Estudios históricos del reinado de Felipe II

Chapter 13

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6. _Aquí escribe el Duque._--Y porque partiendo por el mes de noviembre á jornada que se había de ir por mar, habrá muchos, y no sin fundamento, que no les parezca buena determinación, es bien, para entender la verdad del todo, que se sepa que me movieron á partir las cosas siguientes. La primera, que la navegación era segura, porque de Mecina al puerto de Augusta hay 70 millas, el cual es capacísimo para recibir muy mayor armada. Del dicho puerto al de Zaragoza 30 millas, y desde Zaragoza á Malta 100, y de Malta á la Lampadosa 90, y de allí al Seco de los Gelves 170, y del Seco de los Gelves al Seco del Palo 50, que todos son puertos, y donde el armada se podía reparar, como se reparó, y aguardando tiempo en cada una destas partes para ir á la otra, no acaesce de ordinario en estas mares levantarse tan presto temporal que estorbe en tan poca distancia que no se tome puerto, como se hizo. También me movió á partir hallarme con casi 15.000 hombres de guerra en el reino de Sicilia y sin dineros para pagallos, de que tocaba una buena parte al Visorrey de Nápoles, pues si se despidieran sin pagas, se habían de alojar á discreción y fuera darles en prenda el reino, y esto es cosa tan nueva y recia para Sicilia, demás de la escabrosidad de la gente, que, certísimo, sucedieran grandes desórdenes y alborotos, como ya en tiempo de mis predecesores en este cargo acaesció diversas veces, especialmente cuando el motín de randazo, pues siendo tanto menos gente, fué desorden tan notable, que tal pudiera suceder de invernar tanta más y de diversas naciones, sino que en lugar de conquistar se destruyera la casa propia, como ya lo consideró D. Hugo de Moncada cuando tuvo alojados 15.000 españoles en la Fariñana, isla despoblada, aunque no se hizo de manera que Marsala no lo sienta hasta agora. Túvose atención á partir de Zaragoza á lo susodicho, y á que en Malta habría menos inconvenientes que en Sicilia se esperaban, porque la gente, no sólo estuviera fuera de la fertilidad de Sicilia, mas en una isla muy estéril, porque si cometieran alguna ruindad no podía dejar de salilles mal y de entregarse de hambre, pues teniendo por contrarios al Maestre y Caballeros, el Burgo y Castillos, juncto con las galeras y naves, y mi persona y gente principal que á la jornada iba, no podían meterse los soldados en parte en toda la isla que tuviesen de comer; y si partiéndose de allí en invierno no se pudiera llegar á Trípol por no haber puerto para nosotros, no sólo era de menos inconveniente invernar en Berbería con el ejército yendo tan bien proveído de vituallas, pero era mejor, por ser la región más sana y poderse hacer algo en los Gelves, como lo escrebí á S. M. antes que partiese de Zaragoza, ó en alguna otra parte, con que los soldados se entretuviesen y refrescasen, de más que se llevaba esperanza fundada en mucha razón, que los moros proveerían de vituallas frescas por dineros (como lo hicieron), á causa de la enemistad que tenían con Dragut, de que había mucha noticia, dejado aparte que es costumbre suya muy sabida, por su particular ganancia. Halléme obligado á esto, porque como se fué junctando la gente poco á poco y con muy gran esperanza de la que me habían de dar los Duques de Sessa y de Alcalá, había de ser cierta y presta como su Maj. mandaba, no hubo razón ni causa para que yo dejase de junctar la que á mí me tocaba, y hacer tan gran gasto como se hizo en esto y en la abundancia de vituallas y municiones que se llevaron, porque la infantería española de Lombardía se detuvo á causa de la muerte del Rey de Francia, como dice D. Alvaro de Sande, y del motín de Génova, y la de Nápoles, esperándola de hora en hora, tardó, de manera que habiendo de venir por orden de S. M. 2.500 hombres, no llegó el cumplimiento sobre los 600, poco más ó menos, que trujo D. Sancho en las galeras, hasta los últimos de diciembre que vinieron á Malta. Es así que se descubrieron las naves que dice D. Alvaro, y que la que saqueó D. Sancho de Leyva estaba metida por el canal una buena milla de donde dieron fondo las galeras, por no saberlo y tener por proa los secanos, donde invistieron algunas, y á D. Sancho le guió Chu Zamuza, arraez de una galeota que había tomado días había en la costa del reino de Nápoles, hombre muy plático de aquellos secanos, y así abordó la nave, que estaba sola, dejada de los moros, al cual siguió el Capitán Suero Feyjó con una galeota mía, y desde donde descubrieron dos galeras de turcos que se iban metiendo el canal adelante, cuanto más podían, hacia la Cántara, que quiere decir puente, por la cual se pasa de la isla á tierra firme; siéndole dicho á D. Sancho por el dicho Capitán Feyjó que se fuese tras aquellas galeras, no lo hizo, mas antes cortaron el cabo que tenía dado la galeota á la nave, y vino el dicho Capitán á la Capitana de Juan Andrea, donde yo estaba, y me dijo todo lo que había pasado. Estaba entonces Juan Andrea en la cámara de popa malo y en la cama, y hallándose en lo alto de la popa conmigo el patrón de la Capitana, Gasparín Doria, que era de quien más caudal hacía en el gobierno de las cosas de la mar, le dije y rogué, no una vez, sino muchas, que se entrase por aquellas galeras, á lo cual me respondió que para qué quería leñame, diciendo que la gente envestiría en tierra, y yo le dije que cuando así fuese sería muy bien quemarlas, porque cuando nosotros pasásemos á Trípol no podían dejar de salir á los navíos que venían atrás y hacernos daño en ello y en las vituallas que nos viniesen, cuanto más que podría ser tomarse alguna gente de la cual habríamos lengua de lo que en Berbería pasaba. Respondióme por última resolución que en ninguna manera convenía á la reputación de aquella armada que se entrase por leñame especialmente, que podría suceder algún peligro á alguna galera. Entonces le ofrescí que entrase mi galeota primero, descubriendo lo que había, y el canal, y no bastando esto, vista su pertinacia, envié á pedir á Juan Andrea con grandísima instancia, y con las mismas razones, que tuviese por bien de que se entrase por aquellos bajeles, y no le paresció; y como yo no llevaba mando ninguno sobre las cosas de la mar, como me desengañó bien en Mecina delante de D. Juan de Mendoza, y quizá por su consejo, hube de tener paciencia y por mejor lo que quería, que no porfiando con él ser causa de que sucediese algún disgusto y se volviese á Sicilia. Desde á poco vino D. Sancho de Leyva de saquear la nave, y subiendo á la galera de Juan Andrea le dije que cómo no había entrado tras las galeras, importando más tomar un bajel de remo que 50 naves, á lo cual me respondió que no era cosa de hablar en ello, porque era gran peligro, y que allí había estado el Príncipe Doria sobre Dragut y se le había salido con las galeras rastrando del otro cabo del puente ó Cántara, y le había dejado por escarnio en una torre que está allí y que teníamos á la vista, colgado un priapo de hombre, á lo cual yo le respondí que había muy gran diferencia de lo uno á lo otro, por la ventaja que había de todas las galeras de Dragut á aquellas dos sobre que habíamos amanescido con tal armada y á la imprevista y sin que pudiese haber defensa que estorbase la entrada, especialmente teniendo tan buen piloto como me había dicho que tenía en Chuza Muza, que le había guiado yendo en la proa de la galera hasta donde llegó. Finalmente, se resolvió en que no se entrase por las dichas galeras, las cuales, demás que fueron las que trujeron el armada del turco, estaban de manera que los turcos dellas no se acordaban de otra cosa sino de salvar sus personas á nado, y hubo muchos que entregaron su dinero á los cristianos que estaban á la cadena, como se ha sabido de hartos que han escapado y rescatado después acá, de los cuales se tomaba lengua, y tomada sitiábamos á Dragut en los Gelves y todas sus fuerzas, las cuales no podían salir en ninguna manera, ya que su persona saliera de noche en una barca, y se tomaban asimismo las dos galeras con más de 60 ó 70.000 escudos que tenía Dragut embarcados de la composición que había hecho en los Gelves aquellos días; y si quisiéramos saltar en tierra era de tener por muy cierta la victoria, por ser antes que nos faltase la mucha gente que se nos murió en el Seco del Palo, y porque la isla estaba mal con él, á lo menos la mitad della que se volviera en nuestro favor, y cuando quisiéramos pasar con aquella bonanza, que duró siete ú ocho días, le podíamos sitiar con tomalle la Cántara y las dos galeras y los más bajeles que hubiera por la costa alrededor de la isla, en un día, y dejar cuatro galeras de una parte y cuatro de otra, y irnos á Trípol y tomarlo sin muerte de un hombre, porque lo había dejado Dragut con solos 400 turcos poco más ó menos, viejos, cojos y mancos.

7. _Sigue D. Álvaro de Sande._--Detuviéronse las galeras en saquear las naves casi todo lo que quedaba del día, y acordóse que el siguiente se fuese á hacer el agua de la Roqueta; y para asegurar á la gente que la había de hacer, el Duque sacó toda la infantería que iba en las galeras, y túvose la mayor parte del día una gruesa escaramuza con los moros de aquella parte, que son aficionados á turcos, y con más de 500 turcos á pie y á caballo que allí estaban con el Dragut, y á otro día sucedió por mala orden la desgracia á las ocho galeras que se habían quedado atrás.

8. El día siguiente las galeras partieron de allí é fuimos al Seco del Palo, donde hallamos algunas naves de las nuestras surtas, y fueron llegando de día en día las que faltaban, y las ocho galeras que arriba digo: así por la dilación de la llegada de las naves, como por ser los tiempos muy pésimos y contrarios, al Duque le fuerza estar allí muchos días, en los cuales, así porque la gente iba muy cansada y fatigada de la larga navegación y trabajo de aquel invierno, como por la mutación de los aires y ser las aguas muy suaves, se inficionó una enfermedad y pestilencia tan grande, que se echaban cada día gran cantidad de cuerpos á la mar; é visto esto, é que aún no habían llegado algunas naves en que iba infantería española é alemana é vituallas, é que el tiempo era contrario para ir á Trípol y las naves estaban con gran peligro de dar al través como había dado la nave Capitana, acordó el Duque de tomar parescer de todos los que éramos del Consejo, para que se viese lo que se había de hacer é mas convenía al servicio de V. M. é al bien de la empresa á que íbamos. Fué mi parecer é voto que dí que V. M. me había ordenado que fuese á servir en aquella empresa, é que estaba presto y aparejado para morir sirviendo en ella. Resolviéronse todos en que la empresa se hiciese, é que porque del estar allí nascía tanto daño, por la mortandad de la gente y la disminución de las vituallas, que con el primer tiempo, sin esperar las naves que faltaban, se partiese el armada; é que si el tiempo viniese contrario para poder ir á Trípol é bueno para volver á los Gelves, que por salir de allí se fuese á ellos, donde la gente podría desembarcar é refrescar é limpiar las naves, creyendo é teniendo por cierto que los moros de la isla eran amigos, porque en ella hay tres parcialidades: una amiga de turcos, y las dos enemigas; é porque éstas habían enviado á Sicilia á pedir ayuda para echarlos de la isla, y también porque sabíamos que el Dragut, después que tuvimos con él la escaramuza y entendió que íbamos á Trípol, se fué á meter en ella con todos sus turcos sin dejar ninguno en la isla, sino muy pocos en la guarnición del castillo, y que con el primer buen tiempo se embarcaría la gente é proseguiríamos nuestra jornada, y que asimismo recogeríamos allí las naves que faltaban y las vituallas que venían de Sicilia, y así con esta resolución y acuerdo pusieron todas las naves á pique para partir á donde el primer tiempo nos encaminase.

8. _El Duque._--Si no hubiesen pasado por D. Álvaro de Sande tantos trabajos, maravillarme hía de que se le olvidase que su parecer no fué tan ambiguo, pues no obstante que lo que allí se resolvió fué lo más acertado, conforme á los tiempos y á la poca salud que el ejército tenía, y á la gente que nos había faltado, y de manera que yo me resolviera en ello, aunque no tuviera el Consejo y parescer de las personas que llevaba; pero no dudo de que cuando D. Álvaro vea estos apunctamientos le volverá á la memoria que especificada y abiertamente fué del parescer de todos, y que en público y en secreto lo trató diversas veces conmigo, inclinándose á la ida de los Gelves luego que se supo de las galeras que quedaron atrás que dejábamos á Dragut en los Gelves, de la gente de las cuales supo de nosotros, porque de la escaramuza no había tomado lengua, como asimesmo tampoco la tomamos nosotros; y fué más de esta opinión cuando supo que era ido á Trípol, en que yo me conformé por ver la falta que de la gente que sacamos de Sicilia había, y la que de cada día iba faltando, porque lo de Trípol se ponía en peligro y lo de los Gelves era cosa segura y hacía muy cierta la empresa de Trípol, por ser el principal sustento de aquella plaza y de los turcos que la guardan, como se podría discurrir largo y se ve por el gran esfuerzo que Dragut hizo en cobrarlos y el peligro en que se puso toda la armada del turco, quedando sin gente y sola, como quedó; dejado aparte que el tiempo no estaba para ir allá, y el temporal que nos trujo á los Gelves era viento por proa para Trípol, y de más de diez millas por hora, y duró tanto que se pudiera ir bien tarde á Trípol si se esperara en el Seco del Palo, y aun nunca á tierra de cristianos, pasando adelante la mortandad de la gente que cada día iba cresciendo, lo cual cesó en los Gelves, por ser la tierra muy sana y haber salido la gente de la mar; así que lo sobredicho no lo digo porque lo hice por parescer de D. Álvaro, pues yo lo hiciera y no se podía hacer otra cosa, sino por decir lo que á él se le olvida, pues lo que se hizo con deseo de servir al Rey nuestro señor y con toda la razón de guerra del mundo, y no sin pelear y peligro, como es ordinario en tales jornadas no me paresce que es razón, porque la fortuna haya querido ser contraria, y que fuese adverso el fin, que quede por olvidado lo que fué bueno; y para tornar mejor á la memoria su parescer á D. Álvaro, no dudo de que se acordará que queriendo junctar otra vez el Consejo, como se hizo para tratar de nuestra ida y desembarcación y conquista de aquella isla, le dije que conociendo yo en D. Sancho de Leyva que todo lo que se proponía, paresciéndole que salía de él, lo contradecía, que me parescía que aquel día no se conformase conmigo, y que vería cómo tiraba á D. Sancho á todo lo que al servicio de S. M. convenía, y entonces fué cuando votó que él haría lo que yo le ordenase, cierto diferentemente de lo que concertamos, pues en lugar de dar desvío para traer á D. Sancho á lo que convenía y había tratado con él, se quiso poner en seguro de que yo huelgo mucho que lo esté; y digo que sea así, que yo lo determiné sin él, y que salió bien, y saliera mejor si las galeras no se perdieran al fin de la jornada, con que se perdió todo.

9. _Prosigue D. Álvaro de Sande._--Quiso Dios que el día siguiente, que fué á 2 de marzo, no solamente se mejoró el tiempo para ir á nuestro viaje; pero refrescó tanto al contrario, que partiendo con él para los Gelves, conforme á la determinación que se había tomado, que en menos de diez días fuimos surtos al cabo que llaman de Valguarnera, que es lo último de la isla á la parte de poniente, y donde es la parcialidad más enemiga de turcos, y era la obstinación de los tiempos malos tanta, que estuvimos sin poder desembarcar cinco días; y contra la opinión que llevábamos, no solamente á los moros les pesó de nuestra ida allí, pero nos negaron las vituallas, y el día siguiente, que nos desembarcamos, que fué á los 8 de marzo, por defendernos los pozos, dieron la batalla; y acampándose juncto con nosotros, estuvieron cinco días, hasta que visto que el Duque quería volver á pelear con ellos, se rindieron y sometieron á la devoción de V. M., echando los turcos del castillo é entregándole, é con las demás condiciones que V. M. habrá visto.

10. Y paresciendo que pues aquella isla se habia subjetado y atraído á la devoción de V. M., era bien de procurar de conservarla, y convenía hacerlo por lo mucho que importaba á la quietud de los reinos de Sicilia y Nápoles y navegación de ellos, por ser aquella isla tan vecina á ellos, donde se recogían muchos cosarios, así á vituallarse como á repararse é hacer navíos y invernar en ella y vender las presas que en los dichos reinos y costa de Italia hacían, que para esto era bien hacer un fuerte competente donde se pudiese meter guarnición de gente y artillería, porque habiéndole se quitaría la frecuentación de los cosarios y disturbaría mucho la contratación y paso de los turcos que pasan á Argel é poniente y se ponía la isla en perpetua subjeción, y podría servir de escala y de casa de munición para las empresas que en África se quisieran hacer, é para los navíos que quisiesen andar en corso contra turcos, y que el mejor sitio y parte donde se podía hacer era donde estaba el castillo, incorporándole en él, porque no se quería comenzar obra que pudiese disturbar á que, con el primer tiempo y llegado de Sicilia las vituallas y gente que se esperaba, no se pudiese partir el armada á Trípol, sino dejase la obra imperfecta; y porque la comodidad del castillo y haber en él lugar para poder meter vituallas y municiones y dos cisternas, y cerca tierra, leinmo, fajina y arena para poder edificar, hacían fácil é breve el edificarse el fuerte, é también parescía más conveniente hacerle allí que en otra parte, por ser el medio de la isla y donde los moros hacen sus mercados, contractaciones y ferias, é porque de más desto, en cualquier otra parte que se quisiera hacer era menester mucho tiempo, por no tener tan á mano los materiales, é por ser necesario hacer, allende de la fortificación, magacenes para las vituallas y municiones; y si se quisiera hacer en la Cántara, donde algunos dicen que se había de hacer, por haber agua, había en ello la dilación de tiempo que era contra lo que se tenia determinado, y quedaba subjeta la plaza á ser batida por mar, por haber en aquella parte mucho fondo, lo que aseguraba el castillo, que por ser secanos no se puede acostar armada á tiro de cañón, aunque por una canal estrecha pueden llegar fustas y galeotas é otros navíos mercantiles; ansí que, movidos destas cosas, se determinó que se hiciese allí el fuerte, y D. Sancho de Leyva tomó á su cargo el ir con Antonio Conde, ingeniero, y el Capitán general de la artillería Bernaldo de Aldana á designiar el fuerte, y ansí lo hizo, y por su disiño se comenzó á fortificar, tomando Juan Andrea Doria á cargo fortificar él un bestión con la gente de Quiroco Espínola, y de levantar otro se encargó el gran Comendador Jegieres con la gente de la Religión, y el Duque con la infantería española de otro, y el cuarto tomó á cargo Andrea Gonzaga con la infantería italiana de Lombardía, é yo le tuve de solicitar é ayudar á los unos y á los otros; y estando la fortificación en buen término, fué nueva que el turco enviaba armada para socorrer á Trípol, por la instancia que Luchaly había hecho, el cual le había ido á pedir, según dicen, en los dos navíos que arriba digo que se dejaron en la Cántara; y como de muchas partes se confirmase la venida de la dicha armada y el Duque, desesperando el poder hacer la empresa de Trípol é por desembarazarse de allí hizo dar gran prisa á la fortificación del fuerte, el cual fué en defensa el día de San Marcos, y de aquel día en adelante no se ocupó en trabajar más gente de la que allí había el Duque determinado que quedase. Habíase encargado D. Sancho de Leyva de hinchir la cisterna del fuerte, y dejóse de echar agua en ella estando llena no más que la mitad, y la cisterna que estaba dentro del castillo, que era pequeña, se hinchó con los forzados de dos galeras de Sicilia: había buen número de botas y tinajas para hinchirlas de agua, y no se hizo.

10. _El Duque._--La isla quedó no sólo á devoción de S. M., pero por suya, y el jeque por su vasallo, con pagarle lo que pagaban al turco, y el aduana rentará poco menos que hiciera de costa la guarnición. Y como comencé á fortificar, no esperé más poder ir á Trípol aquel verano.

Hubo otra calidad de importancia para fundar allí el fuerte, que fué que por razón de los secaños no se podía poner armada sobre él, porque habiendo de echar la gente en tierra seis millas de donde había de quedar, era entregalla á la de S. M. si viniera á salvamento, como se esperó, aunque por otro cabo parescía inconviniente para avituallarlo con una nave, lo cual se remediaba proveyéndole con carabelas armadas ó otros bajeles pequeños y de poco fondo.

D. Sancho pretendió que se hiciese en la Cántara el fuerte, y no convenía porque no había agua ni cisternas, como en el castillo, y se vió cuando Dragut estuvo allí encerrado de Andrea Doria, que enviaba á veinte millas á hacerla, como el veedor Hierónimo Sedeño lo vió por vista de ojos, habiéndole enviado entonces Andrea Doria á la isla y á su casa á negociar con el jeque. Yo ví los cordeles para designiar el fuerte en la mano á D. Sancho de Leyva. Verdad es que el designio estaba hecho por quien lo entendía mejor, y se había estrechado casi dos tantos de lo que D. Alvaro había platicado. D. Sancho nunca ayudó á poner una piedra, ni con una espuerta de tierra ni un haz de fajina, teniendo muchos buenos esclavos y forzados, aunque yo se lo pedí y hice pedir con toda la instancia del mundo, y es cierto que hiciera más la chusma de una galera que cuatro banderas de infantería, porque se tardó el doble en partir. Antes ocupó la gente en cargar las galeras de lana y aceite para llevar á Sicilia y á Nápoles, y de vacas á Pysciota, y esto es verdad, y la causa porque perdió todas las de su cargo sin poder huir, y así las tomaron sin pelear.

También Juan Andrea, habiendo tomado á su cargo un baluarte y hecha maravillosa obra en él, pretendiendo ir con las galeras á Sicilia y dejarnos á todos allí, no paresciéndole al Consejo, sin faltar ninguno sino D. Alvaro, que no declaró su voto, sino dijo que lo que se había de hacer que fuese luego, con que D. Juan de Cardona se conformó, habiéndole contradicho siempre, alzó el dicho Juan Andrea la mano del bestión, en que se perdió más de diez días de tiempo.

No sé si D. Sancho se encargó de hinchir las cisternas, porque á Juan Andrea pedí que lo mandase á los de su cargo de la mar, y él lo mandó, creo, á D. Sancho y D. Berenguel; pero sé que, como cosa que tanto importaba, estuve muchas y diversas veces todas las horas del día á verlas hinchir, y que venían muchos barriles con la mitad del agua, que fué causa de dilatarse la estada allí, y la verdad es que se hincheron, aunque de espacio, y que la de fuera del castillo se vació dos palmos y cerca de tres, y con todo esto, si nuestra armada no se perdiera, que quedaba demasiada agua para la gente que dejaba, hasta las primeras del invierno, demás que no osara la armada desembarcar su gente, como dicho es, y si lo hiciera se perdiera, lo cual lo confiesan los mismos turcos.

11. _D. Álvaro de Sande._--Estaba en este tiempo muy malo Juan Andrea Doria, y envió algunas veces con Plinio de Bolonia á decir al Duque que mandase que se embarcase la gente y las otras cosas que habían de ir en cristiandad, y si también que el Duque mandó dar 200 escudos de su casa á Agustín Febo, alguacil real del armada, porque solicitase la embarcación de la manera que Juan Andrea pedía que le embarcasen y el Duque que lo embarcasen: las causas que hubo para lo que quería el uno y el otro no se hiciese, se pueden bien saber y á mí no toca decirlas.