Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente

Part 18

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Muerto el Duque, y los que iban en su tropa, quedó lo restante del campo lleno de miedo y confusion, porque ya los Catalanes y Aragoneses les habian acometido por diversas partes; y los Turcos, y Turcoples satisfechos de sus recelos, viendo que los nuestros degollaban la gente del Duque, salieron de refresco contra ella, y dieron cumplimiento á la victoria.

Pereció con el Duque mucha gente principal, porque de setecientos caballeros que entraron en la batalla solos dos quedaron vivos. El uno fué Bonifacio de Verona, y el otro Roger Deslau, caballero de Rosellon, y muy conocido en nuestro exército, por haber venido muchas veces con embaxada del Duque á nuestros Capitanes, quando moraban en Casandria.

Fué batalla muy terrible y sangrienta, y duró mas el alcance y el matar, que el vencimiento; porque en siendo muerto el Duque, y empantanadas las primeras tropas de la caballería, hubo gran desorden en lo restante del exército enemigo, con que fué facil el rompelle. Ganada tan señalada victoria pasaron adelante, y en pocos dias se apoderaron de la Ciudad de Thebas, y luego de la de Athenas, con todas las fuerzas del Estado del Duque, rendidas las mas sin esperar sitio, porque toda la defensa se habia perdido en la batalla.

Con esto quedaron nuestros Catalanes, y Aragoneses señores de aquel Estado, y Provincia, al cabo de trece años de guerra; y con esto dieron fin á toda su peregrinacion, y asentaron su morada gozando de las haciendas, y mugeres de los vencidos.

Porque despues que se vieron sin contradicion dueños de todo, la mayor parte de los soldados se casaron con las personas mas principales y mas ricas de la Provincia, y quedó fundado en ella un nuevo Estado, y Señorio, que nuestros Reyes de Aragon estimaron mucho, por ser ganado, no con sus propias fuerzas, ni con la hacienda comun de sus Reynos, sino por hombres particulares subditos suyos; gran dicha de Príncipes tener tales vasallos, que los trabajos, los gastos, y los peligros vayan por su cuenta, y el fruto de las victorias, la conquista de los Reynos, la gloria de haberlos adquirido, y el mando, y gobierno de ellos sea por el Príncipe en cuyos Estados nacieron. Estaban los nuestros tan faltos de personas principales, y caballeros que les gobernasen, que pidieron á Bonifacio de Verona, uno de los caballeros que quedaron vivos de la batalla, que fuese su Capitan.

Pero Bonifacio por parecelle que tendría la misma autoridad que tuvo Tibaut, no quiso admitir lo que le ofrecían. Dos cosas por cierto extrañas hallo en este caso; la primera que pusiesen los ojos para su Capitan en un extranjero, y prisionero suyo; y la segunda que él no lo quisiese ser. Desengañados de su voluntad, hicieron Capitan á Roger Deslau, y le dieron por muger la que lo habia sido del Señor de Sola, muger principal y rica. Con este Capitan se gobernó algun tiempo aquel Estado.

CAPITULO LXVI.

Los Turcos con el deseo de volver á la patria dexan el servicio de los Catalanes, y por el mismo camino que vinieron, vuelven á Galípoli.

Los Turcos, y Turcoples viendo que los Catalanes, y Aragoneses sus compañeros habian acabado su peregrinacion, y que estaban resueltos de fundar en aquel Estado su asiento y vida, deseosos de volver á la patria, determinaron de apartarse de nuestra compañía, y aunque les propusieron diferente partidos para que se quedasen, ofreciéndoles Villas, y Lugares donde descansadamente pudiesen vivir, y participar igualmente con ellos del premio de sus victorias, ninguna cosa bastó á detenerles; porque decian que ya era tiempo de volver á su Tierra, ver sus amigos y deudos, y mas hallándose con tanta properidad y riquezas como tenian, con las quales querian que su propia naturaleza fuese el centro de su descanso.

Con esta resolucion se partieron amigablemente los Turcos, y Turcoples de nuestra compañia la vuelta de su patria.

Tomaron el propio camino que truxeron quando vinieron con los Catalanes desde Galípoli. Atravesaron toda Thracia, sin que persona alguna se les resistiese, talando y destruyendo con grande inhumanidad todas las Provincias por donde pasaron.

Los Turcoples con Meleco su Capitan eran Christianos, pero mas en el nombre, que en los hechos. No quiso intentar nuevo trato para volver al servicio de Andronico, ó porque dudó que no se lo admitirían, ó ya que lo admitiesen receló no fuese para despues de aseguralle darles la muerte; porque sabían que los Griegos y su Príncipe Andronico estaban muy ofendidos, de que en la batalla que los Catalanes ganaron cabo Apro, ellos fueron los primeros que desampararon á Miguel, y despues dexaron las vanderas Imperiales de Andronico á quien servian, y se juntaron con los Catalanes, y Aragoneses sus mayores enemigos, y por siete años continuos destruyeron con ellos el Imperio; causas bastantes para temer cualquiera reconciliacion, que tan grandes ofensas nunca se olvidan.

Desesperado Meleco de tomar este camino, le abrió otro la suerte para que descansase, porque el Príncipe de Servia le ofreció buen acogimiento, con condicion que no habian de tomar las armas, ni usarlas sino quando el quisiese. Aceptolo Meleco, y quedaron en Servia él y los suyos en vida sosegada y quieta, bien diferente dé la que hasta allí tuvieron.

Calel capitan de los Turcos, que llegaban al número de mil y trescientos caballos, y ochocientos infantes, entró en Macedonia, donde determinó de estar muy de asiento, hasta que con seguridad pudiese volver á su patria, y en este medio hizo tantos daños en aquella provincia, que fué forzoso, ya que faltaban las fuerzas para hecharle con ellas, tratar de algunos conciertos con que le obligasen á salir. El que pareció más conveniente para entrambas partes fué, que Calel desampararía la provincia si le aseguraban el paso de Cristopol, y le daban navíos con que pudiese pasar el estrecho, porque sin estas cosas, y faltándoles qualquiera de ellas, era imposible volver á la Natolia su patria.

Los Turcos entonces practicaban poco el ser marineros, porque como tenian aun provincias que ganar en tierra firme No cuidaban de las que estaban de la otra parte del mar, y así no pudo tener Calel esperanza en los navios de los de su nacion.

El estrecho de Cristopol era imposible atravesarle, por la muralla que en el se habia levantado despues que los nuestros la pasaron.

Avisaron al Emperador Andronico de los pactos con que los Turcos daban palabra de salir de la provincia, y ponderando como era justo el peligro y riesgo que se ponia con su detencion, y lo que toda Macedonia padecería, si los Turcos de que el paso y camino de su patria se les impidiese, y que podrían acometer á Tesalónica, ó alguna otra empresa semejante á que la desesperacion obliga, y acordándose quan caro le costó el menospreciar á los Catalanes, le hizo resolver presto en el negocio, y aceptar aquellos partidos, y ofrecer á los turcos el paso libre de Cristopol, y navios para pasar el pequeño estrecho del Helesponto. Y porque nadie los pudiese ofender, envió tres mil caballos para guarda suya, con un famoso capitan llamado Senanqrip Estratepedarea, una de las dignidades principales de aquel imperio.

Con esta gente Calel, y los demás Turcos pasaron el estrecho de Cristopol y llegaron cerca de Galípoli donde se les habia ofrecido que se les daria embarcacion.

CAPITULO LXVII.

Los Griegos rompen la fé prometida á los Turcos, y descubierta la trahicion, ganan un castillo donde se fortificaron.

Estando ya aguardando los navios la génte, y Capitanes de Senanqrip, reconociendo las grandes riquezas que los Turcos se llevaban, y que eran despojos de sus provincias, teniendo por gran vileza dexar aquellos bárbaros, siendo tan pocos, volviesen á su patria con ellos, determinaron quebrarles el seguro, y la palabra Real, juzgándolo por menos incoveniente que sufrir tanta mengua. Tuvieron acuerdo de cómo, y á que tiempo les acometerían, pareció que fuese de noche; tiempo oportuno para gente descuidada. No se trató el negocio con tanto secreto que los Turcos no tuviesen noticia de lo que contra ellos se maquinaba, en tan gran ofensa de la misma razon y justicia, y del derecho universal de las gentes, que hace inviolable la fe prometida aun al mismo enemigo.

Levantaronse aquella noche, y ocuparon un Catillo el mas vecino que se les ofrecio, y pusieronse en defensa con determinacion de morir vengados.

Senanqrip, y sus Capitanes como se vieron descubiertos, hubo gran confusion entre ellos si era bien acometerles, ó dar aviso al Emperador de lo que pasaba.

Prevaleció este ultimo parecer, y avisaronle luego.

Pero aunque el aviso llegó presto y á su tiempo, Andronico tardó en resolverse; falta muy ordinaria de los príncipes, y la mas perniciosa, dilatar los remedios hasta que pasa la ocasion, y vienen á llegar quando ya no es posible que aprovechen; y esto en tanto es mas peligroso, quanto el negocio es de mayor importancia, como lo son los tocantes á la guerra, donde los yerros pequeños suelen ser causa de pérdidas de Reynos, y Monarquias. Tardar en la eleccion de los pareceres que se han de seguir, es peor que executar el que se tiene por menos conveniente.

Vióse bien este caso, de quanta mayor importancia fuera para Andronico, ó mandar que luego se pelease con los Turcos, ó darles navios para pasar el estrecho, porque qualquiera de estas dos cosas que hiciera, que eran las que le tenian suspenso y dudoso, fuera mas acertada, que con la tardanza de resolverse darles tiempo para que les viniese socorro, y lugar de fortificarse y prevenirse, como lo hicieron. Porque desengañados los Turcos de que los Griegos no les guardarian palabra, como gente desesperada, hicieron grande esfuerzo en avisar á los de su misma nacion, pues estaban de la otra parte del estrecho, y éstos como supieron el peligro en que se hallaban Calel, y los suyos, y las grandes riquezas que tenian, con vajeles pequeños, y en muchos viajes pasaron gran multitud de Turcos en su socorro, y viéndose tantos juntos, no solamente trataron de defenderse pero comenzaron á correr la tierra como platicos en ella.

CAPITULO LXVIII.

Los Turcos vencen á Miguel, y hacen grandes daños en Thracia.

Hasta que el emperador Andronico, temiendo que aquellos pocos enemigos iban tomando fuerzas, se acabó de resolver en acabarlos de una vez: resolucion que por poco le costará la vida á Miguel Paleólogo su hijo, porque él en persona emprendió la jornada con la gente de guerra que tenia, y gran multitud de villanos que los trahia mas la codicia de recoger los despojos, que de pelear. Tenian todos por cierto, que en viendo los Turcos al emperador Miguel, y el fausto y vanidad de los cortesanos, se rendirían; y fué tanto el descuido de los Griegos, que como si fueran á caza vinieron la vuelta de los Turcos, sin ordenar esquadrones, olvidados de todo punto del manejo ordinario de la guerra, ó fuese por ignorancia, ó por parecerles inútil qualquier prevencion para tan poca gentes. Los Turcos como no tenian otro remedio sino pelear, ó morir vilmente, dexaron las mugeres, niños y haciendas dentro los reparos de sus fortificaciones, con bastante número para su defensa, y salieron á encontrarse con el enemigo setecientos cavallos. Venia el emperador Miguel muy descuidado, pensando hallar á los Turcos no en la campaña, sino defendiendo el poco espacio de tierra que habian fortificado, y quando descubrieron la tropa de los setecientos cavallos que les salian á recibir, fué tanta la turbacion de los Griegos y desorden de los villanos, que antes de ser acometidos fueron rotos.

Cerró junta la tropa de los setecientos cavallos turcos por la parte donde vieron los estandartes, y el guion del emperador Miguel, que ni estaba en parte segura, ni con la defensa que debiera.

Los villanos á este tiempo ya habian vuelto las espaldas y desamparado el puesto que se les encargó, y tras ellos muchos soldados de quien Miguel tenia alguna confianza, y así se vió en un punto sin pelear vencido.

Perdió el guion, y aunque con voces, y ruegos procuró detener los que huian, no fué oido ni creido.

Viendose solo, y que los Turcos le apretaban, volvio las riendas á su cavallo, lleno de lágrimas, y tristeza, y huyó como los demas.

Los turcos le siguieron, y si algunos capitanes y soldados honrados no volvieran el rostro al enemigo para entretenelle, hubieranle sin duda alcanzado; pero los Turcos detenidos de estos pocos que les hicieron resistencia, dexaron de seguir el alcance, y pusieron todas sus fuerzas en rendir á los que se defendían, que á poco rato los acabaron, y con esto dieron fin, y remate á la victoria.

Saquearon los alojamientos, y tiendas de Miguel, y en la que él estaba alojado hallaron mucho dinero, y joyas de grandísimo valor y entre ellas una corona imperial con piedras finísimas de precio inestimable.

Esta vino á las manos de Calel, y haciendo donayre de la dignidad imperial se la puso en la cabeza, afrentando de palabra al que con tanto deshonor suyo la habia perdido. Una de las causas de esta rota de Miguel, fué pelear con gente á quien habia quebrado la palabra, que como el guardarla se debe por derecho universal de las gentes, y todas las leyes divinas, y humanas nos obligan á ello, permite Dios tales sucesos, y que los Bárbaros triunfen de los Cristianos como en castigo de tan execrable maldad.

Debieran los griegos acordarse lo que les costó pocos años antes no guardarla á los nuestros, pues estaba á pique de perderse el imperio griego, si los Catalanes, y Aragoneses tuvieran algun príncipe que les alentára.

Después de esto los Turcos soberbios, y atrevidos con la victoria tan sin pensar alcanzada, corrieron por toda la provincia de Thracia talando, y destruyendo lo que podian, sin que Andronico se les opusiese; y esto por el espacio de dos años, con tanto temor de los naturales, que dexaron de salir á cultivar la tierra.

CAPITULO LXIX.

Philes Paleologo vence á los Turcos, con que todos quedaron muertos, ó presos.

Mientras el emperador procuraba traher milicia estrangera para levantar exército, por no poderle formar de la propia, Philes Paleólogo pariente suyo, hombre tenido hasta entonces por encogido y que solo trataba de estarse quieto en su casa, le pidió que le diese licencias, y poder juntar la gente que quisiese ofreciendose de tomar á su cargo la jornada.

Andronico advirtió la bondad del hombre, y pareciéndole que debia ser enviado de Dios para remedio de tantos daños, determinó de encargalle la guerra, y dexarsela hacer á su modo, porque tenia por cierto que sus pecados eran causa de tantos malos sucesos pues no bastó un grande ejército para vencer tan poco número de Turcos; y así puso solo su esperanza en la bondad de Philes, á quien dió dinero, armas y cavallos, y la gente que quiso.

Salió Philes en campaña, y antes encargó á todos que se confesasen, porque de otra manera era imposible alcanzar algun buen suceso.

Distribuyó la mayor parte del dinero en limosnas con los pobres, y en los Monasterios, para que estuviesen en continua oracion: remedios generales para todos los trabajos, con los quales se aplaca la ira, y se alcanza la misericordia de Dios.

Hecho esto, envió por muchas partes á descubrir al enemigo.

Tuvo luego aviso que Calel con mil y doscientos caballos corria las camapañas de Bizia, donde habia hecho una gran presa.

Con esta nueva caminó tres dias, despues que partió de las aldeas vecinas á Constantinopla, y asentó su alojamiento cabe el rio que los naturales de la provincia llaman Xerogipso.

Y al cabo de dos dias que allí estuvo, cerca de la media noche, llegó el aviso como los Turcos estaban cerca cargados de grandes despojos.

Préparose Philes para la batalla, y al salir del sol se descubrieron clara y distintamente de ambas partes.

Los Turcos con gran priesa pusieron los carros alrededor de los cautivos y presa, haciendo su acostumbrada oracion así lo cuenta Gregoras, y echandose polvos sobre la cabeza. Al tiempo de pelear, Philes acometió al anemigo; pero el que gobernaba el cuerno derecho, matando por sus propias manos dos turcos, fué herido en un pié de suerte, que se hubo de salir de la batalla.

Esto turbó de manera la gente que peleaba en aquel lado que casi estuvo desbaratada, si Philes con su valor no los animára y detuviera.

Peleóse gran rato, pero la victoria inclinó á la parte de Philes, y los Turcos desbaratados y vencidos, habiendo gran parte de ellos muerto en la batalla, huyeron.

Siguióse el alcance hasta que los Turcos llegaron á un Castillo donde se habian fortificado. Prosiguió su victoria Philes, y en pocos dias llegó á ponerles sitio. El Emperador quando supo el buen suceso de la jornada, envió algunas galeras de Genoveses á guardar el estrecho, para que á los cercados no les pudiese venir socorro. Viéndose los Turcos tan desesperados, por tener todos los caminos de su remedio cerrados, determinaron salir del Castillo de noche, morir como hombres.

A Philes le llegaron dos mil caballos Tribalos, y muchos Genoveses, con que se apretase mas el sitio. Los Turcos por ver á Philes mas poderoso no mudaron de parecer, antes con nuevo coraje y brio, salieron de noche, y acometieron los quarteles del campo, pero fueron rebatidos y echados con gran perdida suya. Otra noche volvieron á probar su fortuna, y dieron en las tiendas y alojamientos de los Tribalos, de donde volvieron muy mal tratados. Resolvieron por ultimo remedio desamparar el Castillo, y tomar la vuelta del mar donde estaban las galeras de los Genoveses, en quien pensaban hallar alguna misericordia por no tenerlos ofendidos.

Era la noche muy obscura, y así muchos de los Turcos pensando ir hacia el mar, daban en manos de los Griegos, que los mataban sin piedad. Los demas llegaron á la lengua del agua, dice Nicephoro que los Genoveses mataron muchos de ellos, y muchos cautivaron, pero Montaner añade, que esto fué debaxo de palabra que los pasarian á la Natolia sin hacerles daño, y que quando los tuvieron dentro en sus galeras, les echaron en cadena, y mataron. Como quiera que ello sea, los Turcos compañeros de los Catalanes, y Aragoneses acabaron en esta jornada, despues de haber ellos solos inquietado el Imperio cerca de tres años, retirándose quinientas millas que hay, ó poco menos, desde Athenas hasta Galípoli; y aun para destruirles, con ser tan pocos, hubo Andronico de valerse de los Tribalos, y Latinos, y con todo se tuvo por milagro que Dios obró por medio de Philes, porque quando vieron á Miguel desvaratado y vencido, les pareció que ya no serian bastantes fuerzas humanas para resistirles, sino que se habia de acudir á las divinas.

CAPITULO LXX.

De algunos sucesos de los Catalanes, y Aragoneses en Athenas.

Los Catalanes, y Aragoneses ya firmes y seguros en las Provincias de Athenas, y Beocia, gobernaronse algun tiempo por Roger Deslau, como arriba diximos, pero poco despues, ó por muerte de Roger, porque se cansaron de su gobierno, y le arrimaron, enviaron embaxadores al rey Don Fadrique, á quien amaban de corazon, por mas agravios y menos precios que de él hubiesen recibido, y le suplicaron fuese servido de darles Príncipe y Señor que les gobernase.

El Rey con esta embaxada tuvose por satisfecho del sentimiento pasado por no haber querido admitir al Infante D. Fernando su sobrino en su Nombre. Pero como Rocafort, de quien se tenia por cierto que fué el autor de este consejo, era ya muerto, y agora le ofrecían lo mesmo que entonces pretendia, no pasó adelante su enojo, aunque para mí entiendo que por mas vivo que estuviera su desabrimiento, no dexára perder tan buena ocasion de acrecentar á su hijo con un Estado tan grande.

Tuvo el Rey Don Fadrique su consejo de la persona que les enviaria, y pareció por entonces nombrar al Infante Manfredo su hijo segundo por Príncipe y Señor de aquellos estados, y por tal le juraron los Embaxadores en nombre de toda la compañía.

Pero por ser aun Manfredo de pocos años, no quiso el Rey su padre que fuese por entonces, sino enviar á Berenguer Estañol, hombre de mucho valor, y prudencia, para que mientras el Infante creciese, le gobernase en su nombre. Contentaronse con esto los Embaxadores, que tambien traían facultad de la compañía de poderle admitir. Partió Berenguer Estañol juntamente con ellos con sus galeras para Athenas, donde fué bien recibido, por verse ya los Catalanes, y Aragoneses debajo de la proteccion de sus Príncipes naturales, y hubieranlo procurado antes, si Rocafort por sus particulares intereses no impidiera estos tan honrados pensamientos.

Llegado Berenguer Estañol á tomar el cargo y gobierno de nuestra gente, tuvo luego guerra con los Príncipes comarcanos, quando con unos, quando con otros; porque lo tomó por medio conveniente para conservarse en aquellos Estados, por ser cosa muy asentada entre los Catalanes, que han de ocuparse siempre en alguna guerra extranjera, por escusar las disensiones domesticas y civiles; que la ociosidad suele despertar en la fiereza de su natural. Este consejo tomaron prudentisimamente los Catalanes de athenas, como á principal medio para su conservacion. Tenian por un lado al Emperador Andronico, con quien pocas veces estuvieron en paz, por otro al Príncipe de la Morea, y por otros dos al Despota de Larta, y al Señor de Braquia.

Mientras peleaban con los unos, hacian treguas con los otros; y así se conservaron muchos años con tanta reputacion en Oriente, que he leido en la Historia del Cantacuseno, sacada á la luz por el Padre Pontano, que rehusando el mismo Juan Cantacuseno, por no dexar el lado de Andronico el nieto, salir de Constantinopla á gobernar una Provincia, dió por disculpa que la Provincia estaba vecina de los Catalanes, y no podia ir á ella sin mucha gente de guerra, y esta disculpa pareció bastante, y se la admitieron. Y en un discurso que trahe Zurita de un Frayle Dominico, animando al Rey de Francia para la conquista de la Tierra Santa, dice, que los Catalanes ya habian abierto el camino, y que sería lo mas importante de la empresa tenerles de su parte, y alentarles, para que tambien emprendiesen la jornada.

Mientras que Berenguer Estañol vivió, y fué cabeza y Capitan en Athenas, tuvieron guerras contínuas, no con todos á un tiempo, pero ya con unos, ya con otros, sin tener jamas ociosas sus armas.

Muerto Estañol, volvieron segunda vez á pedir al Rey Don Fadrique Gobernador y caudillo que por el Infante Manfredo les rigiese.

Don Fadrique quiso darles persona señalada; y así mandó venir de Cataluña al Infante Don Alfonso su hijo, y con diez galeras le envió muy bien acompañado para que gobernase el Estado por su hermano Manfredo. Fué Notable el contento que recibieron los Catalanes, y Aragoneses por tener prendas de la casa Real de Aragon entre ellos. No gobernó mucho tiempo Alfonso por su hermano Manfredo, que murió de allí á poco. Entonces Don Fadrique envió á decir á la compañía, que admitiesen por su Príncipe y Señor al mismo Alfonso que los gobernaba. Con esto los Catalanes, y Aragoneses quedaron del todo contentísimos, y tuvieron por seguro su Estado, pues habia de asistir con ellos su Príncipe.

Pusieron gran cuidado en casarle, para que en sus hijos, y descendientes se conservase el Señorio. Dieronle por mujer la unica heredera de Bonifacio de Verona, á quien ellos amaron y honraron mucho todo el tiempo que vivió, y despues de muerto quisieron que en su descendencia se perpetuáse el mando y gobierno de aquel Estado. Tenia esta señora la tercera parte de la isla de Negroponte, y de trece Castillos en la tierra firme del Ducado de Athenas. El Infante Don Alfonso tuvo en ella muchos hijos, y ella vino á ser una de las mujeres mas señaladas de su tiempo, aunque Zurita no siente en esto como Montaner á quien yo sigo. Con esto daremos fin á la Expedicion de nuestros Catalanes, y Aragoneses, hasta que tengamos larga y verdadera noticia de lo que sucedió en el espacio de ciento y cincuenta años que tuvieron aquel Estado.

FIN.

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