Part 24
La planta total de la Iglesia tiene 433 pies por 249 en el Crucero sin el espesor de los muros; la altura varía de 90 á 124 pies. El casi círculo de la Capilla mayor tiene 73 pies de diámetro. La cúpula sube á cerca de 170 pies. Tiene ocho entradas, y el pavimiento data de 1775. Veinte pilares ó grupos de columnas corintias distribuyen las cinco naves, y la Capilla mayor apoyándose en más de un semicírculo sobre ocho gruesísimos pilares, es la construcción más suntuosa y más artística en sus proporciones que tiene el templo. Se elogia mucho el rompimiento ó arco toral entre esta capilla y la nave central de la iglesia, que recogido por su clave, es una consecuencia muy natural de la intersección de la circunferencia de la cúpula, con el plano que ofrece el embocinado. Pero aparte del felicísimo y simétrico decorado de esta capilla, se ven las mejores y más notables pinturas de Alonso Cano en siete grandes lienzos que representan la vida de la Virgen; obras sobre las que llamamos especialmente la atención. No son malos los cuadros de los Doctores de la Iglesia, pintados por Atanasio; y son también dignas de mención las dos estatuas de los Reyes Católicos arrodillados, de Pedro Mena y Medrano, las cuales se evaluaron en aquel tiempo en cuarenta mil reales.
Mírense con detención los dos grandes bustos de Adán y Eva, obras de Alonso Cano, que legó á su criada para que los vendiese al Cabildo.
Los cuatro cuadros grandes que hay en los dos altares á derecha é izquierda, cerca de los púlpitos, son dos de Juan de Sevilla y otros dos de Atanasio Bocanegra.
El coro no tiene nada de especial mérito; los dos grandes órganos son de Leonardo Dávila. El altar del Trascoro se hizo en 1733, obra de gusto plateresco y extravagante. Pasemos ahora á recorrer las capillas en el mismo orden que hemos establecido en otras.
Desde la puerta derecha de la fachada hallamos primero, un cuadro que se dice ser de Juan de Sevilla, y representa la Sacra Familia.
La capilla de San Miguel, que costeó el Arzobispo de Granada Moscoso y Peralta, Obispo del Cusco, que trajo á este país inmensas riquezas, y la fabricó para su eterno descanso. La inscripción que se halla en uno de sus costados lo explica todo. Se concluyó en 1807, y se proyectó por Romero Aragón, arquitecto. La medalla de San Miguel la hizo el escultor Adán de un gran pedazo de mármol traído con grandes dispendios desde las canteras de Macael. González hizo las demás esculturas del altar. El notabilísimo y hermoso cuadro de la Soledad es una pintura del célebre Alonso Cano. Las demás de poco mérito, y el conjunto de la capilla es rico en mármoles y bronces, y ostentoso como el Arzobispo que tales muestras dejó en Granada de su amor á las artes. Este mismo fué el que se hizo construir el palacio de recreo en Viznar.
Sigue la puerta del Sagrario, donde hay un cuadro venerado, porque ante él oraba San Juan de Dios.
La Capilla de la Trinidad, por un cuadro de este asunto, probablemente obra de Cano y bosquejo del celebrado de la Chanfaina. Un San José en el retablo, de Maroto, y otros de poco interés. Hay en los altares de los costados una Virgen y un Obispo que se atribuyen á Pedro de Moya, y la Virgencita con el niño en los brazos de origen italiano.
Siguiendo, se halla un gran retablo dorado, dedicado á Jesús Nazareno, y aquí hallará el lector las más notables pinturas de la Catedral: son de José Rivera el San Antonio, la Magdalena, el San Lorenzo y un San Pablo que fué robado de este sitio. La calle de la Amargura, San Agustín, el Salvador y la Virgen son de Cano, el primero interesantísimo. Los de San Pedro, San Pablo y San Francisco, son: los dos primeros del Españoleto, y el último del Greco. Cuadros todos donados en 1722 por el Tesorero Medinilla.
La puerta gótica de la Capilla Real, que daba en su origen á una ancha plaza, es una muestra de este género, que tomó en Andalucía un carácter propio, perdiendo la sencillez germánica y complicándose en sus cresterías y festones, de una manera más ingeniosa que monumental. Es, sin embargo, esta puerta uno de los mejores ejemplares del arte gótico, y del tiempo en que se dejaba sentir la influencia del renacimiento en todas las construcciones de España.
El Retablo de Santiago, de mal gusto, con imágenes de Mena y de Mora. Una Virgencita, que parece del siglo XV, fué un regalo de Inocencio VIII á Isabel I, que le hizo con la Rosa bendita del domingo de este nombre. Dícese que este cuadro sirvió en el Real de Santa Fe y en la Alhambra para formar el altar portátil de los Reyes Católicos.
En la puerta de la Sacristía hay una medalla circular con una Virgen y un niño, que se dice es de Siloe.
Lo mismo un Ecce Homo que hay sobre la puerta inmediata, por el exterior, que conduce al Colegio Eclesiástico, y es, según se cree, del mismo maestro.
La Capilla de Santa Ana: parecen de Raxis varias tablas que contiene; y los dos grandes lienzos de San Juan de Mata y San Félix de Valois, de Bocanegra. Debajo de esta Capilla hay un aljibe.
En la de San Sebastián, un cuadro de este Santo por Juan de Sevilla.
La de San Cecilio, rica en mármoles y pobre de notabilidades. Las de San Blas y del Cristo de las Penas, capillas sin curiosidades artísticas, y la de Santa Teresa, que tiene una Concepción y un Angel de la Guarda, de Juan de Sevilla, con la de Jesús de la Columna donde hay una Santa Catalina y una Coronación, de Risueño.
La Capilla de la Virgen de la Antigua es obra del disparatado ornamentista Cornejo. Los retratos de los Reyes Católicos parecen de Juan de Sevilla.
Llegamos á la Puerta del Perdón cuyo exterior es la obra más perfecta del renacimiento, y en nuestro concepto tiene los detalles más admirablemente trazados y ejecutados que pueden hallarse de este género, tanto en España como en la misma Italia. Si hay algo censurable en esta preciosa portada, es la forma de su estructura, ó sea la repartición de sus proporciones, y el segundo cuerpo que no corresponde con el primero; pero nada puede desear el más escrupuloso adornista, y aún el más severo escultor, delante de esta obra, la más bella de la Catedral.
Luego se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Guía, sin interés alguno. Después la del Carmen, costeada por el Arzobispo Barroeta, y que tiene una cabeza de San Pablo, de Cano.
La Puerta de San Jerónimo, de 1639, y por último: la Capilla del Pilar de Zaragoza, costeada por el Arzobispo Galván, de mediano gusto.
Continuando, hay sobre la puerta de la Sala Capitular una Caridad, del célebre Torrigiano, florentino y rival de Miguel Angel. Este magnífico relieve lo presentó en Granada como muestra de pericia, al saber que se convocaba á los escultores para hacer los sepulcros de los Reyes Católicos. Nótese con la detención de que es digna, tan notabilísima obra de arte.
Un Cristo en la cruz que hay á la izquierda, junto á la puerta, parece de Atanasio.
La torre era magnífica si se hubiera terminado, le falta un cuerpo, y tiene hoy 202 pies de altura. En ella está la Sala Capitular, con un apostolado, italiano; un cuadro de Atanasio y otro de Risueño. Encima habitan los campaneros, y están los cuartos que sirvieron de taller y morada al insigne Alonso Cano.
Pasemos á la sacristía. En la puerta hay un cuadro, representación de la vida de San Juan de Dios, con el retrato del mismo santo. Al frente hay un Crucifijo, de Becerra, bastante bueno. Una Concepción de Cano, una Virgen del Rosario del mismo, obras todas de encantadora expresión, muy bellas y dignas de estudio. Otras de menos valer hay en el Oratorio de los canónigos, con los ternos y alhajas destinadas al culto, objetos ricos que son especialidades en su género.
El Sagrario.
Ya hemos hablado en el lugar correspondiente de la mezquita que había en el sitio donde se construyó este templo, y que fué bendecida por los Cristianos, para que sirviera de iglesia donde se enterraban arzobispos y grandes señores. El proyecto y dirección fué de Hurtado Izquierdo, y se hizo desde 1705 á 1759, no sin dificultades en la construcción. La portada es elegante, greco-romana, sin gran severidad, y la planta de toda la obra es cuadrada con cuatro grandes pilares en el centro, sobre los que se apoya la media naranja y la bóveda que la circunda. Su aspecto es agradable por la uniformidad del conjunto y excelente composición de líneas simétricas. En el testero del Mediodía se encuentran dos cuadros de Atanasio, algunos altares apreciables, especialmente en el centro, y otras esculturas de su portada y tabernáculo, solo pasaderas.
El Palacio del Arzobispo.
Nada de notable en el edificio, á no ser que se quiera parar la atención en la puerta y ventanas del lado frente de la Catedral, que son excelentes ejemplares de renacimiento. Posee cuadros regulares y alguno digno de mención entre otros muchos de ningún precio.
El 2 de Abril de 1767, cuando la expulsión de los jesuítas, se le agregó el Colegio Real que estaba adjunto, cuyo edificio fué en parte destruído en 1868, y reedificada su fachada en 1872.
La Capilla Real.
Templo dedicado á sepultura de los Reyes Católicos y construído desde el año 1502. Es de arquitectura gótica y de la más sencilla que se hacía en aquella época, con la marcada degeneración que estaba experimentando, como lo demuestra este edificio, cuyas cresterías exteriores y pináculos son los detalles más bellos que contiene. Hasta ahora no se ha sabido el nombre de su arquitecto. Un Jerónimo Palacios fué veedor de la obra, y el conocido Felipe de Borgoña se cita, pero sin certidumbre.
La iglesia, pues, se construyó con menos grandeza que la que hoy se ve, y fué aumentada luego que el emperador Carlos V, al visitarla, dijo: «que era estrecho sepulcro para la grandeza de sus abuelos».
La puerta humilde que tiene á la calle de la Lonja, de mal gusto plateresco, fué hecha después que por haberse construído la Catedral, quedó su portada principal, que ya hemos indicado, dentro de aquel edificio.
Tiene el templo 179 pies de largo, 78 de ancho y 75 de altura.
Está interceptado por un coro donde había dos órganos muy celebrados. Hoy apenas queda uno.
Leemos la inscripción del friso:
«_Esta capilla mandaron edificar los muy católicos D. Fernando y Doña Isabel, rey y reina de las Españas, de Nápoles, Sicilia, Jerusalén; éstos conquistaron este reino de Granada, é lo redujeron á nuestra fé, é edificaron é dotaron las iglesias, é monasterios, é hospitales de el, é ganaron las islas de Canarias, é las Indias, é las ciudades de Oran, Tripol é Bugia, é destruyeron la heregía, é hecharon los moros e judíos de estos reinos é reformaron las religiones. Finó la reina martes veinte y seis de Noviembre año de mil quinientos y cuatro; Finó el rey miércoles veinte y tres de Enero, año de mil é quinientos y diez y seis. Acabóse esta obra año de mil é quinientos é diez y siete años_».
Nótase lo bien trabajada que fué la verja que cierra el Crucero, por «MASTRE BARTOLOMÉ _me fec_» como dice un letrero sobre ella misma; y los excelentes ornatos platerescos en que abunda esta notable obra de cerrajería, que hoy sería dificilísimo ejecutar.
En ninguna descripción de los monumentos granadinos, hemos visto citada la capilla por donde se entra á la sacristía de este templo y las tres tablas de su altar, que consideramos de un mérito notable; parecen de origen alemán, y tienen un carácter especialísimo, particularmente la del centro, que representa un Descendimiento admirablemente pintado, aunque con trajes tudescos, cosa muy usada por los artistas de aquel tiempo.
En la otra capilla, debajo del coro, hay un cuadro de Juan de Sevilla, y otros menos importantes.
Dos magníficos sepulcros de mármol blanco: el uno de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel, y el otro de sus sucesores Doña Juana y Don Felipe I, se levantan majestuosos bajo la cúpula central de la iglesia: el de Doña Isabel y su esposo es de mármol de Carrara, lo cual hace suponer que se encargaran á aquella tierra clásica del arte. El otro parece de mármol de Macael, el cual se haría por alguno de los escultores que labraron los medallones del palacio de Carlos V, que parecen de la misma mano. En el primero hay más delicadeza en el adorno y más corrección en las esculturas; en el segundo, menos seguridad de ejecución, más rudeza en el ornato, pero ambas son obras de arte muy notables.
Dice una inscripción latina que hay en un tarjetón:
«_Los postradores de la secta mahometana y los que acabaron con la herética gravedad D. Fernando, rey de Aragón, y Doña Isabel, reina de Castilla, llamados los Católicos, en este marmóreo túmulo se encierran_».
Después de lo mucho que se han ocupado los cronistas sobre la procedencia de estos sepulcros, se ha sabido que el escultor Bartolomé Ordóñez fué el autor del de los reyes.
Debajo del pavimento hay una bóveda ó cripta muy pequeña, donde se ven las cajas de plomo barreadas de hierro, donde se guardan los cuerpos. El ataúd más pequeño es el de la princesa María. Se distinguen todos por las iniciales.
El retablo del altar mayor es de gusto plateresco, con tres cuerpos y una buena coronación. Posee esculturas de mucho mérito, pero lo que más llama la atención en él, es el basamento con dos relieves de talla uno á cada lado, que representan la entrada de los reyes cristianos en la Alhambra, y el bautismo de moriscos convertidos.
En el Crucero se ven dos retablos en forma de relicarios, del tiempo de Felipe IV, con relieves de Mexía y pinturas de poco valor. Se encierran aquí muy contadas reliquias. Dos cuadros, uno de San José, de Guevara, y otro de San Juan Bautista, de Sevilla, existen en las capillas laterales del presbiterio.
En la sacristía hay una Concepción que dicen es de Cano; un cuadro que representa el abrazo del rey católico al rey moro vencido; la espada y corona que se considera haber pertenecido á Fernando V; un cetro de plata, un terno dibujado y bordado por Isabel I, según se dice; varias telas, cojín, paños, etc. del altar de campaña; un cuadro raro de devoción, donado por los mismos reyes, que parece de escuela griega, y el misal manuscrito de Francisco Flórez, con 20 dibujos y 151 fojas, que usaba la reina.
Otros cuadros son de poco interés; citaremos uno pequeño que hay al lado de la puerta de la Lonja y el cual representa la hazaña de Pulgar.
En el pasadizo que hay entre la Capilla Real y el Sagrario, se halla una capilla donde está enterrado Pulgar el de las Hazañas. Vése en ella una manopla de un guerrero empuñando una hacha encendida, y al pie esta inscripción:
«_S. M. esta capilla mandó dar á Hernando del Pulgar, señor del Salar, por ser el lugar donde con los suyos posesión tomó de esta Santa Iglesia, año 1490, estando en esta ciudad Muley Buadela, rey de ella. Acabóse esta obra año de 1531_».
En el frontal del altar que hay con un cuadro de la Sacra Familia, están las armas del caudillo, un mosáico, y en el suelo la lápida sepulcral, donde dice que se le dió enterramento.
Por último, se sabe que Francisco Berruguete pidió en distintas ocasiones al emperador Carlos V que le abonasen su trabajo de pintura, dorado y bulto, hecho en el altar mayor y sacristía y el de los cuadros murales de las dos ochavas de dicho altar, ó sean quince historias á la manera mosaica é italiana con fondo de oro. Parece que estos trabajos han desaparecido casi todos.
San Jerónimo.
Es la fundación católica más antigua de esta ciudad, porque ya en Santa Fé se instaló la orden en 1491, y el 92 se trasladó á este sitio por decreto de los reyes. Comenzóse la obra del claustro y parte de la iglesia en 1496 y estuvo suspendida hasta que Doña María Manrique, viuda del Gran Capitán, solicitó de Carlos V le cediese la capilla mayor para enterramento de su esposo, obligándose por esta merced á acabar todo el templo á su costa. Había muerto en Granada el Gran Capitán después de un retiro de algunos años, enfermo y triste, dice un autor, por la extraña conducta de Don Fernando V, y se le hicieron honras tan magníficas, como las merecía el que contaba setecientas banderas y estandartes ganados en el campo, las cuales se tremolaron para solemnizar sus regias exequias. El 4 de Octubre de 1552 se acabó el edificio y se trasladó á la bóveda el cuerpo de aquel insigne guerrero, poniendo al lado el de su esposa.
Diego de Siloe dirigió la obra después de principiada, y es majestuosa y expresiva de su inmortal objeto; robusta y no pródiga de ornatos inútiles, labrada por el exterior y con las armas de Gonzalo de Córdova y esculturas.
La torre y campanario, con _carrillones_ flamencos, fué mandada derribar por el general francés Sebastiani en 1810, para hacer el puente Verde sobre el río Genil. La iglesia tiene 147 pies de largo y 89 de ancho, lujosa en su ornamentación y estofados de oro y plata, con multitud de flores, hojas y caprichosos adornos, alternando con pinturas al fresco, entre las que se hallan medallones con los retratos de Don Fernando y Doña Isabel y trofeos de guerra modelados con gracia.
En la capilla del presbiterio se ven las armas del Gran Capitán y otros muchos detalles, algunos de los cuales fueron hechos á principios del siglo XVIII. Los apóstoles, en doce cuadros de tamaño natural, parecen de buena escuela.
Fué demolida también la sacristía en tiempo de la invasión francesa.
Delante del altar mayor hay una lápida de mármol blanco, con esta inscripción:
GONZALI-FERNANDEZ DE-CÓRDOBA QUI-PROPRIA-VIRTUTE MAGNI-DUCCI-NOMEN PROPRIUM-SIBI-FECIT OSSA PERPETUÆ-TANDEM LUCI-RESTITUENDA, HUIC-INTEREA-LOCULO CREDITA-SUNT. GLORIA MINIME CONSEPULTA.
Se ve, pues, que es la sepultura del Gran Capitán, cuya memoria será más imperecedera que los mármoles y fuertes murallas de este mausoleo, tan espléndidamente costeado. Los huesos del caudillo fueron desenterrados en la aciaga época que ya hemos citado de la dominación francesa, y se profanó su tumba rompiendo las cajas de bronce, y robando las banderas y despojos. Desapareció la espada que se conservaba con el cuerpo, y como talismanes se repartieron las vestiduras. Fué un verdadero saqueo, y gracias á las investigaciones verificadas recientemente, se han devuelto algunos huesos á esta respetable mansión[185], los cuales se cuidan hoy con respeto.
La cruz blanca.
Detrás de la antigua Plaza de los Toros, descuella una Cruz, erigida para perpetuar la memoria del suceso que arrancó del mundo al Duque de Gandía, y lo llevó á sepultarse para siempre en un convento. En el lugar que ocupa la Cruz hizo alto la comitiva que conducía el féretro de la Emperatríz Isabel, mujer de Carlos V, para descubrir el cadáver y tomar acta de haberlo entregado al Justicia de la ciudad, que había salido á recibirlo. El Duque de Gandía se consternó tanto al ver aquel hermoso rostro tan desfigurado, que tomó aquella piadosa resolución, y la cumplió tan bien, que la iglesia lo cuenta hoy entre sus santos, con el nombre de San Francisco de Borja.
Hay en el Triunfo otros edificios que fueron conventos y que ya no tienen importancia.
En el circo de la Plaza de Toros, y no á mucha profundidad, se encontraron hace años sepulturas, que debían corresponder al enterramento de los judíos, de que habla Dozy. Ya hemos indicado que el actual Barrio de San Lázaro debía ser una población judía en tiempo de los moros.
Real Hospicio.
De grande extensión, espaciosas naves y multitud de cuartos, este edificio es uno de los mejores que hay en España, y se fundó por los Reyes Católicos. Tiene muy buenos detalles en las ventanas del exterior de la capilla gótica del centro, y su planta es de magnífica distribución, según la higiene y reglas del arte de construir. Reúne local para más de mil asilados, y en él abriga la caridad oficial de la provincia á los dementes, á los niños huérfanos ó abandonados, y á los mendigos en muchas ocasiones.
Cartuja.
Subiendo la Calle Real y pasando una Ermita de poco interés monumental, dejando á la derecha una casa en una altura, que se llama el Mirador de Orlando, que lo construyó un rico Genovés, se entra en un ancho camino que conduce á este Monasterio.
Es fundación del año 1513, en cuya época se hizo parte de la fábrica, que vinieron á poblar tres monjes de las Cuevas de Sevilla. Dícese que fueron víctimas de los moriscos porque perecieron en una insurrección. En 1516 se comenzó de nuevo la obra, y se amplió en los siglos sucesivos, hasta 1842 en que se demolió parte del primitivo edificio.
Cuéntase que Gonzálo de Cordova cargó un día contra una partida de moros de los que salían á vigilar el campamento cristiano, y que llegado al sitio que se llama Golilla de Cartuja, antiguo cerro de Ainadamar, descubrió por vez primera desde un punto cercano la ciudad árabe. No le inquietó el ruido de los guerreros que salían al socorro de los fugitivos, puesto que el cristiano permaneció en este lugar algún tiempo, y se arrodilló para dar gracias á Dios por el éxito conseguido. Añádase que se pidió noticia del sitio donde había descansado, y que este lo señaló donándolo para los frailes, con las huertas de la Alcudia.
Desde la Portería se pasa al Claustro, donde se enseña una galería de cuadros de Cotan (copia), figurando la mayor parte martirologios de las guerras religiosas de Inglaterra. Unos son menos malos que otros, muy débiles por el dibujo, color y falta de sentimiento estético. Luego se pasa al refectorio, donde se enseña una cruz pintada que no tiene nada de particular.
La iglesia no ofrece un género especial de ornamentación; están revelando los adornos picados de sus paredes, la obra pacienzuda de frailes ingeniosos. Siete lienzos de Atanasio hay colocados en las paredes de la iglesia y varios cuadritos del mismo Cotan y de Giaquinto. Hay una esculturista pequeña de San Bruno, muy buena, otra de la Concepción, de Mora, y cuadros en el Sagrario, de Palomino, el celebrado no con mucho fundamento.
Hay preciosas puertas en la Sacristía, en el Coro y en los guardaropas, hechas de embutidos á lo mosáico, de concha, nácar, marfil y plata, con molduras de ébano, cuyo trabajo merece atención y fué hecho por un lego llamado José Vázquez.
Sorprende la Sacristía por la limpieza, composición y belleza de sus jaspes y mármoles, yesos, pinturas y muebles. El aspecto es rico y elegante, la ornamentacion plateresca con ribetes de churrigueresco; pero tan bien trabajada y repartida, que sin darse cuenta de un verdadero motivo de encanto, existe en realidad en esta estancia una agradable disposición que no se halla en otros edificios de mayor mérito. De aquí fueron extraídos cuatro cuadros de Zurbarán, y queda una Concepción pequeñita, un Señor de la Espiración, que dicen de Cano, un Ecce Homo que atribuyen al divino Morales, y otras cosas de menos precio. Los pavimentos son dignos de mencion.
Ocupa este edificio el centro de una hermosa huerta que disfruta de saludable temperamento y de encantadoras perspectivas: en ella existían completos los muros de un gran estanque que tenía cuatrocientos pasos de circuíto, construcción árabe con torreones en los ángulos. Esta clase de obras de recreo y regadío se encuentran en casi todos los jardines antiguos de esta población, y suponen siempre la existencia de algún palacio ó casa de campo en sus orillas. Creemos, pues, que habría alguno que se derribó para hacer el Convento, y que tal vez sería el que habitó en este sitio Aben Abiz después de la conquista de Sevilla. El lugar es de los más amenos y deliciosos.
La Audiencia.