Estudios históricos del reinado de Felipe II
Chapter 12
El dicho capitán D. Juan de Castilla dió por respuesta que, aunque D. Alvaro y todos los otros capitanes hobiesen faltado de cumplir con lo que eran obligados, que él era cristiano y buen caballero, y soldado como todos ellos, y que no haría falta de lo que cumplía al servicio de Dios y de Su Majestad y á su honor, y que se maravillaba mucho dellos que tuviesen dél tan mala opinión que le enviasen á decir semejante embajada, que hobiese de hacer cosa tan vil y vergonzosa como era rendir el fuerte; y así les envió á decir que, si ellos querían defenderse y morir por la fe de Nuestro Señor Jesucristo y por servicio de su Rey, y por la honra y reputación de cada nación de las que allí había, que él tomaría el gobierno dellos y del fuerte, y que lo ternía por gran favor y honra que le hacían, y que esperaba de Dios de tener tan buen orden, que se habría la victoria, porque tenía aviso por una carta que había tirado un renegado con una flecha, aquella propia mañana, que les había de dar el asalto, y que ninguno se parase á pensar en la falta que había de agua ni de ninguna otra cosa, sino que cada uno atendiese á pelear y defender el fuerte y á sí mismos; y con esta respuesta envió al dicho sargento mayor, y que no queriendo así que ni él ni aquellos otros dos capitanes italianos con el resto de los soldados y de otros amigos suyos no querían sino pelear y morir antes que hacer cosa que fuese menoscabo de su honra, y no tornando dicho sargento mayor, los dichos capitanes de ahí á poco querían hacer consejo entrellos, y enviaron á decir á D. Juan de Castilla con un caballero de la orden de San Juan, que se llama Garay, que viniese á hallarse en consejo, y él, viendo que los turcos se ponían en orden y se juntaban, envióles á decir cómo los turcos estaban juntos en gran número en las trincheras y que tenían las armas en las manos, y que ya no era tiempo de otro consejo ni acuerdo sino de estar cada uno en su lugar como él y otros lo hacían, que servían al Rey, y que lo tuvieran por excusado, y que les rogaba que hiciesen lo que debían; y esto les envió por respuesta con el dicho caballero, el cual se lo dijo así á los dichos capitanes, y con esta resolución ellos hicieron su consejo y eligieron por gobernador al capitán Rodrigo Zapata, y así, de allí á un poco, en el caballero de Su Excelencia se arboló una bandera blanca de paz, y viéndola los turcos saltaron fuera de las trincheras y comenzaron á venir hacia el fuerte á parlamento, y buena parte dellos, con muchos de pie y de caballo, se fueron la vuelta de las galeras, porque habían oído decir que D. Alvaro de Sande estaba dentro dellas, y los que había en su guardia, viendo el fuerte en aquel término y creyendo que fuese ya perdido, se rindieron sin pelear, y Don Alvaro de Sande fué tomado por Barmuzo, cómitre real del armada turquesca, y fué llevado con una fragata en tierra, en la tienda del Bajá, el cual y Dragut también estaban en sus trincheras esperando la respuesta de lo que los del fuerte querían hacer.
En esto los capitanes y soldados arriba nombrados, que se hallaban en el caballero de Gonzaga, pensando que los turcos querían dar el asalto, comenzaron á tocar arma y tiraron arcabuzazos y poner en orden las minas de fuego y otras cosas que tenían hechas para su defensa, y del caballero de la Cerda les dieron voces que no tirasen, porque estaba ya arbolada la bandera de paz. Y así, viniendo al caballero de Gonzaga el gobernador Rodrigo Zapata y el capitán Diego de Vera, como los vió el capitán D. Juan de Castilla, quiso reñir con ellos y díjoles bien alto, que lo oyeron todos, que á qué venían allí y qué querían, y yéndose ellos les envió el alférez del capitán Olivera, al cual encargó que dijese al dicho gobernador Rodrigo Zapata que D. Juan de Castilla se protestaba de parte de Su Majestad y de Su Excelencia que no hablase ni dejase hablar á ningún soldado con los turcos, ni hacer otro pacto ni concierto con ellos, porque no se lo cumplirían ni guardarían, sino que procuraran de defender el fuerte, que aún estaban á tiempo de poderlo hacer, y á esto no respondieron cosa ninguna; que á esta sazón el capitán de Funes y el capitán Juan de Montiel de Zayas y el capitán Juan del Aguila, habían salido á parlamento fuera del fuerte, con el Bajá y Dragut; y el capitán Juan de Funes, por orden del Bajá, después que hobieron hablado largamente, volvió dentro en el fuerte diciendo que serían salvos y libres todos los Oficiales y 25 soldados por cada compañía, y con este recaudo y resolución le enviaba el Bajá, y con él dos turcos para escrebir y tomar por letra los dineros, moniciones y vituallas, y el número de la gente que se hallaba dentro.
El capitán Juan de Gama se salió fuera y se fué de su propia autoridad y sin orden de ninguno á la tienda del Bajá y allí se rindió á buena guerra, por no faltar de su costumbre, y después con el tiempo y su poca vergüenza, le dieron libertad, y se fué con los otros capitanes que habían rendido el fuerte, en libertad, los cuales, ni más ni menos, habido la libertad por este insine servicio que hicieron al Bajá, sin ningún temor de Dios ni vergüenza de la cristiandad.
Los turcos decían que los dineros pasaban de 50.000 ducados, mas tiénese por cierto que no sea verdad y que no fuesen aun la mitad. Y viendo esto el capitán D. Juan de Castilla, y habiéndole avisado un paje de Su Excelencia, llamado Calveti, que los soldados hablaban con los turcos y que tomaban pan y agua y fruta que les daban, hizo retirar y puso de guardia en la dicha batería á su alférez D. Diego de Castilla, su hermano, y al sargento del capitán Olivera, que se llamaba Valdés, y éste quedó después captivo en Trípol, y entrambos á dos eran muy valientes soldados, y dióles orden que no dejasen llegar á nadie á la batería, ni menos que tomasen cosa alguna de los turcos, y él entre tanto entendía en repararse y apercibir y poner en orden á los soldados que allí tenía para defenderse, determinado de hacer todo lo posible hasta la muerte; y así mandó á su alférez que quemase la bandera, y á sus criados que rompiesen y echasen en el fuego unos reposteros suyos, porque tenían el escudo de sus armas, y esto hizo á fin que los turcos no podiesen hacer triunfo con su bandera como hicieron de las otras que ganaron de los nuestros, colgándolas de las entenas de sus galeras, y así dió á saco lo demás de su ropa y no quiso salvalla dentro del castillo, como lo hicieron otros Capitanes y gentiles-hombres; también quería que quedase allí su ropa y lo que tenía.
Y como los turcos hobieron asegurado un poco á los del fuerte, mostrándoles buen rostro y el semblante alegre, de allí á dos horas, al poner el sol, estando todos bien descuidados desto, arremetieron por todas partes y sin mucha resistencia entraron dentro y encomenzaron á matar á cuantos hallaron en aquella primera furia, y así murieron muchos, especialmente aquéllos que estaban enfermos y heridos, y la mayor parte de aquéllos se hallaron en el caballero del señor Andrea Gonzaga, porque no se querían rendir sino peleando, se defendían cuanto podían, y así los que escaparon con la vida, fueron tomados con sus armas defendiéndose, y éstos fueron los que estaban bien armados, y así acabaron todos muy honrosamente, como valientes y esforzados capitanes y soldados.
Luego los turcos se pusieron al derredor del castillo, y este día no lo tomaron, hasta otro que el Bajá y Dragut se hallaron á la puerta del castillo, como salían los capitanes que se habían encerrado y retirado dentro, por miedo que tuvieron de perder la vida, y asimismo otros capitanes y gentiles-hombres particulares que estaban heridos, que entre todos serían pocos menos de 1.000 hombres, y los escribían á cada uno por su nombre, y fueron consignados por captivos del gran Turco, y donde los pobres quedan con poca esperanza de haber libertad, y éstos creyendo salvarse en el castillo acertaron mal, porque fué peor para ellos, que los otros que fueron presos en el fuerte quedaron en poder de particulares, los cuales con el tiempo podrán haber la libertad, ó por rescate ó por otra manera, y algunos se rescataron muy presto y otros huyeron y se salvaron.
Así miserablemente se perdieron aquéllos que quedaron en el fuerte y en las galeras. Dios se lo perdone á quien fué causa de tan gran pérdida y destrozo y tan universal daño de la cristiandad, porque si al tiempo que la armada turquesca llegó estaban quedos y firmes así los de mar como los de tierra, no les podía faltar más seguro partido y mejor suerte, y no murieran tantos pobres hombres y desdichados heridos y dolientes, que era la mayor piedad y compasión del mundo vellos hacer pedazos sin poder tomar armas para defenderse, y con tanta crueldad ser muertos.
Dios dé gloria y reposo á sus ánimas, y concordia á los cristianos para que puedan vengarse deste daño que recibieron de los enemigos de Jesucristo, que ciertamente esta victoria ha ensoberbecido de tal manera á aquellos infieles, que no estiman más á los cristianos que si no estuviesen en el mundo, y si Dios no provee, se harán de contino más grandes y poderosos.
Todo esto que he dicho ví por mis propios ojos y aun podría contar otras particularidades; mas me remito al que quisiere tomar la mano que sea de mejor juicio, y por lo pasado y porvenir, sea loado el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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Hállase esta traducción, de letra del siglo XVI, en un códice en 4.º de _Misceláneas_ que se halla en la biblioteca alta del Escorial, _iij-23_, y tiene el original 17 hojas. Confrontóse allí mismo á 10 de noviembre de 1791.--Martín Fernández de Navarrete.
APÉNDICE II
CARTA
_de D. Juan de la Cerda, Duque de Medina Celi, fecha en Mesina á 7 de enero de 1564, remitiendo al Dr. Páez, Cronista de S. M., la relación que D. Alvaro de Sande había dado á S. M. acerca de la jornada de Berbería, con anotaciones suyas_[41].
[Nota 41: Original en la Academia de la Historia, Colección Velázquez, _T-36_, est. 22, gr. 4, núm. 75.]
Muy magnífico Señor: Los otros días me enviaron de la Corte la copia de una relación que dió D. Alvaro de Sande á su maj. del progreso de la jornada de Berbería, ó por mejor decir, de nuestra tragedia; sobre la cual me paresció apunctar algunas cosas de que tenía memoria pontual por hauerlas encomendado los mismos días que sucedían á la escritura; la qual solamente con lo que tenía vestido saqué del fuerte, y vna pequeña ymagen de plata de nra. Sra. en el gueco de la qual hauia ciertas Reliquias que mis padres tenían en mucho, por deuoción y compañía de los peligros del viaje de la fragata, y porque los papeles acabassen conmigo si assí nro. Sr. lo quería, los quales se están todavía en borrador assí porque juzgándose comunmente los hechos por los fines no merecían sacarse en limpio, como por las ocupaciones deste cargo, y también por no Renouar los dolores, y digo pues Sr. que lo que apuncto en la dicha Relación es la pura verdad, y que si quisiera escribir historia, ó en aquel lugar conviniera que en cada cosa me pudiera dilatar mucho, assí sobre lo que apuncto como sobre lo que queda omiso en algunos lugares, porque mi intención ha sido apunctar lo que á D. Alvaro no se acuerda y declarar algunos motivos y causas que me mouieron á las Resoluciones que tomé desde el comienço de la jornada hasta que dexé aquel castillo en su poder. Y porque no menos me tienen cansado los juicios que sin oir las partes he entendido que en diuersos cabos se han hecho del discurso de este viaje y del fin del que su adverso succeso no pensaua tratar más dél: sino satisfacerme con enterrallo yo de mi parte, aunque otros lo tengan al ayre. Todauía por lo que se deue á la subcessión, pues nro. Sr. ha sido seruido de dármela, pienso hurtar algún tiempo á las horas de Reposar de los trauajos ordinarios y sacar en limpio las notas que hize, y embiaroslas Sor. las quales sino fueren por el estilo ó orden que á buen orador conuiene, no será menester pedir que nos cause admiración, pues se sabe que no estudié, lo qual fuera bien apropósito haberlo hecho para esto, si tubiera tanto fin á que paresciera bien lo que se hizo, como de que sepáis la verdad, para lo qual hubiera menester buscar suficiente ayuda, lo qual no Requiere mi intento, porque es la Verdad vna coluna tan firme que no puede ser rota jamás, y tan clara y tersa que no puede durar mucho en ella la mancha y escuridad. Acceptarlo eys Sor. quando fuere y agora esta Relación para hazer della lo que os paresciere, que aunque sólo sirua de que la veays, es demasiada satisfacción para mí que vn tan mi amigo sepa en esto lo mismo que yo y que considere en todo el discurso que lo que la fortuna no quiso que se hiziesse lo pedí en la ocasión á cuyo cargo libremente estaua, que lo que se perdió no me hallé en ello en persona ny en consejo, y que no faltó cosa de lo que tocó á mi prouisión como los Retratadores del viaje proponían, y que perdí más hacienda, más amigos, más criados y mi propia sangre, y lo ganado y las esperanzas dello, lo cual no caresce de misterio, y todo para que conozca á Dios, el qual, quién sabe si me ha guardado para alguna cosa de mayor importancia de su seruicio y de my Rey, lo que me tiene con esperanza entre cíclopos en no pequeña penitencia, y tal que por lo que yo deuo holgar de escribiros Sor. siquiera por gustar de vuestras Respuestas y hazello tan raras vezes, la podeys muy bien juzgar, y si la ocupación es pequeña ó fastidiosa. Guarde nro. Sor. vra. muy magnífica persona como Sor. deseays, de Mecina á vij de enero 1564.
A lo que v. m. mandare.--D. Juan de la Cerda.
Sobrescrito.--Al muy magnífico Sr. el Sr. Doctor Paez, Coronista de su Majestad.
COPIA
_de la relación que D. Aluaro de Sande dió á su Maj. de la jornada de Berbería de los años 1559 y 60, con algunos apuntamientos en la margen de D. Juan de la Cerda, Duque de Medina Cely, sobre las cosas en que su persona se halló._
S. C. R. M.
1. D. Alvaro de Sande, digo, que yo vine á esta corte á besar las Reales manos de V. M., y por su ausencia he estado aguardando aquí algunos días, en los cuales he entendido que algunas personas, con particulares respectos é invidias, han querido informar á V. M. de cosas que en la jornada de Trípol y fuerte de los Gelves me quieren cargar injustamente y en contrario de la verdad, é aunque estoy cierto que V. M. no habrá dado crédito, ni dará á sus parlerías, todavía he querido dar á V. M. relación por escrito de todo lo que en la dicha jornada pasó, desde el principio hasta el fin, la cual es la siguiente, y suplico á V. M. sea servido verla.
2. Habiendo vuelto de Nápoles de Lombardía el año de 1559 por el mes de junio, de tomar la posesión de los cargos en que allí V. M. me mandó servir, y hallándome en Pauín [así] con mi mujer y casa, determinado en reposando algunos días venir en Spaña á besar á V. M. las manos y pedille merced por mis servicios, llegó á Milán el Comendador Guimarán con una su orden para el Duque de Sessa, para que de la infantería spañola que allí había diese mil y quinientos hombres para que fuesen á servir á la empresa de Trípol, que V. M. mandaba se hiciese, y á mí me mandó servir y ordenó que tomase la dicha gente y que con ella y con otros 2.000 españoles de los de Nápoles, del cargo de mi coronelía, que mandaba al Duque de Alcalá me diese, fuese á servir en la dicha empresa, y que en Génova, por su orden, se adrezarían naves en que pasase la gente de Lombardía.
3. Succedió en este tiempo la muerte del Rey Enrique de Francia, y aunque el Duque de Sessa estaba determinado dar los mil y quinientos hombres que V. M. le mandaba, y andaba procurando el pagamento della para expedirla, parescióle que de la muerte de Enrique podrían nascer algunas novedades, é que no era bien hasta tener otra orden de V. M. desguarnecer aquellas plazas y estado, y así el dicho Duque tomó esta resolución conmigo.
4. Paresciéndome que en el medio que llegaría la nueva orden de V. M. yo podría ir á Nápoles y Sicilia á entender de los Virreyes de aquellos reinos, del de Nápoles, si era su voluntad dar la gente, y del de Sicilia, para saber dél lo que mandaba, vista la dificultad que el Duque de Sessa ponía en dar la suya, y así lo puse por obra y fuí á Nápoles, adonde hallé á D. Sancho de Leyva y al Comendador Caldes, que había ido de parte del Duque de Medina á solicitar la ida de la infantería y á pedir cierta artillería, municiones é vituallas, y habiendo tratado algunas cosas en este particular, él me respondió que daría la gente, que no la diese el Duque de Sessa, y con una galera que me mandó de las del dicho D. Sancho, pasé luego en Sicilia, y hallé que el Duque de Medina Cely, Visorrey della, y á quien se había cometido la dicha empresa, tenía ya hechos muchos aparatos para ella, así de vituallas, artillerías y municiones, como fletado muchas naves para que sirviesen en ella, y me había despachado un correo para que con la infantería española que había de llevar de Lombardía llevase asimismo dos mil y quinientos italianos y procurase recoger dos mil alemanes de los que entonces se licenciaban y los llevase también, el cual despacho no me halló en Milán ni topó en el camino, por haberle hecho yo por mar. Hallé asimismo que el dicho Duque de Medina había mandado levantar gente en Sicilia y Calabria, y paresciéndome quél estaba ya determinado hacerla y que lo mucho que se había gastado y los preparamientos que estaban hechos forzaban á que se prosiguiese en ella, y que para aceptarla y que hubiese buen efecto convenía llevar más gente vieja y plática de la que entonces veía, que era sola la de Lombardía y tres ó cuatro compañías de la de Sicilia[42] y muy poca de la de Nápoles, aprobé la orden que el dicho Duque me había enviado de levantar y traer con la infantería española de Lombardía la alemana y italiana, y con esta determinación y orden volví á embarcarme y fuí á Nápoles y Génova, y de allí pasé á Milán, donde hallé que ya el Duque de Sessa le había llegado nueva orden de V. M. para que diese los dos mil é quinientos infantes, y en el medio que los pagaban, yo hice levantar tres mil italianos y setecientos alemanes en tres banderas, y con ella y la española fuí á Génova, donde, así porque no estaban adrezadas las naves en que habían de pasar los alemanes é italianos, como por contrarios tiempos, me detuve diez y ocho días.
[Nota 42: Al margen dice el Duque: «Las compañías del tercio de Sicilia eran doce, y los soldados más de dos mil.»]
5. Ordenó el Duque de Sessa que la paga de la infantería española se fuese á hacer en Génova, por evitar que no se quedasen algunos soldados después de la paga; y como en aquélla se quisieron reformar las ventajas y se trató de que hubiese algún perdón ó suelta de pagas, la gente se alteró y amotinó, y lo mejor que pude lo pacigué y aquieté, y después de haberla pagado la embarqué en las galeras de Sicilia, con las cuales estaba allí D. Berenguel de Requesens para aquel efecto[43].
[Nota 43: Al margen dice el Duque: «Este motín fué uno de los principales disturbios que hubo en esta jornada, porque se detuvieron estos soldados sin embarcarse quince ó diez y seis días, que cierto no era tiempo de hacer nuevos capítulos con ellos, pues al fin de la jornada bastara que se hicieran, y fuera más seguro y más á provecho de su Maj. por los muchos que suelen faltar en la guerra, de más que con la ganancia que se esperaba, ó con no habellos menester, se hiciera mejor lo que se pretendía dellos, así de las pagas ordinarias como de las ventajas.»]
É porque en este medio había hecho partir las naves con los alemanes é italianos, por no perder tiempo, por una borrasca é temporal que tuvieron, volvió al puerto una en que iba parte de la infantería italiana, algo mal tratada, é para repararla é hacerla partir con brevedad, hice que el dicho Don Berenguel se partiese con la infantería que tenía embarcada en sus galeras, dejándome á mí una de las suyas con otra que allí estaba del Príncipe Doria, con las cuales, dejando ya reparada la nave y á cargo del Príncipe Doria y el Embajador Figueroa que la mandase partir con el primer tiempo, me partí dos días después que el dicho D. Berenguel y llegué á Mecina algunos días antes quél, á primero de xbre., y después llegaron todas las dichas naves á salvamento sin haber disturbado á nada la dilación de su llegada.
6. Partió de Mecina el Duque con toda la armada á primero de noviembre, y no pudiendo pasar de Zaragoza por los contrarios tiempos, estuvo allí hasta primero de diciembre, que partió para Malta, donde llegaron todas las galeras, y las naves volvieron á Zaragoza; por la extremidad de los malos y contrarios vientos tardó muchos días en junctarse toda la armada y hubo grandes dificultades en ello, y en el medio que se junctaba, el gran Maestre y todos los pláticos de la costa de Berbería fueron de parescer que el armada, con el tiempo que partiese de allí, fuese al Seco del Palo, que es en la costa de África, en Trípol, y la isla de los Gelves, 85 ó 90 millas distancia de lo uno y de lo otro, y que los navíos que primero llegasen esperasen allí á los otros, y con esta resolución, con el primer tiempo, que fué á los 10 de hebrero, se hizo el armada á la vela y las naves siguieron su derrote al Seco, y las galeras fueron á los Gelves para hacer allí agua; donde allegaron fueron descubiertas dos naves turquescas surtas, la una adonde llaman la Cántara, y la otra junto á la Roqueta, y para tomarlas, algunas galeras se adelantaron, y entre ellas la Capitana de D. Sancho de Leyva, que llegó primero que nadie, y la una dellas la tomó sin haber hallado en ella persona ninguna, é aunque la nave se había entrado por una canal donde con mucha dificultad podía entrar galera ninguna, entró D. Sancho, porque llevaba consigo un Chuzamuza, cosario turco que él tenía preso, y era muy plático en aquella costa. Arrimándose la armada á ella, descubrimos dos bajeles de remos que estaban surtos en la Cántara, en parte donde les era imposible huir. Estaba Juan Andrea muy malo, y envióle el Duque á decir que ordenase á D. Sancho que fuese á tomar aquellos bajeles, que á lo que se podía juzgar parescían galeotas. No sé si le ordenó; pero sé que nadie fué á tomarlos, y que se supo que eran una galeota y una galera sotil, é que estos navíos fueron á Constantinopla, y en ellos Luchaly á pedir el socorro de Trípol y á dar la nueva de la allegada de nuestra armada; y si se tomaran, como se ordenó y fácilmente pudiera, no solamente el aviso le tuvieran tan brevemente en Constantinopla, de que tanto daño resultó, pero se supiera que estaba en la isla el Draguti y fuera posible, y aún no lo dudo que se tomara, y de su prisión nascía con muy poca dificultad la pérdida de Trípol y los Gelves, sin haber sucedido ninguno de los inconvenientes pasados.