrecimiento y enemistad implacable que duró muchas edades, hasta que el valor de entre ambos se fué perdiendo, juntamente con el Imperio del mar, y cesó la emulacion por cuya causa muchas veces con varia fortuna se combatió.

CAPITULO IX.

Pasa la armada á la Natolia, y hecha la gente en el cabo de Artacio.

Con el peligro de la pendencia entre Catalanes y Genoveses, advirtió Andronico los que pudieran suceder, por tener dentro de la Ciudad diferentes y varias naciones armadas, y ofendidas, que con ménos ocasion que la vez pasada vinieran sin duda á rompimiento. Llamó á nuestros Capitanes, y les explicó brevemente el fusto que tendría de ver sus armas en el Asia, amparando su miserables y Cristianos pueblos, oprimidos de los Turcos, y quitada la ocasion de nuevas pendencia y desórdenes. Roger con sus Capitanes ofreció que embarcaría su gente luego. Pero para que su partida fuese con más gusto, y el ejército quedase satisfecho, y seguro de tener en la armada ciertos los socorros y retiradas, le suplicaron nombrase por General de ella algun Caballero, ó Capitan que fuese de su nacion, para que dependiesen de ellos, temiendo que Andronico diese este cargo á Griegos ó Genoveses; y fuera cosa peligrosa para su seguridad tener el socorro en poder de gente extraña, con quien siempre hay emulacion y competencias; ocasion de graves pendencias y daños, y más en los socorros de mar, tan sujetos á las mudanzas del tiempo, que puede la ruindad y malicia de un General retardar el socorro, y hallar razon que disculpe y apruebe lo mal hecho, atribuyendo al tiempo y á peligros imaginados su tardanza. Andronico cumplidamente satisfizo á la demanda, dando el cargo de General de la armada con título de Almirante á Fernando de Aones Caballero de conocida sangre, y gallardo por su persona, y juntamente quiso que se casase con una parienta suya, para que el nuevo parentesco diese más autoridad á su cargo. El título de Almirante en aquel Imperio no era tan supremo como lo fué entre nosotros, por que estaba sujeto al Megaduque, y de él recibia las órdenes. Mando el Emperador, que un insigne Capitan de Romeos que se llamaba Marulli, hombre de sangre y estado, fuese siguiendo las banderas de Roger con su gente, y Gregorio con la mayor parte de los Alanos hiciese lo mismo. Embarcose el ejército en los navíos y galeras de su armada, y atravesando el mar de Propontide, dicho hoy de Marmora, tomaron tierra en el cabo de Artacio, poco mas de cien millas lejos de Constantinopla, lugar acomodado para la desembarcacion de la caballería. A este cabo llama Montaner Artaqui, y los antiguos Artacio, no lejos de las ruinas de la famosa ciudad de Cizico.

Llegó Roger con la armada, y supo que los Turcos aquel mismo dia habian querido ganar una muralla, ó defensa de media milla de largo, puesta en la parte que el cabo se continua con la tierra firme, y que dejaron el combate, mas por la fortaleza del sitio, que por el valor de los que la defendían. Estiéndese este cabo, desde esta defensa, ó muralla algunas leguas dentro del mar, y en él hay muchas poblaciones, y abundantes valles, fértiles colinas. Era en los tiempos antiguos Isla, pero después se vino á cerrar con las arenas.

Con el aviso cierto que Roger tuvo, de que los Turcos habian acometido el reparo y defensa del cabo, y que no podian estar muy lejos, dióse prisa á desembarcar la gente, y envió luego á reconocer el campo de los enemigos, y dentro de pocas horas se supo como estaban alojados seis millas lejos entre dos arroyos, con sus mugeres, hijos y haciendas. En aquel tiempo los Turcos, no olvidados aún de las costumbres de los Scitas, de quíen se precian suceder, vivian la mayor parte, y la más belicosa en la campaña, debajo de tiendas y barracas, mudándose según la variedad del tiempo, y comodidades de la tierra. Tenian puesta su mayor fuerza en la caballería, gobernada por Capitanes y Príncipes de valor, no de sangre, á quien obedecían más por gusto que por obligacion. Tenian perpetua guerra con los vecinos, sin órden militar, á imitacion de los Alarabes, que hoy poseen el Africa. Esta forma de vivir tuvieron, desde que dejaron las riveras del rio Volga, y entraron en la Asia menor, hasta que la vileza de las naciones de la Asia, y Grecia les dió crédito y reputacion. A las Monarquias y naciones, sucede lo mismo que á los hombres que nacen, crecen y mueren. Nació Grecia cuando se defendió de Jerjes, y cuando su valor deshizo el poder de tan numerosos ejércitos, y forzó al bárbaro Monarca, que se retirase vencido, y pasase el estrecho de mar del Helesponto en una pequeña barca, que poco antes soberbio y desvanecido humilló con puente. Tuvo su aumento, cuando las armas de Alejandro pasaron más allá del Ganges, y los límites y fines inmensos de la misma naturaleza no lo fueron de su ambicion. Fué su muerte, cuando las armas de los Bárbaros, por flojedad de sus Príncipes, y poca fidelidad de sus Capitanes, le pusieron en dura servidumbre.

En este tiempo que Andronico ocupaba el Imperio de Oriente, los Turcos se dividieron, y hubo entre ellos algunas guerras civiles, pero por el consejo y autoridad de Orthogules se sosegaron, remitiendo á la suerte sus pretensiones, que como reviere Gregoras, y Chalchondilas, se dividieron por suerte las Provincias entre siete Capitanes, pretensores todos al gobierno universal. Dio la suerte á Caramano la parte mediterranéa de la Provincia de Frigia hasta Cilicia, y Philadelphia, aunque algun autor quiere, que este no fuese de los siete Capitanes, y que solo reinó en Caria: á Carcano la parte Frigia, que se estiende hasta Esmirna: á Calami y á su hijo Carasi, la Lidia hasta Misia Bitinia, y las demás Provincias junto al monte Olimpo, cayeron en la suerte de Otomano, que en aquella edad comenzó á ser temido, y á levantar poco después su Monarquía, venciendo y sujetando los demás Tiranos de las Provincias que vamos nombrando; con que quedó absoluto señor y Príncipe de todas ellas. La Patagonia, y las demás tierras que caen á la parte del Ponto Euino, las ocuparon los hijos de Amurat. En esta forma hallaron los nuestros repartida el Asia, y á los Turcos señores de ella: que fué grande ayuda para nuestras victorias el estar sus fuerzas divididas.

CAPITULO X.

Vencen los Catalanes y Aragoneses á los turcos.

Por el aviso que Roger tuvo de como los Turcos estaban cerca, temiendo perder tan buena ocasion si advertidos de la llegada de los nuestros se previnieran, ó retiraran, juntó el campo, y en una breve platica les dijo, como el siguiente dia queria da sobre los alojamientos de los enemigos, fáciles de romper por estar descuidados. Propusoles la gloria que alcanzarian con vencer, y que de los primeros sucesos nacía el miedo, ó la confianza, y que la buena ó mala reputacion pendia de ellos. Mandó que no se personase la vida sino á los niños, porque esto causase más temor en los Bárbaros, y nuestros soldados peleasen sin alguna esperanza d que vencidos pudiesen quedar con vida. Dispuesto el órden con que se habia de marchar, dió fin á la platica. Oyéronle con mucho gusto, y aquella misma noche partieron de sus alojamientos á tiempo que al amanecer pudiesen acometer á los Turcos. Guiaba Roger con Marulli la vanguardia con la caballería, y llevaba solos dos estandartes, en el uno las armas del Emperador Andronico, y en el otro las suyas. Seguia la infantería hecho un solo escuadron de toda ella, donde gobernaba Corbarán de Alet Senescal del ejército. Llevaba en la frente solas dos banderas, contra el uso comun de nuestros tiempos, que suelen ponerse en medio del escuadron como lugar más fuerte y defendido. La una bandera llevaba las armas del Rey de Aragon Don Jaime, y la otra las del Rey de Sicilia Don Fadrique; porque entre las condiciones que por parte de los Catalanes se propusieron al Emperador, fué de las primeras, que siempre les fuese lícito llevar por guia el nombre y blason de sus Príncipes, porque querian que adonde llegasen sus armas, llegase la memoria y autoridad de sus Reyes, y porque las armas de Aragon lastenian por invencibles. De donde se puede conocer el grande amor y veneracion que los Catalanes y Aragoneses tenian á sus reyes, pues aún sirviendo á Príncipes extraños, y en Provincias tan apartadas, conservaron su memoria, y militaron debajo de ella: fidelidad notable, no solo conocida en este caso, pero en todos los tiempos. Porque no se vió de nosotros Príncipe desamparado por malo y cruel que fuese, y quisimos más sufrir su vigor y aspereza, que entregarnos á nuevo señor. No fué preferido el segundo al primogénito. Siempre seguimos el órden que el cielo, y naturaleza dispuso, ni se alteró por particular aborrecimiento ó aficion, con no haber apenas Reino donde no se hayan visto estos trueques y mudanzas.

Pasaron los nuestros á media noche la muralla, ó reparo que divide el cabo de tierra firme, y al amanecer se hallaron sobre los Turcos, que como en parte segura, y á su parecer lejos de enemigos, estaban sin centinelas, reposando dentro de sus tiendas con descuido y sueño. Cerró Roger y Marulli con la caballería, metiéndose por las tiendas y flacos reparos que tenian con grande ánimo. Siguiéronle los Almugavares con el mismo, dando un sangriento y dichoso principio á la nueva guerra. Los Turcos á quien la furia y rigor de nuestras espadas no pudo oprimir en el sueño, al ruido de las armas y voces despertaron, y con la turbacion y miedo que semejantes asaltos suelen causar en los acometidos, tomaron las armas para su defensa, pero fueron pocos, divididos y desarmados, con que su resistencia fué inútil y sin provecho contra el esfuerzo y gallardia de nuestra gente, que ya lo ocupaba todo. Pelearon los Turcos con desesperacion, viendo á sus ojos despedazar y degollar á sus más caras prendas, de gente que ni aún por el nombre conocían. Alcanzose cumplidísima victoria, dejando en el campo muertos de los Turcos tres mil caballo, y diez mil infantes. Los que quedaron vivos fueron los que reconociendo con tiempo el desorden y pérdida, y que los Catalanes eran impenetrables á los golpes de sus dardos, se pusieron en seguro con la huida, y el que querer muchos hacer lo mismo después les causó mas presto la muerte, por que ocupados en retirar sus hijos y mujeres, dejaban la batalla, y luego perecian. La presa fué grande, y los niños cautivos muchos. Refiere Nicéforo, Griego de nacion, y enemigo declarado de la nuestra, el espanto y terror que causó en los Turcos este primer acometimiento con estas mismas palabras: «Como los Turcos vieron el ímpetu feroz de los Latinos, (que así llama á los Catalanes) su valor, su disciplina militar, y sus lucidas y fuertes armas, atónitos y espantados huyeron, no solo lejos de la ciudad de Constantinopla, pero más adentro de los antiguos límites de su Imperio.» Nuestra gente siguió el alcance poco rato, por no tener la tierra conocida, y volvieron aquella misma noche al cabo, por tener el alojamiento reconocido y seguro.

CAPITULO XI.

Retirase el ejército par invernar en el cabo de Artacio sus alojamientos.

Dieron aviso al Emperador del buen suceso de su victoria, enviando cuatro galeras con riquísimos presentes para entre ambos Príncipes, Andronico y Miguel, y en nombre de los soldados se envió á María muger del Megaduque Roger lo más precioso y rico de la presa. Causó notable admiracion entre los Griegos la brevedad con que se alcanzó tan señalada victoria, y el pueblo la celebró con alabanzas, libre del temor de los Turcos, que insolentes con las victorias alcanzadas de los Griegos de la otra parte del estrecho amenazaban la Ciudad, con los alfanges desnudos; pero casi toda la nobleza, que como fuera justo debiera mostrarse más agradecida á tan grande beneficio, manifestó el veneno de sus ánimos, que la envidia de la agena felicidad no dió lugar á que se pudiese mas encubrir. Los privados de Andronico, y las personas de mayor estimacion de su nacion, comenzaron á temer nuestras fuerzas, juzgándolas por superiores á las que ellos tenian, y que dentro de casa tanto poder en manos de extranjeros era cosa peligrosa. Estas platicas y discursos las alentaba el Emperador Miguel, incitado de un oculto sentimiento que causó en su ánimo la victoria, porque algunos meses antes habia pasado el estrecho con un ejército poderosísimo, y por miedo de los Turcos ó poca seguridad de los suyos, se retiró con gran pérdida de su reputacion, sin travar ni aún una pequeña escaramuza con el enemigo; y como los Catalanes siendo tan pocos vencieron á los que él no se atrevió acometer con tan excesivo número de gente, de esto nació su corrimiento, y de él un grande aborrecimiento y deseo de nuestra perdicion. Los Príncipes sienten mucho que haya quien se les iguale en valor, y aún en la dicha aborrecen á quien se les aventaja, porque el poder no sufre virtud y partes aventajadas en ageno sujeto, y más cuando en su competencia sucede el aventajarse. Si una baja y vil emulacion de un Príncipe en hacer versos causó la muerte á Lucano, ¿Cuánto mayor fuera si de valor y fortuna se compitiera? Y así no se debe tener por Captan cuerdo el que intenta una empresa errada por su Príncipe, si ya n quiere competir con el del Imperio.