Estudios históricos del reinado de Felipe II
Chapter 22
Otros tres testigos dijeron haberle oído muchas veces manifestar deseos de regresar á España con el fin de acreditar la pureza de sus creencias, y que durante la enfermedad se afligía de no haber podido realizar el propósito y desvanecer la nota de infamia que pesaría sobre su mujer é hijos, manifestando, sin embargo, que esta desgracia no le impediría morir buen católico, como siempre lo había sido.
Manuel Don Lope declaró por sí haberle oído frecuentemente sorprenderse de que los protestantes, estando tan versados en la Santa Escritura, predicaran errores que la palabra de Dios destruía, lo que le hacía pensar que los enseñaban no creyéndolos. El testigo recordaba también que, hablando con el difunto de diferentes cosas, le había dicho que muchas personas eran de parecer que él, Antonio Pérez, debiera haber aceptado la pensión de doce mil libras que el Rey Enrique IV quería otorgarle en consideración á su edad, enfermedades y falta de medios de subsistencia, y que Pérez había respondido que no se arrepentía, así faltaran á la palabra que le dieron, antes, por el contrario, que si todavía le hicieran la misma proposición segunda vez, la rehusaría con objeto de probar la verdad con que tantas veces había hecho manifestación de fidelidad al Rey de España, su soberano, y con la esperanza de que con tal proceder alcanzaría su gracia. Que en medio del infortunio había tenido al menos el consuelo de advertir que el ilustre Condestable de Castilla, D. Baltasar de Zúñiga, Embajador de España en Francia, y Ángelo Badoer, Nuncio de Venecia, no habían olvidado la manera de conducirse con ellos en este delicado asunto. Por último, que con las manos juntas se confiaba en Dios todopoderoso y en la gracia de su soberano.
5. Cartas auténticas de Monseñor Roberto, Obispo y Nuncio de Su Santidad en París, fecha 6 de febrero de 1612, acreditando que conoció bien á Antonio Pérez y le acordó permiso para tener oratorio en su casa, teniendo certeza de haberse servido de él hasta la última enfermedad. Dice poder dar testimonio de los sentimientos piadosos, de devoción y de amor á la religión católica en que murió, así como de que le oyó lamentarse muchas veces de no tener salvoconducto del Rey Católico para entrar en España sin peligro y presentarse ante el Santo Oficio, objeto constante de sus votos.
6. Declaración hecha á la hora de la muerte, escrita al dictado por Gil de Mesa y firmada de su mano. (La que antes se inserta.)
Otra declaración contenida en escrito inédito, lleva más allá de este mundo las noticias del ex-Secretario. Dice así[316]:
[Nota 316: Debo esta curiosa noticia á la buena amistad del Sr. Don Justo Zaragoza, que la encontró en la Biblioteca de S. M. el Rey, Sala 2, Est. O, Plut. 3.]
«En la Historia de la vida, virtudes y milagros de la Benerable Madre Ana de San Bartolomé, conpañera yseparable de la Santa Madre Theresa de Jhs., Propagadora insigne de la reformacion de las Carmelitas descalzas y Priora del Monasterio de Amberes, dedicada á la Serenísima Señora Doña Isavel Clara Eugenia, infanta de España, por el Maestro Fray Chrisóstomo Henrriquez, Coronista general de la Orden de San Bernardo en Bruselas; en el capítulo nobeno, en la plana folio 619, calificando la vida, muerte y salvacion del Secretario Antonio Perez, siendo entonces esta Madre Abadesa de Fonte Ebrando, que es un lugar poco más de dos leguas de Tours, en Francia, dice lo siguiente, que para aprobacion de sus escritos un curioso lo copió de dicho libro y puso aquí para calificarlos y que se haga dellos la estimacion que se deve:
»Un dia de la Octava del Santíssimo Sacramento la mostró el Señor mucha gracia y la conbidava á que pidiesse algo; y estando recogida en esta vission, vió delante de sí tres personas: la una era una hermana suya, la otra un Primo y la otra Antonio Perez, Secretario del Cathólico y prudente Rey Don Phelipe segundo.
»No la dió á entender el Señor que estubiessen en algun aprieto; pero ella, biendo la ocassion presente y considerando el ofrecimiento que la havia hecho de que la concederia lo que le pidiesse, le tomó la palabra y le pidió la salvacion de aquellas tres personas, señal bien evidente de su grande caridad, pues no pide para sí gracias y favores, mostrándose solícita de la salud de las almas más que de sí misma. Agradóle á Christo peticion tan ajustada con su Divina voluntad, y ansí se la concedió con mucho gusto.
»Dentro de poco tiempo recibió cartas en que le avisavan que su hermana havia caido en una agua y se havia ahogado, y fué el mismo dia en que se le avia aparecido. El otro Primo suyo murió de calenturas, tambien el mismo dia. El Secretario Antonio Perez, despues de varios tranzes, de peligros grandíssimos y mil persecuciones con que pareze quiso mostrar la fortuna que levanta á la cumbre de la privanza á los que fian en el valor de Príncipes para derrivarlos en un avismo de miserias, murió en París; pero con tales demostraciones de piedad y christiandad, que bien pudieran conocer todos se cumplia con él lo que la Benerable Madre havia alcanzado del Señor. Lo que ella dize hablando dél, en esta ocasion, es esto: Murió con señales muy ciertas de su salvacion, reciviendo á menudo los Sacramentos, con el confesor siempre á su lado; y el dia que murió se puso de rodillas con un ímpetu de amor de Dios, y ansí se quedó como digo, con señales grandes de su salvacion. Dichosíssimo quien tubo fin tan venturoso: importa poco no conservasse en la privanza de los Reyes, quando, despues de muchas desgracias, se biene á alcanzar la verdadera dicha, que consiste en ir á gozar de la gloria eterna.
»Más dichoso fué este cavallero en haver conocido á nuestra Benerable Madre Ana, aunque pobre y humilde en quanto al mundo, que en haver tenido entrada con los mayores Príncipes de Europa. Ella, quando le conoció y trató en París, le cobró tanto amor, que estando ausente le alcanzó de Dios la salvacion de su alma, que es lo más que nos puede dar Dios, pues anssí se nos da asimismo. Los Reyes, aunque muchos favores le ofrecieron, pero sólo le dieron disfavores.
»Fué Antonio Perez hombre agudo de ingenio, pero desgraciado; mui principal y noble, de que en mi Monasterio Real de Huerta, depositario de la Nobleza de Castilla, Aragon, Navarra y otras partes, ay testimonios graves. Pero lo principal es la seguridad que nos dexó esta Santa Madre de que está en el cielo.»
Una estrella de la política francesa, que alboreaba justamente en el ocaso de ésta española, trazó en pocos rasgos, con alguna pasión y poca exactitud, juicio[317] que agregar al de los coetáneos lord Cecil, de Inglaterra; Villeroy, de Francia; el Conde de Miranda y el Comendador mayor de León, de España.
[Nota 317: _Memoirs de Richelieu_, lib. III, 1611.]
«La muerte de Antonio Pérez, acaecida en noviembre, escribía, me ofrece materia para ejemplo de la fragilidad de la privanza de los Reyes, de la instabilidad de la fortuna, del odio implacable de los españoles y de la humanidad de Francia con los extranjeros. Había gobernado al Rey Felipe II, su señor, Príncipe tenido por prudente y constante en las decisiones; cayó, no obstante, de su crédito, sin ser culpable, en opinión común.
»En las cámaras de los Reyes hay escollos mucho más peligrosos que los negocios de Estado, por graves que éstos sean, sobre todo en aquellas intrigas en que intervienen mujeres ó en las que toma parte la pasión de los monarcas[318].
[Nota 318: Antonio Pérez había dicho: «Aquí son los bajíos de la bajeza humana; aquí es menester grande tiento, y navegar con la sonda en la mano.» Colección Ochoa, _Carta á un gran privado_.]
»Antonio Pérez lo experimentó: mujeres fueron causa de todas sus desdichas. Haciendo su amo excepción de la firmeza en cuanto á la benevolencia, la ejercitó en el odio hasta la muerte. El privado había subido á la cúspide de los honores y grandezas: todo lo perdió en un instante con la gracia del Rey, que aprisionó á sus hijos con el fin de que no le asistieran.
»Emigrado en Francia en el período álgido de las guerras civiles, no fueron obstáculo las circunstancias para que el Rey le recibiera humanamente, dándole medios de vivir con desahogo á favor de pensión de 4.000 escudos, que siempre le fué bien pagada.
»En España no podían sufrir el bienestar de que disfrutaba; atentaron á su vida enviando dos hombres que se la quitaran, en vista de lo cual, por garantía en lo sucesivo, comisionó el Rey á dos suizos de su guardia personal, que le seguían por la ciudad á las portezuelas de la carroza, y cuidaban de que ninguna persona desconocida tuviera acceso á la casa.
»Entonces discurrieron los españoles otros procedimientos que llegaran al propósito no alcanzado por la violencia: se le ofreció, por conducto de persona de la Embajada, que su amo le restituiría los bienes, siempre que renunciara la pensión y saliera de Francia. El Condestable de Castilla confirmó la oferta al pasar por París; y como la esperanza del deseo suele cegar, renunció, en efecto, despidiéndose de S. M., que procuró disuadirle y le predijo había de arrepentirse. Marchó, no obstante, á Inglaterra, lugar que le habían designado; mas apenas llegó á Douvres se le prohibió pasar adelante, por ruego y amenaza del Embajador de España. El pobre hombre volvió á Francia y no se atrevió á presentarse ante el Rey, ya que parecía haber desairado su favor y consejo; sin embargo, compadecido el Soberano de la miseria en que estaba, sufriendo incomodidades después de enajenar el mobiliario, si no lo consideró como antes, no dejó de disponer que se le diera algún socorro con que subvenir á lo más preciso.
«Habíanle tenido en España por hombre de juicio y de cabeza, mientras llevaba el cargo de Secretario de Estado; en Francia no se le estimó en tanto por la ordinaria presunción de los de su país que, llevada al extremo, tiene algo de locura, á juicio de las demás naciones.»
Años adelante, alcanzando el que esto escribió la madurez del talento; Duque, Cardenal, Ministro, gran Ministro; queriendo llevar al convencimiento de su Rey la opinión de ser indispensable á su poder la organización de la marina de guerra, decía[319]:
[Nota 319: _Maximes d'Etat ou testament politique d'Armand du Plessis, Cardinal Duc de Richelieu_: París, 1764, tomo II, sección V, pág. 109.]
«Cuando Antonio Pérez fué acogido en Francia por el Rey vuestro padre, y por atenuar su miseria le acordó pensión, deseando el extranjero acreditar el reconocimiento de los beneficios recibidos y ofrecer testimonio de que no por desgraciado era ingrato, dió al mismo Rey tres avisos que no son de poca consideración: ROMA, CONSEJO Y MAR. La advertencia del anciano español, consumado en asuntos de Estado, no ha de considerarse tanto por la autoridad del que lo daba, como por su propio peso.»
Es de recordar que decía Brantome al Rey Carlos IX:
«Si les rois, vos prédécesseurs, enssent fait cas de la marine comme de la terre, vous auriez pent-être encore Gênes, l'Etat de Milan et le royaume de Naples. L'Espagnol les a conservés plutôt par les moyens de la mer que de la terre.»
En los tiempos modernos, M. Mignet condensa y acaba su juicio de esta guisa:
«Antonio Pérez, sin llegar á la talla de los grandes Ministros de Felipe II; del imperioso Cardenal Espinosa, del diestro Ruy Gómez, del altanero Duque de Alba ó del discreto Granvela, poseyó un tiempo el favor del Rey, figurando como personaje el más influyente de la Monarquía española. Escaló el poder con harta facilidad para saber conservarlo. Ministro por herencia, fué aventurero de afición. Apasionado, ávido, disipador, violento, artificioso, indiscreto, corrompido, introdujo el desarreglo de su conducta en una corte de exterioridad severa; agitó con la intriga el ánimo de un Príncipe amante de la dignidad mesurada; hirió con la rivalidad de los amores y la audacia de los actos á un amo hipócrita, vengativo y absoluto. Aunque conociera bien al que servía; aunque poseyera el secreto de sus pasiones, de su terrible disimulo, de la suspicacia de su poder, por la que la confianza había de ser instable; aunque supiera que Felipe II había matado al Cardenal Espinosa con una palabra, que alejó al Duque de Alba por la rigidez, que sólo por consumada habilidad y condescendencia se mantuvo á su lado Ruy Gómez hasta el fin, se atrevió á engañarle y se perdió. En la desesperada lucha á que le arrastraron las faltas y las demasías, desplegó recursos de ingenio tan varios y tal energía de carácter; tan oprimido, tan elocuente, tan patético se mostró, que fué objeto de universal simpatía. Empero los defectos mismos que causaron su ruína en España, le desacreditaron en Inglaterra y Francia. Siempre igual, aun la desgracia tornó antipática, muriendo abandonado y pobre.
»Hay que condenar á la personalidad, á la vez desordenada y atractiva, sagaz é inconsiderada, de ingenio agradable y de carácter ligero, rica de actividad, de imaginación, de vanidad, de pasión, de intriga; hay, no obstante, algo que conmueve en ciertos de sus sentimientos y en la magnitud de sus desdichas.»
En las historias de la época, tales como las de Herrera, Cabrera de Córdoba, Argensola, Babia; en los diccionarios biográficos ó bibliográficos, agregando á los ya citados los de Baena, Latassa, Moreri, Didot, Bouillet, Michaud, se encuentran conceptos varios[320] oscilando entre estos extremos.
[Nota 320: No parecerá temeridad adjudicar á Antonio Pérez la alusión de un concienzudo y benévolo historiador que escribe: «_Philippe II a été bien des fois trahi: ce sont surtout des traîtres qui nou sont crayonné son portrait._» Le Vice-Amiral Jurien de la Gravière, _Les chevaliers de Malte et la Marine de Philippe II_: París, 1887, pág. 146.]
Antonio Pérez mató un hombre por obedecer á Felipe II; quitó al Rey su querida; sublevó una provincia; luchó cinco años con tan temible soberano; escribió relación de su vida, tan verdadera y profunda como las inexorables memorias del Duque de Saint-Simon[321].
[Nota 321: Philarete Chasles, _Antonio Pérez, Revue de Deux-Mondes_, citada.]
Antonio Pérez alcanzó fama literaria casi exclusivamente debida al interés de sus desgracias personales[322].
[Nota 322: _The Enciclopædia Britanica, Antonio Pérez_, cit.]
Tenaz, perverso, infatigable, intrigante siempre y en todas partes, dando á conocer los puntos vulnerables de su patria, fué su papel en la historia el del parricida[323].
[Nota 323: J. M. Dargaud, _Histoire d'Elisabeth d'Angleterre_: París, 1866, 8.º]
De la comparación de todos los artículos, por lo general apasionados ó ligeros, nada se deduce que esencialmente altere lo que dicho queda acerca de la vida de Antonio Pérez fuera de España. Aparece, en cambio, la evidencia moral y consoladora de no empecer á la execración perpetua del mayor de los crímenes la compasión del delincuente, y de cumplirse en todos los tiempos la sentencia que la pluma del Peregrino mismo dejó escrita. El traidor es limón que, una vez exprimido, se arroja.
DOCUMENTOS
[Nota del transcriptor: Algunos de los encabezamientos de las cartas van precedidos de una cruz, indicada como [cruz].]
I.
_Los papeles y cartas que truxo Miguel Igun sobre cosas de Francia recibidas en Valladolid a 29 de junio de 1592._
Lo que se a podido entender de bearne por cosa cierta es q. antonyo perez está en pau con don martin de la nuça y manuel don lope y christobal frontin y juan francisco mayorin, todos los cuales están con el dicho antonio perez, y estando comiendo la princesa estaban con ella, la cual tenia plática con antonyo perez en tanto q. la comida duró, porq. el personado que se enbió estubo ally presente en tanto q. la comida duró, porq. tenia q. tratar con la princesa acerca de las Rentas del condado de bigorra, q. es vso en aquella tierra comer en público y todos los q. tienen q. negociar entran en la sala q. comen.
gil de mesa no estaba ally y sentiende aydo Al príncipe de bearne y asta yngalaterra, q. a muchos dias falta, como se berá por vna carta q. traigo dantonyo perez, q. escribió a vno de Çaragoça llamado Marco de Arayz, quera criado de don diego de Eredia, q. está preso en Çaragoça, datada de 29 de mayo, q. cuando partió le dijo yba la buelta de bayona, pero despues acá se sabe pasó donde está dicho, como por la larga ausencia se bee, siendo de quien mas antonyo perez se fia, y el q. es causa de todos los males sucedidos en aragon.
Sábese cierto que antonyo perez tiene despacho de pasaportes para irse a yngalaterra y q. a de berse con el principe de bearne, sino que no osa salir de pau, porq. a entendido q. por orden del capitan general y trato del de gabin, que está preso en el condado de bigorra, en el castillo de lorda, en compañía de don diego de Eredia, ermano del gusticia de las montañas daragon, q. abia personas grabes q. se ofrecian a entregarle con cantidad de dinero, de manera q. estando advertido de todas estas cosas y diligencias q. en este caso se an echo, como de las personas q. lo querian acer y entregar con la ausencia de la princesa, las cuales diré de boca quienes dicen q. eran, q. son de las mas grabes de la tierra, porq. se trata saldrá presto de bearne para casarse con el conde de fueson, y así se cree q. si la princesa sale y el no ba a ingalaterra, se saldrá de pau y porná en nabarreus y en la villa de bayona, para la seguridad de su persona.
El onbre q. fue a pau, q. se trata muy amenudo con don martin de la nuça, y preguntándole de sus cosas en lestado q. estaban, porq. muchas beces q. suele yr a pau ablan siempre destas cosas, y preguntando del estado en q. estaban, le respondió q. no le podia decir nada dellas asta daora, mas de q. la princesa lo tenia entretenido a El y a los demás dándoles muchas esperanças de parte de su Ermano, como de la suya, mostrándoles muy amenudo cosas del príncipe su Ermano por las cuales encomienda a su Ermana mucho la persona dantonyo perez y de todos los demás caballeros questaban con El, y q. les asegurase que si el Rey despaña les abia tomado sus aciendas, que El tenia para ellos, q. es todo lo q. del dicho don martin se a podido descubrir y entender.
* * * * *
Marco de Arayz, criado de don diego deredia, questá preso en Çaragoça, le dejado en vn castillo del señor de maulion, donde bibe su madre madama de maulion, q. abrá como tres meses q. bino vyendo de catalunia, de acia taragona, y pasó el puerto de Salat, q. siendo camino por esta casa llegó allí muy malo, y esta señora, ques muy caritatiba, le yço quedar á curarse, donde yo tengo grandísima amistad de mas de beinte años, q. yendo a besitarle y darle el pésame de la muerte de su hijo mosiur de maulion, le allé allí al dicho Arayz, y por la primera bista no me quiso decir quién era, y bolbiendo quince dias despues a demandar unos dineros q. dicha señora me debia, me dijo ella misma cómo el español q. estaba en su casa abia recibido vna carta dantonyo perez, y que se queria ir en bearne, pero q. ella abia entendido le querian estrosar en el camino, no muy lejos de su casa, porq. decian traia todo su jibon lleno de doblones, y tubo abiso desto, y así no le habia dejado partir, porq. le pesara mucho saliendo de su casa se le hiciera agrabio, y que así le abia Rogado estubiese en ella todo el tiempo q. quisiese, y me Rogó yo se lo digese de su parte, y le quitase de la boluntad de yr en bearne, q. si lo acia tomaria muy mal camino, y q. si era buen católico no lo debia dacer, porq. iria a tierra donde no se ejercita de ninguna manera vna Religion católica, sino la seta de los Erejes luteranos, y q. para la seguridad de su persona en ninguna parte lo estaria mas q. en su casa. Yo con esta ocasion entré en plática con el mas q. la primera bez, y me enseñó la carta que habia escrito antonio perez en lausencia de gil de mesa, q. despues yo tube orden de cobrarla despues daber yo partido porq. no tubiese sospecha de mí, que me la enbiaron á la villa de salinas, donde aguardé dos dias solo por eso, a legua y media del castillo, ques de la manera que la e cobrado, dicha carta.
E pasado muchas cosas con el dicho Marco de Arayz, q. sabe muchas cosas de todo lo que en Çaragoça a pasado, porq. era el que mas amenudo besitaba adantonio perez estando preso, de quien su amo don diego deredia acia mucha confianza. Yo le puse en Razon, y solo q. su Mag. le perdonase, tubiendo seguridad desto, le aria aser cualquier cosa q. se le ordenase por el serbicio de su Mag., y así bolví tercera bez, estando para partir y le dije benia por un mes ó seis semanas asta çaragoça y q. si queria dase noticia al general dél y de lo q. me abia ofrecido acer, q. lo aria, y me dijo le aria muy grande placer, y así le anuncié y puse grande esperança de su Remedio.--VS. podrá ber si este puede serbir de algo q. fues de ynportancia y q. despues daberlo echo se le perdonase y no antes, que si la metá de lo que dice puede acer, ace, importará arto mas perdonarle q. dejarlo de acer, q. no es de los beinte y dos, sino de los ciento y tantos de la postrer lista. VS. me mande su parecer, para q. no pareciendo serbirse dél no lo tenga mas en esperanças, q. yo allaré salida para responderle de q. por aora no se quier tratar de nada asta acabadas las cortes de aragon.
Arch. Nat. de París, _Papiers de Simancas_, _K-1.592_, _B-81_, pág. 48.
II.
Il.^mo Sr.
Dipoi di visitar a V. S. Ill.^ma, et renderle gratie de li molti, et continui fauori che mi fá, et ralegrarmi de la confirmacione di Paris, et de la altre noue. Voleua dar conto a V. S. Ill.^ma di tre cose, che ho intesso. Le due non di tanta consideratione, pero la Terza, di molta, al manco degna di saperla il nro. Re, et e, certissima, et saputa in gran secreto.
La Terza diró prima, quella e, che il Re Cath.^co ha fatto far secreta offerta a la Rep.^ca di Venegia di Lx Galere per la sua diffessa sempre che il Turco inuadera li soy Statti, et il Imbassator che ha fatto la offerta, li ha detto queste parole al fine, _che non trouaranno nisnu amico tale come lei_. Questo, e certo.
La altra e che ha auuto gelosia di auerse la Rp.^ca valuto di questo Regno per grani.
Le altra, che il Papa voleua imponere vna noua X^ma sopra li Ecclesiastici veneciani per aiutar al imp.^or, e la Rep.^ca non lo ha voluto consentir.
Il discurso di queste cose lasso per altra occasione che bene, et assay e che dir.
De V. S. Ill.^ma--_Ant. Pz._
(Sobrescrito.) Al Ill.^mo Sr. mi Sr. Mylord Imbassator.
(De mano ajena.) 1594.
Colec. Morel Fatio, I.--Cree fuera dirigida al Embajador de Francia en Londres, que sería probablemente Jean de la Fin, pues éste residió en la corte de Isabel hasta octubre de 1594.--Biblioteca Nacional de París, MS., Esp., 336, fol. 91.
III.
Muy Ill.^e Sr.
Mos de Beaumond me ha confirmado el lugar en que biuo en la gracia VS., que es muy conforme á lo que VS. me ha assegurado por su carta: a que he ya respondido. Pero las cosas de consuelo, y contentamiento, mill vezes que se oygan recrean. Consuélame mucho del modo con que pudiera llegar a ver a V. S., y a presentármele, que essa voluntad y piedad la veo fundada en su Gentil natural; que sino yo temiera del desengaño quando V. S. me conozca. De my, de my partida, del desseo q. tengo de llegar a los Reales pies de Su M.^d he Supplicado a Mos de Beaumond q. haga relacion a V. S. Cuya Muy Ill.^e persona y Estado Nro. S. Guarde y prospere como dessea.
De Londres á xj. de enero de 1595.