# Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente

## Part 15

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La venida del infante D. Fernando al ejército, acabó de poner en desesperacion á los griegos que estaban sitiados, y dentro de pocos dias se hubo de entregar con mucha perdida en las manos del vencedor, porque aunque no perdieron las vidas, quedaron sin haciendas. Berenguer de Entenza tambien tomó á Megarix. Sentíase ya en nuestro campo gran falta de vituallas, porque diez jornadas al contorno de Galípoli estaba todo talado y destruido, que los cinco años últimos de los siete que estuvieron en esta provincia, se mantuvieron de lo que la tierra sin cultivar producía, pues no llegaban á los árboles, y viñas sinó para quitarles el fruto. A lo último vino esto á faltar, y fué forzoso tratar de buscar otras provincias donde entretenerse, y poder vivir. Habíase diferido esto por las enemistades de Entenza, y Rocafort, que estaban aun tan vivas, que no se osaban mover de sus alojamientos, ni juntarse por el recelo que se tenia que entrambas las dos parcialidades no llegasen á rompimiento: tanto pueden disgustos é intereses particulares, que impiden el remedio comun y quieren mas perecer con ellos, que vivir cediendo de su locas y vanas pretensiones. Todos fueron de parecer que desmantelasen á Galípoli, y los demás presidios, y en esto conformaron los capitanes competidores juntamente con los turcos, y turcoples; y así suplicaron al infante la gente buena y libre de pasiones, que fuese servido de no desampararles hasta dejarles en otra provincia, porque debajo de su autoridad, y nombre, irian todos muy seguros y en este medio se podrían concertar las diferencias de Entenza, y Rocafort. El infante tuvo su acuerdo por bueno, y ofreció de hacerlo, y á lo que yo puedo entender, movido de lástima de que Berenguer de Entenza, y Fernan Jiménez de Arenós quedasen en las manos de Rocafort, á quien el respeto del infante parece que detenia la ejecucion de su animo vengativo, quiso tentar si con esta detencion podia concertar estas diferencias, y dejarles con mucha paz y quietud, para que unidos y conformes pudiesen hacer mayores progresos, esperando siempre que obedecerian al rey, aunque por entonces lo hubiese rehusado. Juntó el infante las cabezas principales del ejército, con todos los del consejo, y resueltos ya de salir de aquellos presidios que tenian en Thracia, por haberles forzado la necesidad, y falta de vituallas. Trataron que camino tomarian; y qué ciudad en Macedonia ocuparian. Hubo diferentes pareceres, y últimamente pareció el más acertado, que se acometiese la ciudad de Cristopol, puesta en los confines de Tracia en Macedonia por tener la entrada de las dos provincias fácil, y la retirada segura, y los socorros de mar sin poderselos impedir, como en Galípoli, que ocupado el estrecho con pocos navios de guerra impedian el libre comercio que venia por mar á darles alguna ayuda. Ordenose que Ramon Montaner con hasta treinta y seis velas que habia en nuestra armada, y entre ellas cuatro galeras, llevasen las mujeres, niños, y viejos, por mar á la ciudad de Cristopol, despues de haber desmantelado todos los presidios que en aquellas costas se tenian por nosotros, como Galípoli, Nona, Pacía, Modico, y Megarix. El infante y los demás capitanes ordenaron en esta forma su partida. Berenguer de Rocafort con los turcos y turcoples, y la mayor parte de los Almugavares saliese un dia antes qué Berenguer, y Fernan Jimenez, y que siempre se guardase este orden en el camino siguiendo siempre Berenguer á Rocafort una jornada lejos, y esto se hizo por quitar las ocasiones que pudiera haber de disgusto, si los dos bandos juntos se alojáran, donde forzosamente sobre el tomar los puestos vinieran á las manos. Pudose sin peligro dividir sus fuerzas, por no tener enemigo poderoso en la campaña que les pudiese prontamente acometer, porque divididos el espacio de un dia de camino, no se pudieran socorrer si le tuvieran, toda la gente de guerra atendia más á defenderse dentro de las ciudades, que salir á ofender nuestro ejército; cosa que tantas veces emprendieron con notable daño suyo y gloria nuestra. Juntos en Galípoli, despues de haber desmantelado todos los demás presidios, partió Rocafort con su gente por el camino mas vecino al mar, y al otro dia le siguió Berenguer de Entenza, y el infante, ocupando siempre los puestos que Rocafort dejaba. Después de haber caminado algunos dias, comenzaron á entrar en lo poblado de la provincia, á donde sus armas no habian llegado. Los Griegos con el pavor del nombre de Catalanes huian la tierra adentro dejando en los pueblos bastimentos en grande abundancia, con que los nuestros pasaban con mucha comodidad, y libres del daño, que siempre creyeron de faltarles con que vivir. Esta fué una de sus empresas grandes, entrarse por tierras, y provincias no conocidas, sin tener seguridad de alguna plaza, ó de algun Príncipe amigo. La expedicion de los diez mil Griegos que cuenta Xenofonte, fué de las mayores que celebra la antigüedad, pero siempre los Griegos llevaban por fin llegar á su patria, y parte con armas atravesaban Provincias, y naciones estrañas: pero los Catalanes solo tenian por fin de aquel viaje, no el descanso de su patria sino la expugnacion de una Ciudad grande y fuerte, que resolvieron de acometer antes de salir de Galípoli, y que el fin de una fatiga y peligro grande fuese el principio de otro mayor.

CAPITULO LII.

La vanguarda del campo del infante, y Berenguer, alcanza la retaguarda de Rocafort, y llegan casi á darse la batalle; mata Rocafort á Berenguer de Entenza; y Fernan Jimenez de Arenós huyendo del mismo peligro se pone en manos de los Griegos.

Llegó Rocafort con su ejército á una aldea dos jornadas lejos de la ciudad de Cristopol, puesta en un llano abundante de frutas, y aguas, las casas vacias de gente, pero llenas de pan y vino, y de otras cosas no solo necesarias, pero de mucho gusto y regalo. Detuvieronse en tan buen alojamiento más de lo que debieran soldados platicos, y bien disciplinados; cerca de medio dia aun no habian partido, porque la gente derramada por aquella llanura, con el regalo de la fruta que se hallaba en los árboles, se entretuvo de manera que no se pudo recoger antes. La vanguarda del campo del infante donde iba Berenguer de Entenza, porque salió mas temprano de lo que acostumbraba alcanzó la retaguarda de Rocafort. Alteróse su retaguarda, y vueltas las caras viéndose tan cérca los de Berenguer, juzgaron que venian á romper con ellos: tocóse arma con grande confusion, y la vanguarda del uno con la retaguarde el otro se encontraron. Rocafort luego que reconoció la gente de su contrario tuvo por cierto que venía con determinacion de ejecutar algun mal intento, pues no pudiera ser otra la causa que á Berenguer le obligara á romper los conciertos sin primero avisar.

Un hombre sospechoso nunca discurre ni piensa lo que le puede quitar las sospechas, sino lo que se las acrecienta. Rocafort no consideró su descuydo en diferir la partida hasta medio dia, y acordóse que Berenguer de Entenza habia madrugado mucho. Al fin, ó por pensarlo así, ó por tomar la ocasion de venir á las manos con él, mandó suvir á caballo su gente, y él hizo lo mismo armado de todas piezas, y partió con gran furia contra la gente de Berenguer de Entenza, á quien la suya habia ya acometido, trabándose una cruel y sangrienta escaramuza.

Llegó tambien aviso al Infante y á los demas capitanes del desorden. Salió Berenguer de Entenza el primero á caballo, y desarmado con sola una azcona montera, como persona de mas autoridad, á detener los suyos, y retirarlos. Gisbert de Rocafort hermano de Berenguer, y Dalmau de San Martín su tio, vieron á Berenguer que andaba metido en los peligros de la escaramuza, ó que les parecíese que animaba su gente contra ellos, ó lo que se tiene por mas cierto, viendo la ocasion de satisfacer su mal animo, y quitar el émulo á su hermano, Gisbert, y Dalmau cerraron juntos con él. Berenguer de Entenza, que como inocente y buen caballero, viendo que los dos hermanos se encaminaban para él vuelto á ellos les dijo: ¿Qué es esto amigos?. Y en este mismo tiempo le hirieron de dos lanzadas, con que aquel valiente y bravo caballero cayó del caballo muerto, sin poderse defender por estar desarmado, descuidado y entre sus amigos. Encendióse mas vivamente la escaramuza despues de muerto Berenguer, y los Rocafort ejecutaron su venganza matando muchos de su vando. No puede ser mayor la crueldad, que despues de haber vencido y muerto su contrario, degollar y despedazar los vencidos, en quien no pudiera haber resistencia, despues de perdida su cabeza, en admitir á Rocafort, y obedecelle; pero su soberbia y arrogancia fué tanta que no hacia ya la guerra á sus enemigos, sino á su propia naturaleza, y solicitaba á los Turcos, y Turcoples para que inhumanamente acabasen todos los del vando de Berenguer, sin excepcion alguna de persona.

Fernan Jimenez de Arenós con el mismo descuido que Berenguer de Entenza, iba desarmado, y retirando su gente á cuchilladas, fué advertido de la muerte de Berenguer y que con cuidado le iban buscando para matarle; y así con alguna gente que pudo recoger y llevar tras sí, se salió del campo y tuvo por más seguro entregarse á los Griegos que á Rocafort. Fuese á un Castillo que estaba cerca, donde fué recibido debajo de seguro, con que se presentase delante del Emperador Andronico. El infante por amparar y defender la gente del vando de Berenguer, salió armado con algunos caballeros que le siguieron, y se opuso con valor á los Turcos, y Turcoples, que asistidos de Rocafort, todo lo pasaban por el rigor de su espada.

Pudo tanto la presencia del Infante, que Rocafort puesto á su lado, por que los Turcos no le perdiesen el respeto, retiró su gente, despues de haber tan alevosamente muerto á Berenguer, y tanta gente de su vando. Quedaron muertos en el campo ciento cincuenta caballos, y quinientos infantes, la mayor parte de las compañias de Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez de Arenós. Sosegado el tumulto, y retirada la gente á sus vanderas, el Infante, y Rocafort vinieron juntos á la plaza del lugar, donde tenian el cuerpo de Berenguer tendido.

Apeóse el Infante de su caballo, y abrazado con el cuerpo difunto, dice Montaner, que lloró amargamente, y que le abrazó y besó mas de diez veces, y que fué tan universal el sentimiento, que hasta sus mismos enemigos le lloraron. Vuelto el Infante á Rocafort con palabras asperas le dijo, que la muerte de Berenguer habia sido malamente hecho por algun traidor. Rocafort con palabras humildes respondió que su hermano, y tio no le conocieron hasta que le hubieron herido. Con esto se hubo de satisfacer el Infante, pues no tenia fuerzas para castigar tanto atrevimiento, y sin duda que hiciera alguna demostracion, sinó se hallara con tan poca gente.

Mandó que para enterrar el cuerpo de Berenguer, y hacerle sus obsequias se detuviese el ejército dos dias, porque quiso honrarle con lo que pudo; y así se hizo. Enterraronle en una hermita de San Nicolas que estaba cerca, junto del Altar mayor; sepulcro harto indigno de su persona si consideramos el lugar humilde, y poco conocido donde le dejaron, pero célebre y famoso por ser en medio de las Provincias enemigas, cuya inscricion y epitaphio es la misma fama que conserva, y estiende la memoria de los varones ilustres que carecieron de tumulos magnificos en su patria, por haber perecido en tierra ganada y adquirida por su valor. Este fin tuvo Berenguer de Entenza, nobilísimo por su sangre, y celebrado por sus hazañas, y por entrambas cosas estimado de Reyes naturales, y estraños. En sus primeros años sirvió á sus Principes primero en Cataluña, y despues en Sicilia, con buena fama, donde alcanzó muchos amigos, y hacienda para seguir el camino que la fortuna le ofreció de engrandecerse, y alcanzar estado igual á sus merecimientos, que aunque en su patria lo poseia grande, pero no de manera que su animo generoso y gallardo cupiese en tan cortos limites, como los de la Baronia que hoy llamamos de Entenza.

Fué Berenguer animoso y valiente con los mayores peligros, fuerte en los trabajos, constante en las determinaciones, igualmente conocido por los sucesos prosperos y adversos porque en medio de su felicidad padeció una larga y trabajosa prision y apenas salido de ella, y restituido á los suyos, cuando otra vez la fortuna se le mostraba favorable murió á traicion á manos de sus amigos, en lo mejor de sus esperanzas.

El infante despues de sosegado el alvoroto, envio á llamar á Fernan Jimenez, ofreciendole que podia venir seguro debajo de su palabra. Respondió que le perdonase, que ya no estaba en su libertad para cumplir sus mandamíentos, porque habia ofrecido de presentarse ante el Emperador Andronico con toda su compañía. Tuvole el Infante por disculpado, y Fernan Jimenez despues de haber recogido los suyos, se fué á Constantinopla donde le recibió Andronico con muchas muestras de agradecimiento, de que le hubiese venido á servir y por mostrarlo con efecto, le dió por mujer una nieta suya viuda, llamada Teodora, y el oficio de Megaduque que tuvo Roger y despues Berenguer de Entenza.

Con esto quedó Fernan Jimenez de los mas bien librados capitanes de esta empresa, y el que solo permaneció en dignidad, y escapó de fines desastrados.

CAPITULO LIII.

Deja el Infante nuestra compañía, y lleva consigo á Montaner despues de entregar la armada.

En este medio que el Infante se detuvo en el lugar donde mataron á Berenguer, llegaron sus cuatro galeras con sus Capitanes Dalmau Serra caballero y Jayme Despalau de Barcelona, y alegre de tener galeras con que apartase de Rocafort, mandó juntar consejo general, y volvió segunda vez á requerilles, si le querian recibir en nombre de su tio Don Fadrique, porque cuando no quisiesen estaba resuelto de partirse.

Rocafort autor de la determinacion pasada, cuando se les propuso lo mesmo, como más poderoso entonces, despues que le faltaban sus émulos en quien pudiera haber alguna contradicion, fuele facil tener á todo el campo en su opinion, porque sus pensamientos ya eran mayores que de hombre particular. Respondieron al Infante lo que la vez pasada y con mayor resolucion. Con esto se tuvo por imposible y desesperado el negocio; y así se embarcó el Infante con sus galeras, dejando á Rocafort absoluto señor, y dueño de todo, y navegó la vuelta de la Isla de Tarso, seis millas lejos de la tierra firme donde estaba el campo. Llego el Infante á la isla casi al mismo tiempo que Montaner con toda la armada, y despues de haberle referido la maldad de Rocafort, y perdida de tan buenos caballeros como eran Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez de Arenós, le mandó de parte del Rey, y suya que no se partiese de su compañía. Obedeció Montaner con mucho gusto, porque estaba rico y temia á Rocafort aunque era su amigo.

La amistad de un poderoso insolente siempre se ha de temer, por que la amistad fácilmente se pierde y queda el poder libre de respetos para egecutar su furia, y sus antojos. Suplicó al Infante fuese servido de detenerse, mientras él con la armada daba razon á los capitanes del campo de lo que se le habia encargado, que eran la mayor parte de sus haciendas, y todas sus mujeres é hijos. Fué contento el Infante de aguardalle, y con esto Montaner con la armada llegó á una playa donde estaba alojado el ejército, una jornada más delante de donde los dejó el Infante. No quiso que persona alguna desembarcase, hasta que le aseguraron que no se haria daño á la mugeres, hijos y haciendas, de los de Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez, y que les dejaria libres para ir donde quisiesen. Con este seguro desembarcó todos los que quisieron ir al Castillo donde Fernan Jimenez sé habia retirado. Dieronles cincuenta carros, y con doscientos caballos de Turcos y Turcoples de escolta, y cincuenta Cristianos les enviaron al Castillo. A los que no quisieron quedarse, ni con Rocafort ni con Fernan Jimenez, se les dieron barcas armadas hasta Negroponte. En esto se entretuvo el campo dos dias, y Montaner ya que se queria partir, hijo juntar consejo general, y despues de haberles entregado los libros, y el sello del ejercito, les dijo, que el Infante Don Fernando de parte del Rey, y suya le habia mandado que le siguiese, á quien era forzoso obedecer y que no lo habia querido hacer antes, hasta haber dado descargo de lo que se le encomendó que él se iba con grande sentimiento de dejarles, aunque por su mal proceder de ellos pudiera no tenelle, pues daban tan mala recompensa á los que les habian gobernado, y sido sus generales que Berenguer quedaba muerto por sus excesos, y Fernan Jimenez entregado á la fe dudosa de los Griegos. Estas razones dijo Montaner, por la seguridad que tenia de los Turcos y Turcoples á quien siempre trató con mucho amor y ellos reconocidos le llamaban Cata, que en su lenguage, quiere decir padre; y aunque Rocafort lo mandara, no intentaran cosa contra él. Toda la nacion junta le rogó que se quedase, y los Turcos, y Turcoples hicieron lo mismo, solicitando siempre á Rocafort que le detuviese; pero como estaba ya resuelto de partirse, y habló con alguna libertad á favor d Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez, no quiso ponerse en peligro, ni dar ocasion á Rocafort que con pequeña ocasion le diese muerte como á los demás. Con esto se partió del ejército con un vajel de veinte remos, y dos barcas armadas, en que puso su hacienda, y la de sus camaradas, y criados. Llegó á la isla de Tarso donde el Infante le esperaba, y en ella se detuvieron algunos dias para tomar bastimentos, y consultar la navegacion que havian de hacer. Detuvoles tambien el buen acogimiento que hallaron en Ticin Jaqueria aquel Genovés que con ayuda de Montaner saqueó el Castillo de Fruilla, y despues ocupó el de aquella isla, dondé con muestras de sumo agradecimiento les entregó las llaves del Castillo, y les ofreció servir con su vida y hacienda. Siempre el hacer bien es de provecho, y la recompensa viene muchas veces de quien menos se pensó que la pudiera hacer y lo que perdió en muchos beneficios, de uno solo que se agradezca, se sigue mayor utilidad que daño de todos los que se perdieron.

Halló Montaner con el Infante seguridad en el puerto, regalo en lo que se les dió para su sustento, con solo haber ayudado antes al Genovés, aunque fué con su mismo interés y provecho.

CAPITULO LIV.

Pasa el ejército á Macedonia.

Apartado Montaner del campo, Berenguer de Entenza muerto, y Fernan Jimenez huido quedó solo Rocafort absoluto señor y dueño de todo, y así mudaba á su gusto y antojo las determinaciones de todo el consejo. La resolucion que se tomó entre todos los capitanes antes que saliesen de sus presidios, fué de acometer á Cristopol y hacerse fuerte en él, como lo hicieron en Galípoli, y tener las dos provincias de Thracia y Macedonia vecinas para hacer sus entradas. Pareció al principio facil la empresa, porque creyeron coger á los Griegos descuidados, y sin tiempo para prevenirse, y sin duda que les saliera bien el pensamiento, si en el camino no se detuvieran cuatro dias en vengar sus particulares agravios y pasiones con que tuvieron los Griegos espacio y lugar bastante, no solo para defenderse, pero tambien para ofenderles, y acabarles, si entre los Griegos hubiera hombres de valor y cuidado. La dilacion de las ejecuciones en la guerra es muy perniciosa, y muy util cualquier presteza, que por faltarles á muchos un dia, una hora y aun menos tiempo, perdieron grandes lances y ocasiones.

Rocafort despues que supo que la Ciudad estaba puesta en defensa, se resolvió de pasar al estrecho de Cristopol que es la parte marítima del monte Rodope, y no detenerse, en acometer el lugar. El siguiente dia con todo el campo pasó el estrecho, no sin gran fatiga, porque el camino era áspero, los bagajes muchos; y los niños, mujeres y enfermos. Los Griegos, aunque advertidos del camino que llevaban los Catalanes, no pudieron, ó no osaron atreverse á impedilles el paso.

Atravesando el monte Rodope, bajaron á los campos de Macedonia cerca de ocho mil hombres de servicio entre todas las naciones; bastante ejercito para cualquier grande empresa, si los animos estuvieran unidos, y la muerte de Berenguer no hubiera hecho odioso á Rocafort, aun á sus propios amigos, porque desde entonces él se desvaneció y ellos se ofendieron; al fin del otoño se hallaron en medio de la provincia de Macedonia los pueblos enemigos poderosos y aun no maltratados con la guerra, pero los daños de Thracia su provincia más vecina, les sirvió de escarmiento, para prevenirse dentro de las Ciudades, y recoger los frutos de la campaña. Cuidadosos pues los Catalanes de poner su asiento por aquel invierno en algun sitio acomodado, corrian toda la tierra, reconociendo puestos que poder ocupar, y recoger bastimentos y vituallas compradas con sangre, y con dinero. Últimamente despues de haber hecho grandes daños en toda la Provincia, se hicieron fuertes en las ruinas de la antigua Casandria, uno de los mejores puestos de toda la Provincia, por estar vecino al mar, y toda la comarca de aquel cabo fértil y apacible, por los muchos senos, y entradas que el mar hace y de donde fácilmente, ó por lo ménos con más comodidad que de otro cualquier lugar, podian hacer sus entradas la tierra á dentro, y tener á Tesalónica cabeza de la provincia en continuo recelo de su daño.

CAPITULO LV.

Prision del Infante Don Fernando en Negroponte.

Partió el Infante de la Isla de Tarso con Ramon Montaner y mandó que se le entregase á Montaner la mejor galera que fué la que llamaban Española. Con estas cuatro galeras, un leño armado, y una barca de Montaner fueron navegando por la costa de Thracia, y Macedonia, hasta el puerto de Almiro. Lugar del Ducado de Athenas, donde el Infante habia dejado cuatro hombre cuando venia, para hacer bizcocho para cuando se volviese. Halló el Infante que contra la fé y palabra comun le habian tomado el bizcocho, y maltratado los cuatro que lo hacian. Tomo el Infante luego satisfacion del daño que habia recibido, hechando gente en tierra, y saqueando el lugar de Almiro, donde todo se llevó á sangre y fuego.

