Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Part 23

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«En el sitio que ocupa hoy este templo (el Sagrario), estuvo la Gran Mezquita de los moros, labrada á mediados del siglo XIV, la cual se bendijo por los cristianos conquistadores. Era un edificio cuadrado, bajo de techos, compartido en cuatro naves sostenidas por cuatro órdenes de columnas de jaspe, de modo que cada dos de ellas tenía en su capitel el arranque de cuatro arcos. La techumbre formaba cúpulas ó medias naranjas primorosa y prolijamente labradas. Tenía tres puertas, una al Occidente (donde hoy la principal); otra al Mediodía, junto á lo que es hoy postigo de la Sacristía, y otra al Norte que corresponde al lado de la Catedral. El testero estaba detrás del altar mayor, donde se guardaba el Korán en un alhamí ó nicho con labores delicadísimas. En la puerta de esta mezquita, contigua á la de la Capilla Real, fué donde Hernán Pérez del Pulgar clavó con una daga el mote del _Ave María_, para lo cual salió de Alhama, se mantuvo oculto en las cercanías de Granada, entró de noche por el cauce del río Darro seguido de muy pocos caballeros, y burlando la vigilancia de los moros, plantó aquel emblema, con audacia y valentía».

Las hazañas de Pulgar han dejado una huella imperecedera en la fogosa imaginación de los cristianos andaluces. También las crónicas moriscas conservaban la memoria de otro héroe, _Osmín_, famoso por los desafíos con los cristianos, y sus hazañas se cuentan todavía por los descendientes de aquella ilustre raza, que fué á confundirse con las salvajes kabilas de la costa africana.

EL LAUREL DE LA REINA.--A una legua de Granada se encuentra la Zubia, pueblo pequeño, hermosamente situado y de los más curiosos y ricos de la vega. En tiempo de los árabes había en su lugar un espacioso bosque de laureles, de los cuales no se conserva hoy más que el que lleva el nombre de la Reina Isabel I.

Las leyendas fantásticas de nuestros poetas modernos, los cuentos de Irving, la novela del inspirado Fernández y González y las canciones y romances, dan acaso testimonios de la tradición que vamos á contar.

El 18 de Junio de 1491, Isabel I se esforzaba en contemplar lo más cerca posible las torres almenadas de blanco, los minaretes y jardines de la última ciudad morisca. Le acompañaba el Rey, sus hijos, sus damas, el marqués de Cádiz, Gonzalo de Córdova, el conde de Cabra, el de Ureña, el de Tendilla, el de Villena, Don Alonso de Aguilar, Don Alonso de Córdova y palafraneros, criados, soldados y lanzas; llegados al bosque de los laureles, vieron venir una tropa de jinetes árabes, al trote, reconociendo los puestos avanzados. Los caballeros cristianos quisieron salirles al encuentro, pero la Reina Isabel les mandó ocultarse en el bosque, y ella misma se escondió en el fondo del espeso ramaje del laurel que hoy se conserva. Durante el tiempo que estuvo oculta se encomendó la Reina al Santo del día, San Luis de Francia, invocándolo para que la salvase, por lo cual prometió erigir luego en aquel lugar un convento.

Los jinetes agarenos pasaron sin ver nada y pudo retirarse la Reina con toda seguridad; pero los caballeros cristianos, afanosos por ganar la gloria que consideraban perdida y por haberse visto forzados á ocultarse, prepararon una sorpresa á los moros cuando salían de noche á retirar los cadáveres que se hacían en los combates diarios, y con efecto, así lo cumplieron; pero en vez de salir victoriosos, fueron derrotados y perseguidos, después de dejarse muchos muertos en el campo. El mismo Gonzalo de Córdova estuvo á punto de caer en manos de los árabes. Todavía conserva en aquellas inmediaciones, el sitio de esta batalla, el nombre de _Haza de la Muerte_.

Isabel I fundó efectivamente el convento de San Francisco. Un relieve y un cuadro antiguo recuerdan también el suceso de la salvación de la Reina Católica, é Isabel II adquirió después el laurel y la huerta donde radica, como recuerdo del hecho que contamos.

Desde este punto se disfruta una espléndida vista de Granada.

CASA DE LA MONEDA.--Era este un edificio grandioso que hemos conocido, y del cual se conservan restos de carácter enteramente clásico. Su portada[178] estaba compuesta de ladrillos agramilados, por el estilo de los de la Giralda; las esculturas que arrojaban agua en el estanque que había en el centro del patio, y se conservan en la mezquita de la Alhambra, son de aspecto é inspiración babilónica, y la hermosa inscripción de su fachada, dará bastante testimonio de la importancia de este monumento.

Se construyó el año 1376 para hospital de la población, y después de la conquista se destinó á _azeca_ ó casa de acuñación de moneda, porque en los últimos tiempos de la dominación árabe estuvo dedicada á dicho objeto.

He aquí el texto de la inscripción citada:

«_Loor á Dios. Mandó construir este hospital, amplia misericordia para los débiles enfermos musulmanes y útil proximidad (si Dios quiere) al Señor del Universo; y perpetúe su bondad publicándola elocuentemente con lengua clara, é haga pasar (la memoria) de su caridad á través del tiempo y á pesar del transcurso de los años, hasta que herede Dios la tierra y lo que sobre ella existe, pues es el mejor de los herederos; el Señor, el príncipe, el sultán valeroso, grande, ilustre, puro, vencedor, el más feliz de su estirpe, el que caminó impetuosamente por el sendero de Dios, Señor de las conquistas, de las caritativas obras y dilatado pecho, el amparado de los ángeles y del espíritu (divino), el defensor de la ley tradicional, asilo de religión, príncipe de los muslimes Algani bil-lah (el contento con Dios), Abú Abdil-lah Mohammah, hijo del Señor, del grande, del exclarecido, del sultán ilustre, elevado, belicoso, justo, dadivoso, feliz, mártir, santificado, príncipe de los muslimes, Abul Hachach, hijo del Señor, del sultán ilustre, exclarecido, grande, magnánimo, victorioso, ahuyentador de los politeistas, y conculcador de los infieles enemigos, el venturoso, el mártir Abul Walid ebn Nasr, el Ansars, el Jazrechi (de la tribu de Jazrech). Haga Dios venturosas sus obras con su beneplácito y le cumpla sus esperanzas con su bondad perfecta y recompensa amplia. Creó una buena obra, que no ha sido sobrepujada desde que el Islam penetró en estas comarcas y por la cual le corresponde una orla de gloria sobre su antiguo traje de guerra, y se dirigió á la faz de Dios en demanda de recompensa. Dios es el Señor de la bondad grande. Anticipó una luz que caminará delante y detrás de él el día en que no aprovecharán las riquezas, ni los hijos, sino á aquél que se presente á Dios con corazón puro. Comenzó su construcción en la segunda decena del mes de Moharram año de_ 767[179]: _terminó su obra (el kalifa) y le asignó bienes para su sostén en la segunda de Xawal año_ 768[180]. _Dios no deja de recompensar á los que obran bien, ni frustra los esfuerzos de los buenos. La paz de Dios sea sobre nuestro Señor Mohamad: sello de los profetas, y sobre su familia y compañeros todos_».

Dejando las ruínas de esta muestra de la caridad musulmana desarrollada en la más culta época de la denominación árabe, observemos el aspecto monumental de la mayor parte de las casas que se encuentran recorriendo los estrechos y enredados callejones del barrio situado entre la carrera de Darro y la calle de San Juan de los Reyes. Casas llamadas solariegas construidas con los materiales más antiguos, modificada su estructura para servir á las comodidades de los cristianos, pero dispuestas con anchurosos patios y salas abiertas en sus galerías, cuyos artesonados tienen tanto árabe como renacimiento, modificación especial de difícil estudio: pero cuyo noble aspecto recuerda la soberbia grandeza de sus fundadores.

ANTIGUA MEZQUITA, HOY SAN JUAN DE LOS REYES.--La torre y puerta de su costado manifiestan que fué una _Djama_ de poca importancia; pero la primera que bendijo Fray Fernando de Talavera, donde más número de moros se convirtieron al cristianismo, y en la que, según las tradiciones, se convertían también al mahometismo los judíos y pobladores cristianos durante el período arábigo. Se llamaba Taybin. Estaba dotada con pingües rentas de un rico moro, por haber salvado las embarcaciones con que hacía su comercio á Oriente[181], de manos de los cristianos. Los restos de adornos agramilados de la torre, son del estilo mismo empleado en la Giralda de Sevilla, pero más sencillos.

CASA DEL CHAPIZ.--Fué el Palacio Real de Albaida, fundado por un príncipe almohade, y se encuentra á la entrada del camino del Sacro Monte. Los escritores del siglo XVII creyeron que este edificio se construyó para aduana de la seda, porque esta floreciente industria estableció en él su contraste oficial después de la reconquista.

Dos hermosos patios cuyas ruínas subsisten, componen las plantas que publicamos á seguida, los cuales corresponden á dos distintas épocas, y particularmente á las construcciones del siglo XI, como se ven en el barrio de San Miguel bajo, cuyos esqueletos de madera son tan esbeltos y las cartelas sobre sus pilares tan elegantes y fantásticas en sus adornos, que pudieran aplicarse con éxito á algunas repisas y aleros de las construcciones modernas, sin chocar al sentimiento del arte cosmopolita de nuestra edad.

Esta casa, habitada hoy por familias pobres, cercenada y próxima á hundirse, fué construída á la entrada de la población por el camino de Guadix, el más importante y estratégico de aquellos tiempos. Desde ella, hasta la orilla del río, había vistosísimos jardines sostenidos con gruesos murallones que terminaban en un puente, por donde iba el camino hasta lo más alto de la Alhambra y Generalife.

BAÑOS ÁRABES DE LA CARRERA DE DARRO.--Hoy son una casa pobre que da paso á un patio cuadrado, alrededor del cual se observa todavía la distribución mural de estos edificios. Pasando el referido patio, donde había en medio una alberca ó estanque, hallamos la más completa repartición de una casa pública de baños. Suponemos la entrada por la última estancia, donde después de un paralelógramo abovedado y hundido, se desciende una ancha escalera, al final de la cual se encuentra otra estancia larga, terminada en sus dos lados cortos por dos _alhamíes_ de reposo. Aquí hay dos cuartos de baños reservados, y continuando por una puerta estrecha se halla el gran baño de ablución, cuyos muros se reconocen perfectamente por los restos de color y dibujo árabe de que se hallaban emplastecidos.

Después del cuarto central con sus bóvedas, sus claraboyas y respiraderos, pasamos á otra sala de dos alhamíes, muy semejantes á la primera, y de allí á otros pequeños cuartos en conexión con la casa de la entrada, cuyo orden es propio de estos establecimientos.

CASA DEL GALLO Y PALACIO DE LOS WALÍES.--Se hallaba en las alturas que ocupa la parroquia de San Miguel, entre varias casas de origen morisco, están revelando por su construcción que pertenecían al segundo período de la arquitectura árabe española. Veíamos en ellas esos corredores de maderas labradas con primor, balaustres en los antepechos torneados, con boceles y cordones, pilastras de madera que sostienen aleros avanzados, vigas delgadas que se apoyan en las puentes ornadas de lóbulos y boveditas y todo descansando sobre cartelas mudéjares de formas caprichosas, simulando en algunas troncos y cabezas de animales, que no eran muy comunes.

Es curioso visitar este barrio con detenimiento, y enojoso el describir objetos aislados casi siempre, que desaparecen con facilidad, correspondientes á edificios derribados ó que antes de pocos años dejarán de existir.

Entre todos se veían los vestigios de la casa de los Oidores, dignos de estudiarse; el aljibe con su arco de herradura y sus hermosas bóvedas; y el convento de Santa Isabel, que es lo que llamaremos Palacio de los Walíes.

Pedraza pensó que los restos de los torreones que se hallan en este paraje, eran edificios _gentílicos_, en los que se había celebrado el primer concilio iliberitano, y después, variando de opinión, lo hizo celebrar junto á la Casa del Tesoro; pero lo único que se puede asegurar es, que en este tramo de muralla estuvo la puerta que los moros llamaban Bib-Aleced donde terminaba la primera cerca.

La casa de San Miguel sirvió de recreo á algún arzobispo de Granada, y de ella se dice que el moro Aben-Habuz, walí de esta kora granadina, la hizo para su morada, y que en la parte más alta de una torre puso la veleta de bronce representando un guerrero á caballo con lanza y adarga, y con un letrero árabe en esta forma:

«_Dice el sabio Aben-Habuz que así se defiende el Andaluz_»,

y las gentes que lo veían moverse desde lejos, dieron en llamarle _Gallo de viento_, de donde tomó el nombre la casa y calle.

Nosotros que hemos tratado de averiguar esta tradición, hallamos que el verdadero palacio de los gobernadores ó walíes estuvo, como era corriente entonces, sobre las murallas y cubos que hay por encima de la _Puerta Bonaita_ en el actual convento de Santa Isabel, en el cual existe una torre ó mirador ornado de arabescos, con altura suficiente para dominar toda aquella barriada, y sobre la que se puede suponer la existencia de la mencionada veleta. Algunas de las inscripciones de este edificio de Santa Isabel la Real, demuestran que era habitado por magnates de los que en tantas ocasiones tomaban el título de reyes, y se rebelaban contra los emperadores de Córdoba. En él se ve un precioso patio con columnas de mármol blanco, bellos capiteles, arcos labrados, y habitaciones que conservan perfectamente las pinturas y dorados de sus finos arabescos. Los techos son de ensambladuras de madera, perfilados con delicadeza en rojo y azul. Lástima que no sea fácil obtener el permiso para penetrar en este patio y estudiar los bellos fragmentos de aquella época. Restos notables para el arte, pues que el haber sido destinado el edificio á convento, ha sido causa de que pueda trazarse hoy la distribución de sus cuartos árabes hasta el tercer piso con todos los pequeños accesorios de construcción que exijen las costumbres mahometanas.

De cualquier modo, la citada tradición de la _Casa del Gallo_ y de que Aben-Habuz era lugarteniente del capitán Tarif, es inverosímil también, por habernos revelado las crónicas de los árabes, que los primeros gobernadores de este territorio habitaron en la ciudad de Illiberis, que se sitúa á dos parasangas de Garnata, y que en esa antigua población permanecieron á lo menos tres siglos antes de trasladar á Granada su residencia.

Recomendamos al viajero las casas y ruínas que se ven en todo este recinto de San Miguel bajo, donde hallarán restos no menos importantes que los de la Casa del Gallo: pero volviendo al palacio árabe de Santa Isabel, citaremos la tradición de que esta casa fué habitada por la madre de Boabdil, y que los moros la titulaban _Darlahorra_ ó casa de la honesta, que en ella se refugió aquél cuando le perseguía su padre; y que estos barrios, con el edificio llamado la Lona, el cual confunden también con la Casa del Gallo, fueron habitados en los años inmediatos á la conquista por los más ricos granadinos[182].

En la casa que fué Convento del Angel en 1812, vivió el conocido pintor Juan de Sevilla, y en la casa Lona, Atanasio Bocanegra.

CASA DE HAMET.--Situada cerca de San Nicolás: fué de las más importantes de la dominación mahometana. Todavía podemos hallar algunas leyendas que la suponen embellecida con capiteles de mármol de Elvira, alfreizares y linteles labrados, artesones alicatados, y otras preciosidades que en vano se buscan hoy.

CASA BLANCA Ó DARALBAIDA.--Siguiendo estos escombrados recintos, no olvidemos la casa que tenía este nombre cerca del Aljibe Dulce (por la frescura y virtudes de sus aguas) y donde una inscripción en mármol decía:

«_Dios, soberano y bienhechor, crió todas las cosas y les dió perfección. Él con su aliento dió vida á Salem Alhamar, que buscando las delicias de esta tierra de paraíso, vino del África. Le trajo el espíritu de Dios y por eso quiere llamarle su padre y ser llamado su hijo_».

Nótase en estos edificios, de los que hay á lo menos cuatro en la calle de María la Miel, que tienen arabescos tan delicados como los de la Alhambra. El viajero puede entretenerse algún rato en buscar entre oscuros y mezquinos aposentos, vestigios hermosos de aquella civilización olvidada.

En la calle del Agua había una inscripción procedente de un baño morisco, que entre otras cosas decía:

«_Dios extendió las aguas sobre la tierra para que se purificasen los hombres. El baño es saludable y delicioso. El que quiere tener el alma limpia, ha de tener limpio el cuerpo. Las manchas exteriores son signos de las interiores. Dios quiere la purificación y la limpieza, etc., etc._».

BAÑOS Y CASAS DE LA CALLE DE ELVIRA.--Existen cerca de la iglesia de San Felipe los restos de unos baños árabes, que no debemos olvidar, porque son de planta cuadrada y un poco diversos, en su distribución, de los otros. Se hallan situados en uno de los barrios más moriscos de Granada, donde se encuentran siempre patios con estanques y pórticos con esbeltas columnas, salas en los bajos con artesonados, y restos de colorido. Muy cerca se halla la Puerta de Elvira, construcción almenada, con barbacanas y pasadizos cubiertos al estilo de aquellas fortificaciones que vemos en otros parajes, pero que aquí han desaparecido.

Volviendo á los baños, son de notar los capiteles, que bien pudiéramos llamar mozárabes, porque se resienten de la influencia gótica y romana, como otros muchos de época no dudosa.

La calle de Elvira es de las más antiguas de la población y la principal en los primeros años de la dominación cristiana. En ella y bajando la calle que hay cerca de San Andrés, había una casa morisca que se destinó á Inquisición, cuyo solar se puede ver hoy todavía.

* * * * *

Terminamos aquí el estudio descriptivo de los monumentos árabes de las tres más importantes poblaciones antiguas de Andalucía, y de su influencia bajo el interés artístico é histórico. Nos propusimos particularmente ordenar la multitud de ideas que asaltan visitando tan preciados restos, sobre la época, influjo y desarrollo de un arte peculiar, que no puede distinguirse en España con la exacta limitación que se determinan otros estilos clásicos, lo cual hemos hecho sin olvidar el influjo que el arte cristiano tuvo sobre el árabe, y el que éste ejerció sobre aquél por espacio de tantos siglos, desvaneciendo el error de muchos modernos historiadores que suponen una civilización no oriental sino puramente africana, en lucha victoriosa con el pueblo visigodo.

Tribus oriundas de los más civilizados países del Oriente cayeron armadas sobre nuestro suelo, pasando ligeramente por las costas africanas hasta llegar á la Península, y ajenas casi siempre al flujo invasor y salvaje que agitó á los pueblos del Maghreb; razas más civilizadas que las que se quedaron en Africa, las cuales pudieron después enseñar muchos de los conocimientos antiguos, que en los siglos medios eran ignorados por los francos, castellanos y gallegos.

Las artes y la poesía de estos árabes españoles, tienen un carácter propio y distinto de la literatura y las artes cristianas. ¿Qué punto de contacto existe entre la Alhambra y las obras góticas, románicas y del renacimiento? Hemos visto que ninguno. Pues esto basta para demostrar lo que ya hemos iniciado en este libro: que el pueblo árabe invasor era más ilustrado y científico que el pueblo visigodo y el que le sucedió en los siglos medios.

GRANADA

DESPUÉS DE LA CONQUISTA

Como hemos hecho al tratar de Sevilla y Córdoba, damos una ligerísima reseña de los monumentos cristianos más interesantes, con el doble objeto de ayudar al viajero en su estudio y de que se comparen tan diversas y radicales civilizaciones como la árabe y la cristiana.

La catedral.

La catedral de Granada es un majestuoso templo, espacioso y bien proyectado, sin que sea ni pueda ser de los más magníficos de Europa, como opinan los entusiastas. Su planta es hermosa y su elevación interior tan sublime y bien delineada, que se coloca á buena altura entre los monumentos cristianos del Renacimiento. No es difícil entrever que la disposición de sus robustos pilares repartidos en hileras y formando cinco naves es más una concepción de arquitectura gótica que greco-romana, y que no fué planteada en el estilo que representa, sino que pudo haberse dispuesto como la capilla Real gótica que hay orilla, cuya variación de pensamiento originara el conflicto que hubo con los capellanes reales cuando consiguieron una orden del Rey mandando suspender la obra por no ser gótica y parecida á la de la Real capilla; lo cual obligó al Cabildo á encargar al director que defendiese su trazado y proyecto, y consiguiera el que continuara la obra. No se necesita más que contemplar este edificio para creer en la historia de sus primeros años: el Renacimiento no es el carácter de su distribución; pero aun así, está ejecutado con tal maestría y conocimiento de las proporciones, que hay verdadera grandeza y suntuosidad en el conjunto.

Esta Metropolitana es apostólica por haberla fundado San Cecilio, que según piadosa tradición se estableció en Illiberis. Se perpetuó durante la época mahometana en la iglesia mozárabe, y después de la conquista, Inocencio VIII expidió la Bula concediendo catedral con el título de la Encarnación, y dándole por sufragáneas las Sillas de Guadix y Almería.

Consta que estuvo establecida esta Metropolita iglesia primero en la Sala de Justicia del patio de los Leones, y luego en la Mezquita mayor de la Alhambra, hoy iglesia de Santa María (y no en la del Sagrario, como se ha supuesto), de donde se trasladó á este gran templo, siendo Arzobispo D. Pedro Guerrero. Se había puesto la primera piedra de los cimientos el 15 de Marzo de 1523, y llevaba cuarenta años de obra cuando murió[183] Diego de Siloe, dejando el cuidado de concluirla á su discípulo Juan de Maeda. Queda, pues, averiguado que sólo hasta la altura de cornisas dirigió Siloe; y con efecto, ya en las bóvedas y embocinados se vuelve á sentir el gusto gótico, viciado por la ornamentación plateresca y de Renacimiento decadente.

A Maeda le sucedió en 1571 Juan de Orea, el cual adelantó poco la fábrica por estar ocupado en el palacio de Carlos V de la Alhambra.

En 1590 aparece Ambrosio de Vico, pero ya estaba hecha la notable portada del Perdón, y la mayor parte de la torre y bóvedas del Crucero, sin que hallemos noticia de este arquitecto en ningún acta; pero en 1590 se celebró una reunión de facultativos, con Vico, para resolver la necesidad de calzar de sillería la torre por no creerla muy segura.

Gaspar de la Peña, arquitecto de la catedral de Córdoba, se encargó en 1664 de acabar la obra, para lo cual informó Alonso Cano y el padre Alonso Díaz favorablemente; pero fué nombrado por el Rey director de las obras del Retiro y se fué sin concluirla.

Le sucedió Rojas, que se fué á poco tiempo á la obra de la catedral de Jaén, y con este motivo se encargó Granados interinamente de su dirección; aunque en realidad ésta estaba á cargo del insigne racionero Cano, el cual había ya trazado la fachada principal, obra de mal gusto que no corresponde á la fama del autor.

Hasta 1689[184] no fué elegido Ardemans en certamen con otros doce arquitectos, para echar las aguas á la calle y cerrar la crucería de piedra que cubre el coro. La iglesia, pues, á ser justos, no es una obra clásica del arte, pero es un magnífico conjunto de bellezas artísticas. La altura de la decoración de la puerta es de 139 pies, distribuída en cuerpos, que aunque simétricos, presentan un exterior más grande que proporcionado y bello. Casi todas las esculturas que contiene son de Verdiguier, menos la medalla que representa el Misterio de la Encarnación, que es de Risueño: las dos de los lados, de Uceda, y las de los Evangelistas, de Rojas.