Estudios históricos del reinado de Felipe II

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ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL REINADO DE FELIPE II

EL DESASTRE DE LOS GELVES (1560-1561)

ANTONIO PÉREZ EN INGLATERRA Y FRANCIA (1591-1612)

POR D. CESÁREO FERNÁNDEZ DURO De la R. Academia de la Historia

MADRID IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE M. TELLO _Impresor de Cámara de S. M._ Don Evaristo, 8 1890

[Nota del transcriptor:

En esta edición se han mantenido las convenciones ortográficas del original, incluyendo las variadas normas de acentuación presentes en el texto. El Índice se ha colocado al principio del texto en vez de al final, como era el caso de la obra impresa, para facilitar su consulta.

Las abreviaturas, a excepción de aquellas que indican ordinales, se han representado con el símbolo ^ precediendo la letra o letras finales voladas, o bien añadiendo {} si dichas letras preceden una parte no volada de la abreviatura.]

ÍNDICE.

Páginas.

El desastre de los Gelves 1

APÉNDICE I--Relación de la jornada que hicieron a Trípol de Berbería las armadas católicas, años 1560 y 61 67

Relación breve y verdadera de la jornada de los Gelves, desde el día que arribó el armada turquesca hasta quel fuerte fué tomado por los turcos, sacada de italiano en español 163

APÉNDICE II--Carta de D. Juan de la Cerda, Duque de Medina Celi, fecha en Mesina á 7 de enero de 1564, remitiendo al Dr. Páez, Cronista de S. M., la relación que D. Álvaro de Sande había dado á S. M. acerca de la jornada de Berbería, con anotaciones suyas 199

Epigrama dedicado á Juan Andrea Doria 245

Antonio Pérez en Inglaterra y Francia 249

Documentos 381

Los papeles y cartas que truxo Miguel Igun sobre cosas de Francia 383

Cartas de Antonio Pérez 387

DESASTRE DE LOS GELVES (1560)

La isla de los Gelves ó Gerves de nuestras crónicas, designada por los naturales con el nombre de Jerbah y por los italianos con el de Gerbí y Zerví, se halla al SO. de la de Malta, en el golfo de Caps ó Khabes por latitud media de 33° 45' Norte, tan próxima á la costa de Trípoli y boca del río Tritón, antiguo Lotofagite, que se comunicaba con la tierra firme por un puente de madera, y aun á marea baja podía vadearse el canalizo de separación.

En extensión superficial mide la isla unos 40 kilómetros de largo por 26 de anchura; abunda en olivos y palmares, cuyos frutos mantenían á la población, repartida en aldehuelas y alquerías, supliendo con pozos la carencia de ríos y fuentes de agua potable.

Rodean á los Gelves por todos lados bajos y canalizos de difícil acceso, que obligan á las embarcaciones de algún calado á fondear á tres ó más millas de distancia.

Siempre fué este rincón nido de piratas y peligroso padrastro de Malta, Sicilia y Cerdeña. El Almirante de Aragón Roger de Lauria castigó los latrocinios de aquellos naturales desembarcando en 1284. Pensó el Rey Don Fernando el Católico reprimirlos de nuevo, y lo hiciera de su orden en 1501 el Gran Capitán, á no estorbárselo las complicaciones de la guerra de Italia. En fin, se organizó al efecto la expedición del Conde Pedro Navarro en 1510: quedó en breve sometido Trípoli, saliendo de Málaga segunda armada á las órdenes de Don García de Toledo, sobrino del Rey Católico, padre del gran Duque de Alba, para dar fin á la jornada, ocupando la isla de los Gerbes, yendo no menos de 16.000 infantes, sin contar la gente marinera de las naves; dato que sirve á la medida de la importancia de la empresa.

Verificado sin oposición el desembarco el 30 de agosto del mismo 1510, emprendieron los escuadrones la marcha hacia el interior, llevando D. García la vanguardia. El ardor del sol, el peso de las armas, la falta de agua sobre todo, fatigaron tanto á los soldados, que al llegar á la arboleda y sitio de los pozos no hubo razón ni palabra que los contuviera, precipitándose en el mayor desorden á satisfacer la exigencia de la sed con porfía y aun lucha de unos con otros.

Unos cuantos moros á caballo que salieron en la oportunidad, de la emboscada en que estaban tras las palmeras, sembraron el pánico cargando al tropel desmoralizado. En vano quiso alentarlos con la palabra D. García de Toledo, y con el ejemplo los estimuló echando pie á tierra y tomando una pica, con la que avanzó y contuvo al enemigo por de pronto, seguido de muy pocos; su heróica muerte sirvió tan sólo para poner alas al miedo y para que los fugitivos desordenaran á los escuadrones de atrás[1]. Aquellos soldados mismos de Bugía y de Trípoli, asombro de Europa pocos días antes, tirando las armas se arrojaban al mar ó se dejaban degollar como carneros[2], sin que la autoridad y locución del Conde Navarro fueran atendidas. Hubo, por otra parte, cristiano que por entre las lanzas de los moros asía una vasija de agua y bebía traspasado[3].

[Nota 1: Fernando de Herrera, _Anotaciones á las obras de Garcilaso_.]

[Nota 2: Pedro Mártir de Anglería, _Opus epistolarum_.]

[Nota 3: Herrera, _loc. cit._]

La rota fué espantosa: con D. García de Toledo sucumbieron 60 capitanes ó caballeros principales[4], calculándose, con más ó menos, en 4.000 hombres los muertos y cautivos; y como de ordinario la desmoralización tenga consecuencias, perdiéronse luego cuatro naos con toda la gente embarcada, y otra vez en la isla inmediata de los Querquenes, la gente, sorprendida y acobardada, se dejó acuchillar por número muy inferior de moros mal prevenidos.

[Nota 4: Garcilaso, _Egloga segunda_.]

Diez años después llevó á los Gelves Don Hugo de Moncada, Virrey de Sicilia, otra armada de cien velas conductora de 13.500 infantes y 1.000 caballos; los puso en tierra por el mes de abril (1520), y no llanamente se abrió paso; que si el escuadrón que personalmente guiaba arrolló á los moros, otro de los suyos cejó viéndose en aprieto. Con todo, pidió paz el jeque de la isla, reconociéndose sometido y librando al Virrey de ansiedades[5].

[Nota 5: Gaspar de Baeza, _Vida de D. Hugo de Moncada: Colección de documentos inéditos para la Historia de España_, tomo XXIV.]

Díjose entonces en España por proverbio «Los Gelves, madre, malos son de ganar[6],» aunque no pudiera presentirse que habían de ser teatro de desastre harto más serio, por uno de los mayores de la historia militar española, así en pérdidas de personal y material, como en la más sensible de la reputación y de la confianza ganada con tantas victorias anteriores.

[Nota 6: Fr. Prudencio de Sandoval, _Vida de Carlos V_. Para el conocimiento de la desgraciada empresa de los Gelves en 1510, son de consultar, á más de los autores citados en las notas anteriores, Luis del Mármol, _Descripción del África. Reino de Túnez_.--Bernáldez, _Crónica de los Reyes Católicos_.--Zurita, _Anales de Aragón_ y _Vida de D. Fernando_.--Álvaro Gómez, _De rebus gestis_.--Oviedo, _Quincuagenas_, Q. I, Est. XXX.--D. Martín de los Heros, _Historia del Conde Pedro Navarro_.--_Colección de documentos inéditos para la Historia de España_, tomo XXV.]

Del suceso quedan relaciones suficientemente circunstanciadas para juzgarlo con apartamiento de la pasión de los contemporáneos. Antón Francesco Cirni Corso escribió una muy de atender, por la circunstancia de hallarse en contacto con el Capitán general y conocer las providencias del Consejo de guerra[7]. Más concisa, pero mereciendo también la fe de testimonio presencial, es de citar la de M. T. de Carrelières, Capitán de una compañía de franceses, relacionado con el gran Maestre de San Juan[8]; de las varias que circulaban formó la suya Alonso de Ulloa[9], trasladándola después al italiano con agregación de otras campañas[10], y acaso también sirvieran al genovés Foglietta[11], teniéndose en cuenta al redactar historias generales del reinado, tales como las de Antonio de Herrera[12] y Luis Cabrera de Córdova[13], pues que lo esencial de la jornada se encuentra en ellas.

[Nota 7: _Successi dell' Armata della Maesta Catholica destinata all' impresa di Tripoli di Barbaria, della presa de le Gerve, etc., progressi dell' Armata Turchesca, scritti per Anton Francesco Cirni Corso. In Venetia, appresso Francesco Lorencini da Turino_, M.DLX. 8.º]

[Nota 8: _Histoire de l'entrepise de Tripoli et prinse des Gerves: Faite par les Chrestiens en l'an 1559. Et l'issue de l'armée Chrestienne. Par M. T. de Carrelières, Capitain François estant en la diste armée, dedié a l'illustrissime Grand maistre de Malthe. A Lyon, Par Gabriel Cotier_, 1561. 16.º, 72 páginas.]

[Nota 9: _Sucesso de la iornada que se començó para Trípol, año de 1559, y se acabó en los Gelues el de 1560. Al Ilmo. y Excmo. Príncipe Don Gonzalo Hernandez de Córdova, Duque de Sessa. Nuevamente publicado por Alonso de Ulloa. Impreso en Venetia en casa de Juan Grisso. Año MDLXII._ 8.º--En el prólogo dice fué á sus manos el presente tratado que S. M. mandó hacer, y lo hizo imprimir, pareciéndole digno de ser leído.]

[Nota 10: _La Historia dell' impresa di Tripoli di Barbaria, della presa del pegnon di Velez della Gomera in Africa, et del suceso della potentissima armata Turchesca Venuta sopra l' isola di Malta l' anno 1565. La descritione dell' Isola di Malta. Il disegno dell' Isola delle Zerbe et del forte fattovi da christiani, et la sua descrittione._ Sin año ni lugar. 4.º

_La Historia dell' impresa di Tripoli di Barbaria fatta per ordine del sereniss. re catolico l' anno MDLX, con le cose avenute a Christianni nell' Isole delle Zerbe. Nuovamente mandata in luce. In Venezia, appresso Francesco Rampacetto, MDLXVI._ 4.º]

[Nota 11: _Istoria di Mons. Vberto Foglietta, nobile Genovese della Sacra Lega contra Selim, e d' alcune altre imprese di suoi tempi, cioé dell' impresa del Gerbi, soccorso d' Oran, impresa del Pignon, di Tunigi, et assedio di Malta_, fatta volgare Givlio Gvastavini. Génova, 1598. 4.º, 671-6 páginas.]

[Nota 12: Antonio de Herrera, _Historia general del mundo_. Primera parte: Madrid, 1601. En folio.]

[Nota 13: Cabrera de Córdova, _Felipe II_: Madrid, 1876, tomo I.]

Pero aún quedaron manuscritas, circulando privadamente, algunas que en más ó en menos se apartaban de las que alcanzaron sanción oficial. Al cabo de los años transcurridos han venido á dar á luz los Sres. Marqués de la Fuensanta del Valle y Sancho Rayón, en su _Colección de libros raros ó curiosos_, una desconocida, escrita por Diego del Castillo, en defensa de D. Álvaro de Sande[14], y no sola, toda vez que Nicolás Antonio vió y cita en la _Bibliotheca hispana nova_, tomo I, pág. 273, del mismo autor, otra cuyo paradero se ignora, intitulada _Historia de la liberación de D. Álvaro de Sande y de la toma del Peñón de Vélez de la Gomera y el suceso de la armada enviada por el gran Turco sobre la isla de Malta_.

[Nota 14: _Historia de la presa de los Gelves en África, y valerosísima defensa que hizo de la fortaleza D. Álvaro de Sande hasta su pérdida, dedicada al Sermo. Sr. Emmanuel Filiberto, Duque de Saboya, por Diego del Castillo._--_Colección de libros españoles raros ó curiosos._ Tomo IX, rotulado _Tres relaciones históricas: Gibraltar, Los Xerves, Alcazarquivir_: Madrid, imprenta de M. Ginesta, 1889. 8.º]

Diego del Castillo no asistió á la jornada de los Gelves que relata: habla por referencia, pero con buenos informes, que no es aventurado presumir procedieran del mismo D. Álvaro de Sande, á quien ampara contra opiniones contrarias, pues refiere dichos y hechos que no constan en las otras relaciones ni era fácil supiera de otra lengua; y la oportunidad de sus escritos se acredita por los que van apareciendo, en prueba del gran número de los que sin duda produjo el desastre que á tantas familias dejaba lastimadas.

Uno se halla inédito en la Biblioteca del Escorial, por traducción del italiano[15]; otro, que aquí aparecerá por vez primera, se guarda en la Academia de la Historia[16], mereciendo principal consideración, así por obra de quien presenció cuanto refiere, como por la apreciación distinta con que juzga los sucesos: con harta severidad, tal vez; con competencia, seguramente. D. Álvaro de Sande no sale tan bien librado como en las relaciones impresas, en ésta, que deja suspenso y conmovido el ánimo del lector.

[Nota 15: Titúlase _Relación breve y verdadera de la jornada de los Gelves, desde el día que arribó el armada turquesca, hasta que el fuerte fué tomado por los turcos. Sacada del italiano en español._ Copia en la Biblioteca de Marina, Colección MS. de Navarrete, _T-4_, documento núm. 13.]

[Nota 16: Colección Salazar, _G-64_.]

Forma un códice en 4.º de 61 fojas, escritas por tres manos distintas, por cuadernillos, por la urgencia con que se tendría que sacar la copia. La hoja primera de guarda dice:

_La jornada de Berbería de 1560 y 1561. Escrita en la Torre del gran Turco sigun diré por... Corrales, natural de Ocaña. Dióseme en Micyna á 31 de mayo de 1561._

Por bajo, de letra diferente, se lee:

«Está llena de mentiras.»

Corrales se nombra en dos pasajes de la relación, y, aunque no lo diga, parece ser autor de una carta anónima que inserta, como dirigida á D. Álvaro de Sande, y no tiene mayor categoría que la de soldado particular.

Si no fué su escrito, otro parecido movió á D. Álvaro á dirigirse al Rey en memorial de agravio, narrando por sí los sucesos y suplicando se abriera información de ellos. El Duque de Medinaceli tampoco estaba satisfecho de las versiones que corrían, ni ésta de D. Álvaro acababa de llenar los deseos de poner á cubierto su honra, en que mordían no pocos: se propuso, por tanto, hacer por sí también narración de los hechos; y mientras con calma ordenaba los apuntes y disponía otros materiales, comentó por de pronto el mencionado memorial de D. Álvaro de Sande, remitiéndolo en tal forma al Dr. Páez, cronista del Rey D. Felipe, á fin de que en sus oficios, donde se guardó original[17], surtiera efectos más fáciles de lograr que con réplicas y discusiones.

[Nota 17: Y se conserva en la Academia de la Historia, Colección Velázquez, _T-36_, est. 22, gr. 4, núm. 75.]

Por dicha se ha conservado este importante documento, que también ahora se estampa, ofreciendo, con el sello personal del estilo de los dos jefes principales del ejército en la jornada, datos con que mejor conocerlos y juzgarlos.

Antes de hacerlo, conviene, sin embargo, recordar que, hallándose los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén dispersos y sin domicilio propio después de la toma de la isla de Rodas por Solimán, como el gran Maestre y principales dignatarios se acogieran á la ciudad de Zaragoza de Sicilia, dióles el Emperador Carlos V para habitación y defensa la isla de Malta y la ciudad de Trípoli, con las conquistas del Conde Pedro Navarro y D. Hugo de Moncada.

El año de 1558, por alianza del gran Turco con el Rey de Francia é instancias de éste, entró en el Mediterráneo armada de cien galeras al mando de Piali-Bajá, con propósito de ganar el Condado de Niza. Las costas de Calabria y Nápoles sufrieron mucho de esta escuadra, que se llegó también á las islas Baleares, expugnando á Ciudadela en Menorca. Iba allí el tristemente célebre Dragut, atenido á su antigua ocupación de corsario desde que la conquista de la ciudad de África que gobernaba, por el Virrey de Sicilia, Juan de Vega, le enajenó la gracia del gran Señor, y no poco fueron debidos á su pericia marinera y práctica de las costas los resultados de la expedición de Piali. Influyendo por lo mismo su consejo, antes de la retirada al Bósforo, se dirigió la armada turca á Trípoli, poniendo sitio á la ciudad por mar y tierra con asistencia de los secuaces conservados por Dragut entre los berberiscos[18].

[Nota 18: De estas empresas ha tratado el almirante Jurien de la Gravière en su libro titulado _Les Corsaires barbaresques et la marine de Soliman le Grand_: París, 1887. 8.º]

Mal prevenido el gran Maestre de San Juan, Gaspar de Valette, no pudo resistir el furioso embate y repetidos asaltos de los genízaros; faltáronle municiones, vituallas y gente, obligándole la necesidad á capitular con seguro de las vidas. Dragut se hizo recompensar el servicio encareciendo á Solimán la importancia de la conquista como base de las sucesivas de Malta, Sicilia, Cerdeña y Córcega y aun de Italia, que brindaba al Sultán por empresas dignas de su pujanza y á las que contribuiría de buen grado. Octuvo el gobierno de Trípoli, que volvió en sus manos á ser depósito del botín, nido de piratas, origen de expediciones y recelo perpetuo de los habitantes de las costas de Italia. Independientemente se entró Dragut por las tierras del Rey de Caraván, en el interior, despojándole de una buena parte; y como la isla de los Gelves conviniera grandemente á sus empresas, so capa amistosa mató al jeque, ganó á los principales y se hizo señor y tirano.

Al Maestre de San Juan, Valette, antes nombrado, había sucedido F. Parisiote, residiendo en Malta con la idea fija de recuperar á Trípoli. La coyuntura de la paz entre España y Francia, acordada en abril de 1559, le pareció excelente, pues que consentiría utilizar las grandes fuerzas de mar y tierra de que disponía el Rey Católico antes de deshacerlas. Pidió, pues, con instancia á D. Felipe la asistencia contra los infieles, enviando por embajador á la corte al Comendador Guimarán.

Aseguraban al Monarca que era la empresa cierta ejecutándola con celeridad y secreto, porque entretenido Dragut en cabalgadas y presas hacia el interior de Berbería, no contando Trípoli con más de 500 turcos de guarnición, sin repuesto de mantenimientos; asegurado el concurso del Rey de Caraván y el de la mayoría de los berberiscos, vejados y oprimidos de los turcos, por naturaleza soberbios, injustos y avaros; y siendo difícil que á tiempo tuviera socorro Solimán de tan larga distancia, concurrirían las circunstancias contra el astuto corsario y debían de aprovecharse antes que su creciente poderío llegara á amagar otros puntos.

Gobernaba por entonces en Sicilia por Virrey D. Juan de la Cerda, Duque de Medinaceli, gran Señor en España, que secundó en la corte los propósitos del gran Maestre con sus informes favorables, deseando ocasión de honra personal en la jornada, como su antecesor en el virreinato lo alcanzó con la conquista de la ciudad de África.

El Rey acogió con favor el pensamiento, ordenando sin dilaciones así al Príncipe Andrea Doria, general de la mar, como á los Virreyes y Gobernadores de Italia, facilitaran al Duque de Medinaceli, nombrado Capitán general de la empresa, los elementos que reclamara, sin esperar otro mandato. Sin embargo, como la armada turca se dejara ver en el Adriático amenazando con ataques como los pasados, ninguna de las autoridades principales quiso desprenderse de fuerzas de que podía haber necesidad; lo que hicieron por de pronto fué cuidar la reunión en Mesina de las escuadras de galeras, formando armada respetable á que concurrió D. Juan de Mendoza, general de las galeras de España, y fué bastante la prevención para que Piali regresara á Constantinopla sin intentar nada.

Pasó con las demoras la oportunidad de la jornada, que, según el consejo del Príncipe Doria, era en los meses de septiembre y octubre, por haber de ir la armada á costa peligrosa tan escasa de puertos como abundante en bajíos. El Duque de Medinaceli activaba ciertamente los alistamientos de gente, junta de navíos, acopio de municiones y raciones, haciendo asientos ó contratas á la vez en Sicilia, Nápoles, Génova, Cerdeña; encontraba, sin embargo, dificultades tan insuperables en las distancias y en las comunicaciones, como en las voluntades, que no se aunan llanamente.

En Milan, por ejemplo, estaba encargado D. Álvaro de Sande de alistar 2.000 alemanes y 2.000 italianos de los que iba á despedir el Duque de Sessa y de conducirlos á Mesina juntamente con los 2.000 españoles que por orden del Rey facilitaba aquel estado. Por interrupción en los despachos se fueron los más de los alemanes á su tierra, sin que se pudieran juntar más de tres compañías. Á esta sazón llegó nueva de la muerte del Rey de Francia, y el Duque de Sessa retuvo los españoles, receloso de trastornos.

Caminaron al fin los soldados á Génova; mas al llegar se encontraron con que el embajador Figueroa había despedido las naves que estaban fletadas y proveídas, en la creencia de no ser ya necesarias. Encontrar otras costó quince días y alojar á los soldados en tierra. Al embarcar pasando muestra, no recibiendo todas las pagas debidas, se amotinaron los españoles, hiriendo al capitán Antonio de Mercado que procuraba acordarlos, y tomaron el camino para volverse á Lombardía. D. Álvaro de Sande y el embajador los alcanzaron á diez millas de distancia, que sólo desandaron con promesa de recibir cuatro pagas. Una de las naves en que habían embarcado 1.500 italianos dió al través antes de salir del puerto, ahogándose algunos, perdiendo otros armas y ropas. Hubo que desembarcar la gente y aderezar la nao, causa de nueva dilación.

En Nápoles surgieron entorpecimientos parecidos, mientras el Virrey Duque de Alcalá no estuvo seguro de que podían salir del reino sin inconveniente los soldados.

No dejaron de presentarse algunos en la armada, en razón á no ir en la Real el Príncipe Andrea Doria, general de la mar, agobiado de los años. De orden suya había arbolado el estandarte real su sobrino y lugarteniente Juan Andrea Doria, «mozo brioso y mañoso, inclinado á las cosas de mar, en cuyo manejo se había criado[19],» pero muy distante en autoridad de la del Príncipe. D. Juan de Mendoza, general de las galeras de España, alegó orden de S. M. para regresar á sus costas, por no estar subordinado á Juan Andrea; otros generales lo estuvieron á más no poder.

[Nota 19: Cabrera de Córdova, tomo I, pág. 282.]

Á principios de octubre se pasó muestra en Mesina á 12.000 hombres bien armados, puestos bajo el guión del Duque de Medinaceli. Por lugarteniente iba D. Álvaro de Sande; maestre de campo general D. Luis Osorio; general de la artillería Bernardo de Aldana; administrador del hospital el obispo de Mallorca. Embarcábanse sin cesar artillería, municiones, vituallas y máquinas, pero iban muy retrasados los aprestos.

Se había desatendido por una ú otra razón la primera de las condiciones que requería el éxito de la empresa: la celeridad. La segunda, la reserva, se perdió por la tardanza misma, y por haber caído en manos de los turcos una de las fragatas despachadas por el gran Maestre de Malta para espiar la costa berberisca. Dragut, harto embarazado con la hostilidad insistente de los berberiscos, tan luego supo el nublado que de la otra parte se preparaba, despachó persona de su confianza con cartas y regalos capaces de dar á entender la urgencia de socorro si había de guardarse Trípoli; y tan bien la explicó el enviado, que mientras con parsimonia seguían en Sicilia los embarcos, llegaba desde Constantinopla un refuerzo de 2.000 turcos á la guarnición de la ciudad amenazada, cuyas fortificaciones se aumentaron lo mismo que las provisiones de boca y guerra.

El Duque de Medinaceli trasladó las fuerzas expedicionarias desde Mesina á Zaragoza de Sicilia, como puerto más adecuado á las últimas diligencias. Empleó no obstante en ellas cerca de dos meses, teniendo las tropas embarcadas en prevención de las deserciones, riñas y motines con que se manifestaba la mala disposición de aquel ejército, en gran parte colecticio, á costa del consumo de las raciones acopiadas, cuya mala calidad afectó la salud del soldado, enfermando y muriendo por centenas en los hospitales.