Estudios históricos del reinado de Felipe II

Chapter 10

Chapter 104,002 wordsPublic domain

La armada tardó allí tres días: de aquí licenció el Bajá dos fragatas que había días que tenía. Eran venidas á rescatar cristianos. Tratóse si se engolfarían de allí para Levante; y por la falta que tenían de vituallas, Cara Mustafá fué de parescer que viniesen por la vía de Malta y Sicilia y costa de Calabria, por respeto del agua, por la mucha gente que llevaban. Poniéndose á atravesar un golfo de 700 millas y más, aventuraban perder mucha gente de sed, y así acordaron de venir á Malta y hicieron agua en el Gozo y todo el daño que pudieron en la campaña, matando todas las bestias que hallaron para comer y las de servicio, sin cuatro ó cinco hombres que prendieron.

Otro día echaron gente en Malta y volviéronse luego á embarcar con pérdida de gente, por estar los de la isla apercibidos y con caballería, ques lo que más temen los turcos. El Bajá tiró luego á recoger y se levó. Pasó junto al castillo, de donde tiraron muchas balas. Las galeras de Malta salieron á hacer lo mismo, pero no hicieron daño ninguno.

El Bajá porfió á engolfarse desde allí, y habiendo caminado un día y una noche se volvió un temporal contrario que les hizo volver á Sicilia. Amaneció á Cabo Páxaro y Zaragoza, y pasó tan junto á esta ciudad, que le tiraron mucha artillería, pero no que le hiciese daño. Metióse aquella noche en un puerto questaba entre Agusta y Zaragoza. Aquí echaron menos seis ó siete galeras que se habían apartado del armada.

Otro día salieron á hacer agua ocho millas de allí, y en tomándola se hicieron á la vela: se fueron su camino. Como fueron 20 millas en mar comenzaron á meterse unas burrascas con viento contrario, por lo que se tornó al mismo puerto. Esta vuelta fué por mal de Agusta, que fueron otro día de mañana á ella y saquearon lo que hallaron dentro y metiéronle fuego por muchas partes. La gente toda se había huído. Aquí y donde se hizo el agua se perdieron algunos turcos por haber entrado mucho en la isla.

Tornó una fragata, que había venido al pasar de Malta la armada, á tratar rescates de unos sobrinos del Maestre en cambio de otros turcos que la Religión tenía.

A los 21 de agosto partimos de Agusta, y diciendo que habían de ir á la Fosa de San Juan á rescatar, la armada pasó á vista de Catania y aquella noche llegó á Cabo de Espartivento. Se fué sin detenerse, costeando la Calabria, hasta Cabo Blanco, de donde se engolfó sin hacer agua, aunque había galeras que tenían necesidad dello.

A los 25 tomó tierra en la isla de Paesa, que está entre la Previsa y Corfú. Otro día por la mañana envió 22 galeras á Lepanto por bizcocho, y con las demás se fué el Bajá á la Previsa, donde entró con la solenidad que en Trípol. De aquí envió el escribano del atarazonal al gran Turco á darle aviso de su venida y de la vitoria. Aquí hallamos las galeras que se habían perdido del armada. Aquí despalmaron todas las galeras, y á los 2 de septiembre partieron. Otro día vinieron á la isla de Chefalonia y de allí al Zante, mostrando la vitoria que traían. De allí vinieron á Modón, donde estuvimos dos días esperando las galeras que habían ido por el bizcocho, y como tardaban, nos partimos sin aguardarlas. En el camino tuvo nueva el Bajá de las galeras de cristianos. Apartóse con hasta 30 galeras en busca dellas: las demás se fueron costa á costa sin perder camino. Juntáronse con ellas otro día las que venían con el bizcocho, y al Cabo de Santángel, dende á cuatro días, se tornó el Bajá á juntar con ellas sin haber visto galeras de cristianos.

De aquí vinieron á los castillos á los 13, donde se hizo muy gran fiesta ansí en los castillos como en las galeras. De aquí fuimos á Galipol, donde licenció el Bajá las galeras de Rodas y de Metelín. Envió á Alí Portu con 15 galeras por guardia del Archipiélago.

En viniéndole la orden, se partió para Constantinopla, donde entramos á los 27 de septiembre. Entró la Real delante, con todas las galeras de fanal en su hilera, con muchas banderas y estandartes arbolados, arrastrando los nuestros como solían. Tras éstas venían todas las galeras de la presa. Todo el resto de la armada venía de retaguardia.

Como llegaron al paraje de las casas del gran Turco, que nos vía venir de una ventana, dispararon todas mucha artillería, ansí las de la presa como las otras, dando los turcos muy gran grita y alarido. Dende á un rato tornaron á disparar toda la artillería. Otro día por la mañana vino el gran Turco en una fragata á ver las galeras y hiciéronle muy gran salva.

Martes 1.º de octubre llevaron á D. Alvaro y á D. Sancho de Leyva y á D. Berenguer de Requesens á caballo, con los más de los soldados que se habían perdido, á pie, tras ellos, y armados muchos con coseletes, poniéndolos por orden de tres en tres, asidos de las manos. Los llevaron á casa del gran Turco. El Quiaya del atarazonal y Sufaga iban delante de todos, á caballo. Llevaban los estandartes de galera los mismos esclavos, arrastrando por el suelo. Lo que más se sintió de aquel triunfo, y lo que más enterneció á todos los cristianos que allí íbamos, fué ver arrastrar un estandarte que llevaba la figura de Cristo.

Llevados á casa del gran Turco, los metieron en un patio grande donde había muchos jenízaros y espayes muy lucidos, puestos en su orden. Más adentro estaban muchos turcos de condición y bajaes. Llevaron á D. Alvaro á hablar á Rustán Bajá; después de haber detenídole un gran rato, salió.

Dice D. Alvaro que toda la plática fué persuadirle que se tornase turco, questuvo siempre de rodillas. Su capellán le ayuda por pagarle el mal que dijo dél cuando se fué á las galeras. Que le prometían el gobierno de la provincia de Ejito con 50.000 ducados de salario, porque se tornase turco, y que D. Alvaro le había respondido que aunque todos los Reyes cristianos de toda la cristiandad se tornasen turcos, él solo quedaría á morir por la fe de Cristo, y ansí lo tiene escrito de su mano en una historia que tienen hecha los dos del progreso desta jornada. Créaselo quien quisiere.

Dende poco metieron estos tres Generales y los pasaron delante del gran Turco, con algunos Capitanes, yendo el Bajá delante, á presentallos, con 70 piezas de brocados y rasos que dió con ellos. De allí los llevaron á las prisiones, donde están.

RELACIÓN

_breve y verdadera de la jornada de los Gelves, desde el día que arribó el armada turquesca hasta quel fuerte fué tomado por los turcos, sacada de italiano en español._[39]

[Nota 39: Biblioteca de Marina, Colección Navarrete, _T-4_, núm. 13.]

Estando la Excelencia del Duque de Medinaceli, Virrey de Sicilia y Capitán general de la empresa de Berbería, de día en día para embarcarse, habiendo ganado á los Gelves con grandísima reputación y en gran servicio de Dios y de Su Majestad Católica, y hechas todas las provisiones y expediciones necesarias para el fuerte y para la guardia dél, habiendo señalado 2.000 infantes escogidos entre italianos, franceses y españoles, y algunos alemanes, y por su Gobernador á Miguel de Barahona, el cual había sido Maestre de campo de un tercio de españoles, y queriendo Su Excelencia con el resto de los señores y capitanes y soldados irse á Sicilia para proveer las otras fuerzas más necesarias y de más importancia, y para tal efecto se había ya embarcado gran parte del ejército, y todavía se embarcaban, sino que, por desgracia y mala ventura, los soldados se revolvieron con los moros en el Zoco y hobieron una gran cuestión, la cual fué causa que la embarcación se suspendió por tres ó cuatro días, de lo cual Su Excelencia estaba con gran pesar; mas todo lo remedió con su prudencia é hizo que fuese adelante la dicha embarcación.

Á los 10 de mayo, á hora de Vísperas, llegó Fray Copones, inviado por el gran Maestre en una fragata con la nueva que la armada turquesca había estado en el Gozo, que pluguiera á Dios que tal nueva no llegara, que ciertamente fué causa de la perdición que sucedió al armada de los cristianos, que otramente, todos estaban seguros y firmes, y jamás acaeciera semejante desgracia; y según esta nueva, todos hacían cuenta que dentro de dos días á lo más largo la armada turquesca parecería, y así Su Excelencia hizo toda la diligencia posible para embarcarse aquella noche con todo el resto, y no fué posible hasta el día, porque los alemanes le daban gran pesadumbre y trabajo, que no estaban aún determinados de quedar en el fuerte, ni se habían podido acordar; y entendiendo ellos que Su Excelencia quería ir á hablar con el señor Juan Andrea Doria á las galeras, para dar la mejor expedición que acordasen, los sobredichos alemanes tomaron la palabra á Su Excelencia que sin ellos no se fuese, y fué fuerza que Su Excelencia se lo prometiese y la cumpliese después, cosa por cierto muy conviniente y de gran valor, que un Príncipe cumpla aquello que promete, mayormente no habiendo sospecha de contrario suceso; y así Su Excelencia se embarcó y fué á donde estaba el señor Joan Andrea Doria, dejando en tierra á Alvaro de Sande para que diese órdenes en las cosas que fuesen menester, el cual dicen que se echó en la cama á reposar.

Vuelto que fué Su Excelencia en tierra, poco antes del día, dió orden de aquello que se había de hacer, y entonces se tornó á embarcar en un esquife, él y D. Alvaro, para irse á la galera _Condesa_, del Príncipe, que para este efecto los esperaba, porque el señor Joan Andrea, Capitán general del armada imperial, se había hecho á lo largo para descubrir la mar, y había llevado consigo el resto de las galeras y enviado todos los esquifes á tierra para embarcar la infantería y otros señores del Consejo y Capitanes que habían quedado con Su Excelencia en la orilla.

Volviendo los dichos esquifes cargados de soldados y otras gentes, fué descubierta la armada turquesca, y como los mismos turcos dicen, con poca satisfacción y contentamiento de haber sido vista del armada de cristianos, y luego se pusieron á hacer consejo, con muestras de temor, para tomar mejor acuerdo, creyendo que la armada cristiana quisiese combatir, porque ellos no tenían orden del gran Turco de irla á buscar, sino de ir á darle socorro á Trípol, y dudando asimismo que las galeras de España estuviesen allí, de las cuales especialmente tenían gran miedo, y decían que, por estar en Micina las dichas galeras de España el año antes de la dicha impresa, las galeras turquescas no pasaron más adelante de la Belona, y así entonces estaban con esta sospecha, y en este medio no hacían otro que preguntar unos á otros si las dichas galeras estaban allí, y D. Juan de Mendoza, su General, con ellas. En este punto la armada de cristianos se levó con la mayor desorden que jamás se ha visto y se puso en huída, y se rompió ella misma de suyo.

Viendo el Bajá una cosa tan vergonzosa, hizo vela y comenzó á seguir la armada de cristianos, y toda la desbarató sin pelear, y Su Excelencia, que á esta sazón se hallaba en la mar con un esquife, con D. Alvaro de Sande, en que se iba á embarcar, viendo que la armada turquesca daba caza á la cristiana, con el mismo esquife se tornó en tierra, y así hicieron todos los otros señores capitanes y soldados que pudieron hacer lo semejante, cosa de gran compasión, de ver el señor Juan Andrea Doria embestido con su galera en tierra, la cual encalló, y todos fueron presos, y él se fué con su esquife al fuerte.

Parte de las otras galeras se perdieron por haber encallado; parte se retiraron cerca del fuerte, á un tiro de cañón. Estas fueron siete galeras y cuatro galeotas; del resto se perdieron de 28 hasta 30 galeras de cristianos, entre las cuales se perdió la Capitana de Sicilia, donde se halló D. Gastón de la Cerda, hijo segundo de Su Excelencia, y D. Berenguer de Requesens, Capitán general de las dichas galeras de Sicilia; D. Juan de Cardona, su yerno, y otros muchos gentiles-hombres de casa de Su Excelencia, y una señora dueña, la cual tenía cargo de tener cuenta del dicho D. Gastón, y por este efecto se hallaron en la dicha jornada sus personas y sus galeras y sus hijos.

Perdióse también la Capitana del Papa con su General, el señor Flaminio Ursino, el cual fué vendido por 150 cupros, que son tres escudos, estando herido. Murió de ahí á cuarenta días. Se perdieron asimismo la Capitana de Terranova y la Capitana de Monacho, todas, como Dios sabe, ruinmente, con gran número de Capitanes y de soldados y gentiles-hombres particulares.

La una parte de las galeras turquescas quedó cercana al fuerte, y las otras fueron siguiendo á las naos y galeras de cristianos que huían, y tomaron hasta ocho ó nueve naos. El galeón de Cigala peleó bien, y el Bajá con su galera y otras 17 le combatía, y á todas hizo tenerse á largo: lo semejante hicieron dos naos arragocesas que se defendieron valientemente. Las galeras de Malta, con las de Scipión de Oria y Cigala, se salvaron, y viendo los turcos que no las podían alcanzar, se tornaron á los Gelves á juntarse con su armada, y como arribaron, el Bajá hizo hacer grande alegría y salva, y tres días arreo hicieron lo mismo, dando gracias á Dios y á su Mahoma por haber alcanzado la victoria contra cristianos.

Después desta desgracia, habiendo estado Su Excelencia dos días en el fuerte y dado orden de lo que se había de hacer, fué muy apretado é importunado del Consejo, que continuamente le protestaba que se fuese á Sicilia á proveer lo que era necesario en tal coyuntura. Siendo Su Excelencia forzado hacer lo que era más conveniente al servicio de Su Majestad, se hubo de partir, hablando con los hombres de cargo muy amorosamente y esforzándoles con prometerles que procuraría con todas sus fuerzas de volver con socorro muy presto. Otro tanto hizo el señor Juan Andrea de Oria, y se embarcaron en 11 fragatas, con otros señores del Consejo y alguna otra gente particular, y se fueron de noche y pasaron junto al armada turquesca, con más peligro que aquéllos que quedaron en el fuerte. Llegaron á salvamento por la gracia de Dios.

Quedó en el fuerte por su Lugarteniente el señor D. Alvaro de Sande, Coronel de la infantería española, y así habiendo quedado con él todos los capitanes y soldados muy alegres y contentos por hallarse en semejante empresa contra los infieles enemigos de Jesucristo, y esperando la victoria con el ayuda de Dios, y de cobrar lo perdido.

Viendo D. Alvaro que había tanto número de gente, deseaba mucho poder enviar á Sicilia 2 ó 3.000 hombres en aquellas galeras que allí estaban metidas en aquel canal, y había crecido mucho el número de la gente entre mozos de soldados, marineros y otros soldados que escaparon á nado y estaban sin armas y desnudos; y no pudiéndose hallar otro remedio, se hizo lo mejor que se pudo, teniendo por entendido que tenellos allí era la destruición del mundo dellos y de sí mismos.

Como el Bajá con toda su armada se puso al derredor del fuerte esperando la venida de Dragut, el cual llegó con 16 galeras y galeotas de Trípol, y trajo 2.000 hombres, entre turcos y renegados y moros, y su artillería y municiones y vituallas, y en llegando se comenzaron á desembarcar, dos millas lejos del fuerte, hacia Poniente, con gran desorden, y así estuvieron dos días, hasta que se acabó de desembarcar todo lo que habían de sacar en tierra, en esto el Sr. D. Alvaro ha perdido gran ocasión, por no hacer lo que todos los capitanes y soldados deseaban, que eran de parecer de salir á pelear con ellos, porque ciertamente los rompían.

En este medio el fuerte se reparaba, porque aún no estaba acabado de fortificar, y los turcos comenzaron á marchar al frente; y viendo esto el Sr. D. Alvaro, hizo parlamento á todos los capitanes, esforzándolos y dando orden cómo se habían de hacer las guardias, y fué de esta manera.

De fuera, en la campaña, al pozo del agua, que estaba un tiro de cañón lejos del fuerte, hacia la parte del Zoco donde los moros hacían el mercado, pasó una compañía de arcabuceros para hacer la guardia hasta la marina, que ni más ni menos tenía su socorro cuando hobiese arma. A la banda de Poniente, hacia el campo de los turcos, estaba otra compañía; á ésta le tocaba la guardia por orden del Sargento mayor, con su socorro también, como los otros. Esta compañía se ponía cerca de una mezquita de moros, y poco lejos della se ponían las centinelas hasta la marina. En el foso del fuerte estaban de guardia de día y de noche 1.500 soldados de todas nasciones, y de aquellos viejos que habían venido de Piamonte. El resto todo estaba dentro del fuerte, cada uno en su guardia, y todos esperando á los enemigos con gran regocijo.

El segundo alojamiento que los turcos hicieron fué por derecho de la dicha mezquita, de la parte de Poniente hacia el palmar, donde los turcos se reparaban por miedo de la artillería del fuerte, que les hacía gran daño, y desde allí iban el Bajá y Dragut con gente de pie y de caballo á reconocer el fuerte y el alojamiento que tenían los nuestros, y continuamente se hacían buenas escaramuzas con gran daño de los turcos.

Al último de mayo, estando al pozo del agua el capitán Juan Osorio con su compañía de arcabuceros, que tenía 120 soldados con que hacía la guardia allí, y á la parte de Levante cerca de la casa de Dragut hasta la marina, estaba el capitán Galarza con su compañía de 150 arcabuceros. A la vuelta de Poniente, á la parte del campo de los turcos, acerca de la mezquita que se ha dicho, estaba el capitán D. Juan de Castilla con su compañía de coseletes, que tenía hasta 70 ú 80 soldados, y recelándose el dicho capitán D. Juan que podía ser roto de la parte de la marina, de los caballos, envió 12 soldados del cuerpo de guardia, con su cabo de escuadra, que estuviesen en la dicha mezquita, porque allí descubrían á todas partes, y dióles orden que avisasen siempre de lo que viesen hacer á los turcos; y si los apretasen mucho, que escaramuzando se retirasen con buena orden hacia donde él quedaba, que con el resto de su compañía saldrían á dalles socorro.

Los turcos aquel día estaban determinados de hacer algún efecto, por el trato y concierto que tuvieron dentro del fuerte, y esperaban la señal que les habían prometido de quemar la pólvora del castillo; y no saliendo esto en efecto, determinaron de ir á ganar el agua y acometer de todas partes á los nuestros, porque estaban puestos á punto para hacello, y así, por estar más cercana aquella guardia de Poniente que las otras, enviaron hasta 300 ó 400 turcos á la vuelta de la dicha mezquita, los cuales rompieron el cuerpo de la guardia que allí estaba de los 12 soldados, y ellos escaramuzando se retiraron á la vuelta del fuerte, no aguardando la orden de su Capitán porque la carga fué muy grande y no pudieron volver como los habían mandado. Viendo el dicho D. Joan de Castilla que éstos sus soldados volvían las espaldas, salió fuera con el resto de su compañía é hizo rostro á los turcos y trabó la escaramuza con ellos y mataron algunos de los turcos, y de sus soldados pocos fueron heridos; y viendo los turcos el daño que rescebían, se retiraron á la vuelta de su campo, y ansí el dicho Capitán recogió á los dichos sus soldados sin perder ninguno. Allegándole en esto socorro del fuerte, dieron carga sobre los enemigos; y viendo esto los turcos, salió todo el campo fuera, á pie y á caballo, por todas partes, con determinación de romper todas las tres guardias que estaban fuera en campaña, y así ganaron este día el pozo del agua.

El dicho capitán D. Joan de Castilla, con los otros que le vinieron á socorrer, recibieron la carga de los enemigos, y escaramuzando valientemente, como se hacía por todos cabos alrededor del fuerte, se retiraron más debajo del artillería, y allí se entretuvieron hasta la noche, matando muchos turcos, y vinieron á las manos á pica y espada con ellos. Los turcos eran tantos de número, que ganaron el sitio donde estaba el capitán Juan Osorio, el cual se retiraba escaramuzando la vuelta del fuerte, y llegó á socorrelle el capitán D. Jerónimo de Sande con su compañía de arcabuceros; mas tornando á cargar los turcos, ganaron por fuerza el primer sitio del pozo, y viendo D. Alvaro de Sande trabada la escaramuza tan bravamente, que siempre crecían los turcos con algunos moros que venían con ellos, dió orden á los dos Capitanes que se retirasen á la vuelta del fuerte, y lo mismo puso el capitán Galarza, el cual escaramuzaba en la posta de su guardia sin haberse retirado, porque allende del socorro que le había llegado, el sitio era aparejado para poderse defender. Entonces se retiraron escaramuzando hacia el fuerte, y así los turcos pusieron su campo desde aquella guardia hasta la otra de Poniente y ganaron el pozo de Su Excelencia; y luego los turcos arbolaron más de 480 banderetas y gallardetes, y comenzaron á hacer las trincheras, aunque la mayor parte hallaron hechas, porque los cristianos las hicieron como llegaron en aquel lugar donde se hizo el fuerte para su defensa y repararse de los moros de la isla, y así las habían desamparado de la parte que el gran comendador Tigeres, General de las galeras de la Religión, con todos sus Caballeros de San Juan, que eran bien 300 ó 400 y más de 1.000 napolitanos de los bravos, todos arcabuceros, con sus morriones y plumas, y el resto del campo de los cristianos, parte se había embarcado y parte se retiraron en el fuerte, de modo que no tuvieron tiempo de deshacer sus trincheras viejas, y por eso los turcos hallaron esta comodidad y aparejo; y como las rehicieron, luego á la hora plantaron ocho piezas de artillería gruesas á la parte de la casa de Dragut, y comenzaron á batir el castillo, creyendo que echarían á perder toda la munición y vituallas, y la cisterna del agua que eran dentro del castillo; mas el coronel D. Alvaro de Sande hizo cortar las murallas del castillo y terraplenarlo y puso encima artillería, con la cual hacían gran daño; mas por aquélla de fuera les fué quitada, porque tiraron más de 3.000 pelotas de cañón; pero las municiones y vituallas estaban bien guardadas y reparadas y debajo de tierra, tanto que en esto los turcos no hobieron el intento de su desiño ni de la traición que tenían concertada dentro el fuerte de quemar la pólvora y atosigar el agua de la cisterna y otros tratos, hasta enclavar la artillería, como se hizo, aunque había buena guardia del resto. Todo se descubrió y ahorcaron de los pies más de 50 hombres.

Viendo los turcos que todos sus desiños les salían en vano, comenzaron á desmayar y á perder la esperanza que tenían de ganar el fuerte, y el Bajá se quiso levantar de sobre él é irse con Dios, y estaba descontento de Dragut porque le había hecho desembarcar la gente, y los jenízaros estaban medio amotinados contra él porque mataban dellos cada día; y viendo Dragut tan enojado el Bajá y á los jenízaros y soldados que estaban mal contentos y se quejaban dél, les dijo que tuviesen buen ánimo y se sufriesen porque él había hecho las cisternas que estaban en el castillo y sabía bien cuánta agua podía caber dentro dellas y cuánto tiempo podía durar, y que sin pelear ni dar el asalto ni perder un hombre más, quería tomar el fuerte y prender á los cristianos en menos de quince días, y cuando no, que el gran Turco le hiciese cortar la cabeza.