Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Part 5

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De tal manera habló Abd-el-Rhamán, que contagiados los jeques con sus palabras proféticas, á la vista de las verdades históricas que expuso el Kalifa, acordaron levantar el templo. El Katib recibió las órdenes, y fué comisionado para tratar con el Obispo y el Conde cristiano la compra del templo que se había de destruir para levantar la mezquita; éstos se negaron á venderlo, puesto que la basílica servía para el culto árabe y cristiano al mismo tiempo, con arreglo al precepto de Omar, que mandaba dividir con los cristianos las iglesias de las ciudades conquistadas. Al fin, según refiere Al-Makkari, los cristianos se avinieron á vender la iglesia, con tal que se les permitiera edificar otra á los tres santos mártires Fausto, Faunario y Marcial, y recibieron en dinares de oro el precio convenido. Desalojaron, pues, pacíficamente la iglesia, llevándose en procesión las imágenes y objetos de culto, y promovió el Kalifa inmediatamente la obra, valiéndose de materiales romanos y góticos de dentro y fuera de Córdoba, que hizo traer á toda costa. Por más que apresuró los trabajos, no pudo ver terminada la techumbre del edificio, á pesar del empeño que tomó en celebrar con gran solemnidad su grande obra. Durante dos años visitó constantemente á los trabajadores; concertaba los planes con los alarifes, se entretenía por su propia mano en diseñar parte de la ornamentación, y en este trabajo, que hacía sin desatender el gobierno y grandeza de sus Estados, le sorprendió la muerte con profundo sentimiento de todo el pueblo. Muerto Abd-el-Rhamán, siguió Hixem, su hijo, la obra de la mezquita hasta su conclusión en la época de las más grandes victorias para los árabes de España[19].

LA MEZQUITA CONVERTIDA EN CATEDRAL

Después de la conquista cristiana se consagró este templo al Misterio de la Asunción por el obispo de Osma, D. Juan. Algunos años después el primado de Toledo había constituído el Cabildo en él por traslación de la basílica mozárabe ya citada. La formal erección no se hizo hasta fines de 1238, y en los primeros años no se construyó para el culto cristiano ninguna capilla de grande importancia. Fué dotado con rentas de décimas y almojarifazgos, y las fincas se dividieron en dos partes iguales: una para el obispo y otra para el Cabildo.

La capilla mayor fué obra del rey Sabio en su mayor parte, y el Sagrario era entonces una capilla. D. Alfonso construyó la de San Clemente, y tal riqueza comenzó á desplegarse en estas obras, que no titubeamos en asegurar fuera alimentada por las adquisiciones de fincas conseguidas por el Cabildo en tierras de moros, á medida que se les iban tomando por conquista.

En poder de cristianos, siguieron los árabes labrando las paredes de la Catedral, según concesión hecha por los reyes, y hasta se obligó á muchos de los que ejercían las profesiones útiles para las obras á que prestaran sus peonadas, lo cual hicieron hasta esculpir los ornamentos góticos, según se ve en la forma de las cinceladuras sobre la piedra y yeso de la obra moderna. Cuéntase que los emperadores moros construyeron la gran mezquita ayudados de prisioneros y cautivos; que Almanzor trajo desde Santiago á Córdoba en hombros de cristianos, las campanas de aquella antigua iglesia; pero que luego San Fernando las hizo restituir en hombros de moros. Es lo cierto, que confundidos por los mismos trajes y usos, judíos, cristianos y mudejares, en Córdoba después de la conquista, hubo tales odios que se robaban mutuamente los hijos, y obligaron á los obispos á tomar disposiciones contra unos y otros, forzándoles á trabajar en los templos cristianos; razón por la cual los edificios árabes de Córdoba han conservado mucha de su originaria belleza después de ocho siglos.

De todos los vasallos sujetos á la dominación cristiana, los mudejares fueron los verdaderamente libres, pues los otros muslimes estaban obligados eternamente á las condiciones que en cada caso imponían los conquistadores. Ellos crearon ese estilo mitad cristiano, mitad islamítico, que con tanta perfección vemos desarrollarse en España desde el siglo XIII en adelante. Hasta la conquista de Granada, los mudejares de Córdoba se ocuparon de los trabajos de conservación de la Catedral, y ayudaron á los maestros cristianos en hacer otras obras de menos importancia.

En la Capilla Real se nota la diferencia que ofrece el estilo sarraceno del siglo XIV, construído bajo la inspiración cristiana, y el mismo bajo la dominación totalmente agarena. Prescindiendo de los escudos y armas castellanas que hay en ellas á cambio de la decoración primitiva, se observa la semejanza que existe entre el gusto de la restauración y el que se manifiesta en el actual Alcázar sevillano, ambos construídos bajo las mismas condiciones, debiendo por consiguiente fijarse aquí aquella época puramente _mudéjar_ que en Córdoba aparece dos siglos antes de la construcción del crucero ó gran capilla del centro, cuya obra acabó de trastornar su antiguo aspecto.

La puerta principal, restaurada en 1377, llamada del Perdón, es otro ejemplo de la mezcla de dos estilos tan profundamente diversos, que jamás podrán armonizarse: el romano y el árabe. Entre éste y el gótico existen, como hemos visto, puntos de contacto; pero entre aquéllos la unión es imposible. Así se demuestra en estas y otras portadas, donde se nota una gran verdad, y es que las causas que influyeron para crear en Bizancio un arte especial, no fueron bastantes, seis siglos después, para formar en España un estilo que se difundiera como aquél por efecto de un cosmopolitismo prodigioso, que no podía repetirse después de la reconquista.

La capilla de San Bartolomé se construyó hacia 1280. Siguieron otras menos importantes todavía hasta concluir el siglo XIII, las cuales se dedicaban, por regla general, á depositar los restos de los capitanes que sucumbían en las llanuras cordobesas luchando con los caballeros granadinos. También el caudillo Ozmín llevó más de un héroe á las sombrías capillas de esta Catedral.

En la de la Encarnación, de 1365; la del Espíritu Santo, de 1369, que tomó luego el título de San Lorenzo, y en las de San Ildefonso, San Pedro y San Agustín fundadas en 1384, no existe combinación de géneros; hay sí un arco árabe de más delicada ejecución que vuelve á recordar la primitiva arquitectura del templo. La de San Antonio Abad, de 1385, fundada por el Señor de Aguilar, hermano de Gonzalo de Córdoba; la capilla de la Cena, de 1393, para Fernan Núñez; la de Santa Úrsula, de 1398; la de San Acacio, de 1400; y la de San Antonio de Padua, terminan las obras del siglo XIV.

Son obras más modernas la de San Ambrosio, la de la Santa Cruz, en 1517, hecha donde se hallaba la antigua Puerta de Jerusalem, primera del muro de Levante, y otras de 1401 al 1491; además de las puertas gótico-árabes y de algunos fragmentos de repisas exteriores.

En 1523 tuvo principio esa obra central que ha levantado las techumbres moriscas, y trastornado el carácter sombrío y fatalista de la mezquita. No faltó en aquel tiempo quien se opusiera á esta profanación del arte, y no fué por cierto el Cabildo sino la Ciudad que requirió á aquél por medio de escribano, hasta lograr suspender la obra; pero Carlos V la hizo continuar. No se había podido terminar en 1584; ¡tal era el estado de miseria que alcanzaba el país en aquellos heróicos tiempos de nuestras empresas en Alemania!; una pequeña parte del colosal edificio de los sarracenos, levantado en poco más de veinte años, no podía construirse bajo la dominación cristiana en los más prósperos tiempos de su grandeza.

En 1593 se principió la torre actual según el género entonces en boga, y se hizo sobre los cimientos del alminar árabe, ruinoso en aquella época.

En 1600 se acabó el Crucero ojival moderno, no sin obstáculos para equilibrar los machones que se alzaron para las nuevas bóvedas, tardando siete años en la decoración interior, y hasta 1607 no se celebró en el altar mayor la primera misa. El estilo de esta nueva iglesia, embutida en el centro de la antigua, participa de la decadencia del arte. Se ven en ella el gótico, el árabe y hasta el plateresco, abigarrando informemente las elegantes formas del estilo ojival: la cúpula, hornacinas y embovedados recamados de encuadros, casetones, baretas y follaje, copioso arsenal de medios decorativos. El trascoro es de un gusto más serio. El discípulo de Juan de Herrera lo dotó de un greco-romano, y contribuyó como los demás artífices á rebajar el prestigio de las trazerías bizantinas.

El techo que se conserva en las estrechas naves de la antigua mezquita es hoy de bóvedas, las cuales en 1713 principiaron á ocupar el lugar del hermoso artesonado de almizates de maderas oloríficas, compuesto de los _alfarges_ pintados y dorados que había en todos los templos mahometanos.

El retablo, los púlpitos de Verdiguier, la sillería del coro hecha por Cornejo, mitad del siglo XVIII; la espaciosa escalinata del presbiterio, con mármoles de Italia; los bronces y adornos de plata, lámparas, etc., son dignos de apreciarse por la riqueza y lucidez del trabajo empleado, aunque no siempre por el gusto churrigueresco que los inspiró.

La puerta de las Palmas, arquitectura del Emperador sobre trazería sarracena; la capilla de San José y Santa Ursula, la de la Resurección, antes de 1569; la de la Asunción en 1554, la de los Obispos, de 1568, tapando una puerta árabe, y cuya capilla se aderezó en 1569 para reunir en ella las Cortes del reino que entonces no excedían de diez y ocho ó veinte procuradores; el palacio del obispo, arreglado para recibir al rey Felipe II; y el pasadizo que se conservaba entre el palacio de los Sultanes (que pudo ser el de los Obispos) y la mezquita, para el paso oculto de los Kalifas, son reconstrucciones de poca valía; pero que debemos mirar como la historia decadente del templo.

Lo mismo diremos de las de la Concepción y las Angustias, del siglo XVI, y la del Rosario, más moderna, muy cerca de la cual hay una columna árabe en cuyo fuste está mal grabada la imagen de J.C., que se dice labró con las uñas un cautivo cristiano que ataron á él los árabes, cosa que nos parece inverosímil.

Después la capilla de la Natividad, de 1673; la de la Concepción, de 1679, conjunto extraño y rico, nada agradable á la vista; la de Santa Teresa, sacristía mayor donde se ven las alhajas y cruz antigua cuajada de crestería, hecha por Enrique de Arfe, y por último, la de la Magdalena, la mayor de la Catedral antigua, y otros detalles renovados continuamente sin arte ni concierto, según el diverso género que se usaba en cada época.

Posteriormente al año 1614 se hicieron otras que son dignas de mención por algunos objetos que contienen, ya de pintura ya de escultura, debidos á los artistas andaluces más conocidos, contando en ellas la de San Pablo, San Eulogio y la de las Ánimas, donde se halla sepultado Garcilaso de la Vega; y los dos cuadros de las de San Andrés y San Esteban pintados por Carducho y Zambrano.

MEDINA AZAHRA

Sulimán[20] prendió fuego á los palacios de Azahra en el año de 1010 y destruyó esta población abandonada, cuyos habitantes se habían refugiado en los pueblos comarcanos; por consiguiente, aunque quisiéramos recordar aquí una de las más encantadoras obras creadas por el genio de la civilización agarena, tendríamos que contentarnos con lo que infundadamente describen las crónicas del tiempo de D. Alfonso VI, cuando refieren, que habiendo pedido este monarca la deliciosa residencia de Azahra para doña Constanza, el Kalifa, indignado, mató al mensajero, dando ocasión á aquella guerra vengadora que introdujo en España á los almoravides para sostener el poderío de Occidente. Escasísimos documentos proporcionan las referencias históricas para averiguar las bellezas artísticas de este sitio, y aunque fuera cierto que muchos capiteles y columnas se llevaran de él para hacer el alcázar de Sevilla, ni se conoce la época, ni nosotros creemos que dichos ejemplares tengan ese origen. En cuanto á los vestigios que se hallan en el convento de San Jerónimo de la Sierra, son sin duda, procedentes de aquellos suntuosos edificios, en los que al parecer se aprovecharon pórticos románicos, pilares y entablamentos que servían á los monumentos árabes, así como la multitud de mosáicos, ladrillos, mocarbes, losas, lámparas y preciosos fragmentos de vasos sin esmalte que hemos tenido á la vista; todo lo cual nos obliga á citar este sitio, digno del anticuario más bien que del artista.

Pero como para la historia del arte no podíamos pasar desapercibida la memoria de un monumento, que por las descripciones mahometanas ocupaba el primer lugar en España, no dejamos de mencionarlo como reminiscencia de otros alcázares, especialmente el Toledano, del cual nada podemos referir. Y dicen las crónicas que un alarife de Bizancio trazó el más dilatado edificio conocido, por disposición del emir, á tres millas nordeste de Córdoba, en lo alto del Monte de la Novia, dedicado á una odalisca, cuyo nombre dió á este sitio. El harem podía contener más de 6.000 concubinas y sirvientas, 3.750 eunucos y 1.500 guardias. Empleóse en aquél un número considerable de piezas de mármol, lo cual demuestra ya que estaba muy lejos de parecerse este edificio al alcázar de la Alhambra, supuesto que los materiales de la construcción imprimen especial carácter al estilo de cada época. Las columnas se contaban por millares, ostentándose en ellas los mármoles de Raya y de Filabres, con los que regalaron de Roma y especialmente de Túnez, restos quizá de las ruínas de Cartago; dominando en esta obra los barros cocidos de diversos colores y los delicados paramentos de estuco, de los que suelen encontrarse todavía gruesos pedazos removiendo la tierra. Tan grande fué esta maravilla, que trabajaron en ella durante treinta años más de cinco mil jornaleros, ganando dos dinares y medio al día, y en tiempo del califa An-Nasi, se habían gastado siete millones de dinares. Largos arroyos conducían el agua á sus baños, fuentes y estanques, y las puertas decoradas con agramiles se hallaban forradas de cobres y hierros plateados, como hemos visto en otros parajes, con fuertes capas de estaño para preservarlos de la oxidación. De sus habitaciones se cita como más hermosa la Sala de las Grandes Ceremonias, con arabescos de estuco dorado y colores, y techumbre de maderas olorosas, que cerraba en un colgante de cuya extremidad pendía una perla de gran tamaño regalada por el griego emperador Constantino Porfirogénito. Describe luego la fantasía diamantes y esmeraldas, y siempre se hace mención en estos palacios de pilas llenas de azogue que servían de entretenimiento á las esclavas y odaliscas.

En cuanto á las esculturas seremos más parcos en admitir lo que se dice. Hemos visto un león de bronce admirablemente fundido, cuya fotografía conservamos, que nada deja que desear en cuanto al modelo, también repasado á la mano como las obras japonesas, que procede de estos edificios[21]. Había otras esculturas, de las que sólo se hallan fragmentos en poder de los anticuarios, las cuales nos dan la certidumbre de la existencia de estas obras de carácter babilónico. Los cuentos nos describen una figura de mármol verde traída de Siria, que se colocó en la alcoba del sultán, sobre doce figuras de oro bermejo, y otras que vertían las aguas en los estanques; pero si bien esto nos indica el lujo de la mansión, nunca podremos asignar por ello al arte escultórico un lugar preeminente.

La mezquita de Azahra era otro de los edificios descritos con entusiasmo: el alminar de cincuenta codos de alto, los arcos de lintel, los calados, mosáicos y cristales de colores como los del santuario de la catedral citada, daban á este templo un particular encanto.

Y si nada podemos analizar de estos perdidos monumentos, ¿qué podríamos decir de esos regios alcázares sembrados á la orilla del Guadalquivir sobre los cimientos de los elevados por los Godos y surtidos por las aguas del río, cuyos restos se vieron en la Albolafia? Cuenta Al-Makkari que el rey moro de la fortaleza de Almodóvar descubrió el palacio romano, que creemos estaría cerca de la fortaleza cuadrada de Don Alfonso XI; quizá el sitio que ocupaba el palacio de Teodofredo; pero he aquí lo que dijo Ibn-Bashkuwal: «Entre las puertas de este palacio que Dios Omnipotente abrió para reparación de las injurias, auxilio de los oprimidos y declaración de justas sentencias, es la principal una sobre la cual campea un terrado saliente, sin igual en el mundo; esta puerta abre paso al alcázar, y tiene sus hojas revestidas de hierro con un anillo de bronce de labor exquisita en figura de hombre con la boca abierta, obra que trajo de Narbona un Kalifa. En la misma fachada hay otra puerta para los jardines, y al otro lado un terrado de donde se mira el Guadalquivir, y dos mezquitas famosas por sus muchos milagros... Las puertas tercera y cuarta, nombradas del Río y de Coria, daban salida hacia el Norte. La quinta y última, denominada de la Mezquita Mayor, era por donde salían los Kalifas cuando iban los viernes á la azala, cuyo tránsito se cubría todo de alfombras».

En otra página sobre Medina Azahra dice lo que sigue: «Es uno de los más admirables edificios; su erección principió á principios del año 325 (936) por Abú’l-Mutarvif Abd-ar-Rahmán, sobrenombrado Nasir (hijo de Muhammad, hijo de Abd Allah, uno de los soberanos Omeyas de España). Se extiende á la distancia de cuatro millas y dos tercios de Córdoba. Su longitud de Oriente á Occidente 2.700 codos, y su ancho de Norte á Sur 1.500. El número de sus columnas 4.300 y más de 15.000 puertas. An Nasir dividió la renta del Estado en tres partes, una para las tropas, otra para el Tesoro y la restante para construir á Medina Azahra. Las rentas de España en aquel tiempo eran de 5.480.000 dinares, y 765.000 dinares producían las fincas y rentas del soberano».

ALGUNAS CONSTRUCCIONES MORISCAS

DE CÓRDOBA

Frente á la parroquia de Santiago había una casa con un zaguán morisco con arcos del mismo género angrelados y levantados de punto, bastante notables; y como en muchos otros lugares el afán de blanquear las paredes ha cubierto filigranas de rara labor y finísimos detalles: se llama esta casa de las Campanas.

En la plaza de Antón Cabrera y casa del Conde del Aguila hay también restos de un edificio mahometano, digno de consideración.

BAÑOS ÁRABES. Más de ochocientos había en Córdoba, y sólo se encuentran hoy los vestigios de cuatro ó cinco de ellos; los principales son dos en las respectivas calle del Baño, alta y baja. Cuando se abren los cimientos para nuevas construciones, se suelen hallar vestigios de los muchos que han quedado siempre por debajo de la superficie ó suelo moderno. Su estructura ofrece poca diferencia de la que tienen los que hay en las demás poblaciones mahometanas.

Entre otros monumentos, Alfonso XI nos dejó la FORTALEZA CUADRADA, el ALCÁZAR NUEVO y los torreones desmochados que hoy existen junto al palacio episcopal. Lo que está fuera de duda es que estos varios palacios de origen godo y hasta romano que conserva la tradición, estaban situados en las márgenes del Guadalquivir, porque los baños del alcázar se surtían con aguas del río por medio de una azuda, cuyos restos llevan hoy el nombre de Albolafia. Junto al baño había una torre donde se posó la famosa paloma blanca, según cuentan las crónicas de San Eulogio.

EL ALCÁZAR NUEVO es hoy la Cárcel de Córdoba, donde estuvo el tribunal de la Inquisición, en la que ejerció sus crueldades el Canónigo Luzero, juzgó más de cien inocentes, y los hizo quemar en el sitio llamado Marrubial. De este modo uno de los más históricos monumentos de los tiempos árabes ha venido á ser el lugar más olvidado de la población, sin que puedan hacerse conjeturas sobre la magnificencia que los autores sarracenos nos han pintado: pues careciendo de datos, hemos de suponer que, según Al-Makkari, el rey moro que vivía en la fortaleza de Almodóvar descubrió el palacio romano, y que tal vez éste sirviera, restaurado por los árabes, en cuyo caso esta obra puede figurársela todo el que haya estudiado los detalles de la mezquita de Córdoba.

LA ARRIZAFA: situada á espaldas de la torre de Malmuerta, hacia las alamedas del Campo de la Victoria, donde se conservan todavía restos de cuadrados torreones, cerca de los cuales Abd-el-Rhamán I plantó la primera palma traída del Yemen, para recordar el suelo de su patria; en este sitio se descubrieron lápidas con turbantes y un subterráneo que se llamó _las catacumbas de San Diego_.

En el Hospital de Agudos hay una capilla, hoy de San Bartolomé, que se llamaba la _mosala_ del rey Almanzor, y que ha sido tan modificada y cambiada en su estructura primitiva, que si no fuera por sus inscripciones árabes y sus zócalos de azulejos primitivos mezclados á los del renacimiento, apenas podríamos descifrar su origen. Debe visitarse y buscarse en ella los vestigios mudejares que conserva entre las arcadas y molduras que han introducido en su débil construcción.

En muchos parajes hay trozos de murallas compuestos de grandes bloques de argamasa, fabricados unos sobre otros á manera de grandes sillares en hiladas con trabazón. Hay en la calle de Osio una torre de piedras cuadrangulares en forma romana, con almenas añadidas é impostas que graciosamente separan los cuerpos de la construcción.

En la calle de Abades se ha visto hasta ahora una importante construcción morisca, con esbeltos y magníficos arcos ojivales cerrados, con trozos decorativos muy sencillos, que acusan la existencia de alcázares y mezquitas convertidas en conventos ó casas de señorío. Pertenecen al renacimiento que se ve en la puerta de Jerónimo Páez, poco delicado, pero de grandes rasgos escultóricos, que nada debe al mudéjar, y de ese gótico mezquino con reminiscencias árabes, bajo y de hojas bizantinas, que se ve en la puerta de la iglesia de San Miguel y en otros parajes. Las torres redondas, cuadradas y octógonas que hay todavía en Córdoba, y que en mayor número se veían en minaretes y fortificaciones, prueban el afán de realizar las obras que habían visto los árabes que vinieron mezclados á las legiones bereberes, cuando cruzaron el Egipto y la moderna Cartago para realizar en nuestro suelo las formas de aquellas construcciones gigantescas.

Una cosa se observa solamente: que menos atrevidos en la magnitud ó grandeza, parece como que acortaron las medidas y la materia para reducir el ciclopeo tamaño de las obras levantadas por las antiguas generaciones.

En el Jardín del Alcázar, como es llamada una huerta á la orilla del gran río, se hallan más ejemplares de las formas citadas, prescindiendo en ellas de las colosales restauraciones cristianas.

Las torres de la Cárcel se encuentran en el mismo caso. Son en verdad testimonios de aquel genio que copió más que inventó, pero son al mismo tiempo atalayas de triste y abrumador aspecto.

En el Museo Arqueológico y en el Instituto de Córdoba, hay multitud de objetos árabes y mozárabes que atestiguan algo en favor de la cultura de aquellas edades: una cierva de bronce, fundición cordobesa, quizá de Medina Azahra; un brocal de piedra de bellísimos ornatos, época de los Kalifas, artesonados, aliceres, inscripciones y otra multitud de vestigios romanos no menos importantes. Pudiera ser este museo uno de los más ricos del mundo.

EDIFICIOS MOZÁRABES